Archivos para 30 noviembre 2011

30
Nov
11

32

Hoy es mi cumpleaños. Sí, amigos y amigas, 32 castañas que me caen. En realidad esto lo hago para recibir un puñado de felicitaciones online, porque el otro día oculté la fecha de nacimiento de mi perfil de Facebook, jodiendo así la vida de mis amigos desmemoriados. O de los que dicen serlo. Desmemoriados, no amigos. Cosas de ser 30 de noviembre. Sagitario. Un signo de fuego, me han dicho hoy. Huy, sí, un fuego de la hostia. Eso sí, cuando era un chavalín, molaba ser del mismo signo que Seiya, el de los Caballeros del Zodíaco. 
Tipos en armadura con personalidades basadas en signos del Zodíaco que se hostian… y luego se preguntarán por qué hay matanzas adolescentes en los institutos…
El término resulta interesante. Si buscamos en el diccionario el significado de “cumplir”, hay varias acepciones que encajan:

cumplir
1. tr. Ejecutar, llevar a efecto algo.
2. Dicho de la edad, llegar a tener aquella que se indica o un número cabal de años o meses. 
3. intr. Quedar bien
4. Acabar el tiempo señalado para algo.

Veamos, la número 2 parecería la más adecuada para este caso. Me encanta eso de “un número cabal”… nada de gilipolleces, un número como Dios manda. Y sin embargo, si miramos la número 1, bueno, estoy ejecutando o llevando a efecto un período de tiempo más en mi vida. Lo cuál nos lleva fácilmente a la número 3, quedar bien… ok, si no cumpliera más años, no veas el disgusto que se llevaría mi madre. No obstante, probablemente sea la acepción número 4 la más realista.

 La realidad, o la estadística, que a menudo pueden ser lo mismo, te indican que cumplir un año más, es acercarse un poco más a la muerte. Si te llamabas Johnny Thunders y es 1986, cumplir un año más resulta, simplemente, un milagro. No es el caso. La muerte, menuda jodienda. Aquellos que no temen a la muerte, o son unos pusilánimes, o, simplemente, mienten. La muerte… qué harían las religiones sin la muerte. La muerte resulta algo tan difícil de asumir por el ser humano que necesita inventarse de deidades que justifiquen, o incluso intenten dulcificar este asunto.

Entrada de concierto de Johnny Thunders en la desaparecida Studio 54 de Barcelona, 1986. Mil pesetazas de entonces era un dinerillo.
Por si acaso, yo ya tengo pensado qué canción quiero que suene en mi funeral. No os la voy a revelar, no seáis morbosos. Está bien que ahora en los funerales se haya normalizado esto de poner una canción que recuerde el finado, o que él mismo hubiera predispuesto. Preferentemente en vida. No como esa moda horrorosa de aplaudir en un funeral, al paso del féretro, como si fuera Jesulín de Ubrique.  Volviendo a las canciones, Internet está llena de listas Top Ten Funeral. Algunas de gusto dudoso, otras, curiosas, no más.

Si obviamos las piezas de clásica o ciertas arias operísticas, el mundo de la música “ligera” (me encanta este término) nos ofrece un amplio abanico. Un básico es “My Way” del grandísimo Frank Sinatra. Algo sobado, pero funciona. Canciones de corte religioso también triunfan, como “Hallellujah” de Leonard Cohen. Luego nos ponemos en plan baboso, con “Tears In Heaven”, “Candle in the Wind” o “Memory” de Barbra Streisand. Estas listas suelen ser de webs yanquis o británicas, estas modas, en la piel de toro, están menos extendidas. Y mejor, cualquier día alguien querría hacer sonar “Marinero de Luces” y todo perdería su sentido.

No parece que ninguna de estas opciones me convenzan demasiado.  Pero estoy con Nick Hornby y su “Alta Fidelidad”, donde en lo alto de su top 3 para un funeral situaba a Jimmy Cliff y su “Many Rivers To Cross”. Bonita sin ser babosa. Incluso con un punto relajante como para una situación que se supone debe ser poco agradable. Para los espectadores, no para el protagonista. Yo estoy también con los que deciden hacer sonar “Highway To Hell”. Al final, polvo somos y en polvo nos convertiremos. Espero que alguien pase el aspirador después.

Canciones:

The La’s: “There She Goes”
Buenas Noches Rose: “Buenas Noches Rose”
The Replacements: “Unsatisfied”


28
Nov
11

Chris Isaak – Baby Did a Bad Bad Thing

De acuerdo, tal vez se trate simplemente de un calentón. Pero no me negaréis que semejante canción, sumada a esa insinuante Laetitia Casta de 1999 no es como para tenerlo… No me extraña que Stanley Kubrick tomara este tema como canción principal de su película dedicada a las fantasías, las parafilias y la relación de pareja, “Eyes Wide Shut”. Lo que me resulta extraño es toparme con una canción como ésta abriendo un disco sombrío y depresivo como ese maravilloso “Forever Blue”, lo mejor que jamás grabó Chris Isaak. O lo mismo sí, recordemos que esa colección de canciones surge de la separación del cantante con su mujer. ¿Me pongo o no me pongo a hacer conjeturas? ¿Qué os viene a la mente cuando oís este corte? ¿Y si luego dais con un resto del disco en el que todo son lamentos por la ruptura? En fin, dejaremos el momento Salsa RockSa para otro día, ¿sí? Y dejadme disfrutar de mi momento cerdete con la Casta (un apellido muy propio) luciéndose en lencería fina.

Canciones:

Led Zeppelin: “Down By The Seaside”
Jace Everett: “Bad Things”
Kiss: “God Gave Rock n’ Roll To You”
26
Nov
11

Phenomena: Indiana Jones Y La Última Cruzada

Menuda sucesión de sensaciones tuve ayer, cuando fuí a la sesión de Phenomena. Para quien no sepa de qué va esto de Phenomena, se trata de una iniciativa privada para rendir culto al cine palomitero de los 80’s. La idea es sencilla, se alquila una sala de cine y se pasan, en sesión doble, dos de las cintas míticas de esa época, programadas una noche al mes. En Barcelona se hace en el Cine Urgel, el único de su especie que sigue en pie y activo, con nada menos que 1832 butacas, señoras y señores. Las citas mensuales se están llevando a cabo desde hace casi un año, y con gran éxito, intenté acudir un par de veces pero las entradas se habían agotado. Sin embargo, la sesión de ayer era la mía, de modo que cuando me enteré del doble cartel, con varias semanas de antelación, no dudé en comprar las entradas: “Indiana Jones y La Última Cruzada” y “La Jungla De Cristal”.
Reconozco que aunque esta segunda película también me gusta, para mí era la noche de Indy. Si alguien lee estas líneas desde hace años, probablemente recordará mi fanatismo por el Dr. Jones y sus películas, de las que ya hablé aquí, aquí, aquí y también por aquí.
El llegar y ver una cola en la puerta del Cine Urgel que subía por la calle Urgell y giraba por la calle Sepúlveda ya me gustó, me recordó a cuando era un chaval, o cuando era un adolescente, y los cines no se amontonaban en los centros comerciales (cómodos, varias salas, ergo, más oferta, facilidades para aparcar, sí, y todo lo que queráis, pero qué falta de glamour). Creo que hacía más de una década que no iba al Cine Urgel, y sin embargo, ahí vi películas que me marcaron, como Casino o Las Tortugas Ninja.
Ojo, que el día de Reyes hay una sesión especial sorpresa!
La sensación al mezclarme entre el público era un poco agridulce… entre veintimuchos (siendo benevolente) y cuarentaypocos. Básicamente treintañeros tirando de ese concepto que tanto vende hoy en día, la nostalgia. Y sin embargo, ahí veía pasión, emoción, ilusión… La edad, a menudo, nos hace ser más escépticos respecto a todo. No hay nada nuevo. Nada nos emociona. Nothing’s Shocking. Pero en esa platea enorme vi caras y expresiones muy parecidas a las de la chavalería que nos juntamos para ver “Indiana Jones y La Última Cruzada” en su estreno, en 1989. Y os aseguro que me hizo sentir bien. A quién le importa el jodido Shia LaBeuf y la decepción que supuso “Indiana Jones y El Reino De La Calavera De Cristal” (fallida 4ª entrega de la saga).
El pase de la película era más parecido a un concierto, algo cercano al frikismo, sí, pero bendito frikismo… ok, cantar a voz en grito la música de Movierecord, visto desde fuera, puede provocar vergüenzajenismo, pero deberíais haber estado allí. Aparece el nombre de Spielberg en los créditos iniciales y cae la primera ovación. Luego los aplausos se suceden en las escenas memorables, como si de teatro se tratara, o como me contaban mis padres que solía ocurrir en los cines de barrio antiguos, cuando Errol Flynn ganaba el combate y la platea aplaudía. Y al final, una agradable sensación de haber recuperado algo que parecía un poco perdido en el tiempo. Aunque haya sido tan solo por unas horas.
Canciones:
Vampire Weeked: “One (Blake’s Got A New Face)”
Van Halen: “Jamie’s Crying”
Bonnie Pointer: “Heaven Must Have Sent You”
21
Nov
11

Le Chat Bleu – Mink DeVille

Para que nadie se lleve a equívoco, Mink DeVille era el nombre de la banda que lideraba, era imagen y alma el malogrado Willie DeVille, hasta que en 1986, el grupo, como tal, desapareció, y Willie retomó su carrera en solitario. Todo el mundo conoce al Willie DeVille de principios de los 90’s, cuando se hizo muy popular en España por dos canciones. Por un lado, su celebérrima versión del clásico “Hey Joe”, que aunque fuera Jimi Hendrix quien lo popularizó, no era su autor. ¿Y qué tenía de especial este tema, por otra parte, un blues bastante sórdido, para que triunfara en las listas españolas? Pues que contaba con el acompañamiento de un combo de mariachis. Así va la cosa. Eso fue en 1992, y al año siguiente publicó un disco en directo, bajo el original título “Willie DeVille Live”, del que se extrajo otro single que también sería francamente radiado por las Cadena 100 de turno, me refiero a ese “Demasiado Corazón”, que explotaba, una vez más, la vena latina del neoyorquino. Y que nadie me entienda mal, me gustan ambas canciones, solo que me da pena que un tipo con ese bagaje se viera reducido a compartir espacios con Juan Luís Guerra o Thalía.
Las cosas no tardarían mucho en volver a su estado natural, es decir, Willie DeVille a los clubes y los programas de radio de madrugada, para desgracia de su bolsillo. Su presencia en los medios generalistas sería casi efímera hasta las cuatro líneas que le dedicaron ese fatídico verano de 2009, en que murió, víctima de un cáncer de páncreas.
Personalmente, debo reconocer que comencé a descubrir su carrera poquito antes de su muerte, demostrando una vez más lo oportuno que soy. De hecho, me enamoré de una canción suya. Tanto, que ahora necesito espaciar sus escuchas. ¿No os pasa? ¿Nunca os obsesionáis con una canción, tanto que luego necesitáis semanas o incluso meses de descanso para poder volver a disfrutarla? Eso me ocurrió a mí con un tema ciertamente no muy conocido de Mink DeVille, un tema de aires soul con un acordeón muy francés (o debería decir criollo?) que se titula “Just To Walk That Little Girl Home”. Llegué a ella de una manera muy casual, en una recopilación de canciones que alguien había hecho de un modo casero y a la que accedí mediante el programa de descargas SoulSeeker… creo… mi memoria no me llega para tanto.
La persona que luce ese tatuaje tan discretico era la señora DeVille (por aquél entonces)
Recordáis SoulSeeker? A priori era el típico programa peer-to-peer, pero a mí me gustaba por una razón: podías buscar una canción, y cuando la encontrabas, podías seleccionar el buscar entre los archivos que compartía ese usuario. Dicho de otro modo, podías fisgonear qué clase de música tenía esa persona que también poseía el tema que te gustaba y que andabas buscando. Voyeurismo y melomanía, todo junto. El icono de acceso al programa, algo así como una especie de águila muy pixelada, en azul, hacía que el programa fuera conocido coloquialmente como “el pollo”. Que viva la cultura popular.
En fin, aquello me llevó a la búsqueda del disco que contenía aquél “Just To Walk That Little Girl Home”, titulado “Le Chat Bleu”. Y a la decepción… en todas las tiendas tenían el debut, “Cabretta” (1977) y su continuación, “Return To Magenta”(1978), pero ni rastro de “Le Chat Bleu”. Y así pasó un tiempo, hasta que descubrí ese maravilloso mas peligrosamente adictivo mundo de las compras online… heroína blue magic para el yonqui… Amazon genera ansiedad, destroza hogares y convierte cualquier economía casera en una Grecia cualquiera. ¡Si una vez te has logado, ya no tienes ni que escribir el número de la tarjeta!!! Cuántas veces estoy en el sofá, con el portátil, y miro algo susceptible de ser comprado, pero cuando llega el momento de entrar el número de tarjeta, y me tengo que levantar para buscarla, abandono la compra por unos minutos más de mi culo en una superficie mullida. Luego pasa una mosca, me distraigo, y me olvido de la compra. ¡MaRditos!
Qué bonito era cuando en los vinilos vendidos en España traducían al castellano los títulos de las canciones que estaban “en extranjero”

En fin, que lo compré, claro que sí. Y cuando llegó a mi casa ese bonito CD, Mink DeVille, “Le Chat Bleu” – Expanded Edition… lo tengo que reconocer, me sentí bien. Me gusta comprar música. Hubiera preferido encontrarlo en una tienda tras repasar decenas de discos, pero aún así, todo el mundo debería saber disfrutar del momento de desprecintar un disco, sentarse en el sofá y escucharlo por vez primera, mientras revisas el libreto. Que se joda iTunes.

Y el disco, menudo trabajo se saca de la manga Mink DeVille, una trituradora de soul, de blues, de influencias latinas directamente de los barrios de Nueva York, romanticismo, pose y unas gotitas de punk de la Gran Manzana. Afrancesado? Pues yo creo que menos de lo que Willie DeVille quería. Por supuesto, está “Just To Walk That Little Girl Home” reinando, pero también la vacilona “Lipstick Traces”, “Slow Drain”, esa “Mazurka” por la que matarían Los Lobos y una versión que popularizó el cine (“Sin Aliento”, “Cry Baby”) y la publicidad, “Bad Boy”.
Qué puedo decir, es una pequeña maravilla. Como añadido, la Expanded Edition del disco incluye ocho cortes en directo de la banda entre 1982 y 1984, que me hacen desear haber podido presenciar alguna vez un concierto de Willie De Ville, algo que obviamente, no será nunca más posible. Así que aprendamos todos la lección, queridos amiguitos.
Canciones:
Afghan Whigs: “John The Baptist”
LCD Soundsystem: “Drunk Girls”
U2: “So Cruel”
18
Nov
11

Memphis, Tennessee

El viejo Chuck Berry es el papa y la mama del rock n’ roll. Así de simple. Sin discusión admisible alguna. Por supuesto, el rock n’ roll es un hijo de múltiples padres y madres, como si del resultado de una orgía se tratara, cuando 9 meses después hay una criatura y todos se ponen a especular a quién de los participantes en aquella noche de guarreridas se parece más. Pero que Chuck es culpable, eso seguro.

Este “Memphis, Tennessee”, de 1963 es uno de los clásicos de Berry. Por supuesto, y como viene siendo habitual en su música, ha sido ampliamente versionado, por bandas que van desde The Beatles a The Faces, pasando por The Animals, The Hollies, George Thorogood o Tom Jones, para beneplácito de su autor, que gustoso iba recaudando las regalías generadas.

Si bien alguno de los temas de Berry, en sus inicios, tenía una letra y una temática claramente adolescente, para conectar con la chavalería cincuentera que veía el rock n’ roll como una narración de sus intereses, aficiones, problemáticas y situaciones varias, éste no es el caso de “Memphis, Tennessee”. El viejo Chuck, a pesar de pasar de la treintena a mediados de los 50’s, era capaz de escribir sobre bailes de la escuela desde un mugriento motel, cuando todo aquello no le podía quedar más lejos, lo cuál no deja de resultarme curioso. Este “Memphis, Tennesse” es diferente a todo eso, veamos por qué, vamos a echarle una ojeada a la letra:

Long distance information, give me Memphis Tennessee
Help me find the party trying to get in touch with me
She could not leave her number, but I know who placed the call
‘Cause my uncle took the message and he wrote it on the wall

Ok, esto es una llamada telefónica, Chuck busca el teléfono de alguien que le ha llamado anteriormente. Por supuesto, en la era del iPhone esto suena a “Los Picapiedra”, pero haced memoria y todos os recordaréis llamando a casa de alguna amiga, rezando por que fuera ella, y no su padre, quien cogiera el teléfono. Mi parte favorita es cuando dice que no dejó el número pero tiene un recado, que su tío, que cogió la llamada, anotó en la pared… en la pared! Hablamos de la pared en sentido figurado, como esos viejos blocs que se colgaban junto al teléfono, o hablamos de un tío graffitero chungo que escribe en la pared? Como imagen es poderosa, no os viene la idea de una casa desastrada del sur de USA, con un negro borrachuzo cogiendo una llamada y anotando en la pared, con un lápiz destartalado “ha llamado fulana, para Chuck”? A mí, sí. Pero sigamos:

Help me, information, get in touch with my Marie
She’s the only one who’d phone me here from MemphisTennessee
Her home is on the south side, high up on a ridge
Just a half a mile from the Mississippi Bridge

Acabáramos… es una churri. De ahí tanto interés. O sea que Chuck sabe que si alguien le ha llamado de Memphis, sólo puede se Marie. Si fuera de Louiseville o de Tucson, podría ser Mary Ann, o Loretta o tal vez Jenny. Pero de Memphis, sólo ella. Es un poco como llamar al 11811, pero en versión cincuentas. Y por si acaso, le dice a la operadora dónde vive la tal Marie, como esas señoras que les cuentan su vida a la panadera, sin venir a cuento.

Help me, information, more than that I cannot add
Only that I miss her and all the fun we had
But we were pulled apart because her mom did not agree
And tore apart our happy home in Memphis Tennessee

Uyuyuy… el amigo Chuck se confiesa… lo pasaba muy bien con Marie, pero la separaron de él, porque a su madre no le gustaba. A ver, que la cosa se pone fea. Pero qué has hecho, Chuck, que nos conocemos. De acuerdo, Chuck Berry no es el tío más formal del mundo, probablemente ninguna madre en su sano juicio querría que su hija tuviera más contacto de la cuenta con él. Hay algo que tengas que contarnos, Chuck?

Last time I saw Marie she’s waving me good-bye
With hurry home drops on her cheek that trickled from her eye
Marie is only six years old, information please
Try to put me through to her in Memphis Tennessee

Aaaaah… esto lo explica todo… malpensados, que sois unas mentes sucias! Marie es la hijita de Chuck, y su madre no quiere que la cría vea a su padre. Seguramente no es el mejor ejemplo de hombre que una niña de seis años pueda tener. Pero diablos, Chuck es su papá amoroso! Un giro al tema cuando todo el mundo se imaginaba una historia de los Tiburones contra los Jets, un Romeo y Julieta versión negra 50’s. Pues no, la cosa no va de amoríos prohibidos, un tema que estaría acorde con otras canciones de amor adolescente del rock n’ roll. No en esta ocasión. Y ésta es, precisamente, la nota curiosa del asunto. Más si tenemos en cuenta que Chuck Berry es un tipo marrano y vicioso, y seguramente cualquier madre prohibiría a su hija estar más de 5 minutos con él. Pero en esta ocasión nos presenta su imagen más tierna de papá torturado por la pena de no tener a su hijita. Dios bendiga a Chuck Berry!
Canciones:
Counting Crowes: “Raining In Baltimore”
Rick Springfield: “Jessie’s Girl”
Smog: “Rock Bottom Riser”
17
Nov
11

Blue Hotel

La tarjeta que abre la puerta de mi habitación no funciona. Qué rabia da cuando uno llega a la habitación, mete la tarjetita en la ranura y la luz se ilumina en rojo. Bajo a la recepción. Hago la cola pertinente y le explico el caso a la persona que me atiende. Escruta la pantalla de su ordenador. Me pide el número de habitación. Veintiuno veintidós. Decir “dos mil ciento veintidós” me resulta poco ágil. Vuelve a mirar la pantalla y me dice “esta tarjeta no corresponde a la veintiuno veintidós”. Llevo tres noches en este sitio. Mira de nuevo extrañada la pantalla y comienza a hablar. Dice “dónde…” y de repente se calla, como cuando comienzas a decir algo y te arrepientes, pero las primeras palabras ya han salido de tu boca. Me da la sensación de que me iba a preguntar “dónde ha estado durmiendo”. Me entra la risa y le digo “le aseguro que llevo tres noches en la misma cama”. Y me dice “pues tiene la tarjeta de la veinte cero dos”. Yo no entiendo nada. Pero me da igual. Sólo quiero subir a mi habitación. Desde donde escribo ahora mismo. 2122, que lo sepáis. Claro que ahora me pregunto qué debía haber en esa 2002 que, por lo visto, mi tarjeta podía abrir. Qué o quién.
Aunque, por otra parte tampoco sería la primera vez que me equivoco de número de habitación. Y no, no se trata de una “equivocación” intencionada de esas de comedia de enredos. En alguna ocasión he intentado entrar en la habitación con el número que tenía… en el hotel anterior.
Un tío con clase
Los hoteles son sitios curiosos. Lugares fríos e impersonales como pocos, donde todo el mundo te trata de usted y te rinde una falsa pleitesía. Si pasas allí bastantes días, reconoces a las personas de los diferentes turnos, pero, en general, ellos no a ti. Como en todos los lugares, no obstante, uno se genera una serie de hábitos. Resulta sorprendente lo rápido que nos adaptamos a los ambientes. Bajamos al buffet del desayuno y comemos cosas que nunca tomaríamos en casa, donde nos apañamos con un cortado y, haciendo un exceso, dos galletas. Durante una época, tenía siempre la televisión de la habitación encendida, un canal de noticias como CNN o BBC News, sin verlo, como sonido de fondo. De un tiempo a esta parte, puedo pasar nueve noches en una habitación de hotel sin haber encendido el televisor. Y por la mañana, nada más despertarme, hacer sonar mi reproductor de música mientras me espabilo.
Personalmente, lo suelo dejar todo desordenado. No me gusta la gente que llega a una habitación de hotel y lo primero que hace es deshacer la maleta y colgar la ropa bien ordenadita en el armario. Yo lo voy acumulando todo y por la mañana, antes de salir, parece que alguien haya puesto una bomba en mi maleta y al estallar, haya desperdigado todos mis enseres. Pero me gusta cuando llego por la noche y todo está pulcramente colocado. Y vuelta a empezar. Como el día de la marmota en versión retrasado mental. Soy un tío simple.
Qué gran personaje, el de Bill Murray
El hall y el bar son sitios interesantes de visitar, especialmente cuando uno está solo. Todo es de una limpieza aséptica que acongoja. Gente que pasa, que espera a otra gente, empleados del hotel, siempre de punta en blanco (“buenas tardes, señor”). Y en el bar, algunos grupos, pero también mucha gente sola. Revisando algunas notas, o simplemente estando allí, bebiendo Stella Artois o alguna mierda similar. Algunos le dan la vara al camarero, que con resignación, aguanta.
En un acto de constricción por la cena opípara del día anterior, vas al gimnasio del hotel. Con torpeza, intentas sudar la mala conciencia en unas máquinas que no conoces, intentando no pasar más de cinco minutos mirando la pantalla para tratar de averiguar cómo hacer que la dichosa cinta comience a girar a un ritmo soportable.
Y aunque se le tache de snob, de cultureta, de comedieta romántica disfrazada de cool, y de muchas otras cosas más, una película como “Lost In Translation” es capaz de expresar varias de las sensaciones de estar viviendo en un hotel, en un destino lejano, constantemente de paso. Y el personaje de Bill Murray mola. Y Scarlett Johansson está muy buena.
Canciones:
Chris Isaak: “Blue Hotel”
Koko Taylor: “That’s Why I’m Crying”
Radiohead: “Exit Music (for a film)”
15
Nov
11

Un Barça convulso (1994-2003) Pt.3 (y última)

Bueno, bueno… habíamos dejado al Barça sumido en una crisis, probablemente de identidad, más que de resultados, al fin y al cabo, la 99-00 había sido una temporada en blanco, pero se venía de dos ligas encadenadas. El efecto Van Gaal, sin embargo, había arrasado con todo. Y después de una crisis, qué iba a venir? Pues está claro, una crisis aún mayor. Se podría decir que la mayor desde principios de los ochenta. O más. Y como en todas las casas mola tener un culpable, aquí podemos poner nombre y apellidos: Joan Gaspart. Un tipo que en apenas tres años dilapidó una fortuna que el club no tenía ni generaba, y se cargó una reputación, con unas decisiones inverosímiles, que hicieron del club una especie de chiste de mal gusto, cerrando para siempre una etapa del barcelonismo, el nuñismo.

Y es que tras la dimisión de Núñez en verano de 2000, se celebraron unas elecciones a las que concurrían bastantes candidatos, pero con una polaridad clara: el continuísmo que propugnaba Joan Gaspart, más de veinte años en la vicepresidencia con Núñez, o la ruptura, que en aquél momento tenía un nombre, Lluís Bassat, que aglutinaba también a la corriente de l’Elefant Blau.Y como el Barça es un club bastante particular, contra cierto pronóstico, fue Gaspart quien se llevó el gato al agua. Visto ahora, parece que no se entienda, pero en aquél momento la masa social más chapada a la antigua, no le agradó la pátina de supuesta modernidad que quería imprimir Lluís Bassat. La campaña electoral fue bastante ridícula (con acusaciones a Bassat de ocultar su condición de judío incluidas), y como suele ocurrir, al final, otros candidatos de menor peso se unieron a candidaturas con mayor representación. Así, Joan Gaspart ganó las elecciones, incluyendo en su grupo a otros dos candidatos, Àngel Castells y Àngel Fernández, AKA, Don Piso, un tipo que se había presentado en dos ocasiones más a la presidencia y que nos regaló declaraciones de lo más hilarante. Al final, la junta Gaspart resultó la más numerosa de la historia culé, con 75 miembros (¡!!!)

Así, la temporada 2000-2001 no podía ir bien, de  ninguna de las maneras. Y más si contamos con la bomba que le estalló a Gaspart en sus primeros días de presidencia: Luis Figo fichó por el Real Madrid, en un acto que la culerada no perdonó. Florentino se presentaba a la presidencia con ciertas posibilidades, y necesitaba un gancho, y cuál mejor que “robar” al jugador más en forma del Barcelona. No sería el primero ni el último en cambiar la chaqueta del modo más radica, pero hay que reconocer que ése, hizo daño.

El puesto de entrenador recaía en Serra Ferrer, quien había hecho un buen papel tanto con Mallorca como con Betis, pero al que el puesto le iba a quedar grande. Tampoco le culpemos, el ambiente era de todo menos propicio. No sólo la temporada comenzaba enrarecida, por el abrupto final de la anterior, la contienda electoral y el caso Figo, sino que también se inició una carrera de fichajes esperpéntica.
Dutruel: Ahí va, los Donuts!!

Veamos, se fichó a otro portero, Dutruel, que añadía un capítulo más al show de la portería azulgrana. Se fichó a otro holandés, seguramente, herencia de Van Gaal, Marc Overmars, quien había figurado en la órbita barcelonista durante años (era el clásico fichaje que el Sport y el Mundo Deportivo daban por hecho cada mes de julio, para no materializarse). Tras triunfar en el Ajax, recaló en el Arsenal con más pena que gloria, y lo mismo proporcionó a la afición catalana, más pena que gloria. 6500 millones de pesetas, el fichaje más caro de la historia blaugrana, ahí es nada. En el paquete se trajo a Emmanuel Petit, también del Arsenal, por el que se pagaron 2500 millones de pesetas. Es decir, de una tacada, l’amic Joan había pagado 9000 millones al club londinense que, desde aquél momento, claro, ponía una alfombra roja cada vez que un directivo del Barça llamaba. Y para acabarlo de rematar, se recuperó a Gerard, centrocampista del Barça B que, al no ver oportunidades en el club, se marchó, y acabó triunfando en ese Valencia que machacó siempre que quiso al Barça de Van Gaal. 3100 millones de nada. Pagar esa cantidad por un jugador que había marchado “de casa”  fue una jugada arriesgada que no gustó a mucha gente.

Y qué podemos sacar de todo esto? Pues que absolutamente nada funcionó. Los fichajes dieron un rendimiento lamentable, total y absolutamente. Petit publicó no hace mucho una autobiografía en la que se despachaba a gusto con su año en can Barça, describiéndolo como un club ridículo y dividido entre los holandeses, los catalanes, y los demás. Y visto en perspectiva, no parece estar muy equivocado. Serra Ferrer fue cesado en Mayo, y un viejo conocido se hizo cargo del club, Carles Reixach. Sin embargo, sólo pudo salvar los muebles clasificándose, en el último partido, como en la 4ª posición liguera, la última con acceso a Champions League, y gracias al mítico gol de chilena de Rivaldo. Liga que ganaría el Real Madrid. Por lo demás, sería la segunda temporada seguida en blanco.

 Y pensar que este fulano fue portero titular del Barça…

Y tras el fiasco, se afrontó la temporada 01-02 con Reixach en el banquillo y de nuevo con Gaspart tirando de talonario. Comenzamos, cómo no, con otro portero. El baile de porteros azulgrana aumentaba su cuenta, y se fichó al argentino Bonano, quien pese a entrar de suplente, acabó haciéndose con la titularidad. Otro argentino, Javier Saviola, era llamado a ser el gran crack del Barça, el nuevo Maradona. Pero si citamos el resto de fichajes, bueno, deja en agua de borrajas los Okunowos, Dehús y otras perlas que habían pasado por el vestuario barcelonista en los años anteriores. Ojo a la lista, que no tiene desperdicio: el central sueco Andersson, el brasileño Rochemback, otro brasileño, Geovanni, el francés Christanval y a mitad de temporada, Francesco Coco, italiano. Qué? Puestos así, en forma de lista, no me negaréis que no acojona… La cosa, claro, se había desmadrado definitivamente.

Y eso que en lo deportivo, hubieron algunos destellos de ilusión, especialmente en la Champions, cuando se llegó a semifinales, siendo eliminados por un Real Madrid que se llevaría el trofeo ese año. Aquél fue un golpe duro. Y al final, cuartos en la liga y tercer año consecutivo en blanco.

De modo que para la temporada 2002-2003 hacía falta un revulsivo. Carles Reixach había sido invitado a marcharse, pero siendo honestos, nadie quería hacerse con el puesto de ese Barça denostado, enloquecido y con unas urgencias que muy pocos querían aguantar. Así que Joan Gaspart tuvo una feliz idea, idea que cuando se sugería como posibilidad aquél verano en la prensa, nadie quería creer… pero ocurrió: sí, a Joan Gaspart no se le ocurrió otra cosa que fichar de nuevo a Louis Van Gaal.

Aquello era como un chiste. Como si se hiciera a propósito. Como cuando sales con unos amigos y te apuestas a ver quién se liga a la chica más fea. Pues Van Gaal era, en ese caso, la más fea. Con esta premisa, nadie ya esperaba nada, y mira, en eso la afición se equivocó… sí pasaría… se hizo el mayor ridículo de los últimos 30 años. O más.

Otra vez, el capítulo de fichajes daba risa. Comenzando, otra vez, por la contratación de un nuevo portero, como si del día de la marmota se tratara: Robert Enke, alemán que ni siquiera tuvo la titularidad. Completaban el póker de refuerzos los argentinos Riquelme, otra supuesto diamante en bruto a explotar en Europa y Sorín, conocido por unas imágenes suyas bailando en el escenario de un concierto cuando estaba lesionado. Y finalmente, Gaizka Mendieta, otro fichaje de ese Valencia que hundía al Barça en cada enfrentamiento. Y es que con Gerard y Mendieta, sólo faltaba haber repescado al Piojo López. Una lástima que se fichara a un Mendieta en horas bajas, tras una temporada en el Lazio y lejos del jugador que maravilló en Mestalla.

Mendieta pre-alopecia
La temporada fue de pena, tanto es así que se cesó a Van Gaal con el equipo a 3 puntos del descenso. Y Gaspart, en medio de una grave crisis institucional y deportiva, acabó dimitiendo, saltando del barco que se iba a pique, no sin antes colocar a su valido, un Enric Reyna que en un principio no quiso aceptar su condición de interinidad, y se vio como si fuera un presidente legítimo. Para arreglar el desaguisado se contó con Radomir Antic, y hay que decir que realizó un muy buen papel, incluso un poco ilusionante de un eventual futuro. Porque en la temporada 2002-2003 no pudo sino clasificar al equipo, en la última jornada, en la 6ª posición liguera, lo que daba acceso a la última plaza de Copa de la UEFA.

Y el final es por todos conocido. Tras unas elecciones, Joan Laporta vence a Lluís Bassat (en una lucha fraticida) y se trae a Ronaldinho y a Rikjaard, quien sustituiría a un Antic que tal vez mereció una oportunidad, pero que sin duda pagaba los platos rotos. Como epílogo, diré que esa siguiente temporada, 2003-2004 tampoco se ganó título alguno, sumando la quinta temporada en blanco. Y sin embargo, para que veamos que a veces, en el fútbol, los títulos no lo son todos, la afición estaba razonablemente contenta. Y con ello se cerró una etapa más que convulsa de la historia del Barça. Pero diablos, con unos momentos de esperpento de lo más divertidos. A toro pasado, claro.

Canciones:

John Lennon: “Mother”

Loquillo y Trogloditas: “Arte y Ensayo”
Iggy Pop: “Dum Dum Boys”




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