Archive for the 'the doors' Category



30
Nov
07

Mundo Viejuno

Hoy cumplo 28 años, y un año más obedezco a esa norma no escrita para todo bloggero que obliga a escribir una entrada el día de tu cumpleaños. No puedo evitar releer la del año pasado, que se perdió en el limbo de la red , como dos años de archivo de NDK, hace ya bastante. Entonces cumplía (claro) 27, y la siguiente foto ilustraba la entrada.


Qué tienen en común todos estos personajes? Ahora me doy cuenta de que falta Jim Morrison

Como quiera que es evidente que mi destino no ha sido como el de esa gente, vuelvo con mi cita anual de reflexiones sobre el tempus fugit y de balances. Evidentemente, esto de los cumpleaños cada uno se lo toma como quiere o como puede. En mi caso, es una excusa perfecta para darme cuenta de cómo pasa el tiempo. Cuando vemos a una persona a diario, no nos damos cuentas de sus pequeños cambios físicos, pero cuando la vemos una vez al año, notamos cómo se ha engordado o como (parafraseando a Carlos Gardel) las nieves del tiempo platearon su sien. En esto de los cumpleaños pasa lo mismo. Desde luego que el tiempo pasará igual un 12 de mayo que un 30 de noviembre, pero los 30 de noviembre es cuando me fijo en ello.

Por eso sigo siendo de los románticos que esperan pasar un día especial el día de su cumpleaños. Hoy, sin ir más lejos, he decidido tomarme el día libre. No se lo digáis a nadie, pero no he ido a trabajar. Tampoco es que me haya despertado excesivamente tarde, lo suficiente como para no tener sueño. He bajado al bar para desayunar (frase cortesía de J de Los Planetas) y luego he cogido el coche. El destino no estaba claro, Barcelona, supongo, pero el caso era salir a dar un paseo. Sin prisa. He cogido una emisora de radio en la que sonaba una sección acerca del pop británico de los 80’s y 90’s, y he pasado un buen rato escuchando tópicos trufados con verdaderas gemas de The Cure, Suede o los hoy olvidadísimos Blur, que me gustaban en su época. En fin, un día de relax. Porque yo lo valgo.

Y aprovecharé la coyuntura de que cae en viernes para alargar las celebraciones, cual Reina Madre de Inglaterra, a todo el fin de semana. Y todavía tengo tiempo de escuchar unas cuantas veces más “Cumpleaños Total” de Los Planetas, al igual que antaño pinchaba en este día “I’m Eighteen” de Alice Cooper. Eso era cuando los 18 me quedaban más cerca.

No quisiera dejar de cerrar, sin embargo, con una reflexión que me hizo un amigo, no hace mucho, también, como yo, propenso a destilar una artificiosa trascendentalidad en cualquier conversación. Con 28 se es ya demasiado mayor como para tener ciertas actitudes (de jovencito descerebrado, entendí yo) pero demasiado joven para otras (como el ser un señor adulto). Ahí es nada.

Canciones:

Los Planetas: “Cumpleaños Total”
Guns n’ Roses: “Crash Diet”
Nacho Vegas & Christina Rosenvinge: “Un verano fatal”

12
Nov
07

USA Kar Tour 2007. Día 6: Lost Angels

Al final me doy cuenta de que no es posible moverse por L.A. sin coche. De modo que para hoy, contrato una pequeña excursión de una mañana en la que nos llevan a los puntos más significativos de la ciudad. La primera parada, muy cerca del Downtown es el Dorothy Chandler Pavilion, donde hasta hace poco se entregaban los oscars. Lo cierto es que sin alfombra roja, ni focos, ni estrellas, resulta de lo más anodino. Y sin duda, el Kodak Theatre tiene mejor situación, en pleno Hollywood Boulevard. De camino pasamos por la catedral de L.A., un horroroso edificio de Rafael Moneo, eso sí, obviamente con su parking con capacidad para cientos de coches. Está claro que ésta es una ciudad construida pensando en el desplazamiento en automóvil. Pero antes de convertirse en la enorme conurbación que veo, donde se incluyen entidades administrativas como Santa Monica o Beverly Hills, Los Angeles fue una colonia española, catalana, para más señas, fundada sobre una misión. Esta misión y un par de edificios más, pertenecientes todos a principios del siglo XVIII, se conservan de un modo muy pintoresco en medio de las moles de edificios del downtown, en un recinto que llaman “El Pueblo”. La visita no tiene mayor interés que la propia anécdota, los edificios están conservados tan artificialmente que parecen los decorados de Mexico de Port Aventura. De modo que sin mayor dilación, nos dirigimos a uno de mis objetivos del viaje, Hollywood Boulevard. Ok, te lo puedes tomar como algo decepcionante, o como algo mágico. Depende de con qué mentalidad vayas. Es evidente que en una avenida tan enorme como Hollywood Blv. resulta imposible mantener el sabor clásico. Incluso podría decirse que en algunos tramos se encuentra en una franca decadencia, lo cuál no deja de tener algo de atractivo. Por supuesto las míticas estrellas cubren las aceras, pero pierde su gracia cuando al lado de estrellas como John Barrymore o The Doors puedes ver estrellas como las de Chris Rock o Emilio Stefan. Es mejor, pues, fijarse en aquellos puntos que mantienen su encanto, bares y restaurantes que ya frecuentaban las estrellas del cine mudo, los primeros cines de la ciudad u hoteles como el Hollywood Roosevelt, donde en 1929 se entregaron los primeros premios Oscar de la historia.
Otra cosa es el Teatro Chino de Hollywood Boulevard. La propia fachada te transporta a lo que se dio a llamar “la magia del cine” y por supuesto, están las huellas, esta vez sí, de los más grandes. No puedo evitar el poner mis manos en las huellas de Dean Martin, de Al Pacino o del mismísimo Frank Sinatra. Y aunque ni siquiera este lugar está exento de concesiones a la comercialidad más actual (había, por ejemplo, una losa con las huellas de los críos actores de Harry Potter), resulta de lo más interesante del paseo. Porque luego está el Kodak Theatre, donde se hacen las galas de los Oscar en la actualidad, pero está carente de personalidad y el interés se centra en la propia mitomanía. Para que os hagáis una idea, al lado del teatro hay un centro comercial y a veces es difícil distinguir dónde acaba el centro y dónde comienza el teatro. Este centro incluye, no obstante, un mirador hacia el mítico cartel de Hollywood, que está la hostia de lejos, aunque en el cine dé otra sensación.

Homenaje al gran Frankie

La última parte de la visita tiene menos interés. Se trata de un tour por Beverly Hills, para ver las mansiones y los cochazos de lujo, y acabar en Rodeo Drive, cuyo único interés reside en alojar las tiendas más caras de la ciudad. Un aburrimiento, vamos. Nos vale, sin embargo, para acercarnos a la parte de Santa Monica, así que en tan sólo media hora de autobús (y eso, en esta ciudad, es muy poco), nos plantamos en una de las míticas playas angelinas. Lo más gracioso es pasear por esas playas que había visto tantas veces en “Los Vigilantes de la Playa”, serie de la que me declaro fan, por lo menos de las primeras temporadas. El día está soleado y aunque ya no hace época de baño, sí hay gente tomando el sol o paseando. Por supuesto, aprovecho para tomarme fotos en las casetas de los vigilantes y frente al mítico 4×4 amarillo. Y un buen paseo nos lleva a Venice Beach.

Venice Beach es de los pocos sitios de L.A. que conservan su aureola hippie. Los hippies siguen viviendo allí, como antaño lo hicieron los beatniks (como Charles Bukowsky), aunque se trata de una zona que se ha degradado bastante en los últimos 20 años. De hecho, te recomiendan que vayas y pasees, pero que te largues antes de que se ponga el sol. Entonces el paseo lo ocupan las bandas callejeras, principalmente de hispanos. Y efectivamente, durante el día las bandas están por ahí, pero se entremezclan con una amalgama de hippies de la vieja escuela, jóvenes hippies, homeless (alguno de ellos también muy joven), tipos que tocan la guitarra, otros los bongos, pintores callejeros, vendedores de chorradas y muchas tiendas de camisetas, recuerdos, ropa, y tonterías varias. Me compro un par de camisetas rollo vintage de Led Zeppelin y de Rolling Stones muy guapas. Y hacia el final, está el gimnasio al aire libre donde muchos culturistas entrenan, como lo hizo en su día Gobernator. En esta zona también se junta mucho freak callejero, como uno que suelen nombrar en Popular 1, por aparecer en la peli documental de Perry Farrell, quien vivía en este barrio, que por cierto, le pegaba completamente. El tipo se pasea con sus patines tocando una guitarra eléctrica, y tuve el pequeño privilegio de verle. Y acabo descansando un rato sobre la arena, donde se supone que una vez se encontraron Jim Morrison y Ray Manzarek, y este último se quedó flipado de uno de los poemas/canciones que le cantó Morrison, y donde le propuso juntarse para hacer música.

El freak más popular de Venice Beach

Tras una tarde de playa, decido reencontrarme con un viejo amigo, Amoeba Records. Efectivamente, también hay una sucursal en L.A., en el 6400 de Sunset Blv. Lamentablemente, el material de oferta no es tan tirado de precio como en San Francisco, ni tan potente. Aún así, salgo con 8 CD’s al triste precio de 32 $, aunque me sabe a poco, después de lo de Frisco. Al salir son ya las 21h y mi estómago me pide cena. Justo enfrente de Amoeba hay un restaurante de fast food de la cadena Jack In The Box. En realidad no es tan diferente del mardonals hispánico. Pero sí hay algo distinto. En JITB las hamburguesas son más grandes y más buenas. Y el precio, más barato que en los burguers españoles. Y no quisiera cerrar el tema comida sin alabar una costumbre americana que se debería importar ya: el bottom-less glass. Aquí no te dan la bebida, te dan el vaso y tú mismo vas al expendedor de coca-cola (o lo que sea) y te lo llenas. Y si a media comida se te acaba, pues te lo vuelves a llenar. Esto suele estar disponible en muchos restaurantes, sean cadenas de comida rápida o sean pequeños establecimientos.

La mejor cadena de hamburguesas de la costa oeste

Y si ya he comprado y ya he cenado, toca tomarse una copa. Me apetece algo tranquilo, de modo que esta noche me decanto por el Cat Club. El Cat Club es relativamente nuevo, se abrió en 1999, al lado del Wisky A Go-Go, y pertenece al batería de Stray Cats, Slim Jim Phantom. Una vez más, mi sorpresa llega al entrar y ver lo pequeño que es. Tres mesas, una barra, un mini-escenario, y ya está. Vamos, que la sala Mephisto de Barcelona es bastante más grande. Sin embargo, está decorado con mucho gusto y resulta un local con encanto. Tiene un toldo negro a la puerta, que está decorada con motivos de leopardo. Dentro, esas características llamas pintadas en la pared, típicas de decoración rockabilly, y unas fotos de rockstars, bien colocadas y bien enmarcadas, y asientos en rojo. En definitiva, buen gusto.

Altamente recomendable

Esta noche toca un tipo que hace un show acústico. La música me recuerda al Brian Adams de los 80’s y él se parece a Tyla pero con 20 años menos. No está mal. Los siguientes son una banda multirracial que hacen un estilo intentando acercarse a Tom Waits pero con sonoridades rollo Radiohead. En fin, poner esos referentes resulta casi insultante, ya que son un auténtico coñazo. Así que estos tipos precipitan mi vuelta al hotel y a la postre, mi despedida de L.A., dándome cuenta de que tengo que volver a este lugar. Tal vez oiréis que L.A. no es una ciudad bonita. Incluso escucharéis que “no vale nada”. Es evidente que no es un lugar para pasear. Pero una ciudad con una oferta tan brutal de experiencias, de mitomanía, de arte, de música, de bares, de tiendas, de restaurantes, de deportes, de playas, y todo eso por no hablar de las posibles excursiones al desierto, a las montañas, etc… en fin, que tengo que volver algún día.

Canciones:

La Frontera: “Judas el miserable”
John Lennon: “Working class hero”
ZZTop: “La Grange”

30
Oct
07

USA Kar Tour 2007. Día 5: L.A. is my lady

Temprano cojo un vuelo Las Vegas-LA y a media mañana llego a la ciudad de los ángeles. Y me siento totalmente excitado!! Es como estar en un escenario extraño, imaginado muchas veces. Por supuesto, no me importa la ciudad de Los Angeles real, sino la que yo siempre imaginé y mitifiqué, la de las películas, la del rock n’ roll, la de las fotos y la de las revistas. Nada más tomar la autovía del aeropuerto al hotel, ver esas vías de varios carriles, ese pabellón de los LA Lakers, esos carteles que anuncian un rodaje callejero del próximo coñazo de Will Smith y ese cartel de Hollywood al fondo, bueno, me siento realmente bien.
Me hago con un ejemplar gratuito de LA Weekly, para ver qué se cuece por aquí estos días. Definitivamente, no tengo suerte con los conciertos. En LA hay decenas, casi cientos de shows cada día, sin embargo nada de destacable interés. Morrissey toca 10 noches seguidas, pero de él sólo me interesa su material con The Smiths, así que paso. Una vez más, veo como por poco tengo que dejar escapar shows de QOTSA y The Black Crowes. En fin, ya me he resignado. Y aprovecho para localizar las direcciones de los clubs míticos de la ciudad, mi objetivo para esta noche. Por la tele veo que Britney Spears es la Pantoja de Estados Unidos. A todas horas hay programas en el que se debate y se da la última hora acerca de la situación de la Spears acerca de la posible retirada de la tutela de sus hijos. Para todos aquellos que hablan de la situación televisiva que hay en España con ciertos personajes del corazón, que sepan que siempre puede ser peor. El seguimiento obsesivo del affaire Spears en los medios resulta entre patético y divertido, depende de cómo te lo tomes.

Me mola su imagen punky

Pero antes, esta tarde tengo un pulso con LA, esta vez el real. Resulta que hay otro Outlet de estos gigantescos, y decidimos pasarnos por ahí antes de salir a cenar y tomar unas copas. Un error de visión típicamente europeo. Vemos que un autobús nos puede llevar, de modo que tomamos este autobús. Insisto, un error. LA es una ciudad diseñada absolutamente para los coches, y por su concepción y sus increíbles distancias, moverse en bus es complicado. Sin embargo, acaba resultando una experiencia. De entrada, te da una visión de cómo es la sociedad Angelina: el autobús sólo lo cogen los negros y sobretodo, los hispanos. De hecho, los paneles publicitarios dentro del autobús son en castellano, y los carteles (tipo “puerta de salida”) son bilingües. Durante bastante rato el autobús circula, y yo, que no sé dónde o cómo de lejos está mi parada de destino, comienzo a barruntar que está tardando mucho. Y en esos pensamientos me encuentro cuando veo que el autobús comienza a circular por unos barrios totalmente hispanos. Para que os hagáis una idea, el barrio es como el de la escena final de “Training Day”. Y sí, una vez más mi substrato a base de películas y TV me lleva a temer por mi integridad en un barrio en el que veo pobreza, pintadas y bandas callejeras. No es que tenga intención alguna de salir del autobús, pero, ¿y si me he equivocado? ¿y si el autobús tiene final en este barrio? Decidimos hablar castellano entre nosotros, claramente, para que se note que somos “de la rassa”. Afortunadamente el barrio hispano chungo se acaba. Durante un buen rato reconozco que lo he pasado mal.

Whisky A Go Go, la casa de The Doors

Como decía, mi interés para esa noche es ver algunos clubs del mítico Sunset Strip. El Sunset Strip (o Subset Boulevard) es una avenida con 10000 números. Insisto en que el concepto de distancias en LA no es el mismo que en Barcelona. Afortunadamente, la mayoría de los clubs míticos están relativamente cerca. Entre el 8800 y el 9200 están el Whisky A Go Go, el Viper Room, el Cat Club, el Key Club, el Rainbow y el Roxy Club. Vistas las programaciones, me decanto por el Whisky, así, de entrada. El taxi nos deja en la puerta, y al bajar, un tipo me dice si queremos entrar. Parece ser uno de los jefazos del club, tal vez el tal Mario que lo regenta. Le comento que vamos a cenar algo, pero que luego iremos. Y al llegar, tras haber cenado, el tipo nos reconoce y nos invita a entrar gratis. Lo primero que noto al ver el club por fuera es la sensación de estar viendo un pedazo de historia. No en vano, se fundó en 1964, y por aquí han pasado todos los grandes, desde The Doors, quienes fueron la banda “local” durante una temporada hasta los puntales de los 60’s (Love, Them, Jefferson Airplane, The Byrds, Led Zeppelín, o The Who), los punks (X, The Germs, Runaways), los hard rockers (Mötley Crüe, Guns n’ Roses) o los grunges (Soundgarden, Mudhoney). Sin embargo, al entrar, ves que el club es MUY pequeño. Para la gente de Barcelona, y por hacer un símil estúpido, el viejo Sr. Lobo o el Mephisto son de dimensiones parecidas. Hoy es lunes y hay poquita gente. De fondo suena el debut de Blind Melon mientras una banda local se prepara para tocar. Mientras tomo una cerveza me dedico a mirar el local y veo que tanta historia no está aprovechada. No hay mucha memorabilia, apenas una referencia a Jim Morrison y unas cuantas fotos mal puestas junto a la barra de abajo recuerdan la solera del lugar. No sé, si yo fuera dueño de un club con tanta historia, lo aprovecharía. A nivel de decoración, no se puede decir que sea un local “bonito”. La banda invitada comienza su show. Resulta ser un patético combo de rap metal con ciertas influencias de Red Hot Chili Peppers o Beastie Boys, aunque poner estos nombres cerca de esos fulanos es un sacrilegio. Se salva, no obstante, el guitarrista, que destaca entre tanto idiota saltarín que compone el grupo.

El Rainbow… la pinta es, cuanto menos, peculiar.

Enfrente se encuentra el Viper Room, local que entre otros, regenta Johnny Depp y que aunque hayan pasado ya 14 años, se sigue recordando que fue el lugar donde murió River Phoenix, de sobredosis. El local por fuera es todo negro, el público que hace cola, sin embargo, no parece muy rockero, y cuando se abre la puerta, suena algún tipo de música de baile. Lo mismo es la sesión que toca ese día, pero no me llama a entrar. Por arriba están el Key, el Roxy y el Cat Club. En muchos hay conciertos de esos en los que no se puede entrar sin entrada, en otros hay alguna banda local. Sin embargo, me apetece acabar la noche en el Rainbow, siguiendo con mi faceta más mitómana. El Rainbow Bar & Grill es un bar restaurante, de hecho, en el Whisky también sirven comidas, cosa que tal vez pueda chocar al visitante que se espere un bar de copas como los de por aquí. En fin, como es sabido, el Rainbow es un bar que frecuentaban los hard rockeros en los 80’s. Sin embargo, su historia se remonta mucho más allá. El bar perteneció en su época a Vincente Minelli, y allí se declaró a Judy Garland. Marilyn y Joe DiMaggio tuvieron algunas citas allí. La historiografía rockera comienza con esas fiestas que se montaban en el Rainbow los Led Zeppelín, Keith Moon de los Who o John Lennon en su etapa alcohólica. Y claro, los hard rockers y los heavy rockers. De hecho, al entrar, parece que el bar se ha quedado en 1988. El ambiente y la decoración está más lograda que el Whiskey, aunque lo que choca, es que es un bar. Un bar restaurante, con su barra, sus mesas, y sus comensales comiendo, entre fotos de Slash y WASP, eso sí. No hay barra y pista y escenario, como en el Whiskey. Hay una sala pequeña con un pequeño escenario arriba, pero nada. La parroquia allí congregada es peculiar. No olvidemos que es lunes. Entran hard rokers de la vieja escuela, ronda por ahí un personaje a medio camino entre Pedro Almodóvar y Elton John y varias representantes de la típica rubia oxigenada y siliconada de LA. La rubia de 1988 pero en 2007. Vamos, que no eran unas crías, precisamente. Y la música que suena, claro, es de esa época. Y si el Whisky me decepcionó un poco, el Rainbow, más que decepcionar, choca.

Pero claro, qué importa cómo son los sitios en realidad, cuando lo que importa es cómo los veo, como no importa cómo es LA, sino cómo es mi LA.

Canciones:

Lou Reed: “The Kids”
Cracker: “Euro Trash Girl”
R.E.M.: “I took your name”

06
Sep
07

Dossier: Retornos en el Rock (3)

Banda: New York Dolls
Final de carrera: 1977
Retorno: 2004
Bajas: Johnny Thunders (muerto en 1991), Arthur Kane (muerto en 2004), Jerry Nolan (muerto en 1992)
Disco tras retorno: One Day It Will Please Us To Remember Even This (2006)
Lo Mejor: Su vuelta, por inesperada. Y el haber grabado un muy buen disco de retorno.
Lo Peor: De momento, nada. Veremos.

Quién lo iba a decir, que los New York Dolls protagonizarían un retorno modélico. Quién lo iba a decir, que los New York Dolls volverían un cuarto de siglo después de su final. Y en gran medida, es responsabilidad de Morrissey, que ha resultado ser un gran fan de las muñecas y se empeñó en que volvieran, logrando convencer a los tres miembros que quedaban vivos, David Johansen, Sylvain Sylvain y Arthur Kane. Y tras una serie de conciertos, decidieron volver a la actividad. Lástima que Kane muriera ese mismo 2004. Pero la banda no se amilanó, y decidió seguir haciendo conciertos. Su caso es parecido al de los Stooges, ahora medio mundo del rock les cita, pero en su época eran un fenómeno limitado. En cualquiera de los casos, David Johansen y Sylvain Sylvain se mantienen en una forma aceptable (Iggy sólo hay uno en este mundo) y recuperaron su repertorio con garra, demostrando que el que tuvo, retuvo, a pesar de que ninguno de los dos mantuvo una carrera en solitario de cierta regularidad. Y como triple salto mortal , deciden grabar disco nuevo, “Day It Will Please Us To Remember Even This” (2006), con la ayuda del ex – Hanoi Rocks Sammy Yaffa, que para sorpresa de todos, mía la primera, es un muy buen disco. Digno de cualquier banda joven, demuestran calidad, feeling, pero también fuerza y ganas. Una gran excepción a estos discos “de retorno” que acaban por decepcionar. Y ahí siguen, sin hacer lo que se dice un tour mundial al uso, pero sí tocando allí donde les llaman y es un buen marco para la música de las muñecas. Otro retorno de chapeau.

De muñecas a abuelas.

Banda: Hanoi Rocks
Final de carrera: 1985
Retorno: 2002
Bajas: Nasty Suicide (retirado) , Sammi Yaffa (no quiso participar), Razzle (muerto en 1984)
Disco tras retorno: Twelve Shots On The Rocks (2002), Another Hostile Takeover (2005)
Lo Mejor: Juntar a Michael Monroe y a Andy McCoy… os parece poco?
Lo Peor: Por qué no está Sammy?

Este es un ejemplo de banda que estaba claro que iba a volver. Michael Monroe se encontraba en muy buena forma y Andy McCoy, aunque perjudicado, sigue siendo un artista a las seis cuerdas. Ambos habían mantenido una actividad en solitario acorde con los preceptos que sentaron en Hanoi y más o menos con regularidad. Además, si todos sus paisanos de los países escandinavos protagonizaban una suerte de revolución vikinga en el rock europeo, definitivamente, ese era su momento. De modo que tras discusiones, habladurías y correveidiles varios, finalmente el viejo Andy se juntó con su viejo colega Michael… y la magia volvió. Y el hecho de que ninguno de los dos se hubiera apartado del rock bajo la senda marcada por su banda primigenia, ha hecho que el volver a grabar discos bajo el nombre de Hanoi Rocks no provoque esa sensación de antinaturalidad que provocan ciertos discos de retorno de grupos que han estado parados y alejados de su sonoridad clásica durante años. No es pues, el caso de estos renovados Hanoi Rocks. Y sus dos discos nuevos, que ya llevan dos, sin ser piedras angulares de su discografía, son entre dignos y buenos. Y este 2007 preparan lanzamiento de otro trabajo. De modo que podemos ver que hay Hanoi para rato. Sólo una cosa… ¿cómo es posible que Sammi Yaffa prefiera tocar con New York Dolls que con sus compañeros de Hanoi? Y acabaré con un apunte cachondo. Yaffa no se ha apuntado al retorno, como tampoco lo hizo el guitarrista Nasty Suicide. Pero en el caso de este último, no es porque prefiera estar con otras bandas, sino porque se ha retirado del rock n’ roll, y ahora ejerce de… farmacéutico!!

Su presupuesto en maquillaje no ha bajado con los años

Banda: The Doors
Final de carrera: 1972
Retorno: 2002
Bajas: Jim Morrison (muerto en 1971), John Dendsmore (no quiso participar)
Disco tras retorno: ninguno
Lo Mejor: Contar con Ian Astbury como vocalista, sin duda, un acierto.
Lo Peor: Pues está por ver, el caso es que Astbury vuelve a su actividad con The Cult… así que veremos.

Marchando una de retornos inesperados. Y es que un retorno de los Doors suena, a priori, como si ahora David Ghrol y Krist Novoselic decidieran reformar Nirvana. Y es que retornar con los Doors significaba sustituir a Jim Morrison. Y eso es poco menos que imposible. Y si no, que se lo digan a los Doors restantes (Ray Manzareck, Robbie Krieger y John Dendsmore) quienes llegaron a grabar dos discos a la muerte de Morrison. Y aunque se especuló con tener a Iggy Pop como vocalista, al final fue el propio Manzareck quien se ocupó de las voces en “Other Voices” (1971) y “Full Circle” (1972), discos que significaron el fin de The Doors. El primer aviso lo dieron en la ceremonia de introducción de los puertas en el Rock N’ Roll Hall Of Fame, en 1993, cuando actuaron por vez primera en años, y entonces un Eddie Vedder en estado de gracia se hizo cargo de la voz. Y la cosa salió muy bien!. Vedder demostró que podía calzarse con dignidad las botas del Rey Lagarto. Claro, Eddie Vedder tenía su propia banda, Pearl Jam, y no iba a lanzarse a la aventura de ocupar un puesto tan difícil. Pero sentó un buen precedente. Tuvieron que pasar casi diez años para que se decidiera volver a la carretera. Y lo bueno fue que escogieron el mejor vocalista que podían haber escogido, Ian Astbury, de The Cult. Astbury es un tipo con carisma, un rockero de pies a cabeza, con una voz de barítono como el desaparecido Morrison, con los huevos suficientes como para no dejarse intimidar por la leyenda porque, diablos, él es una leyenda del rock de los 80’s y los 90’s (y lo que durará). Y porque en ningún momento ha tratado de imitar a Morrison, sino de cantar como Astbury. Por lo demás, Robbie Krieger, aunque muy envejecido, es un guitarrista de un feeling brutal y Ray Manzareck un virtuoso. Los problemas fueron legales. John Dendsmore no quiso apuntarse, y no sólo eso, anduvo jodiendo hasta que tuvieron que cambiar el nombre de The Doors of the 21st Century que usaban por el de Riders On The Storm, alegando que sin él ni Morrison, no eran los Doors. Al principio la batería la iba a ocupar el antiguo batería de The Police, Stewart Copeland. Éste, sin embargo, tuvo un pequeño accidente que le dejó unos meses fuera de juego y los Doors decidieron prescindir de él, en una decisión tan equivocada como extraña. El caso es que desde 2002 y hasta la actualidad, se dedican a girar Manzareck, Krieger y Astbury recuperando el espíritu de los Doors. Y cabe decir que con mucha dignidad. Y lo cierto es que tanto Manzareck como Krieger merecen este reconocimiento (dudo que sea por dinero, ya que mucho más dinero les dan los royalties), en una banda en la que se tiende a olvidar lo buen músico que era Ray Manzareck o el genio compositivo de Robbie Krieger en pos de una figura tan acaparadora de todas las atenciones como era Jim Morrison. Hay quien dice que no son muy diferentes de una banda de tributo convencional. Yo no lo veo así. Disfruté de su concierto en Barcelona hace un año y tacharles de “banda de tributo” es insultante. El problema viene ahora, ya que Ian Astbury vuelve a la actividad con su banda de siempre, The Cult,y deja a The Doors. Ahora deben mover ficha, y creo que lo mejor sería una digna retirada. Conseguir a un cantante nuevo que pueda ocupar el lugar de Jim Morrison y además sustituir a Ian Astbury es una tarea harto complicada. Y se habla de gente muy poco recomendable, aunque de momento todo son habladurías. Así que antes de que la caguen, lo mejor es dejarlo aquí.

Muy viejunos pero todavía con fuerzas. Ian Astbury es MUY grande

(CONTINUARÁ)

Canciones:

Guns n’ Roses: “Stranged”
Elvis Presley: “See see rider”
Robert Palmer: “Johnny & Mary”

17
Jul
07

Benidorm (y 2)

Mirad este logo. Seguro que os suena, ¿no?. Cuántos coches en toda la Celtiberia llevarán una pegatina similar….
Un clásico… como la manzana gay de Apple o el rombo de Renault
Parece vetusto, ¿no?. Parece algo del pasado. Pues eso pensaba yo. Pero no, señores, Penélope, la discoteca con logo de putiferio más famosa sigue existiendo. Cosas de la ignorancia acerca del mundo discotequero. Y para allá que me fuí. Ya había probado los bares del paseo de la playa, ahora tocaba el templo del baile, el house, el techno o lo que fuera aquello. Qué queréis que os diga, tenía curiosidad.

De entrada, lo que me chocó fue leer no sé donde que ese lugar se inauguró en 1968. En ese año los Stones publicaban Beggar’s Banquet, los Doors el Waiting for the Sun y Steppenwolf su fantástico disco homónimo. Me pregunto cómo debía ser aquello en 1968. Porque desde luego, cuarenta años más tarde es, cuanto menos, un sitio curioso. Por lo menos para mí, que no frecuento esos lugares. Por si acaso, me regalaron una camiseta en plan “yo estuve allí”. Ok, quizás regalar no sea el verbo más adecuado, cuando cobran 20 eurazos por entrada. Una vez allí, mucha gente, muy joven, espectáculos bastante cutres con go-go’s masculinos y femeninas y house sin parar. Lo cual tampoco estaba mal, es el único estilo que me gusta un poco de la música discotequera.

Sin embargo, la cosa era extraña. Hasta las cuatro o cuatro y media, todo el mundo estaba en la zona de la playa, y a esa hora subían corriendo hacia las macrodiscotecas. Claro, aquellos que no iban dopados, estaban reventados, pero haciendo competición de a ver quien aguantaba más tiempo. Pero el shock no tardaría en llegar. La entradita de marras era válida para tres macrodiscotecas que estaban una al lado de la otra: Penélope, Privilege y KM. Por supuesto, nos dedicamos a pasearnos por todas. Y, oh, sorpresa, en KM pinchaba DJ Neil. Por si alguien no sabe quién es ese patán, fijaos en la imagen:

diyei nil is in da jaus
Sí, es el fulano que hace los espacios informativo/publicitarios de Movistar. Y allí estaba, pinchando algo bastante machacón. KM es otra discoteca enorme pero que tiene una zona interior al aire libre. Y allí me acabó de noquear el asunto. En ese espacio se pinchaba lo que cuando tenía 14 años se conocía como makina. No sé el término exacto para aquello, pero creo que más o menos sabréis a qué me refiero. Bases electrónicas muy duras, muy machaconas, gente pasadísima y un déja vú a la época de las cazadoras Alpha (o incluso más atrás), con individuos saltando sincopadamente como si les fuera la vida en ello. Era más de lo que mi cuerpo podía aguantar. Como dato sintomático, antes de entrar había un gorila cacheando a todo el mundo. Y os juro que en ningún aeropuerto del mundo, y ya no digamos concierto, partido, o evento me habían cacheado de esa manera.

Así que allí decidí acabar con mi estudio de campo y volví a Penélope, que dentro de lo que cabe, era más normalito. Eso me pasa por meterme donde nadie me ha llamado. Mucho mejores los locales de la playa, definitivamente.

Y con eso concluye mi crónica levantina. De modo que cerraré con algunas conclusiones:

1.- Benidorm = caspa+alcohol+guiris+rascacielos destrozados+discotecas+playa
2.- The Look of Love de ABC puede ser un himno tan bueno como otro cualquiera.
3.- Quizás ya no tengo edad para ciertos lugares

Canciones:

The Walker Brothers: “The sun ain’t gonna shine anymore”
The Beach Boys: “Wouldn’t it be nice”
The Rolling Stones: “Out of time”

09
Jul
07

Diario de un rebelde

Hoy he vuelto a ver “Diario de un Rebelde” o “The Basketball Diaries”. Se trata de una película basada en el libro autobiográfico del poeta Jim Carroll, que se estrenó en 1996 y que protagonizaban Leonardo DiCaprio y Mark Whalberg, entre otros. No es una gran película, ni mucho menos. Pero guardo un buen recuerdo de ella. Porque la vi en su estreno, y escribí una suerte de reseña en el primer diario que tuve, el primer “blog” en papel, y desde entonces, durante muchos años me dedicaba, no sin cierta intermitencia, a garabatear cuadernos con textos, dibujos, y varias cosas más. Incluso algún que otro sonrojante poema. Un poco como hacía DiCaprio/Carroll en esa cinta. Así que ni que fuese por ello, forzosamente le tenía que guardar un cariño especial a la película. No hace mucho recuperé aquellos cuadernos de casa de mis padres. Y sabéis qué? Al contrario de lo que la memoria, traicionera ella, parece querer reflejar, me muestran hoy que aquello que me parecen años de felicidad absoluta, también eran años de dudas, de angustia adolescente, de ansiedad. Pero no es de eso de lo que quería hablar. Tal vez en otra ocasión traslade alguna de esas páginas aquí.

Hoy releo aquella reseña, y no puedo evitar ruborizarme:

“Diario de un Rebelde comienza según las expectativas que uno se hace, es decir, una historia juvenil (…) En este sentido, la primera media hora de la película es un buen entretenimiento y un ejercicio de identificación con el joven rebelde, deportista y literato Jim Carroll. Pero una vez desarrollada la presentación, el film se transforma en un drama de jóvenes drogadictos en Nueva York, con un estilo muy parecido al de los telefilmes de Antena 3, con muchos puntos de coincidencia. (…)”

Eso lo escribí aquella noche, la del viernes 5 de abril de 1996, viernes santo, concretamente. Llegaba eufórico de una tarde divertida con mi amigo Fluiss, en la que nos dedicamos, después de ver la película en el cine Pelayo, a comer frankfurts en un día en el que nuestras madres no preparaban carne en la comida. Con el paso del tiempo, es evidente que esa película me influenció, a la hora de plasmar lo que se me pasaba por la cabeza en un papel. Bueno, antes era papel. La película no me convenció mucho entonces, pese a la influencia del personaje. Y no me ha convencido hoy, pese a que ya conozco quién es Jim Carroll.

Y si embargo, algunos detalles son interesantes. Como ese Riders on the Storm que suena por ahí. Como ese Carroll haciendo lo que se relata en la canción de sus coetáneos Ramones “52nd & 3rd”. Como esa cachonda escena con las gemelas esas que luego protagonizarían una cutre serie que cada verano repetían, por las mañanas. Como ese papel de Michael Imperioli, que más tarde sería Chris Montisalti en Los Soprano.

Y sobretodo por la escena por la que la película adquiriría un cierto renombre, y que ya en 1996 me impactó. Me refiero a aquél viaje drogota en la que Carroll se ve a sí mismo, vestido de un negro paramilitar con abrigo largo, irrumpiendo en su escuela y disparando a sus compañeros de clase que se metían con él, y también a su profesor cura cabronazo. Os suena?? Los tarados que irrumpieron en el instituto de Columbine parecían intentar imitar tal escena. Y aunque por supuesto no es justificable en absoluto, no me extraña que les impactase la secuencia, como también me impactó a mí. Los desequilibrios mentales de cada uno son otro asunto. Y para que no se opine de algo que se desconoce, me he preocupado, en una búsqueda perpetua de la rigurosidad, de recortar la secuencia y colgarla en youtube… no creo que dure mucho antes de que cualquier mojigato la censure… en fin:

Canciones:

Daft Punk: “One more time”
AC/DC: “Girls got rythm”
Tesla: “All the young dudes”
04
Jun
07

Lunes

Si ahora me pongo a hablar de lo jodidos que son los lunes, probablemente no haré sino agarrarme a un tópico, y de los más cutres. Tal vez debería replantearme mi entrada y hablar de contracultura rebeldia entretenida, crear relatos de travestismo, o crear mi propio fotoblog colgando fotos del funeral de jim morrison o incluso fotos de la moda psycho, sea lo que sea lo que signifique. Seguro que de ese modo, como mínimo cuatro tipos estarían felices. Lo sé, me repito a menudo, esto de chequear las estadísticas de las palabras buscadas para acabar llegando a NDK es un pequeño vicio, y sin embargo os sorprendería saber que constantemente (si no cada día) alguien llega a NDK en busca de fotos del cadaver de jim morrison (o sucedáneos) y relatos de sexo más o menos extremo.

Pero no, hoy es lunes y la cosa va de hablar de este lunes, en el que, como me suele ocurrir, me ha costado horrores levantarme de la cama. Y no es que me tenga que pegar el gran madrugón. Pero suena el despertador, y lo paro, sencillamente, con la total conciencia de que, probablemente llegaré tarde. 20 minutos más tarde me incorporo de una mala leche tal que me alegro que nadie tenga que compartir mis despertares. La cosa es así, hay personas que están más despiertas por la mañana, otras lo están por la noche. Yo soy de esos últimos. Y no se trata de una sentencia para simular un crapulismo que no me pega. Pero es así, las mañanas se me hacen cuesta arriba. No me gusta hablar con nadie, tan sólo espabilarme, afeitarme y darme una ducha y tener cansinamente las noticias de la radio de fondo. En el coche igual, rara vez pongo música a esas horas, simplemente me dejo llevar por el soniquete monótono de las declaraciones incendiarias y las subidas de los tipos de interés en un marco preocupante para los parquets europeos.

– A ver, chico del futuro, quién es el presidente de los Estados Unidos en 1985?
– Eh, Ronald Reagan
– Ronald Reagan??!! El actor??!! Ja!! (…)
(Regreso al Futuro, de Robert Zemeckis, 1985)

Cuando me pongo música a primera hora de la mañana, eso es que, por alguna razón, estoy especialmente de buen humor. No por nada en especial. Simplemente surge. Aunque suele pasarme los viernes, claro. Entonces, sea viernes o no, me paso toda la mañana tarareando lo que me haya puesto, preferentemente algo hard-rockero, o simplemente cañero. Vamos, que no se me ocurre ponerme a Anthony and the Johnsons a las 8 de la mañana.

Hoy escucho que Vladimir Putin amenaza con situar de nuevo misiles apuntando a Europa, y de nuevo oigo hablar de guerra fría, y de “los americanos y los rusos”, y de repente me traslada a cuando yo hacía segundo o tercero de EGB, y se hablaba del concepto de la guerra de las galaxias, y a mí me parecía que Reagan tenía que ser una especie de Darth Vader. Del ruso de entonces no recuerdo nada, y no sé si ya era Gorvachov o no. Pero sí me acuerdo de Gadaffi, uno que era el malo de turno, pero que para mi mente infantil no era más que un personaje de la tele, de esa película que se montaban los mayores, pero que en mi vida, en el cole, en la placeta donde jugaba, era tan cercano y tan real como los personajes de John Wayne en la peli de los sábados. Y las declaraciones de Putin me han recordado que en el fondo, no estoy tan lejos de esa época que ahora se me antoja lejanísima.

Canciones:

The Beatles: “Baby, it’s you”
Smashing Pumpkins: “Muzzle”
Billy Idol: “White Wedding”




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