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Nov
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Historias de la Universidad (pt.III)

Las ideas preconcebidas son unas compañeras muy cabronas. Eso deberíamos grabarnoslo todos en esa hamburguesa de McDonald’s que tenemos por cerebro. O tatuárnoslo, como si fuéramos el tipo de “Memento”. Lo mejor es acudir virgen a los acontecimientos y lugares. Nos evitaríamos, creedme, muchas decepciones. A estas alturas, si habéis leído la primera y la segunda parte de esta serie de Historias De La Universidad, ya os habréis dado cuenta de que las decepciones fueron, durante mi período universitario, constantes. Por lo menos durante los dos primeros años. Más adelante ya me había acostumbrado, y lo que deseaba era acabar con ello cuanto antes, y con la mayor dignidad. Académica, se entiende.

Mi centro universitario era una chapuza. Tenía una ventaja primordial, y era el hecho de estar situada en una zona bastante céntrica y asequible de la ciudad de Barcelona. Por lo demás, se trataba de un edificio decimonónico, con todo lo que ello implica. De hecho, cuando comenzamos el curso, la biblioteca, que estaba en plena fase de reformas, todavía no se había acabado, y pasaron varias semanas hasta tenerla disponible. El ala donde hacíamos las clases era vetusta, con unos desconchones dignos de Sarajevo en 1991. Puede parecer frívolo, ahora mismo, hablar de estos, digamos, inconvenientes arquitectónicos o estructurales. De hecho, ahora mismo me parece de una inocencia tremenda. Pero os aseguro que en aquél momento me indignaba.

Otra de las decepciones, y esta fue de las grandes, residía en el profesorado. Uno imaginaba a un profesor de universidad como una suerte de sabio dispuesto a compartir sus conocimientos con el alumnado. Y sí, había alguno de ellos francamente listo. Los menos, por desgracia. De la docena de profesores que tuve el primer cuatrimestre, apenas se podía salvar alguno. Y de ellos, de los que sí que parecían ser señores de sapiencia magna, su capacidad de transmisión de conocimientos dejaba que desear. Eran, por supuesto, mejores que varios inútiles que combinaban un nivel justito con una pose de desidia hacia el alumnado sonrojante.

Proyector de transparencias de acetato... antigüedades...

Proyector de transparencias de acetato… antigüedades…

Recuerdo con claridad a un idiota que impartía su asignatura a base de transparencias. Sí, eso suena al Pleistoceno Superior, por lo menos. Pero en 1997 yo recibí MUCHAS asignaturas con transparencias. Para el sector juvenil de NDK, se trataba de imprimir en un papel de acetato, un puto plástico transparente, y situarlo en un proyector que a base de una lámpara y un juego de espejos, mostraba el contenido en una pantalla blanca. Pues bien, ese profesor había escrito unos apuntes a mano y los había fotocopiado en acetato. Con todo lo que ello conlleva. Los había escrito en una libreta de folios cuadriculados, por lo que la cuadrícula también se veía en la transparencia. Los había escrito con tachones y estructura caótica. Y lo que es peor, con unas faltas de ortografía que asustaban. Hablo de escribir artefactos incendiarios contra la lengua castellana del calibre de (sí, lo juro) “vamos ha ber”. De verdad, ¿cómo querían que respetara a un profesor así? Para colmo, usaba constantemente una muletilla, “pa’ que haiga”. “Usamos esta fórmula pa’ que haiga un resultado blablablá”. Reconozco ser bastante puntilloso con la ortografía y la gramática. Y sin embargo, lo de ese individuo resultaba sonrojante. Pero ahí estaba, el tipo. Año tras año, con su asignatura, impartiendo lo mismo una y otra vez. Mandando imprimir esos apuntes lamentables en reprografía, y con el alumnado, curso tras curso, leyendo “vamos ha ber”. Con esa libreta, el original, el incunable, amarilleando. Y no es exageración, el tipo llevaba su libreta original con las páginas tomando ese color del papel antiguo. Reventando el vergüenzajenómetro.

Canciones:

Imelda May: “Love Tattoo”

Billy Idol: “Flesh For Fantasy”

Def Leppard: “Love Bites”

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3 Responses to “Historias de la Universidad (pt.III)”


  1. 1 Beat4am
    18/11/2013 en 12:38

    un profesor con faltas de ortografía….
    solo comparable con un profesor sacamocos o salidete

    Ew.


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