La primera sensación es que el país es una extraña mezcla entra la tradición británica más rancia (comenzando por la manera de conducir y siguiendo por costumbres referentes a los hábitos de comidas, por los clásicos pubs, etc…) junto con una estructura muy parecida a los USA, por la distribución de los edificios y las calles en las ciudades, y por ser, como en América, un territorio de vastas extensiones de terreno, donde todo se construye a lo ancho, no a lo alto.
Mis contactos allí son irlandeses y británicos, principalmente, que llevan más o menos tiempo viviendo en Australia. Teniendo en cuenta también la ingente cantidad de personas originarias de Asia, uno se pregunta si es que nadie ha nacido allí. Lo cierto es que no mucha gente. Entre el final de la 2ª Guerra Mundial y hasta mediados de los 70’s, el gobierno Australiano ponía muchas facilidades para la inmigración. De hecho, siendo inglés o irlandés, con sólo acercarse a la embajada, ya podían pedir un pasaporte australiano. Todo ello ha cambiado radicalmente, y hoy en día es un país muy complicado para pedir un permiso de residencia.
Lo primero que se le viene a uno a la cabeza al pensar en Australia son, obviamente, los eternos tópicos. Canguros, Cocodrilo Dundee, Foster’s, AC/DC, aborígenes y saber si los desagües hacen girar el agua hacia el lado contrario que en el hemisferio norte. Los de Angus Young estaban anunciados por todo Melbourne, pero a decir verdad, Melbourne me pareció una ciudad con mucha vida nocturna, de modo que tampoco era que destacasen especialmente. Y los aborígenes, amigos, son considerados como una especie de subraza, como una especie de parásitos del gobierno. Esa es la sensación que me dio. Un poco, y salvando las muchísimas distancias habidas y por haber, me recordaba a los tópicos que se pueden oír en cada esquina de nuestras calles sobre los gitanos. En cuanto a la Foster’s, la verdad es que ni la ví por ningún lado. Abundaban más cervezas como la Carlton, que ciertamente se parecen bastante más a las cervezas españolas que a las británicas. Y sí, se sirven exclusivamente frías.
En cuanto a canguros y cocodrilos, no los ví. Los segundos están casi exclusivamente en el norte del continente, y no quise hacerles la broma sobre el personaje de Paul Hogan. En cuanto a los canguros, por lo que me dijeron, es bastante fácil verlos, una vez se sale de las urbes. Verlos no los ví, pero sí los probé. Me llevaron a un restaurante para probar todas las delicatessen autóctonas, a saber, canguro, cocodrilo y emú. Mientras que el emú me pareció seco y el cocodrilo no me entusiasmó, probablemente demasiado especiado, el canguro está muy bueno, especialmente un tipo de canguro más pequeño que ellos llaman wallaby.
Eso en un lugar muy céntrico de Melbourne, una ciudad con un downtown muy parecido a las ciudades del este de USA, y donde los tranvías funcionan estupendamente. Me empeñé en coger transporte público, ya que creo que es la manera de mezclarte un poco con la gente y por lo menos, poder llegar a tener un poco el pulso del país. Y sí, a diferencia de USA, aquí hay máquinas expendedoras en los convoyes y que dan cambio, ya sea de esas enormes monedas con el reverso luciendo la cara de la reina Isabel II (ojito, la jefa de estado, aún 300 años más tarde del capitán Cook), o con esos billetes que son de plástico. Si, sí, de plástico, unos billetes que te puedes dejar en el bolsillo de los pantalones, meterlos en la lavadora… y no les pasa absolutamente nada. Estos australianos, es que están en todo.
El sábado por la mañana fue el único momento de tranquilidad que tuve, como para dar un paseo por el centro de Melbourne. Y allí pude comprobar, una vez más, como en Australia, por lo menos en el estado de Victoria, lo que mueve al pueblo es el fútbol australiano. Una curiosa mezcla entre rugby, fútbol (soccer) y fútbol americano, allí levanta tantas pasiones como aquí la Liga BBVA. Estuve viendo un partido en un pub, y no sé si fueron las cervezas, pero creo que llegué a entender el juego. Y si no, cuanto menos, lo pasé bien.
Al día siguiente me esperaba un horrorosamente largo vuelo de retorno, con Singapore Airlines y sus guapísimas azafatas, todas orientales, todas uniformadas con una suerte de vestido-sari, maquilladas a la perfección aún tras diecimuchas horas de vuelo, y luciendo pelo recogido en moño. Qué? Viajad tantas horas enlatados en un avión y luego me decís en qué os fijábais.
PD: lo de los desagües es un mito urbano… giran exactamente igual que en el hemisferio norte. Palabra de freak, que se estuvo fijando.
Canciones:
Pearl Jam: “Yellow Leadbetter”
The Darkness: “Stuck in a Rut”
Héroes del Silencio: “No Más Lágrimas”