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07
Ene
12

Lenny Kravitz

 Lo cierto es que ponerme a hablar de Lenny Kravitz hoy en día no forma sino parte de mi querencia por llevar la contraria, y si es posible, tocar un poco los huevos. Nunca desprecié una causa perdida, nunca negaré que son mis favoritas… Y es que si en una entrada anterior hablaba de Vanessa Paradis, bueno, quizás este es un buen momento para dedicarle estas líneas al amigo Kravitz. Y quisiera hacerlo porque aunque hoy en día, mencionar a Lenny Kravitz implica perder, automáticamente, el respeto de la parroquia rockera, diablos, no puedo negar que este tipo tuvo muy buenos momentos. De modo que vayamos directos y a la yugular: entre 1989 y 1995, Lenny Kravitz grabó un puñado de discos interesantes. Darse cuenta de que ya han pasado más de quince años desde sus últimos buenos momentos da vértigo. Luego la cosa fue decayendo y la calidad de su música, desde entonces, pasa por entre un estado comatoso y algún destello de lo que otrora fue.
 
Cuando un músico posa así para el libreto interior de su disco (“Circus”, 1995), es difícil tomárselo en serio.
La aparición de Lenny Kravitz en el rock n’ roll, en las puertas de la década de los 90’s, fue una pequeña sorpresa, aunque más por su imagen de negro tocando rock and roll y su aureola tan retro, en una época en la que los negros se dedicaban al rap, al soul decadente o al R&B que acabaría dominando la música americana. Con alguna honrosa excepción, como los Living Colour, ver a un negro pegando guitarrazos era cosa extraña. Y aunque su disco de debut, “Let Love Rule” (1989) ya era interesante, y contenía alguno de los singles que hacía parecer que estábamos ante un diamante en bruto, como la homónima “Let Love Rule” y ese cachondo “Mr. Cab Driver”,  no fue hasta su segundo disco cuando la cosa se ponía más seria. 
 
Así, en 1991 publicaría “Mama Said”, que contaba con la colaboración de Slash, y tenía un arranque de lo más prometedor, con cuatro joyitas encadenadas, “Fields of Joy” , “Always on the Run” (firmada por Kravitz y Slash), “Stand by My Woman” y la celebérrima “It Ain’t Over ‘til It’s Over”… vaya cuatro canciones! Probablemente “It Ain’t Over…”   se ha convertido en la típica canción que uno acaba aborreciendo a base de demasiadas escuchas, y aún así, que me aspen si no es un temazo (y pido perdón por adelantado por usar un término tan sobado y tan mal utilizado como ése). Luego el disco se iría desinflando, poco a poco, hasta acabar aburriendo y con el oyente pidiendo la hora. Pero bueno, era el terrorífico segundo disco, que tantas decepciones ha dado al fan, y el chico había pasado el examen con una nota más que razonable. 
 
¿Esto qué es? ¿Un travesti meando?
Sin embargo, con su tercera grabación, “Are You Gonna Go My Way?” (1993) Lenny Kravitz ya se muestra como lo que acabaría siendo durante toda su carrera: un trilero, un tipo capaz de componer algunas canciones incontestables, singles de unas hechuras fantásticas, pero incapaz de grabar un disco que merezca una escucha entera. Este trabajo de 1993 es una buena muestra. Tomemos por caso el tema “Are You Gonna Go My Way?”… una de las mejores canciones de la década de los 90’s, lo digo aquí y ahora, y uno de los saqueos al legado de Led Zeppelin mejor ejecutados. Y “Believe”, una bonita balada. ¿Qué tal el resto del disco? Relleno que pasa de lo aceptable a lo aburrido. 
 
En 1995 publica su cuarto trabajo “Circus”, para mi gusto, el más equilibrado, y  el único que puedo disfrutar entero. Así, “Circus” reincide en su mezcla habitual de hard rock setentero, algo de funk y un poquito de soul, consiguiendo una colección de canciones con algo más de gracia, en su conjunto. “Rock n’ Roll is Dead”, “Circus”, y “Can’t Get You Off My Mind” suponen los puntos álgidos de un disco que también contiene algunas canciones menos populares pero también muy aprovechables, como la funky “Tunnel Vision”, la rockera “Magdalene” o esa empanada cristiano-espiritual que es “The Resurrection”. 
 
Va, ahora en serio, era una apuesta, ¿no? Seguro que le dijeron “A que no hay huevos de posar como fuera para la revista Zero”…
Si la música de Lenny Kravitz se podía mover en una onda más rockera o más soulera, siempre había un adjetivo que se le podía aplicar: retro. Y estaba bien, Kravitz se jactaba de usar viejas técnicas de grabación, no dejarse llevar por sonoridades presentes, y a decir verdad, con mayor o menor fortuna en sus largos, su colección de singles hasta ese momento era, insisto e insistiré hasta la saciedad, incontestable. Por eso uno se pregunta por qué, en 1998, con su quinto disco, que en un alarde de originalidad, tituló “5”, decidió cambiar y sucumbir al mundo del ProTools. Y por primera vez, sea ello casualidad o no, su disco es flojete, pero sus singles también. Resulta curioso que los singles de ese disco se hicieron más populares que nunca fuera de la parroquia consumidora de rock and roll, y acabaron siendo pasto de los spots publicitarios a los que dieron banda sonora. ¿O igual fue al revés, acabaron como música de anuncio y por ello se hicieron más populares que ningún otro de sus singles? Así, canciones como “Fly Away” sonaron sin parar, pero amigos, ninguno de los cortes de ese disco se podían comparar con sus singles pretéritos. 
 
Y cuando podía parecer nada más que un pequeño tropezón, en 2001 publica “Lenny”, un disco aburridísimo con un single como “Dig In” que sin ser una mala canción, resulta un arquetipo de canción Lenny Kravitz, con una sonoridad de guitarra y una construcción muy reconocible, pero, por ejemplo, “demasiado” parecida a aquella “God Gave Me Everything” que le compuso a Mick Jagger. En definitiva, parecía como si Lenny Kravitz ya compusiera con el piloto automático puesto. Tenía el arquetipo de canción rockera y el arquetipo de balada. Para cada disco, le cambiaba la letra y un par de detalles, y hale, a publicar nuevo trabajo. Su disco del 2004, “Baptism” es un claro ejemplo: contiene dos singles como “Where are we running?” y “California”, canciones majas sin más, pero siguiendo la fórmula Kravitz mencionada anteriormente, y siendo una sombra de lo que fueron los singles que solía publicar este tipo. De sus últimos discos poquito puedo añadir, por desconocimiento, más que la constatación de que nuestro protagonista de hoy se perdió para el rock n’ roll hace ya demasiado tiempo. Que han pasado ya 17 años de 1995… Así, ¿podemos esperar algo de Lenny Kravitz hoy en día? Me temo que nada. Y sin embargo, el recopilatorio que publicó en 2000 es lo que podría decirse el mejor disco del neoyorquino, y diablos, un gran disco!
Esta foto ya no me atrevo a comentarla… dios bendiga los brillos!
Siempre se ha hablado de Lenny Kravitz como un músico muy interesante, por su capacidad como multiinstrumentista y por su revisión, desde finales de los 80’s, de un legado, el del hard rock de los 70’s que, no lo olvidemos, en esa época estaba todavía algo vilipendiado, y no sería hasta entrada la década de los 90’s cuando se reivindicaría con fuerza. Luego se le descubriría el truco de trilero que le hizo parecer más de lo que nunca fue. A pesar de todo no se puede negar que el tío tiene buen gusto. De hecho, solía animar el cotarro con gemas en sus entrevistas que estaban entre lo entrañable, por su absoluta devoción por los popes del rock clásico, y lo ridículo. Suyas son frases como “Nirvana no estaban mal, pero no le aguantarían a Led Zeppelin ni un asalto” (de una entrevista de 1994).
 
En su época fue reverenciado como algo así como el “nuevo Prince” y artistas de lo más dispar han grabado canciones suyas. Por ejemplo, Madonna grabó un “Justify My Love” firmado por Kravitz (en un ejemplo atípico de su música). Y años más tarde, el propio Mick Jagger utilizó una composición suya como primer single de su disco en solitario “Godess in the Doorway”.
 
¿Qué es lo que ha hecho de Kravitz un músico poco respetado por la parroquia rockera? Resulta evidente que el terrible bajón cualitativo de sus grabaciones a partir de mediados o finales de los noventa le pasó una factura difícil de asumir. Y a partir de esa premisa, cualquier desliz se convierte en flagrante. Y es que Lenny Kravitz nunca ha sido amante de los anonimatos. Siempre fue una figura excesiva. Lo que ocurre es que cuando registraba buenos discos, todo eso se diluía. Incluso en la revista Popular 1, donde se le suele poner a caldo, copó como mínimo una portada, sería a principios de los 90’s. 
 
Su aspecto físico, más parecido a un modelo trasnochado que a un músico de rock n’ roll, le ha granjeado muchas opiniones negativas. Aunque si bien es innegable que para el público masculino, a veces, nos es difícil comulgar con ídolos apolíneos, sesiones de fotos suyas como las que incluyó en la carpeta interior de su disco “Circus”, donde bordea el mayor de los ridículos, dan la razón a sus detractores. Hablando en plata, que si fuera más feo que el Fary seguramente su aspecto físico sería menos relevante (en una de esas injusticias del rock más machista, cierto), pero claro, Kravitz siempre ha sido, en muchos aspectos, un poco como el Cristiano Ronaldo del rock. Lenny Kravitz ha pasado de ser un rockero a ser un famosete pasto de la tele y las revistas del corazón, bien sea por sus propios actos, bien por sus novias/parejas/rolletes. En fin, nada que no le pasara a un Dave Navarro o a un Chris Cornell, que parece ahora recuperado para la causa, pero que pasó por temporadas muy bajas.
 
Canciones:
 
Depeche Mode: “Wrong”
José Guardiola: “Sixteen Tons”
My Morning Jacket: “Circuital”



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