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25
Feb
16

De premios Oscar, películas antiguas, cuadernos garabateados y Leonardo Di Caprio

Ahora que todo el mundo espera que Leonardo Di Caprio gane su ansiado Oscar y medio mundo suspire un por fin quizás demasiado forzado, tal vez el tema que nos ocupa venga un poco más a cuenta. Hubo un tiempo, finales de los 90s y primeros de los 00s (década que me resulta francamente difícil de nombrar), en que había un sector que odiaba a DiCaprio. Eran los auténticos, esos que repartían lecciones de integridad y que la tomaron con el actor por su participación en la horrorosa “Titanic” y su automática conversión en poster para adolescentes (¿alguien dijo Popular 1?). Y todavía quedan bastantes de esos. Pues no, señores. Igual soy poco auténtico, igual soy demasiado mainstream, pero considero que Leonardo DiCaprio no es sólo un gran actor sino que además ha tenido la capacidad de escoger muy bien sus proyectos, dando pocos, muy pocos pasos en falso desde que se hundió en aquél barco. Cosa que no se puede decir de, por ejemplo, Johnny Depp, y créanme que lo digo con pena: el que suscribe era fan de Depp y ha ido viendo como su estrella se iba apagando, a base de encadenar mierda tras mierda y rodar sus películas con el piloto automático puesto, muy lejos de lo que había llegado a ser.

Pero antes de ser el eterno oscarizable, incluso antes de ser la víctima del naufragio más largo del celuloide, Leonardo Di Caprio protagonizó una película que tiene un gran significado para mí. Ya hablé de ella por aquí, pero fue hace muchos años, y no me importa volver a hacerlo, incluso no me importa repetirme. Me refiero a “Diario De Un Rebelde”, película de 1996 basada en la novela autobiográfica del poeta Jim Carrol, y auspiciada por él mismo, quien llega incluso a realizar un cameo.

Comenzando por el título, ya vamos mal. El original en inglés es “The Basketball Diaries”, lo cual tiene mucho más sentido, si nos atenemos al argumento. Y para continuar, puedo decir que es una basura de película, que pasea a trompicones por demasiados lugares comunes y tiene algunos buenos momentos, qué duda cabe, pero en general, muy mal resuelta. Afortunadamente dura apenas 90 minutos, lo que es de agradecer, y no me refiero exclusivamente a esta película. Ignoro qué lleva a los cineastas actuales a requerir de dos horas y cuarto para contar cualquier idiotez de historia. Lo he dicho en otras ocasiones, pero como la frase es mía y me gusta, no puedo evitar repetirla: si una película necesita más de 120 minutos, o es una obra de arte o está mal rodada (o montada, o guionizada).

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Mi vida era así hasta que comencé a exponer mis miserias en Internet (by @carloskarmolina)

La historia es más o menos tópica, ambientada en la Nueva York de los 70s, Jim es un muchacho de barrio humilde amante del baloncesto y que suele, constantemente, garabatear cuadernos. Poco a poco, y como suele ocurrir en estos casos, comienza a darle al alpiste y cuando se da cuenta, es ya un yonqui de cuidado, que si la peli estuviera rodada en mi barrio, llevaría un chándal y pediría 20 duros para el autobús. Al final, claro, se acaba rehabilitando, Musiquita final, plano de un texto explicando qué fue del bueno de Jimmy y the end. La banda sonora está bastante bien, muy rockera, qué menos viniendo de un poeta (y músico) que formó parte del movimiento punk de Nueva York, coetáneo de Patty Smith, Johnny Thunders o The Ramones. Y como curiosidad, aparecen en pantalla 3 futuros Los Soprano: Lorraine Bracco (Dra. Melphi), Michael Imperioli (Chris Montisalti) y Vincent Pastore (Pussy Bonpensiero). Ah, y las Gemelas de Sweet Valley, los que hayan sido adolescentes en los 90s lo recordarán. La nota negativa es tener que soportar a ese desastre de actor que es Mark Walhberg durante casi todo el metraje.

Por si fuera poco, hay una secuencia que marca un hito en la cultura popular más reciente. Se trata de la escena onírica en la que Jim irrumpe, vestido de negro con un abrigo de cuero y con una recortada en mano, en el aula del su instituto. Sin mediar palabra, comienza a disparar contra los compañeros cabrones de clase y se dirige también al profesor. Dura menos de dos minutos, pero seguro que os suena… ¿aún no? ¿Y si os digo la palabra Columbine? Efectivamente, esos tarados de Columbine parece ser que se tomaron aquella secuencia demasiado en serio. Podemos echarle la culpa a la película, a Marilyn Manson o al boogie. Eso es lo fácil. Pero no.

Dicho todo esto, ¿queréis saber por qué es importante para mí “Diario de un Rebelde”? Pues porque es la responsable de que estéis leyendo estas líneas. Vi esta película con 16 años, y me encantó. Mis criterios eran cuanto menos particulares, pero estaremos de acuerdo en que para un chavalín podía ser relativamente fácil identificarse. Porque a mí también me gustaba escribir. Así que decidí hacerlo más en serio, y comencé a garabatear, yo también, cuadernos, tal y como hacía el personaje de Di Caprio en la película. Y lo hice durante años, de modo que no puedo sino estar agradecido al resorte que significó para mí. De ahí a exponer mis miserias en este blog de ciber exhibicionismo sólo hubo un paso, el puramente tecnológico. Los cuadernos siguen guardados, claro.

 

Canciones:

Alex Cooper: “El Asiento de Atrás”

David Bowie: “And I say to myself”

The Dahlmanns: “Girl Band”

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10
Feb
16

Seis Grados De Separación: Bob Dylan

Me comentaba un amigo que mi próximo objetivo para este experimento de los Seis Grados De Separación (¿qué? Si Gran Hermano se calificó de experimento sociológico, también esto lo puede ser…) debería tratarse de Giannina Facio. ¿Qué quién es esa buena mujer? Actual esposa de Ridley Scott, quien la coloca haciendo cameos en sus películas (por ejemplo, esposa de Máximo en “Gladiator”), fue pareja/rollete de Pocholo Martínez Bordiu o de mi admirado Julio Iglesias, y buena asidua del famoseo hispánico.

Sé que mi amigo buscaba que el nombre de su también admirado Julio apareciera por estas líneas, y no, no es una cuestión de escrúpulos, en absoluto. Simplemente se trata de que, para cerrar este ciclo de los Seis Grados de Separación, buscaba algo todavía más difícil: nada más y nada menos que Bob Dylan. Reconozco no ser un gran fan del dichoso Bob Dylan, sus discos se me atragantan y me interesa más su figura histórica que su propia música. Pero estaremos de acuerdo en que se trata de un tío arisco y poco dado a las relaciones sociales. ¿Seré, entonces, capaz de establecer no más de seis grados de separación con Dylan? Ahora lo veremos.

Y nuestra historia comienza con Adrià Alemany. Tal vez por ese nombre no os salga nada, pero si os digo que Adrià Alemany es la pareja de la alcadesa de Barcelona Ada Colau, la cosa cambia. De hecho yo tampoco recordaba a Adrià, hasta que una amiga me refrescó la memoria. Yo (también ella, claro) conocí a Adrià cuando tenía 17 o 18 años. Entonces era un chaval más de los que zascandileaba con el grupito con el que me movía al salir de fiesta, principalmente por el Poble Nou y el Gòtic. No acabo de situar bien de dónde venía, y creo recordar que era amigo de un amigo, o compañero de su instituto, o lo que fuere. Sí recuerdo bien a Adrià, un muchacho guapete y carismático, con don de gentes y que causaba gozo en las chicas. De eso me acuerdo claramente, era el típico tipo que sabía estar en el centro del grupo y ejercer cierto liderazgo. Esa época era divertida, ibas a los bares de siempre del Poble Nou y entre la mugre, el humo y los pelos largos siempre te encontrabas con uno o con otro. Por aquél entonces nunca hablamos de activismo, seguramente estaba (estábamos) más interesados en beber y hacer el burro por ahí. Dada su edad, seguramente, igual que yo, acabábamos de acabar el COU (palabra que suena al Pleistoceno Superior) y comenzar la universidad. No recuerdo en absoluto a nadie llamado Ada Colau, y aunque pudiera ser, ya que nos juntábamos grupos bastante amplios de chicos y chicas que, obviamente, no recuerdo a todos, ni mucho menos sus nombres, ya no digamos apellidos, no me suena para nada. Colau es, además, 5 años mayor, lo que cuando se tienen 17 años, constituye un abismo.

Si Adrià Alemany es el grado número uno, queda claro que Ada Colau es el grado número dos. Hace ya tiempo que abandoné Barcelona para vivir en un gris pueblo del extrarradio, por lo que no me puedo declarar ni excesivamente a favor ni particularmente en contra de su gestión. Sí me parece una tía muy lista, mucho más de lo que pudieran reconocer sus adversarios políticos, tan decimonónicos ellos. Y con todo ello, resulta muy sencillo establecer un tercer grado de separación en Pablo Iglesias, seguramente un compañero de viaje de la Colau de algún modo forzado, porque ella nunca ha querido entrar en la disciplina de partido. No estoy en la labor de profundizar en cuestiones políticas en estas líneas, aquí vengo a hablar de rock and roll, de cine, de libros y de esas estupideces infantiloides que me gustan. Así que ahórrense los comentarios sesudos.

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Servidor, cuando salía a darlo todo a la pista del dancing mientras se codeaba con futuros activistas sociales…

En cualquier caso, no puedo dejar de comentar acerca de la persona que constituye el cuarto grado de separación, Mariano Rajoy Brey, con quien inevitablemente Pablo Iglesias tiene esa relación. Aunque no quiero meterme en cuestiones políticas, insisto, me es imposible no reseñar mi sorpresa ante cómo semejante tipo, tan gris, con carisma cero, sin capacidad de liderazgo, comunicador nefasto, sin iniciativa y sin hablar un inglés medio decente, puede haberse sentado en la jefatura del gobierno español. Lo cual dice muy poco de la sociedad española.

En fin, ese individuo se pasea como presidente del gobierno y se codea con presidentes tales como Barack Obama. Y bueno, si alguien quiere aprender algo de comunicación, que revise alguno de los mítines de campaña de Obama: acojona. No es que me las quiera dar de entendido, pero tuve la oportunidad de hacer ese ejercicio de revisión de mítines de Obama en clase, hace un tiempo, y, discursos aparte, impresiona. Y demuestra la diferencia. Por lo demás, un negro siendo presidente de un país en el que, tan sólo 50 años atrás no hubiera podido ni acceder a la universidad, por su raza, es algo que no se valora suficiente. Por si fuera poco, tengo un compañero de trabajo gringo cuyos ideales políticos quedan a la derecha de Sarah Palin que es incapaz de referirse al presidente de USA sin utilizar el epíteto fuckin’ antes de decir el apellido.

Así, si Barack Obama es mi quinto grado de separación, el siguiente paso es, señoras y señores, Robert Allen Zimmerman, Bob Dylan, a quien Obama galardonó con la mayor distinción civil de los Estados Unidos de América, la Medalla de la Libertad. No es muy habitual que un músico de rock llegue a esto. Y no deja de chocar, del mismo modo que hacía daño a la vista la consideración de Sir a Mick Jagger. En fin, yo soy de los que piensan que el rock n’ roll debería estar muy lejos de estas zarandajas, pero claro, figuras como Bob Dylan o Mick Jagger trascienden el rock n’ roll para convertirse en iconos populares, ni más ni menos.

Y aunque, ya lo dije, se me atragantan los discos de Dylan, me resulta interesante ahora que tiene 74 años y ya, directamente, hace lo que le sale de las pelotas, y pudiera ser que está más para allá que para acá, aunque tal vez sencillamente disfruta tomando el pelo a todos aquellos, fans y no fans, que escrutan todos sus movimientos, tratando de dotarles de un significado. Como muestra, aquella mítica entrevista de 2012 en el que se mostraba algo ido y explicaba una historia rocambolesca acerca de su transfiguración (sic.) con el espíritu de un Ángel del Infierno llamado Bobby Zimmerman que murió de un accidente en 1964. Y ese es el Dylan que me gusta, el que uno ya no sabe si está gagá, o flipado, o, directamente, tomándole el pelo a entrevistador y lectores, en lugar de caer en los lugares comunes y el chupapolleo habitual de esa clase de entrevistas. Minipunto para Bob Dylan, pues.

Y minipunto para mí, que en un doble salto mortal (tachán!) demuestro cómo entre el autor de “Like A Rolling Stone” y el que suscribe hay sólo, una vez más, seis grados de separación: Adrià Alemany – Ada Colau – Pablo Iglesias – Mariano Rajoy – Barack Obama – Bob Dylan.

Canciones:

Suede: “Like Kids”

Blue Cheer: “Summertime Blues”

David Bowie: “Absolute Beginners”

 

 

02
Feb
16

Seis grados de separación: Al Pacino

La semana pasada ya anduve tratando de demostrar la verosimilitud de la famosa Teoría de los Seis Grados de Separación. Sí, amigos y amigas, lectores todos de NDK… el mundo es un maldito pañuelo y estamos todos conectados. Así que cuidado con eso. Yo soy muy consciente de que mis tonterías en Twitter y en este, vuestro blog de referencia, me costarán muy caras en mi futura carrera política. Si es que algún día eso ocurre. De momento, de día yo soy un gris trabajador y de noche redimo mis penas en Internet.

Si la semana pasada mostré la conexión entre el juntaletras que suscribe y la reina de las guarrerías filmadas Sasha Grey, hoy pretendo ir un paso más allá. Porque no nos engañemos, Sasha Grey es muy guapa y para muchos puede resultar un mito, al menos, un mito durante cinco minutos en la soledad de sus ordenadores. Pero ahora pretendo ir hacia algo un poco más allá, hacia un verdadero mito. Damas y caballeros, seguidamente demostraré que entre mi persona y el gran Al Pacino no hay más de seis grados de separación. Vamos allá.

Todo comienza en el bloque de pisos donde vivía con mis padres. Ya lo he comentado en varias ocasiones, a pesar de mi porte aristocrático y refinadas maneras, yo soy un chico de barrio. Podría decir que en los barrios populares se vivía de otra manera, en donde se establecían ciertos lazos entre los vecinos, de un modo más fraternal, pero me temo que caería en el tópico, y también en la ignorancia, pues no tengo ni idea de las relaciones que pueda haber en la maldita calle Calvet de Barcelona, por decir algo. Pero imaginemos un bloque, con familias conviviendo en muy poco espacio por (ya entonces, cuando aún vivía allí) unos treinta años y con hijos yendo al mismo colegio. Los lazos son inevitables. Pues bien, mi familia tenía relación amistosa-vecinal con otra familia de ese bloque. Dos hermanos, el mayor tenía 3 años más que yo, la pequeña, 2 más, e iba a la clase de mi hermana. Pues será ese hijo mayor, cuyo nombre, claro, omitiré, el que consideraré mi primer grado de separación.

Año 1997, se estrena la película “Airbag”. Buena película, muy divertida, aunque acabaría generando unas cintas derivadas que daban bastante lástima. Pero no le restemos mérito a una peli como “Airbag” que acabaría entrando por la puerta grande en el imaginario popular, ¿quién no ha dicho alguna vez un chascarrillo de esa cinta? (“muy profesional”, “si es que las visten como putas”, el dar golpecitos al coche como el guardia civil, …). Y el sector masculino seguramente recordaremos a la actriz Vicenta Ndongo, de ascendencia guineana, que tenía un papelito corto como prostituta (y pieza central de la trama). Cómo olvidar a Vicenta, que salía muy guapa y enseñando sus encantos en ese papel. Ella tenía 29 años entonces. Yo, 18. Y mi vecino, 21. El dato es relevante en tanto resultaba que esa, mi familia de vecinos, había tenido un trato al parecer bastante fraternal y amistoso con la familia de la Ndongo. Tanto es así que el padre de mi vecino, en una cena en su casa hacía el comentario, jocoso, y decía algo así como “collons, la Vicenteta, si jo em recordo quan era petita i s’havia quedat a dormir a casa, a l’habitació d’aquest” mientras señalaba con la cabeza a su hijo. Y yo, con esa adolescencia revolucionada, miraba a mi vecino y recordaba esas escenas picantes y claro, no podía evitar pensar en que, joder, debería retomar esa amistad.

RESIIDUO

Por aquí podréis encontrar gran parte de la filmografía de Al Pacino entre 1998 y 2016… la de Robert De Niro está más al fondo, en la trituradora… (by @carloskarmolina)

Vicenta Ndongo es, claro, mi segundo grado de separación. Hay que decir que “Airbag” fue, seguramente, su papel más popular, aunque por lo que me chiva Wikipedia, ha ido haciendo trabajitos por aquí y por allá. En “Airbag” tenía también un papel corto Paco Rabal, precisamente relacionado con el personaje de Vicenta Ndongo. Rabal,  un mito, en este caso, del cine español. Qué puedo decir, aunque respeto su carrera, no puedo compararlo con la admiración que puedo sentir por Al Pacino. Sea como fuere, Paco Rabal será mi tercer grado de separación.

Un dato curioso sobre Paco Rabal es que en 1977 rodó una película a las órdenes de nada más y nada menos que William Friedkin. “Carga Maldita”, se llamaba. Estamos hablando, poca broma, del director de “El Exorcista” y de “The French Connection”. Sin embargo, el pobre Friedkin tuvo la mala fortuna de estrenar “Carga Maldita” justo una semana después del estreno de “Star Wars”, de modo que además de llevarse bastantes palos por parte de la crítica, resultó ser un fiasco económico, de modo que si consideramos que no sólo ejercía de director sino que también era productor (vamos, que ponía sus cuartos), la cosa acabó francamente mal.

William Friedkin es mi cuarto grado de separación. Y llegamos casi al final, con un Friedkin en un modo oscuridad que tuvo la osadía de estrenar una película como “A La Caza”, basada en una investigación policial sobre un asesino que se movía en los círculos homosexuales de Nueva York, infiltrando a un agente en el ambiente gay… en pleno 1980. Claramente fue una jugada arriesgada, en esa época, mostrar un ambiente relativamente opaco como el gay con escenas francamente explícitas. Insisto, era 1980. A mí me parece una gran película, muy valiente y muy bien resuelta. ¿Y quién protagoniza “A La Caza”? Efectivamente, Al Pacino.

Qué puedo decir de Pacino… él es Michael Corleone, él es Tony Montana, él es Carlito Brigante, él es Serpico… curiosamente no rodó mucho durante la década de los 80s, que inauguró con esa “A La Caza” pero que cerró con tan solo cinco películas en su haber. Una minucia, si consideramos la cantidad de cintas en las que apareció a partir de 1990. Un dato curioso, no más. En cualquier caso, y nada que no le ocurra a un Robert De Niro cualquiera, a partir de mediados de los 90s su presencia en pantalla no garantiza un nivel. En los 70s y 80s, si tanto Pacino como De Niro estaban en el casting, sabías que la película iba a valer la pena, como mínimo. Pero ya no fue así de mediados de los 90s en adelante. En la década grunchi protagonizó grandes pelis, qué duda cabe (“Atrapado Por Su Pasado”, por ejemplo), pero sus últimos momentos de gloria los situaría con “Pactar con el Diablo” y “Donnie Brasco” (ambas de 1997). A partir de ahí, poquita cosa más, la verdad. Supongo que no siempre se escogen buenos proyectos, y al final, un Ferrari nuevo nunca está de más.

Así, quién lo iba a decir, estoy incluso más cerca de Al Pacino que de Sasha Grey. Veamos, el tema era Mi Vecino – Vicenta Ndongo – Paco Rabal – William Friedkin – Al Pacino. Cinco grados de separación, camaradas, no me hacen falta ni seis. Os regalo el último.

Canciones:

A Tribe Called Quest: “Jazz (We’ve Got)”

Man… Or Astro-Man?: “Manta Ray”

Charles Bradley: “Changes”

 

25
Ene
16

Seis grados de separación: Sasha Grey

Supongo que, quien más, quien menos, habrá oído algo acerca de la Teoría de los Seis Grados de Separación. ¿No? ¿Alguien en la sala que no? En fin, se trata de una teoría que afirma que cualquier persona en el mundo está conectada a otra persona del planeta por hasta seis grados de separación, esto es, hasta cinco conocidos, de modo que la persona A conoce a la B, la B a la C y así hasta constatar que la persona A sólo está separada de la persona F por hasta seis enlaces. Una patochada que, no se crean, parece estar formulada bajo una base científica, aunque quien la expuso por vez primera fue un escritor húngaro, Frigyes Karinthy y desarrolló un sociólogo, Duncan Watts. A partir de ahí, ilustres miembros la Internacional Papanatas se volcaron en dotar de una solidez a la hipótesis. Y aunque en román paladino podríamos decir que se trata de una teoría cogida con pinzas, a mí me sirve para una entrada. No soy el único, de hecho, yo se lo estoy copiando al escritor Miqui Otero.

O sea, que entre cualquier fulano de este planeta gris y el juntaletras que suscribe, hay sólo hasta cinco personas. Aquí interviene el concepto de vínculo. Persona A debe conocer a persona B para tenerse en consideración. Pero, ¿qué es “conocer”? ¿Qué clase de vínculo se necesita? Yo una vez le di la mano a Iggy Pop durante un concierto… ¿eso cuenta? ¿O si no he compartido la infancia con ese individuo, ya no se puede considerar? En esa gradación tan estupenda que hacía Josep Plà de “amics, coneguts i saludats”, entiendo que los dos primeros epígrafes valdrían. Y como al final la entrada es mía, y en mi cortijo soy yo el que manda, lo haremos así.

Vayamos, pues, a demostrar cómo entre yo y la famosa (ex) actriz porno Sasha Grey, lo crean o no, malandrines, hay tan sólo seis grados de separación. ¿Por qué Sasha Grey, de entre los más de 7000 millones de habitantes del dichoso planeta Tierra, es la escogida para este experimento de NDK? Amigos, esto es Internet. Escriban la palabrita mágica “porno” y sus visitas se incrementarán de un modo exponencial a base de pajilleros y otros adeptos al buen malvivir. Y como quiera que mi vanidad no tiene límites, me encanta mirar las estadísticas de visitas y advertir como la barra de la gráfica ha tocado máximos. Podría ser otro. U otra. Pero no, hoy será Sasha Grey.

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El redactor jefe de NDK reflexionando acerca de la veracidad de la Teoría de los Seis Grados de Separación

De este modo, mi primer grado lo constituye mi tío. Hermano de mi madre, hablé de él por aquí, no vayamos a repetirnos. Entre otros trabajos más o menos artísticos, hace unos años estuvo dirigiendo una versión de “Panorama Desde El Puente”, la famosa pieza teatral de Arthur Miller. Tengo una tendencia a confundir a Arthur Miller con Henry Miller, y aún hoy tengo que tirar de Wikipedia para recordar que Henry Miller es el autor de ese coñazo que resulta ser “Trópico de Cáncer” mientras que Arthur Miller es el dramaturgo, que en una de esas piruetas mortales se llegó a casar con Marilyn Monroe. Vamos, lo que en mi barrio se llamaría un jugón, que no sólo era un escritor, un mito, sino que además se llegó a casar con la belleza más deseada de la época, en un matrimonio cuanto menos extraño. Volviendo a mi tío, preparaba una versión de la obra que iba a protagonizar Sancho Gracia, y que al final tuvo que dejar, ya que fue entonces cuando se le detectó el cáncer que acabaría por causarle la muerte.

Y precisamente Sancho Gracia será el segundo grado de separación. De Sancho Gracia todo el mundo recuerda, claro, la serie “Curro Jiménez”. Sin embargo, esa serie me cogió muy pequeño, y no tengo ningún recuerdo de la misma. Relaciono antes a Gracia con sus colaboraciones con Álex de la Iglesia, comenzando por aquella maravillosa “La Comunidad” o una cinta que me parece muy reivindicable, a pesar de que recibió bastantes palos, “Muertos De Risa”. Álex de la Iglesia siempre ensalzó a Sancho Gracia, considerándolo como uno de sus, digamos, actores fetiche, hasta su fallecimiento. De modo que Álex de la Iglesia será el tercer grado de separación.

Con De La Iglesia tengo un problema: a menudo sus películas me decepcionan, porque prometen mucho más de lo que me acaban dando, o porque sus tramos finales flojean. En realidad, desde “Balada Triste De Trompeta” le he perdido la pista y ya no he visto ninguno más de sus posteriores estrenos. Ya no me apetece. En uno de los últimos, concretamente, “Los Crímenes de Oxford”, dirigió a Elijah Wood en su papel protagonista. Elijah Wood, claro, será el cuarto grado de separación. No es que tenga nada contra Elijah Wood, pero es ver su cara, y ver al maldito Frodo de ese aburrimiento infumable que era “El Señor De Los Anillos”. Sí, odio esa película. Diría que odio la trilogía, pero sería poco riguroso: no pasé de la primera entrega, que vi, eso sí, en su correspondiente sala comercial y con ganas de disfrutar de algo grande. Tal vez fueran eso, las expectativas. Pero no, no es para mí. Y no diré gran cosa más ya que me temo que hay mucho fan suelto entre los que estáis leyendo estas líneas. Sólo que cada vez que recuerdo que durante una época se habló de un biopic sobre Iggy Pop que supuestamente iba a protagonizar Elijah Wood, me coge de todo. Como diría Ford Farlaine, Iggy “se estará retorciendo en su tumba si no fuera porque el hijoputa ni siquiera está muerto”.

Uno de los últimos trabajos de Elijah Wood, a quien parece que el cine español le tiene bien considerado, fue la cinta “Open Windows”, que dirigió Nacho Vigalondo en 2014. ¿Y recordáis quién era la partenaire de Elijah Wood en esa película? Pues, ta-ta-chaaaan… ¡Sasha Grey!

Sí, Sasha Grey, ex estrella de porno que se dedicó a hacer marranadas variadas frente a una cámara desde 2006 (oficialmente, con 18 años) hasta 2011, cuando se retiró para dedicarse a ser toda un hombre del renacimiento. Sí, amigos, Sasha ya no fornica frente al objetivo (al menos no comercialmente), pero sí escribe libros, canta en una banda, hace de DJ, actúa en películas donde la gente sale vestida, hace de modelo, y vaya usted a saber cuántas cosas más. Incluso protagonizó una portada de la revista Popular 1. Siempre me ha resultado llamativa esa obsesión de ciertos adeptos al porno por ir más allá en conocer más de lo que sus actrices favoritas muestran en pantalla. Quiero decir, el porno es porno, y vale para lo que vale, lo que no es poco, no me entendáis mal, pero sinceramente, si la muchacha que en aparece en pantalla embadurnada de esperma resulta ser una seguidora de la escuela sofista o si es fan de los Beach Boys, es algo que, personalmente, no me suscita el menor interés.

Lo de hacer porno muy jovencita y dejarlo cuando todavía se es lo suficientemente joven para las exigencias de la industria no es nada que no hubiera hecho antes Traci Lords. Y en cuanto a Sasha Grey, reconozco que es una belleza, y que no tiene esa apariencia recauchutada de algunas de sus excolegas de profesión. Por lo demás, sinceramente, no hay para tanto, y no deja de ser una perpetuación del cliché actriz porno = idiota, por lo que ella sería una rareza. O poniéndolo peor, chica guapa que explota su belleza = debe ser medio subnormal.

Sea como fuere, ahí tenemos mis seis grados de separación: Yo – mi tío – Sancho Gracia – Álex De la Iglesia – Elijah Wood – Sasha Grey. ¿Nos creemos o no nos creemos la teoría?

Canciones:

David Bowie: “I can’t give everything away”

Iggy Pop: “Gardenia”

Incognito: “Still a friend of mine”

12
Nov
15

Big Time

“Big Time: La gran vida de Perico Vidal”. Desde luego el título no podía estar mejor escogido. No negaré que disfruto de libros que, en realidad, me deja mal cuerpo, porque desprenden un nihilismo y una visión negativista, tal vez realista, pero en definitiva, capaces de hundir en la miseria al más pintado. ¿Alguien dijo Huellebecq? Del mismo modo, sin embargo, ciertos libros me resultan un chute de lo que en un anuncio de Coca-Cola llamarían “ganas de vivir”. De hacer cosas, de experimentar, de disfrutar, de buscar el placer, de divertirse. La autobiografía de Errol Flynn podría ser uno de ellos, lectura que recomiendo a cualquiera. Y en este caso, sin caer en la sorna y el sentido del humor de Mr. Flynn (y de sus mentirijillas a la hora de explicar su supuesta vida), en ese mismo conjunto incluiría este “Big Time”.

El proyecto en realidad no nació como un libro, sino que se fue publicando por capítulos en el blog que Marcos Ordóñez tiene en El País. Allí fue donde yo, de un modo casual, lo descubrí, y lo fui siguiendo, fielmente, a cada entrega. Por suerte al final Marcos Ordóñez se ha decidido a publicarlo en el formato que le corresponde, el del libro. Y es que, en el fondo, soy una abuela, y me encantan los libros en papel. Leo mucho en tablet o móvil, periódicos, publicaciones, webs, blogs… y sin embargo, para novelas, me gusta tocar papel.

Y ahora la gran pregunta: ¿Quién era Perico Vidal? ¿Por qué una biografía suya? Pedro, o Perico Vidal fue un asistente de cámara y ayudante que colaboró, principalmente, en las grandes producciones que se rodaron en España entre los 60s y los 70s. Vidal supo ganarse la confianza y la amistad de tipos como David Lean, Orson Welles, Nicholas Ray o el gran Frank Sinatra. Se logró meter en el mundo del cine y destacar, y en una España tan triste como la de la época, supo hacerse un nombre.

Otros tiempos, probablemente, con más clase... (by @carloskarmolina)

Otros tiempos, probablemente, con más clase… (by @carloskarmolina)

Y todo aquello le llevó a vivir una vida de amor al cine pero también a la música (jazz, principalmente), de muchos viajes y también de muchas fiestas, siempre bien rodeado de esos mitos que los mortales sólo vemos en una pantalla. Así, el mismísimo Frank Sinatra, quien hizo buenas migas con Perico Vidal, se lo llevó a Los Angeles y Las Vegas en su época de reinado, por poner un ejemplo de experiencia que vale por años de gris vida de otras muchas personas.

Tras recoger mucho material a base de grabar entrevistas con Vidal, ya en el ocaso de su vida, pues murió en 2010, Marcos Ordóñez comenzó a recopilar y escribir sobre aquello para acabar publicando este libro, que a su vez, se complementa con una parte fina narrada por la hija de Vidal, Alana. Y si bien la parte de Alana pierde un poco el interés, ayuda a complementar un contexto.

Big Time. Yo soy muy fan del inglés como lengua y del uso de anglicismos, soy así de vulgar, y desde luego no se me ocurre mejor definición para esa vida. Admiro mucho a las personas que se esfuerzan en vivir la vida que quieren, la libertad, con los riesgos que conlleva. Y resulta la clase de lectura que te lleva a querer aprovechar nuestro tiempo en este mundo, y te deja con una sonrisa en la boca.

Canciones:

Siouxee and the Banshees: “The Passenger”

Lenny Kravitz: “Come on get it”

Placebo: “Without you I’m nothing”

14
Sep
15

Todos a la cárcel

La otra noche soñé que me condenaban a prisión. Sí, ahora puede parecer divertido, jijí jajá, pero no veáis el mal rato que pasé. ¿Mi delito? Pues se supone que me cargaría a alguien con el coche o algo así, no quedaba claro. Desde luego, y eso sí recuerdo visualizarlo, cometía una infracción de las chungas conduciendo, durante unos centenares de metros me metía en contradirección (quién sabe por qué) en una carretera, y luego mi vehículo salía despedido fuera de la calzada, por un volantazo. Por lo visto yo salí indemne, pero de la dureza de la condena, puedo deducir que me cargaría a algún viandante. En mi memoria no había juicio alguno, sino que un tribunal policial o militar me aplicaba una versión sumarísima de juicio, unilateralmente y a su rollo, y vamos, que me mandaba a la trena. Yo siempre pensé que si acababa alguna vez en el trullo, sería por algo molón como ser mafioso, traficar con cuerno de unicornio o cometer magnicidio. Pues no, por una mierda de infracción de tráfico. O atropello, qué sé yo.

guilty

Guilty!!!! (by @carloskarmolina)

Y a partir de ahí, un par de días siguientes en los que miraba de hacer vida mientras me escondía de un futuro del que difícilmente me iba a escapar, escondiéndome de cualquier guardia, policía o segurata que pudiera cruzarse en mi camino. Y me consta que la autoridad va enviando efectivos a mis lugares habituales, mi casa, mi trabajo,… se olvidan del bar. Y yo, cuando llega la noche de mi primer día como condenado, voy sufriendo la angustia de saber que esas horas no son más que un bonus track que la providencia me regala, pero que mis huesos acabarán más pronto que tarde en una fría celda. Y entonces me siento como el personaje de Edward Norton en aquella maravilla de película que es “La Última Noche” (“The 25th Hour”), mentalizándome a perder mi juventud en una cárcel, y pensando que tal vez si escapara podría esconderme y buscarme una nueva vida y una nueva identidad (bajo el nombre, claro, de Max Power) en un pueblucho donde no hagan muchas preguntas a los forasteros que hablan poco y trabajan duro. Y que con el tiempo, se olvidarían de mí y de mi condena, y me dejarían de buscar.

Pero no ocurre, al día siguiente, en el que, por alguna razón, tal vez en busca de algo de normalidad, me voy a trabajar, una patrulla se persona en mi oficina. Y la chica de recepción me llama, algo asustada, diciéndome que me esperan unas personas en el vestíbulo. Y yo voy hacia allí, con dignidad, sin mirar a nadie, asumiendo mi destino. Y sí, sé lo que estáis pensando, qué de risas, jajá jijí, pero vamos, una pesadilla que ríete tú del puto Freddie Krueger.

Canciones:

The Darkness: “The Last Of Our Kind”

Eagles Of Death Metal: “Anything Except The Truth”

Johnny Cash: “Folsom Prison Blues”

04
Feb
14

sao paulo, día 2

Hoy es lunes y esto es Alphaville, Sao Paulo. Hotel, dulce hotel. Circunstancias de la vida en la carretera hacen que hoy me haya instalado en un hotel diferente al de anoche, y que volverá a cambiar la noche del miércoles. Pero es una buena habitación, tipo apartamento, con una cocina, un saloncito, baño y una habitación con dos ridículas camas separadas por una mesita, que inevitablemente me lleva a la habitación que compartieron mis abuelos. De todas formas, no espero compañía, así que da igual.

Hace mucho calor, pero no quiero poner el deficiente aire acondicionado, porque ando cascado de la garganta, y mañana tengo bolo importante, que no quisiera hacer como si estuviera imitando a Don Vito Corleone. O a Epi. Así que aguantaremos este calor que, no os voy a engañar, me encanta. La sensación de llegar a la habitación y quitarme la ropa y pasear en calzoncillos, me ha recordado lo mucho que echo de menos el verano en casa. En alguna casa.

Y como la noche de ayer fue fatal, y estoy muerto de sueño, ni siquiera he salido. Me he permitido ese lujo de dioses que es estarme un buen rato leyendo en la cama (“La Canción de Amor de Jonny Valentine”), y luego pedir algo de comida en la habitación. Una especie de estofado de ternera, con salsa Madeira, le llaman, y unos tacos de queso provolone rebozados, que no me han gustado mucho, y que hecho eso tan odioso de pedir un plato y dejarme más de la mitad. Zumo de limón para beber, que esto es Brasil y los zumos de frutas valen la pena. No es que sea la comida más sana del mundo, pero dadas las circunstancias, por hoy, pase. Mientras cenaba, acababa de ver “El Hombre Que Mató A Liberty Valance”, y no, por favor, puristas del cine, no me den la tabarra sobre eso tan feo de ver obras de arte del celuloide en dos partes. El avión ayer tenía que aterrizar, qué le voy a hacer. No quisieron esperar a que James Stewart supiera la verdad.

Andaba escuchando algo de Daft Punk, ahora que tan rematadamente famosos se han vuelto, y se le quedan a uno las ganas de decir “yo ya los conocía antes”, pero en realidad, qué más dará. Su “Get Lucky” me parece un hit fantástico, pero es que estos gabachos ya habían demostrado su capacidad para componer canciones de esas que te hacen replantearte tu condición de rockero a la antigua usanza. Que en el fondo, no soy. Aunque la canción que me ha hecho esbozar una sonrisa ha sido su “One More Time”, que me transporta a tiempos muy divertidos. Y no me he puesto en plan melancólico. Simplemente he recordado, he sonreído, y luego he seguido a lo mío, como quien se fuma un cigarrillo y tal como se acaba, lo arroja al suelo con cierto desprecio y lo aplasta con la punta del pie.

Canciones:

Daft Punk: “One More Time”

Kaiser Chiefs: “Ruby”

Billy Idol: “Hot In The City”




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