Posts Tagged ‘década 90s



13
Oct
13

hemeroteca: black eyed peas. Rockdelux, 1999

De entrada, dos conceptos que me resultan bastante ajenos. Por un lado, la revista Rockdelux, paradigma de publicación aburrida para modernos y snobs. Por otro lado, esos fabricantes de hits para las discotecas y las FMs de medio mundo. Así que vayamos con las consabidas acotaciones.

Rebuscando entre mis pilas de revistas, encontré unos cuántos números de la revista Rockdelux. El cómo acabaron en mis manos, resulta ser algo cuanto menos peculiar. Todo viene de mi época estudiantil, cuando pasaba bastante rato en la biblioteca municipal de mi barrio. En los descansos, o durante los períodos de distracción, me acercaba a la sección de prensa, a ojear diarios y revistas. Y la dichosa Rockdelux siempre estaba. Y sí, ojeaba la revista Rockdelux, tal vez en busca de algo… no sé, quizás me estaba perdiendo algún apunte de modernidad que podría cambiar mi visión de la música. Evidentemente nunca llegó, pero durante diez minutos, me hacía pasar el rato. Un buen día, una de las bibliotecarias me comentó que estaban haciendo limpieza, tirando revistas pasadas, y que como me había visto ojeándolas, me ofrecía si quería llevarme a casa algunas. Sinceramente, me supo mal decirle que no, y acabé con varios números de Rockdelux, de las que me quedé unas cuantas en las que habían una serie de reportajes resumiendo distintos aspectos de lo que había sido, musicalmente, esa década de los 90s.

850 pesetazas que costaba, no era moco de pavo...

850 pesetazas que costaba, no era moco de pavo…

En lo que a los Black Eyed Peas se refiere, no me avergüenza decir que algunos de sus hits tienen su gracia. Por lo menos para su contexto, el de una discoteca o una radio convencional. El clásico “I’ve Got A Feeling” me parece un hit muy bien hecho, de esos que uno ya no puede soportar escuchar ni una vez más, a causa de su sobreexposición. Y bueno, sus primeros éxitos me recuerdan a una época muy fiestera que pasé, en el que solía acabar en locales muy poco rockeros, y en donde siempre, tarde o temprano, el DJ acababa pinchando alguna de sus canciones.

Así, llegamos a la confluencia de ambos conceptos, Rockdelux y Black Eyed Peas. No hace mucho, ojeando una de las revistas que os mencionaba anteriormente, en concreto el número de RDL 163, de mayo de 1999, me topaba con una reseña de un disco de los Black Eyed Peas. Una curiosidad. Aquí la tenéis.

RDL peas1

la foto 3

Como se puede ver, es una reseña hecha por un Óscar Broc que por entonces no tenía esa fama mediática de apariciones radiofónicas y televisivas que tiene actualmente. Nada que objetar, de hecho, los hermanos Broc, como colaboradores en programas, me caen bien. En fin, como se puede leer, hay más de un elogio a su concepto de hip-hop. Está claro que era otra época, y los tiempos de pasar a ser un cuarteto, con maciza incluida (Fergie) todavía quedaban lejos. Por entonces eran un trío masculino rapero. Supongo que todo el mundo tiene derecho a querer ganarse las habichuelas, y si me puedo comprar un Jaguar, pues mejor que mejor, y parece que Will I. Am vio claro que los cuartos no estaba en el hip-hop sino en la música de baile.

... sin la maciza Fergie no es lo mismo...

… sin la maciza Fergie no es lo mismo…

Habrían varios inconvenientes: seguramente la revista Rockdelux nunca jamás les volvería a reseñar un disco, y también, seguramente, ya no recibirían los elogios de Óscar Broc. Sospecho que la pena por ello les durará a los Black Eyed Peas el tiempo que tardan en quemar un billete de cien dólares para encenderse un puro. Y en cuanto a la revista Rockdelux, pues hace años que no ojeo ningún ejemplar, y supongo que seguirán con su rollo snob y pretenciosamente aburrido de siempre. No os creáis, durante los 80s aparecían por sus páginas personajes como Loquillo  o Willie DeVille, que jamás esperaríamos encontrarnos en tal publicación. Pero eso os lo reservo para otra entrega de esta hemeroteca.

 

Canciones:

Santana: “Guajira”

The Flaming Sideburns: “Loose My Soul”

Hanoi Rocks: “Tragedy”

 

 

04
Oct
13

historias de la universidad (pt. ii)

En realidad, yo podía haber estudiado lo que hubiera querido. Si bien en COU mis notas comenzaron a no ser tan esplendorosas, me pasé el bachillerato como un estudiante notable que nunca supo lo que era suspender una evaluación. Estaba, en fin, la carrera escogida, y había que apechugar, que de eso sí que sé mucho. De apechugar y tirar adelante. Como sea. Con más cabezonería que cabeza. Y desde luego, tirando de estómago, no de sentimientos.

Los mitos sobre la universidad fueron los que me hicieron más daño. Uno llega a la universidad esperando que sea un ágora de cultura. No, de Cultura. Con mayúscula. De jóvenes que leen alta literatura y no van al cine a ver blockbusters. De amantes de la música alternativa y de la crítica al sistema. Ni que decir tiene que no fue eso lo que me encontré. O por lo menos no como norma general. En realidad, seguramente sí que lo habría, pero por una cuestión puramente estadística, de la cantidad de gente allí congregada.

Lo que yo me encontré en primero fueron dos grupos, el de tarde y el de mañana, de muchachos acongojados ante lo que se les venía encima, fuera de la mano protectora que era esa cotidianidad del instituto, donde todo era conocido y controlado. Reconozco que me llamó la atención lo normales que parecían todos. Digo normales, cuando podía decir vulgares. Todos eran tan normales y tan vulgares como yo era. No como yo quería ser. Un matiz importante, esto del verbo. Insisto en mi concepción de la universidad como ese espacio donde los chicos y chicas listos y con inquietudes acababan, tarde o temprano. Un momento… ¿he dicho chicas? Ah, no eso brillaba por su ausencia. Era una ingeniería, y por más que se promulgue la igualdad, ésta todavía no estaba subyacente en la población escolar que elegía carreras. Así, las escuelas de enfermería estaban llenas de chicas, por poner un ejemplo verídico, y la clase de ingeniería estaba compuesta por varones en una proporción noventa-diez. Luego descubrí que de las ramas de ingeniería, no todas eran pasto casi exclusivo de masculinidad, sino que había dos de las ramas que todavía podían mostrar con cierto orgullo igualitario la presencia de un contingente femenino significativo. Una vez más, no había elegido correctamente. Mi rama de la ingeniería, mi carrera, mi clase, era desesperantemente parecida al seminario.

Las personas, especialmente durante la adolescencia, nos regimos por unos códigos estéticos que nos identifican de una u otra manera. Resulta frívolo, claro, aunque no por ello menos útil, para empezar relaciones. Recordemos que a la universidad llegamos, en muchas ocasiones, solos y alejados de esa pequeña manada que resulta ser la pandilla de amiguetes del instituto. Así, recuerdo haberme puesto a buscar signos estéticos que destacaran como algo que me pudiera parecer interesante, a saber, camisetas de grupos musicales, pelos largos, piercings, cierta forma de vestir… eran los años noventa… Y no, no encontré mucho de lo que buscaba. Y al final, el día a día te lleva a la persona que por casualidad se sienta a tu lado. A la que coincide contigo en los grupos de prácticas porque el horario le es tan favorable como a ti. O al mero azar de tener un apellido que comienza por la misma letra. Viva el orden alfabético y las posibilidades que proporciona para dividir grupos. No deja de ser un pequeño baño de realidad. Uno más de los muchos con los que el primer cuatrimestre universitario te obsequia. Al final, te enseña una lección valiosa: nadie es mejor persona por tener unos gustos éticos o estéticos similares a los tuyos.

Canciones:

Nirvana: “Negative Creep”

Primal Scream: “Velocity Girl”

Page & Plant: “Kashmir”

30
Sep
13

Historias de la universidad (Pt. I)

Al contrario que mucha gente, mis recuerdos de la etapa universitaria no son especialmente buenos. Tal vez por eso la pago con todo mi rencor y mi odio a esos universitarios inconscientes que viven de hacer el vago y luego lloriquean los meses de enero y junio. Tal vez por eso odio especialmente las becas Erasmus. Tal vez sea por eso. El caso es que mi paso por la universidad no fue algo halagüeño. Yo estudié una carrera que no me gustaba. Ustedes se preguntarán por qué lo hice, entonces. Las razones podrían ser varias. Hubo, no nos engañemos, una cierta presión paterna. No estoy por la labor de culpar a mi viejo de mis errores, pero mentiría si no dijera que la búsqueda de la aprobación paterna me llevó a escoger esos estudios. Él jamás me dijo “tienes que estudiar esto”. Insistía, sin embargo, en que estudiara una carrera de las que, y esto son palabras suyas, “tienen salida”. Sí, amigos, mi padre se preocupaba de que su retoño acabara la universidad y consiguiera un buen (y bien remunerado) trabajo. Y claro, estudiar historia, periodismo o audiovisuales me abocaba al fracaso. Esas carreras, que están muy bien, claro, son fábricas de parados. Sí, esto también era una frase suya. Por supuesto, el problema es mío, por no haberme atrevido a enfrentarme a perder la aprobación paterna y lanzarme a lo que quería estudiar. Equivocado o no. Con un negro futuro de parado o no. No voy a ponerme en plan freudiano y culpar a mi padre, pues si bien se podría haber mostrado algo más neutral, ¿qué padre lo es? Y al final, uno toma una decisión demasiado pronto. Con quince años hay que elegir, ciencias o letras. Y con diecisiete, qué carrera hacer. Ya me perdonarán, pero el que suscribe, a los dieciséis o a los diecisiete no tenía la cabeza para decisiones trascendentales.

Así, lo están ustedes adivinando. Estudié nada menos que ingeniería. La carrera definitiva. La de los superhombres. La de los tipos listos, pero que no son lo suficientemente raritos como para estudiar física o matemáticas. Cuidado con eso. La prueba, sin embargo, de que no las tenía todas conmigo, fue que me apunté a una ingeniería técnica. Hablando en plata, de las de tres años. No opté por esas respetables ingenierías que prometían un mínimo de cinco años de apasionante formación. Un lustro. Mínimo, por supuesto. Aunque eso lo averiguaría más tarde.

Canciones:

Charles Bradley: “Strictly Reserved For You”

R.E.M.: “Orange Crush”

Blind Melon: “Paper Scratcher”

26
Sep
13

jitazos fugaces. hoy… the presidents of the united states of america

A veces me pregunto si mi querencia por los tonti-hits saltarines de principios y mediados de los noventa no son sino resultado de un substrato sentimental que se me fue inoculado en una época y del que ya no me puedo librar. Igual sí, igual eran una basura inmunda como me parece que son muchos de esos éxitos que han ido trufando listas de éxitos en los últimos quince años. O igual no, y realmente el auge de ciertas sonoridades rockeras que se hicieron populares es la causa de todo ello y que, cuando el rock desapareció de las listas de ventas y de las radios en general, sencillamente, me dejaron de interesar esas martingalas.

Sea como fuere, me sorprende que en toda la historia de los jitazos fugaces, y llevo ya unos cuantos, todavía no hubieran aparecido este trío de cachondos mentales de Seattle, The Presidents Of The United States Of America (PUSA), quienes firman uno de los mejores Jitazos Fugaces que han pasado por esta sección: “Lump”

La fórmula es de manual, y sin embargo, irresistible. Un temita de punk rock con una melodía muy pop. No lo llamo punk melódico porque esa etiqueta me retrotrae a las épocas en las que la chavalería escuchaba a bandas de la escudería Epitaph que nunca me acabaron de gustar, a pesar de que a mis amigos del instituto les encantaban. Volviendo a PUSA y su “Lump”, lo publicaron en 1995 en su disco de debut, homónimo. De hecho, el LP que contenía “Lump” fue publicado un año antes por una discográfica pequeña, y al fichar por Columbia Records, éstos reeditaron el trabajo, que con la promoción adecuada, acabó haciendo sonar “Lump” como su primer single en todas las radios y bares del mundo occidental.

Eran otros tiempos, y las discográficas multinacionales andaban como locas fichando a pequeñas bandas de punk rock en busca de los nuevos Nirvana o los nuevos Green Day con los que poder llenarse los bolsillos a expensas de los zagales de las camisas de cuadros. Como suele ocurrir, hubieron más errores que aciertos, claro.

El disco de debut de los PUSA estaba bastante bien, y contenía un par de singles majetes, además de la citada “Lump”. Como curiosidad, decir que tanto el cantante y bajista, como el guitarrista de la banda, tocaban unos engendros extraños llamados, respectivamente, basitar y guitbass, que son unas guitarras modificadas de modo que la primera usa dos cuerdas de bajo (sólo dos) afinadas de un modo particular mientras que la segunda usa sólo tres cuerdas de guitarra. No sabría deciros la razón que les llevó a esos dos freaks a usar (y bautizar de ese modo) esos instrumentos. Pero ei, ¡esto es punk rock!

Lo que pasó después resulta lo de siempre. De hecho, podría hacer un copiar-pegar de anteriores capítulos de los Jitazos Fugaces. A saber, sacan un segundo disco, en 1996, pero quizás ya era tarde, quizás el público ya no estaba por la labor, quizás habían sido fagocitados por el tremendo éxito de su debut en general y de “Lump” en particular. Total, unos resultados artísticos y, sobretodo, comerciales, lejos, muy lejos de su cénit. A pesar de ello, todavía se las apañaron para grabar, en 1998, una versión del clasicazo de los Buggles “Video Killed The Radio Star” que me parece muy logrado. Era su canto de cisne, y aunque hubieron reuniones posteriores (en 2000 y en 2004, aunque esta última sin su cantante original), me temo que ya a nadie le importa.

23
Sep
13

DISCOS 7 PULGADAS – RELOADED

Por si alguien no lo sabía, yo tenía antes un alojamiento de Blogspot para este, vuestro blog favorito. Luego, se hizo mayor, y me monté el chiringuito por mi cuenta, este www.notasdekar.com aunque el sitio de blogspot sigue abierto. Más que nada porque nunca me he preocupado en cerrarlo. Y es que, amigos, mi blog es ya un vejestorio de la blogosfera, desde julio de 2005. Cuidado.

El logo tenía su gracia...

El logo tenía su gracia…

El caso es que de vez en cuando lo reviso, ya que todavía hay gente que comenta. Porque amigos, mi blog es ya un vejestorio de la blogosfera, desde julio de 2005. Cuidado. En esta ocasión había un par de sorpresas. La primera venía de otro comentario en la que podríamos calificar como mi entrada más popular, la dedicada al Señor Lobo, demostrando que a la parroquia de NDK le va más el rollo nostálgico que a un tonto un yo-yo. Lo interesante del asunto es que era alguien que me recordaba el Pop Festival de Badalona de… 1995!!! ¿Lo recordáis? Era de los primeros tinglados “alternativos” más o menos grandes, tocaron Paul Weller, Sonic Youth, Yo La Tengo o Beck, y unos Australian Blonde que eran, por entonces, la gran esperanza blanca del indie hispánico. Yo quería ir, y como siempre, no fui. Era muy pipiolo, mis amigos no estaban por la labor, y bueno, me lo perdí. Con la perspectiva del tiempo, no ver a los dichosos Australian Blonde o a Beck no me parece una tragedia. Pero en aquél momento, me hubiera gustado,  más por el ambiente de festival que por el cartel.

Cartel del Pop Festival de Badalona 1995 (la imagen es de http://xavigorro.blogspot.ch/2013/01/afraid-to-speak-in-public.html)

Cartel del Pop Festival de Badalona 1995 (la imagen es de http://xavigorro.blogspot.com)

Había, sin embargo, un segundo comentario en otra entrada, que me ha parecido mucho más entrañable. Resulta que hace unos años escribí una entrada sobre la mítica tienda de discos de Barcelona Discos 7 Pulgadas, ya desaparecida. Sí, haciendo click en el nombre, accedéis al texto. De nada. Pues bien, resulta que hace unas semanas me escribió un comentario el que había sido dueño de la tienda:

Hola!!! 
Un amigo acaba de enviarme este enlace. Soy el propietario de lo que fue 7 Pulgadas. Gracias primero por el pequeño homenaje.
Y añadir una explicación: las muescas de los CD’S se hacían en origen. Eran discos descatalogados y las compañías discográficas les hacían esas marcas al venderlos a bajo precio. Más que nada para evitar impuestos a pagar. Esos discos recibían en origen otro tratamiento fiscal. Nosotros acabábamos pagando los mismos impuestos, pero los fabricantes no.
En fin, espero haber aclarado el asunto.
Hasta otra

Qué queréis que os diga… lo bueno de escribir en Internet es precisamente esto… quiero decir, me encanta saber que alguien lee estas líneas. Y me gusta interactuar con mis lectores, y recibir vuestros comentarios. Pero además, esta sensación de “el mundo es un pañuelo” que proporciona la red hace que los otros muchos inconvenientes que tiene (SPAM, trolls, idiotas sueltos, …) se queden diluidos.

Canciones:

Gram Parsons: “In My Hours Of Darkness”

The Answer: “Pride”

QOTSA: “Kalopsia”

18
Sep
13

UNA HISTORIA DEL BRONX

“No hay nada más triste que el talento malgastado”. Eso le dice el conductor de autobuses Lorenzo a su hijo Calogero cuando éste era un crío. Luego las cosas se complicaron más, y sin embargo, al final, Lorenzo tenía razón. De adolescentes acostumbramos a creernos que los adultos nos han ido engañando siempre. Y no, no fue siempre. La cuestión es dilucidar cuándo.

Hace unos días os hablaba de la proliferación de múltiples canales de TV en esa francachela que ha dado en llamarse TDT. A destacar, y con muchísimos cuerpos por delante, La Sexta3 y su posterior “imitadora”, Paramount Channel. De acuerdo que emitir las mismas películas una docena de veces cada mes, mes tras mes, es demasiado. Y sin embargo, qué puedo decir… cada vez que pillo alguna de las tres partes de El Padrino, por lo menos un trozo sí que veo.

“Una Historia Del Bronx” es otra de esas frecuentes. También era de las habituales, no obstante, en la parrilla televisiva antes de aparecer la dichosa TDT. Y como “Forrest Gump” o “Cadena Perpetua”, si la cojo, por casualidad, por la tele, al menos un rato, me quedo viéndola.

Calogero entre los dos hombres que marcaron su niñez: su padre y Sonny

Calogero entre los dos hombres que marcaron su niñez: su padre y Sonny

Calificar “Una Historia Del Bronx” de entrañable me parece injusto, porque parece querer decir que es una mierdecilla pero que me gusta. Nada más lejos de la realidad. Es una película sencilla, sí, pero, en general, muy bien hecha. Y sí, me gusta. Me gusta mucho. Me toca un poco la fibra, he de reconocer. Ay, qué sensiblón ha sonado eso. No me hagáis mucho caso, estoy en esos días…

La cinta se estrenó en 1993, y fue el debut a la dirección de un Robert DeNiro que todavía tenía esa estela de los más grandes. Nos quedarían pocos años de grandeza para DeNiro, y pocos trabajos memorables… Diría yo “Casino” (1995), “Heat” (1995) y tal vez, más por la cinta que por su papel, “Jackie Brown” (1997). ¿Cuándo cayó (solito, y voluntariamente) en desgracia? Yo creo que a partir de 1998 ya no volvió a protagonizar, ni siquiera a actuar como secundario, en ninguna película que realmente fuera memorable. Una lástima.

Pero ei, volvamos a aquél maravilloso 1993 cuando DeNiro aún era un semidios. Para su primer largometraje como director decidió comprar un guión de Chazz Palminteri, y contar con el actor como el intérprete del carismático gangster Sonny. Palminteri, otro que prometía grandes momentos y realmente, no sé qué pasó con él.

El James Cagney de los 90s

El James Cagney de los 90s

La historia es sencilla, en el barrio del Bronx, a finales de los 50s, vive un niño italoamericano, Calogero, hijo de un hombre honrado, sencillo y temeroso, el conductor de autobuses Lorenzo (DeNiro). De casualidad, Calogero presencia un asesinato por parte de Sonny, el capo del barrio. Cuando la policía le interroga, Calogero encubre a Sonny. Gracias a ello, el chaval acaba cayendo en gracia a la mafia local, que le tiene fascinado. A Lorenzo no le gusta nada que se relacione con ellos, pero esa vida, la de los “chicos listos” que decían en “Uno De Los Nuestros”, fascina a Calogero, tan alejada de la miseria y el trabajo agotador de su padre. Con el tiempo, Sonny le va tomando cariño a Calogero, quien ve en él otro tipo de figura paterna, especialmente en su adolescencia, lo cual, claro, generará conflictos entre el gangster Sonny y el conductor de autobuses Lorenzo.

Los conflictos entre la atractiva vida del gangster y la moral, el amor familiar, la amistad y los conflictos raciales (representados con los enfrentamientos entre italoamericanos y negros) se entremezclan en una historia en apariencia sencilla, pero muy bien explicada. DeNiro demuestra haber mamado cine y los recuerdos a Scorsese son inevitables. Por si fuera poco, la banda sonora está compuesta por pequeñas maravillas que se van sucediendo, de cariz blanco o negro en función de la época narrada en la historia (finales de los 50s o mediados de los 60s) y de la narración.

Lorenzo y su hijo

Lorenzo y su hijo

Recurrir a buenas canciones como banda sonora de una película es un recurso fácil. Lo complicado es que la canción acabe formando parte natural de la historia, y que esas imágenes parezcan creadas para acompañar a esa canción. Por ejemplo, eso pasa cuando suena el clasicazo “I Only Have Eyes For You” de los Flamingos. Cada vez que la escucho, recuerdo las imágenes de Calogero y su chica.

No creáis que, aunque se trate de un homenaje a los valores de la amistad y de la familia, “Una Historia Del Bronx” contiene moralina de baratija. En realidad, Calogero protege a un asesino, sin ir más lejos, y sus admirados amigos Sonny y pandilla son, en realidad, unos mafiosos. Algo así como Goodfellas vs. La Famiglia.

Dolorosas lecciones de vida...

Dolorosas lecciones de vida…

No puedo dejar de contar una curiosidad que me parece muy cachonda. El personaje del Calogero adolescente está interpretado por un actor llamado Lillo Brancato, cuya carrera pasa muy desapercibida para mí, hasta que le veo tener un papelito en Los Soprano. Efectivamente, en LA SERIE, Brancato interpreta a Matt Bevilaqua, un gangstercillo de poca monta que hace unos trabajitos para Chris Montisalti. Harto de que Chris le trate como lo que es, un triste peón en la organización, acaba por tratar de asesinarle, por encargo de Ritchie Aprile. Falla en su cometido, y acaba muriendo a manos de Tony y Pussy de un manera muy chunga. De hecho, ¿no tenéis la sensación que todos los actores que habían tenido algún papel en películas de la mafia acabaron, de una u otra manera, apareciendo en Los Soprano? La realidad es, sin embargo, más cruda que la ficción, y resulta que Lillo Brancato acabó metido en un robo que finalizó con un tiroteo y muerte de un policía, en 2005. Aunque absuelto de los cargos de asesinato (por lo visto, el que disparó fue su compinche), Brancato fue condenado a diez años de prisión. Puede parecer frívolo, pero qué puedo decir: esta clase de historias con ficción, casualidades y realidad, me parece lo más cinematográfico que hizo Lillo Brancato desde aquel lejano 1993.

Canciones:

Noir Desir: “Tostaki”
Daft Punk: “Lose yourself to dance”
R.E.M.: “Stand!”

16
Sep
13

Counting Crows: Pero quién coño era Mr. Jones?

El tener como referente a los programas de videoclips hacía que me moviera por coordenadas más estéticas que éticas. Un bonito hit perpetrado por unos tipos que lucieran pelo largo, tejanos raídos, perillas y cara de tener una resaca descomunal era, a menudo, suficiente como para captar mi atención. Tuviera o no nada que ver con el grunge, eso ya lo he explicado. Y desde luego que los Counting Crows no tenían nada que ver con el dichoso grunge. Lo suyo era un rock de raíces mucho más clásicas bebiendo del nuevo rock americano de mediados de los 80s y con unas influencias evidentísimas de mis adorados R.E.M.

Era 1993 cuando el vocalista Adam Duritz cantaba un sha-la-la-la-la-la-la que sonaba tan extremadamente retro que parecía moderno, mientras agitaba su melenita a base de unas rastas que, lo reconozco, me encantaron. Era su primer sencillo, “Mr. Jones”. Luego, en su segundo single, luciría una perilla de mosquetero que completaría el look 90s definitivo.

Y aunque lleve dos párrafos sin hablar de música, lo de los Counting Crows era cosa seria. Sus dos primeros discos, el celebérrimo “August and everything after” que contenía “Mr. Jones” y su continuación, el todavía mejor “Recovering The Satellites” los situaría en mi top100 de mejores discos de los 90s que no voy a hacer nunca.

“Mr. Jones” no fue nunca uno de los temas más celebrados en las discotecas a las que acudíamos con dieciséis años. Carecía de guitarrazos y de bajos marcados, no tenía tampoco un estribillo que berrear. Se solía pinchar o bien al principio de la sesión, cuando había poca gente, o bien al final, cuando íbamos desfilando hacia el exterior. Cantando sha-la-la-la-la-la-la.

De vez en cuando, compartía algunos gustos con mi hermana, y ella fue la que compró, en formato cinta de cassette, una copia del “August and everything after”. Así, tuve acceso a las letras de las canciones, algo que obviamente no podías conseguir en aquella época a no ser que tuvieras una copia original del disco y que las letras estuvieran impresas en el libreto. No había, claro, Internet. Por lo menos no como algo de uso habitual. Sí, era como el paleolítico superior.

Hola, soy Van Morrison y estoy cabreado porque otro está cantando sha-la-la... no me he quitado el sombrero desde 1983...

Hola, soy Van Morrison y estoy cabreado porque otro está cantando sha-la-la… no me he quitado el sombrero desde 1983…

Así, tirando de diccionario y con varias escuchas, pude tener acceso a algo que por entonces daba casi por imposible: el significado de las canciones. No es que la letra de “Mr. Jones” escondiera los secretos de la civilización occidental, y sin embargo, ¿quién diablos era el tal señor Jones? ¿Sería el marido cornudo de la famosa Ms. Jones?

Por los versos que canta Duritz, parece ser su amigo follaca, aquél con quien se va de bares para ponerse hasta el ojete y tratar de ligarse con alguna de las muchachas que su camarada atrae. Lo que sería en el reino animal ser una rémora, ese entrañable pez que sigue a un tiburón y se alimenta de esos pedazos de carne que el escualo deja escapar mientras está engullendo a su pieza. Ah, la táctica de ligoteo de la rémora, tan socorrida.

Bob Dylan, Picasso, “black-haired flamenco dancers”… demasiadas referencias culturetas para una canción pop… sha-la-la-la-la-la-la-la-la-la … aunque presuntuosas, a menudo, no tenían malas letras los Counting Crowes. Y sí, hablo de ellos en pasado a pesar de ser plenamente consciente de que siguen en activo. Pero por lo que a mí respecta, es una banda que murió el 31 de diciembre de 1999, justo antes de las doce de la noche, de que bajara la dichosa bolita (glinglinglinglin), sonaran los cuartos, las doce campanadas y surgiera el efecto 2000 barriendo la civilización. No es que los discos posteriores sean malos. Pero ya no eran lo mismo. Tal vez yo ya no era el mismo.

Siempre defenderé con uñas y dientes el “Recovering The Satellites”, por resultar más guitarrero, si bien “August…” tiene esa aureola depresiva acústica tan buena para los días de lluvia, de cigarrillos y café, como decía Otis Redding. Diablos, si suena hasta un acordeón. Un jodido acordeón, ese instrumento de María Jesús y de los gitanos rumanos del metro. Pero en qué momento. Me encanta esa canción donde suena, “Omaha”, dedicado al lugar, con esos versos que dicen: I think you better turn your ticket in / And get your money back at the door. Viajo mucho por trabajo, a muy distintos lugares, y tengo esa exacta sensación demasiado a menudo.

Para mis compis grunchi punki del instituto, eran una banda demasiado blandengue, y suerte que mi hermana (hola!) me apoyaba en el amor profesado hacia los muchachos de Adam Duritz. ¿Recomendables? Por supuesto que sí.

PD: a menudo escribo “black crows” y “counting crowes”… yo soy así…

Canciones:

Led Zeppelin: “I’m gonna crawl”

R.E.M.: “Orange Crush”

Otis Redding: “Cigarrettes & coffee”

09
Sep
13

Honest Man

Esta es una pequeña historia para mostrar que a veces, lo que llega a los discos no es siempre lo mejor. Alguna vez lo he explicado, yo descubrí a los Rolling Stones a través del disco “Voodoo Lounge” (1994). De acuerdo, probablemente no es la forma más ortodoxa de comenzar a escuchar a esta banda. Pero diablos, “Voodoo Lounge” era un muy buen disco!

En esa época solía escuchar cada tarde de sábado el programa que Jordi Tardà tenia en Catalunya Ràdio. Tardà es un stoniano de los cansinos, pero el tío muestra pasión en lo que hace, y tenía contactos. Una tarde pinchó un par de canciones que habían estado en la lista de posibles para “Voodoo Lounge” pero que al final se quedaron atrás. Una de ellas era esta “Honest Man”, hoy en día, fácilmente localizable en Youtube:

Y bueno, no me diréis que no suena francamente bien. Es un rock stoniano clásico, con esas bases endurecidas y esa fantástica harmónica. ¿Por qué se quedó fuera? ¿Todas las canciones que se incluyeron en “Voodoo Lounge” son mejores que esta “Honest Man”? Definitivamente, no. Cosas de la banda, qué sé yo. Los Rolling Stones suelen preparar algo así como una treintena de canciones para cada disco, y de esa lista, van filtrando, puliendo y regrabando hasta quedarse con el conjunto de temas definitivo. Sin duda, podría haberse guardado, si no para “Voodoo Lounge”, para su continuación, “Bridges To Babylon” (1997), que supuso una decepción mayúscula.

Pero en fin, las cosas son como son, y esta canción permaneció, y permanecerá en el anonimato, como decía Carlos Carnicero en aquél mítico programa “Confesiones”. Tal vez cuando se publiquen los archivos de los Stones, se incluya. Tal vez no. Porque os hablaba al principio de esta entrada que Tardà pinchó, aquella tarde de 1994, dos canciones que iban a entrar pero al final se quedaron fuera del LP. La primera era el mencionado “Honest Man”. Y la segunda, era una balada, “Anyway You Look At It” que sorprendentemente incluyeron en aquél disco “Rarities 1971-2003” y que jamás ha tenido continuación.

Canciones:

The Beat: “I am your flag”

Phoenix: “Run, run, run”

Bunbury: “El viento a favor”

31
Ago
13

jitazos fugaces. hoy … Liquido

El término “pop” es una derivación de “popular”, para denominar la música popular diferenciada de la música clásica, religiosa o de cámara. La música popular estaba hecha para la tradición oral, y las personas memorizaban esas canciones. Por ello, la repetición de fraseos y elementos de esas canciones, sean instrumentales o en la letra, era un elemento diferenciador de la música popular. Algo repetitivo era fácil de aprender y retener.

Pues bien, en el caso del Jitazo Fugaz que os presento hoy, esta teoría anteriormente expuesta cobra total relevancia. Es más, reto a cualquiera de vosotros a que escuche la canción y luego trate de recordar algo más que la frase de teclado sobre la que se estructura, y que se va repitiendo una y otra vez, hasta quedarse alojada en nuestro cerebro, como una sanguijuela que no te puedes despegar, y te tiene, constantemente, con esa coplilla en la cabeza: ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-tiriri-ti-ti-ti-ti-ti-tiriri-ti-ti-ti-ti-ti-tiriri-ti-ti-ti-ti-ti-ti-tiriri

Pues bien, no sufráis más: el tema se llama “Narcotic” y la banda es Liquido. Así, sin tilde en la primera i, porque los andobas eran alemanes… ya me perdonaréis, pero una banda de pop alemana, como que no. Los alemanes están muy bien para el heavy (esos Scorpions!!!), para el metal, para la electrónica decadente o para su rock progresivo, el Krautrock. Pero… ¿para el pop? ¿Acaso he de recordaros otro precedente llamado Fool’s Garden?

En fin, que “Narcotic” fue su jitazo de 1998, cuando, la verdad, toda esta historia del pop/rock alternativo como fábrica de hits para ser radiados estaba de capa caída. Tal vez haber nacido tres o cuatro años antes les hubiera beneficiado para tener una carrera más celebrada. Pero aunque no quiero ser cruel, sinceramente dudo que Stefan, Wolfgang, Tim y Wolle, el cuarteto que formaban Liquido, sean poseedores de nada más que remarcar para el mundo de la música.

Y bien: ¿cómo se te debe quedar el cuerpo cuando tus doce años de carrera (¡doce!) se pueden resumir en un fraseo de teclado de nueve segundos? Como mínimo, y por si les sirve de algo, por si leen estas líneas esos cuatro muchachotes teutones, que sepan que servidor se marcó sus buenos bailoteos (o saltitos, qué más da) en su época al son de este “Narcotic” que caía, irremediablemente, en los locales de Poble Nou como Sr. Lobo o Bóveda.

29
Ago
13

All my friends and lovers

¿Sabéis cuando, de repente, y sin saber muy bien por qué, una canción os pasa por la cabeza? Y no, no me refiero a que escuchéis, por casualidad, un tema que no recordábais, porque alguien lo ha pinchado, o porque ha sonado en una película o en un spot publicitario. No, me refiero a esas veces que efectivamente, esa canción, inesperadamente, se aposenta en tu mente, sin haberte rondado antes. Sin ninguna razón aparente. Simplemente, llega.

¿No os pasa? A mí me ocurre a menudo. Lo curioso es que me suele ocurrir con trozos de canciones, estribillos, puentes, un par de versos. Lo cual hace más difícil su identificación. Menuda rabia da ir canturreando un cachito de canción y haciendo un esfuerzo mental de identificar título o intérprete.

Hoy me ha ocurrido. Andaba yo canturreando eso de “all my friends and lovers…” y luego continuaba con tres o cuatro versos más que no recordaba, pero sí su melodía. Nada que un na-na-ná no resuelva. Afortunadamente, también recordaba al grupo, en este caso, eran los Counting Crows. De modo que, ventajas de las tecnologías, sólo he tenido que hacer una búsqueda en Google para salir de esa tremenda duda que no me dejaba continuar con mis quehaceres diarios. “counting crows lyrics all my friends and lovers”. Eso es todo lo que he tenido que escribir. Y la magia del Internet ha hecho el resto.

Automáticamente, ya tenía el corte identificado, “All My Friends”, que pertenece al disco “This Desert Life”, tercero de los Crows y que supuso un bajón cualitativo, si bien reconozco que hace años que ni lo escucho. Que en su momento, me gustaban mucho los Counting Crows. Mucho. Pero es inevitable reconocer que perdieron su, y me perdonaréis la cursilada, magia. Siguen sacando discos, y ninguno de ellos es un mal trabajo. Nada que ver, sin embargo, con aquellos dos primeros LPs que me alucinaron.

Canciones:

George Thorogood  & The Destroyers: “Bad To The Bone”

Tom Petty & The Heartbreakers: “The Waiting”

Johnny Burnette: “Train kept a rollin'”




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