Archivo para 31 diciembre 2011

31
Dic
11

2012

De todas las celebraciones del período navideño, quizás la de fin de año es la que más me gusta. Por todo lo que significa el cambio, aunque sólo sea de período temporal, y ni siquiera eso, a tenor de los diferentes métodos de regir el tiempo que imperan en este mundo. Pero me gusta. A quién no le parece que un cambio puede ser bueno? a quién no le parece que tal vez sea un buen momento para iniciar una nueva etapa en la que se sea más feliz? (ése debería ser el objetivo principal de todo ser humano: vivir feliz … que viva el hedonismo!!) Y no me refiero a que ahora seas un desgraciado y por lo tanto necesitas dejar de serlo. Simplemente quieres más o mejor. Una persona que no está contenta con nada al final acaba resultando un coñazo que sólo disfruta compadeciéndose en su soledad. Pero una persona que no cree necesitar ningún tipo de cambio en su vida, o es un pusilánime que se conforma con nada, o es un mentiroso (humm… ¿dónde habré leído yo ésto?)… o alguien extremadamente afortunado… pero yo no creo en esas cosas… 
Yo, que soy un culo inquieto y bastante autocrítico, me tomo siempre este evento del cambio de año como una excusa para llevar adelante proyectos, más ambiciosos a veces, propósitos estúpidos a veces. Y considero que es necesario que una persona se plantee propósitos (los buenos propósitos esos tan sobados), y claro, que trate de cumplirlos.

Ok, sé perfectamente que lo del cambio de año es una tontería, de lo más circunstancial. Sé perfectamente que en realidad, mañana no habrá cambiado nada respecto a hoy. Y esa es la gracia… no habrá cambiado nada si no hago que cambie. Y no puedo evitarlo, conforme me voy acercando a las doce, va aumentando mi excitación, para estar en un estúpido estado de euforia a las doce y un minuto. Es un sentimiento muy instintivo, muy infantil, y me gusta, qué carajo. En fin de año, no en navidad, me siento con ganas de enviar esos mensajes tontos de “feliz año nuevo” y echo de menos a los amigos que quedaron atrás.


Feliz año nuevo!!!
Sin embargo, hay temas de esta noche que no me gustan. Primero, la constatación del paso del tiempo. En unas horas será ya 2012… y qué lejos quedó 2002 o 1997… y qué viejo me hago por momentos. Me marea un poco el asunto del paso del tiempo, de lo lejos que quedan ciertas épocas que ya no volverán, etcétera… vamos, lo del tempus fugit.

Y sobretodo, y aunque parezca una paradoja con respecto a lo escrito en los párrafos anteriores, no me gusta la nochevieja ni sus celebraciones… bueno, no me gusta a partir de las doce. Cuando tenía 16, 17, 18,19 o hasta 20 años, bueno, la nochevieja era un fiestón. Pero hace varios años que dejó de gustarme… gente por todas partes, aglomeraciones, esa obligatoriedad de pasárselo bien “porque es nochevieja”, esa gente que de dice “feliz año” puesta de alcohol hasta las cejas, simplemente porque te cruzas con ella, las bragas rojas, los tipos con el traje de las bodas, …  Mientras tanto, tras las uvas me dedicaré a plantearme que mañana comienzo con mis nuevos propósitos.

Y no quiero acabar sin desear que este nuevo año 2012 sea muy feliz para todos los que leáis estas líneas!!!!

Canciones:
Bob Marley: “Exodus”
Sopa De Cabra: “Mai Trobaràs”
The Vaccines: “Post Break up Sex”
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29
Dic
11

Roger

Tal vez se trate de Roger Daltrey. O de Roger Glover. O de “Roger, The Engineer”… pero no, en este caso me refiero a Roger, el extraterrestre de American Dad, o Padre Made In USA, como creo que se ha traducido el título. Me costó meterme en esta serie. Yo era un gran fan de Padre De Familia, y esta otra serie me parecía demasiado parecida a la anterior. Ya sabéis, otros dibujos de Seth McFarlane basados en una familia, todo era demasiado, a priori, similar. Pero bueno, rectificar es de sabios, y aunque estas series (tanto American Dad como Padre De Familia) han sido maltratadas por los programadores de las cadenas de televisión nacionales, poco a poco me he ido enganchando a este Padre Made In USA, ojito al nivel de traducción del título. Principalmente, gracias al extratrerrestre Roger.
Dejen que les diga cuatro cositas…
Sí, es mi personaje favorito. Amoral, cobarde, mentiroso, alcohólico, adicto a la comida basura y más quemado que el palo de un churrero, cómo no encariñarse con un personaje así? A pesar de lo que pueda parecer, el personaje de Stan Smith resulta tener un trasfondo de buenismo que choca con su condición de agente de la CIA fachoso, racista y homófobo. Sin embargo, Roger es un ser hedonista y cabrón, sin moralejas.
Roger disfrutando de las exóticas Mil Y Una Noches…
Me divierten especialmente esos guiños a la homosexualidad y al comportamiento más de locaza del alien, amante de los disfraces (entre los que incluye disfraces de mujer) y también de los especiales televisivos de Barbra Streisand y Céline Dion. Lo mismo se quiere enrollar con una mujer (lo cual incluye a Francine o a Hayley) como acaba en la cama con un hombre, en alguno de sus momentos con disfraces e identidades femeninas. Hilarante, por ejemplo, el episodio en el que se hace pasar por la prima de Steve y se lía con su amigo Snot.
Episodio mítico de Roger enrollándose con Snot
Y aunque adoro a Los Simpson, serie que llevo viendo desde hace 20 años y se emitió por vez primera en la 2 de Televisión Española, en horario nocturno (ha llovido desde entonces!), está claro que la animación actual ha dejado a la serie de los personajes amarillos como algo más cercano al “para todos los públicos”. En Springfield no tendría cabida un Roger esnifando, haciéndose pasar por un niño para chantajear por pederastia a un vecino, comprando indiscriminadamente de teletienda, haciendo de stripper en un club o ingresando en la policía para acabar como agente corrupto. Y sí, es precísamente esta falta de escrúpulos la que hace que me guste American Dad.
La primera temporada de Los Simpson era “Heidi” en comparación con American Dad

Canciones:

Extremoduro: “Salir”
Ocean Colour Scene: “Magic Carpet Ride”
The Coasters: “Down In Mexico” 
24
Dic
11

1991

En 1991 cumplía yo 12 años, y me pensaba que ya era todo un proyecto de jovencito. Un Holden Cauldfield de El Guardián Entre El Centeno. O mejor aún, un Rusty James en Rumble Fish, novela que “me trajeron los Reyes” en esa época y que me marcó. Por alguna razón, recuerdo ese año como un buen año. Quién sabe por qué, la memoria es traicionera y tiende a pasar por un extraño prisma los recuerdos, para deformarlos y dejarlos más bonicos de lo que realmente eran.

Para la música fue un año estupendo, eso lo vemos ahora que se celebran 20 aniversarios de muchos discos clásicos, a saber, y ojo con la lista:

Guns n’ Roses – Use Your Illusion
Nirvana – Nevermind
Pearl Jam – Ten
R.E.M. – Out Of Time
Red Hot Chili Peppers – Blood, Sugar, Sex, Magik
Metallica – Metallica
Queen – Greatest Hits II & Innuendo
The Cult – Ceremony
U2 – Achtung, baby
Michael Jackson – Dangerous

Aunque debo decir que en aquella época sólo disfrutaba de los de R.E.M., Nirvana, Guns n’ Roses, Michael Jackson y Queen. Todo lo demás llegaría a mi vida más tarde. Freddie Mercury moría aquél año en el que yo me rendía a ese Greatest Hits II que siempre fue despreciado por los puristas, en favor del primer recopilatorio, o lo que es lo mismo, los Queen 80’s vs. los Queen 70’s. Ya comenté que aunque con el tiempo descubrí que lo bueno estaba en sus primeros discos, no renegaría jamás de los hits ochenteros de la reina. No era el único que moría, claro, en el mundo de la música. 1991 vería caer a Miles Davis, Steve Clark de Def Leppard, Eric Carr de Kiss, Serge Gainsbourg o a Johnny Thunders. Sí, aunque todos recordemos al Thunders que se arrastraba por los escenarios en los 70’s, aguantó con vida toda la década posterior, aunque en un estado heroinómano lamentable, y fue la heroína la que se lo llevó en ese año capicúa.

1991 fue también el año en el que se creó el primer videojuego de Sonic, de SEGA… bueno, en aquella época, o eras de SEGA o eras de Nintendo. Yo era de los primeros. Más que nada porque en mi casa me tuve que conformar con una videoconsola Master System II, en lugar de poder tener una Super Nintendo, que era lo más aquél año. También era el año en el que Antena 3 comenzó a emitir un clásico de la televisión: Los Vigilantes De La Playa … hummm… todavía no estaba Pamela Anderson, pero sí una Erika Eleniak (Shauni) que pasó fugazmente y apenas pudo disfrutar de sus 15 minutos de fama. Nosotros sí que pudimos disfrutar de la suya, y de sus contoneos en bañador rojo.

Podría colar como anuncio de desodorante Sanex…
Se estrenaba “Terminator 2” y todos flipábamos con Arnie como robot apocalíptico, y esa banda sonora, con Guns N’ Roses, o con ese tema principal instrumental, que algún desaprensivo remezcló a ritmo de mákina. Eran los años del descubrimiento de que existía ese estilo musical discotequero que reventaría las pistas de baile hispánicas. Pero amigos, otra moda musical y cinematográfica se adueñó de las calles: 1991 fue el año de ese invento infernal que fue el Grease Megamix. Su nombre es definitivo, un mix bastante cutre de las canciones de la película musical, que aprovechando la coyuntura, fue emitida varias veces por las novatas cadenas privadas de televisión. Increíblemente, esa mierda de remezcla se hizo muy popular. Aunque, por supuesto, el mundo de las remezclas y los megamixes, y todas esas martingalas, tiene un rey: Jive Bunny & The Master Mixers.

En 1991 la chavalería descubrimos el SIDA, de la mano del malogrado Freddie Mercury y también de Magic Johnson, quien declaró ser portador de anticuerpos de VIH. Lo que quiera que eso significara. Se iba a morir, como Freddie? Los niños sólo sabíamos que había un virus mortal por ahí suelto. Todo el mundo andaba revuelto ese año. Los gringos habían comenzado la Guerra del Golfo, y cada mañana, antes de ir al cole, podía ver por la tele los bombardeos de Bagdad, que eran unas imágenes en negro y verde fosforito. Hasta entonces, Bagdad era, para mí, la ciudad que alojaba la corte de las historias que nos contaban de “Las Mil y Una Noches”.

Pero como digo, el mundo estaba cambiando, y ahí estaba yo para contarlo. Ese año creamos, un par de amigos y yo, el periódico infantil escolar: La Gacela… el número #1 se llamaba La Gaceta, pero luego vimos que ya existía una cabecera con ese nombre (malditos!) y bueno, de una L a una T no había tanto. Mi aventura periodística duraría lo que nos cansaríamos de pasarnos los sábados por la mañana haciendo el dichoso periódico. Pero diablos, yo estaba encantado, y me sentía como un reportero explicando los trepidantes acontecimientos internacionales (guerras, revueltas, países que se independizan, …) que apenas llegaba a comprender. Tras varios meses, y justo antes de los exámenes finales de verano, La Gacela publicó su último número, y con ello, se cerró una etapa del periodismo nacional. Por lo menos, el de mi barrio.

Canciones:

Red Hot Chili Peppers: “If You Have to Ask”
Michael Jackson: “Gone Too Soon”
R.E.M. : “Radio Song”

22
Dic
11

Lucía Etxebarría vs. John Long Silver

Comenzaré diciendo que no me cae bien Lucía Etxebarría. Lo cuál es un dato irrelevante, lo sé. Y también diré que no me gustan sus libros. Y eso lo puedo decir con conocimiento de causa, he leído tres (sí, tres!!) de sus novelas: “Beatriz y los Cuerpos Celestes”, “Nosotras, que No Somos Como Las Demás” y “De Todo Lo Visible y Lo Invisible”… a mi hermana le gusta, qué puedo decir… En fin, me podrían gustar sus libros y que me cayera mal ella, o viceversa. La cosa es así. Me ocurre miles de veces. En cualquiera de los casos, no deja de sorprenderme la movida que se ha generado a raíz de sus declaraciones en las redes sociales.

Por si acaso alguno de mis miles de lectores acaba de salir ahora de un refugio antiatómico, le hago un resumen: La Etxebarría declara en Facebook y Twitter que se ha enterado que, de su última novela, se han descargado más copias ilegales que despachado (y pasado por caja) copias legales. Y que para “regalar” su trabajo, prefiere dejar de escribir libros en una temporada. Pues esto, que no deja de ser una perogrullada, ha generado un debate online y en los medios, casi diría yo que inusual. Lo cuál nos lleva al recurrente debate de la piratería. Ya hablé de ello una vez aquí, pero ya que resultó salirme una entrada-ladrillazo, pego un extracto que me viene a huevo:

Supongamos que estáis en un bar de copas. No se trata de un bar de barrio, o de ese lugar donde conoces al tipo de la barra, sino de ese típico bar de moda donde las copas son más caras de lo que se consideraría normal. Os habéis tomado 8 copas. Cuando traen la cuenta, resulta que se han equivocado y sólo os reflejan 4 en la nota. Qué hacéis? Pagáis las 4 y marcháis, contentos de haberos ahorrado un dinero, o tal vez avisáis al camarero de que ha habido un error y la cuenta es, en realidad, más elevada?

Supongamos ahora que estáis en un parking. Uno de esos parkings enormes del centro de la ciudad. Antes de salir, os dais cuenta de que la barrera está estropeada y se ha quedado arriba permanentemente. Qué hacéis? Salís directamente sin pagar o bien avisáis al responsable de la taquilla y le dais el ticket para que os cobre?

Y ahora supongamos que hay un festival de música en la ciudad. El Primavera Sound, por ejemplo, festival que no se caracteriza por ser muy barato, precisamente. Estáis en la puerta, dispuestos a comprar entradas. Pero en la valla divisáis un hueco considerable. Alguien, por ejemplo, el servicio de limpieza, se ha dejado la valla abierta. Nadie pasa por ahí, nadie vigila, de manera que es insultantemente fácil entrar sin pagar. Qué hacéis? Colaros por esa entrada descuidada o bien pasar igualmente por taquilla?


Ok, probablemente algunos de los lectores de estas líneas hayan escogido, en cada ejemplo, la opción dos. Pero me juego, y con riesgo mínimo, lo que queráis, a que un alto porcentaje hubiera escogido la primera opción. Aún a sabiendas de que es ilegal. Aún a sabiendas de que moralmente es más o menos reprochable. Aún a sabiendas de que no deja de ser “robar”.

El pirata más “cool”

Sirvan estos ejemplos a modo de reflexión para todos aquellos que se rasgan las vestiduras amparándose en el supuesto acto delictivo, inmoral y totalmente reprochable que es el bajarse música (o películas, o series, o videojuegos, aunque no lo mencione específicamente, vale para todo) de Internet. No, las personas que se bajan música de Internet no son unos delincuentes, ni unos desalmados, ni unos piratas. La mayoría de las personas que se postulan frontal y radicalmente en contra de las descargas ilegales, también hubieran escogido la opción uno, en una pirueta del despropósito y la contradicción.

Y sin embargo, lo normal, lo razonable, es que tarde o temprano se establezcan mecanismos legales para evitar, prohibir, controlar y, si procede, y siempre de un modo razonable, sancionar las descargas ilegales. Y enfadarse, o tomarlo como una injusticia, resulta ridículo. Todos los que descargamos música sabemos que no está bien. Sabemos que es ilegal. (…)

Bueno, el texto, de 2009, iba referente a las descargas musicales. Yo, que soy un tío anticuado, no me había planteado esta cuestión con los libros, porque para mí los libros son conjuntos de páginas de papel que leo, doblo, arrugo y subrayo. Pero entiendo que vale igual.

Lo que me llama más la atención sonesas respuestas furibundas defendiendo la martingala de “una cultura libre y gratuíta”. Defendiendo las descargas ilegales. No estoy yo en posición de lanzar la primera piedra, algo de música me bajo todavía hoy en día, y bueno, mucha me he bajado en mi etapa estudiantil (ergo, pobre como una rata). Pero no se me ocurriría rebatir algo tan obvio como que a un creador hay que pagarle por su creación. No hablo de asociaciones, IVAs, SGAEs, subvenciones, cánones y mucha de la mierda alrededor. Hablo de un concepto básico.

Como aprendiz de juntaletras me puedo solidarizar con la Etxebarría. Si algún día publico algo, si algún día hiciera de eso mi profesión, desde luego me tocaría los huevos que se descargaran ilegalmente mis libros. Y probablemente consideraría la mejor solución un buen bate de béisbol y un callejón oscuro.
Otra cosa es el asunto de “la impunidad de la gente en Internet”, la gente que insulta o amenaza bajo un nick, y todas esas cosas… en fin, ahí sí que no tiene razón, Lucía Etxebarría.

Por supuesto que es un acto cobarde el de insultar desde la comodidad de una pantalla y un teclado. Pero Internet es así, y así debe ser. Libre, para lo bueno y para lo malo. Yo recibo docenas de insultos de fans de Matt Sorum por un par de verdades que dije sobre él en este blog. So what? So fuckin’ what? Y bueno, si no quieres que te lleguen a decir ciertas cosas, Lucía, querida, no hagas público tu perfil de Facebook, no aceptes a cualquiera, cierra tu Twitter, qué sé yo. Además, joder, que nos la cogemos con papel de fumar… que esto es Internet. Que no son personas reales. Yo no sé si el Twitter de la Etxebarría lo escribe ella o un negro. Vosotros no sabéis quién escribe estas líneas. Ya os lo digo yo, tengo a 200 chimpancés amaestrados haciendo mis textos. Tal vez Kar no existe, no es una persona. Es una corporación. Es una máquina. Es como Skynet, pero con mejor gusto musical.

Canciones:

Tom Waits: “Kentucky Avenue”

Gene Simmons: “See You Tonight”

The Black Keys: “Unknown Brother”

20
Dic
11

Sueños y Tom Waits

Hacía mucho que no hablaba de sueños. El concepto de los sueños me parece apasionante. No me refiero a los sueños en su acepción, digamos, poética, de anhelos y deseos, sino al sueño como aquello que pasa por nuestra mente mientras dormimos. No soy de los que creen en la interpretación de los sueños de un modo esotérico, ni tengo una obsesión Freudiana por ello. Y sin embargo, ¿no es interesante entender por qué tu mente te lleva a esos sitios, esas personas, esos parajes y esas situaciones, cuando la liberamos del férreo control que ejercemos sobre ella?
Pues resulta que el sábado me desperté con varias canciones de Tom Waits en la cabeza. No recordaba el sueño, ni tampoco lo hago ahora, por lo menos no de un modo concreto como para poderlo describir. Sé que salía mi perra. Como dato, no es gran cosa, de acuerdo. En fin, que de repente tenía unas ganas tremendas de pinchar el disco “Blue Valentine” (1978) de Tom Waits. Y lo más curioso del todo es que: a mí no me gusta Tom Waits.
La portada y el título molan, no me lo negaréis
Ok, después de soltar la boutade, permitidme el matiz. No es que no me guste como no me gusta, yo qué sé, Dream Theater o Malú. De hecho, tengo ese mencionado “Blue Valentine” en casa. Y alguno más, ya os contaré. Supongo que de algún modo, estoy decepcionado. Quiero decir, imaginad a un pipiolo Kar, más de lo que lo soy ahora, si cabe, hace una década, o algo así, leyendo el Popular 1 como si de las Sagradas Escrituras se tratara, y conociendo la existencia de un extraño músico y actor, medio crooner diabólico, medio actor de variedades decadente, todo contador de historias, trufadas todas ellas de extrañas sonoridades. Qué, mola, verdad? Pues allí fue el ufano Kar, y acabó con ese “Blue Valentine” en las manos, que podía haber sido éste como cualquier otro que hubiera en la sección de baratillo de la tienda de discos.
Llego a casa, lo pongo en el reproductor y … ufff… no, no me gustaba. No podía ser. Lo escuché varias veces. Pero no. Se suponía que tenía que ver la luz, y me quedé con una cara de “¿qué coño es ésto?” que para qué os voy a contar. El lector fan de Waits estará ahora a punto de saltar y decirme que hay una 2ª etapa diferenciada en la carrera de Tom Waits, que abarca desde mediados de os 80’s, menos jazzy pianística (cómo si eso supusiera problema alguno!) y más, digamos, raruna, pero interesante. Pues tampoco. Como buen reincidente, adquirí, unos años más tarde, y pasado mi cabreo con Waits, el “Rain Dogs” (1985)… pero tampoco. Hasta aquí llegó mi historia con Tom Waits.

Tom: Vente p’acá, cordera, que te vi a hacer la caidita de Roma
Rubia: Ok, Tom, lo que quieras, pero son 50$
Con el tiempo y las escuchas, llegué a reconciliarme con “Blue Valentine”. No es un disco que signifique mucho en mi vida, pero contenía algunas canciones que me gustaron. Sin más. Es por eso que me resulta doblemente extraño el levantarme ese sábado con necesidad de ir al lavabo, tomarme un café con leche y hacer sonar ese CD (en el mencionado orden).
Ahora es casi medianoche y está sonando, una vez más, y ya van varias desde el sábado. Estoy tratando de encontrar qué parte de mi sueño me llevó a “Blue Valentine”. Y no lo encuentro, pero estoy disfrutando bastante de este disco. Mirad, es como si me hubiera comprado un disco nuevo. Gratis. No, si ya os lo digo, que me estoy haciendo viejo. Me cago en Dios.
Canciones:
Tom Waits. “Blue Valentines”
Tom Waits: “$29.00”
Tom Waits: “Christmas Card From A Hooker In Minneapolis”
17
Dic
11

Guilty pleasures

Ok, no vale cachondearse. Imaginad que estamos en una reunión de alcohólicos anónimos. Todos sentaditos en círculo, mirando, instintivamente, en todas las direcciones, para que no parezca que estamos mirando a alguien en concreto y se pueda sentir violentado. Entonces me levanto y digo “Hola, me llamo Kar y soy alcohólico”… como es lógico, en ese momento nadie se reirá. Ningún individuo con un chaleco tejano y pantalones cortos se levantará, me señalará con el índice y espetará un sonoro “ha-ha”. Esto funciona así, ¿no? Pues tomémoslo del mismo modo. Porque la cosa va, hoy, queridos y queridas, bonicos todos, de lo que los angloparlantes llaman guilty pleasures.
Aaaah, el inglés. Le pese a quien le pese, el esperanto del siglo XXI. Y que me aspen si no se trata de una lengua agilísima, poco dada a manierismos, especialmente cachonda a la hora de la creación de nuevos términos. Este de guilty pleasures es fantástico. Por si alguien aún no lo sabe, se refiere a aquello que nos gusta, pero que nos avergüenza que nos guste. Que nos hace sentir culpables (guilty) y que, a menudo, consumimos en la intimidad. En el caso de la música, está claro. En un mundo tan lleno de pose como el del rock, como el del pop “auténtico”, el de “yonoconsumomúsicademasas” y todas esas pamplinas, la cosa se vuelve peliaguda. Un guilty pleasure es como ser un adicto a la heroína. Uno no comparte esas cosas con el mundo. Todo se queda en la intimidad de su habitáculo y su cinturón haciendo el torniquete en el brazo.
Pero bueno, se trataba de un rollo terapéutico. Así que no vale reírse. Yo tengo guilty pleasures. Muchos. Miles. No voy a decirlos todos. Citaré a tres que son más o menos “actuales”. Tres, porque es un número cabalísticamente interesante. Podrían ser 7 o 12, números, también, muy molones. Pero lo dejaremos en tres, ¿ok? Pues ahí vamos:
Los temas dance es lo que tienen. Enganchan cosa mala. Ponme un estribillo sencillo, y ahí tendrás a un Kar, amante del pop simplón como soy, tarareando, como en este ejemplo, eso de “I’ve just came to say hello / hello / hello-oooh-ooh-oh-oh”. Desconozco nada más de esta gente, de este tal Martin Solveig, y lo de Dragonette, suena a chiste. En el videoclip veo que sale el DJ John Sinclair (si esto fuera twitter escribiría #djsfrancesesqueanglificansunombre). Me gusta la base melódica cantada, además del dichoso estribillo… pensemos ahora en esta canción, con una producción Motown… ¿no sonaría guapo?
Si antes hablaba de estribillos, qué decir de esta canción, que es toda estribillo en sí? Venga, os haré otra confesión. Y ésta no la considero guilty pleasure, de hecho, hace tiempo que vengo pensando en hablar de ello por aquí. Me gusta el sonido disco funk de los 70’s. Sí, ya sabéis, Fiebre del Sábado Noche y todas esas cosas. Pues bien, desde mediados de los 90’s, muchos temas dance no dejan de ser una derivación, más o menos explícita, de las sonoridades que bailaba Mick Jagger en el Studio 54 neoyorquino. El uso de samplers hace el resto. Y esta canción puede ser un ejemplo claro. El tema, por lo demás, tiene todos los tics del dance actual… loops y crescendos, y dale, que ya ha caído otro palomino. ¿Qué más puedo decir? Dame una pista, dame unas copas de más, pincha esta canción y tendrás una escena lamentable de un Kar en un sonrojante estado, que me niego a describir.
Sí, me gusta. Y me odio a mí mismo por ello. Y hace que me plantee si la acera que transito es la correcta. Joder, voy a tener que ponerme un disco de Mötörhead pero ya! En fin, acabemos esto y sin dolor. Maroon 5 son un grupo de mierda, de esos que demuestran que la MTV es una mierda. Y lo peor es que éstos, para más inri, eran considerados como un grupo de pop rock blanco. Quiero decir, está la música de baile. Está esa basura que llaman RN’B pero que no merece tener el mismo nombre que lo que grababan Martha Reeves & The Vandellas. Está el hip-hop. Y luego el pop-rock blanco. Me recuerda a un episodio de Padre De Familia, en el que Meg se echa un novio, y éste le regala un CD de Maroon 5 porque sabe que le gusta “la música insustancial”. Las verdades, dichas en Padre de Familia, son más verdad. Y ahora me sacan este single. Malditos. Una vez más, un estribillo, mi perdición. En mi defensa diré que la guitarrica funkera (ok, de primero de funk, pero funkera, no obstante) tiene su aquél. Y al final, ese videoclip, con esos impersonators de Jagger y sus bailes, que sólo mantienen la dignidad si es el propio Mick quien los perpetra, me hace gracia. En fin, no diré nada más. Para no cagarla.
Canciones
Joe Cocker: “She came in through the bathroom window”
Neurotic Outsiders: “Nasty Ho”
The Brew: “Every gig has a neighbour”
14
Dic
11

En Hungría con un DeLorean, un escritor nihilista y una cantante muerta

La primera noche en Debrecen, Hungría, resulta retraerme a hace unos años, cuando me pateaba los hoteles de la geografía española, y daba con mis huesos en habitaciones de mala muerte, por obra y gracia de una empresa bastante rata en la que trabajaba. Lo de hoy es incidental, en general, la calidad de vida en mis viajes de trabajo actuales suele ser muy buena, y por ello, me ha resultado un pequeño shock el toparme con una tele de tubo, un cuadro con flores, más mustia la pintura que las propias flores, una lámpara digna del comedor de mi abuela y dos alfombras sarnosas. En realidad no me quejo, hay cama, baño e Internet. Simplemente, me ha llevado a alguna de las noches de 2008, en Calahorra, en Valladolid o en cualquier hotel baratillo de Madrid.

Hace mucho menos frío del que me esperaba, pero me ha decepcionado no toparme con ningún rodaje de película X en Budapest. ¿No se suponía que era la capital del porno europeo? Pues nada, decepción absoluta. Y eso que he pasado más de media hora en la ciudad. Igual es mentira, y lo dicen sólo para atraer a incautos como yo, con el gancho fantástico que es el sexo. Me ocurre incluso en este sacrosanto blog, donde una entrada hablando de Madonna en porretas lo peta a nivel de visitas, mientras que la siguiente, dedicada a Houellebecq, hace desplomarse la gráfica del contador. El propio Houellebecq daría la razón a los que buscaban ver las tetas y el culo de Madonna antes que sus novelas. En fin, dejadme insistir, nihilistas y misántropos del mundo, deprimíos con un poco de criterio y leed a Houellebecq. Copón, ya!

Y volviendo a mi habitación-DeLorean particular, me ha dado por mirar entradas del blog de 2008. No sé, al final, es una manera de ver qué pensaba, y un poco, cómo era en esa época. Y me he topado con una entrada que titulaba “Amy Y Las Sustancias”… me ha puesto un poco triste… decía así:

Me pregunto cómo puede ser que de repente un disco como “Back to Black”, disco estupendo, el mejor de la cosecha de 2007, se encarame en una lista (NOTA: la lista de discos más vendidos en España) tan dominada por el mainstream apañó que lidera el hijo del torero desde hace decenas de semanas. Y sólo se me ocurre que la conducta destroyer de Amy Winehouse, que la sitúa en la picota de programas y revistas del corazón y de sucesos, le proporciona un plus de publicidad, y que en el fondo, todavía hay algo de criterio en el público y no está todo perdido. La calidad del disco, claro, hace el resto.

Actualmente Amy Winehouse es una habitual de la prensa sensacionalista. No es la Pantoja, pero generalmente sus escándalos le reservan un huequito. Incluso rondan chistes sobre su conducta drogota, como ese que dice que debería liarse con Pete Doherty, así el camello se ahorra un viaje(…)

Sinceramente, no me hace ni puta gracia que esta chica pueda estar echando a perder su carrera. No me estoy poniendo en plan moralista, no me entendáis mal. No me molesta que se meta lo que quiera por la nariz, sólo es que parece demasiado perdida y algo desequilibrada con tanta sustancia y tanta visita al juzgado como para grabar un disco nuevo o para iniciar una gira. Y eso me fastidia. Ya perdimos a una banda excelente como The Darkness por ese tema y no quisiera que a Amy Winehouse le ocurriera lo mismo. Sólo es eso.

Y remataba la faena con esta foto y este pie de foto:

Amy, querida, cuídate…

En fin, menuda una premonición, la mía… yo no pensaba que la cosa iba a acabar tan mal, pero sí me veía venir que lo de tener un nuevo conjunto de canciones de Amy Winehouse en condiciones y de nivel, estaba chungo. Pero bueno, polvo somos, y en polvo nos convertiremos… o al menos eso dicen, ¿no? Esta historia seguro que le gustaría a Houellebecq…

Canciones:

The Four Tops: “Bernadette”

Amy Winehouse: “Our Days Will Come”

The Rolling Stones: “That’s How Strong My Love Is”




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