Posts Tagged ‘década 90s



16
Ago
13

jitazos fugaces. hoy… echobelly

A mediados de los 90’s, una muchacha con unos pantalones anchos (militares, por ejemplo) y una camiseta o top que dejara a la vista su ombligo, era lo más. No admito discusiones al respecto. Gwen Stefani basó su vestuario en ese estándar durante años. De hecho, no hace mucho pillé, por casualidad, un concierto de No Doubt por la MTV, cosas del zapping. Resultaba ser un show de su gira de reunión, y qué puedo decir, parecía como si por la Stefani no hubieran pasado los años. Los 17 años. Lo cual es mucho, considerando que se trata de una mujer de cuarenta y pocos años y que ha tenido dos hijos. No lo digo yo, lo dice Wikipedia.

No sé por qué el Jitazo al que dedico estas líneas se cristaliza en mi memoria, tan solo con sonar los tres acordes iniciales, con la imagen de una muchacha alternativa (qué lejos queda ya ese término) vestida de tal guisa, pantalones militares anchotes y camiseta corta. Tal vez llevando unas Adidas Gazelle o, por qué no, unas bambas Avia… ¿alguien recuerda lo populares que eran las Avia en esa época?

Probablemente mi memoria, que es una hijaputa de cuidado, me devuelve la imagen de la vocalista de Echobelly, pero distorsionada, como si me hubiera tomado el número de copas suficiente como para que toda la gente te parezca guapa. Porque no, Sonya Madan no era ninguna belleza, si bien seguramente vestiría de esa guisa, tal y como describía anteriormente, en varias ocasiones.

Ya lo hemos comentado en varias ocasiones, en el mundo de los Jitazos Fugaces, algunos tienen un encanto kistch, otros son, directamente, una mierda. Y otros, unos pocos, son buenas canciones, temas que aguantan el paso del tiempo y sobreviven a carreras, generalmente, paupérrimas. Pues bien, el Jitazo de hoy, “Great Things” de Echobelly, pertenece a este último grupo.

Se trata de una cancioncilla de pop saltarín, que bebe más de Blondie que de los Pixies, y personalmente, me transmite un buen rollo de esos de dejar la copa en la barra y saltar, en el sentido más literal que no figurado, a la pista. Es un brit pop menos británico, menos de mirarse el ombligo, digno de colarse en los festivales de moda de la época y tener al público aguantando el repertorio hasta que suena LA canción.

“Great Things” está incluida en su disco de 1995, “On”. En esa época pareció que lo iban a conseguir. Madonna, por ejemplo, quiso ficharlos para su nueva discográfica, Maverick, que resultaba ser una supuesta plataforma de apoyo a nuevos artistas que no estaban absorbidos por la industria. Cosas de una Madonna que quería, como siempre, ser la más moderna del pueblo. Incluso R.E.M. se los llevaron de teloneros, al igual que hicieran con los olvidadísimos (y me temo que no sin razón) Grant Lee Buffalo. Volviendo a Echobelly, sí, su carrera siguió y grabaron varios albums más, pero, realmente, ¿a quién le importa?

En fin, no puedo sino dejaros con el video de “Great Things” y espero que os guste la canción tanto como me gusta a mí. Pensad que muy pronto, la moda volverá a traer los 90’s de la misma manera que ha traído de nuevo los 80’s, y entonces, tal vez, podáis volver a recuperar vuestras Avia.

PD: por alguna razón que no acierto a comprender, no he encontrado un videoclip oficial de este tema… acaso nunca existió?

08
May
13

El Mundial De Italia ’90

Cuando era un chavalín me interesaba mucho más jugar al fútbol que verlo por TV. Así, pues, no tengo grandes recuerdos del fútbol de los 80s. Sí me acuerdo que el equipo de mi padre era el FC Barcelona, y como es lógico, el mío también. Aquella época fue francamente complicada para todo culé, no se ganaba ni al parchís, y una victoria sobre el Real Madrid podía salvar una temporada, aunque hoy en día parezca imposible de creer. ¿Cómo acabé tragándome partidos del mundial de Italia de 1990? Pues no lo tengo muy claro, la verdad es que tengo recuerdos difusos. Tal vez fuera la influencia de “Campeones (Oliver y Benji)”.

Yendo yo a remolque lo que los demás me decían, amigos, familia, compañeros de clase, inevitablemente la cosa pasaba por seguir los partidos de la selección española. El combinado de aquél año estaba dirigido por Luis Suárez, quien lo fue todo en el fútbol español, estrella en uno de los Inter de Milán más gloriosos y el único jugador nacional que ha ganado un balón de oro. Su trayectoria en los banquillos, sin embargo, no fue gran cosa, y no pasó de los tres años al frente del equipo español. Esa selección estaba copada por jugadores de la Quinta Del Buitre, sin embargo, la presencia de tipos como Génar Andrinúa ya hacía presagiar que no nos encontrábamos ante un equipo de técnica depurada.

Bélgica, Corea del Norte y Uruguay eran los rivales en la primera fase. España debutaba frente a Uruguay, y recuerdo como si fuera hoy a un chaval uruguayo de mi barrio emocionado con ese choque, y destacándome las virtudes de Rubén Sosa y de Rubén Paz, dos nombres que me parecían de lo más jocoso, pero de los que nunca me atreví a reírme frente a ese muchacho, no era plan de herir susceptibilidades nacionales.

Rubén Sosa. El cromo...

Rubén Sosa. El cromo…

Lo divertido de los mundiales son los equipos que acceden inesperadamente. En esa ocasión, estaba la selección de Costa Rica, la de los Emiratos Árabes o la de Escocia. En este último caso, resultó ser todo un acontecimiento, perfecto para que miles de hooligans escoceses asolaran tierras italianas, aprovechando la excepcional participación de su selección, poniéndose hasta el ojete de alcoholes varios y tratando de liarla lo máximo posible mientras el equipo se hundía con una trayectoria mediocre que no pasó de los 3 partidos básicos. Irvine Welsh daba cuenta de ello en su novela “Cola”, que es de lo mejor que he leído del autor de la celebérrima “Trainspotting”.

Dos tipos que se acercaban a edades razonables como para el fútbol de primer nivel, tuvieron una participación notable, me refiero al clásico portero de Inglaterra, Peter Shilton, quien cumplidos los 40 defendía la meta inglesa, y de Roger Milla, que a sus 38 seguía capitaneando al Camerún que tenía a Tommy N’Kono como guardameta. De Milla puedo recordar su celebración de los goles bailando frente al banderín de córner, algo que hoy en día cualquier alevín hace en su partido interescolar, pero que en 1990 NADIE hacía en el regio y vetusto fútbol europeo. Roger Milla jugaría otro mundial más, en 1994, con 42 años. Poca broma.

Roger Milla, el bailongo...

Roger Milla, el bailongo…

Mi recuerdo más vívido lo tengo en la eliminación de la selección española, en octavos de final. Allí estaba yo, una calurosa tarde de verano, sólo frente al televisor, seguramente mi padre estaría trabajando. Se jugaba el cruce con Yugoslavia… sí, suena a la prehistoria… en fin, sea como fuere, marcó primero Yugoslavia, cuando el cero a cero amenazaba con llevar el partido a la prórroga. Y ahí comenzó un tramo emocionante, con Salinas empatando cinco minutos más tarde, pero con un triste gol yugoslavo en el minuto 91 que enviaba a los españoles para casa. Obviamente, todo ese coñazo de la roja y de los torneos ganados y el buen fútbol estaban a años luz. Lo de entonces era patadón y tentetieso, y orgullo torero, y gallardía española, y todas esas chorradas más propias del Siglo de Oro castellano, es decir, que se les va la fuerza por la boca y al final, armada invencible hundida.

Dos jugadores, finalmente, se quedaron grabados en mi memoria, de ese mundial: Totò Schillaci y Lothar Matthäus. De este último, qué decir. Uno de los grandes del fútbol, que lució junto a la última selección alemana campeona, llevándose el torneo en la final frente a Argentina. Fue la última participación como RFA, antes de la unificación. En cuanto a Schillaci, de nombre Salvatore, aunque se le conocía como Totò, como el jodido perro de Dorothy, la de El Mago De Oz, resultó ser de esos jugadores que brillan exageradamente en un mundial, para luego desinflarse. Sin embargo, Baggio, quien no figuró tanto en esa Italia que quedó en 3º lugar, acabó siendo mayor estrella.

Mascota fea, fea...

Mascota fea, fea…

¿Y Holanda? ¿Qué pasó con esa Holanda de los Van Basten, Gullit, Rijkaard, Koeman, Wouters, Blind o Wistchge (AKA richi wichi)? Pues que tuvieron la mala suerte de toparse con la RFA demasiado pronto. Cosas de los mundiales.

A partir de ahí me engancharía a ver fútbol, con la llegada de Cruyff al Barça, con las emisiones de Canal + y con el hacerme más mayor y pasar de jugar a fútbol en las calles a ver futbol en la tele. Del Mundial de Italia’90 guardo en el recuerdo esa extraña mascota, que intentaba destilar modernez y diseño transalpino, y, sobretodo, el videojuego Italia’90, que me proporcionó muchas horas de diversión en mi Master System II.

Horas y horas perdidas (invertidas?) en este videojuego...

Horas y horas perdidas (invertidas?) en este videojuego…

 

Canciones:

The Rolling Stones: “Dandelion”

Ocean Colour Scene: “Weekend”

The Strokes: “12:51”

 

 

01
May
13

Discos Piratas

Hace ya bastante tiempo que, existiendo Internet, comprar un disco pirata resulta ser un dispendio inútil. A veces me planteo si comprar un disco, en general, no es un dispendio inútil. Todos tenemos nuestro momento de duda. Durante una época, sin embargo, un disco pirata, o bootleg, era una pieza codiciada entre melómanos. Lo que ocurre es que esta clase de productos siempre tenían su riesgo: efectivamente, en un envoltorio sugerente, era fácil encontrarse con grabaciones de mala calidad, de sonido infame o coñazos solo aptos para los completistas más extremos.

Yo tuve también mi experiencia con los discos piratas, hace mucho, cuando comencé a comprar mis propios discos. Sería 1995, acudía a mi primera Fira Del Disc, de esas que organizaba Jordi Tardà en Barcelona. Todavía no sé muy bien cómo, acabé comprándome un disco doble que recogía el concierto que R.E.M. habían ofrecido unos meses antes en San Sebastián. Era la gira de Monster, y yo me había quedado con las ganas de acudir a su concierto de Barcelona, de modo que pensé que sería un buen fetiche para quitarme, de alguna manera, la espinita. El aspecto del CD era un poco cutre, unas fotografías mal tomadas, y un título, “Espana 95”, donde ni siquiera habían podido usar la Ñ. Que digo yo, si no había Ñ, ¿por qué no titular “Spain 95”? En fin, que pagué por ese disco lo que en su momento me pareció un dinero considerable. Podrían ser 4000 pesetas.

Portada fea, fea...

Portada fea, fea…

Imaginad ahora que dais una fiesta en vuestro piso, y para animar el cotarro, contratáis a los R.E.M. de 1995. Los ponéis a tocar en el comedor, con vuestros amigos esparcidos alrededor. Y entonces, ponéis una grabadora en el lavabo, y registráis todo el audio. Pues bien, mi flamante doble CD se oía más o menos de ese modo. Os podéis imaginar mi decepción, la cara de idiota que se me quedó. Una banda en un buen estado de forma. Un repertorio maravilloso. Un jovencísimo Kar desplegando su fanatismo. Y ese disco con un sonido atroz. Horroroso. No se puede escuchar, apenas se distinguen los instrumentos, la batería suena como si golpearan una lata, y, por si fuera poco, se oye la charleta del público. Fatal.

El set list era estupendo... lástima del pequeño detalle de que... tenía que sonar!!

El set list era estupendo… lástima del pequeño detalle de que… tenía que sonar!!

Pero como si no hubiera escarmentado del asunto, ¿adivináis qué hice al año siguiente, en la correspondiente celebración de la Fira Del Disc? Pues evidentemente, comprarme otro disco pirata. En esta ocasión no me costó un dineral, era ya gato escaldado. Pero no lo suficiente, por lo que parece, y mi fanatismo por otra banda, en esa ocasión Radiohead, causó que me hiciera con un disco pirata que recogía un concierto de la banda, cuando presentaban esa genialidad que es “The Bends”. Sí, lo habéis adivinado, también me quedé con las ganas de ir a ese concierto. Permitidme una moraleja, nunca dejéis de ir a un sitio por tener que hacerlo solos. Pero claro, tenía entonces 16 años.

La portada mejoraba... ese CD en amarillo, puro 90's

La portada mejoraba… ese CD en amarillo, puro 90’s

Afortunadamente, ese “The Warehouse”, disco pirata de Radiohead que contenía una grabación de su concierto en la sala Warehouse de Toronto, también de 1995, tenía una calidad de sonido no solo mil veces superior al pirata de R.E.M., cosa francamente fácil, sino que podríamos decir que con un ligero filtraje, podría pasar por un disco en directo oficial bastante apañadito. La banda estaba en un gran estado de forma, y además, incluía un tema que formaría parte de su siguiente álbum, el celebérrimo “OK Computer”, el corte “Lucky”. Para entonces tenía los dos LPs oficiales de Radiohead, y el EP “My Iron Lung”, así que comprar ese directo resultó, claro, un paso lógico. Era muy fan de la banda, y lo seguí siendo hasta el mencionado “OK Computer”. Disfruté mucho de ese disco, también, pero significó el principio del fin. Luego vinieron los coñazos de “Kid A” y posteriores, la pose, las chorradas, las grabaciones aburridas… pero la parroquia que sólo conoce a los Radiohead actuales, que sepa que antes del siglo XXI, eran un grupo fantástico.

Definitivamente, eran otros tiempos para Radiohead

Definitivamente, eran otros tiempos para Radiohead

Aquella fue mi toda mi andadura en el mundo de las grabaciones piratas. A pesar de que esa segunda adquisición sí que cumplió las expectativas, por entonces me di cuenta de que había demasiados discos por conseguir y demasiadas bandas por descubrir como para perder el tiempo y arriesgar mi dinero en discos piratas. Para qué iba a comprarme un pirata de, qué sé yo, Guns N’ Roses, si todavía no había conseguido ningún disco de Led Zeppelin o The Stooges. Pero guardo todavía esos dos CDs, incluido el de R.E.M. , si bien en alguna ocasión me había planteado venderlo, a ver si algún incauto pagaba algo por él. Por suerte, nunca lo hice, y me sirve como recordatorio, de una época, y antes de hacerlo, plantearme en qué me gasto los cuartos.

Canciones:

Nick Cave & The Bad Seeds: “Do You Love Me?”

Nick Cave & The Bad Seeds: “Nobody’s baby now”

Kadavar: “All Out Thoughts”

10
Abr
13

Jitazos Fugaces. Hoy… Soul Asylum

Englobar “Runaway Train” dentro del concepto de los Jitazos Fugaces seguro que conllevará que algún purista se lleva las manos a la cabeza, aduciendo que Soul Asylum fueron más que una banda de una sola canción. Puede ser, pero la realidad es que para mi gusto, prometieron mucho y jamás pasaron de este tema. Un bluff, vaya. A partir de aquí, que vuelen las hachas. Otros me dirán que, puestos en esa tesitura, englobemos a los Spin Doctors y su “Two Princes” o a Blind Melon y su “No Rain”. No, no, y  mil veces no. Tanto los Spin Doctors como (especialmente) los Blind Melon, tuvieron carreras mucho más interesantes que colar un hit en las listas de éxitos mundiales. Cosa que, para mi gusto, no se puede decir de los Soul Asylum.

Y eso que fama, lo que se dice fama, no le faltó a la banda de Dave Pirner. Autores del Jitazo que nos ocupa, estuvieron en el candelero una temporada. Por poner un ejemplo, el mencionado Pirner participó en la banda sonora de “Backbeat” mezclándose con popes de la escena alternativa noventera como Mike Mills (de R.E.M.), David Grohl, Greg Dulli o Thurston Moore (de Sonic Youth). Así mismo, sonada fue su participación en la fiesta de elección de Bill Clinton, presumiblemente a petición de su hija Chelsea, como también lo hizo Sponge. Soul Asylum, además, contaban con un muy buen padrino, el director Kevin Smith. Y, sobretodo, Pirner fue durante una temporada la pareja de una de las musas del grunge, Winona Ryder, quien cambió a Johnny Depp por David Pirner. En esto, se puede emparentar con el frontman de Spacehog, quien también tuvo su Jitazo Fugaz y quien fue pareja de Liv Tyler. En definitiva, sin embargo, mucho ruido y pocas nueces para una banda que, aunque lo parezca, no tomó su nombre de una canción de The Cult (pues la banda se inició en 1983 mientras que el corte de The Cult pertenece a su disco de 1989).

Si nos ceñimos a “Runaway Train”, sin embargo, nadie puede negar que se trata de un Jitazo Fugaz de los buenos, de los de calidad, nada de esas cancioncitas con encanto kitsch que a menudo trufan esta sección. No, se trata de una gran canción, sin discusión alguna. Su rollo acústico y su estribillo son de manual, pero caballo ganador, sin duda. Lo diré aquí y ahora, por temas como este “Runaway Train” valía la pena escuchar las FMs.

Y a todo esto le podemos sumar la fama mediática de su videoclip, en el que, además de escenas filmadas, a modo de alegato contra los malos tratos en la familia y hacia los hijos, entre otros, incluía imágenes de chavales desaparecidos. Al final del vídeo, se decía algo así como “si ha visto a alguno de estos muchachos, o es uno de ellos, por favor llame al teléfono ****”. Podría decirse que era uno de esos rollos de conciencia y seriedad que tanto abundaron en el rock noventero, en contraposición con ese rock ochentero más hedonista y poco dado a inquietudes sociales. Pese a ello, la idea fue celebrada, y no le puedo negar su mérito, y su buen hacer, llegando incluso a preparar ciertas modificaciones del clip promocional, adjuntando fotografías de chicos desaparecidos en el país o área geográfica de emisión.

Aunque cualitativamente, Soul Asylum estaban un paso por delante de muchos creadores de Jitazos Fugaces de los que han pasado por esta sección, para mi gusto, a pesar de sus 10 discos publicados, del mecenazgo de Kevin Smith o de que en la actualidad el gran Tommy Stinson (ex Replacements y Guns N’ Roses) toque con ellos, sin abandonar a los gunners, me parecen una banda de las de grandes expectativas y poca chicha. Así que siempre nos quedará “Runaway Train”.

16
Mar
13

jitazos fugaces. hoy … the connells

Volvemos con uno de esos jitazos fugaces de los 90s, básicamente porque fue esa la época en la que estaba más atento a lo que programaban las radios, o esa clase de shows de televisión que son hoy en día una rareza, o un resto de la época paleolítica: los programas de videoclips. ¿Recordáis? Antes había bastantes, amén de las clásicas MTV y VH1, para consumo exclusivo de aquellos suertudos que tenían televisión por satélite. Los demás nos conformábamos con seguir “Los 40 en Canal +”, “Sputnik”, “Clip Clap Video” o aquel fugaz “MTV España” que emitió una temporada Antena 3. Había más, pero no recuerdo los nombres. Y a ellos le podíamos sumar los programas que emitían playbacks de bandas que pasaban por el país para hacer promoción (“Zona Franca”, “Música Sí”, …). Lamentables, pero amigos, era una época sin internet, por lo que se convertía en la única manera de ver imágenes de tus grupos favoritos, y de los que no lo eran, sin tener que pasar por caja y comprar los VHS que se vendían en aquello que conocimos como tiendas de discos.

No se trata de una nostalgia hacia esa época, en realidad, hoy en día podemos acceder a cualquier tipo de música de una manera francamente increíble. Y no, no hablo de las descargas ilegales. Yo mismo, antes de escribir este texto, he buscado y revisado el videoclip del jitazo fugaz al que nos referimos hoy. Sin tener que esperar a que sea la hora del programa de videoclips, sin tener que esperar que les dé por emitir la canción en cuestión. No es eso. Y sin embargo, lo positivo de esos maravillosos 90s es que el rock se puso de moda, con lo que bandas que hoy en día apenas saldrían del circuito de bares, podían contar con sus 15 minutos de fama, y nosotros, chavalería inocente y ávida de nuevas sensaciones, podíamos disfrutarlos. Sí, claro que hoy en día tenemos una oferta ingente, pero me da la sensación de que es un poco para iniciados. Yo puedo encontrar un concierto en vídeo de The Shazam, pero jamás se me habría ocurrido buscar ese grupo si hace unos años no hubiera dado, casi por casualidad, y a través de una tele generalista, con un videoclip de Weezer. Y así.

De modo que quién les iba a decir a nuestros protagonistas del día, The Connells, que tras 9 años y cinco discos a sus espaldas, iban a tener su momento de fama al otro lado del charco, en la vieja Europa, con el jitazo “’74-‘75”. Era el año 1993. Sí, The Connells eran un grupo que comenzó en los 80s, englobados en lo que se dio en llamar nuevo rock americano, que aupaban las radios universitarias y que tenían sus popes en R.E.M., Violent Femmes, Long Riders o Green On Red. Curiosamente no fue a través de una banda sonora para una película, o al ser elegida como sintonía de un spot publicitario, como había ocurrido en otras ocasiones, como llegaron a ese pequeño éxito. Simplemente, sucedió.

Les favoreció, eso sí, un reconocible videoclip que tiraba de la nostalgia del instituto, con fotos de esa época y de sus protagonistas, 20 años más tarde. En definitiva, una versión primigenia de lo que conllevaría la aparición de Facebook y esas reuniones de colegios, institutos o grupos de universidad, cuando todos estaban más calvos y todas estaban más gordas, y todos y todas trataban de certificar sí quien les hacía tilín en esa época todavía tendría un paseo.

Y debo decir que la canción está muy bien. Esa acústica casi céltica mantiene el tono nostálgico de la canción, y el estribillo, sencillísimo, se te queda pegado al cerebro irremediablemente. Como suele ocurrir en estos casos, el éxito, como vino, se fue, aunque para The Connells no supuso un gran trauma. Recogieron los bártulos, contaron sus billetes y se volvieron a ese circuito local del que jamás hubieran imaginado salir, ni que fuera de un modo fugaz. Lo intentaron, claro. Pero lo difícil, ya se sabe, no es llegar, sino mantenerse. La prueba más fehaciente del retorno a su lugar natural es que mientras su último disco data de 2001, su último videoclip data de 1996. Significativo.

04
Mar
13

EL VIAJERO PROFESIONAL DESEMBARCA EN VENEZUELA PT.1

Una nueva entrega de las andanzas del viajero profesional me lleva a Caracas, Venezuela. Circunstancias laborales que no vienen al caso me llevan a esta ciudad donde he aterrizado hace unas pocas horas, y la pretensión es, como en las últimas CRÓNICAS AUSTRALIANAS, ir explicando mis impresiones.

Ahora son aquí las diez de la noche, cinco horas y media menos que en España. Sí, sí, habéis leído bien. Cinco horas y media. Esta media hora de decalaje es una medida relativamente nueva, pero que da una visión bien clara de que este país, Venezuela, se ha convertido en los últimos años en un lugar peculiar.

Hablar de Venezuela y hablar de Hugo Chávez, es todo uno. El presidente ha conseguido personalizar su acción en el propio país. De hecho, pensemos qué sabemos de Venezuela… podríamos hablar de los culebrones de los 80s y principios de los 90s, que tan populares fueron en la Celtiberia. Podemos hablar de las misses, y la obsesión por la cirugía estética que parece haber por estos lares. Podemos hablar del petróleo y la filiación a la OPEP, de la que es miembro fundador. Total, no es mucho conocimiento, la verdad. Y podemos hablar de Chávez, claro.

No estoy por la labor de juzgar la política de Chávez, no entraré en ese aburrido juego, para mí es un presidente electo con un punto payasil, sí, pero electo. Sin embargo, ese juego palaciego alrededor de su enfermedad o posible muerte tiene al país en vilo. Mi contacto en Venezuela, que me ha recogido en el aeropuerto, sacaba el tema a colación tan sólo media hora después de vernos. Me decía que la incertidumbre es total, que nadie sabe a ciencia cierta si el presidente está, como se dice, en la planta 9 del Hospital Militar, si sigue en Cuba, o si está en la “Highway To Hell” o “Starway To Heaven”, que cada uno elija.

En cualquiera de los casos, reconoceré que este asunto me gusta más bien poco, como extranjero. No quisiera que Chávez muriera (o se hiciera pública su muerte) mientras yo ande por Venezuela. Ya tú sabeeeeh. De hecho, si tuviera que hacer caso a las recomendaciones, o a las noticias, no hubiera venido. Las cosas no son como se cuentan siempre, claro, pero la realidad estadística convierte a Caracas en la ciudad más peligrosa de América Latina, con una tasa de 233 homicidios por cada 100.000 habitantes (datos del INE). Poca broma. De modo que no, en esta ocasión no me veréis callejeando.

Os confesaré una cosa: cuando hago un viaje largo, todas las veces, la primera noche, nada más llegar, me invade una cierta tristeza. Viajes laborales, me refiero, claro. El cansancio del viaje y el desfase horario influyen. Y ya en el aeropuerto no puedo evitar ir canturreando el “Rocket Man” de Elton John. Por alguna razón, en mi cabeza, ese Rocket Man es el Major Tom de Bowie.  No temáis, se me pasa.

Mencionaré, finalmente, el trámite de la aduana. En cada país que voy, es inevitable que sienta un punto de temor cuando estoy haciendo la cola para el agente aduanero. Por más que vaya con mi visado, con mi pasaporte, con mis formularios cumplimentados y con mi reserva de hotel, siempre pienso que algo malo puede ocurrir. Demasiados visionados de “El Expreso De Medianoche”. Qué sé yo. En esta ocasión, me habían dicho que no necesitaba visado, que podía entrar como turista. Pero claro, yo no soy un turista. Y sin embargo, ha sido sorprendentemente tranquilo y rápido. No había militares, ni policía, tan solo unas funcionarias que han estampado el sello en el pasaporte y adelante. Así, da gusto.

CANCIONES:

José James: “Come To My Door”

Elton John: “Rocket Man”

Mark Lanegan: “The River Rise”

25
Feb
13

Hemeroteca: Entrevista a Kurt Cobain. Popular 1. 1994.

Abrimos nueva sección en NDK, tirando de hemeroteca. Me gusta leer revistas y tengo un serio problema con el acúmulo de las mismas, de los últimos años. Serio problema, complejo de Diógenes… qué más da. En fin, la cosa va de colgar algunos artículos, entrevistas o trozos de revistas, preferentemente antiguas, para gozo y disfrute de mis lectores. Obviamente, no tengo derechos de reproducción de las mismas, y si así me lo hacen saber, no dudaré en eliminar esta entrada… no vayamos a hacernos daño. Aunque en realidad, creo que es un poco de publicidad gratuita a las mismas, así como un poco de arqueología revistil. Porque amigos, comenzamos con un clásico, Popular 1, año 1994, creo.

Los amigos de Popular 1 publicaban una entrevista que tenían inédita con Kurt Cobain, lo cual entronca con el hecho de que la semana pasada fuera el cumpleaños del difunto cantante, que hubiera cumplido 46 añazos de no haber jugado con (armas de) fuego. Hasta ahí el chiste fácil, que me permito en mi condición de ex fan. No es que ya no me gusten Nirvana, no. Me siguen gustando, pero en su momento, en mi adolescencia, era muy putifan. Así que vamos con ello.

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Desde luego, Kurt era un tío permanentemente agobiado. No me queda muy claro hasta qué punto era real y dónde comenzaba la pose, la verdad. Porque una cosa sí fue cierta: Kurt se hartó de hacer entrevistas en los dos años y medio que pasaron desde que pronunció esas palabras hasta su grand finale.

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Sin embargo, aquí puedo ver un par de conceptos interesantes. El primero, cuando opina que no le interesa saber “lo que piensan o lo que son de verdad” los grupos que le gustan. Hoy en día, en plena era de la (des)información por Internet, es relativamente fácil conocer muchos, demasiados datos de nuestros músicos favoritos. Podemos conocer lo que opinan de cualquier idiotez, o lo que hacen. Y a menudo, chico, menudas decepciones. A algunos músicos, como a la mayoría de futbolistas buenos, es mejor verles en acción que escuchar lo que dicen. En realidad, no sé si la culpa es siempre de periodista o de músico, pero la mayoría de las entrevistas me parecen aburridos ejercicios de onanismo y de recurrentes atajos hacia el camino conocido y seguro.

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Aquí advierto muchas divagaciones. ¿Letras sí o letras no? Os confesaré que en un principio, las letras no me importan especialmente. Pero si son interesantes, le suma muchos enteros. Confesaré también que como consumidor de música anglosajona, al no ser mi lengua materna, si la letra es una tontada, soy capaz de abstraerme de la misma de un modo más sencillo que si la canción estuviera escrita en castellano o catalán.  En fin, dame letras insustanciales y buena música, y podré ser feliz. Al contrario, no.

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Ay, qué duro es renunciar a la libertad a cambio de unos cuantos miles de dólares. Kurt prefería dar entrevistas a fanzines de corte underground, solo cuando quisiera hacerlo. Y sin embargo, Geffen les obligaba en cierto modo a charlar con los Kerrang y los Rolling Stone de turno. En ese sentido, sin embargo, Pearl Jam fueron más coherentes. Lo que quiero decir es que cuando Pearl Jam decidió desaparecer de los medios masivos, no grabar videoclips para la MTV, o incluso saltarse el circuito habitual de conciertos en su guerra con Ticketmaster, lo hicieron. Y lo hicieron hasta que decidieron dejar de hacerlo. Cito a Pearl Jam como caso típico de banda “grande” que graba en multinacional, pero que realmente impusieron unas normas. Nirvana, o Kurt en particular, renegaban de estas cosas, pero a su vez, hacían sesiones fotográficas, daban entrevistas, grababan videoclips con Anton Corbijn…

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Personalmente, ese “Endless Nameless” que aparecía al final del disco creo que era una solemne idiotez, y debo decir que esa moda tan de los 90s de incluir al final del CD una pista oculta, en general poco más que ruidos y esbozos de riffs, o una cancioncita insulsa en el mejor de los casos, era francamente irritante.

Respecto a Bleach versus Nevermind, estoy de acuerdo con lo que dice. Si quitas la producción y la manera de grabar tan distinta de uno a otro, no hay tanta diferencia estilística. Nirvana siempre disfrutaron de los temas con más melodía, aunque la versión “oficial” es que pasaron de un punk más guarro (en Bleach) a un punk más pop con una sonoridad de hard rock (Nevermind). Pero escuchen, escuchen ambos discos seguidos. Yo, si no les importa, escucharé sólo Bleach, porque todavía no puedo volver a escuchar Nevermind. Me sobreexpuse demasiado a ese LP en mi adolescencia.

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“Somos un grupo independiente que ha firmado con una multinacional, es una especie de traición”… aquí demostró Kurt Cobain tener mucha razón, y da pistas de la eterna disyuntiva de la música de los 90s en adelante. Pero no se puede decir que tenía mucha clarividencia, cuando varios de sus coetáneos, amigos y admirados, como Soundgarden, ya lo hicieron antes, y después… bueno, después, la música independiente se fagocitó, hasta la caída de las discográficas y la vuelta al Do It Yourself que el asunto de las descargas ilegales de música provocó.

Sin embargo, cuando dice que el rock ya no molesta a nadie, que se ha convertido en un producto de consumo, parte de razón tiene, y desde luego en los 90s, así fue. Hoy en día, el rock ya no es un producto de consumo, más allá de los clásicos de los 70s y 60s, que son considerados eso, clásicos, como lo puede ser Miles Davis o Maurice Ravel. En los 90s lo fue, y qué puedo decir… afortunadamente. Eso hizo que la chavalería de este estado semi-africano como es España pudiera acceder de una manera relativamente fácil a grupos como Screaming Trees. Por eso, me pregunto si realmente es malo que el rock se haya hecho un producto de consumo.

¿Qué os parece esta entrevista?

Canciones:

My Morning Jacket: “Evil Urges”

Foxy Shazam: “Welcome To The Church Of Rock And Roll”

Big Star: “Thirteen”

19
Feb
13

Guilty Pleasures (5)

Los italianos son los mejores vendedores de humo del mundo. Ésa es una verdad universal. Salen predestinados para la venta de humo desde muy pequeños, desde la escuela y como educación social. Lo cual, ojo, no les ha ido pero que nada mal, como país, y como colectivo. Y por supuesto, tampoco como conjunto de turistas que, sea de vacaciones o sea de Erasmus, que para el caso, es lo mismo, suelen conseguir encandilar a las mozas de los pueblos y ciudades hispánicas que visitan. Bien por ellos. Hijosdeputa. Por eso me gustan. Son unos mamonazos con clase. Y en este mundo podrido, por lo menos, que no nos falte la clase. En serio.

La música italiana popular que suele llegar por estos lares acostumbra a basarse en solistas masculinos edulcorados que cantan al amor en el Festival De San Remo, y traducen sus letras a un castellano chapucero, insistiendo en el falso mito de que el italiano es un idioma sencillo que cualquiera que hable español puede entender fácilmente. Una vez comentaba con unos colegas de trabajo milaneses la música de su país que llegaba al oyente de la Celtiberia y los pobres se sentían francamente avergonzados.

Así que dicho todo esto, quizás pueda parecer una paradoja resaltar este tema de Marco Masini, “Bella Idiota” como un guilty pleasure mío, que lo es, y de los de manual. Todos recordaremos que en los 90s hubo un pequeño boom de música italiana, tipo canción ligera, en los charts españoles, encabezado por tipos como Eros Ramazzotti, Laura Pausini, Paolo Vallesi o el que nos ocupa, Marco Masini.

Lo de Masini me lleva a mi tierna adolescencia, era a principios de los 90s cuando escuché por primera vez a este tipo, vía cinta de cassette que alguna de mis compañeras de clase ponía cuando el profesor de dibujo, en las sesiones prácticas, nos permitía escuchar música en el aula. Entonces solía sucederse una pequeña batalla entre el sector fan fatal femenino, el sector rockero más masculino (lo siento por mis lectoras rockeras, era así) y el sector discotequero. Evidentemente la tolerancia y la diplomacia brillaban por su ausencia, y esta clase de actividades solían acabar con el profesor o monitor o conductor de autocar de turno hasta los huevos de criajos peleándose por qué mierda había que escuchar.

Pero vayamos al tema de Masini… “Bella Idiota”… no es muy sutil, que digamos. La cosa va de despecho, de las mujeres, que son muy malas, y de hombres enamorados que pierden la cabeza, la compostura, la cartera y muchas otras cosas, por su culpa. Un clásico, vamos. Desde el mismo Mester de Juglaría que ya se escribía sobre ello. Así que no hemos avanzado mucho en 600 años.

De hecho, esta letra le trajo algunos problemillas a Masini, pues si quizás en la traducción al castellano, el término “idiota” no es excesivamente ofensivo, el original “Bella Stronza” es algo más hiriente. Se le acusó, además, de misógino, por el contenido de este tema. ¿Pero sabéis qué es lo bueno de esta canción? Que el tipo, realmente, parece sentir todo ese despecho, y soltar la bilis en forma de coplilla.

Así, la cosa va de un fulano dolido y desesperado porque se enamoró de una mujer guapísima, tan ciegamente que dejó a su propia novia, se peleó con sus amigos, y ¿todo para qué? Para que ella, la muy guarra, se largara con otro… u otros, no queda muy claro… pero desde luego, con más dinero que nuestro protagonista. Y éste va declamando en esa forma tan curiosa y tan masculina de cagarse en sus muelas, pero a su vez, ofreciéndole una oportunidad de escaparse los dos, huir y hacer una nueva vida juntos. Es decir, más patético no puede ser. Pero así somos los hombres, queridas mías. Este es mi consejo para las miles de lectoras de NDK.

Y de este modo, se va sucediendo todo entre una guitarra acústica, principal, con la banda de fondo, y unas cuerdas, para darle la dosis necesaria de dramatismo. En fin, aunque Marco Masini tiene una voz rasposa estilo Brian Adams, para que nos hagamos una idea, y no lleva el rollo pulcro y elegante de algunos de sus compatriotas, sino que su pose es más, digamos, de cantautor rockero, en el sentido del término de esos maravillosos 90s en los que las guitarras distorsionadas estaban de moda, tampoco creo que nos estemos perdiendo una carrera musical trufada de grandes canciones. Ni falta que hace, claro, pues para algo estamos hablando de guilty pleasures.




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