Archive for the 'prensa' Category

13
Oct
13

hemeroteca: black eyed peas. Rockdelux, 1999

De entrada, dos conceptos que me resultan bastante ajenos. Por un lado, la revista Rockdelux, paradigma de publicación aburrida para modernos y snobs. Por otro lado, esos fabricantes de hits para las discotecas y las FMs de medio mundo. Así que vayamos con las consabidas acotaciones.

Rebuscando entre mis pilas de revistas, encontré unos cuántos números de la revista Rockdelux. El cómo acabaron en mis manos, resulta ser algo cuanto menos peculiar. Todo viene de mi época estudiantil, cuando pasaba bastante rato en la biblioteca municipal de mi barrio. En los descansos, o durante los períodos de distracción, me acercaba a la sección de prensa, a ojear diarios y revistas. Y la dichosa Rockdelux siempre estaba. Y sí, ojeaba la revista Rockdelux, tal vez en busca de algo… no sé, quizás me estaba perdiendo algún apunte de modernidad que podría cambiar mi visión de la música. Evidentemente nunca llegó, pero durante diez minutos, me hacía pasar el rato. Un buen día, una de las bibliotecarias me comentó que estaban haciendo limpieza, tirando revistas pasadas, y que como me había visto ojeándolas, me ofrecía si quería llevarme a casa algunas. Sinceramente, me supo mal decirle que no, y acabé con varios números de Rockdelux, de las que me quedé unas cuantas en las que habían una serie de reportajes resumiendo distintos aspectos de lo que había sido, musicalmente, esa década de los 90s.

850 pesetazas que costaba, no era moco de pavo...

850 pesetazas que costaba, no era moco de pavo…

En lo que a los Black Eyed Peas se refiere, no me avergüenza decir que algunos de sus hits tienen su gracia. Por lo menos para su contexto, el de una discoteca o una radio convencional. El clásico “I’ve Got A Feeling” me parece un hit muy bien hecho, de esos que uno ya no puede soportar escuchar ni una vez más, a causa de su sobreexposición. Y bueno, sus primeros éxitos me recuerdan a una época muy fiestera que pasé, en el que solía acabar en locales muy poco rockeros, y en donde siempre, tarde o temprano, el DJ acababa pinchando alguna de sus canciones.

Así, llegamos a la confluencia de ambos conceptos, Rockdelux y Black Eyed Peas. No hace mucho, ojeando una de las revistas que os mencionaba anteriormente, en concreto el número de RDL 163, de mayo de 1999, me topaba con una reseña de un disco de los Black Eyed Peas. Una curiosidad. Aquí la tenéis.

RDL peas1

la foto 3

Como se puede ver, es una reseña hecha por un Óscar Broc que por entonces no tenía esa fama mediática de apariciones radiofónicas y televisivas que tiene actualmente. Nada que objetar, de hecho, los hermanos Broc, como colaboradores en programas, me caen bien. En fin, como se puede leer, hay más de un elogio a su concepto de hip-hop. Está claro que era otra época, y los tiempos de pasar a ser un cuarteto, con maciza incluida (Fergie) todavía quedaban lejos. Por entonces eran un trío masculino rapero. Supongo que todo el mundo tiene derecho a querer ganarse las habichuelas, y si me puedo comprar un Jaguar, pues mejor que mejor, y parece que Will I. Am vio claro que los cuartos no estaba en el hip-hop sino en la música de baile.

... sin la maciza Fergie no es lo mismo...

… sin la maciza Fergie no es lo mismo…

Habrían varios inconvenientes: seguramente la revista Rockdelux nunca jamás les volvería a reseñar un disco, y también, seguramente, ya no recibirían los elogios de Óscar Broc. Sospecho que la pena por ello les durará a los Black Eyed Peas el tiempo que tardan en quemar un billete de cien dólares para encenderse un puro. Y en cuanto a la revista Rockdelux, pues hace años que no ojeo ningún ejemplar, y supongo que seguirán con su rollo snob y pretenciosamente aburrido de siempre. No os creáis, durante los 80s aparecían por sus páginas personajes como Loquillo  o Willie DeVille, que jamás esperaríamos encontrarnos en tal publicación. Pero eso os lo reservo para otra entrega de esta hemeroteca.

 

Canciones:

Santana: “Guajira”

The Flaming Sideburns: “Loose My Soul”

Hanoi Rocks: “Tragedy”

 

 

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06
Mar
13

EL VIAJERO PROFESIONAL DESEMBARCA EN VENEZUELA PT.3 (y al final se murió Chávez… y yo sigo por aquí)

Al final se ha muerto Chávez hoy. Llevaba dos días oyendo chascarrillos e insinuaciones de los lugareños, y lo que todo el mundo se pensaba, y yo me temía, ha ocurrido. Y ahora, ¿qué? Pues realmente, y a mi alrededor, de momento, nada. Me ha pillado el acontecimiento cuando acababa de llegar al hotel, después de haber terminado la jornada. Por momentos, la señal telefónica, el 3G y el GPRS se perdían, de tanto colapso, puedo entender, Twitter echando humo y los venezolanos llamándose y enviándose mensajes y whatsapps. Las noticias en España hablaban de unidades del ejército y la policía saliendo a las calles para controlar posibles alborotos. Yo no he visto nada, pero claro, tampoco esperaba que una masa enfurecida portara sus forcas y sus antorchas a la puerta de mi hotel, para cargar contra el imperialismo. Lo único anormal ha sido que me han cancelado una cena que tenía esta noche. Así que de momento, más bien que mal.

De todas formas, por más que ahora me haga el chulito, por más que bromee con el asunto, reconozco que en un momento de esta tarde, he buscado el teléfono de la embajada española en Caracas. Por si acaso. Que nunca se sabe, y los militares suelen ser mala gente con demasiadas ganas de usar sus armas y lucir sus uniformes. Aunque realmente, no creo que nada ocurra. Hay siempre dos realidades paralelas, la de las grandes cosas, la que se ve en la prensa y los noticieros de televisión, y luego la realidad de la calle, la de la gente que vive, que trabaja, que se toma unas cervezas y que trata de follar con quien pueda. Esas pequeñas cosas que no se dicen, como en la novela de esa escritora india que se puso de moda en los 90s.

Mañana supongo que iremos a trabajar, con el inconveniente de toparme con una Caracas más embotellada de lo que lo es habitualmente, por la presencia probable de manifestaciones y de tipos uniformados. El entierro parece ser que se celebrará el viernes, justo el día que me voy, de manera que más vale que me arme de paciencia para llegar al aeropuerto. Según la prensa, el gobierno decreta 7 días de luto nacional, lo cual, realmente, no sé qué significa. No creo, por desgracia, que signifique que no se trabaja, porque mi hotel tiene una piscina fantástica. ¿Acaso cerrarán los bares de copas? ¿Y los restaurantes? ¿Qué diablos se hace durante un luto nacional?

Así que de momento, eso es todo. ¿Qué os esperábais? ¿Acaso esperábais a vuestro buen amigo Kar corriendo entre fuego cruzado? ¿Escapando por la embajada en un helicóptero militar? ¿Detenciones? ¿Purgas? Pues lo siento, pero de momento, la aventura es mucho más vulgar. Lo que me congratula, no negaré que a pesar de todo, no veo el momento de tomar ese avión el viernes por la noche.

CANCIONES:

The Psychedelic Furs: “Pretty In Pink”

Prince: “When The Doves Cry”

Isley Brothers: “Footsteps In The Dark”

14
Ene
13

Michael Jackson y las leyendas ochenteras (1)

Para los que fuimos niños en la década de los ochenta, nos resulta inevitable olvidar a Michael Jackson, porque independientemente de sus aptitudes musicales, la realidad es que fue la gran superestrella de la década, con una popularidad que hacía difícil el mantenerse desconectado de aquello que hacía o dejaba de hacer. O por lo menos de lo que nos llegaba a nosotros. Porque amigos, aquello eran los ochenta, y en España. Y nosotros unos criajos. Esta ecuación daba como resultado un estado de desinformación con su consiguiente generación de mitos y leyendas que veo hoy en día con una mezcla de ternura y vergüenza.

En esa época había sólo tres canales de televisión, los dos generalistas españoles, más la TV3. Tampoco había, por supuesto, Internet. Como he dicho, éramos unos niños, y no leíamos, claro, la prensa. La información que no se daba en la tele, la captábamos como podíamos de conversaciones entre adultos (el clásico “mi padre dijo…” o “mi hermana me ha contado que…”) o de furtivos visionados de revistas, por casa, en el dentista o en la peluquería. Las revistas tenían fotos y eran más sencillas de leer por un chavalín, que los periódicos, ya sabéis. Si la anécdota en cuestión era amable, iba al ¡Hola! o al Lecturas de mi abuela, o incluso a la Súper Pop de mi hermana. Si había situaciones escabrosas o podía contener algún carácter delictivo, la podías leer en Interviu, Época o Cambio 16. Si se trataba de verdadera carroña con poca credibilidad, se podía leer en el Pronto. Esas eran, claro, las informaciones más divertidas.

Uno adquiría esos datos y automáticamente tenía el deber moral de compartirlo o comentarlo con los compañeros de clase. Tal vez alguien más podía aportar algún otro apunte. Por entonces, la cosa iba generalmente de comportamientos extraños, de muertes o de supuestas historias de miedo. Recordemos que en esa época el sexo seguía siendo tabú, por lo menos para niños de ocho años, quienes si pillábamos en la tele un pase de una película española, entrábamos en shock. Por supuesto, temas como la homosexualidad eran inexistentes en la vida “normal”, ya no hablemos de ningún tipo de parafilias. De modo que no, no comentábamos si no sé quién resultaba ser marica o a no sé quién otro le habían pillado vestido con la ropa interior de su pareja. Y sin embargo, leyendas urbanas como la de la muerte de la cría que interpretaba el papel de Carol Ann en “Polstergeist”, por supuesto, porque se había practicado espiritismo para su rodaje y unos fantasmas cabrones se habían puteado, causando tan cruel venganza, estaban a la orden del día.

Una de las fuentes de comentarios y chascarrillos de mi niñez ochentera era, sin duda, Michael Jackson. Está claro que en esa época, Jackson era una estrella pop que todo el mundo conocía. Y cuando digo todo el mundo, me refiero a todo el mundo. Pero además, en esa época se dedicó a cultivar una fama de freak, cuando ninguno de la chavalada podía imaginar, siquiera, qué quería decir eso de “freak”. Permítanme subrayar el hecho de que desde el propio equipo de Jackson, cultivaban esa imagen de tipo rarito y extravagante. Está claro que Michael Jackson era raro y extravagante, y eso resultó sólo el principio de la espiral en la que se estaba metiendo y de la que ya no saldría, ni siquiera post-mortem. Y sin embargo, durante los 80’s, Jackson y su camarilla practicaban el viejo proverbio de “que hablen de mí, aunque sea mal”.

Bien, para la chavalería de mi entorno, habían tres temáticas acerca de Michael Jackson que daban para una larga tertulia:

1.- La Cámara Hiperbárica en la que dormía. Por supuesto, para nosotros el término “cámara hiperbárica” era demasiado científico. Sería algo así como “una cama especial, como frigorífica, en la que duerme para no envejecer”.

2.- Su proceso de blanqueamiento de la piel.

3.- Los espíritus, que le perseguían y puteaban, enfadados como estaban por su videoclip de “Thriller”. Sí, los espíritus y su mala leche eran un tema común entre los críos, como podéis observar.

¿Importaban acaso “Beat It” o “Man In The Mirror”? ¿Los millones de copias despachadas de “Thriller”? ¿La genialidad del moonwalk? ¡No! Importaban esas tres historias escabrosas, y el hecho de que se llevaba la mano a la entrepierna cada dos pases de baile, cosa, obviamente, de lo más escandalosa. Con el tiempo, he podido conseguir echar un poco de luz a esos tres asuntos que nos tenían en vilo. Así que vayamos a ello.

Aquí Jacko, echando una siestecita...

Aquí Jacko, echando una siestecita…

La historia de la cámara hiperbárica es de lo más ridícula, y una clara muestra de la locura en la que se movía Michael Jackson y su entorno a mediados de los ochenta. Parece ser que el origen de todo está en 1984, cuando Jackson se recuperaba de su accidente tras el spot de Pepsi, en el Brotman Memorial Hospital. Allí había una cámara hiperbárica que se usaba para ayudar a la curación de víctimas de quemaduras muy graves (mucho más que las que Jackson sufrió). Uno de los médicos de ese centro, el Dr. Hoefflin, su cirujano plástico, tenía la particular teoría de que dormir en esa cámara podía prolongar la vida, teoría con una base endeble, pero que fascinó, como no podía ser de otro modo, a Michael, quien en seguida quiso comprar ese artefacto. Su representante de esa época, Frank Dileo, le persuadió de gastarse el dinero en aquel trasto, aunque desde luego, podía pagarla. Y Michael, por capricho, quiso, al menos, fotografiarse dentro.

La fotografía en cuestión, y la historia, fue filtrada al National Enquirer, y desde el propio entorno de Jackson (y el propio Michael), decidieron darle cancha a esa historia, afirmando que realmente sí había comprado la dichosa cámara hiperbárica, de ahora en adelante, una cámara especial para dormir que le alargaría la vida hasta los 150 años. Consideraron que era una promoción gratis para su gira. Era entonces 1986 y el Bad Tour comenzaba.

Por supuesto, ésa fue la historia que me llegó de crío. Por alguna razón, Michael Jackson creía que una historia que le pintaba irremediablemente como un freak, le iba bien, publicitariamente hablando. Probablemente no calculó la proyección que todo aquello iba a tener, y las consecuencias que a la larga le repararía el ser “el rarito del pop”. Las superestrellas de la música han hecho muchas excentricidades, comenzando por Elvis, por ejemplo. La diferencia es que no las filtraban a la prensa, como Michael. Aquello fue un error táctico se mire por donde se mire.

CONTINUARÁ

Canciones:

Nick Cave & The Bad Seeds: “Running Scared”
R.E.M. : “Tongue”
REdd Kross: “Uglier”

26
Dic
12

LIBRO DEL MES (DICIEMBRE): “La Magnitud Del Desastre”, Oriol Llopis

Alguien me podrá decir que cuando ya no es el músico, sino el crítico o el periodista musical, el que publica sus memorias, es que todo se nos ha ido de las manos. Y probablemente no le falte razón. Aunque las mías para hacerme con este libro eran dos. O tal vez tres. La primera, es que me siento más cerca del periodista musical que del músico. Egoísmo. Ya que soy consciente que ser estrella del rock me queda muy lejos, me puedo conformar con escribir sobre rock. Porque el periodista musical es, al final, un fan, ¿no?. La segunda, que Oriol Llopis es todo un personaje, bregado en mil batallas de toda índole, y un tipo con cosas que contar de cómo era estar trabajando con el rock n’ roll en nuestro país. Y la tercera, que es razón pero no lo es tanto, porque leí comentarios buenos sobre este libro.

Oriol Llopis es un crítico musical que lleva metido en el mundillo desde mediados de los 70’s, con revistas tan cruciales para la escena en el país como Vibraciones, Disco Express, Star o finalmente, Ruta 66. De un modo intermitente. Tan intermitente como su estilo de vida lo permitía. Sí, Oriol Llopis fue un vividor, tan amante del rock n’ roll como de hacer lo que le viniera en gana, incluyendo darle al alpiste mucho más de la cuenta, y tener que costearlo de muchos y muy variopintos modos, pero también dejándolo todo para escaparse al Paraguay en plena dictadura, o tener que vivir altibajos que le llevaban a deber empezar de nuevo, con trabajos como una empresa de repuestos automovilísticos o un safari park en Alicante.

No es un libro sobre rock, aunque por supuesto, se habla de rock. Quizás más de rock como actitud, aunque éste último término esté más denostado, que como música. De hecho, sí, se habla de música, pero de un modo tangencial. Tampoco podría decirse que es una biografía al uso, porque está estructurado caóticamente, sin una cronología, con saltos temporales y espaciales definitivamente necesarios.

No deja de quedarme la sensación de que el autor, Llopis, calla (definitivamente mucho) más de lo que cuenta. Y sin embargo, es suficiente. Sin llegar al estilo pedante de Sabino Méndez, ni a su meticulosidad, dentro del desorden, que muestra en sus libros “Corre, Rocker” y “Hotel Tierra” (recomendables, pardiez!), sí que guarda ciertos puntos en común. Especialmente por narrar cómo era estar relacionado con el rock n’ roll hace 30 y 40 años en España. Incluso podría emparentarse de algún modo con determinados parajes del libro “Memorias De Un Gángster De Barcelona”, de Lluc Oliveras, donde se narraba la vida de Dani El Rojo.

La promoción del libro habla de periodismo gonzo o de kamikaze. No hay para tanto, pienso yo, por lo menos, no por lo que cuenta. Y sin embargo, da buena muestra de un defecto de la crítica musical, que él ha evitado, y es esa tendencia a querer nadar y guardar la ropa, o incluso a ver los toros desde la barrera. Llopis no es que viviera como una rockstar, más que nada porque económicamente no podía. Pero siempre que pudo lo intentó, como mínimo, hacerlo de un modo libertino y libre. Mientras el dinero llegaba para los vicios, fuesen estos los que fuesen.

Tenía un look de lo más molón, en los 70s

Tenía un look de lo más molón, en los 70s

 

Aunque el estilo es ágil y muy fluido, haciendo que el libro se lea de un tirón, me irrita especialmente esa manera de escribir de Oriol Llopis, lleno de giros supuestamente coloquiales, de onomatopeyas, de expresiones pretendidamente callejeras. Se puede pretender escribir tal y como se habla, como se habla en la calle, y sería algo muy lícito. Pero sabéis cuándo veis una peli de Fernando Colomo, de esas que rodó a mediados de los ochenta, y los personajes hablan con eso que se dio en llamar “cheli”, el argot callejero de la década de los calentadores y las hombreras… pues el libro parece algo así. Y amigos, desde que Ramoncín publicó un libro a modo de “diccionario” cheli (“El Tocho Cheli”), ya no puedo con eso. Sinceramente, no recuerdo si en el Ruta 66 también escribe así, pero al lado de esa prosa extremadamente recargada y complicada de Jaime Gonzalo e Ignacio Julià que siempre fue santo y seña del Ruta, parece que lo haya escrito un niño de trece años.

Pecata minuta, pues cuando leemos una autobiografía (y por favor, dejadme subrayar el prefijo) de una persona que realmente tiene cosas que contar, se agradece. Echo en falta, sin embargo, ser más incisivo, un poco más ordenado, y por dios, hablar un poco más de música. O de los músicos. Un tío que ha estado con Johnny Thunders, con Iggy, con Burning o con Dogo y Los Mercenarios, forzosamente, tiene que bastante más que explicar que lo narrado en esas páginas. Podría decir que tal vez para el siguiente volumen, pero me temo que no habrá siguiente volumen.

Canciones:

LCD Soundsystem: “New York I Love You”

Nancy Sinatra: “You’ve Only Live Twice”

The Monarch: “’69 Monaro”

14
May
12

Los asesinos, los suicidios, los visitantes inesperados y Australia

Hace mucho que no escucho a The Killers. Durante un tiempo lo hice, he de confesar. No os creáis, no hay ningún tipo de rubor, si bien es cierto que esta clase de confesiones me resta credibilidad ante la parroquia ruockera de NDK. En fin, de un tiempo a esta parte no creo en los carnets de rockerío que en su momento repartía el apóstol César Martín, y estas martingalas de lo que se debe y lo que no se debe escuchar me la traen bastante al pairo.
Todo empezó hace quince días, cuando leí en el diario la noticia del suicidio de un miembro de la banda. Ahí los amigos de El Periódico De Catalunya jugaron con el sensacionalismo, puesto que el suicida era un tal Thomas Marth, saxofonista no considerado como miembro oficial del grupo, aunque sí un músico de apoyo que llevaba un par de álbumes colaborando con el grupo. Pero claro, vende más si en el titular dice “se revienta la cabeza un miembro de The Killers”que no si se titula “se suicida Thomas Marth, saxofonista conocido por sus colaboraciones con The Killers”. En cualquiera de los casos, en ese momento llamaron a la puerta. Me levanté del sofá a abrir. Lo hice sin escrutar la mirilla, craso error. Abrí y sin mayor dilación me dijo “hola, soy tus recuerdos” y se coló en mi casa. De modo que saqué unas patatuelas y un par de birras. Total, ya lo tenía dentro, qué iba a hacer? Era demasiado grande y fuerte como para echarle a patadas, aunque con gusto le hubiera tirado por la puerta como hacía el Tío Phil con Jazz.
The Killers habían sido para mí los tíos que cantaban aquello de“Somebody Told Me”, un tema que no estaba nada mal. No les tenía sino por unos candidatos a los Jitazos Fugaces, hasta cuando publicaron “Day & Age”, en 2008, si bien, al principio, no le hice mucho caso a ese disco. Sin embargo, en los bares y en las radios, comencé a escuchar continuamente una canción que me recordaba horrores a los U2 de primeros de los 90’s, a una canción por la que el Bono de hoy en día vendería a su madre. Supongo que atraído por ese single, un buen día, en FNAC, dando lo que era al principio una inocente vuelta de reconocimiento, me entró uno de esos arrebatos en los que el dinero te quema en las manos, y comencé a coger CD’s de los estantes. Sin saber bien cómo, había salido con varios euros de menos, y varios discos de más, fruto de una compra compulsiva. Entre ellos había ese “Day & Age”. Y os diré, queridos míos, que el disco no está pero que nada mal. Es más, me parece un disco de pop fuera de clasicismos y muy interesante. Ecos de los U2 de 1991-1992, aureolas glammy, mucho Bowie, tanto de los 70’s como de los 80’s, un cierto deje ochentero también en forma de Tears For Fears o, incluso, algo de The Cure. ¿Qué os parece?
Y a la tercera birra, después de gorrearme las patatas, mi invitado forzoso me explicó de qué iba todo aquello. Tres momentos de los tres últimos años vendrían a visitarme como los tres fantasmas que fueron a ver a Evenizer Scrooge, todos ellos por obra y gracia de los dichosos The Killers. Uno de ellos me lleva a mi primer viaje a Australia, en mayo de 2009. Estaba alojado en un jodido suburbio de Melbourne, llamado Kew. Un sitio sin nada que hacer donde tenía un pub cercano en el que pude disfrutar una noche de un partido de fútbol australiano mientras me ponía hasta el Ohio de cerveza, de manera que llegué haciendo eses a mi hotel y me quedé dormido con ropa. Qué queréis, era mi última noche allí.
Y cada mañana, al despertar, encendía el televisor, y sintonizaba un canal de videoclips. Ya sabéis, el típico canal de clips tipo radiofórmula. La radiofórmula en Australia es mejor que en la Celtiberia, os lo puedo asegurar. El caso es que cada maldita mañana programaban los mismos videoclips. A la décima mañana viendo eso, uno tiene la sensación de estar en “Atrapado en el Tiempo”y de que Sonny & Cher están a punto de sonar. Me salvaba un clip, el de “Spaceman” de The Killers, un tema que me recuerda un poco al Bowie de “Diamond Dogs”. En cualquiera de los casos, ya esperaba, cada mañana, mi sesión de “Spaceman”, para poder arrancar el día. Ponerme a cantar y bailar esa canción, en calzoncillos, en mi habitación, se convirtió en un ritual.
Y después de esta confesión, me perdonaréis que no dé más detalles de los otros dos fantasmas/momentos que me visitaron. Cuando se acabó la cerveza, mi asaltante se marchó de casa, aunque el muy ladino se despidió con un “hasta la próxima” que me tocó las narices.
Canciones:
The Killers: “Spaceman”
Iggy Pop: “Dum Dum Boys”
R.E.M. : “Driver 8”
09
Dic
11

Madonna: SEX

La memoria tiene unos mecanismos francamente difíciles de descifrar. Sea lo que sea, y no sé (ni estoy seguro de querer saber) por qué, me acordé el otro día del libro SEX de Madonna. He tenido que tirar de mi ingente servicio de documentación (catorce monos que tengo amaestrados haciendo búsquedas por Wikipedia) para sacar algún dato más o menos fidedigno, cubriendo así esos vacíos y esas zonas grises que dejaba mi cabeza.
¿Recordáis aquello? Era 1992 cuando se publicó, y bueno, provocó todo un escándalo. Si se le echa una ojeada a los contenidos, hoy, casi veinte años más tarde, resulta tremendamente llamativa la inocencia de esa sociedad que se las daba de moderna pero se escandalizaba por imágenes como las que contenía el librito de marras. Al parecer, tanto ese libro como el disco que Madonna publicó ese año, Erotica, así como la actitud que tomó en esa época, convirtiéndose en algo así como la guarra oficial del pop mainstream, le pasó bastante factura a la diva. Y sin embargo, queridos y queridas, ese libro de fotografías eróticas vendió la friolera de 1,5 millones de copias, 150000 el primer día de su edición, y eso a 50$ que costaba en USA.
Está claro que Madonna era una estrella conocida por cualquier persona en este triste país, y su movimiento comercial llegó a ser lo que hoy se conocería como un “trending topic” de Twitter. Por supuesto, nada de lo que mostraba en esas imágenes era especial ni novedoso, pero sí lo era fuera de un circuito más o menos underground. Yo era un preadolescente (o adolescente? Dónde está el límite?) calenturiento y aquello, claro, me llamaba la atención. Recuerdo haber ojeado, a escondidas, algunas imágenes del libro en la Virgin MegaStore que había entonces en el Passeig de Gràcia de Barcelona. Por cierto, algún día tendría que hablar de esa tienda y de la de ratos que me pasé en ese lugar, hojeando libros, mirando CD’s y escuchando música.
De esta guisa se presentaba Madonna en la portada de aquél lejano número de Primera Línea
Volviendo a Madonna y el contenido de su SEX, recuerdo haber visto algunas de las imágenes que lo ilustraban, en un número de la revista Primera Línea, que presentaba un reportaje al respecto (con una de esas fotos en portada) y que unos amigos compraron, a escondidas y avergonzadísimos, como si estuvieran comprando coca. Y lo primero que pensé fue que se trató de una considerable decepción.
Por supuesto, en aquella época comenzaba a consumir un poco de erotismo y de porno, a partir de alguna revista que pasaba de mano en mano (viva la higiene, prefiero no pensarlo mucho) entre los compañeros de clase, también a partir de series y películas eróticas como La Serie Rosa o Calígula. Cualquier película española de esas en las que se veía carne y pelo, así mismo, servía. Y algo, un poquito, de porno en forma de cintas tralladísimas VHS que no se sabe cómo, aparecían en las manos de algún niño del cole e instituto y rondaban por todos los aparatos de vídeo de los alumnos.
Claro, la decepción venía cuando veía aquellas imágenes de Madonna en lencería, fusta en mano, en blanco y negro o tocándose frente a un espejo, pero en las que, maldita, apenas enseñaba nada. A ver, en esa época yo quería ver penetraciones, felaciones y desnudos frontales. ¿Insinuar? ¿A quién le interesaban las insinuaciones? ¿Y aquello realmente era tan escandaloso? Si no se le veía nada… recuerdo incluso cuando me dijeron que una conocida, ruborizada, pilló el libro escondido en el cajón de un despacho de su padre. Evidentemente, esto, leído por cualquier menor de 20 años, que con doce añitos ya se han cansado de ver dobles penetraciones en Internet, puede llegar a resultar hilarante. A mis miles de lectores que no vivieron el Mundial de Italia’90, no me lo tengáis en cuenta.
Madonna y Naomi disfrutando de un soleado día en la piscina…
Lo curioso es que he estado viendo las imágenes del libro SEX, fácilmente localizables en la red, antes de escribir estas líneas, y me han parecido mucho más excitantes hoy en día que por aquél entonces. Supongo que con 11 o 12 años, lo que quieres es ver un clítoris o una polla en la boca de una muchacha, y no te pone lo más mínimo la lencería o las imágenes sugerentes. Las fotos son, digamos, “bonitas”, en el concepto artístico de las mismas, y el uso del B/N y de la luz es excelente. El rollo es demasiado bondage y orientado a lo gay para mi gusto. Excepto Madonna, muchas de las personas que aparecen son de sexo indefinido, ellas parecen ellos, ellos parecen ellas. Pero algunas de las fotos me han puesto un poco cerdete, esa es la verdad. ¿Será que me hago mayor? ¿O será que la sobreexposición de porno, de todos los tipos, modalidades y prácticas que están accesibles con tan solo un click hace que casi no me interese? Sea como fuere, desde NDK invito a cualquiera de mis millones de lectores a que se imprima alguna de las imágenes que aparecen en ese libro y pida a Madonna que se la firme en su próxima visita de promo. Grandes risas garantizadas.
Canciones:
My Morning Jacket: “Outta My System”
Love: “A House Is Not A Motel”

Afghan Whigs: “Crazy”

22
Jul
08

Bruce Springsteen

Todo el mundo tiene sus filias y sus fobias. Especialmente en el caso de estas últimas, no tienen por que tener una justificación objetiva. Son fobias y punto. Y una de ellas, en mi caso, tiene nombre y apellidos: Bruce Springsteen. Por lo que entenderán que llevo una semanita un poco harto de tanta tontería.
Hay que reconocer que Bruce Springsteen tiene dos cosas muy chungas, y es por un lado el tratamiento que recibe en los medios de comunicación, y por otro lado, su masa de fans. Que en gran medida, una cosa lleva a la otra, y viceversa. Comencemos pues, por estos últimos. La verdad es que no deja de ser impresionante que el tío sea capaz de colocar 75000 personas en cada uno de los dos shows que ha hecho el finde pasado en el Camp Nou. Y no digo que todos esos fans sean odiosos. Hay un grueso, no todos, claro. Pero me revienta especialmente ese fan “tipo”. Ya sabréis a qué me refiero. Individuo entre 30 y 40 años, que apenas consume música (y mucho menos rock n’ roll) que no sean los discos de su ídolo, y que no va a ningún concierto que no sea del de New Jersey. Y siempre, siempre se refiere a Springsteen como “bruss”. Así, por el nombre de pila, como quien habla de su cuñado o de su compañero de curro. Y sí, tengo que mencionarlo, odio especialmente a Manel Fuentes, o por lo menos a Manel Fuentes en su papel de fan “oficial” de Bruce Springsteen.
No deja de resultarme curioso que mueva tantísima gente. Sólo hay una banda que se le podría equiparar, más o menos, me refiero a U2. Pensemos que de conciertos masivos, que congreguen a más de 40000 personas, hay muy pocos ya. Apenas The Police, los Rolling Stones, Paul McCartney (quien hizo dos noches seguidas en el St. Jordi) o Bon Jovi (que creo que acabó pinchando en su último concierto en el Estadi Lluís Companys). Pero nada, resultan ser una minucia al lado de nuestro protagonista.
Supongo que también hay muchos fans que le siguen desde hace mucho tiempo y no responden al perfil descrito (con algo de crueldad, lo reconozco), pero estaremos de acuerdo que hay una masa que no consume más música (sea en directo o sea en estudio) que el dichoso Boss. Supongo, claro, que hay también una serie de seguidores que se sienten algo desplazados por esta situación. Entiendo, no obstante, que son los menos.
En cuanto a los medios de comunicación… qué decir? Acaso puede haber mayor sarta de tópicos mal utilizados? Por no hablar del maniqueismo casi ingenuo al referirse a la supuesta consideración de Barcelona como una “ciudad especial”, o “mimada”, para Springsteen. Y nada, nos lo creemos, en un acto de provincianismo y de egolatría barata. Sí, claro, Barcelona es la prefe de Springsteen. Y de Woody Allen, claro. En fin, tratamiento muy cutre que flaco favor le hace al rock n’ roll y a la música de la banda, que no a su cuenta corriente, por descontado. Seguro que varios miles de personas acudieron a esos conciertos como acontecimiento, como quien va al espectáculo Piromusical de las fiestas de la Mercè o al Fòrum de les Cultures, o a la Expo, qué sé yo.
En lo referente a Springsteen en sí, me carga toda ese misticismo de héroe de la clase obrera. No sé, no hace falta que sea Mick Jagger o Gene Simmons (tipos que seguramente al trato deben ser más repelentes que “bruss”), pero que nadie se lleve a equívoco. Springsteen no es un colega con el que tomarse unas birras, que cada noche se escapa de incógnito a departir en los bares de Astbury Park. Ni falta que hace, diablos. Está bien que un músico sea buena gente y tal, pero no es necesaria esa pose de “podría ser tu colega”.
Fijáos, no obstante, que llevo una parrafada y todavía no he hablado de música. Pues tampoco me entusiasma su música. He de reconocer que fuera de ese contexto que rodea a las canciones (el ídolo, los fans, la fama, la épica…), su discografía tiene algunos buenos momentos. Especialmente sus primeros discos, el Greetings From Astbury Park o el The River… pero entrados los 80s’, no me gustan sus discos. Ni siquiera muchos de sus singles. Esa sonoridad 80’s me aburre. Reconozco que en todos ellos (o en casi todos) hay algunas buenas canciones, pero no, no acabo de verles el interés. En ese sentido, permitidme ser malo, pero quién quiere a Bruce Springsteen teniendo a Tom Petty, por poner un ejemplo facilón.
Reconozco ser poco objetivo (quién lo quiere ser?). Y sí, seguramente si Bruce Springsteen no fuera la superestrella que es, puede ser que me interesara más, desde luego no sería fan suyo, pero probablemente no entraría en la categoría de fobias. El precio de la fama, supongo.

Canciones:

Manic Street Preachers: “So why so sad”
Yazoo: “Body talk”
The Mighty Mighty Bosstones: “Boss of me”




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