Archivo para 31 diciembre 2012

31
Dic
12

Nochevieja 2012

¿Ya tenéis pensado cuál va a ser la primera canción que vais a pinchar en este 2013? No me refiero a la chorrada que suene en el primer anuncio del año, o el tono de vuestro móvil, o cualquiera de esas canciones que pilléis, como quien no quiere la cosa, en un especial televisivo. No. Me refiero a la primera canción que queráis escuchar el año que viene. Que os pongáis frente al equipo de música, elijáis el disco, lo pongáis y seleccionéis el tema.

Tuve a un amigo que estaba un poco obsesionado con eso. De hecho, quien lo estaba, realmente, era su novia. Un año, pasaron la nochevieja juntos, y su novia se empeñó en pinchar la versión del “Hard To Handle” de los Black Crowes, justo después de las campanadas. Al poco tiempo, esta novia dejó a ese muchacho, y desde aquél día, no sólo le cogió manía a “Hard To Handle”, sino también a los Black Crowes, en general.

No creáis, yo también tenía algunas tradiciones en ese sentido. Durante varios años, la primera canción que pinchaba en el año recién estrenado era “Suck On The Jugular”, de los Stones, una pista poco conocida que se encuentra en su fantástico “Voodoo Lounge”. Así, viviendo yo en casa de mis padres, acabado el ceremonial con la vid, el cava y todas esas cosas, me iba a mi cuarto y hacía sonar esa canción, mientras me arreglaba antes de largarme de casa. Eso era cuando salía para fin de año, cosa que dejé de hacer, por agobio, mucho tiempo atrás.

Y hoy en día, aunque no celebro mucho el fin de año, más allá de las dichosas uvas, y aunque prefiero salir cualquier otra noche del año que no sea la del 31 de diciembre (ni la del 24 de junio), he de reconocer que, de todas las festividades navideñas, Nochevieja es mi preferida, por el simbolismo que tiene de regeneración, de nuevo comienzo, de limpieza y de vista puesta al presente y al futuro. Sí, lo sé, mañana será día uno y nada habrá cambiado realmente. Y los puntos de inflexión se pueden generar en cualquier fecha del calendario. Y sin embargo, un empujoncito nunca viene mal.

Y no soy muy de desear feliz año indiscriminadamente, pero cualquiera que esté leyendo estas líneas, se lo merece. De modo que sí, a todos mis lectores, les deseo un feliz año 2013. Y por aquí estaremos a partir de mañana, de nuevo.

Canciones:

Lucky Soul: “Add your light to mine”
Neil Young: “I’m the ocean”
Charles Bradley: “Stay Away”

26
Dic
12

LIBRO DEL MES (DICIEMBRE): “La Magnitud Del Desastre”, Oriol Llopis

Alguien me podrá decir que cuando ya no es el músico, sino el crítico o el periodista musical, el que publica sus memorias, es que todo se nos ha ido de las manos. Y probablemente no le falte razón. Aunque las mías para hacerme con este libro eran dos. O tal vez tres. La primera, es que me siento más cerca del periodista musical que del músico. Egoísmo. Ya que soy consciente que ser estrella del rock me queda muy lejos, me puedo conformar con escribir sobre rock. Porque el periodista musical es, al final, un fan, ¿no?. La segunda, que Oriol Llopis es todo un personaje, bregado en mil batallas de toda índole, y un tipo con cosas que contar de cómo era estar trabajando con el rock n’ roll en nuestro país. Y la tercera, que es razón pero no lo es tanto, porque leí comentarios buenos sobre este libro.

Oriol Llopis es un crítico musical que lleva metido en el mundillo desde mediados de los 70’s, con revistas tan cruciales para la escena en el país como Vibraciones, Disco Express, Star o finalmente, Ruta 66. De un modo intermitente. Tan intermitente como su estilo de vida lo permitía. Sí, Oriol Llopis fue un vividor, tan amante del rock n’ roll como de hacer lo que le viniera en gana, incluyendo darle al alpiste mucho más de la cuenta, y tener que costearlo de muchos y muy variopintos modos, pero también dejándolo todo para escaparse al Paraguay en plena dictadura, o tener que vivir altibajos que le llevaban a deber empezar de nuevo, con trabajos como una empresa de repuestos automovilísticos o un safari park en Alicante.

No es un libro sobre rock, aunque por supuesto, se habla de rock. Quizás más de rock como actitud, aunque éste último término esté más denostado, que como música. De hecho, sí, se habla de música, pero de un modo tangencial. Tampoco podría decirse que es una biografía al uso, porque está estructurado caóticamente, sin una cronología, con saltos temporales y espaciales definitivamente necesarios.

No deja de quedarme la sensación de que el autor, Llopis, calla (definitivamente mucho) más de lo que cuenta. Y sin embargo, es suficiente. Sin llegar al estilo pedante de Sabino Méndez, ni a su meticulosidad, dentro del desorden, que muestra en sus libros “Corre, Rocker” y “Hotel Tierra” (recomendables, pardiez!), sí que guarda ciertos puntos en común. Especialmente por narrar cómo era estar relacionado con el rock n’ roll hace 30 y 40 años en España. Incluso podría emparentarse de algún modo con determinados parajes del libro “Memorias De Un Gángster De Barcelona”, de Lluc Oliveras, donde se narraba la vida de Dani El Rojo.

La promoción del libro habla de periodismo gonzo o de kamikaze. No hay para tanto, pienso yo, por lo menos, no por lo que cuenta. Y sin embargo, da buena muestra de un defecto de la crítica musical, que él ha evitado, y es esa tendencia a querer nadar y guardar la ropa, o incluso a ver los toros desde la barrera. Llopis no es que viviera como una rockstar, más que nada porque económicamente no podía. Pero siempre que pudo lo intentó, como mínimo, hacerlo de un modo libertino y libre. Mientras el dinero llegaba para los vicios, fuesen estos los que fuesen.

Tenía un look de lo más molón, en los 70s

Tenía un look de lo más molón, en los 70s

 

Aunque el estilo es ágil y muy fluido, haciendo que el libro se lea de un tirón, me irrita especialmente esa manera de escribir de Oriol Llopis, lleno de giros supuestamente coloquiales, de onomatopeyas, de expresiones pretendidamente callejeras. Se puede pretender escribir tal y como se habla, como se habla en la calle, y sería algo muy lícito. Pero sabéis cuándo veis una peli de Fernando Colomo, de esas que rodó a mediados de los ochenta, y los personajes hablan con eso que se dio en llamar “cheli”, el argot callejero de la década de los calentadores y las hombreras… pues el libro parece algo así. Y amigos, desde que Ramoncín publicó un libro a modo de “diccionario” cheli (“El Tocho Cheli”), ya no puedo con eso. Sinceramente, no recuerdo si en el Ruta 66 también escribe así, pero al lado de esa prosa extremadamente recargada y complicada de Jaime Gonzalo e Ignacio Julià que siempre fue santo y seña del Ruta, parece que lo haya escrito un niño de trece años.

Pecata minuta, pues cuando leemos una autobiografía (y por favor, dejadme subrayar el prefijo) de una persona que realmente tiene cosas que contar, se agradece. Echo en falta, sin embargo, ser más incisivo, un poco más ordenado, y por dios, hablar un poco más de música. O de los músicos. Un tío que ha estado con Johnny Thunders, con Iggy, con Burning o con Dogo y Los Mercenarios, forzosamente, tiene que bastante más que explicar que lo narrado en esas páginas. Podría decir que tal vez para el siguiente volumen, pero me temo que no habrá siguiente volumen.

Canciones:

LCD Soundsystem: “New York I Love You”

Nancy Sinatra: “You’ve Only Live Twice”

The Monarch: “’69 Monaro”

23
Dic
12

Pelis navideñas sin ñoñerías & Norma Jean Magazine

Hace algún tiempo comencé a leer el e-zine Norma Jean Magazine… sí, es una revista on-line principalmente orientado para un público femenino. Lo cuál, afortunadamente, no excluye al lector masculino… es más, tiene su aquél… un poco por aquello de “¿qué piensan las mujeres?”. Y hace unas semanas, tuve la oportunidad de colaborar… bueno, que alguien publique tus textos da un pequeño subidón, esa es la verdad. Afortunadamente, la cosa no se quedó allí, y unos días atrás me publicaron un segundo texto, muy acorde a las fechas navideñas. De modo que ahí os lo dejo. Que lo disfrutéis. Y no dejéis de visitar Norma Jean Magazine, podéis encontrar un enlace en las secciones de la derecha de vuestra pantalla:

“La navidad se ha convertido en un género cinematográfico de por sí, y las películas, como también la música, nos acompañan en estas fechas. Si eso es bueno o malo, no seré yo quien lo determine. Tal vez adores ver año tras año “Qué Bello Es Vivir”, pero es también posible que desees una muerte lenta y dolorosa al puto James Stewart cada vez que asoma su cara en blanco y negro por tu pantalla. Porque hace ya muchos años que la televisión tiene un peso específico  en las navidades, por aquello de las reuniones familiares en las que la tele es casi un participante más de la misma. A veces un coñazo, otras veces, un alivio que esté ahí y te puedas distraer en lugar de prestar atención a la abuela o a tu primo. Y la televisión, en esta época, se compone básicamente de tres elementos: programas especiales, dibujos animados, y películas navideñas.”

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17
Dic
12

Guilty Pleasures (4)

El guilty pleasure de hoy es durillo… lo admito, no sin cierto rubor… Así que a modo de justificación, dejadme que os cuente una historia. Hace unos años tuve un amigo. Habíamos sido amigos desde el parvulario, y fue así durante los siguientes 25 años, aproximadamente. No es que nada pasara, simplemente, éramos muy diferentes, tomamos tipos de vida diferentes, y si a todo ello le sumas un cóctel de pasividad, de orgullos mal llevados y de no decir las cosas cuando hace falta, bueno, el resultado es que la amistad se va, como lágrimas en la lluvia, y tal, que decía aquél.

Ese muchacho desde que empezó su adolescencia comenzó a tener una querencia por las rumbitas y esa clase de música odiosa. También le encantaba todo ese horroroso pop español de los 40 Principales. Así mismo, y aún siendo no más que un chaval, desarrolló un interés por los cantantes melódicos españoles, de esos que les gustaba a nuestros padres, y por si fuera poco, también la copla y la música tradicional. En definitiva, cuando íbamos en su coche, y era bastante a menudo, porque fue el primero del grupito en sacarse el carnet de conducir y en que su padre le dejara su coche, nos deleitaba con un festival hispánico en donde tenía cabida Estopa con Medina Azahara, pero también Manolo García con Junco, con Rocío Dúrcal, con Las Grecas y con El Canto Del Loco.

Por si no fuera suficiente, no era extraño, cuando hacía alguna tarea, por ejemplo, si estábamos de acampada y tocaba montar la tienda, que se pasara el rato cantando canciones de Antonio Molina o incluso retomando el cancionero popular, tipo “mi jaca galopa y corta el viento”… Papá Piquillo, le llamábamos. No os digo más.

Su cariño por los rumberos de aspecto más chungo de los 80s era jocosamente apreciado por nosotros, sus amigos, que, hablando en plata, nos descojonábamos de ver a un chaval con ventipocos cantando tonadas de Parrita, de Junco o de Manzanita. En fin, todos tenemos a un amigo así, ¿no? … ¿no? … por favor, que alguien diga que sí…

Y lo juro, me había olvidado de esta canción hasta que vi hace unos 3 o 4 años la película “Tres Dies Amb La Família” (Mar Coll, 2009), donde suena en una de las escenas principales. Por cierto, una sorpresa agradable, esta cinta. Muy buen guión, y la falta de pretensiones le suma muchos enteros.

Total, que ha llegado la hora de reconocer que me encanta la canción “Un Ramito De Violetas”, de Manzanita. Lo sé, la versión original es de Cecilia, pero no me gusta nada ese tratamiento de voz y esa ñoñez. Lo de Manzanita es más racial y le da un toque más dramático al tema, cuya letra es francamente buena.

Y ahora que ya he perdido toda mi credibilidad y que la parroquia rockera ya no se va a creer ningún otro elogio mío a cualquier banda de esas que todos respetamos, puedo continuar adelante. No sin antes hacer un inciso… no soy de esos que “escuchan de todo”. De hecho, hay quien me ha calificado de tener una actitud un poco talibán con ciertos músicos o ciertas corrientes. Dicho lo cuál, podemos volver a “Un Ramito De Violetas”.

Además de la letra, otro de los puntos fuertes de la canción es esa producción tan típica de la canción melódica o ligera española de finales de los 70’s y principios de los 80s. Una producción, lo digo aquí y ahora, muy buena. Esos vientos sutiles, esas cuerdas que dotan de dramatismo a la canción. Aunque no lo parezca, las compañías de discos grandes en España se gastaban los cuartos en sus producciones, y había grandes arreglistas.

En fin, no me voy a poner en plan estupendo, la canción me gusta, porque me recuerda a mi amigo, pero también porque … no sé… ¿por qué gusta una canción?

 

12
Dic
12

La Banda – 1995

Esto sería en la primavera de 1995. Yo tenía entonces 15 años y en plena adolescencia, tenía el grunge subido. Hacía, ya sabéis, justo un año de la muerte de Kurt Cobain, y la tele se llenaba de reportajes al respecto. Como popularidad de movimiento en España, el grunge estaba en su apogeo. Y llegados a este punto, por favor, no me vengáis con purismos de terminología. Llamadlo grunge, llamadlo rock alternativo, llamadlo escena noventera… qué más da…

Tenía, entonces, que ya no, un amigo. Nada grave, simples separaciones de caminos adonde nos conduce la vida. En fin, otro quinceañero con pretensiones grunges, como yo. El muchacho no vivía en mi barrio, de modo que como punto de encuentro común, solíamos quedar en la Plaça de Catalunya, para callejear por el gótico y matar la tarde donde podíamos ir a mirar discos o sentarnos en el Burguer King de Canaletes donde podíamos pasar horas tan solo gastando el precio de una bebida. Me gustaba mezclarme con toda esa multitud diversa y moderna que poblaba la zona céntrica, la calle Tallers o la Rambla de les Flors, por alguna razón, lo veía como algo distinto de la que consideraba la cutrez de mi barrio. Así lo veía en aquella época. Todavía no teníamos edad de salir de fiesta o ir a bares. A los chicos de menos de 16 no les dejaban entrar, no así a las chicas, que siempre lo tuvieron más fácil.

Durante esa temporada una de las diversiones era ir a ver tocar a una banda que se plantaba en una de las esquinas de la Plaça de Catalunya, la que está más cerca de Portal de l’Àngel. Se trataba de un trío, cantante/guitarrista, bajo, batería, que tocaban versiones de temas de los 90’s. De actualidad, por entonces… era, repito, 1995.

Recuerdo particularmente al cantante, media melena rubia, pelo rizado con aspecto de hacer demasiado tiempo que no conocía peluquería o siquiera acondicionador de pelo. Era el arquetipo de líder de banda de rock alternativo. Solía vestir jerseys raidos, viejas camisetas, tejanos desastrados, botas militares, e incluso le llegué a ver tocando llevando un vestido de mujer, tal y como había visto en alguna foto a Kurt Cobain. El bajista y el batería se han desvanecido de mi memoria.

Si tocaban bien o mal, no lo recuerdo. Sí sé que encontrarme con uno de sus conciertos callejeros era un bonito aliciente, y éramos, o al menos así lo recuerdo ahora, un grupo grande de chavalería  que nos agolpábamos alrededor de nuestro grunchi power trío callejero. Tocaban canciones como “Longview” de unos por entonces fresquísimos Green Day, “Loosing My Religion” de R.E.M. o por supuesto, varios temas del repertorio de Nirvana, que eran ciertamente celebrados por el público. Probablemente hoy reconocería más canciones de las que tocaban, pero claro, entonces apenas estaba comenzando a descubrir toda esa música. Mi amigo y yo pertenecíamos al sector más joven de los allí presentes, y yo me sentía como perteneciendo a algo, viendo a aquél grupete tocando y rodeado de tipos con camisetas de Pearl Jam, melenas, perillas y toda la parafernalia noventera.

Estuvieron tocando de una forma más o menos frecuente durante una temporada, y luego, desparecieron. Puedo entender que a las autoridades no les hacía especial gracia estos conciertos callejeros improvisados. O tal vez, simplemente, se cansaron de tocar juntos. El caso es que la semana pasada se celebraba el 20 aniversario de la mítica Sala Garatge, y por asociación, me ha recordado.

Finalmente quisiera hacer un llamamiento a mis lectores que vivieran en Barcelona en aquella época y los recordaran. O tal vez los conocieran… O tal vez, fueran ellos…  Cualquier testimonio será bienvenido. En realidad, cualquier comentario será bienvenido.

Canciones:

Joan Jett: “Crimson and Clover”

The Afghan Whigs: “Crime Scene pt I”

Tears For Fears: “Woman in Chains”

 

05
Dic
12

Sueños… Guest star: Michael Jackson

Marchando una de sueños extraños. No es la primera vez que hablo de mis sueños, podéis ver más aquí… El de anoche comienza conmigo en la oficina. Veamos, es mi oficina, porque estoy allí trabajando, pero el aspecto no es, en realidad, el de mi oficina. En una sala cerca de mi despacho hay un aula, como de colegio. Es decir, ahora mezclamos mi oficina con mi instituto… vamos bien. En esa aula hay reunido un grupo de gente, sentados en los pupitres, y en lo que sería el pupitre del profesor nos encontramos a Michael Jackson y a su hermano. ¿Será Tito? ¿Randy? ¿Germaine? Qué más da, si eran todos iguales. Ambos lucen como en los 80’s, Michael es todavía medio negro y el hermano (TitoRandyElQueSea) lleva uno de esos afros oleosos tan caracterísiticos de la época. Lo curioso es que es el hermano el que lleva la característica chupa roja del videoclip de Thriller, y no Michael.

La chaqueta...

La chaqueta…

Ambos están ahí sentados, esperando a que el auditorio o aula (a estas alturas el espacio se ha difuminado) termine de ver un vídeo que se está proyectando. Curiosamente, ese vídeo que se proyecta es la grabación de un concierto de R.E.M. de los 80’s también, de cuando Michael Stipe aún tenía pelo. Lo cuál no deja de ser francamente raro.

Un compañero de trabajo me viene a buscar al despacho, para avisarme de que Michael Jackson está allí. No parece muy emocionado, como si fuera algo rutinario tener a Michael Jackson en la oficina. Así que ambos esperamos pacientemente a que acabe el pase del vídeo, y con ello, la función de los dos Jackson se acaba, y el aula se desaloja. Ahí se quedan, en el vestíbulo, Michael y su hermano, esperando algo.

... O tal vez sería Jermaine

… O tal vez sería Jermaine

Yo me acerco a saludarles. Michael se muestra tímido pero su hermano, que de cerca parece un armario ropero de grande, adopta una pose chulesca, como de matón de cole. Sin embargo, yo ignoro a TitoRandyElQueSea y hablo con Michael. Me dice que está esa noche en Barcelona pero que tiene que irse al día siguiente porque tiene un par de conciertos en la península Ibérica. Lleva en la mano el típico mapa del centro de la ciudad con el logo de El Corte Inglés que te dan en los hoteles. Le ofrezco algo para beber, y me pide un refresco. A punto estoy de decirle que en la máquina expendedora no hay Pepsi, sólo Coca-Cola, pero me corto, por si acaso la broma no le hace gracia.

¿Y queréis saber qué más ocurría, llegado a este punto del sueño? Pues a mí también me hubiera gustado, pero el despertador me lo ha impedido. Sí, queridas y queridos, jamás sabremos qué iba a hacer Michael Jackson ese día en Barcelona. Yo, por si acaso, no voy a tratar de interpretar qué diablos significaba ese sueño (que juro que es verídico)… por si acaso.

Canciones:

Lou Reed: “Romeo and Juliet”

Joe Cocker: “Woman To Woman”

The Hives: “Hate To Say I Told You So”

02
Dic
12

Libro Del Mes (Noviembre): “Glamorama”, Bret Easton Ellis

Comenzamos nueva sección en NDK… no es que sea la sección más original del mundo, de hecho, no solo es una mierda repetida hasta la saciedad, sino que además es una copia del blog de Kiko Amat. Como quiera que a Kiko Amat ya le he hecho mucha promoción en este blog y que he comprado religiosamente todas sus novelas (hasta la última y recién adquirida “Eres El Mejor, Cienfuegos”, candidata a Libro Del Mes – Diciembre 2012), me permito el lujo de plagiarle la idea, que sin duda habrá copiado él también, no nos engañemos. Así que vamos allá.

Las expectativas son siempre malas compañeras… eso os lo he dicho alguna vez, ¿no? El libro del que hablamos hoy es “Glamorama”, la quinta novela de Bret Easton Ellis, cuarta si no contamos su recopilación de historias cortas “Las Reglas De La Atracción”, y por lo tanto, la inmediatamente posterior a ese éxito que caló en la generación de los 90’s que fue “American Psycho”. Hablando en plata, escribir una novela después de “American Psycho” era un marrón.

Glamorama” se publicó en 1998, y recuerdo en aquella época haber leído al respecto, y con cierto interés: no en vano era conocida como “la novela del tipo que escribió american saico”. Luego me olvidé de ella, hasta que cayó en mis manos “Menos Que Cero”, la primera novela que leí de Ellis. Luego siguieron “American Psycho”, “Lunar Park” y ese coñazo que resultó ser “Suites Imperiales”. Fue cuando leí “Lunar Park” cuando me obsesioné con encontrar “Glamorama”, pero en vano. El libro estaba, me decían, descatalogado. Entonces sólo visitaba librerías al estilo clásico, está claro que tirando de Amazon, un par de clics hubieran bastado. En fin, yo sabía que comercialmente hablando, “Glamorama” fue un fiasco. Y como suelen ocurrir estas cosas, un buen día, sin haberlo buscado, di con ese libro en la biblioteca de mi pueblo. Así, sin más.

Desde luego, la historia es atractiva. Narrada en esa inquietante primera persona del presente que ya utilizara Ellis en la celebérrima “American Psycho”, a grandes rasgos, “Glamorama” narra la historia de Victor Ward, un modelo y actor sociópata y miembro de honor de lo que Marilyn Manson cantaba como “Beautiful People” que sin saber bien cómo, acaba metido en una espiral de ultraviolencia enrolado en una suerte de comando terrorista formado por modelos. Claro, a toro pasado, y habiendo visto “Zoolander”, se puede tomar como una broma. Nada más lejos de la realidad, “Glamorama” es explícita y malrollera.

El principal problema es esa ridícula parte inicial. La edición que leí yo era de unas casi 700 páginas, de las que las 400 primeras son pura introducción. Sí, como lo leéis, más de la mitad del libro sin que pase absolutamente nada, lo cuál, sumado a esa prosa de Ellis, que resulta complicada de seguir, llena de giros, imágenes y elipsis, lo hace francamente duro. Y de repente, cuando uno ya ha sobrepasado con creces el ecuador, todo arranca.

La idea resulta, si lo pensamos, menos ridícula de lo que pudiera parecer. ¿Un grupo terrorista formado por modelos? No deja de ser una vuelta de tuerca a esa adoración de la imagen que tenemos en la sociedad occidental. Fijémonos que desde muy niños, y eso está en el substrato interno, más de lo que queremos reconocer, la belleza física es un valor apreciado. Pensemos en los cuentos infantiles, o para la generación de la tele, en Disney o en las películas y programas para niños. Una persona guapa tiene muchas puertas abiertas, como mínimo de entrada. En eso estaremos de acuerdo, ¿no? Sumémosle a ello la fascinación que el dinero, la fama y el poder nos genera. Añadamos esa superficialidad en el trato entre las personas. Intercambiamos unas palabras, pero todo queda en la superficie. En realidad, no queremos establecer un vínculo. ¿No sería, pues, factible que unos modelos, guapos y admirados, pudieran tener cierta facilidad para realizar acciones violentas sin convertirse en sospechosos? Vamos, quién acusaría a esa preciosidad rubia de poner una bomba en un café…

Paciencia con ella... (y algo de Xanax)

Paciencia con ella… (y algo de Xanax)

No sigo por ahí, para no machacar el argumento. Sólo decir que Ellis retrata esta patética debilidad de la sociedad por el guapo y famoso. Por supuesto, no faltan las escenas escabrosas narradas explicítamente, incluyendo descripciones pormenorizadas de torturas y mutilación, y sin escatimar detalles en escenas de sexo, en pareja, en grupo, heterosexuales y homosexuales. Como se puede imaginar, un gran escándalo para los USA. Y al final, el cabrón de Bret Easton Ellis incluso consigue que le cojas cariño al protagonista Victor Ward, un ser despreciable y ridículo, pero al que seguimos en su hundimiento en el barrizal más inmundo.

Y siendo éste un párrafo final, tendría que mojarme… ¿recomendable? Yo diría que sí, si somos capaces de aguantar el 60% inicial de la novela sin caer en el tedio, y por supuesto, también si no somos de estómago sensible. No sería la novela ideal para iniciarse en la obra de Bret Easton Ellis, pero si antes hemos leído “Menos Que Cero”, “American Psycho” y “Lunar Park”, y nos ha gustado, no dejéis de leer “Glamorama”. Para los que no, mejor comenzad con las anteriormente mencionadas.

PD: Cuando hablo de “Menos Que Cero” y “American Psycho” me refiero a las novelas, las películas son otro rollo. Y como curiosidad, leo en IMDb que se planea una versión cinematográfica de “Glamorama”, aunque ya se sabe, con estos rumores, nada claro hay.

Canciones:

Oasis: “Champagne Supernova”

Lou Reed: “Dirty Blvd”

Lesley Gore: “It’s My Party”




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