Posts Tagged ‘anita pallenberg

07
Sep
13

Brian Jones

Desde que comencé a conocer a los Rolling Stones, siempre me llamó la atención la figura de Brian Jones, quien en este 2013 hubiera cumplido 71 años, si no hubiera muerto en 1969. Desde luego, se trata de la representación de un perdedor. De un tío rarito. De un superdotado musical. De un inconstante. De un drogota. De un engendrador de hijos bastardos y no reconocidos.

Por supuesto, esta tumba está vacía, y Brian vive con Jim en África.

Por supuesto, esta tumba está vacía, y Brian vive con Jim en África.

Veamos, la versión oficial y conocida por todos es que Brian Jones era el virtuoso de la banda, pero con una personalidad débil que quedó eclipsada por Mick Jagger especialmente, y también por Keith Richards, por lo que nunca mostró su potencial sino como el instrumentista capaz de darles giros particulares a las canciones que sus dos compañeros componían, y al que las adicciones acabaron por dejarle en dique seco. Probablemente todo aquello sea cierto, y a pesar de ello, quedan más sombras que luces.

Parece evidente que Brian Jones era un músico que se metió en el jazz desde su adolescencia, tocando clarinete y saxofón. De ahí, fue pasando a apasionarse por otras músicas negras como podían ser el blues y el R&B. En 1961,  Brian Jones, que era ya un prenda de cuidado, se las daba de bluesman, y tenía dos hijos. Entonces ya era guitarrista. Ese año contactó con el patriarca del blues británico, Alexis Korner, con quien colaboró, aunque su ambición era crear una banda propia. Así, y asociándose con Ian Stewart, el verdadero 6º Rolling Stone durante todos los 60s (aunque al pobre le eliminaron de la plantilla oficial de la banda porque era muy feo y tenía aspecto de señor mayor), fue reclutando a lo que acabaría convirtiendo en The Rolling Stones. Keith Richards niega este hecho en su autobiografía, aunque también es cierto que a pesar de los 50 años transcurridos, Keith no es imparcial con su antiguo amigo Brian.

Brian era un músico experimentado en 1963 cuando sus compañeros de banda Mick y Keith eran unos pipiolos. No así Charlie Watts, por ejemplo. Pero nunca tuvo un peso específico real en la banda. De este modo, se puede decir que a principios de los 60s, The Rolling Stones eran la banda de Brian Jones, y como tal lo demostraba, ocupando un primer plano en el escenario. Su gran problema fue entonces Mick Jagger. Aunque jovencísimo y con pocas tablas, Jagger comenzaba a desprender el magnetismo que le conocemos, y además era cantante, por lo que tenía todos los números para ir quitándole protagonismo al rubio guitarrista, por más que éste se empeñara en captar la atención. Mientras que Brian anhelaba desesperadamente las miradas del público, Jagger, directamente, las acaparaba sin, aparentemente, buscarlas. Pronto vería que era batalla perdida. Y eso le jodió bastante, hablando mal y pronto.

Un tío con clase...

Un tío con clase…

Por si fuera poco, al manager Andrew Loog Oldham se le ocurrió que grabaran canciones propias, firmadas por Jagger-Richards. Siempre me he preguntado por qué se excluyó de ese modo a Brian Jones. Si tan buen músico era, por qué no componía canciones. Hay quien dice que sí, que componía, pero que era demasiado inseguro al respecto y nunca se atrevió a aportarlas y a defenderlas como adecuadas para la banda. Por supuesto, Jagger y Richards, envalentonados por Oldham, se ocuparon de acentuar esta inseguridad como compositor de Brian Jones. Y a Oldham ya le iba bien, pues en esos tiempos, los futuros Glimmer Twins eran dos jovencitos más maleables y fáciles de controlar para sus planes que Brian. No obstante, resulta francamente llamativo que nunca compusiera sus canciones. Dentro o fuera de la banda. Aunque sobre esto último, no hay nada especialmente claro. Algunos biógrafos, como Mariano Muniesa, sostienen que sí que tenía bastantes temas en su haber, pendientes de publicación con algún otro proyecto que no era The Rolling Stones. En cualquiera de los casos, me cuesta creer que no exista grabación alguna de esas canciones, por pirata y de mala calidad que sea. Y si hay grabación, cómo, en 50 años, o incluso en esta época de la difusión indiscriminada vía Internet, jamás haya salido nada a la luz.

Friends will be friends.

Friends will be friends.

También se ha dicho siempre que Brian Jones era un purista del blues y del R&B, y cuando los Stones comenzaron a grabar algunos números más pop, orientados a las nuevas listas de éxitos, se empezó a desengañar. A pesar de este purismo blues, a partir de la segunda mitad de los 60s, Brian Jones se comienza a meter a fondo en la psicodelia, y fue uno de los pocos que quedaron satisfechos con el resultado de un disco irregular como “Her Satanic Majesties Request”. ¿No es contradictorio que un purista del blues se meta en los terrenos pantanosos de la psicodelia sesentera? Que se empeñara en colar sonoridades tan alejadas del delta del Mississippi como son los sitares, dulcimeres, arpas, marimbas, flautas, melotrones o clavicémbalos… aunque suya es la responsabilidad de aportar las guitarras con slide, eso sí. A finales de los 60s comenzó a descubrir lo que se iba cociendo en USA, siendo, por ejemplo, invitado especial de Hendrix en el clásico Festival de Monterrey.

A medida que iba metiéndose en la psicodelia, algo que Anton Newcombe y sus The Brian Jonestonwn Massacre agradecerán toda su vida, Jones se codeaba con gente como Hendrix, Dylan o un John Lennon en pleno viaje. Y entonces quedó patente como cada vez estaba más lejos de la banda que había creado, y en la que el tándem Jagger-Richars habían dado un golpe de estado. Pero Brian Jones, en lugar de capear el temporal, se dedicó a aislarse más de sus compañeros y a malgastar su tiempo y su talento grabando un disco a unos pastores del Atlas marroquí que tocaban unas flautas que, por alguna razón, impresionaron al rubio guitarrista.

Una banda extraña, un gran nombre para un grupo...

Una banda extraña, un gran nombre para un grupo…

No creo que haya que reprochar a Jagger y Richards la expulsión de Brian Jones de la banda. Era un tipo tan brillante como difícil, de eso no cabe duda. Era paranoico, maniático, violento con sus mujeres y agresivo con sus propios compañeros cuando las cosas no eran como él consideraba. Su adicción a las sustancias variadas exacerbaron esos comportamientos,  y parece claro que en discos como “Let It Bleed”, según declaran sus excolegas de grupo, apenas era capaz de sostener la guitarra durante las sesiones de grabación. No quiero ser condescendiente con Jagger y Richards, como personas, como compañeros y como amigos, fueron unos auténticos puercos para con Brian Jones. Sin embargo, si sumamos todo esto al hecho de que no podía entrar a los Estados Unidos por tener causas pendientes, se puede concluir que Brian Jones acabó siendo un lastre. Y fijémonos que todavía ni he mencionado a Anita Pallemberg. Eso lo hizo todo más difícil, claro, tanto que la propia expulsión de Brian de SU banda no fue tomada como algo sino de esperar.

Y luego murió, y con ello, comenzó el mito y las mil y una leyendas, sobre conspiraciones para matarle, sobre sus supuestos proyectos con músicos de renombre, etc. No más que eso, leyendas poco contrastadas, que hacen más interesante el personaje. ¿Qué hubiera sido de Jones de no haber terminado tan joven en el fondo de aquella piscina? Para acabar, me permitiréis que me ponga en plan superficial y destaque el hecho de que Brian Jones realmente tenía estilo y sabía vestir francamente bien. Era un tío con clase.

 

Canciones:

Joe Cocker: “Night Calls”

The Brian Jonestown Massacre: “Who?”

Bob Seger: “Against The Wind”

05
Sep
13

Performance

Si comienzo este texto diciendo que “Performance” es una película rarita, seguro que más de uno o una dejarán de leer, o bien continuarán, pero con esa condescendencia que proporciona el mirarme desde una torre de marfil del yo sí que sé de cine y este KAR no. Pero lo es, de eso, no tengan ustedes la menor duda. Lo cual no quiere decir que sea una mala película. De hecho, me habían hablado tan mal de ella, que iba preparado para el desastre, y bueno, a mí, me gustó. Posiblemente me gustó más por la estética que por la historia contada, pero ese es otro asunto.

Cartel muy pop de la película.

Cartel muy pop de la película.

“Performance” fue la primera incursión en el cine de un Mick Jagger convencido de que también podría triunfar en esa disciplina, si bien, al final, acabó llegando a las pantallas comerciales antes la que sería su segunda película (“Ned Kelly”, 1970 … no, no he tenido huevos a verla) que no esta “Performance”, de 1968. Por suerte, tras estas dos actuaciones, Jagger dejó aparcado el cine, y más allá de algunos picoteos fugaces, casi se podría decir que lo dejó para siempre.

Otro cartel, menos pop, y más explícito de lo que la peli desarrolla...

Otro cartel, menos pop, y más explícito de lo que la peli desarrolla…

“Performance”, el título, juega con la palabra “performer”, que en slang era un quinqui, un mafiosete del East End de Londres. Performer es también, en su acepción clásica, un artista, alguien que se sube a un escenario. Todo en la cinta tiene un doble sentido, básicamente, cómo, de una manera menos sutil de lo que pudiera parecer, comparan la vida de un gangster con la de una estrella de rock, en este caso, Turner, un sosias de la imagen que Mick Jagger proyectaba en esa época, a finales de los 60s.

El argumento nos presenta a Chas (James Fox), un relamido gangster londinense, de traje estupendo, afeitado perfecto y zapatos relucientes, extremadamente violento e implacable, que cae en desgracia en el seno de su organización y debe huir. Casualmente, se esconde alquilando una habitación en la casa de un rockero, Turner, quien vive con su novia, Pherber, interpretada por una guapísima Anita Pallenberg, y una amiga, Lucy, otra belleza, aunque muy diferente a la Pallenberg, interpretada por Michèle Breton. Lo que al principio es un contraste entre ambos personajes, Chas y Turner, y una cierta animadversión, se tornará en el encuentro de más puntos comunes de los que esperaban.

Mick Jagger, Michèle Breton y Anita Pallenberg. Con ellos, llegó el escándalo...

Mick Jagger, Michèle Breton y Anita Pallenberg. Con ellos, llegó el escándalo…

Lo diré aquí y ahora: en esta cinta, Mick Jagger está para pegarle un buen par de hostias, en un plan estrellón arrogante y ridículo. Cosas de la época, y de las sustancias, claro. En esta época es cuando a Mick Jagger se le va pasando la etapa mesiánica y entra en la megalomanía de la superestrella que todo lo hace bien, y que sólo merece rodearse de gente tan rica, famosa y molona como ella.

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Imagen gratuita de la Pallenberg en pelotas.

Muchas son las historias que se cuentan sobre esta “Performance”. Por ejemplo, parece bastante contrastado que Anita y Mick follaron durante el rodaje. Recordemos que en esa época, Anita ya estaba con Keith Richards. Hay dos versiones, la de que fueron sorprendidos en faena, y la de que la propia escena de sexo de la cinta, es real. Según Tony Sánchez, aún estando con Brian Jones y con Keith Richards, Anita Pallenberg siempre estuvo colgada por Mick Jagger.

Chas, un violento hijo de puta con clase...

Chas, un violento hijo de puta con clase…

Precisamente, estas escenas tan explícitas de sexo y consumo de drogas generaron bastante controversia en su época. Así mismo, la carrera de James Fox (que interpretó a Chas), que parecía incipiente pero directa al estrellato, se truncó a partir de esta cinta, porque tras la muerte de su padre, decidió dejar el cine para hacerse pastor evangélico. Ya sabéis, de esas, digamos, cosas raras que ocurrían cuando los Stones andaban de por medio. Fox estuvo hasta mediados de los 80s alejado de las pantallas.

No pasará a la historia como un peliculón, aunque tiene sus seguidores acérrimos, como cinta de culto. Para los fans de los Rolling Stones, obligatoria.

Canciones:

Phoenix: “Lisztomania”

Mick Jagger: “Memo From Turner”

Delta 72: “Incident @23rd”

04
Sep
13

YO FUI EL CAMELLO DE KEITH RICHARDS, TONY SÁNCHEZ

Cuando conocí de la existencia de un libro con semejante título, no pude sino hacerme con él. Y es que, por más oportunistas que pululen en el mundillo del rock n’ roll, todas las fuentes parecen indicar que Tony Sánchez, también conocido como Spanish Tony, tuvo una estrecha relación laborable-amistosa con los Rolling Stones entre los 60s y primeros de los 70s. Y bueno, el título es bastante significativo de lo que nos podemos encontrar entre sus páginas: carroña de la buena. Todo ello desde el prisma no de un plumilla ajeno sino viniendo de un tipo que estuvo allí. Con ellos.

Un libro francamente divertido...

Un libro francamente divertido…

Resumiendo, Tony Sánchez era una suerte de personaje del hampa londinense, de orígenes españoles, que, metido en negocios de antros nocturnos y conocedor de la distribución de droga en la city, acaba conociendo y haciéndose amigo de Brian Jones. Y a partir de él, de toda la troupe stoniana, a saber, Keith y Marianne Faithfull, principalmente, pero también del resto. Bien como amigo, bien como asistente personal (ahora quiero unos gramos, ahora acabo de estrellar el Bentley y no sé qué hacer, ahora estoy tan colocado que no puedo aparcar…), puede aportar una visión menos censurada que la de la literatura oficial acerca de los Rolling Stones.

Tony estuvo allí. En primer plano, Anita Pallenberg y a su izquierda, Keith Richards.

Tony estuvo allí. En primer plano, Anita Pallenberg y a su izquierda, Keith Richards.

Y resulta francamente divertido, este libro, ahondando en el anecdotario, esquivando detalles musicales o históricos por todos conocidos. Para mi gusto, pudiera ser el reverso a aquel celebrado “Vida” de Keith Richards. Si en su autobiografía, como le corresponde a todo autobiografiado, Keith trata de hacer un lavado de cara y pasar de puntillas por asuntos escabrosos, en el presente libro, Tony Sánchez hace todo lo contrario. Obviamente, también el escrito de Sánchez lima sus actos para hacerlos todos más suaves y benevolentes con su persona.

Lo mejor es ese retrato de la vida de los Stones, Brian, Keith, Mick, Anita y Marianne, como estrellas del rock en crecimiento y luego en decadencia. Muestra a una pareja Keith-Anita como esos yonquis ricos pero con todos los tics del drogata: extremadamente egoístas, crueles, desconfiados, violentos a veces, desastrados. Y lo hace sin caer en hipérboles, si bien podemos imaginar que no toda la vida de Keith entre 1968 y 1974 fue consumir heroína, tampoco se puede decir que el relato que explica sea extraño o parezca (porque no tenemos la certeza, claro) irreal. A Mick tampoco le trata muy bien, considerándole como un tío endiosado y algo hipócrita. Y, probablemente porque está muerto, deja en mejor posición a Brian Jones.

Tony Sanchez, sexy boy...

Tony Sanchez, sexy boy…

Tony Sánchez siempre adopta una repelente pose de “yo no les vendía, yo sólo les ayudaba a conseguir la droga”, o de “yo le decía a Keith que era demasiado, que se estaba pasando, pero Keith nunca me escuchaba” y de “yo esnifé heroína de vez en cuando pero no estuve metido tan a fondo en ello”. Es decir, San Tony, el bueno, el amigo de la banda, el empleado fiel. Y claro, todos sabemos que no sería así.

No importa demasiado, este último dato. Lo importante del libro es que es muy divertido, incluso para, y odio utilizar este término, lectores avanzados, que ya han devorado varias biografías de la banda o de sus miembros. Muy recomendable, pues.

Canciones:

Cactus: “Long Tall Sally”

Masters Of Reality: “The Blue Garden”

Wolf People: “Empty Vessels”




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