Archive for the 'cine' Category

25
Feb
16

De premios Oscar, películas antiguas, cuadernos garabateados y Leonardo Di Caprio

Ahora que todo el mundo espera que Leonardo Di Caprio gane su ansiado Oscar y medio mundo suspire un por fin quizás demasiado forzado, tal vez el tema que nos ocupa venga un poco más a cuenta. Hubo un tiempo, finales de los 90s y primeros de los 00s (década que me resulta francamente difícil de nombrar), en que había un sector que odiaba a DiCaprio. Eran los auténticos, esos que repartían lecciones de integridad y que la tomaron con el actor por su participación en la horrorosa “Titanic” y su automática conversión en poster para adolescentes (¿alguien dijo Popular 1?). Y todavía quedan bastantes de esos. Pues no, señores. Igual soy poco auténtico, igual soy demasiado mainstream, pero considero que Leonardo DiCaprio no es sólo un gran actor sino que además ha tenido la capacidad de escoger muy bien sus proyectos, dando pocos, muy pocos pasos en falso desde que se hundió en aquél barco. Cosa que no se puede decir de, por ejemplo, Johnny Depp, y créanme que lo digo con pena: el que suscribe era fan de Depp y ha ido viendo como su estrella se iba apagando, a base de encadenar mierda tras mierda y rodar sus películas con el piloto automático puesto, muy lejos de lo que había llegado a ser.

Pero antes de ser el eterno oscarizable, incluso antes de ser la víctima del naufragio más largo del celuloide, Leonardo Di Caprio protagonizó una película que tiene un gran significado para mí. Ya hablé de ella por aquí, pero fue hace muchos años, y no me importa volver a hacerlo, incluso no me importa repetirme. Me refiero a “Diario De Un Rebelde”, película de 1996 basada en la novela autobiográfica del poeta Jim Carrol, y auspiciada por él mismo, quien llega incluso a realizar un cameo.

Comenzando por el título, ya vamos mal. El original en inglés es “The Basketball Diaries”, lo cual tiene mucho más sentido, si nos atenemos al argumento. Y para continuar, puedo decir que es una basura de película, que pasea a trompicones por demasiados lugares comunes y tiene algunos buenos momentos, qué duda cabe, pero en general, muy mal resuelta. Afortunadamente dura apenas 90 minutos, lo que es de agradecer, y no me refiero exclusivamente a esta película. Ignoro qué lleva a los cineastas actuales a requerir de dos horas y cuarto para contar cualquier idiotez de historia. Lo he dicho en otras ocasiones, pero como la frase es mía y me gusta, no puedo evitar repetirla: si una película necesita más de 120 minutos, o es una obra de arte o está mal rodada (o montada, o guionizada).

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Mi vida era así hasta que comencé a exponer mis miserias en Internet (by @carloskarmolina)

La historia es más o menos tópica, ambientada en la Nueva York de los 70s, Jim es un muchacho de barrio humilde amante del baloncesto y que suele, constantemente, garabatear cuadernos. Poco a poco, y como suele ocurrir en estos casos, comienza a darle al alpiste y cuando se da cuenta, es ya un yonqui de cuidado, que si la peli estuviera rodada en mi barrio, llevaría un chándal y pediría 20 duros para el autobús. Al final, claro, se acaba rehabilitando, Musiquita final, plano de un texto explicando qué fue del bueno de Jimmy y the end. La banda sonora está bastante bien, muy rockera, qué menos viniendo de un poeta (y músico) que formó parte del movimiento punk de Nueva York, coetáneo de Patty Smith, Johnny Thunders o The Ramones. Y como curiosidad, aparecen en pantalla 3 futuros Los Soprano: Lorraine Bracco (Dra. Melphi), Michael Imperioli (Chris Montisalti) y Vincent Pastore (Pussy Bonpensiero). Ah, y las Gemelas de Sweet Valley, los que hayan sido adolescentes en los 90s lo recordarán. La nota negativa es tener que soportar a ese desastre de actor que es Mark Walhberg durante casi todo el metraje.

Por si fuera poco, hay una secuencia que marca un hito en la cultura popular más reciente. Se trata de la escena onírica en la que Jim irrumpe, vestido de negro con un abrigo de cuero y con una recortada en mano, en el aula del su instituto. Sin mediar palabra, comienza a disparar contra los compañeros cabrones de clase y se dirige también al profesor. Dura menos de dos minutos, pero seguro que os suena… ¿aún no? ¿Y si os digo la palabra Columbine? Efectivamente, esos tarados de Columbine parece ser que se tomaron aquella secuencia demasiado en serio. Podemos echarle la culpa a la película, a Marilyn Manson o al boogie. Eso es lo fácil. Pero no.

Dicho todo esto, ¿queréis saber por qué es importante para mí “Diario de un Rebelde”? Pues porque es la responsable de que estéis leyendo estas líneas. Vi esta película con 16 años, y me encantó. Mis criterios eran cuanto menos particulares, pero estaremos de acuerdo en que para un chavalín podía ser relativamente fácil identificarse. Porque a mí también me gustaba escribir. Así que decidí hacerlo más en serio, y comencé a garabatear, yo también, cuadernos, tal y como hacía el personaje de Di Caprio en la película. Y lo hice durante años, de modo que no puedo sino estar agradecido al resorte que significó para mí. De ahí a exponer mis miserias en este blog de ciber exhibicionismo sólo hubo un paso, el puramente tecnológico. Los cuadernos siguen guardados, claro.

 

Canciones:

Alex Cooper: “El Asiento de Atrás”

David Bowie: “And I say to myself”

The Dahlmanns: “Girl Band”

02
Feb
16

Seis grados de separación: Al Pacino

La semana pasada ya anduve tratando de demostrar la verosimilitud de la famosa Teoría de los Seis Grados de Separación. Sí, amigos y amigas, lectores todos de NDK… el mundo es un maldito pañuelo y estamos todos conectados. Así que cuidado con eso. Yo soy muy consciente de que mis tonterías en Twitter y en este, vuestro blog de referencia, me costarán muy caras en mi futura carrera política. Si es que algún día eso ocurre. De momento, de día yo soy un gris trabajador y de noche redimo mis penas en Internet.

Si la semana pasada mostré la conexión entre el juntaletras que suscribe y la reina de las guarrerías filmadas Sasha Grey, hoy pretendo ir un paso más allá. Porque no nos engañemos, Sasha Grey es muy guapa y para muchos puede resultar un mito, al menos, un mito durante cinco minutos en la soledad de sus ordenadores. Pero ahora pretendo ir hacia algo un poco más allá, hacia un verdadero mito. Damas y caballeros, seguidamente demostraré que entre mi persona y el gran Al Pacino no hay más de seis grados de separación. Vamos allá.

Todo comienza en el bloque de pisos donde vivía con mis padres. Ya lo he comentado en varias ocasiones, a pesar de mi porte aristocrático y refinadas maneras, yo soy un chico de barrio. Podría decir que en los barrios populares se vivía de otra manera, en donde se establecían ciertos lazos entre los vecinos, de un modo más fraternal, pero me temo que caería en el tópico, y también en la ignorancia, pues no tengo ni idea de las relaciones que pueda haber en la maldita calle Calvet de Barcelona, por decir algo. Pero imaginemos un bloque, con familias conviviendo en muy poco espacio por (ya entonces, cuando aún vivía allí) unos treinta años y con hijos yendo al mismo colegio. Los lazos son inevitables. Pues bien, mi familia tenía relación amistosa-vecinal con otra familia de ese bloque. Dos hermanos, el mayor tenía 3 años más que yo, la pequeña, 2 más, e iba a la clase de mi hermana. Pues será ese hijo mayor, cuyo nombre, claro, omitiré, el que consideraré mi primer grado de separación.

Año 1997, se estrena la película “Airbag”. Buena película, muy divertida, aunque acabaría generando unas cintas derivadas que daban bastante lástima. Pero no le restemos mérito a una peli como “Airbag” que acabaría entrando por la puerta grande en el imaginario popular, ¿quién no ha dicho alguna vez un chascarrillo de esa cinta? (“muy profesional”, “si es que las visten como putas”, el dar golpecitos al coche como el guardia civil, …). Y el sector masculino seguramente recordaremos a la actriz Vicenta Ndongo, de ascendencia guineana, que tenía un papelito corto como prostituta (y pieza central de la trama). Cómo olvidar a Vicenta, que salía muy guapa y enseñando sus encantos en ese papel. Ella tenía 29 años entonces. Yo, 18. Y mi vecino, 21. El dato es relevante en tanto resultaba que esa, mi familia de vecinos, había tenido un trato al parecer bastante fraternal y amistoso con la familia de la Ndongo. Tanto es así que el padre de mi vecino, en una cena en su casa hacía el comentario, jocoso, y decía algo así como “collons, la Vicenteta, si jo em recordo quan era petita i s’havia quedat a dormir a casa, a l’habitació d’aquest” mientras señalaba con la cabeza a su hijo. Y yo, con esa adolescencia revolucionada, miraba a mi vecino y recordaba esas escenas picantes y claro, no podía evitar pensar en que, joder, debería retomar esa amistad.

RESIIDUO

Por aquí podréis encontrar gran parte de la filmografía de Al Pacino entre 1998 y 2016… la de Robert De Niro está más al fondo, en la trituradora… (by @carloskarmolina)

Vicenta Ndongo es, claro, mi segundo grado de separación. Hay que decir que “Airbag” fue, seguramente, su papel más popular, aunque por lo que me chiva Wikipedia, ha ido haciendo trabajitos por aquí y por allá. En “Airbag” tenía también un papel corto Paco Rabal, precisamente relacionado con el personaje de Vicenta Ndongo. Rabal,  un mito, en este caso, del cine español. Qué puedo decir, aunque respeto su carrera, no puedo compararlo con la admiración que puedo sentir por Al Pacino. Sea como fuere, Paco Rabal será mi tercer grado de separación.

Un dato curioso sobre Paco Rabal es que en 1977 rodó una película a las órdenes de nada más y nada menos que William Friedkin. “Carga Maldita”, se llamaba. Estamos hablando, poca broma, del director de “El Exorcista” y de “The French Connection”. Sin embargo, el pobre Friedkin tuvo la mala fortuna de estrenar “Carga Maldita” justo una semana después del estreno de “Star Wars”, de modo que además de llevarse bastantes palos por parte de la crítica, resultó ser un fiasco económico, de modo que si consideramos que no sólo ejercía de director sino que también era productor (vamos, que ponía sus cuartos), la cosa acabó francamente mal.

William Friedkin es mi cuarto grado de separación. Y llegamos casi al final, con un Friedkin en un modo oscuridad que tuvo la osadía de estrenar una película como “A La Caza”, basada en una investigación policial sobre un asesino que se movía en los círculos homosexuales de Nueva York, infiltrando a un agente en el ambiente gay… en pleno 1980. Claramente fue una jugada arriesgada, en esa época, mostrar un ambiente relativamente opaco como el gay con escenas francamente explícitas. Insisto, era 1980. A mí me parece una gran película, muy valiente y muy bien resuelta. ¿Y quién protagoniza “A La Caza”? Efectivamente, Al Pacino.

Qué puedo decir de Pacino… él es Michael Corleone, él es Tony Montana, él es Carlito Brigante, él es Serpico… curiosamente no rodó mucho durante la década de los 80s, que inauguró con esa “A La Caza” pero que cerró con tan solo cinco películas en su haber. Una minucia, si consideramos la cantidad de cintas en las que apareció a partir de 1990. Un dato curioso, no más. En cualquier caso, y nada que no le ocurra a un Robert De Niro cualquiera, a partir de mediados de los 90s su presencia en pantalla no garantiza un nivel. En los 70s y 80s, si tanto Pacino como De Niro estaban en el casting, sabías que la película iba a valer la pena, como mínimo. Pero ya no fue así de mediados de los 90s en adelante. En la década grunchi protagonizó grandes pelis, qué duda cabe (“Atrapado Por Su Pasado”, por ejemplo), pero sus últimos momentos de gloria los situaría con “Pactar con el Diablo” y “Donnie Brasco” (ambas de 1997). A partir de ahí, poquita cosa más, la verdad. Supongo que no siempre se escogen buenos proyectos, y al final, un Ferrari nuevo nunca está de más.

Así, quién lo iba a decir, estoy incluso más cerca de Al Pacino que de Sasha Grey. Veamos, el tema era Mi Vecino – Vicenta Ndongo – Paco Rabal – William Friedkin – Al Pacino. Cinco grados de separación, camaradas, no me hacen falta ni seis. Os regalo el último.

Canciones:

A Tribe Called Quest: “Jazz (We’ve Got)”

Man… Or Astro-Man?: “Manta Ray”

Charles Bradley: “Changes”

 

25
Ene
16

Seis grados de separación: Sasha Grey

Supongo que, quien más, quien menos, habrá oído algo acerca de la Teoría de los Seis Grados de Separación. ¿No? ¿Alguien en la sala que no? En fin, se trata de una teoría que afirma que cualquier persona en el mundo está conectada a otra persona del planeta por hasta seis grados de separación, esto es, hasta cinco conocidos, de modo que la persona A conoce a la B, la B a la C y así hasta constatar que la persona A sólo está separada de la persona F por hasta seis enlaces. Una patochada que, no se crean, parece estar formulada bajo una base científica, aunque quien la expuso por vez primera fue un escritor húngaro, Frigyes Karinthy y desarrolló un sociólogo, Duncan Watts. A partir de ahí, ilustres miembros la Internacional Papanatas se volcaron en dotar de una solidez a la hipótesis. Y aunque en román paladino podríamos decir que se trata de una teoría cogida con pinzas, a mí me sirve para una entrada. No soy el único, de hecho, yo se lo estoy copiando al escritor Miqui Otero.

O sea, que entre cualquier fulano de este planeta gris y el juntaletras que suscribe, hay sólo hasta cinco personas. Aquí interviene el concepto de vínculo. Persona A debe conocer a persona B para tenerse en consideración. Pero, ¿qué es “conocer”? ¿Qué clase de vínculo se necesita? Yo una vez le di la mano a Iggy Pop durante un concierto… ¿eso cuenta? ¿O si no he compartido la infancia con ese individuo, ya no se puede considerar? En esa gradación tan estupenda que hacía Josep Plà de “amics, coneguts i saludats”, entiendo que los dos primeros epígrafes valdrían. Y como al final la entrada es mía, y en mi cortijo soy yo el que manda, lo haremos así.

Vayamos, pues, a demostrar cómo entre yo y la famosa (ex) actriz porno Sasha Grey, lo crean o no, malandrines, hay tan sólo seis grados de separación. ¿Por qué Sasha Grey, de entre los más de 7000 millones de habitantes del dichoso planeta Tierra, es la escogida para este experimento de NDK? Amigos, esto es Internet. Escriban la palabrita mágica “porno” y sus visitas se incrementarán de un modo exponencial a base de pajilleros y otros adeptos al buen malvivir. Y como quiera que mi vanidad no tiene límites, me encanta mirar las estadísticas de visitas y advertir como la barra de la gráfica ha tocado máximos. Podría ser otro. U otra. Pero no, hoy será Sasha Grey.

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El redactor jefe de NDK reflexionando acerca de la veracidad de la Teoría de los Seis Grados de Separación

De este modo, mi primer grado lo constituye mi tío. Hermano de mi madre, hablé de él por aquí, no vayamos a repetirnos. Entre otros trabajos más o menos artísticos, hace unos años estuvo dirigiendo una versión de “Panorama Desde El Puente”, la famosa pieza teatral de Arthur Miller. Tengo una tendencia a confundir a Arthur Miller con Henry Miller, y aún hoy tengo que tirar de Wikipedia para recordar que Henry Miller es el autor de ese coñazo que resulta ser “Trópico de Cáncer” mientras que Arthur Miller es el dramaturgo, que en una de esas piruetas mortales se llegó a casar con Marilyn Monroe. Vamos, lo que en mi barrio se llamaría un jugón, que no sólo era un escritor, un mito, sino que además se llegó a casar con la belleza más deseada de la época, en un matrimonio cuanto menos extraño. Volviendo a mi tío, preparaba una versión de la obra que iba a protagonizar Sancho Gracia, y que al final tuvo que dejar, ya que fue entonces cuando se le detectó el cáncer que acabaría por causarle la muerte.

Y precisamente Sancho Gracia será el segundo grado de separación. De Sancho Gracia todo el mundo recuerda, claro, la serie “Curro Jiménez”. Sin embargo, esa serie me cogió muy pequeño, y no tengo ningún recuerdo de la misma. Relaciono antes a Gracia con sus colaboraciones con Álex de la Iglesia, comenzando por aquella maravillosa “La Comunidad” o una cinta que me parece muy reivindicable, a pesar de que recibió bastantes palos, “Muertos De Risa”. Álex de la Iglesia siempre ensalzó a Sancho Gracia, considerándolo como uno de sus, digamos, actores fetiche, hasta su fallecimiento. De modo que Álex de la Iglesia será el tercer grado de separación.

Con De La Iglesia tengo un problema: a menudo sus películas me decepcionan, porque prometen mucho más de lo que me acaban dando, o porque sus tramos finales flojean. En realidad, desde “Balada Triste De Trompeta” le he perdido la pista y ya no he visto ninguno más de sus posteriores estrenos. Ya no me apetece. En uno de los últimos, concretamente, “Los Crímenes de Oxford”, dirigió a Elijah Wood en su papel protagonista. Elijah Wood, claro, será el cuarto grado de separación. No es que tenga nada contra Elijah Wood, pero es ver su cara, y ver al maldito Frodo de ese aburrimiento infumable que era “El Señor De Los Anillos”. Sí, odio esa película. Diría que odio la trilogía, pero sería poco riguroso: no pasé de la primera entrega, que vi, eso sí, en su correspondiente sala comercial y con ganas de disfrutar de algo grande. Tal vez fueran eso, las expectativas. Pero no, no es para mí. Y no diré gran cosa más ya que me temo que hay mucho fan suelto entre los que estáis leyendo estas líneas. Sólo que cada vez que recuerdo que durante una época se habló de un biopic sobre Iggy Pop que supuestamente iba a protagonizar Elijah Wood, me coge de todo. Como diría Ford Farlaine, Iggy “se estará retorciendo en su tumba si no fuera porque el hijoputa ni siquiera está muerto”.

Uno de los últimos trabajos de Elijah Wood, a quien parece que el cine español le tiene bien considerado, fue la cinta “Open Windows”, que dirigió Nacho Vigalondo en 2014. ¿Y recordáis quién era la partenaire de Elijah Wood en esa película? Pues, ta-ta-chaaaan… ¡Sasha Grey!

Sí, Sasha Grey, ex estrella de porno que se dedicó a hacer marranadas variadas frente a una cámara desde 2006 (oficialmente, con 18 años) hasta 2011, cuando se retiró para dedicarse a ser toda un hombre del renacimiento. Sí, amigos, Sasha ya no fornica frente al objetivo (al menos no comercialmente), pero sí escribe libros, canta en una banda, hace de DJ, actúa en películas donde la gente sale vestida, hace de modelo, y vaya usted a saber cuántas cosas más. Incluso protagonizó una portada de la revista Popular 1. Siempre me ha resultado llamativa esa obsesión de ciertos adeptos al porno por ir más allá en conocer más de lo que sus actrices favoritas muestran en pantalla. Quiero decir, el porno es porno, y vale para lo que vale, lo que no es poco, no me entendáis mal, pero sinceramente, si la muchacha que en aparece en pantalla embadurnada de esperma resulta ser una seguidora de la escuela sofista o si es fan de los Beach Boys, es algo que, personalmente, no me suscita el menor interés.

Lo de hacer porno muy jovencita y dejarlo cuando todavía se es lo suficientemente joven para las exigencias de la industria no es nada que no hubiera hecho antes Traci Lords. Y en cuanto a Sasha Grey, reconozco que es una belleza, y que no tiene esa apariencia recauchutada de algunas de sus excolegas de profesión. Por lo demás, sinceramente, no hay para tanto, y no deja de ser una perpetuación del cliché actriz porno = idiota, por lo que ella sería una rareza. O poniéndolo peor, chica guapa que explota su belleza = debe ser medio subnormal.

Sea como fuere, ahí tenemos mis seis grados de separación: Yo – mi tío – Sancho Gracia – Álex De la Iglesia – Elijah Wood – Sasha Grey. ¿Nos creemos o no nos creemos la teoría?

Canciones:

David Bowie: “I can’t give everything away”

Iggy Pop: “Gardenia”

Incognito: “Still a friend of mine”

12
Nov
15

Big Time

“Big Time: La gran vida de Perico Vidal”. Desde luego el título no podía estar mejor escogido. No negaré que disfruto de libros que, en realidad, me deja mal cuerpo, porque desprenden un nihilismo y una visión negativista, tal vez realista, pero en definitiva, capaces de hundir en la miseria al más pintado. ¿Alguien dijo Huellebecq? Del mismo modo, sin embargo, ciertos libros me resultan un chute de lo que en un anuncio de Coca-Cola llamarían “ganas de vivir”. De hacer cosas, de experimentar, de disfrutar, de buscar el placer, de divertirse. La autobiografía de Errol Flynn podría ser uno de ellos, lectura que recomiendo a cualquiera. Y en este caso, sin caer en la sorna y el sentido del humor de Mr. Flynn (y de sus mentirijillas a la hora de explicar su supuesta vida), en ese mismo conjunto incluiría este “Big Time”.

El proyecto en realidad no nació como un libro, sino que se fue publicando por capítulos en el blog que Marcos Ordóñez tiene en El País. Allí fue donde yo, de un modo casual, lo descubrí, y lo fui siguiendo, fielmente, a cada entrega. Por suerte al final Marcos Ordóñez se ha decidido a publicarlo en el formato que le corresponde, el del libro. Y es que, en el fondo, soy una abuela, y me encantan los libros en papel. Leo mucho en tablet o móvil, periódicos, publicaciones, webs, blogs… y sin embargo, para novelas, me gusta tocar papel.

Y ahora la gran pregunta: ¿Quién era Perico Vidal? ¿Por qué una biografía suya? Pedro, o Perico Vidal fue un asistente de cámara y ayudante que colaboró, principalmente, en las grandes producciones que se rodaron en España entre los 60s y los 70s. Vidal supo ganarse la confianza y la amistad de tipos como David Lean, Orson Welles, Nicholas Ray o el gran Frank Sinatra. Se logró meter en el mundo del cine y destacar, y en una España tan triste como la de la época, supo hacerse un nombre.

Otros tiempos, probablemente, con más clase... (by @carloskarmolina)

Otros tiempos, probablemente, con más clase… (by @carloskarmolina)

Y todo aquello le llevó a vivir una vida de amor al cine pero también a la música (jazz, principalmente), de muchos viajes y también de muchas fiestas, siempre bien rodeado de esos mitos que los mortales sólo vemos en una pantalla. Así, el mismísimo Frank Sinatra, quien hizo buenas migas con Perico Vidal, se lo llevó a Los Angeles y Las Vegas en su época de reinado, por poner un ejemplo de experiencia que vale por años de gris vida de otras muchas personas.

Tras recoger mucho material a base de grabar entrevistas con Vidal, ya en el ocaso de su vida, pues murió en 2010, Marcos Ordóñez comenzó a recopilar y escribir sobre aquello para acabar publicando este libro, que a su vez, se complementa con una parte fina narrada por la hija de Vidal, Alana. Y si bien la parte de Alana pierde un poco el interés, ayuda a complementar un contexto.

Big Time. Yo soy muy fan del inglés como lengua y del uso de anglicismos, soy así de vulgar, y desde luego no se me ocurre mejor definición para esa vida. Admiro mucho a las personas que se esfuerzan en vivir la vida que quieren, la libertad, con los riesgos que conlleva. Y resulta la clase de lectura que te lleva a querer aprovechar nuestro tiempo en este mundo, y te deja con una sonrisa en la boca.

Canciones:

Siouxee and the Banshees: “The Passenger”

Lenny Kravitz: “Come on get it”

Placebo: “Without you I’m nothing”

14
Sep
15

Todos a la cárcel

La otra noche soñé que me condenaban a prisión. Sí, ahora puede parecer divertido, jijí jajá, pero no veáis el mal rato que pasé. ¿Mi delito? Pues se supone que me cargaría a alguien con el coche o algo así, no quedaba claro. Desde luego, y eso sí recuerdo visualizarlo, cometía una infracción de las chungas conduciendo, durante unos centenares de metros me metía en contradirección (quién sabe por qué) en una carretera, y luego mi vehículo salía despedido fuera de la calzada, por un volantazo. Por lo visto yo salí indemne, pero de la dureza de la condena, puedo deducir que me cargaría a algún viandante. En mi memoria no había juicio alguno, sino que un tribunal policial o militar me aplicaba una versión sumarísima de juicio, unilateralmente y a su rollo, y vamos, que me mandaba a la trena. Yo siempre pensé que si acababa alguna vez en el trullo, sería por algo molón como ser mafioso, traficar con cuerno de unicornio o cometer magnicidio. Pues no, por una mierda de infracción de tráfico. O atropello, qué sé yo.

guilty

Guilty!!!! (by @carloskarmolina)

Y a partir de ahí, un par de días siguientes en los que miraba de hacer vida mientras me escondía de un futuro del que difícilmente me iba a escapar, escondiéndome de cualquier guardia, policía o segurata que pudiera cruzarse en mi camino. Y me consta que la autoridad va enviando efectivos a mis lugares habituales, mi casa, mi trabajo,… se olvidan del bar. Y yo, cuando llega la noche de mi primer día como condenado, voy sufriendo la angustia de saber que esas horas no son más que un bonus track que la providencia me regala, pero que mis huesos acabarán más pronto que tarde en una fría celda. Y entonces me siento como el personaje de Edward Norton en aquella maravilla de película que es “La Última Noche” (“The 25th Hour”), mentalizándome a perder mi juventud en una cárcel, y pensando que tal vez si escapara podría esconderme y buscarme una nueva vida y una nueva identidad (bajo el nombre, claro, de Max Power) en un pueblucho donde no hagan muchas preguntas a los forasteros que hablan poco y trabajan duro. Y que con el tiempo, se olvidarían de mí y de mi condena, y me dejarían de buscar.

Pero no ocurre, al día siguiente, en el que, por alguna razón, tal vez en busca de algo de normalidad, me voy a trabajar, una patrulla se persona en mi oficina. Y la chica de recepción me llama, algo asustada, diciéndome que me esperan unas personas en el vestíbulo. Y yo voy hacia allí, con dignidad, sin mirar a nadie, asumiendo mi destino. Y sí, sé lo que estáis pensando, qué de risas, jajá jijí, pero vamos, una pesadilla que ríete tú del puto Freddie Krueger.

Canciones:

The Darkness: “The Last Of Our Kind”

Eagles Of Death Metal: “Anything Except The Truth”

Johnny Cash: “Folsom Prison Blues”

04
Feb
14

sao paulo, día 2

Hoy es lunes y esto es Alphaville, Sao Paulo. Hotel, dulce hotel. Circunstancias de la vida en la carretera hacen que hoy me haya instalado en un hotel diferente al de anoche, y que volverá a cambiar la noche del miércoles. Pero es una buena habitación, tipo apartamento, con una cocina, un saloncito, baño y una habitación con dos ridículas camas separadas por una mesita, que inevitablemente me lleva a la habitación que compartieron mis abuelos. De todas formas, no espero compañía, así que da igual.

Hace mucho calor, pero no quiero poner el deficiente aire acondicionado, porque ando cascado de la garganta, y mañana tengo bolo importante, que no quisiera hacer como si estuviera imitando a Don Vito Corleone. O a Epi. Así que aguantaremos este calor que, no os voy a engañar, me encanta. La sensación de llegar a la habitación y quitarme la ropa y pasear en calzoncillos, me ha recordado lo mucho que echo de menos el verano en casa. En alguna casa.

Y como la noche de ayer fue fatal, y estoy muerto de sueño, ni siquiera he salido. Me he permitido ese lujo de dioses que es estarme un buen rato leyendo en la cama (“La Canción de Amor de Jonny Valentine”), y luego pedir algo de comida en la habitación. Una especie de estofado de ternera, con salsa Madeira, le llaman, y unos tacos de queso provolone rebozados, que no me han gustado mucho, y que hecho eso tan odioso de pedir un plato y dejarme más de la mitad. Zumo de limón para beber, que esto es Brasil y los zumos de frutas valen la pena. No es que sea la comida más sana del mundo, pero dadas las circunstancias, por hoy, pase. Mientras cenaba, acababa de ver “El Hombre Que Mató A Liberty Valance”, y no, por favor, puristas del cine, no me den la tabarra sobre eso tan feo de ver obras de arte del celuloide en dos partes. El avión ayer tenía que aterrizar, qué le voy a hacer. No quisieron esperar a que James Stewart supiera la verdad.

Andaba escuchando algo de Daft Punk, ahora que tan rematadamente famosos se han vuelto, y se le quedan a uno las ganas de decir “yo ya los conocía antes”, pero en realidad, qué más dará. Su “Get Lucky” me parece un hit fantástico, pero es que estos gabachos ya habían demostrado su capacidad para componer canciones de esas que te hacen replantearte tu condición de rockero a la antigua usanza. Que en el fondo, no soy. Aunque la canción que me ha hecho esbozar una sonrisa ha sido su “One More Time”, que me transporta a tiempos muy divertidos. Y no me he puesto en plan melancólico. Simplemente he recordado, he sonreído, y luego he seguido a lo mío, como quien se fuma un cigarrillo y tal como se acaba, lo arroja al suelo con cierto desprecio y lo aplasta con la punta del pie.

Canciones:

Daft Punk: “One More Time”

Kaiser Chiefs: “Ruby”

Billy Idol: “Hot In The City”

05
Nov
13

jitazos fugaces. hoy… Deee-Lite

Ando releyendo ese gran libro que es “Por favor, mátame. La historia oral del punk”. No tiene nada que ver con la muerte de Lou Reed, en realidad es pura casualidad. Sin embargo, quisiera tomar una cita que da el Lou Reed iniciático, en los inicios de la Velvet. “La música es sexo, drogas y felicidad. (…) No tengáis miedo. Mejor que toméis drogas y aprendáis a amar el plástico.” Como frase, es completamente abierta y se puede interpretar de muchas maneras. Además, a Lou nunca había que tomarle muy en serio. Pero por alguna razón me ha recordado a “Groove Is In The Heart”. Tal vez la visión hedonista.

Nunca me ha gustado la expresión “buen rollo”. Más odiosa todavía si se usa el diminutivo, “buen rollito”. Será porque últimamente parece que ando cabreado con todo. Y sí, pero no. Por eso necesitaba un poco de desintoxicación. La música puede ser divertida e invitarte a menear el culo. “Groove Is In The Heart” es como “buen rollo”. Pero mejor.

Nos dice esa suerte de Oráculo De Delfos actual que resulta ser Wikipedia que lo que se conoce como “groove” es “la “sensación”, rítmicamente expansiva, o el sentido de “swing” creado por la interacción de la música interpretada por la sección rítmica de una banda (batería, bajo eléctrico o contrabajo, guitarra y teclados). El groove es un factor importante en los distintos subgéneros del jazz, y de ahí a otros géneros como salsa, funk, rock y soul. El término suele utilizarse, también, para describir un tipo de música que incita al movimiento o al baile. (…) Se ha afirmado que el “groove” es una “comprensión del patrón rítmico”, o un “sentimiento”, y “una sensación intuitiva” de un “ciclo en movimiento”, que surge a partir de “patrones rítmicos cuidadosamente dispuestos”, que ponen en movimiento al oyente.” … hablando en plata, el Groove es aquello que nos hace mover el buyate. Más o menos. Eso lo tenían muy claro el trío de Nueva York Deee-Lite.

De nuevo un Jitazo Fugaz noventero. En esta ocasión, diferente. La cosa va de música de baile. Cada vez que pensamos en los 90s, por lo menos en su primera mitad, habitualmente, por lo menos el que suscribe, nos acordamos de señores con los pelos largos, perillas y pantalones tejanos raídos, tocando acordes tríadas con la distorsión a tope. Habían, claro, muchas más cosas. Lo que ocurre es que no me interesaban. Claro que en la piel de toro lo que se puso de moda en lo que a música de baile se refiere, y de un modo muy popular, fue lo que se llamó “bakalao” en un principio y luego, directamente, “máquina”. Y cuando yo era un chavalín, para mí, era el enemigo a batir. ¿Os acordáis de esa entrañable película “Cero En Conducta”, producida por los Kiss, que narraba, entre otras, las peleas entre los rockeros y los fans de la música disco? Pues algo parecido, pero entre la máquina y el grunge/rock noventero.

En definitiva, por estos lares, eso del house fue para iniciados, por lo menos hasta finales de la década. Y claro, eso de los Deee-Lite era una rareza que me llegó vía videoclip, lo cual no era de extrañar: el videoclip del clásico “Groove Is In The Heart” era cachondo, psicodélico y lo suficientemente colorista como para llamar la atención, o provocar ataques epilépticos, una de dos. La canción, en realidad, es una empanada que toma del house tanto como del funk, del hip-hop, incluso del jazz. Y qué queréis que os diga, me gusta. Me da buen rollo (JUAS). Tan básico y  simple como eso.

“Groove Is In The Heart” fue el primer single del debut, en 1991, de Deee-Lite, un trío formado por dos DJs y una cantante, la guapísima Lady Miss Kier, quien además se ocupaba de embutirse en un ajustadísimo traje de una pieza y bailar para el videoclip. Y, sinceramente, no os puedo decir gran cosa más acerca de ellos, por lo menos no más de lo que se pueda encontrar en la mencionada Wikipedia. Y para eso, casi que lo busquéis vosotros mismos.

Los señores de Wikipedia dicen que no, que Deee-Lite tuvieron una vida más longeva que este “Groove Is In The Heart” que yo diría que es más recordado en su formato videoclip. Tengo mis dudas. Para mí, un Jitazo Fugaz en toda regla. Alguna vez ya lo he confesado… cuando voy a alguna discoteca de esas que ponen la llamada “música de baile” (aunque menudos bailoteos me he pegado yo con The Stooges o The Cult), mi parte favorita es cuando la hora de cierre se acerca y pinchan temas antiguos, alejados de lo que lleva sonando toda la jodida noche, Jitazos ochenteros y de principios de los 90s. El alcohol hace mella, claro, es el momento de darlo todo. Pues bien, “Groove Is In The Heart” podría significar ese momento. DJ’s del mundo, pinchad más “Groove Is In The Heart”, hostias!

31
Oct
13

10 cosas hipsters que me gustan

Bien, bien… parece ser que mi texto de ayer levantó cierta polvareda. De todas formas, mis queridos hipsters, esperaba más de vosotros. Ni una sola réplica. Sois unos blandos. O sois de esos que dicen que no, que ellos no son hipsters. Pero mirad, ayer citaba a Òscar Dalmau y hoy le otorgan un premio Ondas. ¿Casualidad? No lo creo. Sea como fuere, reconozco tener un espíritu contradictorio que me lleva a redactar esta segunda lista, el yang del yin de anoche: 10 cosas hipsters que me gustan

1.- Los pantalones pitillo: Como siempre en estas situaciones, el hipsterío no ha inventado nada, y los tejanos pitillo no son algo que se creara en el año 2009. Recordemos que el punk británico ya pasó por ellos, y no olvidemos, oh cielos, a los de la NWOBHM, la New Wave Of British Heavy Metal, o como los conocíamos en mi barrio, los jévits de toda la vida. En fin, que sí, que unos buenos tejanos pitillo molan, y para un tipo más bien delgado como yo, sientan bien. Porque ojo, que si uno se pasa con la estrechez de la cintura, puede pasar el llamado efecto madalena. No lo digo yo, lo dicen también ellas.

2.- Las barbas: De acuerdo. Ayer rajaba de las barbas. Pero no olvidemos una cosa, añadía un adjetivo: bíblicas. Si algo nos han traído los años que llevamos de década es que ya no hace falta afeitarse. Reconozco que yo también he sucumbido. Eso sí, hombres de dios, el cuello, siempre rasurado, no me sean cerdos. Y si tienen una mejilla muy poblada, pues también. Por lo demás, una barba de cuatro, cinco o seis días, suele quedar bien y además, te ahorran del engorro del afeitado diario. Pero ojo, que al séptimo día la cosa comienza a ser más propia de miembro de Al Qaeda (hola Obama! Hola, CIA!). Y eso, pues no.

3.- Vampire Weekend: ¿Cómo acabé haciéndome fan de una banda neoyorquina de pop arty y marcadas influencias de la música africana y de la música de cámara barroca? Pues metiéndome donde no me llaman, y en una de mis crisis de ya-no-escucho-música-moderna. Me suele pasar. De repente, veo que me quedo estancado en mis bandas de siempre, rockeros  muertos o decadentes, cuyo momento de gloria más cercano está en 1996. Entonces pruebo con una de esas moderneces que aparecen en las revistas. Suelo salir escaldado de estos experimentos. Pero miren por dónde, los Vampire Weekend han resultado ser una agradable excepción.

4.- Los gin-tonics: Vamos con la contradicción número dos de la noche. Yo antes bebía vodka. Con limón. Pero un par de malas resacas acabaron con mi afición. Luego un amigo pidió dos gintos, y resultó una bebida que al menos no te dejaba el regusto dulzón de las resacas a base de combinados con limón, naranja o coca-cola. Eso sí, cada vez que me pido un gin tonic y me recuerda a una ensalada, me pongo de mala leche.

5.- Las Ray-Ban Wayfarer: ¿Hipster? Pero vamos, si las llevaba Tom Cruise en la maravillosa “Risky Business”, David Hasselhoff AKA Mitch Buchanan en “Los Vigilantes De La Playa” o Bob Dylan en 1965. ¿Hipster? No me jodas, hombre.

6.- Instagram: Yo nunca tomaba fotos en mis viajes. Era capaz de estar diez días en Australia y no tomar ni una instantánea. Me daba mucha pereza acarrear una cámara fotográfica. Mi entrada en el mundo de los smartphones acabó con ello, y ahora puedo llevarme algún recuerdo en forma de imagen con una cierta calidad. Dicho lo cual, para disimular mi torpeza como periodista gráfico, el descubrir una aplicación como instagram y sus fantásticos filtros retro, me fue de perlas. ¿Que la foto no ha salido bien? Filtro Nashville. ¿Que la luz no es buena? Filtro B/N. Y así. No me busquéis en la red de “instagramers”. No estoy.

7.- El té: Yo siempre había sido de café. De tomarme 4 o 5 cortados al día. Y no os creáis, sigo haciéndolo. Me aficioné al té cuando comencé a viajar a países en los que o bien no hay café, o si lo hay, mejor no tomarlo. Pero té en las bolsitas clásicas Horniman’s, no la moñez esa de la bolita en donde se meten los hierbajos.

8.- Primavera Sound: Reconozco que con los años y las diferentes ediciones, el nivel de calidad del festival ha ido subiendo. Además, su celebración, en mi ciudad, en un recinto fácilmente accesible, le hace sumar enteros. Puede considerarse, a priori, un festival hipster. Pero amigos, en los últimos tres años han pasado por sus tablas gente tan poco hipster como Neil Young, The Afghan Whigs o Mudhoney. Por supuesto, tiene ese componente de pasarela del moderneo donde los chicos y chicas acuden a lucir sus mejores galas. Pero a su vez, tiene buena oferta musical. Y eso me basta.

9.- Running: Comenzaré diciendo que llamar “running” a lo que toda la vida había sido “salir a correr” me parece una memez de esas de campeonato. Lamentablemente, así, todos nos entendemos. Yo había pronunciado alguna vez la frase de que “el verbo correr sólo debería conjugarse en modo reflexivo”. Pero no, desde hace unos pocos años, le he cogido el gusto. Por obligación, no se crean, que cuando comencé a sumar años, noté que hincharme a cheetos se pagaba. Y al final, es el deporte más efectivo para una cura de exceso de cheetos.

10.- Los 80s: Nací en 1979. De manera que, más o menos, año arriba, año abajo, considero los 80s como la década de mi niñez y los 90s como la de mi adolescencia. Resulta, por lo tanto, normal que vea como entrañables los productos de esa década, sean películas, televisión o cierta estética. Lo que me llama la atención es que chicos y chicas que no vivieron el estreno de McGyver en TVE1, porque ni siquiera habían nacido, reivindiquen esa década. Pero así son las cosas, supongo que es algo parecido con esa reivindicación de los 70s que se hacía cuando yo era un adolescente y todo aquello me parecía muy molón.

Canciones:

Band Of Horses: “St. Augustine”

Lou Reed: “Rock n’ Roll Heart”

The Cult: “Naturally High”

18
Sep
13

UNA HISTORIA DEL BRONX

“No hay nada más triste que el talento malgastado”. Eso le dice el conductor de autobuses Lorenzo a su hijo Calogero cuando éste era un crío. Luego las cosas se complicaron más, y sin embargo, al final, Lorenzo tenía razón. De adolescentes acostumbramos a creernos que los adultos nos han ido engañando siempre. Y no, no fue siempre. La cuestión es dilucidar cuándo.

Hace unos días os hablaba de la proliferación de múltiples canales de TV en esa francachela que ha dado en llamarse TDT. A destacar, y con muchísimos cuerpos por delante, La Sexta3 y su posterior “imitadora”, Paramount Channel. De acuerdo que emitir las mismas películas una docena de veces cada mes, mes tras mes, es demasiado. Y sin embargo, qué puedo decir… cada vez que pillo alguna de las tres partes de El Padrino, por lo menos un trozo sí que veo.

“Una Historia Del Bronx” es otra de esas frecuentes. También era de las habituales, no obstante, en la parrilla televisiva antes de aparecer la dichosa TDT. Y como “Forrest Gump” o “Cadena Perpetua”, si la cojo, por casualidad, por la tele, al menos un rato, me quedo viéndola.

Calogero entre los dos hombres que marcaron su niñez: su padre y Sonny

Calogero entre los dos hombres que marcaron su niñez: su padre y Sonny

Calificar “Una Historia Del Bronx” de entrañable me parece injusto, porque parece querer decir que es una mierdecilla pero que me gusta. Nada más lejos de la realidad. Es una película sencilla, sí, pero, en general, muy bien hecha. Y sí, me gusta. Me gusta mucho. Me toca un poco la fibra, he de reconocer. Ay, qué sensiblón ha sonado eso. No me hagáis mucho caso, estoy en esos días…

La cinta se estrenó en 1993, y fue el debut a la dirección de un Robert DeNiro que todavía tenía esa estela de los más grandes. Nos quedarían pocos años de grandeza para DeNiro, y pocos trabajos memorables… Diría yo “Casino” (1995), “Heat” (1995) y tal vez, más por la cinta que por su papel, “Jackie Brown” (1997). ¿Cuándo cayó (solito, y voluntariamente) en desgracia? Yo creo que a partir de 1998 ya no volvió a protagonizar, ni siquiera a actuar como secundario, en ninguna película que realmente fuera memorable. Una lástima.

Pero ei, volvamos a aquél maravilloso 1993 cuando DeNiro aún era un semidios. Para su primer largometraje como director decidió comprar un guión de Chazz Palminteri, y contar con el actor como el intérprete del carismático gangster Sonny. Palminteri, otro que prometía grandes momentos y realmente, no sé qué pasó con él.

El James Cagney de los 90s

El James Cagney de los 90s

La historia es sencilla, en el barrio del Bronx, a finales de los 50s, vive un niño italoamericano, Calogero, hijo de un hombre honrado, sencillo y temeroso, el conductor de autobuses Lorenzo (DeNiro). De casualidad, Calogero presencia un asesinato por parte de Sonny, el capo del barrio. Cuando la policía le interroga, Calogero encubre a Sonny. Gracias a ello, el chaval acaba cayendo en gracia a la mafia local, que le tiene fascinado. A Lorenzo no le gusta nada que se relacione con ellos, pero esa vida, la de los “chicos listos” que decían en “Uno De Los Nuestros”, fascina a Calogero, tan alejada de la miseria y el trabajo agotador de su padre. Con el tiempo, Sonny le va tomando cariño a Calogero, quien ve en él otro tipo de figura paterna, especialmente en su adolescencia, lo cual, claro, generará conflictos entre el gangster Sonny y el conductor de autobuses Lorenzo.

Los conflictos entre la atractiva vida del gangster y la moral, el amor familiar, la amistad y los conflictos raciales (representados con los enfrentamientos entre italoamericanos y negros) se entremezclan en una historia en apariencia sencilla, pero muy bien explicada. DeNiro demuestra haber mamado cine y los recuerdos a Scorsese son inevitables. Por si fuera poco, la banda sonora está compuesta por pequeñas maravillas que se van sucediendo, de cariz blanco o negro en función de la época narrada en la historia (finales de los 50s o mediados de los 60s) y de la narración.

Lorenzo y su hijo

Lorenzo y su hijo

Recurrir a buenas canciones como banda sonora de una película es un recurso fácil. Lo complicado es que la canción acabe formando parte natural de la historia, y que esas imágenes parezcan creadas para acompañar a esa canción. Por ejemplo, eso pasa cuando suena el clasicazo “I Only Have Eyes For You” de los Flamingos. Cada vez que la escucho, recuerdo las imágenes de Calogero y su chica.

No creáis que, aunque se trate de un homenaje a los valores de la amistad y de la familia, “Una Historia Del Bronx” contiene moralina de baratija. En realidad, Calogero protege a un asesino, sin ir más lejos, y sus admirados amigos Sonny y pandilla son, en realidad, unos mafiosos. Algo así como Goodfellas vs. La Famiglia.

Dolorosas lecciones de vida...

Dolorosas lecciones de vida…

No puedo dejar de contar una curiosidad que me parece muy cachonda. El personaje del Calogero adolescente está interpretado por un actor llamado Lillo Brancato, cuya carrera pasa muy desapercibida para mí, hasta que le veo tener un papelito en Los Soprano. Efectivamente, en LA SERIE, Brancato interpreta a Matt Bevilaqua, un gangstercillo de poca monta que hace unos trabajitos para Chris Montisalti. Harto de que Chris le trate como lo que es, un triste peón en la organización, acaba por tratar de asesinarle, por encargo de Ritchie Aprile. Falla en su cometido, y acaba muriendo a manos de Tony y Pussy de un manera muy chunga. De hecho, ¿no tenéis la sensación que todos los actores que habían tenido algún papel en películas de la mafia acabaron, de una u otra manera, apareciendo en Los Soprano? La realidad es, sin embargo, más cruda que la ficción, y resulta que Lillo Brancato acabó metido en un robo que finalizó con un tiroteo y muerte de un policía, en 2005. Aunque absuelto de los cargos de asesinato (por lo visto, el que disparó fue su compinche), Brancato fue condenado a diez años de prisión. Puede parecer frívolo, pero qué puedo decir: esta clase de historias con ficción, casualidades y realidad, me parece lo más cinematográfico que hizo Lillo Brancato desde aquel lejano 1993.

Canciones:

Noir Desir: “Tostaki”
Daft Punk: “Lose yourself to dance”
R.E.M.: “Stand!”

05
Sep
13

Performance

Si comienzo este texto diciendo que “Performance” es una película rarita, seguro que más de uno o una dejarán de leer, o bien continuarán, pero con esa condescendencia que proporciona el mirarme desde una torre de marfil del yo sí que sé de cine y este KAR no. Pero lo es, de eso, no tengan ustedes la menor duda. Lo cual no quiere decir que sea una mala película. De hecho, me habían hablado tan mal de ella, que iba preparado para el desastre, y bueno, a mí, me gustó. Posiblemente me gustó más por la estética que por la historia contada, pero ese es otro asunto.

Cartel muy pop de la película.

Cartel muy pop de la película.

“Performance” fue la primera incursión en el cine de un Mick Jagger convencido de que también podría triunfar en esa disciplina, si bien, al final, acabó llegando a las pantallas comerciales antes la que sería su segunda película (“Ned Kelly”, 1970 … no, no he tenido huevos a verla) que no esta “Performance”, de 1968. Por suerte, tras estas dos actuaciones, Jagger dejó aparcado el cine, y más allá de algunos picoteos fugaces, casi se podría decir que lo dejó para siempre.

Otro cartel, menos pop, y más explícito de lo que la peli desarrolla...

Otro cartel, menos pop, y más explícito de lo que la peli desarrolla…

“Performance”, el título, juega con la palabra “performer”, que en slang era un quinqui, un mafiosete del East End de Londres. Performer es también, en su acepción clásica, un artista, alguien que se sube a un escenario. Todo en la cinta tiene un doble sentido, básicamente, cómo, de una manera menos sutil de lo que pudiera parecer, comparan la vida de un gangster con la de una estrella de rock, en este caso, Turner, un sosias de la imagen que Mick Jagger proyectaba en esa época, a finales de los 60s.

El argumento nos presenta a Chas (James Fox), un relamido gangster londinense, de traje estupendo, afeitado perfecto y zapatos relucientes, extremadamente violento e implacable, que cae en desgracia en el seno de su organización y debe huir. Casualmente, se esconde alquilando una habitación en la casa de un rockero, Turner, quien vive con su novia, Pherber, interpretada por una guapísima Anita Pallenberg, y una amiga, Lucy, otra belleza, aunque muy diferente a la Pallenberg, interpretada por Michèle Breton. Lo que al principio es un contraste entre ambos personajes, Chas y Turner, y una cierta animadversión, se tornará en el encuentro de más puntos comunes de los que esperaban.

Mick Jagger, Michèle Breton y Anita Pallenberg. Con ellos, llegó el escándalo...

Mick Jagger, Michèle Breton y Anita Pallenberg. Con ellos, llegó el escándalo…

Lo diré aquí y ahora: en esta cinta, Mick Jagger está para pegarle un buen par de hostias, en un plan estrellón arrogante y ridículo. Cosas de la época, y de las sustancias, claro. En esta época es cuando a Mick Jagger se le va pasando la etapa mesiánica y entra en la megalomanía de la superestrella que todo lo hace bien, y que sólo merece rodearse de gente tan rica, famosa y molona como ella.

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Imagen gratuita de la Pallenberg en pelotas.

Muchas son las historias que se cuentan sobre esta “Performance”. Por ejemplo, parece bastante contrastado que Anita y Mick follaron durante el rodaje. Recordemos que en esa época, Anita ya estaba con Keith Richards. Hay dos versiones, la de que fueron sorprendidos en faena, y la de que la propia escena de sexo de la cinta, es real. Según Tony Sánchez, aún estando con Brian Jones y con Keith Richards, Anita Pallenberg siempre estuvo colgada por Mick Jagger.

Chas, un violento hijo de puta con clase...

Chas, un violento hijo de puta con clase…

Precisamente, estas escenas tan explícitas de sexo y consumo de drogas generaron bastante controversia en su época. Así mismo, la carrera de James Fox (que interpretó a Chas), que parecía incipiente pero directa al estrellato, se truncó a partir de esta cinta, porque tras la muerte de su padre, decidió dejar el cine para hacerse pastor evangélico. Ya sabéis, de esas, digamos, cosas raras que ocurrían cuando los Stones andaban de por medio. Fox estuvo hasta mediados de los 80s alejado de las pantallas.

No pasará a la historia como un peliculón, aunque tiene sus seguidores acérrimos, como cinta de culto. Para los fans de los Rolling Stones, obligatoria.

Canciones:

Phoenix: “Lisztomania”

Mick Jagger: “Memo From Turner”

Delta 72: “Incident @23rd”




septiembre 2020
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