Archive for the 'L.A.' Category

20
Ago
13

Bunker Hill

Hablábamos el otro día de “Pregúntale Al Polvo”, la novela de John Fante. Sé que se ha rodado una película, pero la protagonizan Colin Farrell y Salma Hayek, por lo que no es que me muera de ganas de verla. En esa novela, el aspirante a escritor, Arturo Bandini, se traslada a Los Angeles, y vive en una pensión de Bunker Hill. Bunker Hill es una zona de lo que ahora se calificaría de Downtown Los Angeles. Pero a principios de siglo se trató de un área peculiar, por su condición de residencial, con habitantes que manejaban viruta y vivían en casas de estilo victoriano. Al poco de finalizar la Primera Guerra Mundial, y con el crecimiento de la ciudad, y su distribución de trazado para la circulación de automóviles, poco a poco, sus ciudadanos de solera fueron abandonando la zona, que se fue degradando, y sus grandes casas se dividieron para ir alojando a realquilados. O para, como en el caso del lugar donde habitaba Arturo Bandini, ser reconvertidos en pensiones.

Todo aquello duró unos años más, hasta que a mediados de los 50s, toda la barriada fue derruida para construir el Downtown LA y desarrollarse más o menos como lo conocemos ahora: un distrito financiero y hotelero, lleno de edificios altísimos de oficinas, una verdadera jungla de cristal. Y de todo aquello que era Bunker Hill no queda más que el recuerdo y alguna placa conmemorativa.

Asi era el Bunker Hill de John Fante

Asi era el Bunker Hill de John Fante

La última vez que estuve en Los Angeles, me alojé en un hotel de Downtown LA, en pleno Bunker Hill, lo cual, a un mitómano como yo, me hizo gracia. Aunque ya no quedara nada de lo que Bandini, como alter-ego de John Fante, conoció.

El downtown de Los Angeles es, por la noche, una zona de aceras vacías. Lo cual no quiere decir que no haya vida nocturna, desde luego no es eso. Lo que ocurre es que, como siempre en esta ciudad, todo el mundo se desplaza en coche. Si bien, aunque ha locales, bares y clubes, no están concentrados en un espacio pequeño, y como del local X al local Y hay un buen trecho, los gringos no van andando de uno al otro, alternando. Todo lo que se ve es algunos homeless, algunos tipos que presentan cierto desequilibrio, algunos otros que son una combinación de las dos clases mencionadas, y paseantes nocturnos que parecen estar de paso, patinadores, y algún que otro despistado. Sólo se ven las luces de los 7-Eleven y, a lo alto en los rascacielos, la luz de algún despacho, conspirando.

Así luce Bunker Hill actualmente...

Así luce Bunker Hill actualmente…

No es el lugar más divertido del mundo, aunque como siempre, en esta ciudad, si buscas, encuentras. Hay locales pijos en las azoteas de los edificios de oficinas, lugares extraños como el Salvage del que ya hablé, y algunas sorpresas agradables, como un bar al que fui, donde tocaba en un minúsculo escenario una banda de blues. El año pasado, una noche, salí por ahí. Estaba con un par de compañeros, era nuestra primera noche en la ciudad, y no teníamos el cuerpo para ir muy lejos del hotel. Callejeando, encontramos una discoteca, un club de techno. Entramos, y la pista estaba atestada de jovenzuelos flipadísimos con una DJ muy guapa que pinchaba en un escenario. La electrónica no es una música que me guste particularmente, tampoco es que cumpla el cliché rockero de odiar esa música electrónica de baile. Aquella DJ en particular pinchaba algo de bases demasiado duras para mi gusto, que me quedé, en esa disciplina, en el house suavecito de con mucha influencia del disco-funk que se puso de moda a primeros de los 00s. La parroquia allí congregada, sin embargo, parecía disfrutar entregada, a la música, y a tenor de ciertas caras, también a la química.

Lo curioso del asunto fue que TODO el mundo era oriental. Chinos, coreanos, japoneses, vietnamitas… lo que sea, perdón, pero no soy capaz de diferenciarlos. Ok, no todo el mundo, pero sí en un 80%. Cierto es que en Los Angeles hay una población con origen del este de Asia muy significativa. ¿Qué hacía que se congregaran en ese lugar? Pues en realidad, no tengo ni la menor idea. Sí sé que me pareció estar en Hong Kong o en Hanoi. Al final, tampoco duramos mucho allí dentro.

Canciones:

Muddy Waters: “Got My Mojo Working”

Iggy Pop: “Besides You”

Primal Scream: “Velocity Girl”

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18
Ago
13

libro del mes (agosto): “pregúntale al polvo”, john fante

No puedo negar mi debilidad por John Fante, a quien descubrí, o me descubrieron, hace relativamente poco. Por John Fante y por su alter-ego, Arturo Bandini, protagonista de sus novelas más famosas. Lo curioso del asunto es que no se trata de un autor particularmente popular, pese a ser el estandarte del movimiento que dio en llamarse Realismo Sucio. Realismo Sucio… no me digáis que no suena bien.

Seguramente si Charles Bukowski no hubiera declarado su fanatismo absoluto por la obra de Fante, éste hubiera pasado bastante desapercibido. Afortunadamente, no fue así, y Bukowski, que como en el mismo prólogo a este “Pregúntale Al Polvo” confiesa, que fue el toparse con ese libro lo que le reconcilió con la literatura, y de paso, con la escritura, fue quien puso de nuevo en el mapa a John Fante.

John Fante en blanco y negro

John Fante en blanco y negro

Arturo Bandini, el protagonista del cuarteto de novelas más celebrado de John Fante, es un chaval italoamericano de orígenes muy humildes, con demasiadas ínfulas de ser escritor. Son los años 30, y Bandini, un crío, no más que un adolescente, deja su hogar en Colorado, convencido de que es ya un gran escritor, porque una revista de poca monta le ha publicado un cuento. Y viaja a Los Angeles, donde trata de sobrevivir, y de aprender lo suficiente de la vida como para poder dedicarse a la escritura.

No puedo más que identificarme con ese Bandini, jovencísimo, gritando a los cuatro vientos que es un genio de la literatura, egoísta y creído, pero tierno e inocente hasta la tontería. Sin ninguna picardía, carne de arrabal, arribista irremediable. Actitud.

No hay que olvidar, claro, que se trata de una novela que se escribió hace más de 70 años. Y sí, si no se hace el ejercicio de contextualizar, pudiera parecer algo desfasada, en algunos aspectos.

Podría recomendar cualquiera de las cuatro novelas que llevo leídas, hasta el momento, de John Fante, a saber, las pertenecientes al cuarteto de Bandini, “Espera a la primavera, Bandini”, “Camino de Los Angeles” y la presente “Pregúntale Al Polvo”, así como “Llenos de Vida”, que ya no tiene al alter-ego Arturo Bandini como protagonista, si bien hay nexos en común. Si he de quedarme con una, destacaría “Camino de Los Angeles”, su obra póstuma, aunque aquí se mezclan elementos de mi substrato personal, de un momento, de un lugar, que no vienen a cuento.

En fin, aprendices de modernetes que adoráis la obra de los popes de la Generación Beat, rockerío que tenéis a Charles Bukowski como referente, escritores en la sombra, adolescentes… todos deberíais leer las andanzas de Arturo Bandini. No os arrepentiréis.

Canciones:

Ghost: “Elisabeth”

The Cure: “In Between Days”

Willy DeVille: “Still”

06
Ago
13

SOUTHERN CALIFORNIA SUMMER’13 – Y FINAL

Bueno, hace ya varios días que volví de California. Ocurre que, como por varias circunstancias no he podido, retomo el capítulo final que cierra esta serie americana. Y lo retomo situando la acción en el sábado. Acabados los quehaceres laborales, tenía un día de asueto, que se levantó gris y con esa neblina tan característica que se levanta temprano por la mañana en el sur de California. Incluso con cuatro gotas.

Abandonaba mi hotel, camino de Los Angeles, pero antes tenía una parada planeada, Carlsbad Premium Outlets. Ya lo he explicado muchas veces, el tema de los centros comerciales en este país es demasiado tentador. Y como quiera que Carlsbad está en dirección a Los Angeles, pues ya me fue bien hacer una parada para comer y hacer unas compras. No serían las últimas, y comienzo a pensar que últimamente, mis visitas a USA me salen demasiado caras: demasiado consumismo!

El problema vino después. De Carlsbad a LA hay unos 140km , lo que en condiciones normales no serían más de 90 minutos de conducción. Pues bien, a mí me llevó tres horas y cuarto. Y es que si hay algo odioso de conducir hacia el norte desde San Diego, son las caravanas constantes. Cuando es viernes por la tarde, porque es viernes. Cuando es sábado, porque es sábado. Y al final, haciendo memoria, siempre acabo cogiendo retenciones. Pero la del sábado fue de antología. Aunque el destino bien valía la pena: Amoeba Records!!

Otro clásico en mis viajes a USA, mi visita a Amoeba Records. Hacía un año que no iba por ahí, y esta vez fui con tiempo y ganas de remenar cubetas de CD’s y gastarme los cuartos. La tienda es enorme, y se vende de todo, en CD y en vinilo. Pero yo me suelo dirigir a la sección de ofertas, con multitud de CD’s de entre 2 y 4 dólares, y una promoción de 4 al precio de 3… y allí es donde pierdo la cabeza… 40 CD’s acabaron en mis manos, y os juro que hice criba antes de pasar por caja. Pero amigos, 67 miserables euros fue lo que pagué. Y no me arrepiento.

En esa sección suelo coger 4 tipos de discos:

1.- Discos que tenía grabados, no originales, para completar. Por ejemplo, y en esta ocasión, el “By Your Side” de los Black Crowes.

2.- Discos que a priori (y digo, a priori, que luego hay sorpresas) tampoco es que me interesen mucho, pero por lo que valen, caen a la saca. Por ejemplo, “Avalon” de Roxy Music.

3.- Discos con los que, sencillamente, pruebo, a ver qué tal. A ese precio, me puedo arriesgar. Por ejemplo, “Whip It On” de The Raveonettes.

4.- Pequeñas joyas inesperadas… y esos discos, amigos, son los que más me satisfacen… por ejemplo, compré el debut de D-Generation o el de Ocean Colour Scene, ambos descatalogados y defenestrados por las propias bandas, a 2 dólares cada uno!!!

Satisfecho con mis compras, me dirigí a mi hotel, en downtown. Por esas casualidades de la vida, y supongo que al hacer mi entrada bastante tarde, casi a las 9PM, no había habitaciones libres y se vieron obligados a darme una suite… ay, amigos, ¿sabéis lo que es tener una habitación de hotel que era solo un poco más pequeña que mi piso? Ser rico tiene que ser una cosa estupenda… lástima que a la mañana siguiente me tocara un madrugón infernal (4AM para maitines) y en definitiva, no pude sacarle mucho provecho a mi suite. Pero sí se lo saqué a mi último día en USA!

Canciones:

Cactus: “Long Tall Sally”

David Bowie: “What’s Really Happening?”

Héroes del Silencio: “Bendecida”

24
Jul
13

SOUTHERN CALIFORNIA SUMMER’13 – DAY 1

De nuevo en San Diego, y realmente ha pasado demasiado poco desde la última vez. Como quiera que ya he comentado mucho sobre mi rutina en San Diego, que acaba siendo siempre igual, quisiera hablaros del viaje. Viajar a  esta punta del mundo es un coñazo. No hay duda al respecto. En esta ocasión mi itinerario era francamente extraño, pues si habitualmente solía coger un vuelo vía London Heathrow, esta vez he hecho un Barcelona – Toronto, Toronto – Los Angeles. Por alguna razón, era realmente más barato.

Un vuelo Barcelona Toronto dura unas 9 horas, aproximadamente. La conexión en Toronto era de poco menos de tres horas, y está bien, porque pude hacer el papeleo aduanero en el propio aeropuerto, donde habían funcionarios del cuerpo de fronteras de USA, y creedme, evitar la aduana del aeropuerto de Los Angeles siempre vale la pena. En L.A. hay que contar que siempre habrá un mínimo de 30 minutos de cola. Lo malo viene con el vuelo Toronto – Los Angeles. Cuando uno aterriza, parece como si ya casi estuviera. Pero no. El Toronto – Los Angeles tiene una duración de casi seis horas. Total, una eternidad.

Me dio para leerme un periódico, medio libro, dormir un buen rato, trabajar un poquito, y ver dos películas. El menú de ayer fue diverso: “Cocksucker Blues” y “Rambo 3”. No me diréis que no había eclecticismo. La primera cinta se trata de un documental que rodó Robert Frank sobre la gira de “Exile On Main Street” de los Rolling Stones, en 1972. En un principio estaba bendecido por la banda, y sin embargo, cuando vieron los resultados, decidieron no publicarlo. Con el tiempo, no fue difícil hacerse con copias, y hoy en día, bastan un par de clicks para dar con él en Internet.

Y no me extraña que la banda decidiera paralizar el asunto. El documental es totalmente explícito en cuanto a drogas y sexo se refieren, además de mostrar el caos que una gira como aquella suponía. Por poner un ejemplo, se  ve claramente a Mick esnifando. El problema no era el mero hecho de las imágenes, sino que podía suponer una prueba incriminatoria, por aquél entonces, gobiernos como los de USA o Francia les tenían ganas, a los Stones. Hay que decir que la película no tiene subtítulos, y a veces se hace difícil de seguir. Avisados estáis.

Para completar el menú, “Rambo 3”, una peli que nunca llegué a ver en su momento. En realidad es bastante flojita, y se aguanta porque son tan solo 90 minutos. El personaje de John Rambo está en plena caricatura, aunque solo su carisma hace que se aguante una cinta cuyo guión parece ser escrito por un chaval de catorce años. Yo la disfruté, aunque se me hizo un pelín larga, porque a pesar de que la trama es mala y las escenas de acción, poco interesantes, ya sabéis, es un Rambo ultra-violento y lleno de clichés. Y eso, para mí, ya me vale.

Por otra parte, es siempre interesante ponerlo en perspectiva histórica. “Rambo 3” se estrenó en 1988, casualmente muy poco después de que la URSS retirara las tropas de Afganistán. En esta tercera entrega, John Rambo acude, auspiciado por Washington, a la ayuda de los muyaidines que combatían el terrible enemigo soviético. 13 años más tarde, serían estos muyaidines (o talibanes) quienes se convertirían en el terrible enemigo de Washington. Una paradoja que hace divertida cuando Rambo o el coronel se refieren constantemente a ellos con expresiones como “guerreros por la libertad”.

En fin, no se puede decir que no he aprovechado el viaje…

 

Canciones:

Héroes Del Silencio: “No más lágrimas”

Clutch: “Earth Rocker”

Izzy Stradlin & The Ju-Ju Hounds: “Somebody knockin’”

07
Ene
13

Salvage

Cinco hombres jóvenes pasean la noche de un martes por Downtown Los Angeles. Son extranjeros. Sólo buscan un lugar donde tomarse la última copa. Las calles de downtown cambian mucho de día y de noche. Lo que por el día es una actividad incesante de personas que caminan, nunca más de tres manzana (esto es Los Angeles) entran y salen de los altísimos edificios, se meten en los restaurantes y se miran con desdén, por la noche es una maraña de bloques acristalados y calles perpendiculares. Circulan muy pocos coches, y la mayoría de las personas que pululan por las maltratadas aceras son vagabundos y paseantes nocturnos freaks.

No importa, hay que tomarse la última. Cerca del hotel, no vayamos a liarnos. Aunque poco hay para liarse, esto es Los Angeles y nada permanece abierto más allá de las dos y media. O casi nada. Bajando por la Séptima, cruzando Flowers y poco antes de la esquina con Hope, damos con el bar adecuado: Salvage … le perdonaremos la grafía, está claro que por aquí nunca pasó Juan Ramón Jiménez ni su puto burro Platero. Pero que me aspen si no son lo que estos tipos andan buscando.

El bar es francamente oscuro, y nada más entrar, a mano izquierda, está la barra. La camarera es bonita, su compañero es, para variar en esta ciudad, hispano. Piden combinados, ron y ginebra. Vaso ancho y esa desastrosa costumbre que tienen en el país de cubrirlo todo con pedacitos pequeños de hielo que más que enfriar la bebida, la suavizan. Dejan la pertinente propina, ya están educados al respecto, y apoyan los codos en la barra. El espectáculo está a punto de comenzar.

En el centro del bar, una pasarela. No es un escenario, sino que parece una pequeña pasarela de donde pudieran salir modelos a mostrar las últimas creaciones. Difícilmente podrían caminar más de cinco pasos, no obstante. Al otro lado de la pasarela hay más gente, y al fondo, una zona con sofás. Los cinco individuos prefieren quedarse en la barra, que está más cerca de la puerta. Nunca se sabe. Por el espacio pulula un tipo enorme, en sí. Casi dos metros, gordo como la madre que lo parió, embutido en una camisa roja. Lleva el pelo largo, recogido en una trenza, y se mueve con la autosuficiencia de un reyezuelo de Taifas, chocando sus manos anilladas con alguno de los parroquianos. No hay que prejuzgar, se dicen los recién llegados, pero no parece trigo limpio.

Qué más da. La euforia del alcohol y la camaradería inhiben de cualquier idea preconcebida. No son amigos. Ni siquiera se conocen mucho. Simplemente las circunstancias los juntaron en tierra extraña y esa noche ha creado lazos irrompibles, aunque de corta vida.

un lunes por la noche el aspecto es mucho más decadente

un martes por la noche el aspecto es mucho más decadente

El espectáculo parece que va a comenzar. En una esquina, junto a un lamentable equipo de audio, se sienta un chaval con una guitarra española. Tiene un jocoso parecido con Ozzy Ousborne de joven, gafas oscuras redondas incluídas, también podría pasar por un hippie trasnochado. Cruza la pierna, se ajusta la guitarra, y comienza a tocar algo que quiere ser “Entre Dos Aguas” de Paco de Lucía, a lo que se le suma una base rítmica pregrabada.

En ese momento sale una bailarina. Va vestida como si se tratara de danza del vientre, es muy joven y bastante guapa, y comienza una serie de movimientos entre orientales y flamencos. Un desastre. Realiza su performance durante unos minutos, luego se baja. Le toma el relevo otra bailarina, ni tan joven ni tan guapa. Tetas operadas enormes, cara retocada también, lleva un uniforme de faena parecido al de su compañera. La cuadrilla de extranjeros de la barra comienza a dudar de si en 2005 esa bailarina no se llamaría Peter. Poco le importa la dudosa sexualidad de la plantilla a los individuos que están al otro lado de la pasarela-escenario. Destacan, entre ellos, un tipo que lleva un traje claro, con hombreras, digno de “Corrupción En Miami”, que se parece mucho a John Malkovich, solo que más joven, y habiendo consumido (mucha) más cocaína. Completa su look con el pelo recogido en una cola y un ridículo sombrerito de ala estrecha. John se lo está pasando estupendamente, da palmas como si le fuera la vida en ello, y de paso, molesta a un grupo que a su lado, se toma una copa, ajenos al espectáculo. Si se presentaran como un grupo de mafiosos rusos de poca monta, nadie se sorprendería.

Los tipos de la barra pasan de la sorpresa a la hilaridad, al no tener esos aires aflamencados como algo exótico. Esta es la imagen de su país, piensan, en pleno siglo XXI. Mientras se divierten tanto mirando a la tercera bailarina (más de lo mismo) como a mini-John Malkovich, apuran sus bebidas. El despropósito continúa con un cuarto bailarín, en este caso sí, hombre, reconocido y reconocible. El tipo se arranca con unos pasos a medio camino entre el claqué y la danza céltica. El tema musical sigue y sigue, en un bucle, y las mismas bailarinas vuelven a salir otra vez. La cosa no se sostiene por ningún sitio, el alcohol ya no la hace tan divertida. El cansancio hace mella y mañana (qué temprano arrancan estos yanquis) habrá otra jornada laboral. De modo que llega el momento de irse.

El paseo hacia el hotel es corto, pero en realidad, no hay mucho que decirse. Nadie quiere hablar de trabajo. Nadie sabe de qué otra cosa hablar, ahora mismo. Quizás, más que Salvage, el local se podría haber llamado Bizarre. Encajaría mejor.

PD: reconoced que al principio os habéis escandalizado pensando que era una falta de ortografía de esas de suspenso inmediato!

Canciones:

Curtis Mayfield: “Pusherman”

The Monarchs: “Yer Movin On”

Two Gallants: “Song Of Songs”

30
Ene
12

San Diego y Los Angeles

Lo reconozco. De los muchos viajes que hago por trabajo, el ir a San Diego dos o tres veces al año es de la clase de viajes que vale la pena. No lo puedo evitar, tengo fijación con los USA. Y bueno, tienen cosas que ofrecer. Mi itinerario era el habitual para cuando voy por allí: Barcelona – Londres – Los Angeles – San Diego.
Llegué al aeropuerto de Los Angeles a media tarde, aunque el cambio de hora hace que para mí, fuera de madrugada, con el agotamiento físico que implica. Pero queridos, cuando llegas a la zona de alquiler de coches y el tipo de Hertz se te lamenta porque con GPS (como indicaba en mi reserva), sólo puede darme un coche pequeño, como un Chevrolet Camaro (??!!), te das cuenta de que ciertas cosas pasan sólo allí. Cómo no, acepté sus disculpas, y aparcadito me esperaba, negro, reluciente, ese pedazo de coche. Aunque lo cierto es que en ese país, los coches son ridículamente baratos. Un carro como el que llevé, dudo que costara más caro de 25000 USD.
En cualquier caso, permitidme que rompa mitos, y que nadie me entienda mal, estaba como un niño con zapatos nuevos, pero conducir un Camaro es muy incómodo. El asiento está casi en el suelo, y el techo es muy bajo, por lo que la postura a adoptar es con la espalda muy inclinada, y aún así, la cabeza me rozaba el techo. El hecho de ser un coche automático (como todos en USA) hace que la sensación de aceleración cuando uno mete la tercera, luego la cuarta, la quinta y si se tiene, la sexta, se pierde. En fin, pecata minuta, queridos. De Los Angeles a San Diego hay unos doscientos kilómetros, aproximadamente. Un paseíto, por lo menos en domingo por la tarde, si el tráfico acompaña.
Porque, y aunque San Diego es una ciudad bonita, especialmente también el área a su alrededor, con pueblitos de playa y pesca (más recreativa que otra cosa), mi interés estaba centrado en Los Angeles. He estado varias veces en esa ciudad, y qué puedo decir: me gusta mucho. Por desgracia, habitualmente no estoy más que unas horas, una mañana o una tarde. En un par de ocasiones pasé un fin de semana, cosa que recomiendo a cualquiera.
Los Angeles, a diferencia de San Diego, carece de su, digamos, rollito Good Vibrations, de esa tranquilidad y amabilidad que supura el área de Southern California. Los Angeles es fría, extremadamente grande, apenas hay gente caminando por las calles, a excepción de paseos como Venice Beach, hay mucha pose. Y por supuesto, nunca, por nada, se os ocurra ir sin coche. Se trata de una ciudad diseñada para los coches. Porque así es como vive, por otra parte, el americano medio. O si no, por qué os creéis que permiten conducir a partir de los 16 años y que los coches son todos automáticos (ergo, hasta un chimpancé podría conducirlos).
Chevrolet Camaro… EL coche
Mi día para Los Angeles era el viernes. El plan, sencillo, despertarme pronto, conducir hasta allí, aprovechar la mañana y llegar no más tarde de las cuatro y media al aeropuerto LAX. Y todo iba bien, hasta que faltaban unos 35 km. Entonces topé con el clásico atasco de la entrada y salida de la ciudad. Y eso sin ser hora punta. Ya contaba con ello, no obstante. Y tenía una ruta marcada, para no liarme ni perder el tiempo.
La primera parada era en el 6400 de Sunset Blv, lugar donde está Amoeba Records. Pero antes, justo enfrente, hay un local de la mejor cadena de fast food del país, ya he hablado de ella en otras ocasiones: Jack In The Box. De modo que dejé mi Camaro en el parking del local (allí todo tiene parking) y di buena cuenta de un sano desayuno hamburguesero. Dos apuntes te recordaban dónde estabas. Dentro del local un homeless tomando un café, de los muchos que hay por las calles (y cuando digo muchos, es muchos), un cochambroso negro con una silla de ruedas y un acompañante. El negro pasaba del acompañante porque estaba escuchando música por un discman. Tipos raros, sí, otra constante de la ciudad. Y luego entra una rubia oxigenada, pelo corto rollo 80’s, vestido negro, botas altas y gabardina. Acaba de aparcar un cochazo en la puerta, y nada más entrar, se dirige al baño. Fastidiada porque la puerta del baño está cerrada (hay que pedir que te abran), se larga sin pedir nada, y se queda en el parking jugando con su smartphone.
Un buen sitio para reponer fuerzas… para cuando una franquicia de Jack In The Box en Barcelona?
Acabado mi desayuno, tengo que aparcar fuera. Hay una especie de zona azul, en la que cada plaza tiene un expendedor de tickets de hora. Pago por una hora (la estancia máxima permitida) y me voy, ahora sí, a Amoeba Records. Ya he hablado otras veces de esta tienda, y no me cansaré. Mucho material, pero lo mejor, es su sección de ofertas. Cientos de discos inicialmente no dispuestos a la venta, por ser copias de promoción, o para radios, en un estado perfecto, no como en las lamentables tiendas de segunda mano españolas, a precios entre 1,99 y 2,99 USD. Por si fuera poco, te llevas tres y pagas cuatro. Por supuesto, perdí la cabeza y acabé con 40, por los que pagué unos miserables 90 USD. Compré de todo, desde discos que no había escuchado nunca, como PJ Harvey o Soundtrack Of Our Lifes, a completar colección, como REM, U2 o Stones, o a renovar algunos CD’s que tenía grabados, como QOTSA o Stone Roses.
Cuando me di cuenta, mi tiempo se pasaba, y tuve un error de cálculo, la chica tardaría unos 10 minutos largos en quitar el protector de cada CD y cobrarme. Pues bien, cuando llegué al coche, tenía una maravillosa multa de aparcamiento. Sí, queridos, vuestro viejo amigo Kar es ahora mismo un delincuente para los Estados Unidos de América. Por diez miserables minutos que me pasé de la hora, tenía una multa de 58 USD, que podía abonar dejando la pasta en el sobre de la multa, en un buzón, por un teléfono u online. Supongo que optaré por esta última. Después de lo de Megaupload, no me siento muy cómodo teniendo un dinero a deber al Gobierno Federal.
Casi mola más el cartel que el sitio…
Mi siguiente destino lo había leído en una entrevista a Bunbury (sí, él otra vez!), en el que hablaba de una tienda de artículos extraños, que por el nombre, ya me gustó: La Luz De Jesús. No estaba muy lejos, no más de 15 minutos conduciendo. Resultó que la tienda también tenía una pequeña galería de arte. Y su material, de lo más curioso. Desde libros sobre Anton LaVey hasta máscaras de luchador mejicano, pasando por muñecos de Kiss o El Silencio de Los Corderos, para incluir también bastante material más digno de tienda de chinos hispánica, como llaveros con forma de hoja de marihuana. Nada me convenció especialmente, pero el sitio resultaba curioso.
Necromance… malas vibraciones… por cierto, está prohibido hacer fotos en el interior…
Otra tienda era el siguiente objetivo: Necromance, en Melrose. Melrose es una avenida más agradable que Sunset, por ejemplo, la calzada sólo tiene 4 carriles y los edificios están más juntos, y casi se puede pasear. No deja de ser un ambiente curioso para un sitio como Necromance, donde se rinde culto a la muerte. Al entrar, música de cámara, de un ambiente más bien fúnebre, como tiene que ser. Animalillos disecados, pieles de serpiente, elementos hechos de hueso… mal rollo. Andaba yo buscando una calavera. No preguntéis. No encontré lo que quería, así que pregunté a la dependienta. Como el 70% de la gente en las tiendas, era hispana. Vestida, como mandan los cánones, toda de negro, resultó ser más maja de lo que las malas vibraciones del lugar parecería indicar. Me dijo que ellos, no, pero en una tienda “couple of blocks away”, tal vez. No encontré tampoco allí lo que quería, pero me paseé un poco por el lugar, que no conocía, y mira, no está nada mal Melrose.
Alijo de CD’s de Amoeba Records… también compré la edición Deluxe del último disco de Chris Isaak… canela en rama, queridos…
Antes de ir al aeropuerto, hice una parada técnica en un 7Eleven en busca de una bebida, un último capricho que sólo puedo hacer en USA… beber Dr. Pepper o Vanilla Coke. En esta ocasión me decanté por esta última. No sé por qué nadie se anima a traer estas bebidas a la Celtiberia. A mí, me harían feliz. Y con mi sed satisfecha, encaré hacia el aeropuerto. Iba con el coche en reserva, y se me ocurrió tirar sin repostar. Ahora lo veo como una idiotez, porque, de acuerdo, eran sólo 25km, pero no conocía el coche, no sabía cuánto me duraría la reserva, y si me hubiera dejado tirado, sinceramente, no sé qué hubiera hecho… ¿llamar al 911? ¿dejar el coche allí y caminar dios sabe cuánto en busca de una gasolinera en que me quisieran vender una bolsa de combustible? En fin, niños, no hagáis estas tonterías. Que ya las hago yo por vosotros.

Canciones:
R.E.M.: “Driver 8”
QOTSA: “I Was A Teenage Handmodel”

Chris Isaak: “Ring Of Fire”

05
Feb
10

Cronicas de San Diego

Como se que os gusta verme sufrir por esos mundos de dios, rufianes que leeis estas lineas, os dire que una vez mas, vuestro amigo Kar postea desde un aeropuerto. Y no, el teclado no tiene acentos. Cosas de los USA. Lo mas cercano a un acento tal y como lo conocemos en casa es (y usemos una palabrilla acentuada) esto: “cami`on” … o esto: “cami’on”. Como quiera que ninguna de las dos me acaba de convencer, dejaremos el tema sin acentos (o sin tildes, como me decian en el cole).
Ahora mismo son las 19’15 hora local, 4’15 del dia siguiente (viernes) en Barcelona. Mi vuelo de Los Angeles a Londres se retrasa como una hora y cuarto, lo cual me impide coger mi conexion de Londres a Barcelona. Para colmo, todos los vuelos directos de Londres a Barcelona de British Airways o Iberia estan llenos (???), por lo que la unica opcion es recolocarme en un Londres-Madrid y luego tomar un Madrid-Barcelona. A que mola?
En fin, lloriqueos aparte, lo cierto es que no me puedo quejar mucho de este fugaz viajecillo a mi ya querido San Diego. Claro que este punto lo confirmare manyana (no, tampoco hay enyes) una vez haya aterrizado en Barcelona, entero y con todo mi equipaje.
Durante el viaje de ida recupere el episodio final de Los Soprano, que lo ofrecian en el menu del avion, y me gusto tanto como la primera vez que lo vi. Todo el mundo destaca la cancion de Journey que ilustra la magistral escena final, logicamente, por ser la escena final y por tener ese protagonismo, pero yo me sigo quedando con ese tema de Vanilla Fudge que suena varias veces durante el episodio. Llevo tarareando ambas canciones, la de Journey y la de Vanilla Fudge toda esta semana.
Y hablando de Los Soprano, la sorpresa la tuve en el punto de alquiler de coches, cuando, como el vehiculo que me tocaba no estaba preparado, me dieron un coche digno de todo un Tony Soprano, un Saturn VUE fantastico. Que yo sepa, Saturn no se vende en Europa, tal vez algunos modelos si, bajo marca Chevrolet, pero no estoy muy seguro. En fin, el caso es que yo y mi coche molon enfilamos hacia San Diego. De LA a San Diego hay 190 km, lo que ocurre es que segun a que horas se haga el trayecto, el trafico es poco fluido, y tarde bastante. Y si consideramos que cogia el coche a las 2 de la madrugada, hora espanyola, estaba bastante cansado para conducir. Aun asi, como ya me lo veia venir, me lleve unos cuantos CD’s para animarme e ir berreando las canciones en el coche, una de mis aficiones favoritas. Entre ellos, el primer CD que tuve: “Aerosmith Greatest Hits”, que recoge los jitazos de los de Boston en su etapa Geffen. Lo se, habra quien no disfrute de ello, pero personalmente no tengo problema alguno con canciones como “Love In An Elevator”, “Amazing” o “Dude, Looks Like a Lady”. Estoy, ademas, pasando una fase Aero muy pronunciada, ya que me encuentro en plena lectura de la autobiografia de la banda. Por supuesto, cuando la acabe, ya dare buena cuenta de ella en estas lineas.
Como viene siendo habitual, el primer dia el jet lag me destrozo, y como viene siendo habitual tambien en mis visitas a USA, el segundo dia por la tarde lo dedique a irme a un Outlet Mall, uno que hay justo en la ultima salida de la autopista antes de la frontera mexicana (vamos, que mejor no pasarse de salida). Lo cierto es que me comporte como una personita decente y no gaste mucho. La verdad es que apenas compre nada para mi. Resulta curioso como en California, el 80% de los camareros, dependientes, taxistas y demas son hispanos. Y todos los que veian mi procedencia (al comprar con tarjeta, o simplemente preguntaban), todos me hacian referencia al futbol y al FCB.
Pero bueno, yo creo que la parte interesante del viaje, la que gusta a la parroquia, aquella en la que Kar el Paleto hace su aparicion, ha sido esta tarde. Tenia mi vuelo previsto de LA a las 20’30, y como el trabajo estaba mas o menos apanyado hacia mediodia, a la una y media salia, ufano, en mi Saturn VUE, direccion aeropuerto de LA. El caso es que a 20 minutos de mi destino, me doy cuenta de que no he cogido nada de trafico, que son las 15’15 y ya casi estoy en LA. Por lo que la tentacion aparece, una vez mas… Por que no desviarme y hacer una parada en la tienda Amoeba Records de Hollywood, hacer unas compras y luego ir al aeropuerto? Ok, visto desde fuera, parece que tenia tiempo de sobras, pero yo no estaba seguro. El trafico en LA a partir de las tres es chunguisimo, y una fatalidad (un accidente, una obra…) me podia dejar sin vuelo y en tierra. Le di muchisimas vueltas, lo juro, pero al final, la tentacion me pudo.
De modo que a las 15’45 estaba en Sunset Blvd, enfrente de Amoeba. Las cosas iban bien, tanto que incluso encontre aparcamiento en la calle, un dolar por hora (de pago, ok, pero en LA aparcar en la calle es pura utopia). Total, que hecho un flan (por mi cabeza pasaban mil fatalidades que podian ocurrirme para hacerme no llegar a tiempo a mi avion), me digo a mi mismo que a las 16’30 debia salir, si o si, de la tienda. Como veis, precision militar.
Para mi gusto, lo mejor de Amoeba, lo digo siempre, es la seccion de segunda mano. Discos en un estado impecable a precios muy buenos. Y de esa seccion, la parte de ofertas es, sencillamente, brutal. Cientos de discos a entre 1’99 y 2’99 $, con oferta de 4×3. Por supuesto, hay que remenar y rebuscar entre la multitud de basura, y depende del dia, estas mas de suerte o menos. Hoy, que no tenia mucho tiempo, obviamente, era una locura. Discos de The Posies, de Iggy, de Jon Spencer, de Chris Isaak, de REM, de Phoenix, de Tori Amos… al final, no lo he podido evitar, he salido con 23 CD’s. Contando que el sabado anterior habia pasado por FNAC y con la conya de la oferta 4×3 (ni punto de comparacion con Amoeba, pero encomiable tambien) me habia comprado unos cuantos… esto es un desastre. Lo reconozco, ultimamente compro mas de lo que puedo escuchar, y muchos de esos discos cogeran polvo en la estanteria antes de que les pueda echar un tiento. Lo mio es ya preocupante. Pero efectivamente, a las 16’40 salia por la puerta y cogia el coche.
Entonces si que estaba nervioso, y por supuesto, el arrepentimiento y el acojone a quedarme en tierra era maximo. Y para rematar la faena, ta-ta-chaaaaan… se me enciende la luz del deposito. Claro, en realidad eran 20 km los que me separaban de mi destino, pero… que se yo, en mi coche si que controlo lo que dura la reserva, pero en un coche desconocido… opto por tirar adelante, pero a la tercera gasolinera que dejo pasar, me doy cuenta de que el riesgo que corro es demasiado grande. Total, que me paro y a toda hostia entro en la caseta y compro 20$ de combustible (esto es USA, amigos, con 20 $, unos 15 miserables euros, lleno casi medio deposito). Y al coger la manguera, la cosa no tira. Aprieto “el gatillo”, lo pruebo de todas las maneras posibles, pero nada, ahi no sale gasolina. Con cierto desespero, le pido ayuda a una pobre hispana que sale de trabajar con su traje de limpiadora puesto y todo. Supongo que mi cara es un poema, porque no se me rie, y claro, ademas, le hablo en castellano… mi “hermana de rasssa” se apiada de mi y me ayuda con la mierda del surtidor (simplemente habia que apretar un puto boton antes), mi dignidad esta ya por los suelos, de modo que solo puedo agradecerle y salir pitando.
Y oh, sorpresa, despues de la tension acumulada, resulta que la autovia hacia el aeropuerto esta bastante decente y llego con tiempo de sobras. Esto es casi increible, la jugada me habia salido redonda: salgo de San Diego a tiempo, llego a LA sin problemas, me permito el lujo de un exceso en compra de discos y soy capaz de llegar a aeropuerto y dejar el coche a tiempo. La realidad, claro, ya la he contado. No todo podia ser tan maravilloso, y a esta jugada maestra de hoy le seguira un via crucis de aeropuertos que finiquitara mas de 24 horas despues con mi aterrizaje (crucemos los dedos) en El Prat. Pero esa sera otra historia.

Canciones:

Journey: “Don’t stop believing”
Red Hot Chili Peppers: “The power of equality”
Aerosmith: “What it takes”




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