Archive for the 'viajes' Category

20
Oct
15

La Posibilidad de una Isla

Escribo estas líneas en un avión que me lleva a Bogotá con una estúpida, inesperada y ciertamente irritante parada en Cali. He visto la película “J. Edgar” de Clint Eastwood, con ese Leonardo DiCaprio y ese maquillaje que me recuerda a los “Celebrities” de Muchachada Nui. Y sin embargo, no está mal, la cinta. Eastwood rueda con oficio y su duración infame de dos horas y cuarto pasa agradablemente. Pero es que a mí me gusta mucho el tema, cosas de consumir demasiada literatura de James Ellroy y demasiados “No Me Judas, Satanás” de César Martín en Popular 1. Dos fuentes con una particular conexión, lo reconozco.

Los viajes transoceánicos en avión me suelen dar pie a reflexiones que probablemente vienen filtradas por el cansancio, el agobio, el aburrimiento, esa extraña sensación de no saber qué hora es, la de verdad, la de tu cuerpo. Tengo 35 años y seguramente he cubierto al menos un tercio de mi vida. ¿Alguna vez os habéis pensado a parar en ello? Aunque soy joven, por lo menos así me considero, ya no soy lo que se calificaría de “un jovencito”. De hecho, ahora la prensa habla de una nueva generación, los “millenials”, sin saber muy bien a qué se refieren y si, al menos, cronológicamente hablando, pertenezco a ella. Claro que también hace unos años se hablaba de la Generación X y tampoco supe nunca si me podía incluir o no. Entonces era demasiado joven para ser Generación X y ahora soy demasiado viejo para ser un millenial, hay que joderse. Aunque sospecho que esto de los millenials no deja de ser una creación surgida de un despacho de marketing para enfocar correctamente las ventas a un determinado sector, aunque, diablos, se supone que existe ese sector.

En fin, tú, tal vez, no habrás pensado en asuntos como lo que te queda de vida, pero Michel Houellebecq sí lo ha hecho, y te lo plasma en una novela, para joderte un poco la existencia. El gabacho suele ser de esos que te ponen el dedo en la llaga y si lo tienen a mano, te echan vinagre en ella. “La Posibilidad de una Isla” es la quinta novela de Houellebecq que leo y como todas, me ha gustado mucho. La vida y su final, o no, las relaciones humanas y lo que nos condicionan para la vida, lo jodidamente solos que estamos. Sobre esto gravita una historia que no sabría considerar si es lo de menos. Siempre sombrío, no es la clase de lectura que te lleva al optimismo y la diversión. Pero eso depende de cada uno, claro. Lo que más me gusta de los libros que escribe Houellebecq es el poso que deja cuando uno ha cerrado sus tapas.

ojo ahí... (by @carloskarmolina)

ojo ahí… (by @carloskarmolina)

No soy el único, Iggy Pop, que en los últimos años lleva un afrancesamiento ciertamente curioso, también se sintió tan influenciado por la lectura de “La Posibilidad de una Isla”, que grabó una suerte de disco semiconceptual en donde retomaba caminos que había trazado tiempo atrás con su LP “Avenue B” y que había abandonado para emprender de nuevo su andadura con The Stooges. Interesante conexión, la de monsieur Pop con Michel Houellebecq. Y leyendo sus páginas, no me deja de parecer razonable que en algún aspecto Iggy Pop se pueda identificar con el protagonista de “La Posibilidad de una Isla”.

Canciones:

Iggy Pop: “King Of The Dogs”

Gary Moore: “Nuclear Attack”

Zaz: “Les Passants”

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03
Jul
15

Comin’ back

Hoy vuelvo a casa, por fin. Vuelvo, aunque la llegada se producirá no en un “hoy” sino en un “mañana”. ¿Y sabéis lo que no voy a echar de menos? La moqueta. La puta moqueta que me rodea, en hoteles, en aeropuertos, en las oficinas. Lo he dicho varias veces y me reafirmo, la globalización está en esos lugares, asépticos y donde resulta tan fácil perder la noción del tiempo y del espacio. ¿Dónde estoy hoy? ¿Qué día es? Esa sensación extraña de hablar con una persona que acaba de trabajar cuando tú te acabas de despertar, y con otra que se va a dormir cuando uno ni siquiera se ha sacado las legañas. Que viva el whatsapp, a pesar de todo.

Y al final, una vez más, aeropuerto de Los Angeles, LAX. Que sí, que hay muchos sitios peores en el mundo, verdaderos agujeros en la tierra. SI no digo lo contrario, de hecho, me encanta Los Angeles. Digan lo que digan, esa ciudad desprende una aureola como pocas otras.

Los Angeles (by @carloskarmolina)

Los Angeles (by @carloskarmolina)

Hoy he cumplido con lo que viene siendo para mí una (encantadora) rutina cuando viajo a San Diego, y es, previa llegada al aeropuerto LAX, sacar un rato libre para acercarme por el 6400 de Sunset Boulevard, donde se encuentra, y por muchos años que así sea, Amoeba Records. Respiremos tranquilos, sigue en pie y parece que con buena salud, y lo que es más importante, repleta de discos, no como muchas otras tiendas en las que la memorabilia, camisetas y chorraditas varias han ido ocupando ese espacio sagrado que tenían que ocupar los discos. Aquí no es así, como cantaban los Caifanes.

Me ha ocurrido una cosa curiosa. He ido a aparcar en el parking de siempre, sobretodo desde que una vez aparqué en la calle, se me pasó el la hora del parquímetro (nada, diez minutos, no más) y el Ayuntamiento de Los Ángeles me puso tal multa que seguramente la remodelación del paseo de la fama la he pagado yo. En fin, que entro al parking y me encuentro la barrera de entrada abierta. Al salir del aparcamiento, me doy cuenta de que no he tomado ticket alguno, y me deja mal cuerpo. Pero no tengo mucho tiempo, de modo que me dirijo a Amoeba. Hechas las compras pertinentes, voy a coger mi coche, y al pasar por la garita, me la encuentro totalmente cerrada, y c on un cartel: “gate is open”. De modo que he decidido salir, no sin antes revisar si había alguna cámara o sistema de captación de matrícula, o similar. No lo he visto, así que he hecho un sinpa de toda la vida. Si acabo recibiendo una denuncia del parking en cuestión, ya os cuento.

Canciones:

Guns n’ Roses: “One In a million”
Barbra Streisand: “Guilty (one in a million)”
The Ventures: “Perfidia”

29
Jun
15

Surfdog

El problema de la realidad es que no mola nada. La ficción, eso es lo bonito. Las historias, las habladurías, los recuerdos edulcorados, los sueños, las imaginaciones, las versiones pasadas por el prisma del tiempo, los chismorreos y los “creo que”… todo ello es siempre mejor que la realidad, que suele ser siempre decepcionante. Una noche de fiesta es siempre mejor cuando se recuerda al cabo de unos meses, y ya no digamos cuando se explica, con unas cuantas cervezas sobre la mesa. Como el sexo. Por poner un ejemplo idiota.

Cuando uno visita los sitios tiene que recordar siempre que un lugar no es sólo una localización geográfica, sino una conjunción de factores, a menudo más relacionados con lo que se cuece en nuestra cabeza, corazón, alma, tripas o entrepierna. Como decía el otro día referente a mi visita a Sky Valley, “el desierto es un estado mental”. De verdad que no recuerdo de quién es esa frase, lo mismo no es de nadie más que mía, y me está ocurriendo como a Paul McCartney cuando compuso “Yesterday” (Al parecer, Macca despertó un día con unos acordes en la cabeza y se puso a tocar la celebérrima melodía, pero, pensando que tal vez era una melodía de alguien, y que simplemente la había recordado sin ser capaz de situarla, anduvo preguntando a la gente de su entorno musical si la conocían o les sonaba de algo. No quería escribir todavía su letra hasta no tener la seguridad de que no le había traicionado el subconsciente). En fin, el desierto es un estado mental, frase que, si es original mía, cedo a la humanidad. Y casi podría decir que cualquier lugar es un estado mental.

Surfdog bar en Encinitas (by @carloskarmolina)

Surfdog bar en Encinitas (by @carloskarmolina)

El otro día volví a Encinitas, un pueblo costero al que acudí hace unos años, no muy lejos de San Diego, y que me había encantado. Había pasado una tarde de playa estupenda y guardaba un gran recuerdo de ella. Sin embargo, cuando volví el domingo pasado a ese lugar, me llevé una decepción. En pueblo, seguramente, no habría cambiado tanto, sino yo. No eres tú, soy yo. Y mis circunstancias.

Aunque para no cerrar de modo negativo, diré que por casualidad me metí en un bar de aires surferos, y una vez superada la decepción de que no servían cerveza, y que tenía que conformarme con un puto smoothie, advertí que se trataba de un local que pertenece a la disquera Surfdog, discográfica independiente pero que publica (y por ello la conozco yo), entre otros, los discos de Brian Setzer y lo último que se publicó de los Stray Cats, un directo que recogía su gira de reunión. Así que en el fondo, no estuvo tan mal. Alzo mi vaso de Dr. Pepper en vuestro honor.

Canciones:

The Heartists: “Belo Horizonti”

The Walker Brothers: “The Sun Ain’t Gonna Shine anymore”

Refused: “New Noise”

25
Jun
15

Sky Valley

Escribo estas líneas, una vez más, desde un hotel de San Diego, California. Dicho así puede parecer muy molón, cuando en realidad tiene menos glamour del que pudiera llevar a pensar. Los viajes por trabajo suelen ser bastante anodinos. Pero de eso ya he hablado en muchas, demasiadas ocasiones. Así que también tiene su parte buena, y en ella me quiero centrar. Son ya un buen puñado de años, con la broma, yendo de un lado para otro. Y al final, como una persona querida, que anduvo viajando en su época, me dijo, el trabajo se olvida, las penurias se pasan y el dinero se acaba gastando. Lo único que permanece son esos recuerdos, esas experiencias vividas, las que uno se lleva en la mochila.

Joshua Tree rearviewmirror (by @carloskarmolina)

Joshua Tree rearviewmirror (by @carloskarmolina)

Esa afirmación, por perogrullada que parezca, me hizo, en una etapa complicada, ver las cosas de otro modo. Y llegados a este punto, sí, puedo afirmar que tengo algunas de esas, en la mochila. Ver cómo se abren y cierran las esclusas del Canal de Panamá. Hacer surf en Manly Beach, Sydney. Entrar en la mezquita azul de Estambul durante la oración vespertina. Tomar un café en un bar de suburbio de Argel, con los parroquianos. Visitar el muro de las lamentaciones en Jerusalén. Comer arroz con camello en el suelo de un restaurante rústico de Riad. Ver la final de la Eurocopa de fútbol en el bar de un hotel en Doha. Ponerme fino a pintas de Guiness en el pub favorito de Phil Lynott en Dublín. Visitar un local de samba genuino para paulistas en Sao Paulo. Comprar discos en Amoeba Records en Los Angeles. Ir a trabajar en tranvía en Melbourne. Subir al edificio más alto de Taipei. Pasear por la muralla china. Comer ballena en un restaurante de Oslo. Vivir los días de la muerte de Hugo Chávez en Caracas. Ver la final de copa de Colombia en un bar de Bogotá mezclado con hinchas de Millonarios. Pasear por las calles del distrito de St. Pauli en Hamburgo. Beber chupitos de pálinka en Debrecen, Hungría. Y me dejo bastantes cosas en el tintero. No está mal. Y sobretodo no está mal ahora que precisamente estoy en una de esas noches en las que uno sólo piensa en volver y se siente solo y miserable. Ayuda.

Carretera del desierto (by @carloskarmolina)

Carretera del desierto (by @carloskarmolina)

Y sin embargo, de una de esas experiencias en concreto quería hablaros. La viví ahora hará un año, en mi anterior viaje a USA, cuando este blog todavía lo tenía en barbecho. Más vale tarde que nunca, dicen. El año pasado, aprovechando un fin de semana libre que tenía, agarré el coche y me dirigí a Palm Desert, con la intención de visitar el Joshua Tree Park y Sky Valley. De San Diego a Palm Desert hay dos horas y media de camino, conduciendo. A medida que te acercas a la zona de Palm Desert, el paisaje cambia, se hace más agreste y poblado de molinos de viento para la generación de energía, lo cuál me lleva directamente a una escena de la película “Mi Amigo Mac”, una cosa horrorosa de 1988 que vi siendo un niño, en el cine Waldorf de Barcelona. Estoy por crear una asociación de damnificados por la visión en tierna edad infantil de semejante cinta. Supongo que hay muchas películas con escenas de molinos de viento. A mí me vino a la cabeza esa, qué le voy  a hacer.

La foto es bastante mala, pero indica 124ºF (by @carloskarmolina)

La foto es bastante mala, pero indica 124ºF (by @carloskarmolina)

No sólo el paisaje cambia, sino que la temperatura se eleva de modo que cuando ves que el termómetro del coche indica 110ºF adviertes que la cosa va en serio. Llegando como llegaba a medio día, no pude más que meterme en el hotelucho con el aire acondicionado a tope y esperar a la tarde.

De Joshua Tree ya se ha hablado mucho, lamentablemente más por el álbum de U2, un buen disco, sí, pero no me apasiona, que por la historia de Gram Parsons, y el secuestro e incineración de su cadáver en Joshua Tree. Es también una historia conocida, que a mí me llegó a través de Popular 1 y no negaré que resultó emocionante estar allí.

Joshua Tree (by @carloskarmolina)

Joshua Tree (by @carloskarmolina)

Más emocionante incluso me resulto encontrar Sky Valley. Yo descubrí a Kyuss a finales de los 90s, como otros muchos, cuando ya no estaban en activo, y cuando un amigo de la universidad me dejó sus discos, aluciné bastante.  Aunque he de reconocer que yo soy de los raritos que consideran “…And Circus Leaves Town” como su mejor disco, mi segundo en la lista sería “Welcome to Sky Valley”, y eso nos lleva a mi destino de aquella mañana de domingo. Estando en aquél lugar uno puede entender bastante de por qué la música de Kyuss era así. Y reconozco que uno de los momentos de aquél viaje fue topar con el cartel de Welcome To Sky Valley, en la carretera.

welcome to Sky Valley (by @carloskarmolina)

welcome to Sky Valley (by @carloskarmolina)

Pocos entendían por qué había decidido buscar Sky Valley el fin de semana, tampoco me preocupé en dar muchas explicaciones. Por si fuera poco, aquél 2014 se cumplían 20 añazos de la publicación del LP en cuestión. Y bien, ¿cómo es Sky Valley?¿Qué hay en Sky Valley? Pues yo os lo diré: nada. Una nada con un cierto punto inquietante. Una carretera larga y recta, con un par de caminos no asfaltados. Arena y la poca vegetación que osa sobrevivir en aquél ambiente. Un calor asfixiante. Un par de casas, destartaladas, pegadas a la carretera, y que uno se pregunta qué lleva a una persona a vivir allí, y cuál es su modo de vida.

Sky Valley (by @carloskarmolina)

Sky Valley (by @carloskarmolina)

Llegué al cartel y me paré en la carretera para verlo y tomar unas fotografías. Luego me metí por un camino no asfaltado que dejó los amortiguadores de mi coche de alquiler finos, finos. Y en realidad no hay mucho más. Bueno, sí. Aura. Ambiente. Tal vez, seguramente, todo está en la cabeza. Creo que uno de esos músicos de la corriente stoner decía que el desierto es un estado mental. O tal vez me lo acabo de inventar, no sé. El caso es que estuve allí, y me alegro de ello.

Canciones:

Kyuss: “Gardenia”

The Rolling Stones: “Emotional Rescue”

The Killers: “Spaceman”

12
Nov
13

Vuelvo a Madrid

La ocasión del concierto de los Pixies resultaba perfecta para pasar un par de días en Madrid. ¿Os he contado en alguna ocasión que me encanta Madrid? Yo soy de Barcelona, de hecho actualmente vivo en una población del extrarradio de la capital catalana, pero sigo considerando que soy de Barcelona. Madrid ha sido siempre para mí una ciudad de ocio y durante una temporada, también de trabajo. Pero sobretodo de ocio. Incluso cuando iba por trabajo.

Llevan unos días de huelga de basuras en la ciudad, y la mierda se acumula tendiendo hacia lo insalubre, en pleno centro. No quiero ni saber cómo estarán los barrios. Los negros de la calle arenal venden camisetas de fútbol fake. La camiseta del barça cuatribarrada está debidamente disimulada entre la maraña de zamarras. Pasamos por delante de un restaurante. Como gancho, una señora nos ofrece una copa a la entrada. “¿Quieren una copita de cava aragonés?”, nos dice, recalcando su procedencia. Los tiempos que corren, supongo.

Nunca había estado en la sala Riviera. Por lo menos se está cómodo, aunque el sonido es atroz y la barra esa en medio de todo es francamente molesta. Pero esto es Madrid, y podemos cenar a las 23:30 sin mayores problemas. Me llevan a un bar restaurante de Chueca al que jamás hubiera entrado, por miedo a poner un pie en su mugriento suelo y quedarme allí enganchado. Pero ya se sabe, esos sitios, a los que se accede mediante el boca a boca, son los mejores. Especialidad en setas. Poca broma. Y mientras esperamos mesa y bebemos algo en la barra, un poco que queso, cortesía de la casa. Antes del concierto, en otro bar, un poco de tortilla y unas patatas fritas, gentileza del dueño. Cuando en algún bar celtibérico me regalan una tapa pienso que algo se perdió en el camino en los bares de Catalunya.

Las calles están llenas. Hay vida en ellas. Es viernes por la noche, la chavalada, y no sé si incluirme en ella, ay, está de fiesta. Desde que en Barcelona comenzamos a mear colonia y a creernos los más hipsters del cotarro, pero también los más educados y los más finos, todo se volvió más aburrido. De acuerdo, en este punto pienso lo que en catalán diría “entre poc i massa”. Y sin embargo, no puedo evitar pensar que Barcelona se ha vuelto muy aburrida en los últimos años. Eso sí, molamos mucho. Somos como cuando Moe decidió cambiar su bar de toda la vida por un local para modernos.

Madrid tiene otro ritmo. Su gente es diferente. Tienen esa, y me perdonaréis la generalización, sociabilización, ese compadreo, un poco falso, si quieres, del vamos a tomar unas cañas o del vente a mi casa, algo que será por entorno, será por carácter, me queda lejos. El hecho de tener a tanta gente de paso (estudiantes, trabajadores viajantes, inmigrantes, …) lo sustenta. Y lo sé de buena tinta, porque durante años fui a Madrid por trabajo casi cada mes. Y claro, uno intenta buscar pasar también buenos ratos en esos días fuera de casa.

No sé si me gustaría vivir en Madrid. Está muy bien para irse un fin de semana y pasarlo en grande, comer muy bien, visitar esos lugares con tanto encanto (incluidos esos museos tremendos)… pero también tiene muchas cosas que me agobian, como ese tráfico atroz o ese trajín de gente. Pero seguro que una temporada, me quedaba a gusto.

Canciones:

Pixies: “Ana”

Mark Lanegan & Isobel Campbell: “Time Of The Season”

Paul McCartney: “Queenie Eye”

20
Ago
13

Bunker Hill

Hablábamos el otro día de “Pregúntale Al Polvo”, la novela de John Fante. Sé que se ha rodado una película, pero la protagonizan Colin Farrell y Salma Hayek, por lo que no es que me muera de ganas de verla. En esa novela, el aspirante a escritor, Arturo Bandini, se traslada a Los Angeles, y vive en una pensión de Bunker Hill. Bunker Hill es una zona de lo que ahora se calificaría de Downtown Los Angeles. Pero a principios de siglo se trató de un área peculiar, por su condición de residencial, con habitantes que manejaban viruta y vivían en casas de estilo victoriano. Al poco de finalizar la Primera Guerra Mundial, y con el crecimiento de la ciudad, y su distribución de trazado para la circulación de automóviles, poco a poco, sus ciudadanos de solera fueron abandonando la zona, que se fue degradando, y sus grandes casas se dividieron para ir alojando a realquilados. O para, como en el caso del lugar donde habitaba Arturo Bandini, ser reconvertidos en pensiones.

Todo aquello duró unos años más, hasta que a mediados de los 50s, toda la barriada fue derruida para construir el Downtown LA y desarrollarse más o menos como lo conocemos ahora: un distrito financiero y hotelero, lleno de edificios altísimos de oficinas, una verdadera jungla de cristal. Y de todo aquello que era Bunker Hill no queda más que el recuerdo y alguna placa conmemorativa.

Asi era el Bunker Hill de John Fante

Asi era el Bunker Hill de John Fante

La última vez que estuve en Los Angeles, me alojé en un hotel de Downtown LA, en pleno Bunker Hill, lo cual, a un mitómano como yo, me hizo gracia. Aunque ya no quedara nada de lo que Bandini, como alter-ego de John Fante, conoció.

El downtown de Los Angeles es, por la noche, una zona de aceras vacías. Lo cual no quiere decir que no haya vida nocturna, desde luego no es eso. Lo que ocurre es que, como siempre en esta ciudad, todo el mundo se desplaza en coche. Si bien, aunque ha locales, bares y clubes, no están concentrados en un espacio pequeño, y como del local X al local Y hay un buen trecho, los gringos no van andando de uno al otro, alternando. Todo lo que se ve es algunos homeless, algunos tipos que presentan cierto desequilibrio, algunos otros que son una combinación de las dos clases mencionadas, y paseantes nocturnos que parecen estar de paso, patinadores, y algún que otro despistado. Sólo se ven las luces de los 7-Eleven y, a lo alto en los rascacielos, la luz de algún despacho, conspirando.

Así luce Bunker Hill actualmente...

Así luce Bunker Hill actualmente…

No es el lugar más divertido del mundo, aunque como siempre, en esta ciudad, si buscas, encuentras. Hay locales pijos en las azoteas de los edificios de oficinas, lugares extraños como el Salvage del que ya hablé, y algunas sorpresas agradables, como un bar al que fui, donde tocaba en un minúsculo escenario una banda de blues. El año pasado, una noche, salí por ahí. Estaba con un par de compañeros, era nuestra primera noche en la ciudad, y no teníamos el cuerpo para ir muy lejos del hotel. Callejeando, encontramos una discoteca, un club de techno. Entramos, y la pista estaba atestada de jovenzuelos flipadísimos con una DJ muy guapa que pinchaba en un escenario. La electrónica no es una música que me guste particularmente, tampoco es que cumpla el cliché rockero de odiar esa música electrónica de baile. Aquella DJ en particular pinchaba algo de bases demasiado duras para mi gusto, que me quedé, en esa disciplina, en el house suavecito de con mucha influencia del disco-funk que se puso de moda a primeros de los 00s. La parroquia allí congregada, sin embargo, parecía disfrutar entregada, a la música, y a tenor de ciertas caras, también a la química.

Lo curioso del asunto fue que TODO el mundo era oriental. Chinos, coreanos, japoneses, vietnamitas… lo que sea, perdón, pero no soy capaz de diferenciarlos. Ok, no todo el mundo, pero sí en un 80%. Cierto es que en Los Angeles hay una población con origen del este de Asia muy significativa. ¿Qué hacía que se congregaran en ese lugar? Pues en realidad, no tengo ni la menor idea. Sí sé que me pareció estar en Hong Kong o en Hanoi. Al final, tampoco duramos mucho allí dentro.

Canciones:

Muddy Waters: “Got My Mojo Working”

Iggy Pop: “Besides You”

Primal Scream: “Velocity Girl”

06
Ago
13

SOUTHERN CALIFORNIA SUMMER’13 – Y FINAL

Bueno, hace ya varios días que volví de California. Ocurre que, como por varias circunstancias no he podido, retomo el capítulo final que cierra esta serie americana. Y lo retomo situando la acción en el sábado. Acabados los quehaceres laborales, tenía un día de asueto, que se levantó gris y con esa neblina tan característica que se levanta temprano por la mañana en el sur de California. Incluso con cuatro gotas.

Abandonaba mi hotel, camino de Los Angeles, pero antes tenía una parada planeada, Carlsbad Premium Outlets. Ya lo he explicado muchas veces, el tema de los centros comerciales en este país es demasiado tentador. Y como quiera que Carlsbad está en dirección a Los Angeles, pues ya me fue bien hacer una parada para comer y hacer unas compras. No serían las últimas, y comienzo a pensar que últimamente, mis visitas a USA me salen demasiado caras: demasiado consumismo!

El problema vino después. De Carlsbad a LA hay unos 140km , lo que en condiciones normales no serían más de 90 minutos de conducción. Pues bien, a mí me llevó tres horas y cuarto. Y es que si hay algo odioso de conducir hacia el norte desde San Diego, son las caravanas constantes. Cuando es viernes por la tarde, porque es viernes. Cuando es sábado, porque es sábado. Y al final, haciendo memoria, siempre acabo cogiendo retenciones. Pero la del sábado fue de antología. Aunque el destino bien valía la pena: Amoeba Records!!

Otro clásico en mis viajes a USA, mi visita a Amoeba Records. Hacía un año que no iba por ahí, y esta vez fui con tiempo y ganas de remenar cubetas de CD’s y gastarme los cuartos. La tienda es enorme, y se vende de todo, en CD y en vinilo. Pero yo me suelo dirigir a la sección de ofertas, con multitud de CD’s de entre 2 y 4 dólares, y una promoción de 4 al precio de 3… y allí es donde pierdo la cabeza… 40 CD’s acabaron en mis manos, y os juro que hice criba antes de pasar por caja. Pero amigos, 67 miserables euros fue lo que pagué. Y no me arrepiento.

En esa sección suelo coger 4 tipos de discos:

1.- Discos que tenía grabados, no originales, para completar. Por ejemplo, y en esta ocasión, el “By Your Side” de los Black Crowes.

2.- Discos que a priori (y digo, a priori, que luego hay sorpresas) tampoco es que me interesen mucho, pero por lo que valen, caen a la saca. Por ejemplo, “Avalon” de Roxy Music.

3.- Discos con los que, sencillamente, pruebo, a ver qué tal. A ese precio, me puedo arriesgar. Por ejemplo, “Whip It On” de The Raveonettes.

4.- Pequeñas joyas inesperadas… y esos discos, amigos, son los que más me satisfacen… por ejemplo, compré el debut de D-Generation o el de Ocean Colour Scene, ambos descatalogados y defenestrados por las propias bandas, a 2 dólares cada uno!!!

Satisfecho con mis compras, me dirigí a mi hotel, en downtown. Por esas casualidades de la vida, y supongo que al hacer mi entrada bastante tarde, casi a las 9PM, no había habitaciones libres y se vieron obligados a darme una suite… ay, amigos, ¿sabéis lo que es tener una habitación de hotel que era solo un poco más pequeña que mi piso? Ser rico tiene que ser una cosa estupenda… lástima que a la mañana siguiente me tocara un madrugón infernal (4AM para maitines) y en definitiva, no pude sacarle mucho provecho a mi suite. Pero sí se lo saqué a mi último día en USA!

Canciones:

Cactus: “Long Tall Sally”

David Bowie: “What’s Really Happening?”

Héroes del Silencio: “Bendecida”




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