Archivo para 21 septiembre 2015

21
Sep
15

The Pupils

Hace unos días iba en el coche de un amigo. Habíamos quedado en el barrio para salir esa noche, y, cosas de la diáspora que el paso del tiempo provoca, ya nadie vive en el barrio. Aunque sigamos usando el término. Así, tres hombres, tres localidades distintas del extrarradio barcelonés, tres coches. Viva la sociedad occidental. Aparcamos dos de ellos y nos movimos con el tercero. Mi amigo llevaba sintonizada Rock FM en la radio, congratulándose de su existencia. No seré yo quien critique esa cadena, que mis buenos ratos me ha hecho pasar, aunque me pregunto si el mundo necesita una nueva emisión de “More than a feeling” de Boston o de “Under the bridge” de Red Hot Chili Peppers. El chico continuaba diciendo “es que no me gusta escuchar radio no musical. No me gusta escuchar a gente hablando”.

Bien, precisamente yo llevo unos meses enganchado a lo que él comentaba “gente hablando”, desde que descubrí las aplicaciones para podcast de mi móvil. Y descubrí que, tirando un poco de la red, puedes encontrar podcasts de todo tipo y pelaje.  Justo hace unos días descubrí que estaban colgados los podcasts del programa Bulevar, de José María Rey, que se emitía en Radio 3. Durante un tiempo estuve bastante enganchado, en la medida que el horario me lo permitía, a ese programa, siendo uno de los que más me gustaban de la parrilla de Radio 3. No estoy en la labor de criticar o no a RNE, a estas alturas me resulta bastante indiferente. Pero sí estoy disfrutando bastante con esos podcasts, que, por cierto, se anuncian como Sunset Bulevar y no sé si el nombre del programa era así, o bulevar a secas.

Sea como fuere, recuerdo con gran cariño los especiales que José María Rey dedicó a la psicodelia, tanto en USA como en Gran Bretaña. Y son, precisamente, estos programas lo que he encontrado colgados como podcast. Así que ahora mismo ando en un sueño psicodélico que ríete tú de Brian Wilson o de Sid Barrett.

Otros que querían ser pero no eran... (by @carloskarmolina)

Otros que querían ser pero no eran… ay, esos hoteles de UK y sus fantásticos shows de animación… (by @carloskarmolina)

Así, José María Rey explicaba, en uno de esos programas, una historia curiosa, la de un grupo llamado The Eyes, banda británica de entre 1964 y 1967, que no llegaron a grabar ningún LP, pero sí una serie de singles. Era la época de inicio de la psicodelia en el Reino Unido. Algo curioso de esta banda es que, en efecto, tienen una entrada correspondiente en Wikipedia, en la que su versión en inglés la despachan en una docena de líneas. Hay también dos versiones más de esa página, en italiano y en sueco. Pues bien, la entrada en italiano es muy extensa, curiosamente, mucho más que la inglesa. Es decir, parece claro que hay un fan de The Eyes por Italia.

Entre los singles que grabaron se encuentra el clasicazo “Good Day Sunshine”, de los Beatles, que se les fue ofrecida antes incluso de los de Liverpool la grabaran para su LP “Revolver” en 1966. Por lo visto, estos The Eyes se hicieron un pequeño nombre en la comunidad mod más arty de Londres. Se menciona el hecho de que solían aparecer en ambientes mod luciendo unas extravagantes parkas rosa. También grabaron un single, en apariencia a modo de original homenaje a The Who titulado “My degeneration”. No llegaron a publicar, sin embargo, ningún LP, ya que decidieron disolver la banda, por diferencias personales, antes de hacerlo.

A pesar de ello, por cuestiones contractuales con su compañía, les debían un disco. De modo que decidieron publicar un disco conformado exclusivamente por versiones de The Rolling Stones, que ni siquiera publicaron bajo su nombre, The Eyes, sino bajo una suerte de pseudónimo para el grupo: The Pupils.

Así, si buscas en Spotify por The Pupils, aparece ese disco colgado, una pequeña delicia de versiones pre-psicodélicas de los Stones, que me parece mucho mejor que su propio material como The Eyes, y que pone un broche a una carrera y a una historia, cuanto menos, curiosa.

ESCUCHA EL DISCO DE THE PUPILS EN SPOTIFY

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14
Sep
15

Todos a la cárcel

La otra noche soñé que me condenaban a prisión. Sí, ahora puede parecer divertido, jijí jajá, pero no veáis el mal rato que pasé. ¿Mi delito? Pues se supone que me cargaría a alguien con el coche o algo así, no quedaba claro. Desde luego, y eso sí recuerdo visualizarlo, cometía una infracción de las chungas conduciendo, durante unos centenares de metros me metía en contradirección (quién sabe por qué) en una carretera, y luego mi vehículo salía despedido fuera de la calzada, por un volantazo. Por lo visto yo salí indemne, pero de la dureza de la condena, puedo deducir que me cargaría a algún viandante. En mi memoria no había juicio alguno, sino que un tribunal policial o militar me aplicaba una versión sumarísima de juicio, unilateralmente y a su rollo, y vamos, que me mandaba a la trena. Yo siempre pensé que si acababa alguna vez en el trullo, sería por algo molón como ser mafioso, traficar con cuerno de unicornio o cometer magnicidio. Pues no, por una mierda de infracción de tráfico. O atropello, qué sé yo.

guilty

Guilty!!!! (by @carloskarmolina)

Y a partir de ahí, un par de días siguientes en los que miraba de hacer vida mientras me escondía de un futuro del que difícilmente me iba a escapar, escondiéndome de cualquier guardia, policía o segurata que pudiera cruzarse en mi camino. Y me consta que la autoridad va enviando efectivos a mis lugares habituales, mi casa, mi trabajo,… se olvidan del bar. Y yo, cuando llega la noche de mi primer día como condenado, voy sufriendo la angustia de saber que esas horas no son más que un bonus track que la providencia me regala, pero que mis huesos acabarán más pronto que tarde en una fría celda. Y entonces me siento como el personaje de Edward Norton en aquella maravilla de película que es “La Última Noche” (“The 25th Hour”), mentalizándome a perder mi juventud en una cárcel, y pensando que tal vez si escapara podría esconderme y buscarme una nueva vida y una nueva identidad (bajo el nombre, claro, de Max Power) en un pueblucho donde no hagan muchas preguntas a los forasteros que hablan poco y trabajan duro. Y que con el tiempo, se olvidarían de mí y de mi condena, y me dejarían de buscar.

Pero no ocurre, al día siguiente, en el que, por alguna razón, tal vez en busca de algo de normalidad, me voy a trabajar, una patrulla se persona en mi oficina. Y la chica de recepción me llama, algo asustada, diciéndome que me esperan unas personas en el vestíbulo. Y yo voy hacia allí, con dignidad, sin mirar a nadie, asumiendo mi destino. Y sí, sé lo que estáis pensando, qué de risas, jajá jijí, pero vamos, una pesadilla que ríete tú del puto Freddie Krueger.

Canciones:

The Darkness: “The Last Of Our Kind”

Eagles Of Death Metal: “Anything Except The Truth”

Johnny Cash: “Folsom Prison Blues”

07
Sep
15

De disk-jockeys y aniversarios

En este 2015 se cumplen 50 años de la muerte de Alan Freed, mítico DJ de radio que ayudó a popularizar el rock n’ roll en su etapa más primigenia. Se podrían decir muchas cosas de ese tipo, pero a pesar de que no fue un santo, pinchaba las versiones originales de las bandas negras en una emisora de música blanca, cuando lo habitual por aquél entonces era que en las emisoras blancas se pincharan versiones de las hits de R&B o DooWop grabadas por grupos o cantantes blancos. Pat Boone, por ejemplo, hizo gran parte de su carrera inicial a base de grabar (y suavizar) hits de negros para audiencias blancas. Pero a Freed le iba la música de negratas y no dudó en pinchar los originales.

De hecho, 60 años atrás, en 1955, Alan Freed estaba en su momento más álgido, y sus programas, además de los conciertos que montaba, eran tremendamente populares. Luego todo caería en picado. Se le acusó, no sin razón, de recibir dinero por pinchar determinadas canciones, cosa que sí, reconoció hacer, pero que resultaba ser una práctica muy extendida. Lo cual no empaña que radiara una música que por entonces era casi revolucionaria y que si hoy escuchamos la música que podemos escuchar es, en parte, gracias a gente como Alan Freed. Por cierto, esa práctica de cobrar por pinchar ciertos temas se popularizó con el término de payola, palabreja que me resulta hilarante. Soy tontito, lo sé. En realidad, es una contracción de pay y Victrola que era un modelo muy popular de reproductor de discos. ¿No es el inglés un idioma adorable?

Y 20 años atrás (tal vez serían 22, pero 20 queda como más redondito) hubo un pequeño evento en mi barrio, conducido también por uno de los DJ de radio más populares de esta triste parte del mundo: Tony Aguilar. Por alguna razón, y todavía estoy en proceso de identificar el qué, este recuerdo vino a mi memoria. A principios de los 90s, la Zona Franca de Barcelona todavía se llamaba Zona Franca, lo de maquillar el tema bajo el nombre de Barri de la Marina de Sants vino mucho más tarde. Supongo que la denominación Zona Franca llevaba implícitas unas reminiscencias de barrio chungo, aunque a decir verdad, en esos años, a principios de los 90s, ya no era un barrio tan chungo, si bien acarreara la mala fama.

Buena mierda de la época (by @carloskarmolina)

Buena mierda de la época (by @carloskarmolina)

Sin embargo, la anécdota es significativa de cómo se mueve un barrio, y esas mecánicas muy de pueblo que tiene, a menudo. El evento en cuestión es que se inauguraba una tienda Bazar El Regalo, cadena de electrodomésticos que diría yo que se quedó por el camino, arrastrada por la crisis, la competencia y los cambios de hábitos en compras. Pero amigos, en 1993, en mi barrio, eso era un evento. Y para la inauguración en cuestión, un viernes por la tarde, Bazar El Regalo contrató a Tony Aguilar para animar el cotarro. No es que fuera yo fan del tipo en cuestión, de hecho, Tony Aguilar se caracterizaba por pinchar una música de mierda en una época en la que fácilmente podían sonar encadenados Guns n’ Roses, Pearl Jam y Spin Doctors en la dichosa Cadena 40.

Pero, eh, era el evento de la tarde en un barrio en el que no solían pasar esas cosas, y por supuesto me fui con un amigo a curiosear, y de paso, participar en el sorteo de alguno de los walkman que anunciaban. Y allí apareció, en una triste tarima, el tal Aguilar, con su asquerosa gorra como si fuera un puto Alan Freed cañí. Me dice la Wikipedia que Tony Aguilar sigue siendo locutor de la Cadena 40. Yo recuerdo, y este recuerdo es algo posterior, por lo que me comienza a resultar inquietante mis constantes conexiones con Tony Aguilar, que intentó meterse en la música, sacando una versión de Joe Bataan, a quien casi nadie de su público conocía, claro. Así que, en definitiva, allí estábamos mi amigo y yo, dos niños de 13 años, esperando que la suerte nos sonriera y saliéramos con un walkman, un vídeo VHS o una batidora, qué sé yo. Pero no fue así, y el Bazar El Regalo de Zona Franca quedó solemnemente inaugurado, y nosotros pasamos otra tarde de adolescentes sin pena ni gloria.

Canciones:

Black Flag: “Six Pack”

Sananda Maitreya: “O Divina”

Mick Ronson: “Like a rolling stone”

04
Sep
15

Correos cruzados

Espero no haber decepcionado al sector más cerdete de lectores de NDK, ya que nada tiene que ver esta entrada con eyaculaciones, orgasmos ni parafilias. Pues resulta que he descubierto un bug en Gmail. O eso quiero creer. Os cuento: desde hace varios meses, recibo e-mails dirigidos a una persona que no soy yo. Parecen ser e-mails de una escuela o universidad de algún país latinoamericano. Al principio les contestaba explicando que yo no era la persona que querían escribir, soy un tipo muy amable, en realidad. La cosa se puso más graciosa cuando quien me escribía era no ya esa escuela sino una empresa reclamando una deuda de más de 200.000 pesos, bolívares, soles o lo que sea. En los países americanos habitualmente utilizan el símbolo que asociamos al dólar americano ($) para referirse también a la moneda local. También les contesté, indicándoles que con esa descoordinación a la hora de tomar datos, no me extraña que tengan problemas de cobro. Obviamente, ni mi amabilidad ni mi sorna obtuvieron respuesta ni reacción alguna. Vivimos en un mundo cruel y ajeno a los sentimientos.

Batman! (by @carloskarmolina)

Batman! (by @carloskarmolina)

Pero me he dado cuenta de que no es que la escuela en cuestión, o el cobrador del frac versión cono sur, en su defecto, tengan la dirección de correo errónea y por eso sus mensajes me llegan a mí, pobre mortal, que ni me va ni me viene. No. La cosa va más o menos de este modo. Supongamos que yo me llamo Max Power Guy. Y que mi correo electrónico es mpowerg@gmail.com … algo normal, ¿cierto? Pues bien, supongamos ahora que en Latinoamérica hay un fulano llamado Martín Power Giménez, y que su correo electrónico es m.powerg@gmail.com … queda claro el matiz del punto, supongo. Pues resulta que si envías un e-mail a m.powerg@gmail.com , yo lo recibo en mi buzón de correo, accediendo como mpowerg@gmail.com … He hecho la prueba hoy mismo, desde mi dirección de correo de trabajo he escrito un mensaje a m.powerg@gmail.com y lo he recibido en mi inbox habitual mpowerg@gmail.com … curioso… y un punto inquietante, la verdad. Por supuesto, podría ser peor, parece un pobre diablo que no paga a su centro de estudios, pero podría ser un yihadista y tener a la C.I.A. (hello, guys!) espiándome. Y por otra parte, si yo recibo sus correos, ¿acaso él recibe los míos? ¿Tal vez sea un alter-ego? ¿Tal vez sea mi Bruce Wayne? ¿mi Clark Kent?

Si alguien puede aportar algo de luz a todo esto, se lo agradeceré…

Canciones:

David Bowie: “Strangers when we meet”

Royal Headache: “Another World”

Surfin’ Bichos: “Fuerte!”




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