Posts Tagged ‘cine



05
Nov
13

jitazos fugaces. hoy… Deee-Lite

Ando releyendo ese gran libro que es “Por favor, mátame. La historia oral del punk”. No tiene nada que ver con la muerte de Lou Reed, en realidad es pura casualidad. Sin embargo, quisiera tomar una cita que da el Lou Reed iniciático, en los inicios de la Velvet. “La música es sexo, drogas y felicidad. (…) No tengáis miedo. Mejor que toméis drogas y aprendáis a amar el plástico.” Como frase, es completamente abierta y se puede interpretar de muchas maneras. Además, a Lou nunca había que tomarle muy en serio. Pero por alguna razón me ha recordado a “Groove Is In The Heart”. Tal vez la visión hedonista.

Nunca me ha gustado la expresión “buen rollo”. Más odiosa todavía si se usa el diminutivo, “buen rollito”. Será porque últimamente parece que ando cabreado con todo. Y sí, pero no. Por eso necesitaba un poco de desintoxicación. La música puede ser divertida e invitarte a menear el culo. “Groove Is In The Heart” es como “buen rollo”. Pero mejor.

Nos dice esa suerte de Oráculo De Delfos actual que resulta ser Wikipedia que lo que se conoce como “groove” es “la “sensación”, rítmicamente expansiva, o el sentido de “swing” creado por la interacción de la música interpretada por la sección rítmica de una banda (batería, bajo eléctrico o contrabajo, guitarra y teclados). El groove es un factor importante en los distintos subgéneros del jazz, y de ahí a otros géneros como salsa, funk, rock y soul. El término suele utilizarse, también, para describir un tipo de música que incita al movimiento o al baile. (…) Se ha afirmado que el “groove” es una “comprensión del patrón rítmico”, o un “sentimiento”, y “una sensación intuitiva” de un “ciclo en movimiento”, que surge a partir de “patrones rítmicos cuidadosamente dispuestos”, que ponen en movimiento al oyente.” … hablando en plata, el Groove es aquello que nos hace mover el buyate. Más o menos. Eso lo tenían muy claro el trío de Nueva York Deee-Lite.

De nuevo un Jitazo Fugaz noventero. En esta ocasión, diferente. La cosa va de música de baile. Cada vez que pensamos en los 90s, por lo menos en su primera mitad, habitualmente, por lo menos el que suscribe, nos acordamos de señores con los pelos largos, perillas y pantalones tejanos raídos, tocando acordes tríadas con la distorsión a tope. Habían, claro, muchas más cosas. Lo que ocurre es que no me interesaban. Claro que en la piel de toro lo que se puso de moda en lo que a música de baile se refiere, y de un modo muy popular, fue lo que se llamó “bakalao” en un principio y luego, directamente, “máquina”. Y cuando yo era un chavalín, para mí, era el enemigo a batir. ¿Os acordáis de esa entrañable película “Cero En Conducta”, producida por los Kiss, que narraba, entre otras, las peleas entre los rockeros y los fans de la música disco? Pues algo parecido, pero entre la máquina y el grunge/rock noventero.

En definitiva, por estos lares, eso del house fue para iniciados, por lo menos hasta finales de la década. Y claro, eso de los Deee-Lite era una rareza que me llegó vía videoclip, lo cual no era de extrañar: el videoclip del clásico “Groove Is In The Heart” era cachondo, psicodélico y lo suficientemente colorista como para llamar la atención, o provocar ataques epilépticos, una de dos. La canción, en realidad, es una empanada que toma del house tanto como del funk, del hip-hop, incluso del jazz. Y qué queréis que os diga, me gusta. Me da buen rollo (JUAS). Tan básico y  simple como eso.

“Groove Is In The Heart” fue el primer single del debut, en 1991, de Deee-Lite, un trío formado por dos DJs y una cantante, la guapísima Lady Miss Kier, quien además se ocupaba de embutirse en un ajustadísimo traje de una pieza y bailar para el videoclip. Y, sinceramente, no os puedo decir gran cosa más acerca de ellos, por lo menos no más de lo que se pueda encontrar en la mencionada Wikipedia. Y para eso, casi que lo busquéis vosotros mismos.

Los señores de Wikipedia dicen que no, que Deee-Lite tuvieron una vida más longeva que este “Groove Is In The Heart” que yo diría que es más recordado en su formato videoclip. Tengo mis dudas. Para mí, un Jitazo Fugaz en toda regla. Alguna vez ya lo he confesado… cuando voy a alguna discoteca de esas que ponen la llamada “música de baile” (aunque menudos bailoteos me he pegado yo con The Stooges o The Cult), mi parte favorita es cuando la hora de cierre se acerca y pinchan temas antiguos, alejados de lo que lleva sonando toda la jodida noche, Jitazos ochenteros y de principios de los 90s. El alcohol hace mella, claro, es el momento de darlo todo. Pues bien, “Groove Is In The Heart” podría significar ese momento. DJ’s del mundo, pinchad más “Groove Is In The Heart”, hostias!

31
Oct
13

10 cosas hipsters que me gustan

Bien, bien… parece ser que mi texto de ayer levantó cierta polvareda. De todas formas, mis queridos hipsters, esperaba más de vosotros. Ni una sola réplica. Sois unos blandos. O sois de esos que dicen que no, que ellos no son hipsters. Pero mirad, ayer citaba a Òscar Dalmau y hoy le otorgan un premio Ondas. ¿Casualidad? No lo creo. Sea como fuere, reconozco tener un espíritu contradictorio que me lleva a redactar esta segunda lista, el yang del yin de anoche: 10 cosas hipsters que me gustan

1.- Los pantalones pitillo: Como siempre en estas situaciones, el hipsterío no ha inventado nada, y los tejanos pitillo no son algo que se creara en el año 2009. Recordemos que el punk británico ya pasó por ellos, y no olvidemos, oh cielos, a los de la NWOBHM, la New Wave Of British Heavy Metal, o como los conocíamos en mi barrio, los jévits de toda la vida. En fin, que sí, que unos buenos tejanos pitillo molan, y para un tipo más bien delgado como yo, sientan bien. Porque ojo, que si uno se pasa con la estrechez de la cintura, puede pasar el llamado efecto madalena. No lo digo yo, lo dicen también ellas.

2.- Las barbas: De acuerdo. Ayer rajaba de las barbas. Pero no olvidemos una cosa, añadía un adjetivo: bíblicas. Si algo nos han traído los años que llevamos de década es que ya no hace falta afeitarse. Reconozco que yo también he sucumbido. Eso sí, hombres de dios, el cuello, siempre rasurado, no me sean cerdos. Y si tienen una mejilla muy poblada, pues también. Por lo demás, una barba de cuatro, cinco o seis días, suele quedar bien y además, te ahorran del engorro del afeitado diario. Pero ojo, que al séptimo día la cosa comienza a ser más propia de miembro de Al Qaeda (hola Obama! Hola, CIA!). Y eso, pues no.

3.- Vampire Weekend: ¿Cómo acabé haciéndome fan de una banda neoyorquina de pop arty y marcadas influencias de la música africana y de la música de cámara barroca? Pues metiéndome donde no me llaman, y en una de mis crisis de ya-no-escucho-música-moderna. Me suele pasar. De repente, veo que me quedo estancado en mis bandas de siempre, rockeros  muertos o decadentes, cuyo momento de gloria más cercano está en 1996. Entonces pruebo con una de esas moderneces que aparecen en las revistas. Suelo salir escaldado de estos experimentos. Pero miren por dónde, los Vampire Weekend han resultado ser una agradable excepción.

4.- Los gin-tonics: Vamos con la contradicción número dos de la noche. Yo antes bebía vodka. Con limón. Pero un par de malas resacas acabaron con mi afición. Luego un amigo pidió dos gintos, y resultó una bebida que al menos no te dejaba el regusto dulzón de las resacas a base de combinados con limón, naranja o coca-cola. Eso sí, cada vez que me pido un gin tonic y me recuerda a una ensalada, me pongo de mala leche.

5.- Las Ray-Ban Wayfarer: ¿Hipster? Pero vamos, si las llevaba Tom Cruise en la maravillosa “Risky Business”, David Hasselhoff AKA Mitch Buchanan en “Los Vigilantes De La Playa” o Bob Dylan en 1965. ¿Hipster? No me jodas, hombre.

6.- Instagram: Yo nunca tomaba fotos en mis viajes. Era capaz de estar diez días en Australia y no tomar ni una instantánea. Me daba mucha pereza acarrear una cámara fotográfica. Mi entrada en el mundo de los smartphones acabó con ello, y ahora puedo llevarme algún recuerdo en forma de imagen con una cierta calidad. Dicho lo cual, para disimular mi torpeza como periodista gráfico, el descubrir una aplicación como instagram y sus fantásticos filtros retro, me fue de perlas. ¿Que la foto no ha salido bien? Filtro Nashville. ¿Que la luz no es buena? Filtro B/N. Y así. No me busquéis en la red de “instagramers”. No estoy.

7.- El té: Yo siempre había sido de café. De tomarme 4 o 5 cortados al día. Y no os creáis, sigo haciéndolo. Me aficioné al té cuando comencé a viajar a países en los que o bien no hay café, o si lo hay, mejor no tomarlo. Pero té en las bolsitas clásicas Horniman’s, no la moñez esa de la bolita en donde se meten los hierbajos.

8.- Primavera Sound: Reconozco que con los años y las diferentes ediciones, el nivel de calidad del festival ha ido subiendo. Además, su celebración, en mi ciudad, en un recinto fácilmente accesible, le hace sumar enteros. Puede considerarse, a priori, un festival hipster. Pero amigos, en los últimos tres años han pasado por sus tablas gente tan poco hipster como Neil Young, The Afghan Whigs o Mudhoney. Por supuesto, tiene ese componente de pasarela del moderneo donde los chicos y chicas acuden a lucir sus mejores galas. Pero a su vez, tiene buena oferta musical. Y eso me basta.

9.- Running: Comenzaré diciendo que llamar “running” a lo que toda la vida había sido “salir a correr” me parece una memez de esas de campeonato. Lamentablemente, así, todos nos entendemos. Yo había pronunciado alguna vez la frase de que “el verbo correr sólo debería conjugarse en modo reflexivo”. Pero no, desde hace unos pocos años, le he cogido el gusto. Por obligación, no se crean, que cuando comencé a sumar años, noté que hincharme a cheetos se pagaba. Y al final, es el deporte más efectivo para una cura de exceso de cheetos.

10.- Los 80s: Nací en 1979. De manera que, más o menos, año arriba, año abajo, considero los 80s como la década de mi niñez y los 90s como la de mi adolescencia. Resulta, por lo tanto, normal que vea como entrañables los productos de esa década, sean películas, televisión o cierta estética. Lo que me llama la atención es que chicos y chicas que no vivieron el estreno de McGyver en TVE1, porque ni siquiera habían nacido, reivindiquen esa década. Pero así son las cosas, supongo que es algo parecido con esa reivindicación de los 70s que se hacía cuando yo era un adolescente y todo aquello me parecía muy molón.

Canciones:

Band Of Horses: “St. Augustine”

Lou Reed: “Rock n’ Roll Heart”

The Cult: “Naturally High”

30
Oct
13

la lista del mes: octubre – 10 Cosas que odio de los hipsters

Lo leía en un fantástico artículo de Óscar Broc, que no cito ni enlazo sencillamente porque soy incapaz de recordar dónde lo vi. Era en una de estas revistas online, pero amigos, ignoro el nombre. A mí me llegó por un link a Twitter. Para que veáis el nivel. Pero bueno, que me voy por las ramas. La sección se titulaba “Modernillos de Mierda” y el texto en cuestión relataba cómo era posible constatar que “lo hipster” había dejado de ser exclusivo para convertirse en una moda presta a ser absorbida por el vulgo. Lo cual podría interpretarse como una derrota de los hipsters en su versión más distintiva y sin embargo, es una derrota del resto de los mortales, porque aquello tan odioso ha sido convertido en pasto de las masas, decía Broc, siendo esas masas gente tan cercana a ti como tu prima, tu vecino o el panadero de tu calle.

Así, tras la lectura (y disfrute) de ese artículo, influenciable que es uno, me dispongo a desarrollar una lista que acabo de considerar el denominarla “10 Cosas que odio de los hipsters”. Sin orden jerárquico ni preferencial en especial, ahí van:

1.- Los tecnicismos: Hipster. Cool. Outfit… es que no tenemos suficientes palabras en el diccionario o simplemente usan esos términos, principalmente anglicismos, para hacer ver al mundo lo mucho que molan? Niñas pijas apasionadas de la moda, que sepáis que cada vez que decís (o twiteais) la palabra “outfit” un cachorrito de golden retriever muere aplastado por una bota Doc Marten’s.

2.- Los auriculares gigantes: Ya sabéis a lo que me refiero… esa gente que va por la calle como si fueran DJ’s, controladores aéreos o vivieran en 1986. De verdad, qué problema había con los auriculares pequeñitos que se metían en el oído y hacían que los bajos te reventaran el yunque, el martillo y no sé cuántos huesecillos más con nombre cachondo que tenemos en el tímpano. Pero claro, apenas se veían, y amigos, el buen hipster, quiere ser visto.

3.- Las barbas bíblicas: Ésta sí que es dura… chicos jovenzuelos, en la flor de su vida, dejándose barbas dignas de un patriarca semita. Cuando yo era un zagal y miraba fotos de mi familia, pensaba que quién podía ser tan cutre como para ir por la vida con barba. Para mí, cosas de crecer en los 80s, la barba era un reducto de profesores cabrones o de hippies y progres trasnochados que no habían pasado páginas del calendario desde el 31 de diciembre de 1979. Quién me iba a decir que de repente, esas barbas de mi profesor de quinto de EGB iban a ser lo más.

4.- Los gin-tonics: Os lo recuerdo, queridos hipsters… el gin-tonic era la bebida favorita de la reina madre de Inglaterra. Sí, resulta que la jodida vieja se cascaba un par de gintos con cada comida. Y bueno, como combinado, no está mal. Por donde no paso es por esa locura de que si la ginebra nosequé tiene un fondo afrutado que si la combinas con la tónica tal que se fabrica en un pueblo del norte de Noruega, y se sirve con pepino y pétalos de rosa, resulta que deja al néctar y ambrosía de los dioses del Olimpo en puro calimocho de Don Simón.

5.- Las bicicletas: El maldito Bicing de Barcelona… en serio, qué problema había con tomar el metro, el autobús, un taxi o (horreur!!!) conducir un coche? Es más, qué problema teníais con el concepto de “caminar”. Pues no. El buen moderno se desplaza en bici. Es más, en una bici con aspecto de ser una reliquia que usó Pancho en “Verano Azul”. Amigos, las bicicletas son para el verano, para irse a la montaña o para que los cincuentones quemen sus barrigas prominentes los domingos por la mañana, disfrazados de Alberto Contador. No vayáis a los sitios en bicicleta. Os lo piden los transeúntes, los conductores, los que compartirán el aire con vuestras axilas sudadas y os lo pido yo. De todo corazón.

6.- Lana Del Rey: Cómo odio a esta tía… de verdad, es algo irracional… su pelo que parece de maniquí de El Corte Inglés en los 80s… sus uñas pintadas… su cara recauchutada… esa voz que quiere parecer lánguida y en realidad es, simplemente, sosa… esas canciones horrorosas. Merecería una buena paliza por parte de las L7 o de Kim Deal. Y eso es todo lo que tengo que decir al respecto.

7.- Las gafas de pasta: Ya hablé largo y tendido aquí acerca de esa manía miserable de lucir unas gafas de pasta aunque no las necesites. O, al menos, no por razones, digamos, fisiológicas. Vamos, que ves bien. Se necesita ser tarado. Al paquete, sumaría el hecho de llevar gafas modelo Luis Aragonés cuando entrenaba al Atlético De Madrid, o peor todavía, esos individuos que llevan las gafas que hubiera lucido mi difunta abuela en 1976. Sí, va por ti, Òscar Dalmau.

8.- Los zombies: Bueno, esta me revienta especialmente. Nunca he sido un gran fan de las pelis de terror clásicas. No más que de otros tipos de géneros cinematográficos. Tampoco me ha interesado nunca la serie B. Ni la serie Z. Ni la serie… es igual, ya me entendéis. En definitiva, ¿qué tienen de interesante estos individuos putrefactos que se mueven a velocidad de tortuga? Uy, sí, qué miedo, que vienen los zombis. Espera, que me fumo un cigarrillo y luego ya, si eso, me pongo a correr. Por eso, iniciativas como la que se enmarca en el Festival de Sitges, creo que se llama Zombie Walk, me parece merecedora de todo mi odio. Por cierto, los zombies originales eran los afectados por la magia vudú haitiana. Que lo sepáis. Listillos.

9.- Instagram: Reconozco que como programa para aplicar, de un modo sencillísimo, filtros retro a las fotos tiradas con móvil, y así, de paso, hacerlas mínimamente presentables, Instagram está muy bien. Lo que me revientan son esas personas que lo fotografían TODO y luego lo suben a su cuenta de instagram para que todo el mundo veamos que tienen la sensibilidad suficiente como para captar la sutilidad de una lata de cerveza aplastada en la acera. Eso sí, con un filtro Nashville.

10.- Las apps: Ya el nombrecito me parece repelente, y me lleva directamente al punto #1, lo cual no deja de ser un cierre circular bastante bonito para esta entrada. “Me he bajado una app que hace…”. Cada vez que alguien comienza una frase de ese modo, me dan ganas de salir corriendo. Que sí, que algunas son muy útiles. Otras no son más que una pérdida de tiempo. Parece que de repente, todo en este mundo puede estar gestionado a través de un programita escrito en Java. Las peores son esas que sirven para compartir los sitios en los que has estado, los restaurantes en los que has comido, los bares a los que has ido… supongo que George Orwell se refería a esto…

 

Canciones:

Band Of Horses: “The Funeral”

The Cult: “Real Grrrl”

Mr. Big: “To Be With You”

18
Sep
13

UNA HISTORIA DEL BRONX

“No hay nada más triste que el talento malgastado”. Eso le dice el conductor de autobuses Lorenzo a su hijo Calogero cuando éste era un crío. Luego las cosas se complicaron más, y sin embargo, al final, Lorenzo tenía razón. De adolescentes acostumbramos a creernos que los adultos nos han ido engañando siempre. Y no, no fue siempre. La cuestión es dilucidar cuándo.

Hace unos días os hablaba de la proliferación de múltiples canales de TV en esa francachela que ha dado en llamarse TDT. A destacar, y con muchísimos cuerpos por delante, La Sexta3 y su posterior “imitadora”, Paramount Channel. De acuerdo que emitir las mismas películas una docena de veces cada mes, mes tras mes, es demasiado. Y sin embargo, qué puedo decir… cada vez que pillo alguna de las tres partes de El Padrino, por lo menos un trozo sí que veo.

“Una Historia Del Bronx” es otra de esas frecuentes. También era de las habituales, no obstante, en la parrilla televisiva antes de aparecer la dichosa TDT. Y como “Forrest Gump” o “Cadena Perpetua”, si la cojo, por casualidad, por la tele, al menos un rato, me quedo viéndola.

Calogero entre los dos hombres que marcaron su niñez: su padre y Sonny

Calogero entre los dos hombres que marcaron su niñez: su padre y Sonny

Calificar “Una Historia Del Bronx” de entrañable me parece injusto, porque parece querer decir que es una mierdecilla pero que me gusta. Nada más lejos de la realidad. Es una película sencilla, sí, pero, en general, muy bien hecha. Y sí, me gusta. Me gusta mucho. Me toca un poco la fibra, he de reconocer. Ay, qué sensiblón ha sonado eso. No me hagáis mucho caso, estoy en esos días…

La cinta se estrenó en 1993, y fue el debut a la dirección de un Robert DeNiro que todavía tenía esa estela de los más grandes. Nos quedarían pocos años de grandeza para DeNiro, y pocos trabajos memorables… Diría yo “Casino” (1995), “Heat” (1995) y tal vez, más por la cinta que por su papel, “Jackie Brown” (1997). ¿Cuándo cayó (solito, y voluntariamente) en desgracia? Yo creo que a partir de 1998 ya no volvió a protagonizar, ni siquiera a actuar como secundario, en ninguna película que realmente fuera memorable. Una lástima.

Pero ei, volvamos a aquél maravilloso 1993 cuando DeNiro aún era un semidios. Para su primer largometraje como director decidió comprar un guión de Chazz Palminteri, y contar con el actor como el intérprete del carismático gangster Sonny. Palminteri, otro que prometía grandes momentos y realmente, no sé qué pasó con él.

El James Cagney de los 90s

El James Cagney de los 90s

La historia es sencilla, en el barrio del Bronx, a finales de los 50s, vive un niño italoamericano, Calogero, hijo de un hombre honrado, sencillo y temeroso, el conductor de autobuses Lorenzo (DeNiro). De casualidad, Calogero presencia un asesinato por parte de Sonny, el capo del barrio. Cuando la policía le interroga, Calogero encubre a Sonny. Gracias a ello, el chaval acaba cayendo en gracia a la mafia local, que le tiene fascinado. A Lorenzo no le gusta nada que se relacione con ellos, pero esa vida, la de los “chicos listos” que decían en “Uno De Los Nuestros”, fascina a Calogero, tan alejada de la miseria y el trabajo agotador de su padre. Con el tiempo, Sonny le va tomando cariño a Calogero, quien ve en él otro tipo de figura paterna, especialmente en su adolescencia, lo cual, claro, generará conflictos entre el gangster Sonny y el conductor de autobuses Lorenzo.

Los conflictos entre la atractiva vida del gangster y la moral, el amor familiar, la amistad y los conflictos raciales (representados con los enfrentamientos entre italoamericanos y negros) se entremezclan en una historia en apariencia sencilla, pero muy bien explicada. DeNiro demuestra haber mamado cine y los recuerdos a Scorsese son inevitables. Por si fuera poco, la banda sonora está compuesta por pequeñas maravillas que se van sucediendo, de cariz blanco o negro en función de la época narrada en la historia (finales de los 50s o mediados de los 60s) y de la narración.

Lorenzo y su hijo

Lorenzo y su hijo

Recurrir a buenas canciones como banda sonora de una película es un recurso fácil. Lo complicado es que la canción acabe formando parte natural de la historia, y que esas imágenes parezcan creadas para acompañar a esa canción. Por ejemplo, eso pasa cuando suena el clasicazo “I Only Have Eyes For You” de los Flamingos. Cada vez que la escucho, recuerdo las imágenes de Calogero y su chica.

No creáis que, aunque se trate de un homenaje a los valores de la amistad y de la familia, “Una Historia Del Bronx” contiene moralina de baratija. En realidad, Calogero protege a un asesino, sin ir más lejos, y sus admirados amigos Sonny y pandilla son, en realidad, unos mafiosos. Algo así como Goodfellas vs. La Famiglia.

Dolorosas lecciones de vida...

Dolorosas lecciones de vida…

No puedo dejar de contar una curiosidad que me parece muy cachonda. El personaje del Calogero adolescente está interpretado por un actor llamado Lillo Brancato, cuya carrera pasa muy desapercibida para mí, hasta que le veo tener un papelito en Los Soprano. Efectivamente, en LA SERIE, Brancato interpreta a Matt Bevilaqua, un gangstercillo de poca monta que hace unos trabajitos para Chris Montisalti. Harto de que Chris le trate como lo que es, un triste peón en la organización, acaba por tratar de asesinarle, por encargo de Ritchie Aprile. Falla en su cometido, y acaba muriendo a manos de Tony y Pussy de un manera muy chunga. De hecho, ¿no tenéis la sensación que todos los actores que habían tenido algún papel en películas de la mafia acabaron, de una u otra manera, apareciendo en Los Soprano? La realidad es, sin embargo, más cruda que la ficción, y resulta que Lillo Brancato acabó metido en un robo que finalizó con un tiroteo y muerte de un policía, en 2005. Aunque absuelto de los cargos de asesinato (por lo visto, el que disparó fue su compinche), Brancato fue condenado a diez años de prisión. Puede parecer frívolo, pero qué puedo decir: esta clase de historias con ficción, casualidades y realidad, me parece lo más cinematográfico que hizo Lillo Brancato desde aquel lejano 1993.

Canciones:

Noir Desir: “Tostaki”
Daft Punk: “Lose yourself to dance”
R.E.M.: “Stand!”

05
Sep
13

Performance

Si comienzo este texto diciendo que “Performance” es una película rarita, seguro que más de uno o una dejarán de leer, o bien continuarán, pero con esa condescendencia que proporciona el mirarme desde una torre de marfil del yo sí que sé de cine y este KAR no. Pero lo es, de eso, no tengan ustedes la menor duda. Lo cual no quiere decir que sea una mala película. De hecho, me habían hablado tan mal de ella, que iba preparado para el desastre, y bueno, a mí, me gustó. Posiblemente me gustó más por la estética que por la historia contada, pero ese es otro asunto.

Cartel muy pop de la película.

Cartel muy pop de la película.

“Performance” fue la primera incursión en el cine de un Mick Jagger convencido de que también podría triunfar en esa disciplina, si bien, al final, acabó llegando a las pantallas comerciales antes la que sería su segunda película (“Ned Kelly”, 1970 … no, no he tenido huevos a verla) que no esta “Performance”, de 1968. Por suerte, tras estas dos actuaciones, Jagger dejó aparcado el cine, y más allá de algunos picoteos fugaces, casi se podría decir que lo dejó para siempre.

Otro cartel, menos pop, y más explícito de lo que la peli desarrolla...

Otro cartel, menos pop, y más explícito de lo que la peli desarrolla…

“Performance”, el título, juega con la palabra “performer”, que en slang era un quinqui, un mafiosete del East End de Londres. Performer es también, en su acepción clásica, un artista, alguien que se sube a un escenario. Todo en la cinta tiene un doble sentido, básicamente, cómo, de una manera menos sutil de lo que pudiera parecer, comparan la vida de un gangster con la de una estrella de rock, en este caso, Turner, un sosias de la imagen que Mick Jagger proyectaba en esa época, a finales de los 60s.

El argumento nos presenta a Chas (James Fox), un relamido gangster londinense, de traje estupendo, afeitado perfecto y zapatos relucientes, extremadamente violento e implacable, que cae en desgracia en el seno de su organización y debe huir. Casualmente, se esconde alquilando una habitación en la casa de un rockero, Turner, quien vive con su novia, Pherber, interpretada por una guapísima Anita Pallenberg, y una amiga, Lucy, otra belleza, aunque muy diferente a la Pallenberg, interpretada por Michèle Breton. Lo que al principio es un contraste entre ambos personajes, Chas y Turner, y una cierta animadversión, se tornará en el encuentro de más puntos comunes de los que esperaban.

Mick Jagger, Michèle Breton y Anita Pallenberg. Con ellos, llegó el escándalo...

Mick Jagger, Michèle Breton y Anita Pallenberg. Con ellos, llegó el escándalo…

Lo diré aquí y ahora: en esta cinta, Mick Jagger está para pegarle un buen par de hostias, en un plan estrellón arrogante y ridículo. Cosas de la época, y de las sustancias, claro. En esta época es cuando a Mick Jagger se le va pasando la etapa mesiánica y entra en la megalomanía de la superestrella que todo lo hace bien, y que sólo merece rodearse de gente tan rica, famosa y molona como ella.

mm

Imagen gratuita de la Pallenberg en pelotas.

Muchas son las historias que se cuentan sobre esta “Performance”. Por ejemplo, parece bastante contrastado que Anita y Mick follaron durante el rodaje. Recordemos que en esa época, Anita ya estaba con Keith Richards. Hay dos versiones, la de que fueron sorprendidos en faena, y la de que la propia escena de sexo de la cinta, es real. Según Tony Sánchez, aún estando con Brian Jones y con Keith Richards, Anita Pallenberg siempre estuvo colgada por Mick Jagger.

Chas, un violento hijo de puta con clase...

Chas, un violento hijo de puta con clase…

Precisamente, estas escenas tan explícitas de sexo y consumo de drogas generaron bastante controversia en su época. Así mismo, la carrera de James Fox (que interpretó a Chas), que parecía incipiente pero directa al estrellato, se truncó a partir de esta cinta, porque tras la muerte de su padre, decidió dejar el cine para hacerse pastor evangélico. Ya sabéis, de esas, digamos, cosas raras que ocurrían cuando los Stones andaban de por medio. Fox estuvo hasta mediados de los 80s alejado de las pantallas.

No pasará a la historia como un peliculón, aunque tiene sus seguidores acérrimos, como cinta de culto. Para los fans de los Rolling Stones, obligatoria.

Canciones:

Phoenix: “Lisztomania”

Mick Jagger: “Memo From Turner”

Delta 72: “Incident @23rd”




febrero 2020
L M X J V S D
« Dic    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
242526272829  

Sígueme en Twitter

Categorías