Archive for the 'san francisco' Category

29
Nov
07

USA Kar Tour 2007. Día 13: Epílogo con jet lag

Bueno. Ya está. Se acabó la aventurilla. Podría decir que se acabó el sueño (americano), pero es que de sueño (el de verdad), tengo un rato largo. Era el primer viaje transoceánico que hacía, y yo que siempre pensé que esto del jet-lag era una pijada… me he dado cuenta de que no. Y ahora estoy, levantándome a las 6 como si hubiera dormido hasta mediodía, y luego, durante el día, durmiéndome por las esquinas.

Estoy cansaooooo

Atrás quedaron las calles de San Francisco, las playas de Hawaii, el vicio de Las Vegas y ese todo que es L.A. (calles, playas y vicio). Y me he vuelto con la sensación de que no he tenido tiempo de casi nada. Para un futuro (esperemos que no muy lejano) queda un viaje a California, dos semanas, alquilando un coche en San Francisco y dejándolo en San Diego , con una noche en la ciudad del juego, las luces de neón y el vicio, pasando por el desierto de Mojave y por Joshua Tree, visitando la frontera mexicana y circulando por la mítica Route 66. En fin, esperemos que no muy lejano.

Y yo? Pues a volver a la realidad. Qué remedio me queda. Y diablos, que me quiten lo bailao. Espero que hayáis disfrutado del relato. A partir de ahora, NDK volverá a su temática dispersa de siempre. Y a ahorrar tocan. Ale, besos, abrazos y arrumacos varios.

Canciones:

Miqui Puig: “Segundo Premio”
Maurice Ravel: “Bolero”
The Offspring: “Nitro (youth energy)”

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21
Oct
07

USA Kar Tour 2007. Día 3: De hippies, presos y chinos

Despierto bastante más descansado, con mi emisora de alternative rock. El menú de hoy lo componen Foo Fighters, QOTSA y… ta-ta-chaaaannn, “Heart-Shapped Box” de Nirvana. Creo que no había escuchado esa canción en una radio desde 1993. Parece ser que mis intestinos me han dado tregua, así que puedo lanzarme a otra ingesta masiva de junk food. Ducha, un afeitado que borre toda sospecha de pertenencia a Al-Qaeda, y a la calle, que todavía hay mucho que ver. Como quiera que vivo en Barcelona, y conozco bien Sitges o la zona de Chueca en Madrid, no me impresiona un barrio gay, de modo que a la zona de Castro decido no ir de visita: demasiadas cosas que hacer en poco tiempo!!

Mi primer destino es, pues, Chinatown. El barrio chino de Frisco es uno de los más “genuinos”, ya que la población china de la ciudad es la más antigua de toda América. Miles de chinos llegaron a estas tierras a mediados del siglo XIX y se establecieron como mano de obra barata. Hoy en día, sin embargo, la población de origen chino, japonés o asiático en general (coreana, vietnamita, …) supone cerca del 40% de los habitantes de San Francisco. El Chinatown de San Francisco concentra a la población más genuinamente china, no la “americana pero con ojos rasgados”… en ese barrio se puede vivir sin tener ni idea de inglés!! Tiendas de tonterías, muy similares a las de cualquier ciudad española, se mezclan con tiendas de comestibles chinos, restaurantes chinos, tiendas donde se vende prensa china, música china o DVD’s de películas chinas. Supongo que habrán también decenas de talleres ilegales llenas de inmigrantes sin papeles trabajando a destajo. Por otra parte, también mucho hay de folklore y de punto de interés turístico. Lo cierto es que es como viajar a la China dentro de la ciudad y su arquitectura con esas formas de pagoda tan características tienen su qué.

Pekín? Shangai? No, San Francisco

Pero no hay tiempo que perder… ayer contratamos un pequeño paseo en barco por la bahía. Mis pretensiones eran ir a Alcatraz, pero oh, sorpresa, las excursiones a Alcatraz son exclusiva del ayuntamiento, sólo su compañía puede operar, y por consiguiente, hay que pedir tickets con uno o dos días de antelación. Como mínimo, este otro barco bordea el islote, aunque sin pararse. Pasa también por debajo del Golden Gate Bridge, que es el puente adonde van los suicidas de San Francisco (como muestra, hay placas con el teléfono de la esperanza en sus pilares), y se da un paseíto por la costa, que gracias al soleado día que hace, nos permite tener una buena panorámica. Pero vamos, que para mí, el atractivo principal es Alcatraz. Y la verdad es que de cerca acojona. Algunas informaciones dicen que tres tipos lograron fugarse y nunca más se supo de ellos, otras dicen que eso no es más que leyenda. Yo tengo mis dudas, además, el agua por ahí no es tranquila y suele ser muy fría. Los edificios de la prisión están algo desastrados, de hecho, la isla estuvo abandonada unos años, desde que la prisión dejó de funcionar, en 1963. En el 67 los descendientes de los indios de la Bahía la okuparon, reclamándola como suya. Por supuesto, el brazo fuerte de la ley no tardó en caer sobre ellos y actualmente es la atracción con más visitantes de la ciudad. El preso más célebre fue Al Capone, quien acabó muy deteriorado psicológicamente.

Aunque por supuesto, mi última tarde en la ciudad se la reservaba al mítico barrio hippie de la ciudad, de hecho, la cuna del hippismo, me refiero a Haight Astbury. En fin, la historia es por todos conocida, ese barrio fue una de las zonas con el máximo desarrollo de esa contracultura de los 60’s. De hecho, San Francisco ya fue una zona apreciada por los beatniks, es decir, de amplio bagaje contracultural. En Haight Astbury tenían sus casas las bandas-comuna Grateful Dead y Jefferson Airplane. Como quiera que los primeros nunca me han interesado mucho, y que de los segundos tampoco conozco demasiado, no me dediqué a peregrinar en busca de esas casas. Simplemente me apetecía pasear por allí. El problema es que antes se necesita llegar. Definitivamente, esta no es una ciudad para moverse con transporte público. El metro para cerca, de modo que decido tomarlo. Para mi sorpresa, el expendedor de billetes sólo admite importe justo y además en monedas… eso es motivar al usuario!! En fin, no sin cierta contrariedad, llego por la tarde, cuando el sol ya se está poniendo. Y no me decepciona. Es evidente que 1967 quedó muy lejos, hoy en día abundan las tiendas de ropa de 2ª mano y decenas de personas buscando una buena prenda vintage cool. Sin embargo, no es raro ver hippies viejunos, y algunos jóvenes con pretensiones de ser los nuevos Allen Gingsberg o Marty Balin. También hay mucho homeless bastante perjudicado por las sustancias, inofensivos no obstante. Y por poco se me cae la lagrimilla al ver una librería repleta de volúmenes empolvados acerca de la anarquía, el comunismo, y la revolución, regentada por un pelanas que fumaba en pipa. Tabaco, quiero decir. Por lo menos en aquellos momentos. Lo digo porque en Haight Astbury es más fácil comprar una pipa para hachís que un periódico. Cafeterías con encanto y casas victorianas de tonos pastel completan un paisaje urbano ciertamente atractivo.

Amoeba Records, en el 1855 Haight St.

Hacia el final de la calle Haight se encuentra Amoeba Records, una de las tiendas de discos con más solera. Al principio me apabulla la cantidad de material que hay, pero lo mejor es cuando me topo con la sección de ofertas… centenares de CD’s interesantes al miserable precio de 1’99$ … y encima, si comprabas cuatro, uno de ellos te salía gratis. Total, que salí con 12 CD’s, todos ellos nuevos (no de segunda mano) por sólo 19$, vamos, al cambio, unos 15€. Caen discos de Stone Temple Pilots, Ocean Colour Scene, Royal Crown Revue, Babes In Toyland, Oasis, The Bellrays… claro, mi CD de Nazareth de ayer, comparado con estos precios, me pareció un timo!!

Canciones:

Héroes del Silencio: “El mar no cesa”
Lou Reed: “Lady Day”
Amy Winehouse: “Rehab”

18
Oct
07

USA Kar Tour 2007. Día 2: En Frisco hace fresco

Despierto demasiado temprano, cosas del jet lag, supongo, y pongo la radio. Sin buscar nada, me aparece una emisora que dicen pinchar “Alternative Rock”. En media hora se suceden hits de finales de los 90’s, de Foo Fighters, RATM, Weezer, Hole, Beastie Boys o Garbage, lo cual me recuerda en qué país estoy. Ok, obviamente en Estados Unidos no es todo rock, también hay mucha cutrez, pero sin duda, el rock forma parte de la cotidianidad.
Hoy el plan se inicia con una suerte de visita guiada a la ciudad. Un fulano nos debe recoger a primera hora y durante tres horas, nos paseará por los puntos más típicos, lo cual, y dadas las distancias, no está mal, como mínimo para hacerse una composición del lugar, y para poder moverse después por él. El guía resulta ser un argentino bastante desastrado y que tiene un pie con un vendaje compresivo, lo que no me da mucha confianza a la conducción. Lo mejor de este tío fueron las explicaciones al pasar por la calle Castro y el barrio gay, con perlas como “bueno, no se piensen que sólo viven homosexuales, también vive gente normal” y “pero no se preocupen, no se meten con nadie, y ustedes pueden pasear tranquilos”… Llegado a este punto, no puedo evitar recordar el episodio de Los Simpson en el que Homer, Smithers y Burns acaban en Cuba. Fidel Castro está al borde de llamar a la Casa Blanca para expresar su rendición (“camaradas, estamos en la más ruín ruina”) y les dice a su subordinados “pero si los americanos no son tan maaaalos, incluso le han puesto mi nombre a una calle de San Francisco”. El subordinado le susurra algo y Castro dice “la calle está llena de mariQUEEEÉ?”. No, el Castro de la calle no tiene nada que ver con el cubano. Por cierto, que esos días se celebra una especie de convención de sado gay y no es extraño toparte en algún punto de la ciudad, con total naturalidad, con asistentes a la misma vestidos con sus mejores galas. Por la tarde me topo, pues coge el metro conmigo, con un tipo que va vestido con un minishort de cuero negro, una camiseta sin mangas rasgada, del mismo color y material y unas botas Doc. Martin’s. De esta guisa se paseaba, sin mayor aspaviento por parte de sus conciudadanos. De modo que efectivamente, parece que San Francisco es una pequeña isla de libertad en un país de lo más cuadriculado.

El dicho popular es que San Francisco es la más europea de las ciudades californianas, y no se equivoca demasiado, a excepción de las distancias, enormes. El transporte público es bastante caótico. Cuenta con unas líneas de autobuses, otras de tranvía, que sin ser el tranvía decimonónico que se mantiene para los turistas, es demasiado cercano a un transporte de los 50’s, y una suerte de tren ligero a medio camino entre un metro y un tren de cercanías. Pero aunque insuficiente, es necesario, porque en gran medida, las calles de San Francisco son como en las series, cuestas de pendientes imposibles por toda la ciudad, que hacen de cualquier paseo un rompepiernas.

Me acerco al puerto, el famoso Pier 39, donde más que en ningún sitio se puede constatar que en esta ciudad hay un microclima que hace necesaria una chaquetita, aunque sea finales de septiembre. Allí disfruto de una comida en un bar típicamente 50’s, Johnny Rocket’s, con clásicos del rock’n roll y el soul sonando y camareros de blanco y con gorrito, lo cual me lleva de golpe al bar de “Regreso al Futuro”. Y para mí, que soy un mitómano sin remedio, comer una hamburguesa en un sitio así, ya tiene su aquél. En este puerto es donde están los famosos leones marinos de San Francisco, y a decir verdad, tienen su gracia durante cinco minutos, hasta que uno acaba harto de sus gritos (venga, todo el mundo ha imitado el sonido de una foca alguna vez!!) y del pestazo que emiten.

Johnny Rocket’s: rockin’ burguers in town

Allí también me hago con un ejemplar del San Francisco Bay Guardian, un periódico gratuito donde se publican las actividades principales de la semana. Voy con la esperanza de pillar un buen concierto, pero no estoy de suerte. Perry Farrell actúa al día siguiente de marcharme, y tres días más tarde, The Black Crowes y The Cure. Esos días todo parece absorbido por una especie de festival de techno. No dejan de llamarme la atención los expendedores de prensa, gratuita o de pago, que se encuentran en la calle. Puedo llegar a la triste conclusión de que en Barcelona un expendedor de prensa así no duraría ni cinco minutos sin ser quemado destrozado o utilizado como meadero. Pero es que los americanos parecen ser gente que respeta las normas. Las tiendas son una tentación para cualquier cleptómano. La gente deja sus bolsas en el asiento, y se levanta a tirar un papel. Pequeñas cosas que a un habitante de la Celtiberia ni se le ocurrirían. Por otra parte, constato la extremada amabilidad del personal de cara al público. Los camareros son asquerosamente atentos, y cada diez minutos se acercan a tu mesa con un “is everything ok?”. Por supuesto, lo que buscan es una propina más alta. Sin embargo, a mí ya me vale. Lo mismo se puede decir de los dependientes de las tiendas. En fin, que viniendo de una ciudad en la que un dependiente de una tienda generalmente apenas mira al cliente para cobrarle, se agradece toparse con gente atenta y amable, a veces incluso demasiado. Me compro una copia del “Hair of the Dog” de Nazareth en Rasputin Records, una curiosa tienda de discos de tres plantas, pero que no es un megastore frío como puede ser FNAC. El precio no está nada mal.

Al otro lado de la bahía hay un pueblo llamado Tiburon… moooola

Acabo cenando en un italiano, en el barrio de italianos de San Francisco, North Beach. Allí aprovecho para observar al público, especialmente pintoresco el compuesto por grupos de cuarentones y cuarentonas (grupos de hombres solamente o de mujeres). A mi lado hay un grupo de cuarentonas que no dejan de hablar a voz en grito. Al volver del baño, veo que a la que tengo más cerca de mí se le ha caído la chaqueta que tenía colgada en el respaldo de la silla. Haciendo la buena obra del día, la recojo y se la doy, interrumpiendo su animada conversación. La cara de entre pánico y asco que por segundos me ofrece la dueña de la chaqueta me muestra que esa amabilidad americana se queda sólo en los negocios, y me arrepiento de no haberla pisoteado al volver.

El cambio horario y la comida basura comienza a hacer mella en mis intestinos. El agotamiento de todo el día caminando y el jet lag me llevan a arrastrarme hacia el hotel. De North Beach al hotel hay sólo unas cinco manzanas, pero esas pendientes inhumanas me cuestan tanto como el Tourmalet. Al llegar al hall, el botones de ayer me saluda de un modo ampulosamente amable. Es su manera de recordarme que le debo una propina. Sigo sin dejarle nada.

Canciones:

Oasis: “Roll With It”
Iggy Pop: “Sixteen”
Luis Eduardo Aute: “Al Alba”

16
Oct
07

USA Kar Tour 2007. Día 1: If you’re going to San Francisco

El plan de vuelo es el siguiente: partimos con un Barcelona-Nueva York, y tras una breve escala en el aeropuerto JFK, un siguiente vuelo NYC-San Francisco. Me levanto menos excitado de lo que podría pensar, sin duda el cansancio me mata, y llegar al aeropuerto y encontrarme el mostrador de facturación de Delta Airlines todavía cerrado me hunde. En ese mostrador, y antes de darme la tarjeta de embarque, la persona de mostrador me interroga acerca de si el equipaje me lo he hecho yo mismo, etc… A punto estoy de comentarle que las bombas y la coca me las he dejado en casa, pero entiendo que no está el horno para bollos, de modo que aguanto como un niño bueno, deseando con todas mis fuerzas poder subirme de una vez al dichoso avión. Una vez allí, medio orfidal y las tristes 2 horas de sueño de la noche anterior me permiten afrontar el primer vuelo de una manera plácida: aunque incómodo, duermo 7 de las 8 horas de trayecto.

En el aeropuerto de NYC nos toca pasar por inmigración. Nos proporcionan en el avión la “tarjeta verde”, un formulario que debemos rellenar indicando nuestros datos, destino, alojamiento, motivos del viaje y fecha de retorno. Incluyen también ridículas preguntas acerca de si alguna vez he intentado entrar ilegalmente en el país (como si lo fuera a decir, de haberlo hecho) o si había estado implicado en las persecuciones de los nazis o de los aliados entre el 39 y el 45 (¿?). Pero sorprendentemente el trámite aduanero no es tan chungo como lo pintan. Por lo menos no para nosotros. Pesado sí. Ridículo sobre todo. Pero vamos, nada de registros anales ni algo por el estilo.

San Francisco days, San Francisco nights

El sueño vuelve a vencerme en el trayecto NYC-SFO. No me da tiempo a observar al pasaje, no veo si hay alguien con cara de querer volar el avión por los aires ni puedo desarrollar mi paranoia, caigo redondo sin apenas enterarme de dónde están las puertas de emergencia del avión. Cuando llego, son las 6 AM del día siguiente en Barcelona, pero tarde/noche en San Francisco. Este desfase horario me pierde, y realmente no sé si me toca comer, dormir, cenar o lo que sea. Sólo sé que me siento cansado, y lo único que me apetece ahora mismo es engullir algo y descansar mis huesos en una cama.

San Francisco tiene buena pinta. Es viernes noche y la gente sale a cenar y de copas. Mi hotel está bastante bien, es una casa señorial reformada en hotel, que perteneció a la familia Stanford, los mismos que fundaron la Universidad de Stanford. De todos modos, me da la sensación de que es mucho hotel para mí, que pretendo estar solamente las horas de sueño, y que por lo tanto, me hubiera conformado con cualquier cuchitril con cama y baño. La recepcionista me comunica, compungida, que no tienen habitación con cama King Size, y que de momento, nos asignan una con cama Queen Size, pero que si lo deseo, mañana me la cambian. Creo que sobreviviré con el tamaño de cama Queen Size. El botones se ofrece a subirme las maletas. Como quiera que cuando las sube, yo no estoy en la habitación, no le dejo propina. Eso no parece sentarle bien. Cuando me instalo son las 22h y el tema cena está complicado, así que me conformo con unas quesadillas mexicanas en el bar del hotel. De todos modos, estoy cansado, quiero cenar, dormir y mañana lanzarme a ver la ciudad, aunque no lleve flores en el pelo. Temo, finalmente, por mi línea: sólo llevo un día en USA y ya me he atiborrado a comida basura (muffins, pizza, galletitas, quesadillas, …). En fin, mañana será otro día.

Canciones:

Amy Winehouse: “Wake Up Alone”
The Police: “Synchronicity II”
Smash Mouth: “Walking in the sun”




septiembre 2017
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