Posts Tagged ‘adolescencia

10
Nov
15

Scorched Earth

Acabo de tener un dejà vu de los buenos. Acabo de descargarme un emulador del videojuego Scorched Earth. Dicho así, no parece gran cosa, lo sé. Se trata de un videojuego al que jugaba yo en 1991 o 1992. Ayer por la tarde, vamos. Por aquél entonces yo no tenía ordenador, y jugaba en casa de un amigo. La envidia me corroía, no lo negaré. Yo TAMBIÉN quería un ordenador, aunque no supiera bien para qué servía. Se trataba de un PC de verdad, no de esas chapucillas de Amstrad o Spectrum que cargaban juegos en cinta de cassette y que tardaban lo que me parecía una eternidad en estar operativos. Y no, tampoco tuve nunca uno de esos ordenadores para videojuegos, y si jugaba con ellos, era en casa de mis primos, y demás. Ya lo veis, mi infancia fue triste y gris. Todo un Oliver Twist del siglo XX, vamos.

En fin, recuerdo pasarme muchas tardes de sábado en casa de ese chaval, y jugar con su PC era un gran aliciente. Así, a bote pronto, recuerdo juegos como Operation Wolf o Gauntlet. Pero mi preferido era Scorched Earth. Nombre que, dicho sea de paso, descubrí, y por casualidad, hace poco. Yo siempre había conocido ese videojuego como, simplemente, “Scorch”. Todavía no sé por qué. Mis únicas referencias con el nombre de Scorched Earth era el nombre de una banda noruega o sueca de stoner rock con influencias blues que sacaron un disco majete en su momento y que tenían un temazo: “Blues for the Universe”.

Scorched Earth, el juego, era una especie de juego a medio camino entre la estrategia y la acción, donde se dibujaba un perfil montañoso y cada uno tenía una serie de cañones dispuestos al azar en ese perfil. Se trataba, claro, de cañonear los objetivos contrarios, usando diferentes tipos de munición. Y bueno, si vemos la parte gráfica, parece que lo hubiera programado un chimpancé. Pero amigos, era 1991, y estaba programado en DOS. Y qué más daba, me dio muchas horas de felicidad, como en su momento también me dio el “Street Fighter II”, aunque esa era, claro, otra historia.

Hace mucho que nunca juego a videojuegos, simplemente, me dejaron de interesar. No por nada en particular, y no descarto que me dé por volver a jugar cualquier día de estos. Pero ahora tengo ese emulador de Scorched Earth y me da miedo. ¿Me gustará todavía? ¿O tal vez me parecerá una mierda? Y si así fuera, ¿significa eso que poco queda ya del niño que era en 1991? ¿Tiene eso alguna importancia?

Canciones:

The Lords Of the New Church: “Dance With Me”

Eagles Of Death Metal: “Anything ‘cept the truth”

The Wailers: “Stir It Up”

06
Oct
15

Trabajos de adolescente (1): El Barça

Ah, los trabajos de estudiante. Martingalas variadas en las que algunos estudiantes nos vimos más o menos obligados a meternos con el fin de poder conseguir unas perrillas que gastar en vicios variados, ni que fuera el sobrante después de pagar la matrícula de la universidad. Eso era, claro, cuando para poder pagarse una universidad pública no hacía falta vender un riñón en el mercado negro de órganos. Eran otros tiempos.

Si lo miro de este modo, tampoco me puedo quejar. Otros han tenido que acumular curreles miserables aún acabada su etapa estudiantil. Y sin embargo, permitidme que esquive el rollo panfletario de la precariedad laboral y la lucha de clases. Y permitidme que me centre en esos trabajillos que fui haciendo durante mi etapa como estudiante, desde que tuve 14 años hasta que tuve 22 y firmé mi primer contrato de 40 horas semanales, nóminas, y todas esas cosas.

Como quiera que no pretendo relatar mi trayectoria profesional adolescente de modo cronológico y exhaustivo, me permitiré ir dando saltos y centrarme en aquello que considere, que para algo éste es mi blog y escribo sobre lo que me sale de los cojones.

De modo que comenzaremos por la primera entrega de la que espero, sea una saga: El Barça

Sí, habéis leído bien, el menda estuvo trabajando para el Futbol Club Barcelona, entre las temporadas 95-96 y la 98-99. Lamentablemente, no formaba parte de La Masia, ni del staff técnico, ni siquiera era el chico que le encendía los puros a Joan Gaspart. No. Mi tarea era la de dependiente, por decirlo de algún modo, de los puestecillos de alquiler de almohadillas en la tribuna del Camp Nou. Para aclarar, en la tribuna del estadio, se ofrecía la posibilidad de alquilar una especie de cojinete de espuma para que los socios con dinero que pululaban por la tribuna pudieran posar sus nalgas sobre algo más mullido que el frío plástico del asiento. La burguesía barcelonesa se llevaba uno de estos cojinetes y luego los dejaban en el asiento para su posterior recogida. El doctor Barraquer, familias de jugadores, etc…

Así, mi trabajo era básicamente el siguiente: Entrar con dos horas de antelación al estadio, lucir una fantástica bata azul de operario, arrastrar las cajas de cojinetes a mi puesto y pasarles un trapito para quitarles el polvo. A medida que se acercaba la hora, los socios amb caler iban pasando y por unas 125 ptas, creo recordar, se llevaban los cojinetes. Una vez comenzado el partido, guardábamos en un cuartillo inmundo las cajas y los cojinetes restantes, si los había, y se nos pagaba, a razón de 25 ptas por cojinete. En un partido mediano podías sacarte unas 3000-4000 pelillas, lo que no estaba mal, si contamos que comencé con 14 años. El que tenía un business interesante era el responsable del tinglado, que, ese sí, se llevaba 100 ptas por conjinete, con lo que haciendo números rápidos, si yo me levantaba 4000 ptas, él se llevaba 16.000 ptas. Eso sólo por mi puesto, y éramos 7 u 8 puestos.

Este año se ha celebrado la edición 49, poca broma...

Este año se ha celebrado la edición 49, poca broma… (by @carloskarmolina)

Una vez recogido el dinero, podía buscarme cualquier asiento que hubiera libre en tribuna (y siempre habían) y ver el partido. Al final del encuentro, tenía que recoger los cojinetes de los asientos, lo que solía ser una tarea rapidita. Y listo.

El gran aliciente se suponía que era poder ver los partidos gratis. Y sí, reconozco que tenía su gracia. Pero no os engañaré, aunque me gusta el fútbol, una cosa es ir al campo cuando te apetece y otra es ir siempre, por obligación, sea sábado o domingo y tragarse todo el partido, por coñazo que sea, fuera bueno o malo, y sin verlo entre amigos, que no deja de formar parte del ritual. Será que ahora me gusta más el fútbol que antes, pero os aseguro que llegaba a tocarme bastante las narices, y más de una vez hubiera querido recoger el dinero y largarme sin ver el partido. A mí me tocó, además, las dos temporadas en las que a Antena 3 le dio por emitir un partido los lunes a las diez de la noche. El horror. Había mucho flipado entre el grupo de gente que allí trabajaba, pero yo, si iba, y si aguanté cuatro años, era por el dinero. Llegó un momento en el que el Barça me la traía al pairo.

Aquél fue mi primer trabajo, más o menos, en los que, siendo un crío, me rodeaba de tipos, bastante mayores que yo. Eran otros tiempos, y era otro Barça, un Barça muy casero, muy poco profesionalizado en lo que a servicios se refería. No se me olvidará jamás aquél cuartucho donde se guardaban los cojinetes, con un escritorio de los de flexo deprimente, y con el jefe,  un burgués venido a menos, aprendiz de empresario (que sus buenos duros manejaba, el mamón), Ducados perennemente colgado de los labios, fumando en el cuartucho, claro, aires de superioridad y gris, todo muy gris, contaba los cojinetes devueltos y te pagaba acorde a las “ventas” de aquella tarde.

Por si fuera poco, a aquél curro yo llegué como se hacían antes las cosas, supongo que también ahora, colocado por un amiguete de mi padre. El tipo tenía un yerno que también había colocado, y llevaba años en ese trabajo. Al cabo de varios partidos, hubo una reorganización, quién sabe por qué, y en lugar de ponerme un puesto para mí solo, me colocaron en el puesto de ese tipo, por lo que pasé a ser “su ayudante”. Y el muy hijo de puta, en lugar de repartir las ganancias al 50%, me daba lo que él consideraba. Si se hacían, qué sé yo, 6000 ptas, él se quedaba 4000 y me daba 2000. Y así estuve al menos dos años. Y ahora puede parecer una chiquillada, el prisma del paso del tiempo, que todo lo deforma. Pero os juro que aún hoy de buena gana le reventaría la cabeza con un bate de béisbol, como Robert De Niro hacía interpretando a Al Capone en “Los Intocables de Elliott Ness”.

En cuanto al fútbol, qué puedo decir. Me tragué una etapa muy triste en el club. Sólo hubo un destello de diversión, el año de Bobby Robson, con aquél mágico Ronaldo, el gordo, antes de estar gordo, cuando de sus botas salía pura magia, y como nunca más volvió a salir. Por lo demás, yo vi jugar a Prosinecki, a Korneiev , a Bogarde o a Zenden. Ojo ahí.

Y al final lo dejé, aburrido. Cansado de aguantar gilipolleces del jefe, del yerno y de su puta madre. Decidí que para cobrar unas perrillas, podía buscarme otras cosas. Y que el futbol, en la tele, se ve muy bien. Desde entonces, no he vuelto al Camp Nou.

Canciones:

Pink Floyd: “Learning to fly”

Phoenix: “1901”

Royal Blood: “Figure it out”

25
Feb
13

Hemeroteca: Entrevista a Kurt Cobain. Popular 1. 1994.

Abrimos nueva sección en NDK, tirando de hemeroteca. Me gusta leer revistas y tengo un serio problema con el acúmulo de las mismas, de los últimos años. Serio problema, complejo de Diógenes… qué más da. En fin, la cosa va de colgar algunos artículos, entrevistas o trozos de revistas, preferentemente antiguas, para gozo y disfrute de mis lectores. Obviamente, no tengo derechos de reproducción de las mismas, y si así me lo hacen saber, no dudaré en eliminar esta entrada… no vayamos a hacernos daño. Aunque en realidad, creo que es un poco de publicidad gratuita a las mismas, así como un poco de arqueología revistil. Porque amigos, comenzamos con un clásico, Popular 1, año 1994, creo.

Los amigos de Popular 1 publicaban una entrevista que tenían inédita con Kurt Cobain, lo cual entronca con el hecho de que la semana pasada fuera el cumpleaños del difunto cantante, que hubiera cumplido 46 añazos de no haber jugado con (armas de) fuego. Hasta ahí el chiste fácil, que me permito en mi condición de ex fan. No es que ya no me gusten Nirvana, no. Me siguen gustando, pero en su momento, en mi adolescencia, era muy putifan. Así que vamos con ello.

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Desde luego, Kurt era un tío permanentemente agobiado. No me queda muy claro hasta qué punto era real y dónde comenzaba la pose, la verdad. Porque una cosa sí fue cierta: Kurt se hartó de hacer entrevistas en los dos años y medio que pasaron desde que pronunció esas palabras hasta su grand finale.

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Sin embargo, aquí puedo ver un par de conceptos interesantes. El primero, cuando opina que no le interesa saber “lo que piensan o lo que son de verdad” los grupos que le gustan. Hoy en día, en plena era de la (des)información por Internet, es relativamente fácil conocer muchos, demasiados datos de nuestros músicos favoritos. Podemos conocer lo que opinan de cualquier idiotez, o lo que hacen. Y a menudo, chico, menudas decepciones. A algunos músicos, como a la mayoría de futbolistas buenos, es mejor verles en acción que escuchar lo que dicen. En realidad, no sé si la culpa es siempre de periodista o de músico, pero la mayoría de las entrevistas me parecen aburridos ejercicios de onanismo y de recurrentes atajos hacia el camino conocido y seguro.

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Aquí advierto muchas divagaciones. ¿Letras sí o letras no? Os confesaré que en un principio, las letras no me importan especialmente. Pero si son interesantes, le suma muchos enteros. Confesaré también que como consumidor de música anglosajona, al no ser mi lengua materna, si la letra es una tontada, soy capaz de abstraerme de la misma de un modo más sencillo que si la canción estuviera escrita en castellano o catalán.  En fin, dame letras insustanciales y buena música, y podré ser feliz. Al contrario, no.

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Ay, qué duro es renunciar a la libertad a cambio de unos cuantos miles de dólares. Kurt prefería dar entrevistas a fanzines de corte underground, solo cuando quisiera hacerlo. Y sin embargo, Geffen les obligaba en cierto modo a charlar con los Kerrang y los Rolling Stone de turno. En ese sentido, sin embargo, Pearl Jam fueron más coherentes. Lo que quiero decir es que cuando Pearl Jam decidió desaparecer de los medios masivos, no grabar videoclips para la MTV, o incluso saltarse el circuito habitual de conciertos en su guerra con Ticketmaster, lo hicieron. Y lo hicieron hasta que decidieron dejar de hacerlo. Cito a Pearl Jam como caso típico de banda “grande” que graba en multinacional, pero que realmente impusieron unas normas. Nirvana, o Kurt en particular, renegaban de estas cosas, pero a su vez, hacían sesiones fotográficas, daban entrevistas, grababan videoclips con Anton Corbijn…

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Personalmente, ese “Endless Nameless” que aparecía al final del disco creo que era una solemne idiotez, y debo decir que esa moda tan de los 90s de incluir al final del CD una pista oculta, en general poco más que ruidos y esbozos de riffs, o una cancioncita insulsa en el mejor de los casos, era francamente irritante.

Respecto a Bleach versus Nevermind, estoy de acuerdo con lo que dice. Si quitas la producción y la manera de grabar tan distinta de uno a otro, no hay tanta diferencia estilística. Nirvana siempre disfrutaron de los temas con más melodía, aunque la versión “oficial” es que pasaron de un punk más guarro (en Bleach) a un punk más pop con una sonoridad de hard rock (Nevermind). Pero escuchen, escuchen ambos discos seguidos. Yo, si no les importa, escucharé sólo Bleach, porque todavía no puedo volver a escuchar Nevermind. Me sobreexpuse demasiado a ese LP en mi adolescencia.

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“Somos un grupo independiente que ha firmado con una multinacional, es una especie de traición”… aquí demostró Kurt Cobain tener mucha razón, y da pistas de la eterna disyuntiva de la música de los 90s en adelante. Pero no se puede decir que tenía mucha clarividencia, cuando varios de sus coetáneos, amigos y admirados, como Soundgarden, ya lo hicieron antes, y después… bueno, después, la música independiente se fagocitó, hasta la caída de las discográficas y la vuelta al Do It Yourself que el asunto de las descargas ilegales de música provocó.

Sin embargo, cuando dice que el rock ya no molesta a nadie, que se ha convertido en un producto de consumo, parte de razón tiene, y desde luego en los 90s, así fue. Hoy en día, el rock ya no es un producto de consumo, más allá de los clásicos de los 70s y 60s, que son considerados eso, clásicos, como lo puede ser Miles Davis o Maurice Ravel. En los 90s lo fue, y qué puedo decir… afortunadamente. Eso hizo que la chavalería de este estado semi-africano como es España pudiera acceder de una manera relativamente fácil a grupos como Screaming Trees. Por eso, me pregunto si realmente es malo que el rock se haya hecho un producto de consumo.

¿Qué os parece esta entrevista?

Canciones:

My Morning Jacket: “Evil Urges”

Foxy Shazam: “Welcome To The Church Of Rock And Roll”

Big Star: “Thirteen”

19
Feb
13

Guilty Pleasures (5)

Los italianos son los mejores vendedores de humo del mundo. Ésa es una verdad universal. Salen predestinados para la venta de humo desde muy pequeños, desde la escuela y como educación social. Lo cual, ojo, no les ha ido pero que nada mal, como país, y como colectivo. Y por supuesto, tampoco como conjunto de turistas que, sea de vacaciones o sea de Erasmus, que para el caso, es lo mismo, suelen conseguir encandilar a las mozas de los pueblos y ciudades hispánicas que visitan. Bien por ellos. Hijosdeputa. Por eso me gustan. Son unos mamonazos con clase. Y en este mundo podrido, por lo menos, que no nos falte la clase. En serio.

La música italiana popular que suele llegar por estos lares acostumbra a basarse en solistas masculinos edulcorados que cantan al amor en el Festival De San Remo, y traducen sus letras a un castellano chapucero, insistiendo en el falso mito de que el italiano es un idioma sencillo que cualquiera que hable español puede entender fácilmente. Una vez comentaba con unos colegas de trabajo milaneses la música de su país que llegaba al oyente de la Celtiberia y los pobres se sentían francamente avergonzados.

Así que dicho todo esto, quizás pueda parecer una paradoja resaltar este tema de Marco Masini, “Bella Idiota” como un guilty pleasure mío, que lo es, y de los de manual. Todos recordaremos que en los 90s hubo un pequeño boom de música italiana, tipo canción ligera, en los charts españoles, encabezado por tipos como Eros Ramazzotti, Laura Pausini, Paolo Vallesi o el que nos ocupa, Marco Masini.

Lo de Masini me lleva a mi tierna adolescencia, era a principios de los 90s cuando escuché por primera vez a este tipo, vía cinta de cassette que alguna de mis compañeras de clase ponía cuando el profesor de dibujo, en las sesiones prácticas, nos permitía escuchar música en el aula. Entonces solía sucederse una pequeña batalla entre el sector fan fatal femenino, el sector rockero más masculino (lo siento por mis lectoras rockeras, era así) y el sector discotequero. Evidentemente la tolerancia y la diplomacia brillaban por su ausencia, y esta clase de actividades solían acabar con el profesor o monitor o conductor de autocar de turno hasta los huevos de criajos peleándose por qué mierda había que escuchar.

Pero vayamos al tema de Masini… “Bella Idiota”… no es muy sutil, que digamos. La cosa va de despecho, de las mujeres, que son muy malas, y de hombres enamorados que pierden la cabeza, la compostura, la cartera y muchas otras cosas, por su culpa. Un clásico, vamos. Desde el mismo Mester de Juglaría que ya se escribía sobre ello. Así que no hemos avanzado mucho en 600 años.

De hecho, esta letra le trajo algunos problemillas a Masini, pues si quizás en la traducción al castellano, el término “idiota” no es excesivamente ofensivo, el original “Bella Stronza” es algo más hiriente. Se le acusó, además, de misógino, por el contenido de este tema. ¿Pero sabéis qué es lo bueno de esta canción? Que el tipo, realmente, parece sentir todo ese despecho, y soltar la bilis en forma de coplilla.

Así, la cosa va de un fulano dolido y desesperado porque se enamoró de una mujer guapísima, tan ciegamente que dejó a su propia novia, se peleó con sus amigos, y ¿todo para qué? Para que ella, la muy guarra, se largara con otro… u otros, no queda muy claro… pero desde luego, con más dinero que nuestro protagonista. Y éste va declamando en esa forma tan curiosa y tan masculina de cagarse en sus muelas, pero a su vez, ofreciéndole una oportunidad de escaparse los dos, huir y hacer una nueva vida juntos. Es decir, más patético no puede ser. Pero así somos los hombres, queridas mías. Este es mi consejo para las miles de lectoras de NDK.

Y de este modo, se va sucediendo todo entre una guitarra acústica, principal, con la banda de fondo, y unas cuerdas, para darle la dosis necesaria de dramatismo. En fin, aunque Marco Masini tiene una voz rasposa estilo Brian Adams, para que nos hagamos una idea, y no lleva el rollo pulcro y elegante de algunos de sus compatriotas, sino que su pose es más, digamos, de cantautor rockero, en el sentido del término de esos maravillosos 90s en los que las guitarras distorsionadas estaban de moda, tampoco creo que nos estemos perdiendo una carrera musical trufada de grandes canciones. Ni falta que hace, claro, pues para algo estamos hablando de guilty pleasures.




noviembre 2019
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