Archivo para 30 enero 2012

30
Ene
12

San Diego y Los Angeles

Lo reconozco. De los muchos viajes que hago por trabajo, el ir a San Diego dos o tres veces al año es de la clase de viajes que vale la pena. No lo puedo evitar, tengo fijación con los USA. Y bueno, tienen cosas que ofrecer. Mi itinerario era el habitual para cuando voy por allí: Barcelona – Londres – Los Angeles – San Diego.
Llegué al aeropuerto de Los Angeles a media tarde, aunque el cambio de hora hace que para mí, fuera de madrugada, con el agotamiento físico que implica. Pero queridos, cuando llegas a la zona de alquiler de coches y el tipo de Hertz se te lamenta porque con GPS (como indicaba en mi reserva), sólo puede darme un coche pequeño, como un Chevrolet Camaro (??!!), te das cuenta de que ciertas cosas pasan sólo allí. Cómo no, acepté sus disculpas, y aparcadito me esperaba, negro, reluciente, ese pedazo de coche. Aunque lo cierto es que en ese país, los coches son ridículamente baratos. Un carro como el que llevé, dudo que costara más caro de 25000 USD.
En cualquier caso, permitidme que rompa mitos, y que nadie me entienda mal, estaba como un niño con zapatos nuevos, pero conducir un Camaro es muy incómodo. El asiento está casi en el suelo, y el techo es muy bajo, por lo que la postura a adoptar es con la espalda muy inclinada, y aún así, la cabeza me rozaba el techo. El hecho de ser un coche automático (como todos en USA) hace que la sensación de aceleración cuando uno mete la tercera, luego la cuarta, la quinta y si se tiene, la sexta, se pierde. En fin, pecata minuta, queridos. De Los Angeles a San Diego hay unos doscientos kilómetros, aproximadamente. Un paseíto, por lo menos en domingo por la tarde, si el tráfico acompaña.
Porque, y aunque San Diego es una ciudad bonita, especialmente también el área a su alrededor, con pueblitos de playa y pesca (más recreativa que otra cosa), mi interés estaba centrado en Los Angeles. He estado varias veces en esa ciudad, y qué puedo decir: me gusta mucho. Por desgracia, habitualmente no estoy más que unas horas, una mañana o una tarde. En un par de ocasiones pasé un fin de semana, cosa que recomiendo a cualquiera.
Los Angeles, a diferencia de San Diego, carece de su, digamos, rollito Good Vibrations, de esa tranquilidad y amabilidad que supura el área de Southern California. Los Angeles es fría, extremadamente grande, apenas hay gente caminando por las calles, a excepción de paseos como Venice Beach, hay mucha pose. Y por supuesto, nunca, por nada, se os ocurra ir sin coche. Se trata de una ciudad diseñada para los coches. Porque así es como vive, por otra parte, el americano medio. O si no, por qué os creéis que permiten conducir a partir de los 16 años y que los coches son todos automáticos (ergo, hasta un chimpancé podría conducirlos).
Chevrolet Camaro… EL coche
Mi día para Los Angeles era el viernes. El plan, sencillo, despertarme pronto, conducir hasta allí, aprovechar la mañana y llegar no más tarde de las cuatro y media al aeropuerto LAX. Y todo iba bien, hasta que faltaban unos 35 km. Entonces topé con el clásico atasco de la entrada y salida de la ciudad. Y eso sin ser hora punta. Ya contaba con ello, no obstante. Y tenía una ruta marcada, para no liarme ni perder el tiempo.
La primera parada era en el 6400 de Sunset Blv, lugar donde está Amoeba Records. Pero antes, justo enfrente, hay un local de la mejor cadena de fast food del país, ya he hablado de ella en otras ocasiones: Jack In The Box. De modo que dejé mi Camaro en el parking del local (allí todo tiene parking) y di buena cuenta de un sano desayuno hamburguesero. Dos apuntes te recordaban dónde estabas. Dentro del local un homeless tomando un café, de los muchos que hay por las calles (y cuando digo muchos, es muchos), un cochambroso negro con una silla de ruedas y un acompañante. El negro pasaba del acompañante porque estaba escuchando música por un discman. Tipos raros, sí, otra constante de la ciudad. Y luego entra una rubia oxigenada, pelo corto rollo 80’s, vestido negro, botas altas y gabardina. Acaba de aparcar un cochazo en la puerta, y nada más entrar, se dirige al baño. Fastidiada porque la puerta del baño está cerrada (hay que pedir que te abran), se larga sin pedir nada, y se queda en el parking jugando con su smartphone.
Un buen sitio para reponer fuerzas… para cuando una franquicia de Jack In The Box en Barcelona?
Acabado mi desayuno, tengo que aparcar fuera. Hay una especie de zona azul, en la que cada plaza tiene un expendedor de tickets de hora. Pago por una hora (la estancia máxima permitida) y me voy, ahora sí, a Amoeba Records. Ya he hablado otras veces de esta tienda, y no me cansaré. Mucho material, pero lo mejor, es su sección de ofertas. Cientos de discos inicialmente no dispuestos a la venta, por ser copias de promoción, o para radios, en un estado perfecto, no como en las lamentables tiendas de segunda mano españolas, a precios entre 1,99 y 2,99 USD. Por si fuera poco, te llevas tres y pagas cuatro. Por supuesto, perdí la cabeza y acabé con 40, por los que pagué unos miserables 90 USD. Compré de todo, desde discos que no había escuchado nunca, como PJ Harvey o Soundtrack Of Our Lifes, a completar colección, como REM, U2 o Stones, o a renovar algunos CD’s que tenía grabados, como QOTSA o Stone Roses.
Cuando me di cuenta, mi tiempo se pasaba, y tuve un error de cálculo, la chica tardaría unos 10 minutos largos en quitar el protector de cada CD y cobrarme. Pues bien, cuando llegué al coche, tenía una maravillosa multa de aparcamiento. Sí, queridos, vuestro viejo amigo Kar es ahora mismo un delincuente para los Estados Unidos de América. Por diez miserables minutos que me pasé de la hora, tenía una multa de 58 USD, que podía abonar dejando la pasta en el sobre de la multa, en un buzón, por un teléfono u online. Supongo que optaré por esta última. Después de lo de Megaupload, no me siento muy cómodo teniendo un dinero a deber al Gobierno Federal.
Casi mola más el cartel que el sitio…
Mi siguiente destino lo había leído en una entrevista a Bunbury (sí, él otra vez!), en el que hablaba de una tienda de artículos extraños, que por el nombre, ya me gustó: La Luz De Jesús. No estaba muy lejos, no más de 15 minutos conduciendo. Resultó que la tienda también tenía una pequeña galería de arte. Y su material, de lo más curioso. Desde libros sobre Anton LaVey hasta máscaras de luchador mejicano, pasando por muñecos de Kiss o El Silencio de Los Corderos, para incluir también bastante material más digno de tienda de chinos hispánica, como llaveros con forma de hoja de marihuana. Nada me convenció especialmente, pero el sitio resultaba curioso.
Necromance… malas vibraciones… por cierto, está prohibido hacer fotos en el interior…
Otra tienda era el siguiente objetivo: Necromance, en Melrose. Melrose es una avenida más agradable que Sunset, por ejemplo, la calzada sólo tiene 4 carriles y los edificios están más juntos, y casi se puede pasear. No deja de ser un ambiente curioso para un sitio como Necromance, donde se rinde culto a la muerte. Al entrar, música de cámara, de un ambiente más bien fúnebre, como tiene que ser. Animalillos disecados, pieles de serpiente, elementos hechos de hueso… mal rollo. Andaba yo buscando una calavera. No preguntéis. No encontré lo que quería, así que pregunté a la dependienta. Como el 70% de la gente en las tiendas, era hispana. Vestida, como mandan los cánones, toda de negro, resultó ser más maja de lo que las malas vibraciones del lugar parecería indicar. Me dijo que ellos, no, pero en una tienda “couple of blocks away”, tal vez. No encontré tampoco allí lo que quería, pero me paseé un poco por el lugar, que no conocía, y mira, no está nada mal Melrose.
Alijo de CD’s de Amoeba Records… también compré la edición Deluxe del último disco de Chris Isaak… canela en rama, queridos…
Antes de ir al aeropuerto, hice una parada técnica en un 7Eleven en busca de una bebida, un último capricho que sólo puedo hacer en USA… beber Dr. Pepper o Vanilla Coke. En esta ocasión me decanté por esta última. No sé por qué nadie se anima a traer estas bebidas a la Celtiberia. A mí, me harían feliz. Y con mi sed satisfecha, encaré hacia el aeropuerto. Iba con el coche en reserva, y se me ocurrió tirar sin repostar. Ahora lo veo como una idiotez, porque, de acuerdo, eran sólo 25km, pero no conocía el coche, no sabía cuánto me duraría la reserva, y si me hubiera dejado tirado, sinceramente, no sé qué hubiera hecho… ¿llamar al 911? ¿dejar el coche allí y caminar dios sabe cuánto en busca de una gasolinera en que me quisieran vender una bolsa de combustible? En fin, niños, no hagáis estas tonterías. Que ya las hago yo por vosotros.

Canciones:
R.E.M.: “Driver 8”
QOTSA: “I Was A Teenage Handmodel”

Chris Isaak: “Ring Of Fire”

23
Ene
12

Lo mejor de la semana. Semana 14

Aunque suelo escribir estas entradas, y de eso se trataría, en la noche del domingo, esta vez, el lector espabilado que ve la fecha y la hora, se dará cuenta de que pone lunes 23 y la hora, pues algo entre las 5 y las 5’30 de la mañana. La razón de estas horas intempestivas, más propicias de irse a dormir que de levantarse, la tenemos en que vuelvo a estar de viaje. Sí, queridos, I’m on the road again, esta vez en un lugar que es como reencontrarse con un viejo conocido: San Diego… y con ello, iniciamos lo mejor de la semana:

3.- San Diego: Bueno, por si alguien es nuevo por estos lares, o simplemente, desmemoriado, desde hace un tiempo, viajo a esta ciudad de dos a tres veces al año, por motivos laborales. Mi relación con los viajes de trabajo es de amor/odio. Por un lado, bueno, son muchos días fuera, días sin poder hacer lo que uno quiere, donde uno quiere hacerlo, y lejos de ese ente que denominaríamos “los míos”, conformando una especie de esclavitud de 24 horas con el trabajo. Por otra parte, los viajes tienen un punto excitante que me llena y que me gusta vivir. Claro que hay viajes y viajes. Y entre los buenos, San Diego es un buen destino. Para un tipo mitómano como yo, ir a USA es siempre de agradecer. Y más si en el alquiler de coches te dicen que lo lamentan pero que de coches con navegador “sólo” les queda un Chevrolet Camaro!!! Creo que aparcaré unos días lo de las 31 Canciones, y ya iré contando de mi California Tour January 2012.

2.- Bunbury: El sábado estuve en el concierto del Licenciado Cantinas en Barcelona. Y debo decir que salí con una pequeña decepción. El lector avispado se preguntará por qué sitúo al maño entre la tríada de lo mejor semanal, y a la vez hablo de decepción. La cosa va por su concierto en particular. Para mi gusto, muy descompensado y con un repertorio más que discutible. Pero si lo destaco es porque considero que Bunbury sigue siendo una estrella, y de eso, en la Celtiberia, no quedan muchas. Tiene estilo, tiene tablas, sabe manejar un escenario y su banda es excelente. Pero lo que me hace destacarlo es que el tío tiene un par de huevos, y se permite el lujo de hacer lo que le viene en gana, en lugar de ir a lo fácil. Y de momento lo dejo aquí, pero espero desarrollar el tema en una entrada futura.

1.- Californication: La temporada 3 de esta serie me causó una profunda decepción. Tanto es así que me quise olvidar de Hank Moody y sus andanzas por un tiempo. Sin embargo, y con las expectativas francamente bajas como tenía puestas, durante el viaje de hoy he comenzado la cuarta temporada y al final, he visto cuatro episodios que me han gustado bastante. Y me alegro de que haya subido el nivel. Para mi gusto, al final de la temporada 2 agotaron la fórmula, pero todavía hay algo que realmente aguanta la serie y la hace interesante, y eso son los personajes de Hank Moody y Charlie Runkle. Gracias a esta pareja, y al carisma como personajes de la serie, hacen que los giros y bajones de la trama pasen a un segundo plano. Lo mismo son sólo los cuatro episodios que he visto hoy, pero por el momento, me han dejado ganas de continuar. Y eso es lo mínimo que deberíamos reclamarle a una serie, ¿no creeis?

Canciones:

Foghat: “I just wanna make love to you”
Vampire Weekend: “A-Punk”
Kiss: “Black Diamond”
17
Ene
12

31 Songs – Kar: Bizarre Love Triangle (2)

Al principio me tomé este asunto de mi atracción por la canción “Bizarre Love Triangle” como una especie de guilty pleasure. Entonces estaba en ese momento de obertura de mente, de descubrimiento de bandas y discos. Un buen día, pasabas por una tienda y comprabas tu primer disco de Neil Young o un colega te prestaba el debut de Blind Melon y se abría un mundo nuevo. A veces, y digo sólo a veces, tengo la sensación de que nada me sorprenderá tanto como la primera vez que escuché un disco de David Bowie o el arranque del “Led Zeppelin I” o incluso el “Forever Blue” de Chris Isaak. Todo eso son pamplinas, claro. Pero la capacidad de sorpresa, un poquito, sí que la he perdido. No hay muchos Frank Sinatra, ni muchos Kiss, ni muchos Temple Of The Dog. Y sí, en su momento, descubro el debut de Wolfmother o de los Strokes y me dejan noqueado, pero sabes que no son unos nuevos Doors o unos nuevos R.E.M. Y aunque parece que me estaba yendo por las ramas, en realidad no. En realidad, en esa época había pasado de escuchar el rock alternativo de mi adolescencia a empaparme de clásicos para pasar luego a seguir a toda aquella banda que fuera glosada en Popular 1. De ahí la rareza de lo de “Bizarre Love Triangle”.
New Order no eran una banda de rock. Ni siquiera una banda de pop como las que yo estaba acostumbrado a disfrutar. Aquello podía calificarse como una suerte de techno-pop. Uuuufff… la fatídica etiqueta… techno-pop… Y me rompió los esquemas el quedarme prendado con una canción como “Bizarre Love Triangle”. También estaba “Blue Monday”, pero aquella era más electrónica al uso. Al uso de 1987, claro, pero al uso. Y desde luego, en el Popu seguramente la habrían puesto a caldo. Al “Bizarre Love Triangle”,a New Order y todo lo que ello significó. Yo descubrí, sin embargo, que había algo más allá del rock. Pero sobretodo, había algo más allá de los dictados de Popular 1, revista que a día de hoy sigo comprando religiosamente, sí, pero con mi propio criterio, no con el de César Martín.
No me las voy a dar ahora de gran fan de New Order, grupo al que ventilo con un buen recopilatorio (por ejemplo, “Substance 1987”) y que aunque pueda disfrutar mucho, no me provoca la necesidad de tener que indagar más en su carrera o en sus LP’s. Y sin embargo, “Bizarre Love Triangle” me parece una canción redonda, en donde nada falta ni sobra, comenzando por la letra y acabando por su ritmo sintetizado.
Aquella fue una buena época… sabéis cuando se dice que la universidad es la época más divertida, la del desmadre, la de las fiestas, y todas esas bobadas? Pues bien, para mí, no fue así. Mi etapa universitaria fue un pedazo de mierda aburrida, llena de exámenes parciales, finales, prácticas, y para colmo, tener que trabajar en los típicos trabajos de estudiante. Con lo cuál, el acabar la universidad y comenzar a trabajar… bueno, aquello sí que supuso una pequeña liberación. De repente, tenía mis horas de trabajo, claro, pero nada de estudiar ni de hacer informes en casa. Y luego está el desagradable asunto pecuniario, que, quieras que no, tiene su importancia. Así que esa fue una etapa divertida. Todo un sueldo mensual para gastar en discos. Fines de semana completamente libres. Descubrimiento de los jueves por la noche. Alcohol. Rock n’ roll. Y por qué no, acabemos la noche en cualquier discoteca, que a partir de ciertas horas intempestivas acaban pinchando “oldies” y tanto New Order como Depeche Mode o incluso Soft Cell o INXS acabarán cayendo.
No quisiera acabar sin mencionar la versión que Jewel hizo de “Bizarre Love Triangle”. No está nada mal la vuelta de tuerca que le dio a la canción, lo cuál, es lo mínimo que se le debería pedir a una versión. El problema fue que acabó tratándose de un corte que se usó como jingle en anuncios y en cortinillas de televisión, y por supuesto, se quemó. Afortunadamente, no fue así con el original de New Order.
17
Ene
12

31 Songs – Kar: Light My Fire (1)

Pues resulta que he decidido retomar algo que comencé hace casi dos años. Como dije en su momento, esto se lo estoy copiando a ERIC WAITS, quien a su vez, lo copió del libro de Nick Hornby, y a su vez, posiblemente Hornby lo estuviera copiando a alguien: viva la originalidad en Internet. Con esta entrada y esta canción iniciaba una serie que debía tener 31 episodios, y que, como en una serie puteada por la audiencia, no pasó del episodio piloto. Retomo, pues, aquella entrada de Marzo de 2010, con la pretensión de continuar. No serán todas las entradas así a partir de ahora. Pero sí pretendo acabar esta subsección dentro del blog. Esperemos que en esta ocasión, dure más de un episodio.

NO SON LAS CANCIONES QUE MÁS ME GUSTAN, NI TAMPOCO LAS QUE MÁS ME HAN MARCADO EN MI VIDA, PERO DESDE LUEGO, TODAS ELLAS HAN SIGNIFICADO ALGO.

Esta canción la descubrí cuando tendría unos once años. Eso lo puedo imaginar, principalmente por las circunstancias, y porque en esa época se había estrenado la película de The Doors de Oliver Stone, y de repente, podías ver a Jim Morrison en la tele y sus canciones volvían a sonar en la radio como si de novedades se tratara.

Sucedió una noche, probablemente sería verano, y andaba trasteando con un radiocassette que me habían regalado. Me dedicaba a escuchar canciones de la radio, con el dedo preparado en el botón de REC, para grabarlas en mi cinta particular. Eso suena hoy en día a la prehistoria, y no hace todavía 20 años. Qué mala es la edad.

Seguramente ya había escuchado esa canción, creo recordar que por aquél entonces se pasaba un videoclip de Light My Fire por la tele, con Val Kilmer haciendo de Morrison. Aunque también podría ser Break On Through… no sé. En fin, lo supongo, porque si no, no sé qué extraño mecanismo me llevaría a pulsar el dichoso botón de REC. Por aquél entonces me estaba comenzando a interesar por el rock, pero de una manera muy superficial. Así que a no ser que cuando el locutor mencionara a The Doors, o bien recordara la canción, o bien pensara que era otra…

Por supuesto, el locutor todavía estaba hablando cuando comenzó a sonar el tema, así que tuve que sacrificar unos segundos. Y también, por supuesto, en la radio pincharon la versión corta del tema, la versión que la discográfica Elektra recortó a una duración que encajara con los singles del mercado de entonces, y pudiera vender. Dicho de otro modo, durante varios años, para mí, Light My Fire no tenía esa caracterísitica intro de teclado, para mí empezaba directamente con un redoble y con Morrison cantando “You know that it would be untrue”, y por supuesto, tampoco tenía ese pretencioso y larguísimo solo central. Y qué más me daba: me encantaba así.

Esa canción me lleva a varios años más tarde, cuando tendría unos 17 años y comencé a trabajar haciendo algunas cosillas mientras estudiaba, sobretodo dando clases particulares. Algún día, queridos y queridas, os tendría que hablar de ello. Pero no hoy. El caso es que por aquel entonces de repente me sacaba a la semana lo que me parecía, dada mi miserable economía estudiantil en la que me había movido desde hacía demasiado, una pequeña fortuna, toda mía, que gastar en caprichos. Y uno de ellos fue un doble CD recopilatorio “The Best Of The Doors”. El contenido no era muy original, los típicos clásicos de la banda. Pero cuando llegué a Light My Fire… oh, sorpresa… duración de la pista, 7:05… no puede ser, pensaba yo. Mi Light My Fire era una cancioncita corta de 3 minutos. Se habrán equivocado. Pulso el play, y de entrada me topo con la intro, pero el shock vino cuando me encontré con los 4 minutos de solo de órgano centrales. Y he de reconocerlo, al principio no me gustó. Prefería la versión mutilada.

Ya lo veis, cosas de la costumbre. La de veces que había escuchado esa cinta roñosa. Qué más había en esa cinta? Así, a bote pronto, recuerdo algo de U2, el 7 Seconds de Yossou N’Dur y algo de un raperillo español de lo que no quiero acordarme. No me culpéis, tenía sólo 11 años. Ahora acabo de escuchar la versión corta tras muchísimo tiempo y me suena extraña. Será eso, la costumbre.

16
Ene
12

Lo mejor de la semana. Semana 13

La verdad es que el frío me destroza. De acuerdo, la semana ha sido durilla en lo que a trabajo, y esos asuntos terrenales que poca importancia tienen aquí se refiere. Pero estas temperaturas me dejan con muy pocas ganas de hacer nada. Vagancia. La baja frecuencia en las actualizaciones del blog son una clara muestra. Una entrada. Una sola entrada entre que os comentaba lo mejor de la semana 12 y hoy, en que comento lo mejor de esta semana 13. Vaaaaale, ahora tendré cientos de comentarios de los miles de lectores de NDK que viven en zonas mucho más frías que donde tengo mi mansión y mis 400 chimpancés. ¿Qué queréis? Yo soy yo, y mis circunstancias. De modo que espero que la semana que viene, el clima haya mejorado o bien me encuentre con más ganas de tener actividad. 

Un momento… me comunican por el pinganillo que he recibido el galardón a la redundancia, por haber repetido más veces la palabra “semana” en un párrafo. Enhorabuena, mis queridos chimpancés… Y con esta buena nueva, pasamos a lo mejor de la semana:

3.- “Homenatge A Catalunya”, de George Orwell: Acabé esta novela, quizás poco conocida de un clásico como Orwell. Y aunque si hay un tema maniqueo y sobado en la Celtiberia, ése es el de la Guerra Civil, leer una novela como la de Orwell supone una verdadera bocanada de aire fresco. De entrada, porque puede hablar en primera persona de lo que él vivió, como miliciano en el frente e implicado, a la fuerza, en los disturbios de Barcelona del 37. Pone unos cuantos puntos sobre las íes, da una curiosa visión externa (por su condición de extranjero) e interna (por haberla vivido) de la guerra y muestra, además, una verdadera figura idealista, un romántico que se arriesgó su vida en un país que estaba anclado en el siglo XIX. Lo peor, una lamentable traducción a un catalán que casi parece una lengua distinta a la que usan Qim Monzó o Sergi Pàmies, por poner dos ejemplos.

2.- Ocean’s Eleven (2011), de Steven Soderbergh: Pues no, no la había visto nunca… si es que soy un puto snob. Pero una peli de robos y tal, con George Clooney, Brad Pitt y Matt Damon, pues como que me daba grimilla. Prejuicios, sí. Y la vi el otro día. Y mira por dónde, me gustó. Es divertida, y tiene un ritmo trepidante. No es una maravilla, como tampoco creo que lo fuera la original de Sinatra y compañía. Un Sinatra que, por cierto, mientras como cantante es, sencillamente insuperable, como actor siempre me pareció una medianía. E incluyo sus títulos más celebrados, como “El Hombre Del Brazo De Oro” y “De Aquí A La Eternidad”. No me lo tengas en cuenta, Frankie, sabes que te admiro.


1.- Outtakes de los Rolling Stones: Hoy me he pasado buena parte de la tarde rastreando Internet en busca de un tema que una vez escuché en la radio, de unas sesiones de grabación de los Stones, y que jamás pude recuperar. La canción acabó por no publicarse nunca, y por alguna razón que no he sido capaz de descifrar, me ha venido a la cabeza. No os daré más detalles, porque pretendo dedicarle una entrada. Sólo diré una cosa, a menudo me da por pensar qué se les pasaba por la cabeza a la hora de incluir o descartar canciones en sus discos oficiales.

Canciones:

Joe Cocker: “Guilty”
The Shazam: “Nine Times”
Journey: “Wheel In The Sky”

11
Ene
12

Depeche Mode

Uno de los regalos que los Reyes me trajeron el otro día fue este:
Ni mirra, ni pollas!!!

Curiosa mi evolución con respecto a Depeche Mode. Hasta hace 7 u 8 años, odiaba a este grupo. Ahora no es que sea el mayor fan de mundo, pero sí me gustan lo suficiente como para tener alguno de sus discos y sobretodo disfrutar de su legado en forma de hits, fantástico, en su etapa a partir de 1986.

Mención aparte merece ese celebérrimo “Just Can’t Get Enough”, contenido en su disco de debut de 1981. Pertenece a su etapa inicial, y fue compuesta por Vince Clarke, quien era el tío que escribía las canciones en los Depeche Mode más pipiolos. Tras publicar ese debut, Vince Clarke abandonó el grupo, y las labores compositivas, que recayeron en Martin Gore, dándole una vuelta a la sonoridad de la banda, que se fue tornando más definitiva y personal conforme avanzaban los 80’s. Y sin embargo, “Just Can’t Get Enough” es una canción estupenda. Y no, no me refiero al rollo de guilty pleasures ni de revival 80’s. Me gusta, y me parece una canción que debería sonar en todas las pistas de baile que se precien.
Está claro, sin embargo, que la música de Depeche Mode se volvió realmente interesante cuando comenzaron a practicar esa especie de techno-rock del que tanto bebió Trent Reznor, y muchos, muchos otros. Creo que no tienen un disco realmente redondo, pero de esa etapa 86-98 se me ocurren como una quincena de temas realmente incontestables. Una vez, andaba tirado en un hotel italiano, o algo así, y topé con la emisión de un concierto de Depeche Mode, precísamente en Milán, sería de la gira de “Exciter” (2001) y … aquello, definitivamente, me abrió los ojos: Depeche Mode son un gran grupo. Y no solamente son un gran grupo, sino que además, tienen un buen directo, gracias a esa fiera escénica que es su cantante David Gaham.
Resulta francamente curiosa la evolución de Gaham, cayendo en todos los tics rockeros posibles. Todos los adorables tics rockeros, ya sabéis, excesos, tatuajes, egomanía y sustancias. Sí, amiguitos, el señor Gaham, tan oscuro, tan afectado, tan británico, le daba al alpiste cosa fina, y lo está contando de puro milagro. Que no todo el mundo es Iggy Pop en esta vida. Pero me alegra. Todo ello proporciona un plus extra a un concierto de Depeche Mode, está claro que un frontman interesante no es algo fácil de encontrar. Últimamente he leído críticas sobre, digamoslo así, un exceso de partes pregrabadas en los conciertos de Depeche Mode. Vamos, que casi parecía el karaoke de mr. Gaham… no sé qué hay de cierto o no, pero diablos, lo escuchado, suena muy potente. Y me hacen venir ganas de presenciar uno de sus conciertos.
En este momento, en el de las giras de Depeche Mode, es cuando me viene a la mente mi odio irracional que durante los 90’s experimenté hacia este grupo. La culpa, en gran parte, era de su base de fans. No llegan al extremo de ascopena de los fans cerriles de U2 o de Bruss, pero le andan cerca. A primeros de los 90’s, el fan medio de Depeche Mode era, por lo menos para mí, un pijito de Barcelona. Y por lo que fuera, identifiqué al grupo como algo así como el enemigo a batir. En esa época, también, tenía un amigo del instituto. Era un buen chaval, un año mayor que yo, repetidor. Era el Gordo, en todas las clases hay uno, y él, lo era, cosas de los colegios. El Gordo tenía una especie de obsesión extraña por la música de los 80’s, lo cuál no dejaba de ser extraño en 1993, en un chaval de su edad. Supongo que por marcada influencia de sus hermanos. Se dedicó durante todo un año a cantarme las excelencias de la música 80’s en general, y de Depeche Mode en particular. ¿Y qué iba a hacer yo? Pues por supuesto, despreciar a ese grupo con toda mi alma y con la opinión más cerrada y ciega posible. Para qué, si ya tenía a mis Nirvana o a mis Guns n’ Roses o a mis R.E.M. … ya véis, eso es una opinión parcial y absurda donde las haya. Para mí, eso eran los 90’s, y los 80’s sólo consistían en Rick Astley, Madonna o Milli Vanilli. Pero bueno, todos hemos sido adolescentes atolondrados alguna vez, ¿no? Luego avanzaron los cursos en el instituto, y del Gordo, poco o más bien nada he vuelto a saber desde que acabé el COU. Una vez me lo encontré, tres o cuatro años más tarde. Me hizo ilusión verle, nos saludamos, y hablamos 5 minutos, lo justo para darnos cuenta de que no podíamos estar más lejos. De todas formas, por los buenos tiempos pasados, y por la chapa que me dió con los dichosos Depeche Mode, vaya este homenaje para él. Gordi, al final, va a ser que tenías razón.
Canciones:
Depeche Mode: “Condemnation”
Depeche Mode: “A Question Of Time”
Depeche Mode: “Home”
09
Ene
12

Lo mejor de la semana. Semana 12

Para quien se haya incorporado hace poco a la lectura de NDK, seguro que no recordará esta subsección que llevé durante una temporada y que, en un alarde de mi poca constancia, dejé, hace ya demasiado. Para que os hagáis una idea, esta es la semana 12… cuando la semana 11 fue la correspondiente al domingo 20 de septiembre… de 2009!!! 

Bueno, la mecánica no tiene gran misterio, así que no me centraré en explicarla. Y tampoco vale la pena extenderme en tópicos y más tópicos sobre cómo pasa el tiempo y los 20 meses que separan la Semana 11 de esta Semana 12. Así que vayamos a lo mejor de esta semana que se acaba, que para esto estamos aquí:

3.- Fin de las Navidades: Sí, queridos y queridas, el período conocido como “Navidades 2011” se ha finiquitado. No hace tanto que me gustaban las navidades. De un tiempo a esta parte, sin embargo, me dan bastante pereza, tanta celebración, tanta tradición y tanta hostia. Y aunque ahora comienza el que sin duda es el período más sombrío del año, los meses de enero y febrero, alegro que se hayan acabado las dichosas fiestas. Por cierto, no me negaréis que estos dos meses, por lo que tienen de retomar el trabajo si se ha tenido vacaciones como yo he tenido (sufrid, mortales!), por el frío (los meses más fríos en Barcelona, por lo menos enero), por la dichosa cuesta (que levante la mano el que no se haya gastado demasiada pasta estos días), porque no hay ni un maldito día festivo…

2.- Amy Winehouse, “Lioness: Hidden Treasures”: Aunque irregular y morboso, el disco publicado con los retales más decentes de la cantante fallecida sigue ofreciendo algunos destellos de calidad. Ni la mitad de interesante que “Back To Black”, no deja de ser un placer reencontrarse con la Winehouse, después de que pasaran tantos meses haciendo de ella un personaje público que casi, casi había desplazado a la cantante. Gracias, Santa Claus.

1.- “Drive”: El año comienza fuerte! Menudo peliculón! Lo que más destacaría es esa aureola diferente que muestra. Ok, como definición, no es gran cosa, pero no se me ocurre algo mucho mejor. Desde ese inicio con los planos nocturnos de LA y los títulos de crédito simulando neón rosa, esa extraña elección de música deudora del synth pop ochentera, ese protagonista que desde ya lo podemos situar en la galería de personajes del cine para recordar… una sorprendente cinta. Desde luego no es perfecta, pero mirad, la vi hace dos días y todavía ando dándole vueltas. Y eso, para mí, es mucho. Totalmente recomendable.

Ah, y feliz cumpleaños a Elvis y a Bowie!

Canciones:

Amy Winehouse: “Best Friends, Right?”
College Ft. Electric Youth: “A Real Hero”
The Shazam: “Getting Higher”

07
Ene
12

Lenny Kravitz

 Lo cierto es que ponerme a hablar de Lenny Kravitz hoy en día no forma sino parte de mi querencia por llevar la contraria, y si es posible, tocar un poco los huevos. Nunca desprecié una causa perdida, nunca negaré que son mis favoritas… Y es que si en una entrada anterior hablaba de Vanessa Paradis, bueno, quizás este es un buen momento para dedicarle estas líneas al amigo Kravitz. Y quisiera hacerlo porque aunque hoy en día, mencionar a Lenny Kravitz implica perder, automáticamente, el respeto de la parroquia rockera, diablos, no puedo negar que este tipo tuvo muy buenos momentos. De modo que vayamos directos y a la yugular: entre 1989 y 1995, Lenny Kravitz grabó un puñado de discos interesantes. Darse cuenta de que ya han pasado más de quince años desde sus últimos buenos momentos da vértigo. Luego la cosa fue decayendo y la calidad de su música, desde entonces, pasa por entre un estado comatoso y algún destello de lo que otrora fue.
 
Cuando un músico posa así para el libreto interior de su disco (“Circus”, 1995), es difícil tomárselo en serio.
La aparición de Lenny Kravitz en el rock n’ roll, en las puertas de la década de los 90’s, fue una pequeña sorpresa, aunque más por su imagen de negro tocando rock and roll y su aureola tan retro, en una época en la que los negros se dedicaban al rap, al soul decadente o al R&B que acabaría dominando la música americana. Con alguna honrosa excepción, como los Living Colour, ver a un negro pegando guitarrazos era cosa extraña. Y aunque su disco de debut, “Let Love Rule” (1989) ya era interesante, y contenía alguno de los singles que hacía parecer que estábamos ante un diamante en bruto, como la homónima “Let Love Rule” y ese cachondo “Mr. Cab Driver”,  no fue hasta su segundo disco cuando la cosa se ponía más seria. 
 
Así, en 1991 publicaría “Mama Said”, que contaba con la colaboración de Slash, y tenía un arranque de lo más prometedor, con cuatro joyitas encadenadas, “Fields of Joy” , “Always on the Run” (firmada por Kravitz y Slash), “Stand by My Woman” y la celebérrima “It Ain’t Over ‘til It’s Over”… vaya cuatro canciones! Probablemente “It Ain’t Over…”   se ha convertido en la típica canción que uno acaba aborreciendo a base de demasiadas escuchas, y aún así, que me aspen si no es un temazo (y pido perdón por adelantado por usar un término tan sobado y tan mal utilizado como ése). Luego el disco se iría desinflando, poco a poco, hasta acabar aburriendo y con el oyente pidiendo la hora. Pero bueno, era el terrorífico segundo disco, que tantas decepciones ha dado al fan, y el chico había pasado el examen con una nota más que razonable. 
 
¿Esto qué es? ¿Un travesti meando?
Sin embargo, con su tercera grabación, “Are You Gonna Go My Way?” (1993) Lenny Kravitz ya se muestra como lo que acabaría siendo durante toda su carrera: un trilero, un tipo capaz de componer algunas canciones incontestables, singles de unas hechuras fantásticas, pero incapaz de grabar un disco que merezca una escucha entera. Este trabajo de 1993 es una buena muestra. Tomemos por caso el tema “Are You Gonna Go My Way?”… una de las mejores canciones de la década de los 90’s, lo digo aquí y ahora, y uno de los saqueos al legado de Led Zeppelin mejor ejecutados. Y “Believe”, una bonita balada. ¿Qué tal el resto del disco? Relleno que pasa de lo aceptable a lo aburrido. 
 
En 1995 publica su cuarto trabajo “Circus”, para mi gusto, el más equilibrado, y  el único que puedo disfrutar entero. Así, “Circus” reincide en su mezcla habitual de hard rock setentero, algo de funk y un poquito de soul, consiguiendo una colección de canciones con algo más de gracia, en su conjunto. “Rock n’ Roll is Dead”, “Circus”, y “Can’t Get You Off My Mind” suponen los puntos álgidos de un disco que también contiene algunas canciones menos populares pero también muy aprovechables, como la funky “Tunnel Vision”, la rockera “Magdalene” o esa empanada cristiano-espiritual que es “The Resurrection”. 
 
Va, ahora en serio, era una apuesta, ¿no? Seguro que le dijeron “A que no hay huevos de posar como fuera para la revista Zero”…
Si la música de Lenny Kravitz se podía mover en una onda más rockera o más soulera, siempre había un adjetivo que se le podía aplicar: retro. Y estaba bien, Kravitz se jactaba de usar viejas técnicas de grabación, no dejarse llevar por sonoridades presentes, y a decir verdad, con mayor o menor fortuna en sus largos, su colección de singles hasta ese momento era, insisto e insistiré hasta la saciedad, incontestable. Por eso uno se pregunta por qué, en 1998, con su quinto disco, que en un alarde de originalidad, tituló “5”, decidió cambiar y sucumbir al mundo del ProTools. Y por primera vez, sea ello casualidad o no, su disco es flojete, pero sus singles también. Resulta curioso que los singles de ese disco se hicieron más populares que nunca fuera de la parroquia consumidora de rock and roll, y acabaron siendo pasto de los spots publicitarios a los que dieron banda sonora. ¿O igual fue al revés, acabaron como música de anuncio y por ello se hicieron más populares que ningún otro de sus singles? Así, canciones como “Fly Away” sonaron sin parar, pero amigos, ninguno de los cortes de ese disco se podían comparar con sus singles pretéritos. 
 
Y cuando podía parecer nada más que un pequeño tropezón, en 2001 publica “Lenny”, un disco aburridísimo con un single como “Dig In” que sin ser una mala canción, resulta un arquetipo de canción Lenny Kravitz, con una sonoridad de guitarra y una construcción muy reconocible, pero, por ejemplo, “demasiado” parecida a aquella “God Gave Me Everything” que le compuso a Mick Jagger. En definitiva, parecía como si Lenny Kravitz ya compusiera con el piloto automático puesto. Tenía el arquetipo de canción rockera y el arquetipo de balada. Para cada disco, le cambiaba la letra y un par de detalles, y hale, a publicar nuevo trabajo. Su disco del 2004, “Baptism” es un claro ejemplo: contiene dos singles como “Where are we running?” y “California”, canciones majas sin más, pero siguiendo la fórmula Kravitz mencionada anteriormente, y siendo una sombra de lo que fueron los singles que solía publicar este tipo. De sus últimos discos poquito puedo añadir, por desconocimiento, más que la constatación de que nuestro protagonista de hoy se perdió para el rock n’ roll hace ya demasiado tiempo. Que han pasado ya 17 años de 1995… Así, ¿podemos esperar algo de Lenny Kravitz hoy en día? Me temo que nada. Y sin embargo, el recopilatorio que publicó en 2000 es lo que podría decirse el mejor disco del neoyorquino, y diablos, un gran disco!
Esta foto ya no me atrevo a comentarla… dios bendiga los brillos!
Siempre se ha hablado de Lenny Kravitz como un músico muy interesante, por su capacidad como multiinstrumentista y por su revisión, desde finales de los 80’s, de un legado, el del hard rock de los 70’s que, no lo olvidemos, en esa época estaba todavía algo vilipendiado, y no sería hasta entrada la década de los 90’s cuando se reivindicaría con fuerza. Luego se le descubriría el truco de trilero que le hizo parecer más de lo que nunca fue. A pesar de todo no se puede negar que el tío tiene buen gusto. De hecho, solía animar el cotarro con gemas en sus entrevistas que estaban entre lo entrañable, por su absoluta devoción por los popes del rock clásico, y lo ridículo. Suyas son frases como “Nirvana no estaban mal, pero no le aguantarían a Led Zeppelin ni un asalto” (de una entrevista de 1994).
 
En su época fue reverenciado como algo así como el “nuevo Prince” y artistas de lo más dispar han grabado canciones suyas. Por ejemplo, Madonna grabó un “Justify My Love” firmado por Kravitz (en un ejemplo atípico de su música). Y años más tarde, el propio Mick Jagger utilizó una composición suya como primer single de su disco en solitario “Godess in the Doorway”.
 
¿Qué es lo que ha hecho de Kravitz un músico poco respetado por la parroquia rockera? Resulta evidente que el terrible bajón cualitativo de sus grabaciones a partir de mediados o finales de los noventa le pasó una factura difícil de asumir. Y a partir de esa premisa, cualquier desliz se convierte en flagrante. Y es que Lenny Kravitz nunca ha sido amante de los anonimatos. Siempre fue una figura excesiva. Lo que ocurre es que cuando registraba buenos discos, todo eso se diluía. Incluso en la revista Popular 1, donde se le suele poner a caldo, copó como mínimo una portada, sería a principios de los 90’s. 
 
Su aspecto físico, más parecido a un modelo trasnochado que a un músico de rock n’ roll, le ha granjeado muchas opiniones negativas. Aunque si bien es innegable que para el público masculino, a veces, nos es difícil comulgar con ídolos apolíneos, sesiones de fotos suyas como las que incluyó en la carpeta interior de su disco “Circus”, donde bordea el mayor de los ridículos, dan la razón a sus detractores. Hablando en plata, que si fuera más feo que el Fary seguramente su aspecto físico sería menos relevante (en una de esas injusticias del rock más machista, cierto), pero claro, Kravitz siempre ha sido, en muchos aspectos, un poco como el Cristiano Ronaldo del rock. Lenny Kravitz ha pasado de ser un rockero a ser un famosete pasto de la tele y las revistas del corazón, bien sea por sus propios actos, bien por sus novias/parejas/rolletes. En fin, nada que no le pasara a un Dave Navarro o a un Chris Cornell, que parece ahora recuperado para la causa, pero que pasó por temporadas muy bajas.
 
Canciones:
 
Depeche Mode: “Wrong”
José Guardiola: “Sixteen Tons”
My Morning Jacket: “Circuital”
04
Ene
12

Cronología musical

Así es como veían el año 1969 Iggy & The Stooges, para su debut homónimo, poquito en común con otros compañeros generacionales que lo pintaban todo de paz y amor. Lo suyo era más destrucción y mala leche. Lo de las drogas sí, lo tenían en común. Me encanta esa guitarra, tan básica y tan sucia, y esa manera de cantar de Iggy. Ok, no es poesía pura, pero escuchar a Mr. Ostenberg cantando eso de Last year I was 21 / I didn’t have a lot of fun / And now I’m gonna be 22 / I say oh my and a boo hoo dice mucho con muy poco.

Y un año siguiente, para su segundo disco, The Stooges grababan otro tema, en este caso, 1970, otro bombazo, donde cada vez que Iggy escupe “I feel allright” te llega el olor a alcohol, humo y sudor. De acuerdo, dicho así, suena desagradable, pero a veces, eso es el rock n’ roll. Ahora, mi parte favorita es el movimiento final, con ese saxo que suena más duro que cualquier guitarra amplificada al 11.
1976 sería descrito de un modo muy diferente por unos pipiolos Redd Kross, que metían este corte en su 4º disco, Third Eye (1990), trabajo a partir del cuál, para mi gusto, comienza lo realmente interesante de su discografía. Una rareza en esa época, demasiado alternativo para las radios, demasiado chicle para el rock alternativo, demasiado naïve, demasiado todo para el hard rock ochentero, demasiado… demasiado bueno, hostias! Por cierto, para la parte en la que cantan “This is the era, this is the time / You know you’ve got to boogie ‘cuz your platforms are fine” contaron con un imitador de Paul Stanley. En su siguiente disco, el imprescindible Phaseshifter (1993) incluyeron en el libreto una foto muy cachonda de los hermanos McDonald (almas de Redd Kross) junto con Gene Simmons (y Kim Gordon de Sonic Youth).
1984era el año apocalíptico en el que George Orwell situaba una sociedad paranoica y constantemente vigilada por un ente al que llamaban Gran Hermano… se equivocó por 20 años… en cualquiera de los casos, esa novela, que, dicho sea de paso, no me entusiasmó tanto como esperaba, inspiró el primer disco del Bowie post-Ziggy Stardust, un movimiento que hay que reconocerle a David Bowie como valiente: en lugar de seguir exprimiendo el personaje y el estilo que tanto éxito le había dado, hace un giro bastante radical hacia el soul, el funk y otras negritudes variadas. Y sale airoso, qué duda cabe: su “Diamond Dogs” (1974) es un disco que mantiene el alto nivel de sus predecesores e incluye esta visión Orwelliana del año en cuestión.
Sin embargo, no sería la única visión de 1984 que daría la música. Cuando Van Halen publicaron su sexto disco, estaban en lo más alto del hard rock y de su popularidad, prueba de ello es, entre otras muchas, lo que Marty McFly le hace escuchar a su padre en Regreso Al Futuro, por ejemplo. Ellos no sólo titularían una canción 1984, sino un disco entero, que abrían con una intro instrumental de título, también, 1984, mostrando la inusitada pasión que Eddie Van Halen mostraba, de repente, a los sintetizadores, para dar paso luego a la celebérrima Jump, luego Panama… un no parar.
Y cerramos con otro año, 1999, al que Prince dedicó un álbum doble, ni más ni menos, en 1982, os podéis imaginar, una empanada referente al cambio de siglo que en el año de Naranjito se veía cercano, pero todavía como algo más propio de la ciencia ficción, que pintaba ese siglo XXI como algo maravilloso donde la tecnología resolvía los problemas de la humanidad, y los que vivimos ese cambio de siglo, nos dimos cuenta de que en realidad, no había para tanto, y que el 1 de enero de 2000 eramos la misma raza de simios atontados. Sea como fuere, el disco lo abría el tema homónimo, 1999, y a la postre, mi canción favorita de Prince.

Y tengo que dejar esta particular cronología aquí, porque no se me ocurren más canciones tituladas como años, pero si conocéis algún tema con este tipo de títulos, no dejéis de decírmelo!
02
Ene
12

Chiquitito de la Calzada – REPRISE

El siguiente texto salió publicado en el blog el 3 de abril de 2007. Obviemos los comentarios acerca de oyoyoy cómo pasa el tiempo y demás topicazos del tempus fugit, y hagamos una lectura:
Esta es una historia triste, de una persona que rozó las mieles de la fama y el éxito con las puntas de sus dedos… pero no lo logró. Y lo peor es que no lo logró porque no le dejaron. Corría el año del señor 1995, y en el programa Esta noche cruzamos el Mississippi surgió un actor que estaba predestinado a hacer las delicias de una generación de teleespectadores. Se trataba de Chiquitito de la Calzada. ¿Qué? Tampoco le recordáis vosotros, ¿no? Bueno, no se os puede culpar, pues su aparición fue efímera y poco más tarde desapareció, para que llegara Lucas Grijander y se ocupara de hacer olvidar al genuíno, a Chiquitito. Mas tarde mutaría en Crispín Klander para acabar siendo un gordo sin gracia llamado Florentino Fernández.

Pero yo lo recuerdo. Vagamente, pero lo recuerdo. En aquella época, el gran Chiquito de la Calzada estaba en la cresta de la ola, y el mundo todavía no se había llenado de patéticas imitaciones del personaje. Así que Pepe Navarro, otro que también estaba en lo más alto con un programa como no se había visto en la tele española (que sí en otros países, como EUA) decidió crear un personaje que amenizara el show, y de ahí surgió la idea de mostrar a un supuesto hijo no reconocido del cómico: ladies & gentleman, please welcome Chiquitito de la Calzada!!! Un actor de quien apenas tengo algunos recuerdos hacía de hijo/imitador del original, pero lo hacía con gracia y aportaba una vuelta de tuerca al estilo chiquitesco realmente divertido. Tanto fue así que el propio Chiquito de la Calzada, y también el canal que le tenía en nómina, Antena 3, presionaron para eliminar el personaje. Y la presión mediática lo consiguió. Apenas estuvo en antena unas semanas, porque tras el parón estival del programa, Chiquitito nunca reapareció en septiembre. En su lugar, otro personaje había tomado su lugar, partiendo de la misma base, pero diferente. Y peor. Me refiero, claro, a Lucas Grijander.

La redacción de NDK no ha podido localizar una imagen

A partir de ahí, ya todo fue caída en picado. La popularidad de Grijander se hizo irritante, y lo que es peor, ya surgían imitadores de Chiquito de la Calzada por todas partes. Más triste todavía, lo común era encontrarte con imitadores de los imitadores, sin que ya nada pudiera hacer el viejo Chiquito ni Antena 3. Estaba en la calle!! El urbano de la esquina te gritaba quietorrl, cuando no te entendían algo de lo que hablabas te decían comorl y de repente a todo el mundo le entraba una especie de baile de San Vito, juntando los dedos, doblando la espalda hacia delante y moviendo los brazos mientras decían como posesos jarl, por la gloria de mi madre, etc… Lo peor es que, realmente, qué gracia tenía ver a tu jefe, a tu cuñado o al panadero de tu barrio hacer algo tan ridículo. Y de los sosias televisivos, pues la gran mayoría eran merecedores del paredón, a excepción de ese engendro que creaba Arús llamado Nuñito de la Calzada (la imitación de Josep Lluís Nuñez que a su vez imitaba a Chiquito… brutal).

Y mientras tanto, hay un actor aún desconocido, al cual dedico la entrada aun sin saber ni siquiera su nombre, sin apenas recordar sus gags, salvo que en su momento recuerdo que me gustaba. ¿Quién fue el culpable? ¿Un Chiquito de la Calzada envidioso de un éxito a su costa? ¿Pepe Navarro que prefirió a un gordo desconocido? ¿Antena 3 y su presión mediática? ¿El propio público?

En fin, si alguien lo recuerda mejor que yo, por favor, que no dude en sumarse a este sentido homenaje al cómico desconocido.

*****
Hasta aquí, lo que había escrito en aquél momento. Pues bien, el otro día, navegando por Internet con mi iPad mientras zanganeaba en la piscina de mi mansión, esperando como estaba que me sirvieran el dichoso gin-tonic como dios manda, di con la pista clave. Sí, amiguitos, lo que el equipo de redacción de NDK, esos 200 chimpancés amaestrados, no logró descifrar, vino a mí como una revelación, como una epifanía. Jodíos simios! Y eso que les había dado fiesta para ir al sepelio de la Mona Chita! 
Os presento al equipo de redacción de NDK
Todo vino con un artículo-homenaje a Juan Antonio Canta, quien acabó suicidándose tras ese extraño éxito que cosechó de la mano de sus apariciones en el programa de Pepe Navarro. Lo cuál aporta un plus de repelús a un personaje con una vertiente claramente siniestra como es Pepe Navarro. Había colgado un vídeo de Youtube:
Sé que el sector cerdete de lectores de NDK (una mayoría) se habrá estado deleitando con las jamelgas en 90’s style que salían de fondo, de modo que os ayudaré. El dichoso Chiquitito de la Calzada aparece haciendo el monguer de fondo, aunque en el minuto 1:11 parece estar mirando a cámara. Bueno, está claro, esas bermudas, esa gorra: era él!! La resolución que nos ofrece Youtube es paupérrima, y sin embargo, no fue muy difícil dar con él, ya que los títulos de crédito del final me darían la pista definitiva. Si pausáis el vídeo en el minuto 2:06 aparecen la relación de los actores participantes. Hay cuatro nombres, uno de ellos es una mujer. Nos quedan tres, pero de esos tres, uno es Carlos Iglesias, AKA Pepelu, por lo que no, tampoco es él. De modo que la búsqueda se centraba en dos nombres.
Al final, nada que no resuelva Google Images: Marcos Arizmendi es el cómico desconocido! Bueno, yo tampoco lo conocía, y, al fin y al cabo, han pasado 17 años… resulta ser un cómico y monologuista, y en su hoja promocional reza lo siguiente:

“Prolífico y versátil son los adjetivos que mejor definen a este humorista y cantante onubense.”

No me diréis que no tiene cara de ser prolífico y versátil…
Sea como fuere, al final he tenido que ser yo quien resolviera un misterio que, lo sé, os tenía en vilo desde hacía casi cinco años. Por supuesto, he bajado al sótano donde tengo a los monos y les he abroncado cosa fina. Después, me he atado en cinturón del albornoz, y he vuelto a bajar a mi piscina. “Mimosa” de los Fun Lovin’ Criminals sonaba de fondo, un trozo de pepino flotaba en mi gintonic recién preparado y la vida volvía a ser maravillosa.

Canciones:

Kiss: “Crazy Nights”
Amy Winehouse: “Will You Still Love Me Tomorrow”
Rosendo: “Masculino Singular”




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