Posts Tagged ‘Madrid

11
Ene
16

Adiós, David…

Esta historia arranca en verano de 1997. Sí, me había prometido a mí mismo que ya, que ya vale de batallitas de los 90s y de explicar mis miserias por aquí. Ocurre que esta mañana el Twitter me ha dicho que David Bowie había muerto, y yo no me lo había creído, una de esas mentiras hijoputescas de las redes sociales, pensaba yo, o mejor todavía, una jugada de marketing con algo de humor negro de un Bowie que se las sabe todas y que había publicado nuevo disco tan solo unos días antes. Pues jódete, resulta que sí, que el tío la ha diñado, y ahora estoy compungido, me ha dado mucha pena que se haya muerto. Estas mierdas que sólo los fans entendemos. De modo que permitidme volver a ese verano del 97.

Por entonces yo no era fan de Bowie. No conocía su música, salvo algún single por aquí y por allá que emitían en “Los Cuarenta en Canal +”.Sabía, claro, que se trataba de una figura histórica, que era reverenciado por propios y extraños, incluidos, sí, todos aquellos ídolos de la música que entonces era actual y que resultaba, básicamente, la única que yo consumía. Trent Reznor giraba con él, Placebo eran sus teloneros y, claro está, el celebérrimo “The Man Who Sold The World” que Nirvana versioneó. Pero la realidad es que no había escuchado ninguno de sus discos, y para mí era, principalmente, el pelanas de “Dentro Del Laberinto”.

Conocía, también, que el tipo pasaba de su material más antiguo, no era como esos grupos de los 60s y 70s que básicamente hacían conciertos de revival (alguien dijo The Rolling Stones?) y se arriesgaba con movimientos más cercanos a la música que entonces era más o menos actual. De esa época me gustaban sus singles “Strangers When We Know” o el gran remix que los Pet Shop Boys habían hecho de “Halo Spaceboy”, en donde demostraba una cierta querencia por la música electrónica. Pero no, no había escuchado, al menos no conscientemente, “Life on Mars” o “Heroes”.

bowie

Selfie David & me (by @carloskarmolina)

En ese verano del 97 yo había acabado el instituto, en unos meses entraría en la universidad y todo parecía cambiante. Durante el mes de julio, y por unos días, me fui con mi primo, de mi misma edad, a Madrid. Estaríamos en casa de mi tío, el clásico tío bohemio, algo tarambana y homosexual que toda familia ha de tener. De profesión, bailarín. No te digo . Era la segunda vez que iba allí, y resultaba genial, porque mi tío vivía su vida de un modo muy diferente a la clásica rigidez de la familia convencional, de aquí se come a las dos con el telediario puesto y del a ver a qué hora vas a llegar. Con mi tío, y su pléyade de amigos, a cuál más pintoresco, se comía cuando apetecía, se fumaba cuando había, se escuchaba música (por desgracia, demasiado flamenco) y se vivía en un piso en pleno barrio de Lavapiés, que por entonces no me parecía tan degradado. Igual lo estaba y yo, simplemente, no sabía o no quería verlo.

El 15 de julio nos preguntó, a mi primo y a mí, que qué nos apetecía hacer esa noche. Nos comentó que un amigo suyo iba a ir a un concierto de David Bowie, y había propuesto ir. Y sorprendentemente, lamentablemente, le dijimos que no. Preferíamos ir a tomar una copa y lo que saliera. Es decir, me invitaban a ver a Bowie y lo rechacé. No sabéis la de veces que he recordado, con el paso de los años, esa propuesta. Al final, claro, he acabado sin haber estado nunca en una actuación de David Bowie en directo, y el fatal desenlace de hoy ya lo ha hecho imposible. Me consuelo pensando que ese show probablemente me hubiera decepcionado, con un Bowie muy metido en el drum’n’bass y el trip hop y que además pinchó de manera inesperada en la capital española, donde se trasladó el show de Las Ventas a la sala Aqualung porque sólo se habían vendido unas 3000 entradas.

No, no hay moraleja en esta historia. Descubrí la música (y la figura) de Bowie pocos años después, para quedarme prendado. Seguramente esa noche lo pasaríamos bien igualmente, y de poco sirve pensar si me hubiera gustado o no el concierto, ni qué clase de experiencia vital hubiera supuesto. Quizás, ya digo, decepcionante. Pero hoy David Bowie ha muerto y no he podido evitar acordarme una vez más de ello.

Canciones:

David Bowie: “Strangers When We Meet”

David Bowie: “Cat People (Putting Out Fire)”

David Bowie: “1984”

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12
Nov
13

Vuelvo a Madrid

La ocasión del concierto de los Pixies resultaba perfecta para pasar un par de días en Madrid. ¿Os he contado en alguna ocasión que me encanta Madrid? Yo soy de Barcelona, de hecho actualmente vivo en una población del extrarradio de la capital catalana, pero sigo considerando que soy de Barcelona. Madrid ha sido siempre para mí una ciudad de ocio y durante una temporada, también de trabajo. Pero sobretodo de ocio. Incluso cuando iba por trabajo.

Llevan unos días de huelga de basuras en la ciudad, y la mierda se acumula tendiendo hacia lo insalubre, en pleno centro. No quiero ni saber cómo estarán los barrios. Los negros de la calle arenal venden camisetas de fútbol fake. La camiseta del barça cuatribarrada está debidamente disimulada entre la maraña de zamarras. Pasamos por delante de un restaurante. Como gancho, una señora nos ofrece una copa a la entrada. “¿Quieren una copita de cava aragonés?”, nos dice, recalcando su procedencia. Los tiempos que corren, supongo.

Nunca había estado en la sala Riviera. Por lo menos se está cómodo, aunque el sonido es atroz y la barra esa en medio de todo es francamente molesta. Pero esto es Madrid, y podemos cenar a las 23:30 sin mayores problemas. Me llevan a un bar restaurante de Chueca al que jamás hubiera entrado, por miedo a poner un pie en su mugriento suelo y quedarme allí enganchado. Pero ya se sabe, esos sitios, a los que se accede mediante el boca a boca, son los mejores. Especialidad en setas. Poca broma. Y mientras esperamos mesa y bebemos algo en la barra, un poco que queso, cortesía de la casa. Antes del concierto, en otro bar, un poco de tortilla y unas patatas fritas, gentileza del dueño. Cuando en algún bar celtibérico me regalan una tapa pienso que algo se perdió en el camino en los bares de Catalunya.

Las calles están llenas. Hay vida en ellas. Es viernes por la noche, la chavalada, y no sé si incluirme en ella, ay, está de fiesta. Desde que en Barcelona comenzamos a mear colonia y a creernos los más hipsters del cotarro, pero también los más educados y los más finos, todo se volvió más aburrido. De acuerdo, en este punto pienso lo que en catalán diría “entre poc i massa”. Y sin embargo, no puedo evitar pensar que Barcelona se ha vuelto muy aburrida en los últimos años. Eso sí, molamos mucho. Somos como cuando Moe decidió cambiar su bar de toda la vida por un local para modernos.

Madrid tiene otro ritmo. Su gente es diferente. Tienen esa, y me perdonaréis la generalización, sociabilización, ese compadreo, un poco falso, si quieres, del vamos a tomar unas cañas o del vente a mi casa, algo que será por entorno, será por carácter, me queda lejos. El hecho de tener a tanta gente de paso (estudiantes, trabajadores viajantes, inmigrantes, …) lo sustenta. Y lo sé de buena tinta, porque durante años fui a Madrid por trabajo casi cada mes. Y claro, uno intenta buscar pasar también buenos ratos en esos días fuera de casa.

No sé si me gustaría vivir en Madrid. Está muy bien para irse un fin de semana y pasarlo en grande, comer muy bien, visitar esos lugares con tanto encanto (incluidos esos museos tremendos)… pero también tiene muchas cosas que me agobian, como ese tráfico atroz o ese trajín de gente. Pero seguro que una temporada, me quedaba a gusto.

Canciones:

Pixies: “Ana”

Mark Lanegan & Isobel Campbell: “Time Of The Season”

Paul McCartney: “Queenie Eye”

10
Nov
13

Pixies En Madrid

Vengo de pasar un par de días en Madrid, con la excusa, que no es poco, de asistir al concierto de Pixies en la capital española. La ocasión era inmejorable. De hecho, Pixies eran, para mí, uno de esos grupos que había asumido que nunca iba a ver en directo. Y no sería por ocasiones. Obviamente, hablamos de giras de reunión, porque la formación original se rompió en 1992, cuando Frank Black (entonces Black Francis), simplemente, les envió un fax a sus compañeros indicándoles la circunstancia. Siempre me ha encantado esa historia, esa manera tan poco ortodoxa de acabar con la banda. Sencillamente, Frank Black ya no aguantaba a la bajista Kim Deal.

En 2004 volvieron, sorprendentemente, a la actividad. No se soportaban, en especial Frank Black, Kim Deal y Joey Santiago. Pero amigos, los Pixies daban pasta, lo cual no deja de ser un motivo tan lícito como cualquier otro para volver. Tocaron en el Primavera Sound de 2004, y me lo perdí. No recuerdo muy bien el motivo, sería una estupidez. No sería, sin embargo, la última gira de reunión de los duendecillos de Boston. Repetirían Primavera Sound en 2010 y… me los volví a perder. En esta ocasión, tenía justificante firmado por mi mamá… en ese año pasé una etapa complicada que me hizo perderme muchas cosas, y de la que no vale la pena hablar.

Y por fin, cuando había colocado a los Pixies en el casillero de los grupos que nunca iba a ver, me enteré de sus dos conciertos en Madrid. Y claro, no iba a dejarlos escapar en una tercera ocasión. Lamentablemente, Kim Deal había tenido suficiente, o no se había fundido la pasta, vaya usted a saber. Sea como fuere, la gorda bajista no se apuntaba a la fiesta, lo cual no dejaba de ser una lástima. Kim Shattuck, de The Muffs, cubre la plaza.

Tengo que decir, no obstante, que a pesar de la emoción que me causaba el poder presenciar un concierto de una banda que seguía desde hacía más de quince años, no me entusiasmó. ¿Qué falló? Para mi gusto, un aspecto principal: el repertorio. De acuerdo, esto de los repertorios es algo muy personal, muy diverso, y cada fan tendría uno diferente. Pero qué os puedo decir… ir a un concierto de Pixies y que no toquen “La La Love You”, “U-Mass”, “Here Comes Your Man”, “Digging For Fire”, “Caribou”, “Gigantic”, “Velouria”, “Cecilia Ann”, “Bone Machine”, “Gounge Away”, “Nimrod’s Song”, “Cactus”, “Havalina”, “I Bleed”, “Stormy Weather” o incluso “Manta Ray” … insisto, esto entra dentro del bonito mundo de los gustos personales, pero no me negaréis que de la quincena de temas que cito, al menos la mitad pertenecen a lo mejorcito que han grabado el cuarteto de Boston… pues no, ni rastro de esas canciones. He de reconocer que alguna de ellas sí que cayó en la noche anterior (tocaban dos noches seguidas en Madrid), lo cual ya es mala suerte.

Total, que a pesar de esa mística de tener a los Pixies frente a mí, y de algunos momentazos que tuvo el show (espectaculares David Lovering y Joey Santiago), me quedé un poco frío en varios momentos, y en general, el concierto me emocionó mucho menos de lo que quisiera. Me recordó a la noche en que vi a los Redd Kross, otros que andaba años detrás suyo y que había borrado de mi casillero de futuribles, para que, de repente, en 2007 decidieran, por fin, girar, y recalaron en Apolo, para dedicar más de la mitad del bolo a repescar temas de su discografía anterior a “Third Eye”, para mí, claramente inferior a lo que vendría después. Te quedas con cara de tonto. Y un poco, es lo que me volvió a pasar ayer. Por lo menos interpretaron mi Pixie-canción favorita: “Debaser”.

Canciones:

Pixies: “U-Mass”

Pixies: “La La Love You”

Pixies: “Gigantic”




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