Posts Tagged ‘guilty pleasure

15
Abr
17

Guilty pleasures (6)

Decíamos ayer que… en fin, recupero esta sección que llevaba nada menos que cuatro años en barbecho, y en donde me dedico a exponer mis miserias, lo que para un marisabidillo de mierda que es el juntaletras que suscribe, no deja de ser un ejercicio de humildad que quisiera que se me tuviera en cuenta cuando me toque la próxima reencarnación. Aunque en realidad, tiene más de engañifa y de impostura que de verosimilitud. No, no puedo decir que de repente  me estoy mostrando como un fan en el armario de Franco Battiato. No, cuando apenas conozco un par de canciones de este caballero, las que conoce todo el mundo, debiera decir. Y me gustan, me gustan mucho. Pero nada más. ¿Me estaré perdiendo una gran carrera musical, dejando de lado los discos del italiano? Yo qué sé.

Por otra parte, lo estoy calificando de guilty pleasure y si bien en esta sección he reseñado cosas realmente vergonzosas, pueden leer más aquí, aquí, aquí y también aquí, debo expresar a los cuatro vientos que no, no me hace sentir culpable disfrutar de una canción como “Voglio vederti danzare” (Franco Batiatto, “L’Arca Di Noè”, 1982).

“Discos, pelis y libros. Eso es lo que realmente importa”, decía Rob en “Alta Fidelidad”. Durante mucho tiempo yo también pensé así. Ahora, tal vez será la senectud prematura que me invade, me he vuelto más tolerante y suelo no despreciar a la gente, al menos no de entrada, sólo porque escuche el último hit de ese cantante latino que me niego a nombrar en estas sacrosantas líneas. Sí, ya saben a quién me refiero. De todas formas, Nick Hornby escribió esa novela en 1995, y en 2000 era John Cusack quien le daba rostro a Rob en su versión cinematográfica. Dudo, sin embargo, que cualquiera que haya nacido alrededor del año de publicación de ese libro (tal vez seas TÚ) pueda entender gran cosa de todo esto.

Permitidme volver a Batiatto y a esa preciosidad de canción que es “Voglio Vederti Danzare”, que como muchas otras del autor, y como muchas otras de la música italiana, nos llegó en una traducción al castellano bastante forzada, perdiendo, entre otras, la musicalidad de la propia lengua italiana. Sí, ya me perdonarán el esnobismo. Todo en este tema no podía estar más alejado de algo que en 2017 se puede considerar un hit. A saber, una canción italiana cantada por un tipo feísimo con aspecto de profesor de filosofía de instituto, construida sobre una base de sintetizadores y sin percusión (ni batería, ni apenas beats marcados) y que glosa diferentes bailes populares de diversas geografías, de un modo bastante superficial, eso sí.  Pues el disco que la contenía vendió, según reza Wikipedia, más de medio millón de copias.

Tenía recuerdos de haber escuchado esa canción de niño, por casa, por la radio, en televisión, cuando eran los años ochenta. Aquello estaba allí, escondido en el substrato personal del recuerdo, hasta que en 2003 salió de nuevo a la luz, del modo más inesperado. Y es que en 2003 el también italiano DJ Prezioso publicó un remix del tema, he de decir que bastante horroroso, sin más que dotarle de una base rítmica pesada tan clásica del eurodance. Este sí que es un guilty pleasure en toda regla. Me cogió en mi época más fiestera, justo acabado la universidad, con un trabajo recién estrenado que llenaba mis bolsillos de adolescencia extendida, viviendo en casa de mis padres. Aquello era sentimiento de culpabilidad total, y he de reconocer que por entonces a menudo lo vivía así, yendo a conciertos a la sala Mephisto o consumiendo lo que la revista Popular 1 predicara, pero a su vez saliendo de fiesta y dándolo todo en pistas de baile de dudoso gusto. Al final, quieras que no, había cosas que te agradaban, y entonces sientes aquel molesto cosquilleo en la nuca: eso despertaba mi mala conciencia rockera. Pero con una melodía así, ¿quién podía resistirse? Algo bueno sacamos: difícilmente me hubiera acordado de aquella canción que escuchaba en la radio de mis padres en 1985 si no me la hubiese recordado el dichoso DJ Prezioso. Cuando era más joven, podía recordarlo todo. Hubiera sucedido, o no.


Para el cierre quisiera dejar un vídeo que me parece una maravilla del humor. Martes Y Trece, nunca suficientemente reivindicados, haciendo un gag con Josema Yuste imitando Franco Batiatto (Napiato, en su versión), cantando ese “Voglio Vederti Danzare” en castellano, por supuesto, y de repente, cuando parece ser sólo una imitación sin mayor gracia, aparece Millán Salcedo vestido de pollo, bailando el robot y haciendo los coros, convirtiendo la escena en algo hilarante, con todo el surrealismo del dúo, y la suya, en la mejor versión de “Voglio Vederti Danzare” de la historia. ¿Por qué un pollo?

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19
Feb
13

Guilty Pleasures (5)

Los italianos son los mejores vendedores de humo del mundo. Ésa es una verdad universal. Salen predestinados para la venta de humo desde muy pequeños, desde la escuela y como educación social. Lo cual, ojo, no les ha ido pero que nada mal, como país, y como colectivo. Y por supuesto, tampoco como conjunto de turistas que, sea de vacaciones o sea de Erasmus, que para el caso, es lo mismo, suelen conseguir encandilar a las mozas de los pueblos y ciudades hispánicas que visitan. Bien por ellos. Hijosdeputa. Por eso me gustan. Son unos mamonazos con clase. Y en este mundo podrido, por lo menos, que no nos falte la clase. En serio.

La música italiana popular que suele llegar por estos lares acostumbra a basarse en solistas masculinos edulcorados que cantan al amor en el Festival De San Remo, y traducen sus letras a un castellano chapucero, insistiendo en el falso mito de que el italiano es un idioma sencillo que cualquiera que hable español puede entender fácilmente. Una vez comentaba con unos colegas de trabajo milaneses la música de su país que llegaba al oyente de la Celtiberia y los pobres se sentían francamente avergonzados.

Así que dicho todo esto, quizás pueda parecer una paradoja resaltar este tema de Marco Masini, “Bella Idiota” como un guilty pleasure mío, que lo es, y de los de manual. Todos recordaremos que en los 90s hubo un pequeño boom de música italiana, tipo canción ligera, en los charts españoles, encabezado por tipos como Eros Ramazzotti, Laura Pausini, Paolo Vallesi o el que nos ocupa, Marco Masini.

Lo de Masini me lleva a mi tierna adolescencia, era a principios de los 90s cuando escuché por primera vez a este tipo, vía cinta de cassette que alguna de mis compañeras de clase ponía cuando el profesor de dibujo, en las sesiones prácticas, nos permitía escuchar música en el aula. Entonces solía sucederse una pequeña batalla entre el sector fan fatal femenino, el sector rockero más masculino (lo siento por mis lectoras rockeras, era así) y el sector discotequero. Evidentemente la tolerancia y la diplomacia brillaban por su ausencia, y esta clase de actividades solían acabar con el profesor o monitor o conductor de autocar de turno hasta los huevos de criajos peleándose por qué mierda había que escuchar.

Pero vayamos al tema de Masini… “Bella Idiota”… no es muy sutil, que digamos. La cosa va de despecho, de las mujeres, que son muy malas, y de hombres enamorados que pierden la cabeza, la compostura, la cartera y muchas otras cosas, por su culpa. Un clásico, vamos. Desde el mismo Mester de Juglaría que ya se escribía sobre ello. Así que no hemos avanzado mucho en 600 años.

De hecho, esta letra le trajo algunos problemillas a Masini, pues si quizás en la traducción al castellano, el término “idiota” no es excesivamente ofensivo, el original “Bella Stronza” es algo más hiriente. Se le acusó, además, de misógino, por el contenido de este tema. ¿Pero sabéis qué es lo bueno de esta canción? Que el tipo, realmente, parece sentir todo ese despecho, y soltar la bilis en forma de coplilla.

Así, la cosa va de un fulano dolido y desesperado porque se enamoró de una mujer guapísima, tan ciegamente que dejó a su propia novia, se peleó con sus amigos, y ¿todo para qué? Para que ella, la muy guarra, se largara con otro… u otros, no queda muy claro… pero desde luego, con más dinero que nuestro protagonista. Y éste va declamando en esa forma tan curiosa y tan masculina de cagarse en sus muelas, pero a su vez, ofreciéndole una oportunidad de escaparse los dos, huir y hacer una nueva vida juntos. Es decir, más patético no puede ser. Pero así somos los hombres, queridas mías. Este es mi consejo para las miles de lectoras de NDK.

Y de este modo, se va sucediendo todo entre una guitarra acústica, principal, con la banda de fondo, y unas cuerdas, para darle la dosis necesaria de dramatismo. En fin, aunque Marco Masini tiene una voz rasposa estilo Brian Adams, para que nos hagamos una idea, y no lleva el rollo pulcro y elegante de algunos de sus compatriotas, sino que su pose es más, digamos, de cantautor rockero, en el sentido del término de esos maravillosos 90s en los que las guitarras distorsionadas estaban de moda, tampoco creo que nos estemos perdiendo una carrera musical trufada de grandes canciones. Ni falta que hace, claro, pues para algo estamos hablando de guilty pleasures.




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