Archive for the '00 SECCIONES FIJAS: VIAJES' Category

11
Dic
15

El peor trabajo del mundo

Tal vez tú te creas que tu trabajo es una mierda… sí, te hablo a ti, lector quejumbroso de NDK, que te regodeas en tus miserias personales mientras piensas con odio en ese jefe que te ningunea, en esos compañeros que no colaboran, en esa, sí, esa que te gustaría tirarte pero que no te hace ni puñetero caso, y en la faena aburrida y monótona en la que gastas ocho horas de tu vida, día tras día, sin permitirte demostrar la valía que sabes que tienes y que sin duda merecería mejor aplicación. Tal vez creas eso, pero no es así. Y para ello está el tío Kar, para explicarte, cual abuelo cascarrabias, que lo que ocurre es que vuestra generación está demasiado acostumbrada a atar los perros con longanizas, expresión que, dicho sea de paso, es absurda, porque si así fuera, en primer lugar, vaya una mierda de longaniza blandurria que permite hacer un nudo y, por otra parte, diablos, el chucho se la comería.

Pero antes, permitidme que os explique una historieta. Es una de esas historias que abundan en este blog, de viajes y situaciones absurdas, con un cierto componente de autocompasión por parte de quien suscribe, que consejos vendo pero para mí no tengo, y, claro está, ese ego ingente que ahora mismo pugna por salir de la habitación donde me encuentro y estallar destrozándolo todo, como el muñeco de los marshmallows de Cazafantasmas. Y para variar, algo de escatología, que siempre le da al asunto una pátina de humor y resulta una muestra de mi bajo nivel intelectual, que me hace reír como un idiota con el caca, culo, pedo, pis.

Pues resulta que el mes pasado viajé a Malasia, concretamente a la capital, Kuala Lumpur. Es ahora cuando a ti, lector, te toca pensar “joder, qué chulo, qué vidorra se pega éste, cómo debe molar ese país” y todas esas cosas que me toca sufrir y que asumo estoico como un ecce homo  pero en la versión guapa, no la versión graffittera que dio efímera fama a esa abuela beatilla de Borja. En fin, para quien se crea que todo el sudeste asiático es como un publirreportaje de Turismo en Tailandia, con playas paradisíacas, delicias gastronómicas, bellezas asiáticas, templos budistas en cada esquina y diversión a tutiplén, le recordaré que Malasia es un país eminentemente musulmán, siendo ésta la religión oficial, luego, es un coñazo de sitio donde no te sirven cerdo para comer y done suena la dichosa llamada a la oración desde las mezquitas cinco (cinco!) veces al día. Lo cual contrasta con Kuala Lumpur, una urbe de apariencia ultramoderna, al menos en el centro económico, con rascacielos espectaculares y las torres Petronas reinando. Que no engañen las apariencias, más allá de la alargada sombra de esas torres Petronas, el resto de la ciudad es bastante cutre.

petronas

Torres Petronas, desde arriba. Un bonito día… (photo by @carloskarmolina)

Pero amigos, las torres Petronas es la atracción principal, y aprovechando mi última mañana en el país, dado que la faena había acabado y mi vuelo era por la tarde, decidí hacer de turista y sí, subir a las torres, que tenía, por otra parte, muy cerca de mi hotel. Para subir se compran unos tickets que distribuyen las visitas por franjas horarias. 15:15 era mi hora. Y llegué con veinte minutos de antelación. Pero tal cual iba llegando, notaba una llamada de la naturaleza, que es una forma fina de decir que me estaba cagando vivo y que el maldito bocadillo de Subway no me había sentado todo lo bien que debiera. Y como no era plan de subir 86 plantas con semejante carga en mis tripas, y bajo posibilidad de sufrir un ridículo accidente, decidí ir en busca de un baño. Anexo a las torres hay un centro comercial, y, claro, lavabos. Di con unos cercanos, con un letrerito que indicaba algo como “lavabos de pago, los hay gratuitos en la siguiente planta”. Como quiera que en estas situaciones límite uno no debe ser rata, decidí pagar. Nada, el equivalente a 50 céntimos de euro y te daban una suerte de toallitas de bebé. Eso era todo, pensaba. Pues no.

Al entrar en el baño en cuestión había un tipo. Pensaba que estaba, sencillamente, haciendo cola. Pero no era así. Al verme entrar, me saludó, servicial, abrió la puerta de un cubículo y se puso a limpiar la taza del wáter, dando un repaso rapidito. Sorprendido, entré y cerré. Yo, que soy un alma sensible, no me sentía muy cómodo con lo que iba a hacer, y teniendo a ese pobre señor al otro lado de la puerta, y sin embargo, ¿qué otra opción me quedaba? Desde luego, ninguna. Así que me puse a la faena, que para eso habíamos llegado hasta allí. Una vez finalizada, allí estaba ese caballero, sonriente, activando el grifo del lavamanos para mí, de un servicial que resultaba ridículo. Mojé mis manos, claro, y automáticamente mi recién estrenado vasallo le daba al pulsador del jabón para que pusiera mis manos debajo. Finiquitada la higiene, me acercó unos trozos de papel para secarme, y me puso una suerte de colonia o loción para las manos. Abrumado, le di las gracias y me marché.

¿Y ahora, qué? Imaginemos la rutina laboral de ese individuo, ocho horas limpiando wáteres que van a ser automáticamente utilizados, ocho horas de olores y ruidos poco agradables, ocho horas de asistir en la compleja labor del lavado de manos a tarados como yo. Entonces, ¿ahora, qué? ¿Verdad, lector, que te sientes un poco mejor con tu trabajo? De nada.

Canciones:

Nouvelle Vague: “Ever Fallen In Love”

The Faces: “Ooh La La”

R.E.M. : The Wake-Up Bomb

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03
Jul
15

Comin’ back

Hoy vuelvo a casa, por fin. Vuelvo, aunque la llegada se producirá no en un “hoy” sino en un “mañana”. ¿Y sabéis lo que no voy a echar de menos? La moqueta. La puta moqueta que me rodea, en hoteles, en aeropuertos, en las oficinas. Lo he dicho varias veces y me reafirmo, la globalización está en esos lugares, asépticos y donde resulta tan fácil perder la noción del tiempo y del espacio. ¿Dónde estoy hoy? ¿Qué día es? Esa sensación extraña de hablar con una persona que acaba de trabajar cuando tú te acabas de despertar, y con otra que se va a dormir cuando uno ni siquiera se ha sacado las legañas. Que viva el whatsapp, a pesar de todo.

Y al final, una vez más, aeropuerto de Los Angeles, LAX. Que sí, que hay muchos sitios peores en el mundo, verdaderos agujeros en la tierra. SI no digo lo contrario, de hecho, me encanta Los Angeles. Digan lo que digan, esa ciudad desprende una aureola como pocas otras.

Los Angeles (by @carloskarmolina)

Los Angeles (by @carloskarmolina)

Hoy he cumplido con lo que viene siendo para mí una (encantadora) rutina cuando viajo a San Diego, y es, previa llegada al aeropuerto LAX, sacar un rato libre para acercarme por el 6400 de Sunset Boulevard, donde se encuentra, y por muchos años que así sea, Amoeba Records. Respiremos tranquilos, sigue en pie y parece que con buena salud, y lo que es más importante, repleta de discos, no como muchas otras tiendas en las que la memorabilia, camisetas y chorraditas varias han ido ocupando ese espacio sagrado que tenían que ocupar los discos. Aquí no es así, como cantaban los Caifanes.

Me ha ocurrido una cosa curiosa. He ido a aparcar en el parking de siempre, sobretodo desde que una vez aparqué en la calle, se me pasó el la hora del parquímetro (nada, diez minutos, no más) y el Ayuntamiento de Los Ángeles me puso tal multa que seguramente la remodelación del paseo de la fama la he pagado yo. En fin, que entro al parking y me encuentro la barrera de entrada abierta. Al salir del aparcamiento, me doy cuenta de que no he tomado ticket alguno, y me deja mal cuerpo. Pero no tengo mucho tiempo, de modo que me dirijo a Amoeba. Hechas las compras pertinentes, voy a coger mi coche, y al pasar por la garita, me la encuentro totalmente cerrada, y c on un cartel: “gate is open”. De modo que he decidido salir, no sin antes revisar si había alguna cámara o sistema de captación de matrícula, o similar. No lo he visto, así que he hecho un sinpa de toda la vida. Si acabo recibiendo una denuncia del parking en cuestión, ya os cuento.

Canciones:

Guns n’ Roses: “One In a million”
Barbra Streisand: “Guilty (one in a million)”
The Ventures: “Perfidia”

29
Jun
15

Surfdog

El problema de la realidad es que no mola nada. La ficción, eso es lo bonito. Las historias, las habladurías, los recuerdos edulcorados, los sueños, las imaginaciones, las versiones pasadas por el prisma del tiempo, los chismorreos y los “creo que”… todo ello es siempre mejor que la realidad, que suele ser siempre decepcionante. Una noche de fiesta es siempre mejor cuando se recuerda al cabo de unos meses, y ya no digamos cuando se explica, con unas cuantas cervezas sobre la mesa. Como el sexo. Por poner un ejemplo idiota.

Cuando uno visita los sitios tiene que recordar siempre que un lugar no es sólo una localización geográfica, sino una conjunción de factores, a menudo más relacionados con lo que se cuece en nuestra cabeza, corazón, alma, tripas o entrepierna. Como decía el otro día referente a mi visita a Sky Valley, “el desierto es un estado mental”. De verdad que no recuerdo de quién es esa frase, lo mismo no es de nadie más que mía, y me está ocurriendo como a Paul McCartney cuando compuso “Yesterday” (Al parecer, Macca despertó un día con unos acordes en la cabeza y se puso a tocar la celebérrima melodía, pero, pensando que tal vez era una melodía de alguien, y que simplemente la había recordado sin ser capaz de situarla, anduvo preguntando a la gente de su entorno musical si la conocían o les sonaba de algo. No quería escribir todavía su letra hasta no tener la seguridad de que no le había traicionado el subconsciente). En fin, el desierto es un estado mental, frase que, si es original mía, cedo a la humanidad. Y casi podría decir que cualquier lugar es un estado mental.

Surfdog bar en Encinitas (by @carloskarmolina)

Surfdog bar en Encinitas (by @carloskarmolina)

El otro día volví a Encinitas, un pueblo costero al que acudí hace unos años, no muy lejos de San Diego, y que me había encantado. Había pasado una tarde de playa estupenda y guardaba un gran recuerdo de ella. Sin embargo, cuando volví el domingo pasado a ese lugar, me llevé una decepción. En pueblo, seguramente, no habría cambiado tanto, sino yo. No eres tú, soy yo. Y mis circunstancias.

Aunque para no cerrar de modo negativo, diré que por casualidad me metí en un bar de aires surferos, y una vez superada la decepción de que no servían cerveza, y que tenía que conformarme con un puto smoothie, advertí que se trataba de un local que pertenece a la disquera Surfdog, discográfica independiente pero que publica (y por ello la conozco yo), entre otros, los discos de Brian Setzer y lo último que se publicó de los Stray Cats, un directo que recogía su gira de reunión. Así que en el fondo, no estuvo tan mal. Alzo mi vaso de Dr. Pepper en vuestro honor.

Canciones:

The Heartists: “Belo Horizonti”

The Walker Brothers: “The Sun Ain’t Gonna Shine anymore”

Refused: “New Noise”

04
Feb
14

sao paulo, día 2

Hoy es lunes y esto es Alphaville, Sao Paulo. Hotel, dulce hotel. Circunstancias de la vida en la carretera hacen que hoy me haya instalado en un hotel diferente al de anoche, y que volverá a cambiar la noche del miércoles. Pero es una buena habitación, tipo apartamento, con una cocina, un saloncito, baño y una habitación con dos ridículas camas separadas por una mesita, que inevitablemente me lleva a la habitación que compartieron mis abuelos. De todas formas, no espero compañía, así que da igual.

Hace mucho calor, pero no quiero poner el deficiente aire acondicionado, porque ando cascado de la garganta, y mañana tengo bolo importante, que no quisiera hacer como si estuviera imitando a Don Vito Corleone. O a Epi. Así que aguantaremos este calor que, no os voy a engañar, me encanta. La sensación de llegar a la habitación y quitarme la ropa y pasear en calzoncillos, me ha recordado lo mucho que echo de menos el verano en casa. En alguna casa.

Y como la noche de ayer fue fatal, y estoy muerto de sueño, ni siquiera he salido. Me he permitido ese lujo de dioses que es estarme un buen rato leyendo en la cama (“La Canción de Amor de Jonny Valentine”), y luego pedir algo de comida en la habitación. Una especie de estofado de ternera, con salsa Madeira, le llaman, y unos tacos de queso provolone rebozados, que no me han gustado mucho, y que hecho eso tan odioso de pedir un plato y dejarme más de la mitad. Zumo de limón para beber, que esto es Brasil y los zumos de frutas valen la pena. No es que sea la comida más sana del mundo, pero dadas las circunstancias, por hoy, pase. Mientras cenaba, acababa de ver “El Hombre Que Mató A Liberty Valance”, y no, por favor, puristas del cine, no me den la tabarra sobre eso tan feo de ver obras de arte del celuloide en dos partes. El avión ayer tenía que aterrizar, qué le voy a hacer. No quisieron esperar a que James Stewart supiera la verdad.

Andaba escuchando algo de Daft Punk, ahora que tan rematadamente famosos se han vuelto, y se le quedan a uno las ganas de decir “yo ya los conocía antes”, pero en realidad, qué más dará. Su “Get Lucky” me parece un hit fantástico, pero es que estos gabachos ya habían demostrado su capacidad para componer canciones de esas que te hacen replantearte tu condición de rockero a la antigua usanza. Que en el fondo, no soy. Aunque la canción que me ha hecho esbozar una sonrisa ha sido su “One More Time”, que me transporta a tiempos muy divertidos. Y no me he puesto en plan melancólico. Simplemente he recordado, he sonreído, y luego he seguido a lo mío, como quien se fuma un cigarrillo y tal como se acaba, lo arroja al suelo con cierto desprecio y lo aplasta con la punta del pie.

Canciones:

Daft Punk: “One More Time”

Kaiser Chiefs: “Ruby”

Billy Idol: “Hot In The City”

03
Feb
14

Sao Paulo, día 1

Yo había pensado en cerrar el blog. En no volver a escribir. De hecho, había, incluso, planeado cuándo y cómo lo iba a hacer. Iba a ser la tarde del 31 de diciembre de 2013, con un escueto mensaje, donde diría algo así como “muchas gracias a todos aquellos que estáis ahora mismo leyendo estas líneas… es algo que significa mucho para mí, porque esta no es sólo la última entrada de 2013, sino que es la última entrada que jamás voy a escribir para NDK”. Luego iba a colgar el vídeo de Bowie en su último concierto como Ziggy con las Spiders From Mars, cuando tocan “Rock n’ Roll Suicide”. Si es que soy una jodida drama queen. Lo que pasa es que aquella tarde, por lo que fuere, ya no lo recuerdo, no pude hacerlo. Luego lo fui dejando. Luego vinieron las dudas. Luego, sorprendentemente, me llegaron unos elogios al blog (gracias, Sergi), que acabaron siendo la puntilla. Yo lo sabía, en el fondo, no quería matar a NDK. Y aquí sigo. Ignoro con qué frecuencia, ignoro cómo irá, a partir de ahora, el blog. Pero aquí sigo.

Y este aquí, y este ahora, es un avión que me está llevando a Sao Paulo, Brasil. Estaré varios días por allí. Y aunque hacía tiempo que no viajaba con frecuencia, la experiencia no se me antoja más apetecible. Soy como el personaje de Danny Glover en Arma Letal. Me estoy haciendo viejo para toda esta mierda. Cómo se llamaba? El de Mel Gibson era Ricks y el de Glover, no logro recordarlo.

La última, y única vez, que estuve en Brasil fue hace ya 5 años. Un jodido lustro. Era, entonces, mi primer viaje de trabajo transoceánico. Y fue un completo desastre. Ahora la experiencia es un grado y todo está (más) bajo control. En aquél viaje perdí, recuerdo, una conexión en Rio de Janeiro, donde hacía escala para ir a Curitiba, y tuve que comprar un billete en el mismo aeropuerto, de una aerolínea llamada “Gol”, lo cuál, ni a mí ni supongo a vosotros me daba mucha confianza, cascarme varias horas de espera en un aeropuerto infecto y joderle la noche al pobre diablo que se había comprometido a ir a buscarme al aeropuerto de Curitiba, hasta dejarme en ese agujero infecto que resultó ser mi hotel de entonces. En esta ocasión todo va mejor, y definitivamente confío en que mi hotel no será ni mucho menos como aquél de cinco años atrás. Cinco años de un bautismo de fuego, de esos de aprendizaje descarnado. Algo escribí en el blog, al respecto, por entonces.

Lo he contado creo, en alguna ocasión, la primera noche en destino me resulta deprimente y me siento triste y miserable. Luego ya se me pasa. Pero es inevitable. Supongo que el sumatorio soledad y cansancio colaboran a la causa. Y como hace cinco años, y recuerdo claramente escuchar en el ipod, trasto que ahora parece del pleistoceno superior, suena, ahora en mi cabeza, esos primeros compases de “Rocket Man” de Elton John. Y no sé si me hace sentir mejor o peor, pero allí está.

Canciones:

Elton John: “Rocket Man”

David Bowie: “Rock n’ Roll Suicide”

Daft Punk: “Around The World”

12
Nov
13

Vuelvo a Madrid

La ocasión del concierto de los Pixies resultaba perfecta para pasar un par de días en Madrid. ¿Os he contado en alguna ocasión que me encanta Madrid? Yo soy de Barcelona, de hecho actualmente vivo en una población del extrarradio de la capital catalana, pero sigo considerando que soy de Barcelona. Madrid ha sido siempre para mí una ciudad de ocio y durante una temporada, también de trabajo. Pero sobretodo de ocio. Incluso cuando iba por trabajo.

Llevan unos días de huelga de basuras en la ciudad, y la mierda se acumula tendiendo hacia lo insalubre, en pleno centro. No quiero ni saber cómo estarán los barrios. Los negros de la calle arenal venden camisetas de fútbol fake. La camiseta del barça cuatribarrada está debidamente disimulada entre la maraña de zamarras. Pasamos por delante de un restaurante. Como gancho, una señora nos ofrece una copa a la entrada. “¿Quieren una copita de cava aragonés?”, nos dice, recalcando su procedencia. Los tiempos que corren, supongo.

Nunca había estado en la sala Riviera. Por lo menos se está cómodo, aunque el sonido es atroz y la barra esa en medio de todo es francamente molesta. Pero esto es Madrid, y podemos cenar a las 23:30 sin mayores problemas. Me llevan a un bar restaurante de Chueca al que jamás hubiera entrado, por miedo a poner un pie en su mugriento suelo y quedarme allí enganchado. Pero ya se sabe, esos sitios, a los que se accede mediante el boca a boca, son los mejores. Especialidad en setas. Poca broma. Y mientras esperamos mesa y bebemos algo en la barra, un poco que queso, cortesía de la casa. Antes del concierto, en otro bar, un poco de tortilla y unas patatas fritas, gentileza del dueño. Cuando en algún bar celtibérico me regalan una tapa pienso que algo se perdió en el camino en los bares de Catalunya.

Las calles están llenas. Hay vida en ellas. Es viernes por la noche, la chavalada, y no sé si incluirme en ella, ay, está de fiesta. Desde que en Barcelona comenzamos a mear colonia y a creernos los más hipsters del cotarro, pero también los más educados y los más finos, todo se volvió más aburrido. De acuerdo, en este punto pienso lo que en catalán diría “entre poc i massa”. Y sin embargo, no puedo evitar pensar que Barcelona se ha vuelto muy aburrida en los últimos años. Eso sí, molamos mucho. Somos como cuando Moe decidió cambiar su bar de toda la vida por un local para modernos.

Madrid tiene otro ritmo. Su gente es diferente. Tienen esa, y me perdonaréis la generalización, sociabilización, ese compadreo, un poco falso, si quieres, del vamos a tomar unas cañas o del vente a mi casa, algo que será por entorno, será por carácter, me queda lejos. El hecho de tener a tanta gente de paso (estudiantes, trabajadores viajantes, inmigrantes, …) lo sustenta. Y lo sé de buena tinta, porque durante años fui a Madrid por trabajo casi cada mes. Y claro, uno intenta buscar pasar también buenos ratos en esos días fuera de casa.

No sé si me gustaría vivir en Madrid. Está muy bien para irse un fin de semana y pasarlo en grande, comer muy bien, visitar esos lugares con tanto encanto (incluidos esos museos tremendos)… pero también tiene muchas cosas que me agobian, como ese tráfico atroz o ese trajín de gente. Pero seguro que una temporada, me quedaba a gusto.

Canciones:

Pixies: “Ana”

Mark Lanegan & Isobel Campbell: “Time Of The Season”

Paul McCartney: “Queenie Eye”

20
Ago
13

Bunker Hill

Hablábamos el otro día de “Pregúntale Al Polvo”, la novela de John Fante. Sé que se ha rodado una película, pero la protagonizan Colin Farrell y Salma Hayek, por lo que no es que me muera de ganas de verla. En esa novela, el aspirante a escritor, Arturo Bandini, se traslada a Los Angeles, y vive en una pensión de Bunker Hill. Bunker Hill es una zona de lo que ahora se calificaría de Downtown Los Angeles. Pero a principios de siglo se trató de un área peculiar, por su condición de residencial, con habitantes que manejaban viruta y vivían en casas de estilo victoriano. Al poco de finalizar la Primera Guerra Mundial, y con el crecimiento de la ciudad, y su distribución de trazado para la circulación de automóviles, poco a poco, sus ciudadanos de solera fueron abandonando la zona, que se fue degradando, y sus grandes casas se dividieron para ir alojando a realquilados. O para, como en el caso del lugar donde habitaba Arturo Bandini, ser reconvertidos en pensiones.

Todo aquello duró unos años más, hasta que a mediados de los 50s, toda la barriada fue derruida para construir el Downtown LA y desarrollarse más o menos como lo conocemos ahora: un distrito financiero y hotelero, lleno de edificios altísimos de oficinas, una verdadera jungla de cristal. Y de todo aquello que era Bunker Hill no queda más que el recuerdo y alguna placa conmemorativa.

Asi era el Bunker Hill de John Fante

Asi era el Bunker Hill de John Fante

La última vez que estuve en Los Angeles, me alojé en un hotel de Downtown LA, en pleno Bunker Hill, lo cual, a un mitómano como yo, me hizo gracia. Aunque ya no quedara nada de lo que Bandini, como alter-ego de John Fante, conoció.

El downtown de Los Angeles es, por la noche, una zona de aceras vacías. Lo cual no quiere decir que no haya vida nocturna, desde luego no es eso. Lo que ocurre es que, como siempre en esta ciudad, todo el mundo se desplaza en coche. Si bien, aunque ha locales, bares y clubes, no están concentrados en un espacio pequeño, y como del local X al local Y hay un buen trecho, los gringos no van andando de uno al otro, alternando. Todo lo que se ve es algunos homeless, algunos tipos que presentan cierto desequilibrio, algunos otros que son una combinación de las dos clases mencionadas, y paseantes nocturnos que parecen estar de paso, patinadores, y algún que otro despistado. Sólo se ven las luces de los 7-Eleven y, a lo alto en los rascacielos, la luz de algún despacho, conspirando.

Así luce Bunker Hill actualmente...

Así luce Bunker Hill actualmente…

No es el lugar más divertido del mundo, aunque como siempre, en esta ciudad, si buscas, encuentras. Hay locales pijos en las azoteas de los edificios de oficinas, lugares extraños como el Salvage del que ya hablé, y algunas sorpresas agradables, como un bar al que fui, donde tocaba en un minúsculo escenario una banda de blues. El año pasado, una noche, salí por ahí. Estaba con un par de compañeros, era nuestra primera noche en la ciudad, y no teníamos el cuerpo para ir muy lejos del hotel. Callejeando, encontramos una discoteca, un club de techno. Entramos, y la pista estaba atestada de jovenzuelos flipadísimos con una DJ muy guapa que pinchaba en un escenario. La electrónica no es una música que me guste particularmente, tampoco es que cumpla el cliché rockero de odiar esa música electrónica de baile. Aquella DJ en particular pinchaba algo de bases demasiado duras para mi gusto, que me quedé, en esa disciplina, en el house suavecito de con mucha influencia del disco-funk que se puso de moda a primeros de los 00s. La parroquia allí congregada, sin embargo, parecía disfrutar entregada, a la música, y a tenor de ciertas caras, también a la química.

Lo curioso del asunto fue que TODO el mundo era oriental. Chinos, coreanos, japoneses, vietnamitas… lo que sea, perdón, pero no soy capaz de diferenciarlos. Ok, no todo el mundo, pero sí en un 80%. Cierto es que en Los Angeles hay una población con origen del este de Asia muy significativa. ¿Qué hacía que se congregaran en ese lugar? Pues en realidad, no tengo ni la menor idea. Sí sé que me pareció estar en Hong Kong o en Hanoi. Al final, tampoco duramos mucho allí dentro.

Canciones:

Muddy Waters: “Got My Mojo Working”

Iggy Pop: “Besides You”

Primal Scream: “Velocity Girl”




diciembre 2017
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