Archive for the 'videos' Category

15
Abr
17

Guilty pleasures (6)

Decíamos ayer que… en fin, recupero esta sección que llevaba nada menos que cuatro años en barbecho, y en donde me dedico a exponer mis miserias, lo que para un marisabidillo de mierda que es el juntaletras que suscribe, no deja de ser un ejercicio de humildad que quisiera que se me tuviera en cuenta cuando me toque la próxima reencarnación. Aunque en realidad, tiene más de engañifa y de impostura que de verosimilitud. No, no puedo decir que de repente  me estoy mostrando como un fan en el armario de Franco Battiato. No, cuando apenas conozco un par de canciones de este caballero, las que conoce todo el mundo, debiera decir. Y me gustan, me gustan mucho. Pero nada más. ¿Me estaré perdiendo una gran carrera musical, dejando de lado los discos del italiano? Yo qué sé.

Por otra parte, lo estoy calificando de guilty pleasure y si bien en esta sección he reseñado cosas realmente vergonzosas, pueden leer más aquí, aquí, aquí y también aquí, debo expresar a los cuatro vientos que no, no me hace sentir culpable disfrutar de una canción como “Voglio vederti danzare” (Franco Batiatto, “L’Arca Di Noè”, 1982).

“Discos, pelis y libros. Eso es lo que realmente importa”, decía Rob en “Alta Fidelidad”. Durante mucho tiempo yo también pensé así. Ahora, tal vez será la senectud prematura que me invade, me he vuelto más tolerante y suelo no despreciar a la gente, al menos no de entrada, sólo porque escuche el último hit de ese cantante latino que me niego a nombrar en estas sacrosantas líneas. Sí, ya saben a quién me refiero. De todas formas, Nick Hornby escribió esa novela en 1995, y en 2000 era John Cusack quien le daba rostro a Rob en su versión cinematográfica. Dudo, sin embargo, que cualquiera que haya nacido alrededor del año de publicación de ese libro (tal vez seas TÚ) pueda entender gran cosa de todo esto.

Permitidme volver a Batiatto y a esa preciosidad de canción que es “Voglio Vederti Danzare”, que como muchas otras del autor, y como muchas otras de la música italiana, nos llegó en una traducción al castellano bastante forzada, perdiendo, entre otras, la musicalidad de la propia lengua italiana. Sí, ya me perdonarán el esnobismo. Todo en este tema no podía estar más alejado de algo que en 2017 se puede considerar un hit. A saber, una canción italiana cantada por un tipo feísimo con aspecto de profesor de filosofía de instituto, construida sobre una base de sintetizadores y sin percusión (ni batería, ni apenas beats marcados) y que glosa diferentes bailes populares de diversas geografías, de un modo bastante superficial, eso sí.  Pues el disco que la contenía vendió, según reza Wikipedia, más de medio millón de copias.

Tenía recuerdos de haber escuchado esa canción de niño, por casa, por la radio, en televisión, cuando eran los años ochenta. Aquello estaba allí, escondido en el substrato personal del recuerdo, hasta que en 2003 salió de nuevo a la luz, del modo más inesperado. Y es que en 2003 el también italiano DJ Prezioso publicó un remix del tema, he de decir que bastante horroroso, sin más que dotarle de una base rítmica pesada tan clásica del eurodance. Este sí que es un guilty pleasure en toda regla. Me cogió en mi época más fiestera, justo acabado la universidad, con un trabajo recién estrenado que llenaba mis bolsillos de adolescencia extendida, viviendo en casa de mis padres. Aquello era sentimiento de culpabilidad total, y he de reconocer que por entonces a menudo lo vivía así, yendo a conciertos a la sala Mephisto o consumiendo lo que la revista Popular 1 predicara, pero a su vez saliendo de fiesta y dándolo todo en pistas de baile de dudoso gusto. Al final, quieras que no, había cosas que te agradaban, y entonces sientes aquel molesto cosquilleo en la nuca: eso despertaba mi mala conciencia rockera. Pero con una melodía así, ¿quién podía resistirse? Algo bueno sacamos: difícilmente me hubiera acordado de aquella canción que escuchaba en la radio de mis padres en 1985 si no me la hubiese recordado el dichoso DJ Prezioso. Cuando era más joven, podía recordarlo todo. Hubiera sucedido, o no.


Para el cierre quisiera dejar un vídeo que me parece una maravilla del humor. Martes Y Trece, nunca suficientemente reivindicados, haciendo un gag con Josema Yuste imitando Franco Batiatto (Napiato, en su versión), cantando ese “Voglio Vederti Danzare” en castellano, por supuesto, y de repente, cuando parece ser sólo una imitación sin mayor gracia, aparece Millán Salcedo vestido de pollo, bailando el robot y haciendo los coros, convirtiendo la escena en algo hilarante, con todo el surrealismo del dúo, y la suya, en la mejor versión de “Voglio Vederti Danzare” de la historia. ¿Por qué un pollo?

03
Abr
17

Canciones y años

Ah, el tempus fugit y todas esas mandangas que han inspirado al ser humano desde tiempos inmemoriales. El vértigo que provoca darte cuenta de que no eres el amo de tu vida. Es sólo eso. Esos versos de Gil de Biedma, tan repetidos, tanto que casi desdibujan su verdadero significado, quizás también porque expresan algo tan difícil de advertir e imposible de corregir: “que la vida iba en serio, uno lo empieza a comprender más tarde”. Cuando eres más joven, no te importa una mierda nada, la mayor parte del tiempo, y son los años quienes acaban dándole la vuelta a eso: es el tiempo a quien no le importas una mierda.

Los años son una impostura, un invento del papa Gregorio XIII, una cifra que nos ayuda a recordar, pues los recuerdos son lo que somos. Los recuerdos que yo tengo de mi romance con aquella joven Kate Moss, allá por 1999, son tan vagos  y borrosos que ya me entra la duda de si me lo habré inventado yo. ¿O sería 1989? Esas cuatro cifras fatales que quieren decir algo. Lo que sea. Algo querrán decir. Ni que sea para inspirar a peludos que se suben a un escenario.

1916

Para Lemmy, de Mötörhead, ese 1916 estaba marcado por la I Guerra Mundial, y como tal quiso plasmarlo en esa canción que a su vez daba título al disco con el que traspasaban la década de los noventa. Un tema distinto, fuera del estándar del trío, de velocidad y fiereza. Lemmy era un gran amante de la historia bélica. Yo nunca he sido un gran amante de Mötörhead, por más que ahora, y muerto el hombre, parece que salen fans de debajo de las piedras. Me temo que a Lemmy le ha pasado un poco (a menor escala, eso sí) lo que le ocurrió a Bob Marley, o a James Dean o al Che Guevara: se han convertido en un póster, en un estampado de camiseta o (horreur!) una frase de muro de Facebook.

1939

Algo parecido le pasó a Brian May, de Queen, cuando compuso el tema “’39” inscrito en el celebérrimo “A Night At The Opera”, también conocido como el-disco-de-boemianrapsodi. En este caso, May no es un experto en historia bélica, sino en astronomía y astrofísica. La historia relata un experimento en el que unos exploradores son enviados al espacio y a su retorno han pasado cien años, según la teoría de la dilatación del tiempo en la teoría de la relatividad de Einstein. Hubo quien quiso ver algún tipo de alegato belicista, sin embargo May siempre lo negó y su trayectoria científica da más peso a la primera versión. Al final, esa “’39” es una canción que cantó el propio Brian May y suena más cercana a los dos primeros discos de La Reina que al LP en el que se incluyó.

1969

Saltamos treinta años para meternos en terreno grasiento, sucio, que huele a alcohol y a violencia gratuita. ¡Son The Stooges, hombre! Todo en esta canción está bien colocado, todo tiene sentido en el marco en el que se circunscribe, comenzando con esa intro de guitarra que raspa como papel de lija, y con Iggy declarando, “all right”, antes de comenzar con un ritmo casi tribal y de acabar como acaba, a voces.  Fijémonos en la letra:

It’s another year for me and you
Another year with nothing to do
Last year I was twenty one I didn’t have a lot of fun
And now I’m gonna be twenty two I say oh my and a boo-hoo

Seguramente Gil de Biedma lo dijo de una manera más bonita, no obstante, en el fondo, acaba siendo lo mismo.

1970

Y el reverso aún más oscuro y más depravado nos lo proporcionaban los mismos The Stooges, un año más tarde, en el siguiente LP del grupo. Un Iggy Pop más chulesco todavía declarando “I feel alright”. Si alguien me preguntara cuál es la mejor canción de The Stooges, probablemente diría que esta “1970”. Y si alguien me preguntara acerca del mejor solo de saxo en el rock n’ roll, seguramente mencionaría el que cierra el minutaje del tema, sonando tan sucio y descarnado como la guitarra más distorsionada.

1976

Más que una canción, una declaración de intenciones, esta “1976” de Redd Kross. Una visión edulcorada de una década en la que los miembros del grupo vivieron su primeriza adolescencia y niñez. ¿Cómo sonaría una canción si yo escribiera un tema llamado “1993”? La pregunta es una estupidez, yo apenas soy capaz de tocar tres acordes seguidos en una guitarra sin meter la pata. Pero seguramente, a nivel espiritual, sería parecido, porque el tiempo constituye un prisma cabrón que deforma los recuerdos, en especial los de esa época de pre-adolescencia, y una vez más, Gil de Biedma, otro cabrón que tenía razón. Como nota curiosa, en dos ocasiones, antes del estribillo, canta alguien que suena igual a Paul Stanley de Kiss, y tratándose de una banda tan fanática de Kiss como los Redd Kross, pudiera ser. Pero no lo es, en aquellos tiempos Redd Kross eran muy minoritarios y no tendrían el dinero suficiente para que el tío Stanley moviera su culo. En realidad se trata de su guitarrista de entonces, quien, hay que decir,  lo clava.

1979

“1979” de Smashing Pumpkins, podría ser el reverso a la canción de los Redd Kross, pero con ese aura más intensito que gastaba Billy Corgan. Menos sutil y menos divertido que Jeff McDonald, de Redd Kross, compone sin embargo una buena canción, aunque no puedo dejar de preguntarme si el tema hubiera sido tan apreciado por los fans de la banda de no ser por ese videoclip que lo acompañaba.

1984

Aunque podría referirme a ese corte instrumental que abría el disco de Van Halen. Pero no, en esta ocasión me refiero a la canción de David Bowie de su disco “Diamond Dogs”. Una empanada inspirada por la clásica novela de George Orwell, quien quiso ver un futuro en ese año (Orwell, no Bowie) que tardaría unas décadas más en producirse. Aunque el disco lo grabó aún sin el guitarrista Carlos Alomar, aquél LP ya rezumaba lo que iba a ser la encarnación de Bowie para el siguiente lustro, el del enamorado de la música negra, y con Alomar de mano derecha (quien se incorporó para la gira de “Diamond Dogs”). ¿La canción? Un trepidante estallido de soul funk elegante.

1999

Y si hablamos de temas futuristas, puedo mencionar la que es mi canción favorita de Prince, “1999”. Del disco que la contenía, titulado también “1999” la gente suele recordad “Little Red Corvette”. No se me ocurre un mejor inicio para un álbum, no obstante, que esta “1999” -la canción-  que contenía un rollo proto-futurista con vistas a ese temible año 2000 que acechaba y que, ya ves, pasó, y ni un triste avión cayó del cielo en aquella nochevieja de 1999. Un timo, vaya.

07
Nov
13

Bajo La Piel

Esta mañana me he despertado acordándome del dúo que hicieron Frank Sinatra y Bono hace ya 20 añazos. De hecho, acabo de calcular ahora mismo, mientras escribía, los años que han pasado de ese single y al teclear ese dos y ese cero me ha recorrido un escalofrío. 20 años, que se dice pronto. Claro que hace 15 que Sinatra cría malvas.

Volvamos a ese 1993 cuando el viejo Frank hace un movimiento comercial increíblemente exitoso para un cantante de su edad y de su condición artística, tan alejada del fenómeno pop que generaba tantos beneficios a las discográficas: su ya clásico disco de duetos “Duets”.

Aunque participaban cantantes de diferentes raleas y condiciones, todos recordamos ese “I’ve Got You Under My Skin” que cantó junto con Bono, como algo, digamos, revolucionario. Tengamos en cuenta que hoy en día Bono es un señor mayor que canta con un grupo para un público de cuarentones y hace conciertos en estadios que son más conocidos por su espectacularidad que por el rock o el pop. En 1993, sin embargo, Bono estaba en un punto muy álgido, y debo reconocer que sin ser yo gran fan de los U2, entre 1991 y 1993 grabaron lo que considero mis dos discos favoritos de la banda, “Achtung, Baby” y “Zooropa”. Además, hacía los numeritos en escena pero a su vez usaba su implicación política como bandera, por ejemplo, en aquel entonces, con la guerra de los Balcanes.

Seguramente a Sinatra, un tipo para quien “el rock n’ roll es música hecha por y para retrasados mentales” (dixit) el unir sus fuerzas con ese irlandés no significó más que un incordio para vender más discos. Bono, obviamente, estaba emocionado, más si tenemos en cuenta que es de los pocos participantes en el disco con quien Frank tuvo la deferencia de compartir el aire que respiraba, ya que las canciones se grabaron por separado con cada intérprete.

Para la posteridad queda este vídeo en el que se incluyen pequeños fragmentos del momento en el que Sinatra recibe en audiencia a Bono. Y he de decir que el dueto no está nada mal, y que esos falsetes de Bono combinados con el clasicismo swing de la pieza quedan francamente apañados. Y reconoceré que fue gracias a esta canción, o mejor dicho, a este videoclip, que yo descubrí la música de Frank Sinatra. Es posible que sin este vídeo, nunca me hubiera llegado a interesar por el viejo Frank. Y creedme, eso hubiera sido toda una pérdida…

27
Oct
13

El Peor Videoclip de la historia

Llevo unas semanas enganchado a las últimas temporadas de “Padre De Familia”, y lo puedo decir sin rubor, “Padre De Familia” me gusta más que cualquier otra serie de animación. Que nadie me entienda mal, adoro “Los Simpson”, es una serie que llevo viendo, casi ininterrumpidamente desde que tenía once años y se estrenó en horario nocturno en aquél programa de modernas de la dichosa movida en el que se incluía un episodio, en la 2 (por aquél entonces, TVE2). Menuda cara puso mi padre cuando le dije que quería ver una serie de dibujos a las once de la noche. ¿Alguien más en la sala que viera la serie por vez primera entonces? Sin embargo, la realidad es que han pasado 22 años y la sobreexposición ha sido brutal. Y sobretodo, no nos engañemos, las últimas temporadas de “Los Simpson” resultan tremendamente aburridas. Sigo siendo capaz de descojonarme de risa con el episodio de (por escoger uno al azar) Gabbo, pero veo uno de estos episodios que Antena 3 anuncia a bombo y platillo como nuevos, y me deja frío. De hecho, puede que sea una macabra casualidad, puede que no, pero desde que el actor que doblaba a Homer falleció, los episodios, en general, comenzaron a decaer. También puede ser que Carlos Ysbert tomara las riendas del malogrado Carlos Revilla (quien doblaba a Homer Simpson y a … KITT, el coche fantástico!!) en la temporada 12, y claro, una docena, son muchas temporadas.

El caso es que el otro día, viendo “Padre De Familia”, en una escena Peter está aleccionando a sus hijos Chris y Meg, y menciona lo que califica como “el peor videoclip de la historia”. Ahí saltaron las alertas. El documento que seguía a continuación era espeluznante. Peter Griffin estaba en lo cierto. Es el peor videoclip de la historia. Es el clip de “Dancing In The Street” de Mick Jagger y David Bowie.

Pero antes, pongamos unos antecedentes. Se trata de un dueto que Jagger y Bowie grabaron en 1985. Si repasamos las carreras de ambos en aquella época, podemos concluir que no estaban en su mejor momento artístico. Bowie tenía 38 años por entonces, y estaba en una de sus etapas más flojas, acababa de grabar “Tonight” (1984), que seguía la estela de la fama que le proyectó aquella decepcionante mutación que sufrió su personaje con “Let’s Dance” (1983), si bien conquistó un público y un mercado más masivo. Jagger tenía 42 años, y a los Stones en barbecho, en una de sus crisis de los 80s. De hecho, acababa de grabar su primer LP en solitario, “She’s The Boss” (1985), poniendo sus esperanzas en poder triunfar a lo grande sin necesidad de tener que aguantar a Keith Richards y a su pasado en los 60s y 70s. Algo que no ocurriría jamás.

Total, ambos eran unos cuarentones (Bowie, casi), reliquias de un sonido pretérito que la chavalería veía como algo alejado. Nada que no le pasara a la mayoría de los popes del rock de los 60s y 70s, que iban dejando de ser jovencitos, y perdiendo el respaldo mayoritario de la Juventud (dicho así, en mayúsculas), lo que los llevaba, a menudo, a realizar movimientos absurdos. Una crisis de los cuarenta en plena regla. Échenle la culpa a Pete Townshed y a sus versos lapidarios como “I hope I die before I get old”.

Como mínimo hay que valorar que se trataba de un proyecto de carácter benéfico, enmarcado en los fastos del celebérrimo “Live Aid” de Bob Geldof. La idea que tenían los dos prendas, Bowie y Jagger, era cantar en directo un dueto, estando Sir Mick en el JFK Stadium de Nueva York y Bowie en Wembley. Parece ser que al final lo vieron demasiado complicado, y decidieron tomar un atajo más sencillo. De modo que se lanzaron a la grabación de este clásico del soul, “Dancing In The Street”, que popularizaron Martha & The Vandellas en 1964, y que co-escribió nada más y nada menos que Marvin Gaye. Una gran canción, sin duda. ¿Por qué esa versión y no otra? Podría ser malvado y decir que Bowie estaba dispuesto a grabar cualquier cosa que conjugara el verbo “dance” en su título. Pero en realidad no tengo ni idea del por qué.

Lo que sí que está claro es que en 1985 la MTV era lo más de la modernidad, y la grabación de videoclips resultaba ser algo obligatorio para tener cierta presencia en el mundo de la música. Obviamente, Bowie y Jagger no se iban a conformar con la publicación de un EP de 7”, expresión, dicho sea de paso, que suena tan antigua como el pleistoceno superior.

Y allí es donde la cagan. Porque la verdad es que la versión del tema en cuestión no está nada mal, si bien no aporta gran cosa más que la producción ochentera. Pero bien, en general. No obstante, veamos el vídeo y luego continuamos:

Decorado de mierda, un muro ruinoso y un exterior en lo que parece una mezcla entre hangares y polígono industrial. De noche. Y unos aspectos que asustan. Jagger, no lo olvidemos, ya en la cuarentena, luciendo una de esas camisas de corte anchísimo que se gastaban en la época, pantalones de pinzas vaporosos y unas bambas blancas. Nunca ha sido el paradigma de la elegancia en escena, de acuerdo. ¿Y Bowie? Lo de David Bowie no tiene perdón de dios. Una suerte de mono de una pieza, o pantalón y camisa del mismo tejido, no acabo de apreciarlo, en unos tonos negros y estampado de camuflaje militar. Diríase que ha sido confeccionado a base de bolsas de basura. Y una gabardina digna del detective Colombo.

El clip al completo se compone de los dos divos, solos, bailando la cancioncilla. Bailando. Parémonos en este punto. ¿Vosotros recordáis cuando José Mota (lo siento, me hace gracia este tipo) se pone el disfraz de Blasa y se pone a bailar? Pues algo así. Como si la coca y el alcohol hubiera corrido a mansalva durante las seis horas previas a la grabación, y ambos estuvieran en pleno subidón eufórico. Como cuando te tajas tanto que te desinhibes y acabas en una discoteca a las cinco de la mañana bailando los hits ochenteros de revival como si te fuera la vida en ello, rodeado de tus amigotes que presentan un estado igual de lamentable que el tuyo y os tomáis el bailar “Take On Me” de A-Ha como un trabajo de equipo. Por favor, reconoced que vosotros también os habéis visto en esa tesitura.

Me avergüenza un poco el comentario, por tener un cierto tufillo homófobo, pero es de lo más gay que les he visto hacer a estos dos pollos, Bowie y Jagger. Quiero decir, parecen una imitación del mariquita bailongo hecha por Arévalo. Un chiste de sarasas en una discoteca. Y puedo reconocer que como amante de los hits más ochenteros, me gusta mucho esta “Dancing In The Street”, y que probablemente hacer el monguer de esa manera es la mejor manera de mover el buyate a su ritmo. Pero, y ya me perdonaréis mi mitomanía y mi seriedad, no me gusta ver a dos colosos como David Bowie y Mick Jagger dejando para la posteridad un documento gráfico más digno del de mis primos en la boda de nuestra prima segunda. Por favor, repasad momentazos como el minuto 2:35 , 2:05 o 1:55.

Y ya está. Y ese es el videoclip. Ni un cuerpo de baile. Ni un decorado de más. Todo grabado en una noche, como si fueran esos furtivos que no tienen permiso de rodaje. Hay que reconocerles, no obstante, su sentido del humor, o de la oportunidad, mírese como se quiera, para grabar un vídeo meneando sus culos juntos, haciéndose esas carantoñas, después de los ríos de tinta que corrieron en su época sobre una supuesta relación erótico-festiva entre ambos cantantes en los 70s. Verdad o mentira, la ladina Angie Bowie, ex-esposa de David, se encargó de propagar que los había pillado en la cama. Otros van más allá y hablan de una relación amorosa, no sólo sexual. Lo cual pudiera ser cierto, claro, y me parecería muy bien. Solo que no me lo acabo de creer.

Al final, la canción en cuestión resultó más exitosa que la propia carrera en solitario de Jagger. Y desde luego mejor que los discos de mediados de los 80s de Bowie. Pero para la posteridad nos legaron este terrorífico documento gráfico. El peor videoclip de la historia. Como les dice Peter Griffin, muy serio, a sus hijos Meg y Chris: “Y nosotros… lo permitimos…”.

 

Canciones:

Hanoi Rocks: “Tragedy”

Morcheeba: “The Sea”

Toot & The Maytals: “Never Grow Old”

29
Ago
13

All my friends and lovers

¿Sabéis cuando, de repente, y sin saber muy bien por qué, una canción os pasa por la cabeza? Y no, no me refiero a que escuchéis, por casualidad, un tema que no recordábais, porque alguien lo ha pinchado, o porque ha sonado en una película o en un spot publicitario. No, me refiero a esas veces que efectivamente, esa canción, inesperadamente, se aposenta en tu mente, sin haberte rondado antes. Sin ninguna razón aparente. Simplemente, llega.

¿No os pasa? A mí me ocurre a menudo. Lo curioso es que me suele ocurrir con trozos de canciones, estribillos, puentes, un par de versos. Lo cual hace más difícil su identificación. Menuda rabia da ir canturreando un cachito de canción y haciendo un esfuerzo mental de identificar título o intérprete.

Hoy me ha ocurrido. Andaba yo canturreando eso de “all my friends and lovers…” y luego continuaba con tres o cuatro versos más que no recordaba, pero sí su melodía. Nada que un na-na-ná no resuelva. Afortunadamente, también recordaba al grupo, en este caso, eran los Counting Crows. De modo que, ventajas de las tecnologías, sólo he tenido que hacer una búsqueda en Google para salir de esa tremenda duda que no me dejaba continuar con mis quehaceres diarios. “counting crows lyrics all my friends and lovers”. Eso es todo lo que he tenido que escribir. Y la magia del Internet ha hecho el resto.

Automáticamente, ya tenía el corte identificado, “All My Friends”, que pertenece al disco “This Desert Life”, tercero de los Crows y que supuso un bajón cualitativo, si bien reconozco que hace años que ni lo escucho. Que en su momento, me gustaban mucho los Counting Crows. Mucho. Pero es inevitable reconocer que perdieron su, y me perdonaréis la cursilada, magia. Siguen sacando discos, y ninguno de ellos es un mal trabajo. Nada que ver, sin embargo, con aquellos dos primeros LPs que me alucinaron.

Canciones:

George Thorogood  & The Destroyers: “Bad To The Bone”

Tom Petty & The Heartbreakers: “The Waiting”

Johnny Burnette: “Train kept a rollin'”

16
Ago
13

jitazos fugaces. hoy… echobelly

A mediados de los 90’s, una muchacha con unos pantalones anchos (militares, por ejemplo) y una camiseta o top que dejara a la vista su ombligo, era lo más. No admito discusiones al respecto. Gwen Stefani basó su vestuario en ese estándar durante años. De hecho, no hace mucho pillé, por casualidad, un concierto de No Doubt por la MTV, cosas del zapping. Resultaba ser un show de su gira de reunión, y qué puedo decir, parecía como si por la Stefani no hubieran pasado los años. Los 17 años. Lo cual es mucho, considerando que se trata de una mujer de cuarenta y pocos años y que ha tenido dos hijos. No lo digo yo, lo dice Wikipedia.

No sé por qué el Jitazo al que dedico estas líneas se cristaliza en mi memoria, tan solo con sonar los tres acordes iniciales, con la imagen de una muchacha alternativa (qué lejos queda ya ese término) vestida de tal guisa, pantalones militares anchotes y camiseta corta. Tal vez llevando unas Adidas Gazelle o, por qué no, unas bambas Avia… ¿alguien recuerda lo populares que eran las Avia en esa época?

Probablemente mi memoria, que es una hijaputa de cuidado, me devuelve la imagen de la vocalista de Echobelly, pero distorsionada, como si me hubiera tomado el número de copas suficiente como para que toda la gente te parezca guapa. Porque no, Sonya Madan no era ninguna belleza, si bien seguramente vestiría de esa guisa, tal y como describía anteriormente, en varias ocasiones.

Ya lo hemos comentado en varias ocasiones, en el mundo de los Jitazos Fugaces, algunos tienen un encanto kistch, otros son, directamente, una mierda. Y otros, unos pocos, son buenas canciones, temas que aguantan el paso del tiempo y sobreviven a carreras, generalmente, paupérrimas. Pues bien, el Jitazo de hoy, “Great Things” de Echobelly, pertenece a este último grupo.

Se trata de una cancioncilla de pop saltarín, que bebe más de Blondie que de los Pixies, y personalmente, me transmite un buen rollo de esos de dejar la copa en la barra y saltar, en el sentido más literal que no figurado, a la pista. Es un brit pop menos británico, menos de mirarse el ombligo, digno de colarse en los festivales de moda de la época y tener al público aguantando el repertorio hasta que suena LA canción.

“Great Things” está incluida en su disco de 1995, “On”. En esa época pareció que lo iban a conseguir. Madonna, por ejemplo, quiso ficharlos para su nueva discográfica, Maverick, que resultaba ser una supuesta plataforma de apoyo a nuevos artistas que no estaban absorbidos por la industria. Cosas de una Madonna que quería, como siempre, ser la más moderna del pueblo. Incluso R.E.M. se los llevaron de teloneros, al igual que hicieran con los olvidadísimos (y me temo que no sin razón) Grant Lee Buffalo. Volviendo a Echobelly, sí, su carrera siguió y grabaron varios albums más, pero, realmente, ¿a quién le importa?

En fin, no puedo sino dejaros con el video de “Great Things” y espero que os guste la canción tanto como me gusta a mí. Pensad que muy pronto, la moda volverá a traer los 90’s de la misma manera que ha traído de nuevo los 80’s, y entonces, tal vez, podáis volver a recuperar vuestras Avia.

PD: por alguna razón que no acierto a comprender, no he encontrado un videoclip oficial de este tema… acaso nunca existió?

16
Mar
13

jitazos fugaces. hoy … the connells

Volvemos con uno de esos jitazos fugaces de los 90s, básicamente porque fue esa la época en la que estaba más atento a lo que programaban las radios, o esa clase de shows de televisión que son hoy en día una rareza, o un resto de la época paleolítica: los programas de videoclips. ¿Recordáis? Antes había bastantes, amén de las clásicas MTV y VH1, para consumo exclusivo de aquellos suertudos que tenían televisión por satélite. Los demás nos conformábamos con seguir “Los 40 en Canal +”, “Sputnik”, “Clip Clap Video” o aquel fugaz “MTV España” que emitió una temporada Antena 3. Había más, pero no recuerdo los nombres. Y a ellos le podíamos sumar los programas que emitían playbacks de bandas que pasaban por el país para hacer promoción (“Zona Franca”, “Música Sí”, …). Lamentables, pero amigos, era una época sin internet, por lo que se convertía en la única manera de ver imágenes de tus grupos favoritos, y de los que no lo eran, sin tener que pasar por caja y comprar los VHS que se vendían en aquello que conocimos como tiendas de discos.

No se trata de una nostalgia hacia esa época, en realidad, hoy en día podemos acceder a cualquier tipo de música de una manera francamente increíble. Y no, no hablo de las descargas ilegales. Yo mismo, antes de escribir este texto, he buscado y revisado el videoclip del jitazo fugaz al que nos referimos hoy. Sin tener que esperar a que sea la hora del programa de videoclips, sin tener que esperar que les dé por emitir la canción en cuestión. No es eso. Y sin embargo, lo positivo de esos maravillosos 90s es que el rock se puso de moda, con lo que bandas que hoy en día apenas saldrían del circuito de bares, podían contar con sus 15 minutos de fama, y nosotros, chavalería inocente y ávida de nuevas sensaciones, podíamos disfrutarlos. Sí, claro que hoy en día tenemos una oferta ingente, pero me da la sensación de que es un poco para iniciados. Yo puedo encontrar un concierto en vídeo de The Shazam, pero jamás se me habría ocurrido buscar ese grupo si hace unos años no hubiera dado, casi por casualidad, y a través de una tele generalista, con un videoclip de Weezer. Y así.

De modo que quién les iba a decir a nuestros protagonistas del día, The Connells, que tras 9 años y cinco discos a sus espaldas, iban a tener su momento de fama al otro lado del charco, en la vieja Europa, con el jitazo “’74-‘75”. Era el año 1993. Sí, The Connells eran un grupo que comenzó en los 80s, englobados en lo que se dio en llamar nuevo rock americano, que aupaban las radios universitarias y que tenían sus popes en R.E.M., Violent Femmes, Long Riders o Green On Red. Curiosamente no fue a través de una banda sonora para una película, o al ser elegida como sintonía de un spot publicitario, como había ocurrido en otras ocasiones, como llegaron a ese pequeño éxito. Simplemente, sucedió.

Les favoreció, eso sí, un reconocible videoclip que tiraba de la nostalgia del instituto, con fotos de esa época y de sus protagonistas, 20 años más tarde. En definitiva, una versión primigenia de lo que conllevaría la aparición de Facebook y esas reuniones de colegios, institutos o grupos de universidad, cuando todos estaban más calvos y todas estaban más gordas, y todos y todas trataban de certificar sí quien les hacía tilín en esa época todavía tendría un paseo.

Y debo decir que la canción está muy bien. Esa acústica casi céltica mantiene el tono nostálgico de la canción, y el estribillo, sencillísimo, se te queda pegado al cerebro irremediablemente. Como suele ocurrir en estos casos, el éxito, como vino, se fue, aunque para The Connells no supuso un gran trauma. Recogieron los bártulos, contaron sus billetes y se volvieron a ese circuito local del que jamás hubieran imaginado salir, ni que fuera de un modo fugaz. Lo intentaron, claro. Pero lo difícil, ya se sabe, no es llegar, sino mantenerse. La prueba más fehaciente del retorno a su lugar natural es que mientras su último disco data de 2001, su último videoclip data de 1996. Significativo.




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