Archive for the 'yo… y mis circunstancias' Category



23
Sep
13

DISCOS 7 PULGADAS – RELOADED

Por si alguien no lo sabía, yo tenía antes un alojamiento de Blogspot para este, vuestro blog favorito. Luego, se hizo mayor, y me monté el chiringuito por mi cuenta, este www.notasdekar.com aunque el sitio de blogspot sigue abierto. Más que nada porque nunca me he preocupado en cerrarlo. Y es que, amigos, mi blog es ya un vejestorio de la blogosfera, desde julio de 2005. Cuidado.

El logo tenía su gracia...

El logo tenía su gracia…

El caso es que de vez en cuando lo reviso, ya que todavía hay gente que comenta. Porque amigos, mi blog es ya un vejestorio de la blogosfera, desde julio de 2005. Cuidado. En esta ocasión había un par de sorpresas. La primera venía de otro comentario en la que podríamos calificar como mi entrada más popular, la dedicada al Señor Lobo, demostrando que a la parroquia de NDK le va más el rollo nostálgico que a un tonto un yo-yo. Lo interesante del asunto es que era alguien que me recordaba el Pop Festival de Badalona de… 1995!!! ¿Lo recordáis? Era de los primeros tinglados “alternativos” más o menos grandes, tocaron Paul Weller, Sonic Youth, Yo La Tengo o Beck, y unos Australian Blonde que eran, por entonces, la gran esperanza blanca del indie hispánico. Yo quería ir, y como siempre, no fui. Era muy pipiolo, mis amigos no estaban por la labor, y bueno, me lo perdí. Con la perspectiva del tiempo, no ver a los dichosos Australian Blonde o a Beck no me parece una tragedia. Pero en aquél momento, me hubiera gustado,  más por el ambiente de festival que por el cartel.

Cartel del Pop Festival de Badalona 1995 (la imagen es de http://xavigorro.blogspot.ch/2013/01/afraid-to-speak-in-public.html)

Cartel del Pop Festival de Badalona 1995 (la imagen es de http://xavigorro.blogspot.com)

Había, sin embargo, un segundo comentario en otra entrada, que me ha parecido mucho más entrañable. Resulta que hace unos años escribí una entrada sobre la mítica tienda de discos de Barcelona Discos 7 Pulgadas, ya desaparecida. Sí, haciendo click en el nombre, accedéis al texto. De nada. Pues bien, resulta que hace unas semanas me escribió un comentario el que había sido dueño de la tienda:

Hola!!! 
Un amigo acaba de enviarme este enlace. Soy el propietario de lo que fue 7 Pulgadas. Gracias primero por el pequeño homenaje.
Y añadir una explicación: las muescas de los CD’S se hacían en origen. Eran discos descatalogados y las compañías discográficas les hacían esas marcas al venderlos a bajo precio. Más que nada para evitar impuestos a pagar. Esos discos recibían en origen otro tratamiento fiscal. Nosotros acabábamos pagando los mismos impuestos, pero los fabricantes no.
En fin, espero haber aclarado el asunto.
Hasta otra

Qué queréis que os diga… lo bueno de escribir en Internet es precisamente esto… quiero decir, me encanta saber que alguien lee estas líneas. Y me gusta interactuar con mis lectores, y recibir vuestros comentarios. Pero además, esta sensación de “el mundo es un pañuelo” que proporciona la red hace que los otros muchos inconvenientes que tiene (SPAM, trolls, idiotas sueltos, …) se queden diluidos.

Canciones:

Gram Parsons: “In My Hours Of Darkness”

The Answer: “Pride”

QOTSA: “Kalopsia”

16
Sep
13

Counting Crows: Pero quién coño era Mr. Jones?

El tener como referente a los programas de videoclips hacía que me moviera por coordenadas más estéticas que éticas. Un bonito hit perpetrado por unos tipos que lucieran pelo largo, tejanos raídos, perillas y cara de tener una resaca descomunal era, a menudo, suficiente como para captar mi atención. Tuviera o no nada que ver con el grunge, eso ya lo he explicado. Y desde luego que los Counting Crows no tenían nada que ver con el dichoso grunge. Lo suyo era un rock de raíces mucho más clásicas bebiendo del nuevo rock americano de mediados de los 80s y con unas influencias evidentísimas de mis adorados R.E.M.

Era 1993 cuando el vocalista Adam Duritz cantaba un sha-la-la-la-la-la-la que sonaba tan extremadamente retro que parecía moderno, mientras agitaba su melenita a base de unas rastas que, lo reconozco, me encantaron. Era su primer sencillo, “Mr. Jones”. Luego, en su segundo single, luciría una perilla de mosquetero que completaría el look 90s definitivo.

Y aunque lleve dos párrafos sin hablar de música, lo de los Counting Crows era cosa seria. Sus dos primeros discos, el celebérrimo “August and everything after” que contenía “Mr. Jones” y su continuación, el todavía mejor “Recovering The Satellites” los situaría en mi top100 de mejores discos de los 90s que no voy a hacer nunca.

“Mr. Jones” no fue nunca uno de los temas más celebrados en las discotecas a las que acudíamos con dieciséis años. Carecía de guitarrazos y de bajos marcados, no tenía tampoco un estribillo que berrear. Se solía pinchar o bien al principio de la sesión, cuando había poca gente, o bien al final, cuando íbamos desfilando hacia el exterior. Cantando sha-la-la-la-la-la-la.

De vez en cuando, compartía algunos gustos con mi hermana, y ella fue la que compró, en formato cinta de cassette, una copia del “August and everything after”. Así, tuve acceso a las letras de las canciones, algo que obviamente no podías conseguir en aquella época a no ser que tuvieras una copia original del disco y que las letras estuvieran impresas en el libreto. No había, claro, Internet. Por lo menos no como algo de uso habitual. Sí, era como el paleolítico superior.

Hola, soy Van Morrison y estoy cabreado porque otro está cantando sha-la-la... no me he quitado el sombrero desde 1983...

Hola, soy Van Morrison y estoy cabreado porque otro está cantando sha-la-la… no me he quitado el sombrero desde 1983…

Así, tirando de diccionario y con varias escuchas, pude tener acceso a algo que por entonces daba casi por imposible: el significado de las canciones. No es que la letra de “Mr. Jones” escondiera los secretos de la civilización occidental, y sin embargo, ¿quién diablos era el tal señor Jones? ¿Sería el marido cornudo de la famosa Ms. Jones?

Por los versos que canta Duritz, parece ser su amigo follaca, aquél con quien se va de bares para ponerse hasta el ojete y tratar de ligarse con alguna de las muchachas que su camarada atrae. Lo que sería en el reino animal ser una rémora, ese entrañable pez que sigue a un tiburón y se alimenta de esos pedazos de carne que el escualo deja escapar mientras está engullendo a su pieza. Ah, la táctica de ligoteo de la rémora, tan socorrida.

Bob Dylan, Picasso, “black-haired flamenco dancers”… demasiadas referencias culturetas para una canción pop… sha-la-la-la-la-la-la-la-la-la … aunque presuntuosas, a menudo, no tenían malas letras los Counting Crowes. Y sí, hablo de ellos en pasado a pesar de ser plenamente consciente de que siguen en activo. Pero por lo que a mí respecta, es una banda que murió el 31 de diciembre de 1999, justo antes de las doce de la noche, de que bajara la dichosa bolita (glinglinglinglin), sonaran los cuartos, las doce campanadas y surgiera el efecto 2000 barriendo la civilización. No es que los discos posteriores sean malos. Pero ya no eran lo mismo. Tal vez yo ya no era el mismo.

Siempre defenderé con uñas y dientes el “Recovering The Satellites”, por resultar más guitarrero, si bien “August…” tiene esa aureola depresiva acústica tan buena para los días de lluvia, de cigarrillos y café, como decía Otis Redding. Diablos, si suena hasta un acordeón. Un jodido acordeón, ese instrumento de María Jesús y de los gitanos rumanos del metro. Pero en qué momento. Me encanta esa canción donde suena, “Omaha”, dedicado al lugar, con esos versos que dicen: I think you better turn your ticket in / And get your money back at the door. Viajo mucho por trabajo, a muy distintos lugares, y tengo esa exacta sensación demasiado a menudo.

Para mis compis grunchi punki del instituto, eran una banda demasiado blandengue, y suerte que mi hermana (hola!) me apoyaba en el amor profesado hacia los muchachos de Adam Duritz. ¿Recomendables? Por supuesto que sí.

PD: a menudo escribo “black crows” y “counting crowes”… yo soy así…

Canciones:

Led Zeppelin: “I’m gonna crawl”

R.E.M.: “Orange Crush”

Otis Redding: “Cigarrettes & coffee”

09
Sep
13

Honest Man

Esta es una pequeña historia para mostrar que a veces, lo que llega a los discos no es siempre lo mejor. Alguna vez lo he explicado, yo descubrí a los Rolling Stones a través del disco “Voodoo Lounge” (1994). De acuerdo, probablemente no es la forma más ortodoxa de comenzar a escuchar a esta banda. Pero diablos, “Voodoo Lounge” era un muy buen disco!

En esa época solía escuchar cada tarde de sábado el programa que Jordi Tardà tenia en Catalunya Ràdio. Tardà es un stoniano de los cansinos, pero el tío muestra pasión en lo que hace, y tenía contactos. Una tarde pinchó un par de canciones que habían estado en la lista de posibles para “Voodoo Lounge” pero que al final se quedaron atrás. Una de ellas era esta “Honest Man”, hoy en día, fácilmente localizable en Youtube:

Y bueno, no me diréis que no suena francamente bien. Es un rock stoniano clásico, con esas bases endurecidas y esa fantástica harmónica. ¿Por qué se quedó fuera? ¿Todas las canciones que se incluyeron en “Voodoo Lounge” son mejores que esta “Honest Man”? Definitivamente, no. Cosas de la banda, qué sé yo. Los Rolling Stones suelen preparar algo así como una treintena de canciones para cada disco, y de esa lista, van filtrando, puliendo y regrabando hasta quedarse con el conjunto de temas definitivo. Sin duda, podría haberse guardado, si no para “Voodoo Lounge”, para su continuación, “Bridges To Babylon” (1997), que supuso una decepción mayúscula.

Pero en fin, las cosas son como son, y esta canción permaneció, y permanecerá en el anonimato, como decía Carlos Carnicero en aquél mítico programa “Confesiones”. Tal vez cuando se publiquen los archivos de los Stones, se incluya. Tal vez no. Porque os hablaba al principio de esta entrada que Tardà pinchó, aquella tarde de 1994, dos canciones que iban a entrar pero al final se quedaron fuera del LP. La primera era el mencionado “Honest Man”. Y la segunda, era una balada, “Anyway You Look At It” que sorprendentemente incluyeron en aquél disco “Rarities 1971-2003” y que jamás ha tenido continuación.

Canciones:

The Beat: “I am your flag”

Phoenix: “Run, run, run”

Bunbury: “El viento a favor”

23
Ago
13

Ocean Colour Scene y los sueños – Mundo onírico

Vamos con otra de sueños. ¿Alguna vez os he dicho lo mucho que me fascina el mundo de los sueños? No es nada original, lo sé. Y sin embargo, cuando recuerdo mis sueños, me agrada pensar en ellos. Pensar sobre ellos. No creáis que me voy a poner en plan esotérico, y disertar acerca del significado de los mismos. Tampoco es una cuestión científica, un rollo freudiano. Lo realmente interesante de los sueños es que carecen de un código moral de conducta. En los sueños nos comportamos de una manera que, seguramente, no haríamos en la realidad. Claro que las situaciones que afrontamos tampoco son, aunque se parezcan, situaciones reales.

Del sueño de anoche, como suele ocurrirme, no recuerdo todo. Tampoco hay una secuencia lineal de los acontecimientos, lo que, a la hora de recordarlos, me cabrea. El caso es que estaba con un amigo en un concierto de Ocean Colour Scene. Toma ya. ¿Por qué Ocean Colour Scene? ¿Por qué ellos, precisamente, y por qué ahora? Haciendo memoria, en los últimos días no he escuchado su música. De hecho, escuché su último disco a través de Spotify hace varias semanas, recién publicado, nada del otro jueves. Pero eso fue hace más de dos meses, y desde entonces, nada. OCS es una banda que me gustan, que me gustan mucho, si a su material primigenio nos referimos, y que además, he visto en concierto en cuatro ocasiones, al menos. Sin embargo, de la última de esas ocasiones hace ya tres años.

Se ven viejuners...

Se ven viejuners…

En definitiva, que nada justificaba mi presencia onírica en un show de OCS, pero allí estaba, en algo que se suponía era Razzmatazz, pero que realmente no se parecía nada al Razzmatazz que conocemos. Era un local mucho más pequeño, con una suerte de gradería, de tres o cuatro escalones donde el público se sentaba, frente al escenario. De alguna manera me recordaba a la pista del mítico local barcelonés Bóveda. Pero no era el Bóveda.

Otra curiosidad está en que me acompañaba un amigo, alguien que conozco desde el parvulario, pero desde luego jamás iría a un concierto de OCS. En el supuesto que conociera quién son los OCS.

Estamos los dos sentados en esa gradería, y la banda está tocando. Canta, claro, Simon Fowler, que luce una de esas gorras de ferroviario o de obrero de principios del siglo XX que gustaban de lucir los brit-poperos que tiraban más hacia lo mod. Steve Cradock a la guitarra, claro que sí. Del resto, no tengo memoria. Pero sí recuerdo que había mucha más gente en el escenario. Llevaban a un pianista, un negro gordo que ya había tocado en alguna ocasión con ellos en una de sus últimas giras. También tenían un teclista, otro guitarrista, y un bajista. Total, una multitud de gente para interpretar la música del cuarteto.

Portada de su último disco...

Portada de su último disco…

Cerca nuestro, diviso que se sientan dos chicas. A una de ellas la conozco vagamente, como si hubiéramos sido amigos en el pasado. Sé que la conozco, pero ahora mismo, si me preguntas a mí, no al fulano que hacía de mí mismo en el sueño, no sabría decirte quién es. El del sueño sí que lo sabe, desde luego. O como mínimo cree saberlo, y por eso está dudando entre saludarla o no. Por alguna razón, decido no hacerlo. Pero, qué rabia, no sé quien es esa chica ni por qué razón, pese a conocerla, no quiero saludarla…

Y así se acabó el sueño. Dejándome con las ganas de saber quién era esa misteriosa muchacha y por qué, en su momento, consideré que mejor hacerme el loco y no saber nada de ella. ¿Qué me habría pasado con ella para decidir que mejor simular que ni la he visto? ¿Quién sería?

 

Canciones:

Jimmy Reed: “The Moon Is Rising”

Ray Charles: “Night Time is the Right Time”

Blondie: “Heart Of Glass”

 

17
Jul
13

De nuevo en Hamburgo (pt.2)

Cinco tipos andan por Wendestraße una noche de octubre. La ciudad de Hamburgo está fría y esa calle, solitaria. Están lejos del centro, la zona no es residencial y no hay nada abierto. Ellos apenas se conocen, coincidieron, circunstancialmente, por temas de trabajo, y son de nacionalidades múltiples. Dos franceses, un suizo, un polaco y un tipo de Barcelona. Lo habéis adivinado, el de Barcelona soy yo. Y de eso,  hará este mes de octubre once años.

Callejeando, encuentran una pequeña taberna, con luz tenue y forrada de madera. No hay nadie más en el local, aparte del dueño, un alemán cincuentón con mucha pluma y bastante perjudicado por el alcohol. Los cinco se sientan en la barra, y piden la primera ronda de cervezas. A esa ronda se le sucede una segunda, y tal vez, ya no lo recuerdo, aunque probablemente, una tercera. El dueño del bar se muestra encantado de tener clientela a esas horas de la noche, un día entre semana. Trata de comunicarse con el grupo, a pesar de su pobre inglés y su lengua de trapo, cosas de la bebida.

El barman se dedica a poner música, y el grupo va coreando, jarra en mano. A esas alturas, todo vale. Yo tengo entonces 22 años, y es la primera vez que viajo fuera del país por trabajo. El dueño se encapricha de mí, supongo que para él soy carne fresca, en comparación con mis cuatro acompañantes, cuarentones todos. Yo voy capeando el temporal, en tanto que todo se queda en un ambiente jocoso y etílico. Nos pregunta de dónde venimos. Al decirle Barcelona, el individuo se emociona y pone el CD recopilatorio de Freddie Mercury, dedicándose a pinchar “Barcelona” una y otra vez. Luego ya opta por dejar el CD sonando y los fabulosos himnos gays de Freddie nos hacen de banda sonora.

Como ya confraterniza con el grupo, saca una botella de licor, y tapa la etiqueta. Sirve seis vasos, uno para cada uno, más el sexto para él, y nos invita a tomarlo, pero sin decirnos qué es. Aquello quema la garganta, aunque claro, qué más da, en esos momentos. Luego gira la botella y nos muestra la etiqueta: absenta. Poco después abandonamos el local, flotando sobre el espacio, y tratamos de llegar al hotel y dormir lo suficiente para poder aguantar el ir a trabajar al día siguiente.

A ese primer viaje a Hamburgo, de hace once años, le sucedieron muchos otros. Ahora vuelvo a la ciudad, hacía siete años que no volvía.

Canciones:

Freddie Mercury: “Living on my own”

Iggy Pop: “Nightclubbing”

QOTSA: “Kalopsia”

14
Jul
13

Retorno y cumpleaños…

¿Por dónde empezar, después de tanto tiempo ausente por aquí? Buenas razones he tenido para tener todo esto parado, créanme. En todo caso, bueno, aquí estoy, y nadie dijo que iba a ser fácil… No negaré que me había llegado a plantear el echar el cierre. Tanto, que incluso se me ha pasado la fecha del 8º aniversario del blog. Sí, ocho años, y puedo decir que pocas cosas en mi vida han sido tan longevas. Por poner un ejemplo absurdo, y todo lo significativo que uno quiera, pero ningún trabajo me ha durado tanto como estos ocho años. Y precisamente es esta longevidad la que ha hecho que no quiera desprenderme de ello, a pesar de pasar varias temporadas de travesías en el desierto y con la casa manga por hombro. En realidad, mi blog soy yo, más de lo que a mí mismo me gusta reconocer. Así que una vez más, de vuelta. No sé por cuánto tiempo, no sé hasta cuando. Pero de vuelta. Y a partir de mañana, tendremos nuevas Notas De Kar.

Desde Julio de 2005... ha llovido...

Desde Julio de 2005… ha llovido… esto se podía leer en la anterior imagen de NDK, la que estaba alojada en Blogspot

A los que me leen, gracias. A los que me leen y comentan, muchas gracias. Y a los que me leían, y han tenido la paciencia de esperar que me sentara de nuevo al teclado y están otra vez ahí, al otro lado del Internet, muchas, muchas, muchas gracias. Paz, amor y holocausto nuclear. Siempre vuestro,

Kar

Canciones

The Beatles: “Birthday”

The Crests: “Sixteen Candles”

Los Planetas: “Cumpleaños Total”

24
May
13

Crónicas Africanas pt.6 (y final)

Viernes 24 de mayo, 20:25 de la noche, lounge KLM/AirFrance del aeropuerto de Jo’burg. Llevo bastante tiempo esperando, y todavía me faltan un par de horas para embarcar. Hoy no me encuentro bien… igual me estoy llevando un recuerdo de África en forma de virus intestinal. Total, que he disfrutado poco del día, y no sé… parafraseando a “Arma Letal”, me estoy haciendo viejo para esta mierda. Llevo demasiados años dando tumbos, tal que diez. Nunca de un modo tan bestia como en los últimos cuatro. Demasiados.

Con el cuerpo así, poco católico, afrontar una jornada que supuestamente tenía un componente lúdico, se me ha hecho algo pesado, no os lo negaré. Porque el trabajo lo hemos acabado hacia las once de la mañana, y luego, mi camarada zulú me llevaba a ver bichos en el Lion Park.

Veréis, no me siento muy cómodo en estas situaciones. Hubiera preferido poder buscarme la vida, poder ir yo solo, no liar a nadie, ir a mi aire. Pero no ha podido ser, y allí estaba, comiéndome una caravana cosa seria en el coche del zulú. Y no, no soy un tipo tan sociable, llevo toda la santa semana con este tipo, y por más majete que sea, llega un momento que ya no tenía mucha conversación. No me encontraba bien, ¿qué queréis?

En fin, el Lion Park no deja de ser un Rioleón Safari, que los que fuimos niños en la Barcelona de los 80s, recordaremos. Más bichos y en mejores condiciones, pero al final, se trataba de eso. Lo primero, me preguntan si quiero tocar a un cachorro de león. Por supuesto que sí. No deja de parecerme un poco cruel, los pobres animalitos al sol, adormecidos, y varios patanes como yo poniendo, tímidamente, la mano en sus lomos (nos advirtieron que nada de tocar cabeza o cola) mientras alguien nos tomaba una foto. El karma se ha reordenado cuando uno de los cachorretes, de tamaño de un perro mediano, pero con patas y cabeza más grandes, se me ha revuelto en un momento que tenía mi mano, cuidadosamente, sobre su lomo. El jodido bicho ha ido a por mi brazo, y lo he apartado a tiempo, porque me ha enganchado la manga. Hombre, no me hubiera arrancado el brazo, pero una caricia tampoco hubiera sido. Eso, en el fondo, me  ha hecho sentir mejor: los animales, son animales, después de todo.

Mejor ha sido la vuelta, por todo el campo, enorme, con un destartaladísimo camión con unas rejas que daban muy poca confianza. Leones blancos y leones marrones, leopardos, antílopes y otra fauna variada. Aunque no lo he podido disfrutar como quería, porque realmente nada me apetecía más que meterme en la cama, ha estado bien. ¿Recordáis lo que os comentaba ayer, sobre lo que “me llevo” de los viajes de trabajo? Pues bien, la experiencia de tener a una manada de leones a dos metros de mí, me la llevo en mi mochila personal.

Por la tarde, el amigo zulú se ha planteado varias visitas, incluyendo una por Soweto. Todas ellas se iban truncando, sin embargo, al caer una y otra vez en el horroroso tráfico sudafricano. Al final, Soweto visto desde la autopista, y una breve visita a la zona pija de Jo’burg, para hacer algo que no sabría calificar si de comida o de cena, dadas las horas.

Me vuelvo con una cierta decepción, pues. Y me sabe mal, porque tenía esperanzas puestas en áfrica, por todo su romanticismo, y tal. Tampoco quiero llevarme a engaño, no es que Shaka Zulú me haya llevado a centros comerciales porque soy extranjero, sino que me temo que mi visión del negrito yendo a beber ron de mala muerte a bares locales, comiendo ñame y carne de lémur a la brasa en un patio trasero, está más en mi imaginería africana que en el propio país. Quizás es que Sudáfrica es menos África. Quizás.

Canciones:

Desireless: “Voyage, voyage”

Hot Snakes: “Audit In Progress”

The Animals: “We’ve gotta get out of this place”

20
May
13

Crónicas africanas pt. 2

Comenzare diciendo que estoy escribiendo desde un PC local, que he ocupado en el hotel. No, mi portatil no ha resucitado, y ahi ando, en condiciones precarias. Esa es la razon por la cual no encontrareis ninguna tilde en este texto. Y aunque haga danyo (no, tampoco hay enye) a la vista, habra que seguir con lo que hay: this is Africa

“Es tan salvaje y subdesarrollado como te lo imaginabas?”, me preguntaba hoy, socarronamente, uno de mis contactos aqui. Supongo que harto de extranjeros que llegan con ideas preconcebidas del continente y del pais. Pues no, la verdad es que no. Tampoco es que me lo imaginara asi, claro, si bien es indudable que los prejuicios estan ahi. Siempre. Tampoco es que haya tenido mucha oportunidad, de momento, de experimentar mucho. El trabajo, y tal. Ya sabeis.

Este muchacho que tiraba de ironia es un blanquito. El otro tipo que me acompanya por aqui es un negro. Zulu, concretamente, me dijo que era. Zulu. A mi, esto de zulu me transporta directamente a las peliculas del sabado por la tarde, despues de los dibujos del mediodia, de “Shaka Zulu” y “Amanecer Zulu” y todas esas cintas de britanicos vestiditos con casacas rojas.

El zulu me dice que habla 6 de la docena de lenguas oficiales del pais (chupate esa, gobierno autonomico de Aragon), si bien en general el estandar linguistico oficial es el ingles, lengua que por encima del zulu, del Afrikaans o cualquier otra, se habla a nivel professional. Una muestra mas de que el ingles, le pese a quien le pese, es el Esperanto del mundo actual. Si, queridos, vosotros estudiad chino, y esas mandangas. Nos guste o no, con el ingles se llega a (casi) todo el mundo. Mas o menos.

Antes de venir anduve preguntado a un par de personas que habian estado en el pais. Todos ellos me destacaron que la cuestion de la seguridad era un problema. Basicamente, me dijeron que ni se me ocurriera salir solo a la calle. Otros me decian que incluso nada de ir en un coche con las ventanillas bajadas. Pues bien, nada mas llegar, anoche, mi amigo zulu, que me recogio en el aeropuerto, iba en su coche con las 2 ventanillas bajadas. Subi la mia, si, aunque mas por el aire que por la seguridad. Que iba a hacer? Estadisticamente, Sudafrica es uno de los paises con mayor indice de criminalidad por habitante, eso es un dato insoslayable. Esta tarde, al acabar, he preguntado si era seguro darme una vuelta… esto es, al fin y al cabo, Pretoria, y ni siquiera estoy en una zona muy residencial que digamos. No es Jo’Burg (como dicen ellos a Johannesburg), ni Ciudad Del Cabo. EL zulu me ha sonreido y me ha dicho algo asi como “esto es lo de siempre… si dudas en el camino que estas recorriendo, y alguien te ve dubitativo, se pueden aprovechar, pero si vas con paso firme, entonces no hay problema”. No me ha parecido una perspectiva muy halaguenya, como no voy a dudar si no se donde estoy. Y al final, me he ido al hotel.

Espero que me saquen de paseo un dia de estos. No me gusta la idea de estar en un lugar nuevo y verme encerrado en una especie de pecera. Pero queridos mios, mi sentido de la aventura no pasa por adentrarme en las calles solo en un pais con tan mala estadistica que incluso en la propia habitacion del hotel tienen un diptico en el que desaconsejan que el turista ande solo o en zonas poco iluminadas.

Canciones:

Sonic Youth: “100%”
Graveyard: “An Industry Of Murder”
Joao Gilberto: “Desafinado”

08
May
13

El Mundial De Italia ’90

Cuando era un chavalín me interesaba mucho más jugar al fútbol que verlo por TV. Así, pues, no tengo grandes recuerdos del fútbol de los 80s. Sí me acuerdo que el equipo de mi padre era el FC Barcelona, y como es lógico, el mío también. Aquella época fue francamente complicada para todo culé, no se ganaba ni al parchís, y una victoria sobre el Real Madrid podía salvar una temporada, aunque hoy en día parezca imposible de creer. ¿Cómo acabé tragándome partidos del mundial de Italia de 1990? Pues no lo tengo muy claro, la verdad es que tengo recuerdos difusos. Tal vez fuera la influencia de “Campeones (Oliver y Benji)”.

Yendo yo a remolque lo que los demás me decían, amigos, familia, compañeros de clase, inevitablemente la cosa pasaba por seguir los partidos de la selección española. El combinado de aquél año estaba dirigido por Luis Suárez, quien lo fue todo en el fútbol español, estrella en uno de los Inter de Milán más gloriosos y el único jugador nacional que ha ganado un balón de oro. Su trayectoria en los banquillos, sin embargo, no fue gran cosa, y no pasó de los tres años al frente del equipo español. Esa selección estaba copada por jugadores de la Quinta Del Buitre, sin embargo, la presencia de tipos como Génar Andrinúa ya hacía presagiar que no nos encontrábamos ante un equipo de técnica depurada.

Bélgica, Corea del Norte y Uruguay eran los rivales en la primera fase. España debutaba frente a Uruguay, y recuerdo como si fuera hoy a un chaval uruguayo de mi barrio emocionado con ese choque, y destacándome las virtudes de Rubén Sosa y de Rubén Paz, dos nombres que me parecían de lo más jocoso, pero de los que nunca me atreví a reírme frente a ese muchacho, no era plan de herir susceptibilidades nacionales.

Rubén Sosa. El cromo...

Rubén Sosa. El cromo…

Lo divertido de los mundiales son los equipos que acceden inesperadamente. En esa ocasión, estaba la selección de Costa Rica, la de los Emiratos Árabes o la de Escocia. En este último caso, resultó ser todo un acontecimiento, perfecto para que miles de hooligans escoceses asolaran tierras italianas, aprovechando la excepcional participación de su selección, poniéndose hasta el ojete de alcoholes varios y tratando de liarla lo máximo posible mientras el equipo se hundía con una trayectoria mediocre que no pasó de los 3 partidos básicos. Irvine Welsh daba cuenta de ello en su novela “Cola”, que es de lo mejor que he leído del autor de la celebérrima “Trainspotting”.

Dos tipos que se acercaban a edades razonables como para el fútbol de primer nivel, tuvieron una participación notable, me refiero al clásico portero de Inglaterra, Peter Shilton, quien cumplidos los 40 defendía la meta inglesa, y de Roger Milla, que a sus 38 seguía capitaneando al Camerún que tenía a Tommy N’Kono como guardameta. De Milla puedo recordar su celebración de los goles bailando frente al banderín de córner, algo que hoy en día cualquier alevín hace en su partido interescolar, pero que en 1990 NADIE hacía en el regio y vetusto fútbol europeo. Roger Milla jugaría otro mundial más, en 1994, con 42 años. Poca broma.

Roger Milla, el bailongo...

Roger Milla, el bailongo…

Mi recuerdo más vívido lo tengo en la eliminación de la selección española, en octavos de final. Allí estaba yo, una calurosa tarde de verano, sólo frente al televisor, seguramente mi padre estaría trabajando. Se jugaba el cruce con Yugoslavia… sí, suena a la prehistoria… en fin, sea como fuere, marcó primero Yugoslavia, cuando el cero a cero amenazaba con llevar el partido a la prórroga. Y ahí comenzó un tramo emocionante, con Salinas empatando cinco minutos más tarde, pero con un triste gol yugoslavo en el minuto 91 que enviaba a los españoles para casa. Obviamente, todo ese coñazo de la roja y de los torneos ganados y el buen fútbol estaban a años luz. Lo de entonces era patadón y tentetieso, y orgullo torero, y gallardía española, y todas esas chorradas más propias del Siglo de Oro castellano, es decir, que se les va la fuerza por la boca y al final, armada invencible hundida.

Dos jugadores, finalmente, se quedaron grabados en mi memoria, de ese mundial: Totò Schillaci y Lothar Matthäus. De este último, qué decir. Uno de los grandes del fútbol, que lució junto a la última selección alemana campeona, llevándose el torneo en la final frente a Argentina. Fue la última participación como RFA, antes de la unificación. En cuanto a Schillaci, de nombre Salvatore, aunque se le conocía como Totò, como el jodido perro de Dorothy, la de El Mago De Oz, resultó ser de esos jugadores que brillan exageradamente en un mundial, para luego desinflarse. Sin embargo, Baggio, quien no figuró tanto en esa Italia que quedó en 3º lugar, acabó siendo mayor estrella.

Mascota fea, fea...

Mascota fea, fea…

¿Y Holanda? ¿Qué pasó con esa Holanda de los Van Basten, Gullit, Rijkaard, Koeman, Wouters, Blind o Wistchge (AKA richi wichi)? Pues que tuvieron la mala suerte de toparse con la RFA demasiado pronto. Cosas de los mundiales.

A partir de ahí me engancharía a ver fútbol, con la llegada de Cruyff al Barça, con las emisiones de Canal + y con el hacerme más mayor y pasar de jugar a fútbol en las calles a ver futbol en la tele. Del Mundial de Italia’90 guardo en el recuerdo esa extraña mascota, que intentaba destilar modernez y diseño transalpino, y, sobretodo, el videojuego Italia’90, que me proporcionó muchas horas de diversión en mi Master System II.

Horas y horas perdidas (invertidas?) en este videojuego...

Horas y horas perdidas (invertidas?) en este videojuego…

 

Canciones:

The Rolling Stones: “Dandelion”

Ocean Colour Scene: “Weekend”

The Strokes: “12:51”

 

 

01
May
13

Discos Piratas

Hace ya bastante tiempo que, existiendo Internet, comprar un disco pirata resulta ser un dispendio inútil. A veces me planteo si comprar un disco, en general, no es un dispendio inútil. Todos tenemos nuestro momento de duda. Durante una época, sin embargo, un disco pirata, o bootleg, era una pieza codiciada entre melómanos. Lo que ocurre es que esta clase de productos siempre tenían su riesgo: efectivamente, en un envoltorio sugerente, era fácil encontrarse con grabaciones de mala calidad, de sonido infame o coñazos solo aptos para los completistas más extremos.

Yo tuve también mi experiencia con los discos piratas, hace mucho, cuando comencé a comprar mis propios discos. Sería 1995, acudía a mi primera Fira Del Disc, de esas que organizaba Jordi Tardà en Barcelona. Todavía no sé muy bien cómo, acabé comprándome un disco doble que recogía el concierto que R.E.M. habían ofrecido unos meses antes en San Sebastián. Era la gira de Monster, y yo me había quedado con las ganas de acudir a su concierto de Barcelona, de modo que pensé que sería un buen fetiche para quitarme, de alguna manera, la espinita. El aspecto del CD era un poco cutre, unas fotografías mal tomadas, y un título, “Espana 95”, donde ni siquiera habían podido usar la Ñ. Que digo yo, si no había Ñ, ¿por qué no titular “Spain 95”? En fin, que pagué por ese disco lo que en su momento me pareció un dinero considerable. Podrían ser 4000 pesetas.

Portada fea, fea...

Portada fea, fea…

Imaginad ahora que dais una fiesta en vuestro piso, y para animar el cotarro, contratáis a los R.E.M. de 1995. Los ponéis a tocar en el comedor, con vuestros amigos esparcidos alrededor. Y entonces, ponéis una grabadora en el lavabo, y registráis todo el audio. Pues bien, mi flamante doble CD se oía más o menos de ese modo. Os podéis imaginar mi decepción, la cara de idiota que se me quedó. Una banda en un buen estado de forma. Un repertorio maravilloso. Un jovencísimo Kar desplegando su fanatismo. Y ese disco con un sonido atroz. Horroroso. No se puede escuchar, apenas se distinguen los instrumentos, la batería suena como si golpearan una lata, y, por si fuera poco, se oye la charleta del público. Fatal.

El set list era estupendo... lástima del pequeño detalle de que... tenía que sonar!!

El set list era estupendo… lástima del pequeño detalle de que… tenía que sonar!!

Pero como si no hubiera escarmentado del asunto, ¿adivináis qué hice al año siguiente, en la correspondiente celebración de la Fira Del Disc? Pues evidentemente, comprarme otro disco pirata. En esta ocasión no me costó un dineral, era ya gato escaldado. Pero no lo suficiente, por lo que parece, y mi fanatismo por otra banda, en esa ocasión Radiohead, causó que me hiciera con un disco pirata que recogía un concierto de la banda, cuando presentaban esa genialidad que es “The Bends”. Sí, lo habéis adivinado, también me quedé con las ganas de ir a ese concierto. Permitidme una moraleja, nunca dejéis de ir a un sitio por tener que hacerlo solos. Pero claro, tenía entonces 16 años.

La portada mejoraba... ese CD en amarillo, puro 90's

La portada mejoraba… ese CD en amarillo, puro 90’s

Afortunadamente, ese “The Warehouse”, disco pirata de Radiohead que contenía una grabación de su concierto en la sala Warehouse de Toronto, también de 1995, tenía una calidad de sonido no solo mil veces superior al pirata de R.E.M., cosa francamente fácil, sino que podríamos decir que con un ligero filtraje, podría pasar por un disco en directo oficial bastante apañadito. La banda estaba en un gran estado de forma, y además, incluía un tema que formaría parte de su siguiente álbum, el celebérrimo “OK Computer”, el corte “Lucky”. Para entonces tenía los dos LPs oficiales de Radiohead, y el EP “My Iron Lung”, así que comprar ese directo resultó, claro, un paso lógico. Era muy fan de la banda, y lo seguí siendo hasta el mencionado “OK Computer”. Disfruté mucho de ese disco, también, pero significó el principio del fin. Luego vinieron los coñazos de “Kid A” y posteriores, la pose, las chorradas, las grabaciones aburridas… pero la parroquia que sólo conoce a los Radiohead actuales, que sepa que antes del siglo XXI, eran un grupo fantástico.

Definitivamente, eran otros tiempos para Radiohead

Definitivamente, eran otros tiempos para Radiohead

Aquella fue mi toda mi andadura en el mundo de las grabaciones piratas. A pesar de que esa segunda adquisición sí que cumplió las expectativas, por entonces me di cuenta de que había demasiados discos por conseguir y demasiadas bandas por descubrir como para perder el tiempo y arriesgar mi dinero en discos piratas. Para qué iba a comprarme un pirata de, qué sé yo, Guns N’ Roses, si todavía no había conseguido ningún disco de Led Zeppelin o The Stooges. Pero guardo todavía esos dos CDs, incluido el de R.E.M. , si bien en alguna ocasión me había planteado venderlo, a ver si algún incauto pagaba algo por él. Por suerte, nunca lo hice, y me sirve como recordatorio, de una época, y antes de hacerlo, plantearme en qué me gasto los cuartos.

Canciones:

Nick Cave & The Bad Seeds: “Do You Love Me?”

Nick Cave & The Bad Seeds: “Nobody’s baby now”

Kadavar: “All Out Thoughts”




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