Archive for the 'Madrid' Category

11
Ene
16

Adiós, David…

Esta historia arranca en verano de 1997. Sí, me había prometido a mí mismo que ya, que ya vale de batallitas de los 90s y de explicar mis miserias por aquí. Ocurre que esta mañana el Twitter me ha dicho que David Bowie había muerto, y yo no me lo había creído, una de esas mentiras hijoputescas de las redes sociales, pensaba yo, o mejor todavía, una jugada de marketing con algo de humor negro de un Bowie que se las sabe todas y que había publicado nuevo disco tan solo unos días antes. Pues jódete, resulta que sí, que el tío la ha diñado, y ahora estoy compungido, me ha dado mucha pena que se haya muerto. Estas mierdas que sólo los fans entendemos. De modo que permitidme volver a ese verano del 97.

Por entonces yo no era fan de Bowie. No conocía su música, salvo algún single por aquí y por allá que emitían en “Los Cuarenta en Canal +”.Sabía, claro, que se trataba de una figura histórica, que era reverenciado por propios y extraños, incluidos, sí, todos aquellos ídolos de la música que entonces era actual y que resultaba, básicamente, la única que yo consumía. Trent Reznor giraba con él, Placebo eran sus teloneros y, claro está, el celebérrimo “The Man Who Sold The World” que Nirvana versioneó. Pero la realidad es que no había escuchado ninguno de sus discos, y para mí era, principalmente, el pelanas de “Dentro Del Laberinto”.

Conocía, también, que el tipo pasaba de su material más antiguo, no era como esos grupos de los 60s y 70s que básicamente hacían conciertos de revival (alguien dijo The Rolling Stones?) y se arriesgaba con movimientos más cercanos a la música que entonces era más o menos actual. De esa época me gustaban sus singles “Strangers When We Know” o el gran remix que los Pet Shop Boys habían hecho de “Halo Spaceboy”, en donde demostraba una cierta querencia por la música electrónica. Pero no, no había escuchado, al menos no conscientemente, “Life on Mars” o “Heroes”.

bowie

Selfie David & me (by @carloskarmolina)

En ese verano del 97 yo había acabado el instituto, en unos meses entraría en la universidad y todo parecía cambiante. Durante el mes de julio, y por unos días, me fui con mi primo, de mi misma edad, a Madrid. Estaríamos en casa de mi tío, el clásico tío bohemio, algo tarambana y homosexual que toda familia ha de tener. De profesión, bailarín. No te digo . Era la segunda vez que iba allí, y resultaba genial, porque mi tío vivía su vida de un modo muy diferente a la clásica rigidez de la familia convencional, de aquí se come a las dos con el telediario puesto y del a ver a qué hora vas a llegar. Con mi tío, y su pléyade de amigos, a cuál más pintoresco, se comía cuando apetecía, se fumaba cuando había, se escuchaba música (por desgracia, demasiado flamenco) y se vivía en un piso en pleno barrio de Lavapiés, que por entonces no me parecía tan degradado. Igual lo estaba y yo, simplemente, no sabía o no quería verlo.

El 15 de julio nos preguntó, a mi primo y a mí, que qué nos apetecía hacer esa noche. Nos comentó que un amigo suyo iba a ir a un concierto de David Bowie, y había propuesto ir. Y sorprendentemente, lamentablemente, le dijimos que no. Preferíamos ir a tomar una copa y lo que saliera. Es decir, me invitaban a ver a Bowie y lo rechacé. No sabéis la de veces que he recordado, con el paso de los años, esa propuesta. Al final, claro, he acabado sin haber estado nunca en una actuación de David Bowie en directo, y el fatal desenlace de hoy ya lo ha hecho imposible. Me consuelo pensando que ese show probablemente me hubiera decepcionado, con un Bowie muy metido en el drum’n’bass y el trip hop y que además pinchó de manera inesperada en la capital española, donde se trasladó el show de Las Ventas a la sala Aqualung porque sólo se habían vendido unas 3000 entradas.

No, no hay moraleja en esta historia. Descubrí la música (y la figura) de Bowie pocos años después, para quedarme prendado. Seguramente esa noche lo pasaríamos bien igualmente, y de poco sirve pensar si me hubiera gustado o no el concierto, ni qué clase de experiencia vital hubiera supuesto. Quizás, ya digo, decepcionante. Pero hoy David Bowie ha muerto y no he podido evitar acordarme una vez más de ello.

Canciones:

David Bowie: “Strangers When We Meet”

David Bowie: “Cat People (Putting Out Fire)”

David Bowie: “1984”

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12
Nov
13

Vuelvo a Madrid

La ocasión del concierto de los Pixies resultaba perfecta para pasar un par de días en Madrid. ¿Os he contado en alguna ocasión que me encanta Madrid? Yo soy de Barcelona, de hecho actualmente vivo en una población del extrarradio de la capital catalana, pero sigo considerando que soy de Barcelona. Madrid ha sido siempre para mí una ciudad de ocio y durante una temporada, también de trabajo. Pero sobretodo de ocio. Incluso cuando iba por trabajo.

Llevan unos días de huelga de basuras en la ciudad, y la mierda se acumula tendiendo hacia lo insalubre, en pleno centro. No quiero ni saber cómo estarán los barrios. Los negros de la calle arenal venden camisetas de fútbol fake. La camiseta del barça cuatribarrada está debidamente disimulada entre la maraña de zamarras. Pasamos por delante de un restaurante. Como gancho, una señora nos ofrece una copa a la entrada. “¿Quieren una copita de cava aragonés?”, nos dice, recalcando su procedencia. Los tiempos que corren, supongo.

Nunca había estado en la sala Riviera. Por lo menos se está cómodo, aunque el sonido es atroz y la barra esa en medio de todo es francamente molesta. Pero esto es Madrid, y podemos cenar a las 23:30 sin mayores problemas. Me llevan a un bar restaurante de Chueca al que jamás hubiera entrado, por miedo a poner un pie en su mugriento suelo y quedarme allí enganchado. Pero ya se sabe, esos sitios, a los que se accede mediante el boca a boca, son los mejores. Especialidad en setas. Poca broma. Y mientras esperamos mesa y bebemos algo en la barra, un poco que queso, cortesía de la casa. Antes del concierto, en otro bar, un poco de tortilla y unas patatas fritas, gentileza del dueño. Cuando en algún bar celtibérico me regalan una tapa pienso que algo se perdió en el camino en los bares de Catalunya.

Las calles están llenas. Hay vida en ellas. Es viernes por la noche, la chavalada, y no sé si incluirme en ella, ay, está de fiesta. Desde que en Barcelona comenzamos a mear colonia y a creernos los más hipsters del cotarro, pero también los más educados y los más finos, todo se volvió más aburrido. De acuerdo, en este punto pienso lo que en catalán diría “entre poc i massa”. Y sin embargo, no puedo evitar pensar que Barcelona se ha vuelto muy aburrida en los últimos años. Eso sí, molamos mucho. Somos como cuando Moe decidió cambiar su bar de toda la vida por un local para modernos.

Madrid tiene otro ritmo. Su gente es diferente. Tienen esa, y me perdonaréis la generalización, sociabilización, ese compadreo, un poco falso, si quieres, del vamos a tomar unas cañas o del vente a mi casa, algo que será por entorno, será por carácter, me queda lejos. El hecho de tener a tanta gente de paso (estudiantes, trabajadores viajantes, inmigrantes, …) lo sustenta. Y lo sé de buena tinta, porque durante años fui a Madrid por trabajo casi cada mes. Y claro, uno intenta buscar pasar también buenos ratos en esos días fuera de casa.

No sé si me gustaría vivir en Madrid. Está muy bien para irse un fin de semana y pasarlo en grande, comer muy bien, visitar esos lugares con tanto encanto (incluidos esos museos tremendos)… pero también tiene muchas cosas que me agobian, como ese tráfico atroz o ese trajín de gente. Pero seguro que una temporada, me quedaba a gusto.

Canciones:

Pixies: “Ana”

Mark Lanegan & Isobel Campbell: “Time Of The Season”

Paul McCartney: “Queenie Eye”

10
Nov
13

Pixies En Madrid

Vengo de pasar un par de días en Madrid, con la excusa, que no es poco, de asistir al concierto de Pixies en la capital española. La ocasión era inmejorable. De hecho, Pixies eran, para mí, uno de esos grupos que había asumido que nunca iba a ver en directo. Y no sería por ocasiones. Obviamente, hablamos de giras de reunión, porque la formación original se rompió en 1992, cuando Frank Black (entonces Black Francis), simplemente, les envió un fax a sus compañeros indicándoles la circunstancia. Siempre me ha encantado esa historia, esa manera tan poco ortodoxa de acabar con la banda. Sencillamente, Frank Black ya no aguantaba a la bajista Kim Deal.

En 2004 volvieron, sorprendentemente, a la actividad. No se soportaban, en especial Frank Black, Kim Deal y Joey Santiago. Pero amigos, los Pixies daban pasta, lo cual no deja de ser un motivo tan lícito como cualquier otro para volver. Tocaron en el Primavera Sound de 2004, y me lo perdí. No recuerdo muy bien el motivo, sería una estupidez. No sería, sin embargo, la última gira de reunión de los duendecillos de Boston. Repetirían Primavera Sound en 2010 y… me los volví a perder. En esta ocasión, tenía justificante firmado por mi mamá… en ese año pasé una etapa complicada que me hizo perderme muchas cosas, y de la que no vale la pena hablar.

Y por fin, cuando había colocado a los Pixies en el casillero de los grupos que nunca iba a ver, me enteré de sus dos conciertos en Madrid. Y claro, no iba a dejarlos escapar en una tercera ocasión. Lamentablemente, Kim Deal había tenido suficiente, o no se había fundido la pasta, vaya usted a saber. Sea como fuere, la gorda bajista no se apuntaba a la fiesta, lo cual no dejaba de ser una lástima. Kim Shattuck, de The Muffs, cubre la plaza.

Tengo que decir, no obstante, que a pesar de la emoción que me causaba el poder presenciar un concierto de una banda que seguía desde hacía más de quince años, no me entusiasmó. ¿Qué falló? Para mi gusto, un aspecto principal: el repertorio. De acuerdo, esto de los repertorios es algo muy personal, muy diverso, y cada fan tendría uno diferente. Pero qué os puedo decir… ir a un concierto de Pixies y que no toquen “La La Love You”, “U-Mass”, “Here Comes Your Man”, “Digging For Fire”, “Caribou”, “Gigantic”, “Velouria”, “Cecilia Ann”, “Bone Machine”, “Gounge Away”, “Nimrod’s Song”, “Cactus”, “Havalina”, “I Bleed”, “Stormy Weather” o incluso “Manta Ray” … insisto, esto entra dentro del bonito mundo de los gustos personales, pero no me negaréis que de la quincena de temas que cito, al menos la mitad pertenecen a lo mejorcito que han grabado el cuarteto de Boston… pues no, ni rastro de esas canciones. He de reconocer que alguna de ellas sí que cayó en la noche anterior (tocaban dos noches seguidas en Madrid), lo cual ya es mala suerte.

Total, que a pesar de esa mística de tener a los Pixies frente a mí, y de algunos momentazos que tuvo el show (espectaculares David Lovering y Joey Santiago), me quedé un poco frío en varios momentos, y en general, el concierto me emocionó mucho menos de lo que quisiera. Me recordó a la noche en que vi a los Redd Kross, otros que andaba años detrás suyo y que había borrado de mi casillero de futuribles, para que, de repente, en 2007 decidieran, por fin, girar, y recalaron en Apolo, para dedicar más de la mitad del bolo a repescar temas de su discografía anterior a “Third Eye”, para mí, claramente inferior a lo que vendría después. Te quedas con cara de tonto. Y un poco, es lo que me volvió a pasar ayer. Por lo menos interpretaron mi Pixie-canción favorita: “Debaser”.

Canciones:

Pixies: “U-Mass”

Pixies: “La La Love You”

Pixies: “Gigantic”

22
Jul
13

Hemeroteca: Concierto de Iggy Pop en Madrid. Ruta 66. 1991

Retomamos esta sección de hemeroteca tirando de otra de las revistas clásicas de música, en este caso, Ruta 66. El artículo que hay a continuación estaba en el número 61, perteneciente a abril de 1991, y amigos, no me dirán que esta fecha no les produce vértigo. Desde luego, en abril del 91, el que estas líneas escribe, pensaba más en salir a zascandilear a la plaza o en jugar un partido callejero de fútbol que en el rock n’ roll. Una cosa sí se ha mantenido, los R.E.M. de 1991 me gustaron mucho, con el celebérrimo “Out Of Time”, que fue uno de los primeros discos que tuve, en cinta de cassette, y que quemé, hasta el punto de no poder volver a escucharlo en muchos años. Y precisamente son estos R.E.M. quienes reinan en la portada de ese ejemplar de Ruta 66. Probablemente esa fue la razón por la que compraría esta revista, muchos años después, en un mercadillo o en una tienda de libros viejos.

El artículo que cuelgo resulta una curiosidad, y una muestra clara de cómo han cambiado los tiempos y las percepciones. Se trata, como pueden ver a continuación, de una crítica del concierto que Iggy Pop hizo en la sala Universal Sur de Madrid, hace la friolera de 22 años. Lean, lean…

Los derechos del texto pertenecen a Ruta66

Los derechos del texto pertenecen a Ruta66

Los derechos del texto pertenecen a Ruta66

Los derechos del texto pertenecen a Ruta66

Los derechos del texto pertenecen a Ruta66

Los derechos del texto pertenecen a Ruta66

Más allá de poner a caldo a Iggy por, entre otras cosas, lo de siempre: que si es autoparódico, que si siempre hace lo mismo, que si ya no te lo crees, que si ya no exhuma violencia ni provoca tensión, etcétera, me resulta curioso por ese estilo tan informal, tan fanzinero, si me lo permitís, del autor. Que, por otra parte, un tipo firmando sus colaboraciones bajo el pseudónimo de KOLEGA, resulta significativo.

KOLEGA… ojo al uso de la “K”, recurso que odio con todas mis fuerzas. Y al propio nombre. Eh, que soy vuestro colega, que soy de los vuestros, madafacas del barrio. Más que vuestro colega, soy vuestro Kolega, y me enrollo muy bien, tíos… Pues sí, este pájaro se atreve a criticar a Iggy Pop usando ese pseudónimo.

Tampoco quiero prejuzgar. Esto de los nombres, a veces te pilla a contrapié. Has de firmar algo, aunque sea un triste nick para un foro o para un chat. Y usas la primera tontería que se te pasa por la cabeza, sin darle mayor importancia. Sin considerar si volverás a usar esa web. Pero luego resulta que sí, que la sigues usando, y que ya es tarde para cambiar de nombre, y bueno, bonito o feo, te quedas con el que usaste, para mantener tu personalidad. O tu cyberpersonalidad. Os lo dice un tipo que lleva años firmando como KAR. En fin…

Volviendo a nuestro amigo KOLEGA, simplemente remarcar la contraposición de su redacción, tan distante del libro de estilo clásico de Ruta 66, y por lo que siempre se criticó a esta publicación: el uso de una escritura recargada y extenuante, donde si una frase tenía menos de siete subordinadas, era, automáticamente, descartada, y donde era obligatoria la utilización de términos lo más alejados posible del lenguaje coloquial. Pues bien, parece ser que no siempre fue así. Por lo menos, en 1991 no era así.

Y me consta que desde su última reconversión, ahora hará unos pocos años, esa tendencia marisabidilla del Ruta se ha ido limando, del mismo modo que ahora la revista es enteramente en color o que varios de los colaboradores de Popular 1 se cambiaron de acera (con perdón) e ingresaron en las filas ruteras. Y qué quieren que les diga, el Ruta, a veces, podía agobiar, pero me gustaba esa pretenciosidad que, actualmente, ya han perdido en gran manera. Cosas de los signos de personalidad, que, en ocasiones, se han de enfrentar a las ventas.

Canciones:

Vampire Weekend: “Ya Hey”

Graveyard: “20/20 (tunnel vision)”

The Sonics: “The Witch”

06
Nov
08

El club de los hoteleros solitarios

Que nadie se lleve a engaño. Esta es otra historia de solitarias noches de hotel y aburridos viajes de trabajo. Como decía el mítico Eric Waits, el club de los hoteleros solitarios. Pues eso, bienvenidos todos al club.
Supongo que últimamente me repito. Tal vez es que últimamente viajo demasiado. O tal vez es esta mierda de frío que ya está aquí para quedarse, el cambio de hora que provoca anocheceres prematuros y estas semanas que se suceden leeeentas, para dar paso a fines de semana dramáticamente fugaces. Lo reconozco, me repito.
Hoy Madrid. Otra vez. Pero no es lo mismo. No estoy en el hotel de siempre, ni siquiera en la misma zona, y me siento desubicado. No es mi Madrid. Parece mentira que eche de menos una rutina en algo tan fuera de la rutina como salir de tu casa. No me da mucho tiempo a explorar la zona, busco algo para cenar prontito, a la comida de hoy, calificarla de frugal, sería darle un falso elogio. No encuentro mucha más opción que un dichoso Gino’s. Como mínimo, sustituyen el típico hilo musical de horrorosas cancioncillas italianas por un rollo más lounge. Algo hemos ganado.
Me paso la cena leyendo el extenso reportaje sobre Guns n’ Roses que lleva Popular 1 este mes, cuando me parece oir una versión lounge de Paradise City. ¿Teoría de la sincronicidad o es que me estoy volviendo loco? Sea como fuere, parece cada vez más definitivo que el dichoso disco se publica, finalmente el 23 de este mes. Y tras pasar por una última fase de hastío y desconexión del mundo gunner, reconozco que la posibilidad de acabar el mes con el disco en las manos me gusta!! Diablos, tengo ya ganas.
Y ahora estoy, con la tele de fondo, sin hacer nada de gran provecho y teniendo un pensamiento tan patético como que ojalá el jueves pase rapidito. Será una criaturada, pero no me gusta la idea de desear que un día se esfume veloz. Los días son bienes muy preciados, que al final se acaban echando de menos cuando ya no se tienen. Por cierto, al final Obama ganó las elecciones. Por si no se habían enterado.
Canciones:
Lou Reed: “Sex with your parents”
Led Zeppelin: “Achilles Last Standing”
Jamiroquai: “When are you gonna learn”
10
Abr
08

Un buen día

6:00 – Suena el despertador. Curiosamente me despierto más despierto que habitualmente cuando me toca madrugón. La sensación de odio generalizado habitual en mis madrugones, sin embargo, prevalece.

6:05 – Ayer tuve la precaución de prepararme la maleta y dejarme preparada la ropa. Preveyendo que hoy a estas horas intempestivas no tendría ganas de afeitarme, me dejé la barbita cool de “no tengo ganas de afeitarme”… vamos, me paso un poco la maquinilla por mejillas y cuello, y listo. Hoy tengo la sensación de que me sobra mucho tiempo.

6:20 – ¿Dónde han ido a parar estos 15 minutos? ¿Cómo puedo ser tan lento para operaciones básicas como lavarme los dientes y otras que me niego a reproducir? A vestirse corriendo y a espabilarse.

6:35 – La autopista hacia el aeropuerto está vacía, y se agradece no toparse con las clásicas retenciones. Esta vez me han castigado sin AVE, el billete costaba demasiado caro. Hay que joderse.

7:10 – Acabo de aparcar, a tomar por saco de la terminal, pero con la extraña (y agradable) sensación de que, sin que sirva de precedente, voy con tiempo.

7:40 – Llego la puerta de embarque. Me doy cuenta de que tengo por totalmente asumidas las humillaciones cotidianas de todo viajero que se dispone a coger un avión, y obedezco disciplinadamente y con la boquita callada las absurdas órdenes de los líquidos, de mostrar varias veces el DNI, de sacarmelo todo en el arco de detección, y demás.

7:45 – Me he comprado el número de Popular 1 de este mes. Ya no siento la misma excitación que antes con la revista, prueba de ello es que estamos a día 9 y no la tenía entonces. Hace un tiempo el mismo día 1 ya hubiera estado buscándola por los kioskos. He tenido una sensación extraña. Podía haberla cogido y largarme sin pagarla, se trataba de una de esas tiendas de prensa y libros grande de El Prat, la caja estaba lejos, la puerta cerca, y la chica ocupada con otras cosas. No he tenido huevos. Jodido cobarde.

8:15 – Me siento en mi habitáculo de la aeronave. Mi salida de emergencia más cercana es zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz

10:15 – Salimos del aeropuerto. Mi contacto en Madrid es un tipo de unos cincuentaytantos, lo que se dice una buena persona. Más castizo que un chotis. Más pepero que Mariano Rajoy. Y sin embargo una persona entrañable que me hace cuestionarme mi razonamiento simplista de votante de derecha rancia igual a mala persona.

14:00 – Tras un par de reuniones anodinas, me merezco tomar una caña y comer algo. Me sirven la caña y un trozo de tortilla más seca que el ojo de un tuerto sobre un cacho pan… que agradezco como si de maná se tratara. Cuando en algún bar celtibérico me regalan una tapa pienso que algo se perdió en el camino en los bares de catalunya. Damos cuenta de un glamouroso menú de currela y de vuelta al trabajo.

16:00 – Esta tarde debo dar una formación en una academia. El dueño resulta que tiene un modernísimo sistema de gestión de luces, puerta motorizada y alarma que por alguna razón que no acierto a comprender, no es capaz de abrir ni de desactivar.

16:15 – Ok, la broma ya no tiene gracia. Llueve y el viento es fresquito, y la dichosa puerta sigue sin abrirse.

16:45 – Los primeros asistentes a la formación (que comienza a las 17) comienzan a llegar y se acumula un gentío en la puerta. Me sabe mal por el dueño de la academia, que lo está pasando realmente mal con el tema de la puerta, que sigue sin abrirse, y ese acúmulo de gente que ha de entrar mirando cómo se pelea con ella.

16:50 – El tipo llama de emergencia a un técnico para que reviente de alguna manera la dichosa puerta. Los asistentes a mi sesión de formación comienzan a preguntar extrañados y yo sólo tengo ganas de escapar.

18:00 – Por fin se abre la puerta y podemos comenzar (con una hora de retraso!!). Yo estoy torpe y descolocado por la situación.

19:30 – Comienza la parte práctica de la formación y los equipos no funcionan. Las preguntas molestas se suceden. ¿Algo más va a pasar? Intento salir de ésta como puedo y con cuidado de donde pongo los pies, no vaya a pisar mi dignidad, que anda por los suelos.

20:50 – Doy por finiquitada precipitadamente la formación. He estado torpe y superado por los acontecimientos, estoy cansado y además me muero de hambre.

21:30 – Tirado en la cama de mi habitación, no tengo siquiera ganas de salir a cenar. Pido que me suban algo a la habitación y ceno tragando tele (en sentido figurado, claro).

22:30 – Debo acabar un par de cosas y repasar el correo. Planazo para pasar un jueves noche en Madrid. Las barras, las pistas de baile y las mozas de Madrid deberán esperar noches mejores.

23:30 – A la mierda, me conecto a Internet y mañana será otro día.

21
Ene
08

Gangsters

Hoy estaba viendo por enésima vez “Training Day”. Ok, es una película algo chorra, pero me gusta. No me extraña que Denzel Washington se llevara el oscar a mejor actor. Y eso sin ser la típica interpretación que agrada a la academia, no, aquí no presenta a un personaje tarado ni con gran carga emocional, sino a un hijoputa, aunque cachondo. ¿Cae bien o cae mal? Desde luego no es un angelito, el agente Alonzo, pero claro, comparado con el sosainas del personaje de Ethan Hawke… Para mi gusto tiene un fallo de caracterización grave: esa dentadura perfecta. Dientes blanquísimos y milimétricamente alineados. Dudo que si existiera un agente Alonzo, éste tuviera esa boca de anuncio de Signal Plus.
Me da la impresión de que Washington ha querido recrear un personaje con dicotomía de valoración en “American Gangster”. Su interpretación del gangster Frank Lucas busca un poco eso, es un gangster, ergo, es “el malo”, pero proyecta una aureola positiva. Bajo mi punto de vista, esa sensación está mucho más lograda en “Training Day”, ya que Alonzo es más hijoputa en su comportamiento que Frank Lucas, sin embargo, diablos, pese a ser el poli corrupto, no deja de caerme bien. En cualquiera de los casos, todas las pelis de gansters de los 70’s en adelante presentan una visión heróica y romántica del colectivo.

Unos tipos majetes…

Y es que cómo molan los gangsters… mueven dinero, se codean con chicas, tienen estilo vistiendo, algunos incluso son elegantes (claro que hay de todo,ahí tenemos a Paulie Gualtieri de Los Soprano)… pero lo más interesante es su visión romántica de las reglas, algo casi medieval, su interés por el honor y la tradición, y sobretodo porque se permiten el lujo de hacer lo que quieren, esté o no permitido.

Permitidme que os cuente una cosa. El jueves pasado estaba de viaje. Por la noche no me apetecía salir a cenar, de modo que me bajé a la cafetería del hotel a picar algo mientras leía un rato. En la mesa de al lado había otro tipo, con pinta de estar también de viaje por trabajo. El tío estaba todo el rato hablando por el móvil a viva voz, con un amiguete, o algo así, pero en un tono exageradamente alto y molesto. En aquél momento, pensé qué es lo que hubiera hecho Tony Soprano, Carlito Brigante o Tommy de Vito… seguramente se hubieran acercado a la mesa y le hubieran pedido al tipo que bajara un poco la voz. Cuando el fulano se rebotara, cosa que previsiblemente fuera a hacer, le hubieran arrancado el móvil de la oreja y le hubieran golpeado en la cabeza repetidas veces con él, hasta ver sangre, y finalmente hubieran lanzado el aparato contra la pared, mientras decían algo así como “así aprenderás a respetar, hijoputa”.

En su lugar, ni yo, ni nadie de los presentes a quienes molestaba ese individuo no hicimos el menor gesto y nos limitamos a esperar pacientemente que terminara su conversación. Cómo molan los gangsters.

Canciones:

The Darkness: “Friday Night”
Phil Collins: “Easy Lover”
The Mission: “Dream On”




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