Archive for the 'rock español' Category

17
Nov
15

Que sea el último, Manolo…

Ahora casi ya no lo recordamos, pero algunos todavía tenemos en la memoria esa época infausta en la que, de repente, todo el mundo se convirtió en fan de los dichosos El Último de la Fila. Fue hace ya muchos años, a mediados de los 90s, cuando publicaron el celebérrimo disco “Astronomía Razonable” y por arte de birlibirloque, lo petaron, hablando mal y pronto. Como suele ocurrir en estos casos, el problema no estaba tanto en el LP en cuestión, que en realidad puedo decir que no estaba mal, sino en ese grueso de fans pesadísimos que de repente se apresuraron a conseguir todo lo grabado por sus nuevos ídolos, sean discos previos o incluso de proyectos anteriores a El Último de la Fila, a saber, Los Burros y Los Rápidos. ¿Que cómo sé yo de esos proyectos? Pues amigos, muy sencillo, yo también sufrí a mi alrededor la presencia de fans pesados gravitando en mis círculos de amistades y familia. Yo era sólo un niño. Y la ONU no hizo nada al respecto.

Es más, yo tuve mi etapa de interesarme por aquella música y aquél disco, y sí, recuerdo una vieja TDK que escuché con cierta frecuencia durante una época. Tal vez fuera una necesidad de integración, puede que quisiera saber qué era aquello tan bueno que me estaba perdiendo, quizás simplemente me gustó. No recuerdo que me durara mucho más allá del verano de 1993, mi interés por El Último de la Fila. En realidad supongo que quería congraciarme con un amigo que era fan fatal.

Hay que decir que el grupo no estiró el chicle para ganar dinero a espuertas, lo cual les honra: en 1995, dos años después de tener ese éxito que ni ellos se creyeron, publicaron un esperadísimo disco de continuación, que acabó no convenciendo a nadie, y, sencillamente, decidieron dejarlo. Aquello dejó huérfana a esa legión de fans que los había idolatrado cual becerro de oro del pop patrio. Recuerdo claramente a mi amigo tratando de asumir el primer disco en solitario, y tras la ruptura, de Quimi Portet, una suerte de empanada más cercana a los discos de Jaume Sisa que al dichoso burro amarrado en la puerta del baile.

nelson

Fan emocionado por ver a Manolo sobre el escenario (by @carloskarmolina)

Por suerte para él, el otro componente, Manolo García, también emprendió una carrera en solitario. Y este sí supo lanzar sus redes para recoger a esa pléyade de fans de su antiguo grupo, grabando un LP que sonaba a descartes chungos de El Último de la Fila. ¿Que cómo lo sé? Bueno, entonces yo todavía era amigo de aquél muchacho fan, que sí, celebró la vuelta del hijo pródigo. Pero para las personas de bien como el juntaletras que suscribe, aquello fue un infierno. No sólo había que aguantar a los fans, sino también la permanente presencia de esas canciones de mierda en bares, pubs y cualquier otro lugar de mi ecosistema juvenil. Además… ¿Manolo García? ¿Qué clase de cantante de pop se puede labrar una carrera llamándose “Manolo García” como si fuera el estanquero del barrio?

Por fortuna, la carrera en solitario del tal García se volvió un poco como una gaeosa agitada, y pasada la efervescencia inicial, su estrella se fue apagando, y le honra que, una vez más, tampoco explotara al límite ese éxito inicial, para ir pasando, poco a poco, a un segundo plano, y quedar sepultado entre triunfitos, hits de electro latino y la crisis de la industria discográfica. Y ya no tuve que aguantar a más fans histéricos.

Y con la perspectiva que da el tiempo, me puedo permitir ver todo aquello como un engorro temporal. Y si sí, continúo odiando a muerte esas canciones del dichoso Manolo García, pero puedo apreciar algunas cosas interesantes por aquí y por allá en El Último de la Fila. Especialmente en esos títulos tan ingeniosos y descacharrantes como “Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana”, “Enemigos de lo ajeno” o “La rebelión de los hombres rana”. Incluso me hace gracia esa mezcla de costumbrismo y surrealismo que tiene la letra de “Como un Burro Amarrado en la Puerta del Baile”. Será que me estoy haciendo mayor. Será.

Canciones:

The Byrds: “My Back Pages”

Ryan Adams: “New York, New York”

The Jim Jones Revue: “The Princess & The Frog”

Anuncios
16
Jul
13

De nuevo en Hamburgo (pt.1)

Hoy el trabajo me ha llevado a Hamburgo. De hecho, llegaba por estos lares anoche, y sólo ciertos problemillas técnicos me impidieron actualizar el blog. Superados los mismos, podemos volver a Hamburgo, ciudad que durante una época frecuenté, también por motivos laborales. Durante unos años viajé a Hamburgo al menos un par de veces al año. De eso hace ya bastante, y la sensación de dejà vu que he tenido en esta ocasión, tanto tiempo después, ha sido agradable. Lo digo aquí y ahora: me gusta Hamburgo! Ya hablé de ello hace bastante tiempo por aquí.

Tras la jornada laboral de hoy, he vencido a la pereza y he salido a las calles. Y eso que anoche fue una noche malísima, por culpa de esa costumbre tan centroeuropea de tener, como única ropa de cama, un edredón, en pleno mes de julio, de manera que si me tapaba, pasaba un calor tremendo, y si me destapaba, acababa teniendo frío. Y así me he pasado toda la noche, peleándome con mi edredón. Pero creo que alguna vez lo he comentado, cuando uno viaja por trabajo, ha de vencer a la pereza y a las obligaciones, y buscarse un rato para poder visitar el sitio donde está.

Hoy he seguido mi técnica de turismo de tienda de discos. Por tener un punto de búsqueda, más que nada. Así que he dado a parar en Burnout Records, una tienda bastante interesante, aunque con un grueso de material en vinilo. Y no pensaba comprar vinilo, voy ligero de equipaje, para este viaje, y cargar con una bolsa de vinilos en mi vuelta mañana, Hamburgo-Frankfurt, Frankfurt-Barcelona, no es lo recomendable. En su lugar he acabado teniendo un pequeño arrebato consumista en formato CD: Stooges, Band Of Horses, 13th Floor Elevators y un recopilatorio de la Vampisoul… ay…

Una de las tiendas cachondas de Sternschanze: Planet Nerd!

Una de las tiendas cachondas de Sternschanze: Planet Nerd!

La tienda esta en Sternschanze, y de camino, bajando por Budapester Straße se llega a St. Pauli, la zona más interesante de la ciudad, con mucha actividad de ocio y cultural. El día era estupendo para pasear y empaparse un poco del ambiente. En esa zona todo eran referencias al club de fútbol local, el St. Pauli FC, que ahora milita en la 2ª división de la Bundesliga. Poco importa, cuando se trata de un equipo que sale al campo mientras suena “Hells Bells” de AC/DC y su afición se postula claramente como antifascista, anarquista, comunista y socialista, y adopta como emblema la bandera negra con la calavera y las tibias cruzadas. En contraposición, claro, está el Hamburgo SV, club más grande, sus archienemigos.

Banderas del St. Pauli FC... OI!

Banderas del St. Pauli FC… OI!

Y bajando un poco más, se llega a la arteria que es Reeperbahn, la zona más golfa. Curiosamente, se concentran varios teatros, pero también enormes sex shops, peep show, lap dance halls y bueno, ahora que la prostitución en Alemania es legal, pues también putiferios. Y por supuesto, todo tipo de bares, tabernas y clubs. Mucha actividad nocturna, y desde hace décadas. Por todos es conocida la etapa en Hamburgo de The Beatles, que se describe de forma magistral en este artículo de Jot Down Magazine. No sólo los Beatles, sino también, por ejemplo, unos grandes del rock sesentero español, los muy reivindicables Los Salvajes también tuvieron su (breve) etapa en Hamburgo.

Te lo dice el maestro Yoda

Te lo dice el maestro Yoda

Y para acabar el paseo, nada mejor que recalar en uno de los múltiples locales para cenar currywurst, un plato a base de lo que conocemos como salchichas de Frankfurt con salsa de curry y patatas fritas, regado con una buena jarra de cerveza. Así, sí.

 

Canciones:

13th Floor Elevators: “You’re Gonna Miss Me”

The Police: “Synchronicity II”

Bronsky Beat: “Smalltown Boy”

26
Dic
12

LIBRO DEL MES (DICIEMBRE): “La Magnitud Del Desastre”, Oriol Llopis

Alguien me podrá decir que cuando ya no es el músico, sino el crítico o el periodista musical, el que publica sus memorias, es que todo se nos ha ido de las manos. Y probablemente no le falte razón. Aunque las mías para hacerme con este libro eran dos. O tal vez tres. La primera, es que me siento más cerca del periodista musical que del músico. Egoísmo. Ya que soy consciente que ser estrella del rock me queda muy lejos, me puedo conformar con escribir sobre rock. Porque el periodista musical es, al final, un fan, ¿no?. La segunda, que Oriol Llopis es todo un personaje, bregado en mil batallas de toda índole, y un tipo con cosas que contar de cómo era estar trabajando con el rock n’ roll en nuestro país. Y la tercera, que es razón pero no lo es tanto, porque leí comentarios buenos sobre este libro.

Oriol Llopis es un crítico musical que lleva metido en el mundillo desde mediados de los 70’s, con revistas tan cruciales para la escena en el país como Vibraciones, Disco Express, Star o finalmente, Ruta 66. De un modo intermitente. Tan intermitente como su estilo de vida lo permitía. Sí, Oriol Llopis fue un vividor, tan amante del rock n’ roll como de hacer lo que le viniera en gana, incluyendo darle al alpiste mucho más de la cuenta, y tener que costearlo de muchos y muy variopintos modos, pero también dejándolo todo para escaparse al Paraguay en plena dictadura, o tener que vivir altibajos que le llevaban a deber empezar de nuevo, con trabajos como una empresa de repuestos automovilísticos o un safari park en Alicante.

No es un libro sobre rock, aunque por supuesto, se habla de rock. Quizás más de rock como actitud, aunque éste último término esté más denostado, que como música. De hecho, sí, se habla de música, pero de un modo tangencial. Tampoco podría decirse que es una biografía al uso, porque está estructurado caóticamente, sin una cronología, con saltos temporales y espaciales definitivamente necesarios.

No deja de quedarme la sensación de que el autor, Llopis, calla (definitivamente mucho) más de lo que cuenta. Y sin embargo, es suficiente. Sin llegar al estilo pedante de Sabino Méndez, ni a su meticulosidad, dentro del desorden, que muestra en sus libros “Corre, Rocker” y “Hotel Tierra” (recomendables, pardiez!), sí que guarda ciertos puntos en común. Especialmente por narrar cómo era estar relacionado con el rock n’ roll hace 30 y 40 años en España. Incluso podría emparentarse de algún modo con determinados parajes del libro “Memorias De Un Gángster De Barcelona”, de Lluc Oliveras, donde se narraba la vida de Dani El Rojo.

La promoción del libro habla de periodismo gonzo o de kamikaze. No hay para tanto, pienso yo, por lo menos, no por lo que cuenta. Y sin embargo, da buena muestra de un defecto de la crítica musical, que él ha evitado, y es esa tendencia a querer nadar y guardar la ropa, o incluso a ver los toros desde la barrera. Llopis no es que viviera como una rockstar, más que nada porque económicamente no podía. Pero siempre que pudo lo intentó, como mínimo, hacerlo de un modo libertino y libre. Mientras el dinero llegaba para los vicios, fuesen estos los que fuesen.

Tenía un look de lo más molón, en los 70s

Tenía un look de lo más molón, en los 70s

 

Aunque el estilo es ágil y muy fluido, haciendo que el libro se lea de un tirón, me irrita especialmente esa manera de escribir de Oriol Llopis, lleno de giros supuestamente coloquiales, de onomatopeyas, de expresiones pretendidamente callejeras. Se puede pretender escribir tal y como se habla, como se habla en la calle, y sería algo muy lícito. Pero sabéis cuándo veis una peli de Fernando Colomo, de esas que rodó a mediados de los ochenta, y los personajes hablan con eso que se dio en llamar “cheli”, el argot callejero de la década de los calentadores y las hombreras… pues el libro parece algo así. Y amigos, desde que Ramoncín publicó un libro a modo de “diccionario” cheli (“El Tocho Cheli”), ya no puedo con eso. Sinceramente, no recuerdo si en el Ruta 66 también escribe así, pero al lado de esa prosa extremadamente recargada y complicada de Jaime Gonzalo e Ignacio Julià que siempre fue santo y seña del Ruta, parece que lo haya escrito un niño de trece años.

Pecata minuta, pues cuando leemos una autobiografía (y por favor, dejadme subrayar el prefijo) de una persona que realmente tiene cosas que contar, se agradece. Echo en falta, sin embargo, ser más incisivo, un poco más ordenado, y por dios, hablar un poco más de música. O de los músicos. Un tío que ha estado con Johnny Thunders, con Iggy, con Burning o con Dogo y Los Mercenarios, forzosamente, tiene que bastante más que explicar que lo narrado en esas páginas. Podría decir que tal vez para el siguiente volumen, pero me temo que no habrá siguiente volumen.

Canciones:

LCD Soundsystem: “New York I Love You”

Nancy Sinatra: “You’ve Only Live Twice”

The Monarch: “’69 Monaro”

17
Dic
12

Guilty Pleasures (4)

El guilty pleasure de hoy es durillo… lo admito, no sin cierto rubor… Así que a modo de justificación, dejadme que os cuente una historia. Hace unos años tuve un amigo. Habíamos sido amigos desde el parvulario, y fue así durante los siguientes 25 años, aproximadamente. No es que nada pasara, simplemente, éramos muy diferentes, tomamos tipos de vida diferentes, y si a todo ello le sumas un cóctel de pasividad, de orgullos mal llevados y de no decir las cosas cuando hace falta, bueno, el resultado es que la amistad se va, como lágrimas en la lluvia, y tal, que decía aquél.

Ese muchacho desde que empezó su adolescencia comenzó a tener una querencia por las rumbitas y esa clase de música odiosa. También le encantaba todo ese horroroso pop español de los 40 Principales. Así mismo, y aún siendo no más que un chaval, desarrolló un interés por los cantantes melódicos españoles, de esos que les gustaba a nuestros padres, y por si fuera poco, también la copla y la música tradicional. En definitiva, cuando íbamos en su coche, y era bastante a menudo, porque fue el primero del grupito en sacarse el carnet de conducir y en que su padre le dejara su coche, nos deleitaba con un festival hispánico en donde tenía cabida Estopa con Medina Azahara, pero también Manolo García con Junco, con Rocío Dúrcal, con Las Grecas y con El Canto Del Loco.

Por si no fuera suficiente, no era extraño, cuando hacía alguna tarea, por ejemplo, si estábamos de acampada y tocaba montar la tienda, que se pasara el rato cantando canciones de Antonio Molina o incluso retomando el cancionero popular, tipo “mi jaca galopa y corta el viento”… Papá Piquillo, le llamábamos. No os digo más.

Su cariño por los rumberos de aspecto más chungo de los 80s era jocosamente apreciado por nosotros, sus amigos, que, hablando en plata, nos descojonábamos de ver a un chaval con ventipocos cantando tonadas de Parrita, de Junco o de Manzanita. En fin, todos tenemos a un amigo así, ¿no? … ¿no? … por favor, que alguien diga que sí…

Y lo juro, me había olvidado de esta canción hasta que vi hace unos 3 o 4 años la película “Tres Dies Amb La Família” (Mar Coll, 2009), donde suena en una de las escenas principales. Por cierto, una sorpresa agradable, esta cinta. Muy buen guión, y la falta de pretensiones le suma muchos enteros.

Total, que ha llegado la hora de reconocer que me encanta la canción “Un Ramito De Violetas”, de Manzanita. Lo sé, la versión original es de Cecilia, pero no me gusta nada ese tratamiento de voz y esa ñoñez. Lo de Manzanita es más racial y le da un toque más dramático al tema, cuya letra es francamente buena.

Y ahora que ya he perdido toda mi credibilidad y que la parroquia rockera ya no se va a creer ningún otro elogio mío a cualquier banda de esas que todos respetamos, puedo continuar adelante. No sin antes hacer un inciso… no soy de esos que “escuchan de todo”. De hecho, hay quien me ha calificado de tener una actitud un poco talibán con ciertos músicos o ciertas corrientes. Dicho lo cuál, podemos volver a “Un Ramito De Violetas”.

Además de la letra, otro de los puntos fuertes de la canción es esa producción tan típica de la canción melódica o ligera española de finales de los 70’s y principios de los 80s. Una producción, lo digo aquí y ahora, muy buena. Esos vientos sutiles, esas cuerdas que dotan de dramatismo a la canción. Aunque no lo parezca, las compañías de discos grandes en España se gastaban los cuartos en sus producciones, y había grandes arreglistas.

En fin, no me voy a poner en plan estupendo, la canción me gusta, porque me recuerda a mi amigo, pero también porque … no sé… ¿por qué gusta una canción?

 

24
May
12

Guilty Pleasures 3

Hoy me encuentro en Praga. Llevo toda la semana aquí, cosas de trabajo. Como estos europeos tienen esa costumbre tan cachonda de comer a las 12 una mierdecica, por la tarde tenía hambre. De acuerdo, los europeos suelen ponerse hasta el ojete durante el desayuno, que ríete tú del clásico vasolechecongalletas hispánico, o el clásico laxante zumo de naranja más café. Pero esta mañana me he dormido cinco minutos más de la cuenta. O me he duchado cinco minutos más de la cuenta. O he tardado en ponerme el traje de luces cinco minutos. Es igual, sea como sea, se me ha hecho tarde, y no he desayunado.

Total, que esta tarde me he librado de todo compromiso social y he salido a dar una vuelta por la ciudad solo. Al pasar por la Plaza de Wenceslao (Václavské Námêstí) no me he aguantado la tentación de pararme en uno de los puestos callejeros de salchichas y comerme un clásico bocata de salchicha checa. Y por si acaso, no fuera a ser que hubiera adelgazado algún gramo, me he metido a cenar en un restaurantito no muy lejos de mi hotel, una pizza y una jarra de cerveza.

Ahora, claro, me siento un poco mal. Soy un jodido pozo sin fondo. Y mi estómago me lo está recordando. Se está vengando de mis excesos con chorretones de ácido. Qué le voy a hacer, si me gusta la basura. Sí, por supuesto que disfruto de un magret de pato o de un rape a la plancha en su jugo, de los melocotones de calanda y del té verde. Pero también me gusta comerme frankfurts, hamburguesas, pizzas, shawarmas o pollo frito. Por no hablar de las patatas fritas en todas sus variantes, la coca-cola, la cerveza, el Dr. Pepper… aissss…

Será por todo ello que me he acordado de los Guilty Pleasures… hacía ya algunas semanas que no mostraba mis vergüenzas al mundo, así que vamos a ello, directos y a la yugular.

Y comenzaré con una canción que para más inri pertenece a ese maravilloso pop español que promocionan en las cadenas cuarenta de la vida. Cómo llegué a ella? Cosas del amor, amigos, no preguntéis. Y es que hoy iba a mencionar al jitazo de Nena Daconte “Tenía Tanto Que Darte”… si es que me estoy avergonzando conforme lo estoy escribiendo. Todo en esta muchacha es vergonzoso. Participó en un concurso de cantantes de la tele. Se enrolló con uno de los músicos de sesión que participaban en una gira donde cantaban todos estos artistazos, y formaron un dúo al que bautizaron con ese nombre… ESE nombre…

Pero una cosa os diré… la canción funciona! Y no sé si es ese ritmillo, el órgano, las palmas o el reprise final con los vientos, pero me recuerda ligeramente al glam inglés. Alguién dijo Marc Bolan? Tratad de abstraeros de la voz y de la pinta de pánfila que tiene la muchacha. Tratad de olvidar la absurda rima. Ahora? Todavía no?

Y el siguiente corte-Guilty Pleasure es uno de esos hits que se convirtieron en incontestables de principios del siglo. Me refiero al clásico de Outkast “Hey Ya”. Bueno, que me aspen si no suena a una mezcla entre Stax y el chiclepop más sesentero. Una estructura de rock clásico de cuatro acordes y una tonada bailable y pegajosa. En su momento, la pillé por la radio, hace años, yendo en un coche alquilado, por lo que sólo podía disponer de lo que las ondas me proporcionaran. Y desde luego me alucinó. En esa época teníais que ver a éste, vuestro juntaletras favorito dándolo todo en la pista del dancing, en un deplorable estado etílico, mientras sonaban estas negritudes.

Con el paso de los meses y al final de los años, acabé aborreciendo la canción. Me carga particularmente ese intermedio del “shake it – sha – sha – shake – it”, etc… pero sigo considerando que la estructura es de una simplicidad que atrapa. Yo haría una relectura del tema con una producción diferente, y a triunfar. No soy el único que piensa eso, mi admirado Greg Dulli se pasó una temporada haciendo una potentísima versión rockera de este “Hey Ya” cuando giraba con sus Twighlight Singers. Y podemos decir que Greg Dulli sabe algo de música, ¿no creéis?

 
 
03
Abr
12

Guilty pleasures 2

Si es que esto de los Guilty Pleasures resulta ser, a menudo, meterse en un berenjenal peligroso de justificar. Pero ya que lo comencé, bueno, qué menos que darle continuación al asunto, ¿no creen? Total, la reputación no deja de ser una pesada carga que acaba resultando del todo prescindible. Queridos, les vendo mi reputación por un razonable precio. Y si pagan un poquito más, les incluyo en el pack mi sentido común y mi ética. No desaproveche estas rebajas, señora.
Y comenzaremos la tanda de hoy con un clásico de los Guilty Pleasures, las canciones-pop-desechables-con-chica… o como me decía un colega irlandés la semana pasada, “catchy songs sung by pretty girls”. Cuántas aberraciones se han cometido con ese epígrafe. Y sin embargo, todavía se puede sacar petróleo de ese pozo. Aunque este tema requiere de un esfuerzo extra… en fin, vamos allá… Hannah Montana, la virginal estrella infantil de la Disney, se nos hacía mayor, enfermedad por la que pasaron otras niñas que la empresa tenía en nómina, aunque me consta que están trabajando en su cura. Total, que la chica ya no quería ser Hannah, quería ser Miley Cyrus, o como yo la conoceré siempre, la hija de Billy Ray. Y para demostrar que la cosa iba en serio, se rodeó de un equipo de compositores profesionales que le parieron este “Party In The USA” para la chiquilla.
Bueno, no me negaréis que tiene una estructura pop muy clasicota, un ritmo que no molesta y una guitarrita que tiene su aquél. No es ni la típica balada edulcorada, ni el típico tema pseudo dance que suele inundar la MTV. No hay influencias hip-hop y tal vez si no se la hubieran vendido a Miley Cyrus, con una producción menos aséptica, se la podrían haber colado a Sheryl Crow.
Pero no, al final iba a ser la hija de Billy Ray la que se lanzara al ruedo con dieciséis abriles a cantar este tema, sin ser un derroche de voz, aunque sin desentonar, y a lucir tejanos extra cortos y botas vaqueras, y lo digo ahora que ya es mayor de edad… melafo…
 
Para este segundo tema tengo que reconocer que la influencia que ejercieron los Strokes en la música popular, hace ahora ya una década, fue mucho más alargada de la que jamás nos pudiéramos haber imaginado entonces. Personalizo el tema en la banda de NYC aún sabiendo que hubieron muchos otros, tal vez mejores, definitivamente muchos otros peores. El caso es que el pop se fue viendo inundado por ciertas poses que se movían entre el rock New Age, las sonoridades de los 80’s y una cierta querencia a las pistas de baile donde no sonara ni techno, ni house.
Obviamente todos estos comentarios les quedan muy, pero que muy grandes a estos tales Zenttric, de quienes lo desconozco absolutamente todo, y créanme que no siento curiosidad alguna. Pero, ah, amigos, hay una realidad inamovible: este “Sólo Quiero Bailar” es una canción muy bien ensamblada, con la aureola pop/rock suficiente como para no caer en la repugnante mediocridad del hit medio español pero con una capacidad de funcionar en las radiofórmulas. Dicho de otro modo, con capacidad para gustar a la muchachada pseudo indie sin muchos rubores y también al público consumidor de Melendis varios. Yo no me cuento en ningún grupo, ya dije que lo mío es una enfermedad y no vale hacer escarnio de ella.
Ignoro si la canción es propia de la banda o trabajo de compositores profesionales, pero la realidad es que nada más he vuelto a conocer de este grupo. Y me quedo con el estribillo como una buena filosofía de vida: “si no vas a venir, avísame pronto, que yo quiero bailar, sólo quiero bailar”. Pues eso, interpretémoslo como queramos, yo lo hago como un canto al hedonismo significado en el baile. Bailemos, joder, que el mundo se acaba pronto.
 
 
02
Dic
11

Lista NDK Noviembre 2011

En este segundo mes de resurrección de éste, vuestro blog favorito, me ha parecido bien, por aquello de la continuidad, volver con lo de la lista de reproducción de Spotify. Por supuesto que yo también quisiera que fuera gratuito sin limitación de tiempos, veces de reproducción, y sobretodo, sin esa constante y frecuente publicidad. En fin, todos sabíamos que aquello no podía durar mucho así. Era demasiado bueno. Ahora, por momentos se torna insoportable… y sin embargo, tampoco encuentro una opción mejor, por lo menos gratis. De modo que de momento continuamos con Spotify.

Así que tanto si tienes Spotify gratis como de pago, puedes conseguir aquí la Lista NDK Noviembre 2011.

Como siempre, no están todas las que son, pero sí son todas las que están. Que no es poco. A saber, unos U2 que sin darme cuenta repetí en dos entradas diferentes, con un mismo tema, ese delicioso “So Cruel” que incluían en su “Achtung Baby”. Con U2 tengo sentimientos enfrentados. Por una parte, durante mucho tiempo los odié. Y hoy en día reconozco tenerles bastante manía. Por otra parte, no puedo sino plegarme ante discos como el mencionado o como mi favorito, “Rattle & Hum”. Hay también algunos descubrimientos de este mes, como el disco clásico de Miguel Ríos, otro fulano al que le tengo bastante manía, lo cuál, sin embargo, no me impide disfrutar de un disco enorme como “Rock & Ríos”. De ese trabajo se cuela “Banzai”.

Hypes como el tema de los créditos de “True Blood”, hard rock de la mano de Van Halen, Poison, Kiss y UFO, los 90’s en forma de Radiohead, Afghan Whigs y The Muffs, moderneces como los Vampire Weekend o los LCD Soundsystem, y por ahí se cuelan también Keith Richards o Koko Taylor. No está mal para afrontar el último mes de 2011, ¿no os parece?



noviembre 2017
L M X J V S D
« May    
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
27282930  

Sígueme en Twitter

Categorías