Posts Tagged ‘yo… y mis circunstancias

07
Sep
15

De disk-jockeys y aniversarios

En este 2015 se cumplen 50 años de la muerte de Alan Freed, mítico DJ de radio que ayudó a popularizar el rock n’ roll en su etapa más primigenia. Se podrían decir muchas cosas de ese tipo, pero a pesar de que no fue un santo, pinchaba las versiones originales de las bandas negras en una emisora de música blanca, cuando lo habitual por aquél entonces era que en las emisoras blancas se pincharan versiones de las hits de R&B o DooWop grabadas por grupos o cantantes blancos. Pat Boone, por ejemplo, hizo gran parte de su carrera inicial a base de grabar (y suavizar) hits de negros para audiencias blancas. Pero a Freed le iba la música de negratas y no dudó en pinchar los originales.

De hecho, 60 años atrás, en 1955, Alan Freed estaba en su momento más álgido, y sus programas, además de los conciertos que montaba, eran tremendamente populares. Luego todo caería en picado. Se le acusó, no sin razón, de recibir dinero por pinchar determinadas canciones, cosa que sí, reconoció hacer, pero que resultaba ser una práctica muy extendida. Lo cual no empaña que radiara una música que por entonces era casi revolucionaria y que si hoy escuchamos la música que podemos escuchar es, en parte, gracias a gente como Alan Freed. Por cierto, esa práctica de cobrar por pinchar ciertos temas se popularizó con el término de payola, palabreja que me resulta hilarante. Soy tontito, lo sé. En realidad, es una contracción de pay y Victrola que era un modelo muy popular de reproductor de discos. ¿No es el inglés un idioma adorable?

Y 20 años atrás (tal vez serían 22, pero 20 queda como más redondito) hubo un pequeño evento en mi barrio, conducido también por uno de los DJ de radio más populares de esta triste parte del mundo: Tony Aguilar. Por alguna razón, y todavía estoy en proceso de identificar el qué, este recuerdo vino a mi memoria. A principios de los 90s, la Zona Franca de Barcelona todavía se llamaba Zona Franca, lo de maquillar el tema bajo el nombre de Barri de la Marina de Sants vino mucho más tarde. Supongo que la denominación Zona Franca llevaba implícitas unas reminiscencias de barrio chungo, aunque a decir verdad, en esos años, a principios de los 90s, ya no era un barrio tan chungo, si bien acarreara la mala fama.

Buena mierda de la época (by @carloskarmolina)

Buena mierda de la época (by @carloskarmolina)

Sin embargo, la anécdota es significativa de cómo se mueve un barrio, y esas mecánicas muy de pueblo que tiene, a menudo. El evento en cuestión es que se inauguraba una tienda Bazar El Regalo, cadena de electrodomésticos que diría yo que se quedó por el camino, arrastrada por la crisis, la competencia y los cambios de hábitos en compras. Pero amigos, en 1993, en mi barrio, eso era un evento. Y para la inauguración en cuestión, un viernes por la tarde, Bazar El Regalo contrató a Tony Aguilar para animar el cotarro. No es que fuera yo fan del tipo en cuestión, de hecho, Tony Aguilar se caracterizaba por pinchar una música de mierda en una época en la que fácilmente podían sonar encadenados Guns n’ Roses, Pearl Jam y Spin Doctors en la dichosa Cadena 40.

Pero, eh, era el evento de la tarde en un barrio en el que no solían pasar esas cosas, y por supuesto me fui con un amigo a curiosear, y de paso, participar en el sorteo de alguno de los walkman que anunciaban. Y allí apareció, en una triste tarima, el tal Aguilar, con su asquerosa gorra como si fuera un puto Alan Freed cañí. Me dice la Wikipedia que Tony Aguilar sigue siendo locutor de la Cadena 40. Yo recuerdo, y este recuerdo es algo posterior, por lo que me comienza a resultar inquietante mis constantes conexiones con Tony Aguilar, que intentó meterse en la música, sacando una versión de Joe Bataan, a quien casi nadie de su público conocía, claro. Así que, en definitiva, allí estábamos mi amigo y yo, dos niños de 13 años, esperando que la suerte nos sonriera y saliéramos con un walkman, un vídeo VHS o una batidora, qué sé yo. Pero no fue así, y el Bazar El Regalo de Zona Franca quedó solemnemente inaugurado, y nosotros pasamos otra tarde de adolescentes sin pena ni gloria.

Canciones:

Black Flag: “Six Pack”

Sananda Maitreya: “O Divina”

Mick Ronson: “Like a rolling stone”

30
Sep
13

Historias de la universidad (Pt. I)

Al contrario que mucha gente, mis recuerdos de la etapa universitaria no son especialmente buenos. Tal vez por eso la pago con todo mi rencor y mi odio a esos universitarios inconscientes que viven de hacer el vago y luego lloriquean los meses de enero y junio. Tal vez por eso odio especialmente las becas Erasmus. Tal vez sea por eso. El caso es que mi paso por la universidad no fue algo halagüeño. Yo estudié una carrera que no me gustaba. Ustedes se preguntarán por qué lo hice, entonces. Las razones podrían ser varias. Hubo, no nos engañemos, una cierta presión paterna. No estoy por la labor de culpar a mi viejo de mis errores, pero mentiría si no dijera que la búsqueda de la aprobación paterna me llevó a escoger esos estudios. Él jamás me dijo “tienes que estudiar esto”. Insistía, sin embargo, en que estudiara una carrera de las que, y esto son palabras suyas, “tienen salida”. Sí, amigos, mi padre se preocupaba de que su retoño acabara la universidad y consiguiera un buen (y bien remunerado) trabajo. Y claro, estudiar historia, periodismo o audiovisuales me abocaba al fracaso. Esas carreras, que están muy bien, claro, son fábricas de parados. Sí, esto también era una frase suya. Por supuesto, el problema es mío, por no haberme atrevido a enfrentarme a perder la aprobación paterna y lanzarme a lo que quería estudiar. Equivocado o no. Con un negro futuro de parado o no. No voy a ponerme en plan freudiano y culpar a mi padre, pues si bien se podría haber mostrado algo más neutral, ¿qué padre lo es? Y al final, uno toma una decisión demasiado pronto. Con quince años hay que elegir, ciencias o letras. Y con diecisiete, qué carrera hacer. Ya me perdonarán, pero el que suscribe, a los dieciséis o a los diecisiete no tenía la cabeza para decisiones trascendentales.

Así, lo están ustedes adivinando. Estudié nada menos que ingeniería. La carrera definitiva. La de los superhombres. La de los tipos listos, pero que no son lo suficientemente raritos como para estudiar física o matemáticas. Cuidado con eso. La prueba, sin embargo, de que no las tenía todas conmigo, fue que me apunté a una ingeniería técnica. Hablando en plata, de las de tres años. No opté por esas respetables ingenierías que prometían un mínimo de cinco años de apasionante formación. Un lustro. Mínimo, por supuesto. Aunque eso lo averiguaría más tarde.

Canciones:

Charles Bradley: “Strictly Reserved For You”

R.E.M.: “Orange Crush”

Blind Melon: “Paper Scratcher”




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