Archive for the 'bowie' Category

03
Abr
17

Canciones y años

Ah, el tempus fugit y todas esas mandangas que han inspirado al ser humano desde tiempos inmemoriales. El vértigo que provoca darte cuenta de que no eres el amo de tu vida. Es sólo eso. Esos versos de Gil de Biedma, tan repetidos, tanto que casi desdibujan su verdadero significado, quizás también porque expresan algo tan difícil de advertir e imposible de corregir: “que la vida iba en serio, uno lo empieza a comprender más tarde”. Cuando eres más joven, no te importa una mierda nada, la mayor parte del tiempo, y son los años quienes acaban dándole la vuelta a eso: es el tiempo a quien no le importas una mierda.

Los años son una impostura, un invento del papa Gregorio XIII, una cifra que nos ayuda a recordar, pues los recuerdos son lo que somos. Los recuerdos que yo tengo de mi romance con aquella joven Kate Moss, allá por 1999, son tan vagos  y borrosos que ya me entra la duda de si me lo habré inventado yo. ¿O sería 1989? Esas cuatro cifras fatales que quieren decir algo. Lo que sea. Algo querrán decir. Ni que sea para inspirar a peludos que se suben a un escenario.

1916

Para Lemmy, de Mötörhead, ese 1916 estaba marcado por la I Guerra Mundial, y como tal quiso plasmarlo en esa canción que a su vez daba título al disco con el que traspasaban la década de los noventa. Un tema distinto, fuera del estándar del trío, de velocidad y fiereza. Lemmy era un gran amante de la historia bélica. Yo nunca he sido un gran amante de Mötörhead, por más que ahora, y muerto el hombre, parece que salen fans de debajo de las piedras. Me temo que a Lemmy le ha pasado un poco (a menor escala, eso sí) lo que le ocurrió a Bob Marley, o a James Dean o al Che Guevara: se han convertido en un póster, en un estampado de camiseta o (horreur!) una frase de muro de Facebook.

1939

Algo parecido le pasó a Brian May, de Queen, cuando compuso el tema “’39” inscrito en el celebérrimo “A Night At The Opera”, también conocido como el-disco-de-boemianrapsodi. En este caso, May no es un experto en historia bélica, sino en astronomía y astrofísica. La historia relata un experimento en el que unos exploradores son enviados al espacio y a su retorno han pasado cien años, según la teoría de la dilatación del tiempo en la teoría de la relatividad de Einstein. Hubo quien quiso ver algún tipo de alegato belicista, sin embargo May siempre lo negó y su trayectoria científica da más peso a la primera versión. Al final, esa “’39” es una canción que cantó el propio Brian May y suena más cercana a los dos primeros discos de La Reina que al LP en el que se incluyó.

1969

Saltamos treinta años para meternos en terreno grasiento, sucio, que huele a alcohol y a violencia gratuita. ¡Son The Stooges, hombre! Todo en esta canción está bien colocado, todo tiene sentido en el marco en el que se circunscribe, comenzando con esa intro de guitarra que raspa como papel de lija, y con Iggy declarando, “all right”, antes de comenzar con un ritmo casi tribal y de acabar como acaba, a voces.  Fijémonos en la letra:

It’s another year for me and you
Another year with nothing to do
Last year I was twenty one I didn’t have a lot of fun
And now I’m gonna be twenty two I say oh my and a boo-hoo

Seguramente Gil de Biedma lo dijo de una manera más bonita, no obstante, en el fondo, acaba siendo lo mismo.

1970

Y el reverso aún más oscuro y más depravado nos lo proporcionaban los mismos The Stooges, un año más tarde, en el siguiente LP del grupo. Un Iggy Pop más chulesco todavía declarando “I feel alright”. Si alguien me preguntara cuál es la mejor canción de The Stooges, probablemente diría que esta “1970”. Y si alguien me preguntara acerca del mejor solo de saxo en el rock n’ roll, seguramente mencionaría el que cierra el minutaje del tema, sonando tan sucio y descarnado como la guitarra más distorsionada.

1976

Más que una canción, una declaración de intenciones, esta “1976” de Redd Kross. Una visión edulcorada de una década en la que los miembros del grupo vivieron su primeriza adolescencia y niñez. ¿Cómo sonaría una canción si yo escribiera un tema llamado “1993”? La pregunta es una estupidez, yo apenas soy capaz de tocar tres acordes seguidos en una guitarra sin meter la pata. Pero seguramente, a nivel espiritual, sería parecido, porque el tiempo constituye un prisma cabrón que deforma los recuerdos, en especial los de esa época de pre-adolescencia, y una vez más, Gil de Biedma, otro cabrón que tenía razón. Como nota curiosa, en dos ocasiones, antes del estribillo, canta alguien que suena igual a Paul Stanley de Kiss, y tratándose de una banda tan fanática de Kiss como los Redd Kross, pudiera ser. Pero no lo es, en aquellos tiempos Redd Kross eran muy minoritarios y no tendrían el dinero suficiente para que el tío Stanley moviera su culo. En realidad se trata de su guitarrista de entonces, quien, hay que decir,  lo clava.

1979

“1979” de Smashing Pumpkins, podría ser el reverso a la canción de los Redd Kross, pero con ese aura más intensito que gastaba Billy Corgan. Menos sutil y menos divertido que Jeff McDonald, de Redd Kross, compone sin embargo una buena canción, aunque no puedo dejar de preguntarme si el tema hubiera sido tan apreciado por los fans de la banda de no ser por ese videoclip que lo acompañaba.

1984

Aunque podría referirme a ese corte instrumental que abría el disco de Van Halen. Pero no, en esta ocasión me refiero a la canción de David Bowie de su disco “Diamond Dogs”. Una empanada inspirada por la clásica novela de George Orwell, quien quiso ver un futuro en ese año (Orwell, no Bowie) que tardaría unas décadas más en producirse. Aunque el disco lo grabó aún sin el guitarrista Carlos Alomar, aquél LP ya rezumaba lo que iba a ser la encarnación de Bowie para el siguiente lustro, el del enamorado de la música negra, y con Alomar de mano derecha (quien se incorporó para la gira de “Diamond Dogs”). ¿La canción? Un trepidante estallido de soul funk elegante.

1999

Y si hablamos de temas futuristas, puedo mencionar la que es mi canción favorita de Prince, “1999”. Del disco que la contenía, titulado también “1999” la gente suele recordad “Little Red Corvette”. No se me ocurre un mejor inicio para un álbum, no obstante, que esta “1999” -la canción-  que contenía un rollo proto-futurista con vistas a ese temible año 2000 que acechaba y que, ya ves, pasó, y ni un triste avión cayó del cielo en aquella nochevieja de 1999. Un timo, vaya.

22
Mar
17

Los momentos más vergonzosos

Me asomo a este páramo yermo en el que se ha convertido mi blog. Sí, es cierto lo que se dice, que de vez en cuando, y si uno presta atención, puede escuchar aquí el ulular del viento de las grandes planicies y se ven deambular las plantas rodadoras del oeste. Como amo y señor feudal de este ciber-tinglado, poco tengo que alegar en mi defensa acerca de la progresiva desertización del mismo. Culpable, señoría. Sí, yo ordené el código rojo.

Mi conducta errática me llevó a desaparecer del mapa durante bastante tiempo, un año y un mes, para vosotros, esclavos de los ideales del papa Gregorio XIII y su maldito calendario. Y es esa misma conducta tarambana la que me lleva a volver. Al menos de momento. Al menos hoy.

Ignoro, en realidad, qué me lleva de nuevo frente al teclado. Esta memoria escrita, aunque tiene más de impostura que de verdad, resulta ser no tan feliz como rezan los programas de María Teresa Campos. Releyendo algunos de los primeros textos me he encontrado conmigo cuando tenía veintitantos. Aún con esa edad, soñaba cómo iba a ser mi vida, y ahora, al leerme, once años más tarde, me doy cuenta de que no ha sido así. No he vendido 200.000 discos, tampoco he cerrado el festival de Reading, no soy un escritor de best sellers, y ni tan siquiera he logrado acabar mi tan cacareada gran novela, soy más viejo, me emocionan poco los proyectos colectivos, hay gente que estuvo ahí y ahora ya no está. Lo normal, claro, pero visto así, resulta abrupto. La realidad vuelve a defecar en mis sueños, como es su costumbre.

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Estado mental (by @carloskarmolina)

No puedo dejar de confesarme hijo de las teleseries americanas, de distintos pelajes, que forman parte de mi educación cultural (pop). De modo que quisiera, a modo de homenaje, y para disimular mi condición más bien perezosa, me dedicaré a hacer un episodio de refritos, como esos que de tanto en tanto nos calzaban en Los Simpson, trufando el capítulo de los mejores momentos de la temporada. Solo que en lugar de destacar los mejores momentos de NDK, me voy a dedicar los momentos vergonzosos de NDK. Algunos, de los muchos. Los que recuerdo.

Por esta página ha habido de todo, y que levante la mano si nadie se arrepiente de cosas que dijo durante los últimos once años. Con la diferencia de que yo no las dije, las escribí y las dejé aquí para la posteridad. Con dos cojones.

En el año 2007 me las daba de enterado, como ahora, pero diez años más jóvenes, y había convertido este blog en una suerte de fanzine musical. Durante una serie de entradas me dio por redactar un dossier acerca de los retornos de bandas de rock, y al hablar de Blondie, se me ocurrió decir algo así:

Disco: No Exit (1999), The Curse Of Blondie (2004)

Lo Mejor: Poquita cosa, la verdad.

Lo Peor: Lo viejuna que está Debbie Harry. Un tema como “Maria”: odioso.

Es decir, mi yo de 27 años tenía los huevazos de criticar a una mujer tan divina como Debbie Harry porque había envejecido y porque con los 62 años que tenía entonces ya no era el bellezón que fue en la época grande de su grupo Blondie. Sólo soy capaz de alegar en mi defensa mi edad, y mi estupidez, y una serie de argumentos patéticos más. Sigo pensando, no obstante, que “Maria” de Blondie, es un horror de canción. Por lo demás, pueden leer más sobre este (y otros) sinsentidos aquí.

Y es que uno se viene arriba en estas páginas y es capaz de soltar comentarios poco respetuosos y menos graciosos todavía como el siguiente, por no hablar de un cierto tufillo homofóbico:

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¿En qué estaba pensando? Es cierto que ese vídeo da vergüenza ajena y sin embargo esa clase de chiste de mariquitas de película de Mariano Ozores está de más, y dirigiéndome nada menos que a un David Bowie que tenía en su roña ombliguera más glamour y carisma del que jamás tendré yo. Si quieren saber a qué venía ese ataque gratuito, sólo tienen que hacer click aquí.

No sólo me contentaba con hacer mofa de una señora estupenda por hacerse vieja y con hacer chascarrillos baratos, sino que también hacía gala de mi ignorancia, como en este texto, hablando de Nile Rodgers:

Bueno, me parece que no se pueden soltar más tópicos en cuatro líneas. Y encima tiene los huevos de comentar que lo hizo porque su amigo y productor, el tal Nile Rodgers, se quería repasar a Martha.

Efectivamente, aquí despacho la figura de un tótem de la música como Nile Rodgers con este desdén, olvidando la carrera de Chic, la producción de discos épicos como el “Let’s Dance” de Bowie (sí, él otra vez) o su reciente pero también interesante colaboración con Daft Punk. Sencillamente, no tenía ni puñetera idea de quién era Rodgers.

¿Quieren saber qué amigo de Nile Rodgers protagonizaba esas líneas, o quién era la tal Martha? Pues lo tienen fácil, pinchando en este enlace.

Y aunque pudiera parecer que todo esto son pecadillos de juventud, textos de un fulano que no ha cambiado aún el prefijo del 2 al 3 y que he madurado con dignidad, yo no estaría tan seguro. En dos entradas consecutivas me contradecía con esta memez:

3.- Las barbas bíblicas: Ésta sí que es dura… chicos jovenzuelos, en la flor de su vida, dejándose barbas dignas de un patriarca semita. Cuando yo era un zagal y miraba fotos de mi familia, pensaba que quién podía ser tan cutre como para ir por la vida con barba. Para mí, cosas de crecer en los 80s, la barba era un reducto de profesores cabrones o de hippies y progres trasnochados que no habían pasado páginas del calendario desde el 31 de diciembre de 1979. Quién me iba a decir que de repente, esas barbas de mi profesor de quinto de EGB iban a ser lo más.

Y

2.- Las barbas: De acuerdo. Ayer rajaba de las barbas. Pero no olvidemos una cosa, añadía un adjetivo: bíblicas. Si algo nos han traído los años que llevamos de década es que ya no hace falta afeitarse. Reconozco que yo también he sucumbido. Eso sí, hombres de dios, el cuello, siempre rasurado, no me sean cerdos. Y si tienen una mejilla muy poblada, pues también. Por lo demás, una barba de cuatro, cinco o seis días, suele quedar bien y además, te ahorran del engorro del afeitado diario. Pero ojo, que al séptimo día la cosa comienza a ser más propia de miembro de Al Qaeda (hola Obama! Hola, CIA!). Y eso, pues no.

Os cuento todo esto mientras meso mis barbas y orgulloso de mi vello facial, a veces más hirsuto que digno, no lo negaré, pienso que el refranero castellano es un hijoputa de cuidado y aquello de “por la boca muere el pez” es una verdad que sólo mi condición de humano, aunque a veces un merluzo de cuidado, me libra de los anzuelos que una y otra vez me empeño en morder. Lean, lean, por aquí y también por aquí.

Después de haber vomitado estas deshonrosas Notas De Kar me siento en paz conmigo mismo, como una suerte de mindfulness de baratijo para ahorrarme las sesiones de psicoanalista. Como el T-800, he vuelto. Como Siddharta, estoy limpio. Preparado para la acción.

Canciones:

Althea & Donna: “Uptown Top Ranking”

Spiritualized: “Ladies and gentlemen we’re floating in space…”

Los Antideslizantes: “Aromas Ilicitanos”

11
Ene
16

Adiós, David…

Esta historia arranca en verano de 1997. Sí, me había prometido a mí mismo que ya, que ya vale de batallitas de los 90s y de explicar mis miserias por aquí. Ocurre que esta mañana el Twitter me ha dicho que David Bowie había muerto, y yo no me lo había creído, una de esas mentiras hijoputescas de las redes sociales, pensaba yo, o mejor todavía, una jugada de marketing con algo de humor negro de un Bowie que se las sabe todas y que había publicado nuevo disco tan solo unos días antes. Pues jódete, resulta que sí, que el tío la ha diñado, y ahora estoy compungido, me ha dado mucha pena que se haya muerto. Estas mierdas que sólo los fans entendemos. De modo que permitidme volver a ese verano del 97.

Por entonces yo no era fan de Bowie. No conocía su música, salvo algún single por aquí y por allá que emitían en “Los Cuarenta en Canal +”.Sabía, claro, que se trataba de una figura histórica, que era reverenciado por propios y extraños, incluidos, sí, todos aquellos ídolos de la música que entonces era actual y que resultaba, básicamente, la única que yo consumía. Trent Reznor giraba con él, Placebo eran sus teloneros y, claro está, el celebérrimo “The Man Who Sold The World” que Nirvana versioneó. Pero la realidad es que no había escuchado ninguno de sus discos, y para mí era, principalmente, el pelanas de “Dentro Del Laberinto”.

Conocía, también, que el tipo pasaba de su material más antiguo, no era como esos grupos de los 60s y 70s que básicamente hacían conciertos de revival (alguien dijo The Rolling Stones?) y se arriesgaba con movimientos más cercanos a la música que entonces era más o menos actual. De esa época me gustaban sus singles “Strangers When We Know” o el gran remix que los Pet Shop Boys habían hecho de “Halo Spaceboy”, en donde demostraba una cierta querencia por la música electrónica. Pero no, no había escuchado, al menos no conscientemente, “Life on Mars” o “Heroes”.

bowie

Selfie David & me (by @carloskarmolina)

En ese verano del 97 yo había acabado el instituto, en unos meses entraría en la universidad y todo parecía cambiante. Durante el mes de julio, y por unos días, me fui con mi primo, de mi misma edad, a Madrid. Estaríamos en casa de mi tío, el clásico tío bohemio, algo tarambana y homosexual que toda familia ha de tener. De profesión, bailarín. No te digo . Era la segunda vez que iba allí, y resultaba genial, porque mi tío vivía su vida de un modo muy diferente a la clásica rigidez de la familia convencional, de aquí se come a las dos con el telediario puesto y del a ver a qué hora vas a llegar. Con mi tío, y su pléyade de amigos, a cuál más pintoresco, se comía cuando apetecía, se fumaba cuando había, se escuchaba música (por desgracia, demasiado flamenco) y se vivía en un piso en pleno barrio de Lavapiés, que por entonces no me parecía tan degradado. Igual lo estaba y yo, simplemente, no sabía o no quería verlo.

El 15 de julio nos preguntó, a mi primo y a mí, que qué nos apetecía hacer esa noche. Nos comentó que un amigo suyo iba a ir a un concierto de David Bowie, y había propuesto ir. Y sorprendentemente, lamentablemente, le dijimos que no. Preferíamos ir a tomar una copa y lo que saliera. Es decir, me invitaban a ver a Bowie y lo rechacé. No sabéis la de veces que he recordado, con el paso de los años, esa propuesta. Al final, claro, he acabado sin haber estado nunca en una actuación de David Bowie en directo, y el fatal desenlace de hoy ya lo ha hecho imposible. Me consuelo pensando que ese show probablemente me hubiera decepcionado, con un Bowie muy metido en el drum’n’bass y el trip hop y que además pinchó de manera inesperada en la capital española, donde se trasladó el show de Las Ventas a la sala Aqualung porque sólo se habían vendido unas 3000 entradas.

No, no hay moraleja en esta historia. Descubrí la música (y la figura) de Bowie pocos años después, para quedarme prendado. Seguramente esa noche lo pasaríamos bien igualmente, y de poco sirve pensar si me hubiera gustado o no el concierto, ni qué clase de experiencia vital hubiera supuesto. Quizás, ya digo, decepcionante. Pero hoy David Bowie ha muerto y no he podido evitar acordarme una vez más de ello.

Canciones:

David Bowie: “Strangers When We Meet”

David Bowie: “Cat People (Putting Out Fire)”

David Bowie: “1984”

03
Feb
14

Sao Paulo, día 1

Yo había pensado en cerrar el blog. En no volver a escribir. De hecho, había, incluso, planeado cuándo y cómo lo iba a hacer. Iba a ser la tarde del 31 de diciembre de 2013, con un escueto mensaje, donde diría algo así como “muchas gracias a todos aquellos que estáis ahora mismo leyendo estas líneas… es algo que significa mucho para mí, porque esta no es sólo la última entrada de 2013, sino que es la última entrada que jamás voy a escribir para NDK”. Luego iba a colgar el vídeo de Bowie en su último concierto como Ziggy con las Spiders From Mars, cuando tocan “Rock n’ Roll Suicide”. Si es que soy una jodida drama queen. Lo que pasa es que aquella tarde, por lo que fuere, ya no lo recuerdo, no pude hacerlo. Luego lo fui dejando. Luego vinieron las dudas. Luego, sorprendentemente, me llegaron unos elogios al blog (gracias, Sergi), que acabaron siendo la puntilla. Yo lo sabía, en el fondo, no quería matar a NDK. Y aquí sigo. Ignoro con qué frecuencia, ignoro cómo irá, a partir de ahora, el blog. Pero aquí sigo.

Y este aquí, y este ahora, es un avión que me está llevando a Sao Paulo, Brasil. Estaré varios días por allí. Y aunque hacía tiempo que no viajaba con frecuencia, la experiencia no se me antoja más apetecible. Soy como el personaje de Danny Glover en Arma Letal. Me estoy haciendo viejo para toda esta mierda. Cómo se llamaba? El de Mel Gibson era Ricks y el de Glover, no logro recordarlo.

La última, y única vez, que estuve en Brasil fue hace ya 5 años. Un jodido lustro. Era, entonces, mi primer viaje de trabajo transoceánico. Y fue un completo desastre. Ahora la experiencia es un grado y todo está (más) bajo control. En aquél viaje perdí, recuerdo, una conexión en Rio de Janeiro, donde hacía escala para ir a Curitiba, y tuve que comprar un billete en el mismo aeropuerto, de una aerolínea llamada “Gol”, lo cuál, ni a mí ni supongo a vosotros me daba mucha confianza, cascarme varias horas de espera en un aeropuerto infecto y joderle la noche al pobre diablo que se había comprometido a ir a buscarme al aeropuerto de Curitiba, hasta dejarme en ese agujero infecto que resultó ser mi hotel de entonces. En esta ocasión todo va mejor, y definitivamente confío en que mi hotel no será ni mucho menos como aquél de cinco años atrás. Cinco años de un bautismo de fuego, de esos de aprendizaje descarnado. Algo escribí en el blog, al respecto, por entonces.

Lo he contado creo, en alguna ocasión, la primera noche en destino me resulta deprimente y me siento triste y miserable. Luego ya se me pasa. Pero es inevitable. Supongo que el sumatorio soledad y cansancio colaboran a la causa. Y como hace cinco años, y recuerdo claramente escuchar en el ipod, trasto que ahora parece del pleistoceno superior, suena, ahora en mi cabeza, esos primeros compases de “Rocket Man” de Elton John. Y no sé si me hace sentir mejor o peor, pero allí está.

Canciones:

Elton John: “Rocket Man”

David Bowie: “Rock n’ Roll Suicide”

Daft Punk: “Around The World”

27
Oct
13

El Peor Videoclip de la historia

Llevo unas semanas enganchado a las últimas temporadas de “Padre De Familia”, y lo puedo decir sin rubor, “Padre De Familia” me gusta más que cualquier otra serie de animación. Que nadie me entienda mal, adoro “Los Simpson”, es una serie que llevo viendo, casi ininterrumpidamente desde que tenía once años y se estrenó en horario nocturno en aquél programa de modernas de la dichosa movida en el que se incluía un episodio, en la 2 (por aquél entonces, TVE2). Menuda cara puso mi padre cuando le dije que quería ver una serie de dibujos a las once de la noche. ¿Alguien más en la sala que viera la serie por vez primera entonces? Sin embargo, la realidad es que han pasado 22 años y la sobreexposición ha sido brutal. Y sobretodo, no nos engañemos, las últimas temporadas de “Los Simpson” resultan tremendamente aburridas. Sigo siendo capaz de descojonarme de risa con el episodio de (por escoger uno al azar) Gabbo, pero veo uno de estos episodios que Antena 3 anuncia a bombo y platillo como nuevos, y me deja frío. De hecho, puede que sea una macabra casualidad, puede que no, pero desde que el actor que doblaba a Homer falleció, los episodios, en general, comenzaron a decaer. También puede ser que Carlos Ysbert tomara las riendas del malogrado Carlos Revilla (quien doblaba a Homer Simpson y a … KITT, el coche fantástico!!) en la temporada 12, y claro, una docena, son muchas temporadas.

El caso es que el otro día, viendo “Padre De Familia”, en una escena Peter está aleccionando a sus hijos Chris y Meg, y menciona lo que califica como “el peor videoclip de la historia”. Ahí saltaron las alertas. El documento que seguía a continuación era espeluznante. Peter Griffin estaba en lo cierto. Es el peor videoclip de la historia. Es el clip de “Dancing In The Street” de Mick Jagger y David Bowie.

Pero antes, pongamos unos antecedentes. Se trata de un dueto que Jagger y Bowie grabaron en 1985. Si repasamos las carreras de ambos en aquella época, podemos concluir que no estaban en su mejor momento artístico. Bowie tenía 38 años por entonces, y estaba en una de sus etapas más flojas, acababa de grabar “Tonight” (1984), que seguía la estela de la fama que le proyectó aquella decepcionante mutación que sufrió su personaje con “Let’s Dance” (1983), si bien conquistó un público y un mercado más masivo. Jagger tenía 42 años, y a los Stones en barbecho, en una de sus crisis de los 80s. De hecho, acababa de grabar su primer LP en solitario, “She’s The Boss” (1985), poniendo sus esperanzas en poder triunfar a lo grande sin necesidad de tener que aguantar a Keith Richards y a su pasado en los 60s y 70s. Algo que no ocurriría jamás.

Total, ambos eran unos cuarentones (Bowie, casi), reliquias de un sonido pretérito que la chavalería veía como algo alejado. Nada que no le pasara a la mayoría de los popes del rock de los 60s y 70s, que iban dejando de ser jovencitos, y perdiendo el respaldo mayoritario de la Juventud (dicho así, en mayúsculas), lo que los llevaba, a menudo, a realizar movimientos absurdos. Una crisis de los cuarenta en plena regla. Échenle la culpa a Pete Townshed y a sus versos lapidarios como “I hope I die before I get old”.

Como mínimo hay que valorar que se trataba de un proyecto de carácter benéfico, enmarcado en los fastos del celebérrimo “Live Aid” de Bob Geldof. La idea que tenían los dos prendas, Bowie y Jagger, era cantar en directo un dueto, estando Sir Mick en el JFK Stadium de Nueva York y Bowie en Wembley. Parece ser que al final lo vieron demasiado complicado, y decidieron tomar un atajo más sencillo. De modo que se lanzaron a la grabación de este clásico del soul, “Dancing In The Street”, que popularizaron Martha & The Vandellas en 1964, y que co-escribió nada más y nada menos que Marvin Gaye. Una gran canción, sin duda. ¿Por qué esa versión y no otra? Podría ser malvado y decir que Bowie estaba dispuesto a grabar cualquier cosa que conjugara el verbo “dance” en su título. Pero en realidad no tengo ni idea del por qué.

Lo que sí que está claro es que en 1985 la MTV era lo más de la modernidad, y la grabación de videoclips resultaba ser algo obligatorio para tener cierta presencia en el mundo de la música. Obviamente, Bowie y Jagger no se iban a conformar con la publicación de un EP de 7”, expresión, dicho sea de paso, que suena tan antigua como el pleistoceno superior.

Y allí es donde la cagan. Porque la verdad es que la versión del tema en cuestión no está nada mal, si bien no aporta gran cosa más que la producción ochentera. Pero bien, en general. No obstante, veamos el vídeo y luego continuamos:

Decorado de mierda, un muro ruinoso y un exterior en lo que parece una mezcla entre hangares y polígono industrial. De noche. Y unos aspectos que asustan. Jagger, no lo olvidemos, ya en la cuarentena, luciendo una de esas camisas de corte anchísimo que se gastaban en la época, pantalones de pinzas vaporosos y unas bambas blancas. Nunca ha sido el paradigma de la elegancia en escena, de acuerdo. ¿Y Bowie? Lo de David Bowie no tiene perdón de dios. Una suerte de mono de una pieza, o pantalón y camisa del mismo tejido, no acabo de apreciarlo, en unos tonos negros y estampado de camuflaje militar. Diríase que ha sido confeccionado a base de bolsas de basura. Y una gabardina digna del detective Colombo.

El clip al completo se compone de los dos divos, solos, bailando la cancioncilla. Bailando. Parémonos en este punto. ¿Vosotros recordáis cuando José Mota (lo siento, me hace gracia este tipo) se pone el disfraz de Blasa y se pone a bailar? Pues algo así. Como si la coca y el alcohol hubiera corrido a mansalva durante las seis horas previas a la grabación, y ambos estuvieran en pleno subidón eufórico. Como cuando te tajas tanto que te desinhibes y acabas en una discoteca a las cinco de la mañana bailando los hits ochenteros de revival como si te fuera la vida en ello, rodeado de tus amigotes que presentan un estado igual de lamentable que el tuyo y os tomáis el bailar “Take On Me” de A-Ha como un trabajo de equipo. Por favor, reconoced que vosotros también os habéis visto en esa tesitura.

Me avergüenza un poco el comentario, por tener un cierto tufillo homófobo, pero es de lo más gay que les he visto hacer a estos dos pollos, Bowie y Jagger. Quiero decir, parecen una imitación del mariquita bailongo hecha por Arévalo. Un chiste de sarasas en una discoteca. Y puedo reconocer que como amante de los hits más ochenteros, me gusta mucho esta “Dancing In The Street”, y que probablemente hacer el monguer de esa manera es la mejor manera de mover el buyate a su ritmo. Pero, y ya me perdonaréis mi mitomanía y mi seriedad, no me gusta ver a dos colosos como David Bowie y Mick Jagger dejando para la posteridad un documento gráfico más digno del de mis primos en la boda de nuestra prima segunda. Por favor, repasad momentazos como el minuto 2:35 , 2:05 o 1:55.

Y ya está. Y ese es el videoclip. Ni un cuerpo de baile. Ni un decorado de más. Todo grabado en una noche, como si fueran esos furtivos que no tienen permiso de rodaje. Hay que reconocerles, no obstante, su sentido del humor, o de la oportunidad, mírese como se quiera, para grabar un vídeo meneando sus culos juntos, haciéndose esas carantoñas, después de los ríos de tinta que corrieron en su época sobre una supuesta relación erótico-festiva entre ambos cantantes en los 70s. Verdad o mentira, la ladina Angie Bowie, ex-esposa de David, se encargó de propagar que los había pillado en la cama. Otros van más allá y hablan de una relación amorosa, no sólo sexual. Lo cual pudiera ser cierto, claro, y me parecería muy bien. Solo que no me lo acabo de creer.

Al final, la canción en cuestión resultó más exitosa que la propia carrera en solitario de Jagger. Y desde luego mejor que los discos de mediados de los 80s de Bowie. Pero para la posteridad nos legaron este terrorífico documento gráfico. El peor videoclip de la historia. Como les dice Peter Griffin, muy serio, a sus hijos Meg y Chris: “Y nosotros… lo permitimos…”.

 

Canciones:

Hanoi Rocks: “Tragedy”

Morcheeba: “The Sea”

Toot & The Maytals: “Never Grow Old”

04
Mar
13

EL VIAJERO PROFESIONAL DESEMBARCA EN VENEZUELA PT.1

Una nueva entrega de las andanzas del viajero profesional me lleva a Caracas, Venezuela. Circunstancias laborales que no vienen al caso me llevan a esta ciudad donde he aterrizado hace unas pocas horas, y la pretensión es, como en las últimas CRÓNICAS AUSTRALIANAS, ir explicando mis impresiones.

Ahora son aquí las diez de la noche, cinco horas y media menos que en España. Sí, sí, habéis leído bien. Cinco horas y media. Esta media hora de decalaje es una medida relativamente nueva, pero que da una visión bien clara de que este país, Venezuela, se ha convertido en los últimos años en un lugar peculiar.

Hablar de Venezuela y hablar de Hugo Chávez, es todo uno. El presidente ha conseguido personalizar su acción en el propio país. De hecho, pensemos qué sabemos de Venezuela… podríamos hablar de los culebrones de los 80s y principios de los 90s, que tan populares fueron en la Celtiberia. Podemos hablar de las misses, y la obsesión por la cirugía estética que parece haber por estos lares. Podemos hablar del petróleo y la filiación a la OPEP, de la que es miembro fundador. Total, no es mucho conocimiento, la verdad. Y podemos hablar de Chávez, claro.

No estoy por la labor de juzgar la política de Chávez, no entraré en ese aburrido juego, para mí es un presidente electo con un punto payasil, sí, pero electo. Sin embargo, ese juego palaciego alrededor de su enfermedad o posible muerte tiene al país en vilo. Mi contacto en Venezuela, que me ha recogido en el aeropuerto, sacaba el tema a colación tan sólo media hora después de vernos. Me decía que la incertidumbre es total, que nadie sabe a ciencia cierta si el presidente está, como se dice, en la planta 9 del Hospital Militar, si sigue en Cuba, o si está en la “Highway To Hell” o “Starway To Heaven”, que cada uno elija.

En cualquiera de los casos, reconoceré que este asunto me gusta más bien poco, como extranjero. No quisiera que Chávez muriera (o se hiciera pública su muerte) mientras yo ande por Venezuela. Ya tú sabeeeeh. De hecho, si tuviera que hacer caso a las recomendaciones, o a las noticias, no hubiera venido. Las cosas no son como se cuentan siempre, claro, pero la realidad estadística convierte a Caracas en la ciudad más peligrosa de América Latina, con una tasa de 233 homicidios por cada 100.000 habitantes (datos del INE). Poca broma. De modo que no, en esta ocasión no me veréis callejeando.

Os confesaré una cosa: cuando hago un viaje largo, todas las veces, la primera noche, nada más llegar, me invade una cierta tristeza. Viajes laborales, me refiero, claro. El cansancio del viaje y el desfase horario influyen. Y ya en el aeropuerto no puedo evitar ir canturreando el “Rocket Man” de Elton John. Por alguna razón, en mi cabeza, ese Rocket Man es el Major Tom de Bowie.  No temáis, se me pasa.

Mencionaré, finalmente, el trámite de la aduana. En cada país que voy, es inevitable que sienta un punto de temor cuando estoy haciendo la cola para el agente aduanero. Por más que vaya con mi visado, con mi pasaporte, con mis formularios cumplimentados y con mi reserva de hotel, siempre pienso que algo malo puede ocurrir. Demasiados visionados de “El Expreso De Medianoche”. Qué sé yo. En esta ocasión, me habían dicho que no necesitaba visado, que podía entrar como turista. Pero claro, yo no soy un turista. Y sin embargo, ha sido sorprendentemente tranquilo y rápido. No había militares, ni policía, tan solo unas funcionarias que han estampado el sello en el pasaporte y adelante. Así, da gusto.

CANCIONES:

José James: “Come To My Door”

Elton John: “Rocket Man”

Mark Lanegan: “The River Rise”

21
Oct
12

Transformer

Siempre se ha acusado a David Bowie de ser un copión. De ser un aprovechado de ideas ajenas para apropiarse de ellas, venderlas como propias, y ya de paso, hacer unos cuartos. Algo de eso es verdad, cierto. Y sin embargo, hay que sacar a la palestra que también hubo ocasiones en las que ayudó de una manera crucial como para re-encauzar las carreras de los que consideraba sus ídolos o incluso mentores. Uno de estos casos es la ya celebérrima asociación de David Bowie con Iggy Pop. Resumiendo la historia, Bowie admiraba al Iggy de los Stooges, que ahora todo el mundo asumimos como piedra angular del rock n’ roll, pero no lo olvidemos, en su momento, no vendieron un carajo, y entre 1972 y 1976 la carrera de Iggy estaba acabada, su disco junto con James Williamson ni siquiera se llegó a publicar, y el mismo Iggy había entrado en una peligrosa espiral de drogas y problemas mentales. Seguramente, sin la ayuda de su amigo Bowie, empeñado en que publicara un disco en solitario, Iggy no habría sacado adelante su carrera. Sí, ahora el lector avispado me dirá que Bowie aprovechó ese disco de Iggy para experimentar sonoridades que luego desarrollaría en sus propios trabajos. Sea como sea, y yo no pienso que de eso se trate, pero aunque así fuera, si hoy tenemos discos de Iggy Pop, probablemente sea en gran parte gracias a David Bowie.

Celebérrima foto de las tres gracias del glam rock…

Algo similar ocurrió con Lou Reed. Recordemos que el duque blanco era un gran fan de la Velvet Underground. Recordemos también que en vida, The Velvet Underground vendió pocos discos, o por lo menos muy pocos si lo comparamos con la fama y el reconocimiento global que tienen hoy en día. A la disolución de la banda, Lou Reed publicó un primer disco, de título homónimo, compuesto en su mayoría por temas rescatados de su etapa Velvet. Lou no quedó muy satisfecho del resultado, y aunque se empezaba a reverenciar el legado de Velvet Underground en ese 1972 en que se publicó el disco, comercialmente fue un fiasco. Pero ahí estaba el tío Bowie para echar un cable a un admirado amigo. En este caso no estaba solo, le acompañaba el nunca suficientemente reivindicado guitarrista Mick Ronson, quien se entregó al máximo en el que sería segundo disco de Lou Reed, que titularía “Transformer” y publicaría a finales del mismo año 1972. Tanto Bowie como Ronson constan como co-productores, y en temas como “Vicious” esa influencia no se puede negar.

Una de mis portadas de disco favoritas!

Podría calificarse como el disco glam de Lou Reed. Salvando las distancias, claro, pues la personalidad de Reed era tan aplastante que los paralelismos resultan más difuminados. Aún así, en la bonita “Perfect Day” podemos encontrar ese dramatismo en los arreglos que vemos también en, por ejemplo, “Life On Mars?”. Y qué me dicen de “Satellite Of Love”, o acaso no piensan ustedes en ese muchacho con el rimmel corrido (con perdón) tarareando ese estribillo de vuelta a casa, tratando de no trastabillarse con esos botines de plataformas. “Transformer” es también el LP que contiene la que podría ser calificada como la canción más popular de Lou Reed, “Walk On The Wild Side”, el tema por el que Lou Reed se hubiera podido retirar y dedicarse a hacer bolos en el circuito de viejas glorias americanas. A pesar de su enorme popularidad, hacerse el exquisito es ridículo: “Walk On The Wild Side” es una canción fantástica, además de tener una letra muy interesante acerca de personajes que Lou Reed conoció en su etapa de la Factory, y que da una visión bastante clara de lo que eran aquellos años.

Todo en “Transformer” es especial, comenzando por la portada. Es una de las portadas de discos de los 70’s que más me gustan. En realidad, la foto se le desenfocó a Mick Rock, el autor, en el cuarto oscuro (no me piensen mal, marranos), pero la realidad es que quedaba mejor que una imagen pulida. Le da un aire más decadente, el maquillaje, la pose de ese Lou delgadísimo, casi andrógino, combinado con el dorado de los márgenes. La contraportada también dejaba claro que la cosa no iba de medias tintas.

La contraportada no da pie a confusión…

Y ahora os voy a confesar una cosa… durante una época, cuando era un chavalín y comenzaba a escuchar esto del rock n’ roll, tenía un feo vicio de robar discos. No en las tiendas, nunca tuve suficiente arrojo para ello. Sí a las personas. Y “Transformer” fue uno de los discos que robé en su momento. Dí con una copia en vinilo, original de la época, en casa de mis abuelos. Probablemente pertenecía a uno de mis tíos, dudo mucho que mis abuelos quisieran saber nada de ese cantante de Nueva York con pinta de yonki y aprendiz de marica a tiempo parcial. Por supuesto, y dado que mis tíos, al parecer, no lo habían reclamado, me llevé ese vinilo a casa. El hecho de tratarse de una copia en vinilo lo hacía incluso más atractivo, ya sabéis, yo sigo considerando el rock como algo orgánico, y el tener esa pieza en casa era como llevarme un pedacito de historia. Más tarde vi una vez, en casa de mi tío, una copia en CD de “Transformer”. Al verme con el CD en las manos, mi tío me dijo algo así como “yo me compré ese disco cuando salió, hace años. Pero lo perdí.”

Para cuando descubrí “Transformer”, título que, por otra parte, me transporta a mis meriendas viendo las andanzas de Optimus Prime, ya había comenzado a sumergirme en la carrera de Lou Reed a través de “Berlin”, el disco que publicaría LouLou posteriormente, y que bastante poco tenía que ver con su predecesor. Y ya no escuché ningún LP más del neoyorkino hasta mucho tiempo después, cuando grabó “The Raven” en 2003, un disco que por cierto, no estaba nada mal. Era, claro, francamente difícil competir con aquellos dos trabajos que convirtieron a Lou Reed en el mito del rock n’ roll que pasó a ser.

Canciones:

Travelling Wilburys: “Handle with care”

Radiohead: “Black Star”

Aerosmith: “The Farm”




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