Archivos para 31 mayo 2008

31
May
08

Viaje a NYC. Día 1: Llegada

Cuando uno viaja a Nueva York siempre piensa que se encontrará con famosos. Que un buen día se tropezará con Tom Wolfe, que desayunará en el mismo Starbucks que David Letterman o que verá pasear al perro a HueyMorgan. Yo en su lugar me topé con lo más granado del star system de la tele catalana, ni más ni menos que Joel Joan, quien viajaba detrás mío. Decepción. Pero bueno, el vuelo fue plácido y los trámites aeroportuarios, no por poco problemáticos, fueron menos pesados. El caso es que hacia las dos, hora local, llegaba al que iba a ser mi cuartel general en esta aventura neoyorkina, el Hotel Deauville. Entra dentro de la catalogación de “hoteles con encanto”, un eufemismo como otro cualquiera para calificar un hotel muy viejo, y fijáos que digo viejo, no antiguo, y cuyo único encanto era su precio y su situación, eso sí, de lujo: 29th con Park Avenue. De eso se trataba, no obstante. En la mayoría de viajes los hoteles no son más que un agujero donde caes rendido para dormir, de modo que con que estén limpios y medio decentes, yo me doy por satisfecho. Y el Deauville cumplía espectativas.

Esto era lo más bonito del hotel

Un rápido chequeo a un periódico gratuito me permite informarme que sólo hay dos conciertos interesantes estos días. Uno, ya lo sabía, Van Halen mañana en el Madison Square Garden. Dudo que haya entradas, éstas son, además, algo caras, y Van Halen no son de mi máximo interés. Por supuesto que me gustaría ver su concierto en el Madison, pero el dinero hay que administrarlo, la ciudad ofrece demasiadas tentaciones como para acogerse a la primera. Descartados los hermanos Van Halen, leo que el sábado tocan en el Fillmore East los Detroit Cobras, como teloneros de X. Hombre, eso es otra cosa. El hecho de ser teloneros me da palo, ya que los X no son una banda que me mate de placer. Pero pinta bien. Hechos los trámites, puedo aprovechar la genial situación del hotel y echar un paseo por los distritos del Midtown y acercarme a Times Square.

Para no perderte, puedes tomar el Empire State Building como referencia

La primera sensación al llegar a la ciudad supongo que es común, y se trata de la sorpresa y la emoción al ver materializados en realidad todo aquello que hasta el momento pertenecía a las películas de Scorsese, de Woody Allen, a cientos de miles de imágenes que la tele ha grabado a fuego. Cosas tan estúpidas como los semáforos, el vapor de agua brotando de las alcantarillas, los edificios con escaleras de emergencia, los taxis amarillos o esas aceras repletas de gente para arriba y para abajo. Me sorprenden dos cosas, la multitud de taxis que hay constantemente circulando, algo exagerado, y la multitud de puestecillos de comida que pueblan las aceras. Cada 300 metros hay un puesto de perritos calientes, de falafel, de fruta cortada, de almendras garrapiñadas… el humo de una plancha calentando pinchitos morunos, el olor a comida oriental ultra especiada, y todo eso sumado a la multitud de locales McDonald’s, Kentucky Fried Chicken, pizzerías varias y demás hace que no me extraña ver tal cantidad de gordos.

Tópicos de NYC en imágenes

En un paseíllo subo Broadway y llego a Times Square, y sí, probablemente sea el máximo significado de la sociedad consumista y blablabla… pero me quedo boquiabierto con esa explosión de gentío, de luces y esa sensación de ser una suerte de zoco postmoderno. Me intereso por la oferta de musicales, hay dos que me llaman la atención, Young Frankenstein, efectivamente, la obra de Mel Brooks y Jersey Boys, una obra basada en la historia de Frankie Valli And The Four Seasons, que tiene buena pinta. No en vano, Valli y sus chicos son los autores o los que popularizaron canciones míticas como “Can’t get my eyes off of you” o “Stay (just a little bit longer)”. Tomo nota de horarios y precios (algo abusivos), tal vez vaya a alguno, aunque el teatro musical no es una de mis prioridades.

El zoco cibernético de Times Square

Caminando un poquito más es sencillo llegar a la zona del Rockefeller Center, que me impresiona menos de lo que pensaba, y localizo el Radio City Music Hall, para cumplir con una rutina fetichista de lugares que se irá sucediendo a lo largo del viaje. En seguida es fácil de ver como la zona de Times Square y aledaños es una especie de parque temático turístico, atractivo, pero algo forzado. Y compro mi primer capricho neoyorkino, una gorra clásica de los Yankees, la clásica con la N y la Y en blanco sobre la gorra azul. Desde siempre me ha gustado esa gorra, y bueno, este era un buen momento para comprarla, ¿no?. De bajada al hotel, de repente paso por una calle llena de rótulos orientales, restaurantes coreanos, casas de masajes y de chinos/japoneses/coreanos/lo que sea… de repente, resulta que he entrado en la 32nd entre la 5ª avenida y Broadway, vamos, que he entrado en Little Korea. Me voy con la sensación de que hay que estar atento, porque de repente se encuentras cientos de pequeñas cosas que llaman la atención.

Canciones:

Mark Knopfler: “The Long Road”
Kiss: “Goin’ Blind”
Pixies: “Debaser”

20
May
08

Viaje a NYC. Día 0: Ansiedad

Es una ocasión singular la de que el dólar esté devaluado, y no, no la he dejado escapar para viajar a ultramar en un momento dado. Exactamente pasado mañana. New York City, allá voy (sufrid, mortales!!).
Desde que estuve en California el verano pasado que tenía ganas de poder ver Nueva York. Y es que pasar varias horas en el aeropuerto JFK, saber que está allí al lado, y no poder ir, es una putada. Pero ya está. Para allá que voy.

La ansiedad me invade. Salgo el jueves por la mañana y vuelvo el miércoles a primerísima hora… definitivamente, demasiado poco tiempo!! Qué ver? Qué dejarme? Está el Metropolitan Museum, pero claro, también está el Madison Square Garden. Quiero pasear por Greenwich Village, pero no puedo dejar de pasar por Hell’s Kitchen. Y allí mismo debo cruzar hacia Brooklyn, eso es obligatorio. Pero por dios, muy cerquita está Hoboken, pueblo natal de Frank Sinatra, y por supuesto New Jersey y los escenarios donde se rodó Los Soprano. Y el Chelsea Hotel, y Ellis Island, y el edificio Dakota, y el Apollo Theatre, y la Factory (o lo que queda de ella), y los Electry Ladyland Studios, los clubes punk del Lower East Side, los bares de copas para knickerbockers, Times Square, Broadway y Lexington 125

Si me topo con los Fun Lovin’ Criminals prometo crónica de fan histérico

Y por supuesto, aprovechar para hacer compras. Discos, libros, ropa, cualquier objeto estúpido y los típicos y tópicos encargos. Sé que debería planificar una serie de rutas, pero es demasiado difícil para mí. Demasiado duro.

En fin, que prometo contarlo todo punto por punto, tal y como hice con mi anterior viaje a USA. Y a mi vuelta pasaré lista, que nadie se me despiste!!.

Canciones:

Ryan Adams: “New York”
Fun Lovin’ Criminals: “Big Night Out”
The Velvet Underground: “Waiting for my man”

13
May
08

Amistades oníricas

El otro día tuve un sueño extraño. Todos lo son, esas atmósferas oníricas siempre me descolocan, pero ese del sábado tuvo una peculiaridad, y es que aparecían en el sueño varias personas a quienes en su momento consideré amigos o amigas y que, por lo que fuere, fueron desapareciendo de mi vida. Algunas, por razones concretas, otras sin ningún detonante que implicara la separación. Eso me está dando que pensar en estos últimos días. Echad la vista atrás y seguro que encontraréis personas que en su momento considerásteis amigos, y los quisisteis como tal, pero que sin ninguna razón aparente, os fuísteis distanciando. No hubo una pelea. No hubo un desengaño. No hubo una distancia física, por lo menos no una insalvable. Tal vez cambiásteis de gustos. Tal vez de pareceres. Tal vez fue una cuestión de madurez. Pero no deja de resultarme curioso cuando recuerdo esos momentos al lado de tu amigo en los que piensas que algo chungo tiene que pasar para que dejes de considerarlo como tal.
Entonces, ¿cuál es la línea, difusa a veces, que separa un amigo de un conocido, de un compañero, de un colega?. Quizás es que yo todavía mantengo esa visión idealista de la amistad. Pero es evidente que las personas vienen y se van. Se dice que con los amigos de verdad puedes contar aún en situaciones extremas, pero vamos, hasta ahora, no me he quedado arruinado en el arroyo, ni he necesitado un riñón, ni me han llevado a malherido hombros en el frente hasta la trinchera cruzando fuego enemigo. Esas pruebas de fuego pertenecen más a los libros de Julio Verne y Emilio Salgari que a la realidad.

Jamás entendí la obsesión por esta serie. Era divertidilla a ratos, sin más.

Y cuando ha habido un distanciamiento y esa persona que fue tu amiga ha quedado atrás en el tiempo, ¿es posible recuperarla? Y siendo así, ¿vale la pena?. Probablemente si me encontrara en una cafetería sentado en una mesa con cualquiera de las personas que aparecían en ese sueño, me daría cuenta, entristecido, que ni ellas ni yo somos la misma persona. No somos las mismas personas que en su momento fueron amigas, con lo que nada hace pensar que lo sean ahora.

Y para acabar la noche, cerraremos poniéndonos trascendentales con unas líneas de filosofía barata… ¿existe realmente la amistad? ¿qué es en realidad? ¿Se le puede, acaso, aplicar grados? ¿Tal vez esa expresión de Josep Pla de “amics, coneguts i saludats”? ¿Acaso no se trata de una necesidad de sociabilización implícita a las personas que nos tiende a unir? ¿Y qué une más, gustos y aficiones comunes o personalidades complementarias? En fin, para acabar no puedo sino recomendar fervientemente la lectura de “Cuatro Amigos”, de David Trueba. Buenas noches, amigos.

Canciones:

Red Hot Chili Peppers: “My friends”
Queen: “Friends will be friends”
WAR: “Why can’t we be friends”

08
May
08

Hamburgo

El otro día estaba viendo el primer capítulo de la serie de documentales The Beatles Anthology, una verdadera delicia para cualquier fan, y me trajo a la cabeza recuerdos. Recuerdos debido a la narración de la etapa en que los Beatles, antes de ser ese monstruo mediático pop en que se convirtieron con la salida del single “Please, please me”, pasaron tocando en los tugurios de Hamburgo. Y recordé esa ciudad. Diablos, una gran ciudad!!
Hamburgo probablemente carezca de la fama y el prestigio de otras grandes ciudades europeas en general y alemanas en particular. No tiene esa aureola cool de Berlín, ni cuenta con la fama de Munich y su Oktoberfest. Ni falta que le hace. Hamburgo es una ciudad muy peculiar, de contraste entre una mentalidad cerril y cuadriculada más típicamente alemana combinada con un golferío y una fiesta como probablemente no haya en el resto del país. Y es que Hamburgo es el puerto más importante del país. Y eso, quieras que no, marca.

The Beatles en Hamburgo… gran imagen para un grupo… unos rockers!!

Aunque no limita con el mar, está a orillas del Elba en su desembocadura, que es totalmente navegable por todo tipo de barcos grandes. Claro, donde hay un gran puerto, hay muchos marineros. Y donde hay muchos marineros, hay tabernas, bares, alcohol (y otras cositas) y prostitución a mansalva. En ese sentido, en Hamburgo se respira un ambiente liberal en aspectos de sexo. Hamburgo es una ciudad repleta de sex-shops, abiertos 24 horas al día, bares de striptease y prostitutas. Ahora es muy fácil, Alemania legalizó la prostitución hace cosa de un par de años, o algo así. Pero cuando yo anduve por ahí, no os creáis que esos negocios eran una cosa de tapadillo.

Hamburgo es ante todo también una ciudad industrial. Durante unos cuatro años trabajé en una empresa con sede en esa ciudad, y por lo tanto, varias veces al año viajaba hacia allí. Y me gustaba ese aire canallesco de su zona portuaria y también de su barrio tabernero por excelencia: St. Pauli. Cruzado por su arteria principal, Reeperbahn, allí es donde se concentra todo su romanticismo marinero, hablando en plata, un barrio repleto de tabernas, discotecas, teatros, bares y sí, lo habéis adivinado, también sex-shops, locales de striptease y prostíbulos. Manteniendo su aspecto algo sórdido, pero sin llegar a resultar desagradable o poco recomendable andar por ahí. Desde luego, hay putas, borrachos, homeless y freaks varios, pero también cientos de miles de alemanes con ganas de beber y pasárselo bien.

Reeperbahn

Hamburgo es una ciudad que como casi toda Alemania cuenta con clubes techno, pero también es una ciudad que rockea. No en vano los Beatles, como muchos otros grupos británicos de primeros de los 60’s, curtieron su estilo tocando duro para los marineros en locales como el Club Kaiserkeller. Así, discotecas y pubs que pinchan rock todavía abundan por la zona. Recuerdo una noche de fiesta con otros compañeros españoles, bailando y cantando “Entre dos tierras” de Héroes del Silencio como si nos fuera la vida en ello, en un estúpido instinto de patriotismo estúpido, por aquello de que Zaragoza está más cerca de Barcelona, por aquello de entender algo en esa noche sin tener que pensar en inglés. Una buena noche. Después, un tentempié de madrugada en alguno de los inevitables e innumerables locales de comida turca, y a dormir, que el sol sale antes en esa zona.

En fin, cuando se viaja a Alemania muchas veces se piensa en los clásicos, Berlin, Munich, Colonia, Frankfurt… mi recomendación es no dejar pasar unos días en Hamburgo, poder ver una ciudad renacida de sus cenizas (no en vano la 2ª Guerra Mundial destrozó el 70% de la ciudad) y disfrutar de algunas noches de diversión.

Canciones:

The Beatles: “Twist & Shout”
Scorpions: “Rock you like a hurricane”
R.E.M. : “Sing for the submarine”

04
May
08

Jitazos Fugaces. Hoy … Republica

En el mundo de los Jitazos Fugaces están los que son vergonzosos y desearías no escuchar ni una vez más. Están los que son vergonzosos pero, ay amigo, uno no puede evitar disfrutarlos y pincharlos de tanto en tanto. Y luego están los que molan (ok, como descripción se acerca más a Beavis y Butthead que a un texto medio decente, pero hoy domingo así están las cosas). Pues bien, el de hoy corresponde a la categoría de los que molan… señoras y señores, denle una calurosa acogida a… (fanfarria) Republica.Una vez más caigo en los Jitazos Fugaces de mediados de los 90’s, probablemente porque era una época en la que estaba más pendiente de radios, hits de bares/discotecas y videoclips que ahora. Y el caso de Republica era uno de esos hits de bares/discotecas. Seguro que lo habéis escuchado cientos de veces, y otras tantas probablemente lo habréis disfrutado en un local nocturno. Al final, sin embargo, el tiempo pone a todo el mundo en su lugar, y el de Republica y este “Ready to go” ha acabado siendo pasto de la publicidad y las cortinillas de TV. Ingrato lugar para un Jitazo que no por fugaz ha dejado de tener su validez.

Ahh, los divinos 90’s, en los que si sonaba un poquito a rock, tenía posibilidades. En este caso, los británicos Republica, en comandita con publicaciones como Melody Maker, se sacaban de la manga una etiqueta llamada techno-pop punk rock. Toma ya. El caso es que este “Ready to go”, con sus guitarras y sus bases electrónicas, y voz femenina (de la cantante Saffron) suena muy bien. Lo curioso del asunto es que existen dos versiones del tema, la inglesa y la americana, y al parecer, la que yo siempre escuché en los bares y discotecas era la americana, con unas bases más durillas, más marcadas. La británica es más suave. En youtube podéis encontrar los videoclips correspondientes a ambas versiones. Yo he puesto la que conocía y me gustaba.

Como suele ser habitual en esos casos, Republica no fue más que un grupo de un single. Publicaron su debut (que contenía el tema en cuestión) en 1996. En 1998 publicaron una continuación que no interesó a nadie. Y es que el peso de los Jitazos Fugaces es demasiado grande. No tardaron, claro, en deshacer la banda, y si se accede a su página web, simplemente hay un lacónico mensaje que dice así: REPUBLICA IS NOT RECORDING AT THIS TIME. Pues eso.

03
May
08

La Ruta del Bakalao

Me he quedado sorprendido cuando este mediodía he visto en la tele, en las noticias, una mención al lanzamiento de un DVD que conmemora el 25 aniversario de la llamada Ruta del Bakalao, en la que salían personajes como Bunbury o Loquillo.

VEAN, VEAN

Fijáos que Bunbury, que va hecho todo un piratón con su sombrerito de cuando me disfracé de corsario en el carnaval ’86, dice específicamente: “(…) era el lugar donde a todos los aficionados a ese tipo de música nos apetecía ir (…)”

Para mí, que crecí y guardo mi mayor substrato musical en los 90’s, el término Ruta del Bakalao es totalmente peyorativo y asociado a una serie de gente totalmente opuesta a mis gustos, a nengs de castefa pero en real (es decir, que ya no hacen gracia). Sorprenden, entonces, las palabras de Bunbury. Y no, no creáis que ahora haré un alegato del rock como una música en estado superior y que toda la música electrónica y/o de baile es basura, y tal… en fin, ya lo he comentado algunas veces que determinada música electrónica, de baile, techno, house o lo que diablos sea en determinadas ocasiones, me gusta, y que buenos ratos he pasado no sólo en discotecas rockeras sino también en discotecas de música electrónica. Pero aquello, por lo menos visto desde la óptica de 1993-1994-1995 era algo horroroso, hablo de los años en los que se popularizó el término Bakalao y el término Máquina.

Por lo que he ido leyendo a lo largo del tiempo, la llamada Ruta del Bakalao no es un fenómeno de finales de los 80’s y (sobretodo) primeros de los 90’s, si bien es cierto que fue a principios de los 90’s cuando adquirió mayor popularidad. La cosa va de más antiguo, y mis primeras sorpresas llegaron al leer declaraciones de disc-jockeys que decían pinchar, al principio, cosas como Depeche Mode, The Cure, Joy Division, Sigue Sigue Sputnik, Generation X y Billy Idol, Simple Minds, New Order o The Cramps. Vamos, un abanico que huía de los ritmos funk de las boîtes setenteras y se metían en terrenos de pop y techno, pero también de rock, de after-punk o con aires góticos. Ahí ya me cuadra más la declaración de Bunbury, quien fue un gran seguidor de muchas de estas bandas y algunas de ellas influenciaron mucho a los Héroes del Silencio.


Bunbury dirá lo que quiera, pero para mí la Ruta del Bakalao es esto, y no The Cult y New Order

Todo depende de cómo lo quieran pintar. Las declaraciones de los DJ’s de la época hablaban de una suerte de hermandad entre rockeros, punkies, góticos y amantes del techno. Probablemente la cosa no fuese tan bucólica como se narra. Y al final, todos conocemos la historia y la lacra musical que auspició la dichosa ruta.

Supongo que el amigo Enrique se refería a esas primeras épocas cuando expresaba su interés. Si no, las cosas ya no las acabo de comprender. Tratándose de Bunbury, todo puede ser. Si es que el eclecticismo musical es algo a todas luces sobrevalorado.

Canciones:

Counting Crows: “Cowboys”
Beastie Boys: “Sabotage”
Europe: “Rock the night”

01
May
08

Diario de un Rebelde (RELOADED)

Hace ya algunos meses escribí esta entrada… como quiera que el vídeo jamás se llegó a ver, y me temo que más por una torpeza mía que por ninguna conspiración contra la violencia en Internet, he vuelto a subir la secuencia, y dejaré un estracto del texto que la acompañaba. Bueno, que levante la mano quien jamás ha pensado en ser protagonista de estas imágenes, arremetiendo contra todos aquellos que nos amargaron la vida en el instituto, en el trabajo, o donde fuere… en fin, ahí va:

Hoy he vuelto a ver “Diario de un Rebelde” o “The Basketball Diaries”. Se trata de una película basada en el libro autobiográfico del poeta Jim Carroll, que se estrenó en 1996 y que protagonizaban Leonardo DiCaprio y Mark Whalberg, entre otros. No es una gran película, ni mucho menos. Pero guardo un buen recuerdo de ella. Porque la vi en su estreno, y escribí una suerte de reseña en el primer diario que tuve, el primer “blog” en papel, y desde entonces, durante muchos años me dedicaba, no sin cierta intermitencia, a garabatear cuadernos con textos, dibujos, y varias cosas más. Incluso algún que otro sonrojante poema. Un poco como hacía DiCaprio/Carroll en esa cinta. Así que ni que fuese por ello, forzosamente le tenía que guardar un cariño especial a la película. No hace mucho recuperé aquellos cuadernos de casa de mis padres. Y sabéis qué? Al contrario de lo que la memoria, traicionera ella, parece querer reflejar, me muestran hoy que aquello que me parecen años de felicidad absoluta, también eran años de dudas, de angustia adolescente, de ansiedad. Pero no es de eso de lo que quería hablar. Tal vez en otra ocasión traslade alguna de esas páginas aquí.

Hoy releo aquella reseña, y no puedo evitar ruborizarme:

“Diario de un Rebelde comienza según las expectativas que uno se hace, es decir, una historia juvenil (…) En este sentido, la primera media hora de la película es un buen entretenimiento y un ejercicio de identificación con el joven rebelde, deportista y literato Jim Carroll. Pero una vez desarrollada la presentación, el film se transforma en un drama de jóvenes drogadictos en Nueva York, con un estilo muy parecido al de los telefilmes de Antena 3, con muchos puntos de coincidencia. (…)”

Eso lo escribí aquella noche, la del viernes 5 de abril de 1996, viernes santo, concretamente. Llegaba eufórico de una tarde divertida con mi amigo Fluiss, en la que nos dedicamos, después de ver la película en el cine Pelayo, a comer frankfurts en un día en el que nuestras madres no preparaban carne en la comida. Con el paso del tiempo, es evidente que esa película me influenció, a la hora de plasmar lo que se me pasaba por la cabeza en un papel. Bueno, antes era papel. La película no me convenció mucho entonces, pese a la influencia del personaje. Y no me ha convencido hoy, pese a que ya conozco quién es Jim Carroll.

Y si embargo, algunos detalles son interesantes. Como ese Riders on the Storm que suena por ahí. Como ese Carroll haciendo lo que se relata en la canción de sus coetáneos Ramones “52nd & 3rd”. Como esa cachonda escena con las gemelas esas que luego protagonizarían una cutre serie que cada verano repetían, por las mañanas. Como ese papel de Michael Imperioli, que más tarde sería Chris Montisalti en Los Soprano.

Y sobretodo por la escena por la que la película adquiriría un cierto renombre, y que ya en 1996 me impactó. Me refiero a aquél viaje drogota en la que Carroll se ve a sí mismo, vestido de un negro paramilitar con abrigo largo, irrumpiendo en su escuela y disparando a sus compañeros de clase que se metían con él, y también a su profesor cura cabronazo. Os suena?? Los tarados que irrumpieron en el instituto de Columbine parecían intentar imitar tal escena. Y aunque por supuesto no es justificable en absoluto, no me extraña que les impactase la secuencia, como también me impactó a mí. Los desequilibrios mentales de cada uno son otro asunto. Y para que no se opine de algo que se desconoce, me he preocupado, en una búsqueda perpetua de la rigurosidad, de recortar la secuencia y colgarla en youtube… no creo que dure mucho antes de que cualquier mojigato la censure… en fin:




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