Archive for the 'sexo…drojas…y wakanrol' Category



08
Jun
08

Viaje a NYC. Día 3: Greenwich Village, East Village y Lower East Side

Hoy es sábado y definitivamente el ambiente de la ciudad ha cambiado por completo. Nada de agobios, nada de cláxons, nada de gentíos por las aceras. Algunos establecimientos de la zona, de esos que venden café y bollos, incluso se permiten el lujo de cerrar esta mañana. Vuelvo a desayunar en el Starbucks de la esquina, en un proceso de creación de rutinas adaptadas al espacio, y salimos a la ciudad. Lo bueno del Hotel Deauville es que está en una zona muy céntrica de todo. Hoy tengo previsto visitar el Village (Greenwich y East) y echando un paseíto puedo llegar a Union Square, donde comienzan esos distritos.
Llegados a Union Square, vemos que hay instalado una suerte de mercadillo de productos «naturales», los grangeros de las zonas montan unos puestecillos donde venden lana, carne de ovino, quesos artesanos, pan, hortalizas, y donde no faltan, claro, puestecillos de alaborios hippiosos. La gente pasea encantada y consume lechugas que extrañanamente para ellos no están cortadas y envasadas en bolsas de plástico, sino que están tal cual. Bajando de Union Square el aspecto de la ciudad ya cambia. En la zona más al norte, hay más oficinas. En esta zona hay gente viviendo, todo son bloques de apartamentos con la clásica entrada con unas escaleritas y las inevitables escaleras de emergencia en las fachadas. Las calles se estrechan y hay árboles, lo que le da un aire más amable.

Terracita al sol

El distrito del East Village es la zona más bohemia: el punk, los filósofos, la clase obrera y los «posers» circulan por esta zona, que tiene su epicentro en la calle St. Mark’s Place. Supongo que por ser sábado, en la 3ª Avenida hay montado otro mercadillo, éste más «al uso», con sus puestecillos inevitables de comida (libanesa, colombiana, china/oriental,…), de ropa, de imitaciones de gafas y cinturones, y muchos puestos de camisetas, algunas de ellas muy molonas, porque será un mercadillo, sí, pero estamos en la «zona alternativa». Un chico tiene un puestecillo donde vende camisetas que diseña él mismo, con motivos rockeros, y lo cierto es que tiene algunos modelos muy guapos.

Fachada de la portada del Physical Graffiti… el viejo de atrás no estaba allí!! y se parece sospechosamente a Aleister Crowley!!

Como decía, St. Mark’s Place es La Calle. Es una calle agrable con ese diseño de edificios tan típicamente neoyorkino, y donde se apiñan tiendas y locales entre lo alternativo y lo «trendy», algunos de ellos con terraza al exterior, por lo que veo, algo poco común por esta ciudad. Al principio de la calle se encuentra la tienda de ropa Trash & Vaudeville, el mejor sitio para poder comprarse unos pantalones de vinilo, pero extrañamente está cerrada. No sé si por ser sábado (??) o para siempre. Hay unos bares y unas tiendas de discos, y muchas tiendas de camisetas, muñequeras, gorras, colgantes y demás memorabilias. Lo de las camisetas comienza a ser preocupante, hay modelos muy interesantes!! Son las doce y el cuerpo nos pide descanso, de modo que aprovechamos para un alto en el camino en la terraza de un bar de comida marroquí, de lo más moderniqui y «cool». Pero un refresco fresquito y unos aperitivos morancos en esa terraza bajo un sol espectacular, y uno piensa que la felicidad, si existe, está en esos pequeños momentos. Cuando giro la cabeza veo en la acera de enfrente una fachada que me resulta familiar… se trata, ni más, ni menos, que la fachada que ilustra la portada del Physical Graffiti de Led Zeppelin!! Por supuesto, me emociono y no puedo evitar tomarme una foto en ese lugar, con la sensación de que a la que me descuido, me pierdo un detalle de ese lugar en el que se respira un ambiente muy rockero.

La foto no es mía, es de un tal threepunchstuff

Siguiendo la calle, acabas llegando al Tompkins Sq. Park, y a la esquina, un graffitti muy bonito de homenaje a Joe Strummer (suma y sigue) y bajando hacia Lowe East Side vemos como el ambiente comienza a degradarse un poquito, si bien, por lo visto, durante la noche los bares de la zona son más que recomendables. Seguimos de camino a Bleecker st. donde por lo que me han dicho, hay una tienda de discos interesante. Muy cerquita me encuentro con una suerte de tienda/galería fotográfica llamada Morrison Hotel, con un toldo con la misma tipografía de letra del disco original, que exhibe para su venta bonitas fotos enmarcadas de Sid Vicious o de Led Zeppelin. Y a su lado, una curiosa tienda, lo siento, no recuerdo el nombre. Las paredes llenas de iconografía rockera (fotos, carteles de conciertos), y unas cubetas con vinilos de segunda mano a precios realmente indecentes, aunque el material es potente. Pero lo curioso es la sección de ropa y complementos. Venden ropa vintage, tejanos, botas, cinturones, chaquetas de cuero, camisetas. Y si los vinilos estaban a precios indecentes, lo de la ropa es algo insultante. Eso sí, está puesto todo con muy buen gusto, como si más que vender quisieran exponer el género en una suerte de exposición rockera. Tengo la osadía de pararme en la parte de las camisetas, y veo una muy sencillita, blanca, con una estampación de la portada del «Talk Is Cheap» de Keith Richards… a unos 150$!!! Es decir, cien euracos por una camiseta mierdosa que tiene 20 años y que cualquiera se puede hacer escaneando la portadita de marras e imprimiéndola en cualquier copistería sobre una camiseta guarruna… me doy cuenta de que he entrado en la tienda de los niños bien de la ciudad, donde los pijitos que ahora siguen la moda rockera compran sus trapitos. Ok, muy bonito, pero no es para mí. Un paseíto por la tienda Other Music, que en efecto tiene muy buen material, me muestra la cara más dura del rock en la ciudad: como ahora está de moda, se paga.

De vuelta a St. Mark’s Place, me compro dos camisetas muy molonas en el puestecillo del mercadillo que os comentaba antes, y me doy cuenta de que el dinero comienza a escasear y me quedan tres días en la ciudad. Hay que comenzar a prescindir de lo prescindible. ¿Y qué es lo prescindible? Pues está claro… comer!! A partir de hoy, mi dieta será de McDonald’s, donde por 15$ comemos dos. No es lo más sano del mundo, pero me permite pasearme por una tienda con un montón de CD’s de segunda mano a precios ridículos, regentada por un chaval con un aspecto de punk clásico, y claro, unos cuantos CD’s sí que caen.

Tengo una conocida que tiene una peluquería, y siempre le interesan el tema de las tendencias, y todas esas cosas. Pues bien, a su pregunta de qué tendencias se ven como «de moda» en NY, la respuesta es muy clara: que se alquile el vídeo de «Buscando a Susan desesperadamente». La moda de primeros/mediados 80’s es la que más se ve en la ciudad, esa y el after-punk, todo muy ochentero en general.

El mítico Fillmore East

Por la noche había un plan de ver a Detroit Cobras y a X en el Fillmore, local que, por cierto, y como suele pasarme con estos sitios míticos, me pareció pequeño, y casi diría que cutre. Pero claro, mi reajuste económico me lleva a plantearme que tal vez pagar esos tickets para ver un show de teloneros de los Cobras y un concierto de X que no me interesa demasiado, no resulta buena idea. De modo que prefiero reinvertirlos en los bares del Lower East Side. Se trata de la una de las zonas más genuínamente punk de la ciudad actual, y los bares se amontonan. No todo es punk, en alguno tocan un rollo folkie, y en otros, simplemente rock. Acabo en el bar Pianos. Se trata de una antigua tienda de pianos a la que consideraron no era necesario cambiar el cartel. Está muy bien, tienes opción de tomar unas copas y disfrutar del DJ que pincha rock, desde Pixies hasta Rolling Stones, o pasar a un reservado donde toca una banda local. El ambiente por la zona es muy majo, y también de subida, por St. Mark’s Place, donde las tiendas siguen abiertas. Definitivamente, un gran día!!!

Canciones:

Placebo: «This Picture»
Tom Petty & The Heartbreakers: «The Waiting»
Rumble Strips: «Girls and boys in love»

08
May
08

Hamburgo

El otro día estaba viendo el primer capítulo de la serie de documentales The Beatles Anthology, una verdadera delicia para cualquier fan, y me trajo a la cabeza recuerdos. Recuerdos debido a la narración de la etapa en que los Beatles, antes de ser ese monstruo mediático pop en que se convirtieron con la salida del single «Please, please me», pasaron tocando en los tugurios de Hamburgo. Y recordé esa ciudad. Diablos, una gran ciudad!!
Hamburgo probablemente carezca de la fama y el prestigio de otras grandes ciudades europeas en general y alemanas en particular. No tiene esa aureola cool de Berlín, ni cuenta con la fama de Munich y su Oktoberfest. Ni falta que le hace. Hamburgo es una ciudad muy peculiar, de contraste entre una mentalidad cerril y cuadriculada más típicamente alemana combinada con un golferío y una fiesta como probablemente no haya en el resto del país. Y es que Hamburgo es el puerto más importante del país. Y eso, quieras que no, marca.

The Beatles en Hamburgo… gran imagen para un grupo… unos rockers!!

Aunque no limita con el mar, está a orillas del Elba en su desembocadura, que es totalmente navegable por todo tipo de barcos grandes. Claro, donde hay un gran puerto, hay muchos marineros. Y donde hay muchos marineros, hay tabernas, bares, alcohol (y otras cositas) y prostitución a mansalva. En ese sentido, en Hamburgo se respira un ambiente liberal en aspectos de sexo. Hamburgo es una ciudad repleta de sex-shops, abiertos 24 horas al día, bares de striptease y prostitutas. Ahora es muy fácil, Alemania legalizó la prostitución hace cosa de un par de años, o algo así. Pero cuando yo anduve por ahí, no os creáis que esos negocios eran una cosa de tapadillo.

Hamburgo es ante todo también una ciudad industrial. Durante unos cuatro años trabajé en una empresa con sede en esa ciudad, y por lo tanto, varias veces al año viajaba hacia allí. Y me gustaba ese aire canallesco de su zona portuaria y también de su barrio tabernero por excelencia: St. Pauli. Cruzado por su arteria principal, Reeperbahn, allí es donde se concentra todo su romanticismo marinero, hablando en plata, un barrio repleto de tabernas, discotecas, teatros, bares y sí, lo habéis adivinado, también sex-shops, locales de striptease y prostíbulos. Manteniendo su aspecto algo sórdido, pero sin llegar a resultar desagradable o poco recomendable andar por ahí. Desde luego, hay putas, borrachos, homeless y freaks varios, pero también cientos de miles de alemanes con ganas de beber y pasárselo bien.

Reeperbahn

Hamburgo es una ciudad que como casi toda Alemania cuenta con clubes techno, pero también es una ciudad que rockea. No en vano los Beatles, como muchos otros grupos británicos de primeros de los 60’s, curtieron su estilo tocando duro para los marineros en locales como el Club Kaiserkeller. Así, discotecas y pubs que pinchan rock todavía abundan por la zona. Recuerdo una noche de fiesta con otros compañeros españoles, bailando y cantando «Entre dos tierras» de Héroes del Silencio como si nos fuera la vida en ello, en un estúpido instinto de patriotismo estúpido, por aquello de que Zaragoza está más cerca de Barcelona, por aquello de entender algo en esa noche sin tener que pensar en inglés. Una buena noche. Después, un tentempié de madrugada en alguno de los inevitables e innumerables locales de comida turca, y a dormir, que el sol sale antes en esa zona.

En fin, cuando se viaja a Alemania muchas veces se piensa en los clásicos, Berlin, Munich, Colonia, Frankfurt… mi recomendación es no dejar pasar unos días en Hamburgo, poder ver una ciudad renacida de sus cenizas (no en vano la 2ª Guerra Mundial destrozó el 70% de la ciudad) y disfrutar de algunas noches de diversión.

Canciones:

The Beatles: «Twist & Shout»
Scorpions: «Rock you like a hurricane»
R.E.M. : «Sing for the submarine»

03
May
08

La Ruta del Bakalao

Me he quedado sorprendido cuando este mediodía he visto en la tele, en las noticias, una mención al lanzamiento de un DVD que conmemora el 25 aniversario de la llamada Ruta del Bakalao, en la que salían personajes como Bunbury o Loquillo.

VEAN, VEAN

Fijáos que Bunbury, que va hecho todo un piratón con su sombrerito de cuando me disfracé de corsario en el carnaval ’86, dice específicamente: «(…) era el lugar donde a todos los aficionados a ese tipo de música nos apetecía ir (…)»

Para mí, que crecí y guardo mi mayor substrato musical en los 90’s, el término Ruta del Bakalao es totalmente peyorativo y asociado a una serie de gente totalmente opuesta a mis gustos, a nengs de castefa pero en real (es decir, que ya no hacen gracia). Sorprenden, entonces, las palabras de Bunbury. Y no, no creáis que ahora haré un alegato del rock como una música en estado superior y que toda la música electrónica y/o de baile es basura, y tal… en fin, ya lo he comentado algunas veces que determinada música electrónica, de baile, techno, house o lo que diablos sea en determinadas ocasiones, me gusta, y que buenos ratos he pasado no sólo en discotecas rockeras sino también en discotecas de música electrónica. Pero aquello, por lo menos visto desde la óptica de 1993-1994-1995 era algo horroroso, hablo de los años en los que se popularizó el término Bakalao y el término Máquina.

Por lo que he ido leyendo a lo largo del tiempo, la llamada Ruta del Bakalao no es un fenómeno de finales de los 80’s y (sobretodo) primeros de los 90’s, si bien es cierto que fue a principios de los 90’s cuando adquirió mayor popularidad. La cosa va de más antiguo, y mis primeras sorpresas llegaron al leer declaraciones de disc-jockeys que decían pinchar, al principio, cosas como Depeche Mode, The Cure, Joy Division, Sigue Sigue Sputnik, Generation X y Billy Idol, Simple Minds, New Order o The Cramps. Vamos, un abanico que huía de los ritmos funk de las boîtes setenteras y se metían en terrenos de pop y techno, pero también de rock, de after-punk o con aires góticos. Ahí ya me cuadra más la declaración de Bunbury, quien fue un gran seguidor de muchas de estas bandas y algunas de ellas influenciaron mucho a los Héroes del Silencio.


Bunbury dirá lo que quiera, pero para mí la Ruta del Bakalao es esto, y no The Cult y New Order

Todo depende de cómo lo quieran pintar. Las declaraciones de los DJ’s de la época hablaban de una suerte de hermandad entre rockeros, punkies, góticos y amantes del techno. Probablemente la cosa no fuese tan bucólica como se narra. Y al final, todos conocemos la historia y la lacra musical que auspició la dichosa ruta.

Supongo que el amigo Enrique se refería a esas primeras épocas cuando expresaba su interés. Si no, las cosas ya no las acabo de comprender. Tratándose de Bunbury, todo puede ser. Si es que el eclecticismo musical es algo a todas luces sobrevalorado.

Canciones:

Counting Crows: «Cowboys»
Beastie Boys: «Sabotage»
Europe: «Rock the night»

07
Abr
08

The Beach Boys (1)

Llevo una temporada obsesionado por la música de los Beach Boys. Sin saber por qué, de repente me ha dado por repescar su material. Resulta una evidencia que hoy en día a los Beach Boys se les recuerda, generalmente, como un grupete de jóvenes que a principios de los 60’s hacían alegres canciones surf sobre playas, olas, coches, chicas y diversión. Esa es la primera imagen que aparece cuando se menciona este nombre. Esa, o la de un Mike Love con pinta de pureta horterilla, con una gorra de beisbol perenne y una camisa hawaiana, que es, a la postre, la imagen de la banda de los 80’s en adelante. Popularmente no es conocida esa etapa en la que los Beach Boys hicieron sombra a los mismísimos Beatles (y a The Byrds, y a Love, y a …) en el trono del pop. Poco importa, está claro que los Beach Boys y Brian Wilson en particular marcaron un hito casi insuperable en su etapa Pet Sounds-Good Vibrations-Smaley Smile, y es una verdadera tragedia para la música que Wilson se hundiera en su miseria lisérgica y psicológica cuando estaban en la verdadera cúspide.
La historia es más o menos conocida. En 1961 se crea la banda, formada por los hermanos Brian, Carl y Dennis Wilson, un primo suyo, Mike Love y un amigo, Al Jardine. El señor Wilson padre, músico frustrado, vio un filón en sus retoños, capaces de combinar unas armonías vocales que bebían del emergente pop y doo-woop que tenía por tótem a Phil Spector con la energía del rock n’ roll. Para darle más personalidad a la cosa, bebían de las fuentes del emergente surf rock. Aunque popularmente se les relaciona con el movimiento, The Beach Boys no eran exactamente un grupo de Surf Rock como lo podrían ser The Ventures, Surfaris, Jan & Dean o Dick Dale & his Dale-tones. Papá Wilson no era precisamente un padre amoroso, le daba al alpiste cosa mala y más de una yoya se llevaron sus hijos, y si no que se lo digan a Brian Wilson, quien se quedó sordo de un oído a causa de una de sus palizas.

De izquierda a derecha: Dennis Wilson, Al Jardine, Brian Wilson, Carl Wilson, Mike Love

Entre 1962 y 1965 grabaron la friolera de 10 LP’s, con muchos de sus clásicos por los que se les conocería toda la vida: Surfin’ Safari, Surfin’ USA, Surfer Girl, California Girls, Help Me Rhonda, Barbara Ann, … una discografía aclaparadora que además mostraba su capacidad para realizar versiones de clásicos (Then She Kissed Me, Why Do Fools Fall In Love, …). Esta es la etapa que todo el mundo tiene en mente. Lo curioso del tema es que los Beach Boys no eran surfers. El único que realmente amaba la playa y el surf era Dennis Wilson, el más carismático de los hermanos, si bien también considerado el que menos talento musical tenía. Para cerrar la historia con una paradoja, Dennis Wilson murió en 1983, accidentalmente, ahogado cuando practicaba buceo, de una manera bastante estúpida (desde la barca de un amigo, lanzaba objetos que luego bajaba al fondo a recuperar). Carl Wilson era el que tenía mejor voz, además suya es la voz aguda tan característica de sus armonías vocales. Pero sin duda alguna, el talento de la banda estaba en manos de un tipo tan genial como desequilibrado, Brian Wilson. Y debido a su carácter retraído, se complementaba muy bien con Mike Love, auténtico showman de la banda, capaz de darle la vuelta a las composiciones de Brian Wilson y dotarlas de una pátina de optimismo y diversión.

Por su visión más avanzada de la música de la banda, Brian Wilson era el que más chocaba con su padre. De hecho, en su autobiografía “Wouldn’t it be nice”, papá Wilson no sale muy bien parado. Como anécdota de la primera época cabe señalar el hecho de que Chuck Berry reclamó los derechos de “Surfin’ USA” por considerarlo un plagio de su “Sweet Little Sixteen”. No estoy yo por la labor de considerar si tenía razón o no, desde luego las composiciones son sospechosamente parecidas, pero el caso es que papá Wilson le cedió esos derechos, no sólo de la música sino también de las letras, lo cuál es totalmente absurdo. Todo eso sin decirle nada a su hijo Brian, compositor del tema, quien estuvo 25 años sin saber nada al respecto.

Portada de su obra cumbre

Los Beach Boys se habían convertido en un grupo tremendamente popular, en el grupo de América. Brian Wilson, sin embargo, no era una persona que disfrutara de la vida de músico, girando sin parar, de hecho, era Mike Love quien llevaba el peso en los conciertos. Ya en 1964 dio el primer aviso, y se negó a llevar ese ritmo de giras. Brian Wilson sólo participaría en algunos conciertos, pero para completar sus partes en las giras maratonianas, contrataron a un músico que se había creado cierto bagaje en la escena californiana, Bruce Johnston. Johnston estaría en la banda como miembro más o menos fijo hasta los 80’s.

Estaba claro que Brian Wilson quería llevar más allá la música de la banda. Dar un paso adelante y alejarse de las canciones de surf pop rock. De hecho, Wilson, quien con 21 años ya ejercía de productor, estaba muy interesado tanto en los experimentos de su adorado Phil Spector como en la nueva música que venía de Inglaterra con unos Beatles que habían logrado evolucionar. Aunque fans como Keith Moon de The Who jamás se lo perdonaron, la idea que tenía en mente Brian Wilson era tirar hacia el pop. Brian Wilson se había convertido en el cerebro y principal compositor. Sin embargo, no se puede decir que fuera un tipo equilibrado. Con tendencia a la depresión y a la paranoia autodestructiva, sólo le faltó entrar en contacto con las sustancias psicotrópicas. La cosa fue del siguiente modo: Cuando Brian Wilson escuchó el álbum Rubber Soul en el que los Beatles daban un paso alejándose de las alegres melodías pop-rock, se dio cuenta de que eso era lo que él quería para su banda. Y decidió experimentar al máximo, dando rienda suelta a sus instintos, lanzarse a la época psicodélica, buscar su propio Rubber Soul. El resultado es Pet Sounds, de 1966, el mejor disco de los Beach Boys y uno de los mejores discos de la historia. Esa evolución, sin embargo, no fue una cosa que sus compañeros de grupo acabaran de entender. De hecho, el nombre de Pet Sounds viene de una broma con mala uva que Mike Love le comentó a Brian Wilson, diciendo que esas tomas “raras” que grababan parecían música para perros. Brian, por su parte, recuerda esa época con algo de mosqueo. Declaró que “los beach boys sólo le querían para escribir canciones como churros”. El caso es que en Pet Sounds no hay ni rastro de surf pop rock. Es un pop psicodélico en el que Brian vació su alma. Experimentó con instrumentos, tempos, temáticas y armonías. Jamás las voces de los Beach Boys sonaron tan bien.

Foto promocional… no busquéis, no aparece Brian Wilson. El de la perilla es Bruce Johnston.

Temas como “God Only Knows”, “I know there’s an answer” o “Sloop John B.” rubrican uno de los hitos del pop de los 60’s. Una canción como “You still believe in me”, con esos timbres y bocinas de bicicleta como parte de la instrumentación es pieza clave para entender cómo habían cambiado las cosas.

CONTINUARÁ

Canciones:

The Beach Boys: «Surfin’ Safari»
The Beach Boys: «California Girls»
The Beach Boys: «You still believe in me»

03
Abr
08

Charles Manson

Hace unos días saltaba a la prensa un hallazgo de lo que parecen ser varias tumbas en un rancho que fue propiedad de Charles Manson, Barker Ranch. Todo parece indicar que se trata de sepulturas de varias víctimas más de Charles Manson. Lo más curioso del tema es, no obstante, la popularidad que aún hoy, cuando se cumplen 40 años de su más terrible acción, sigue manteniendo Manson y cómo su figura todavía produce repulsión y atracción a la vez.

La historia es de sobras conocida por todos, y hoy en día Charles Manson cumple cadena perpetua en un penal de California tras la abolición de la pena de muerte en el estado de California, ya que le esperaba la cámara de gas. Cuenta en la actualidad con 73 años y tiene el extraño privilegio de ser el único psicópata que cumple condena sin haberse ensuciado las manos de sangre… porque recordemos que Manson no perpetró sus crímenes sino que indujo a su “familia” ha llevarlos a cabo.

De alguna manera, la figura de Charles Manson siempre ha estado ligada al rock. Por varias razones. Él mismo era un cantante y músico frustrado. Sus grabaciones se recogieron en un disco titulado “Lie: The Love & Terror Cult” que salió a la luz durante el juicio del 69. Las luces y sombras, está claro, planean sobre todo lo que rodea a Manson. La versión más aceptada fue que de alguna manera, el Beach Boy Dennis Wilson, quien tuvo un contacto bastante cercano con Charles Manson en esa época, fue quien produjo y pagó las sesiones de estudio de ese disco. Otras habladurías hablan de que no fue Dennis quien produjo, sino sus hermanos Brian y Carl Wilson. Lo dicho, no hay nada claro y nadie, desde luego, quiere reconocer haber tenido más contacto con el monstruo del que es evidente.

Su frente hoy en día está decorada con una esvástica tatuada.
No parece ser que el mundo haya perdido un músico excepcional al encerrar a Charles Manson entre rejas, yo al menos no he tenido oportunidad de escuchar su disco. Hay que decir que el estado de California prohíbe que el autor se lleve ni un centavo de los royalties de las ventas de ese disco que, mira por donde, no han cesado de crecer desde entonces. Todavía recuerdo haberlo visto en alguna cubeta de la desaparecida y mitiquísima Virgin Megastore de Barcelona. Sin embargo, hay algunos detalles cuanto menos llamativos. Los propios Beach Boys grabaron una de las canciones compuestas por Manson. Se trata de un tema llamado “Cease to Exist” y que los chicos de la playa grabaron como “Never learn not to love”, cambiando la letra y tapando un poco el asunto.

El caso es que en 1994 los Guns n’ Roses grabaron una de esas canciones como un track escondido al final de su disco “The Spaghetti Incident?” (disco a reivindicar, desde luego). Claro, era 1994, los Guns n’ Roses todavía eran la banda más grande de la escena del rock n’ roll y de repente les da por hacer una versión de un tema compuesto por un asesino. La polémica, una vez más les acompañó. Pero diablos… me encanta esa canción!! Tiene una, digamos, belleza inquietante. Por lo menos la versión gunner, de la que podéis dar buena cuenta.

Ojito a ese final con un Axl diciendo “aaah, thanks, Charlie”. Axl, un provocador nato. Y es que la imagen de Axl con una camiseta con la cara de Charles Manson es otra de las imágenes de los 90’s. Marilyn Manson es otro que parece tener algún tipo de interés obvio por la figura de Charles Manson, actitudes que escandalizan a mucha gente. ¿Qué tiene Charles Manson que atrae? ¿O mejor dicho, qué tiene Manson que no pudiera tener cualquier otro psicópata? ¿Tal vez sea su carrera musical? ¿Tal vez que en su época representaba algo así como el lado oscuro del hippismo? ¿sus contactos con Wilson y algunos miembros de la industria musical californiana? Siempre se ha comentado que los asesinatos de la Familia Manson acabaron con el sueño hippie, lo cual no deja de ser una tontería, el sueño hippie, si alguna vez existió, no se lo cargó Manson. O no sólo él. En fin, lo paradójico del tema es que, 4 décadas más tarde, todavía llena páginas y páginas.

Canciones:

Fun Lovin’ Criminals: «We’re all very worried about you»
Counting Crows: «Come Around»
Helicopter Girl: «Angel City»

26
Mar
08

Bóveda

Me lo comentaba una amiga hace unos meses, y la verdad es que me dejó frío. “Han cerrado el Bóveda”, me dijo. No hace mucho pasé por ahí. No sólo la han cerrado, sino que en el lugar donde se erigía, ahora hay solamente un solar, pasto de la especulación inmisericorde que reina en la Barcelona del siglo XXI. Y es que si hace un año dedicaba una entrada a la mítica discoteca Sr. Lobo, es de justicia que haga lo propio con otra discoteca como era Bóveda.
Ok, reconozco que Bóveda carece de la mitología urbana de Sr. Lobo, lo suyo fue siempre más humilde en este sentido. Pero también más perenne. Y su cierre ha sido, lo reconozco, una sorpresa. Como también reconozco que hacía como un lustro que no traspasaba sus puertas. Bien, probablemente carezca de anécdotas (ciertas o falsas) tan jugosas como las del Sr. Lobo, pero en tanto que fui bastante a ese sitio, sobretodo cuando empezaba a salir, no deja de tener unas significaciones subjetivas que evocan en mi memoria personas y situaciones, y dibujan media sonrisa en mi cara.

Epicentro del grunge de bolsillo de Barcelona

La primera vez que fui a Bóveda fue cuando yo tendría unos 16 años. No me extenderé en explicar el contexto de la situación (musical, social, moda, …), cosa que ya hice en la entrada correspondiente a Sr. Lobo . Recordar simplemente que Bóveda era una de las discotecas del Poblenou barcelonés que acogieron a cientos de chavales con tendencias grunchis. Sí que es cierto que fue la primera discoteca a la que fui que no era un templo makinero. Mis primeras incursiones en discotecas y otros antros de fiesta estaban motivados, obviamente, por la búsqueda urgente de contacto con el sexo opuesto, de modo que fui dos o tres veces a un local de la calle Beethoven. Música discotequera y makinera que no me motivaba mucho. Y descubrir que podía haber discotecas en las que se pinchara música que me gustaba, bueno, ahora puede parecer estúpido, pero resultó ser un agradable descubrimiento para mí. Aquella tarde pincharon Offspring, Nirvana, Counting Crows, Cypress Hill y un Jitazo Fugaz del momento, Coolio . Bueno, aquello estaba muy bien!

En realidad, Bóveda era un sitio bastante chapucero. Se trataba de una nave industrial reconvertida. Una barra larga, una pista no muy grande con una cabina de DJ a modo de palco o balconcete, y una escalerilla de barrotes desde la que se podía acceder a la cabina y pedir el éxito del momento. Esa pista tenía un techo más alto y pintado como si de una bóveda celeste se tratara (lo adivinan? Por eso el nombre!!), y luego unos demonios pintados en las paredes, como demostrando la dicotomía entre el cielo, a nuestras cabezas, y el infierno, donde estábamos. Completaba el cuadro un segundo nivel que se había construido aprovechando la gran altura del local, desde donde se podía ver la parte de abajo y que probablemente cuando esa nave tenía actividad industrial, acogía las oficinas. En fin, no era un sitio con mucho estilo, que digamos. Ni falta que le hacía. Era la época del grunge, diablos!!

A partir de aquella tarde, el grupete del instituto nos aficionamos a pasar las tardes del viernes allí. Sábados de tanto en tanto. Salíamos por la tarde, íbamos al centro comercial Glòries a comprar bebida (whiskey, coca-cola, vasos de plástico y hielo) y bajábamos por el Poble Nou industrial. En un portal de una empresa cerrada dábamos buena cuenta de la bebida, y luego, al Bóveda. Eso era vida. Quizás por ello no entiendo los botellones masivos. Yo, como todo el mundo, he hecho botellón, pero lo intentábamos hacer en un lugar más o menos poco transitado, para disfrutar tranquilos de la camaradería adolescente y del espíritu del vino.

El ir a Bóveda también tenía un punto a favor: no era necesario “arreglarse”. Dicho en el sentido más clásico, por supuesto que me arreglaba, buscaba un look lo más cuidadosamente desaliñado y me pasaba tiempo en el espejo consiguiendo el despeinado deseado. Pero vamos, que no era necesario llevar zapatos ni la camisa por dentro del pantalón. Por lo demás, pinchaban música alternativa, sí, pero también otras cosas, tipo rock español, pachanga y alguna cosita, muy poca, de dance. Ni que decir tiene que uno de los momentos cúspide de la sesión era cuando pinchaban “Smells like teen spirit”. Recuerdo con cariño una tarde monográfica que dedicaron a Héroes del Silencio, era 1996 y estaban en el punto más alto de su carrera. Y para cerrar, lo recordaré siempre, pinchaban “More Than Words” de Extreme. En ese momento, y aprovechando la guitarra adictivamente babosa de Nuno Bettencourt, el que había convencido a una chica, aprovechaba para culminar su “obra” rubricándola con besos y magreos al ritmo de la balada. Los demás, claro, aprovechábamos para ir saliendo sin hacer cola en el guardarropa.

Estilismo warholiano o directamente cutrez?

La competencia del Sr. Lobo fue muy dura. De repente, surgió un local de características similares pero que no cobraba entrada. Claro, para un segmento de público tan sensible a estos asuntos como la chavalería, podía tratarse de una medida determinante. De manera que Bóveda se acabó posicionando como un local con un poquito más de clase: menos violencia, menos moscones para las chicas, … un Sr. Lobo “soft”. Yo sin embargo, dejé de ir a Bóveda durante una temporada, mi etapa Lobo. Y cuando volví, lo hice por las noches. Ya tenía la edad, claro, y el Sr. Lobo estaba en plena decadencia. Bóveda se había reconvertido, ya no era un local grunchi, el grunge como moda estaba ya de capa caída y se situó como un lugar opuesto a la típica discoteca house/techno. Allí se pinchaba mucho pop/rock español (Dover, Ska-P, Siniestro Total, Seguridad Social o Danza Invisible), algo de dance más comercial, pachanga y algunos vestigios de lo que fue (Offspring, Blur, Nirvana…). No es que me matara de placer, pero mi grupete grunge del instituto se había disuelto y con mis amigos actuales podíamos ir, considerándolo como un lugar “neutro”, es decir, ni muy dance ni muy rockero. Y con muchas chicas, todo hay que decirlo. Incluso pasé alguna noche de fin de año. Las cosas parecían irles bien, había noches de verdadero agobio por la multitud de gente. Desde luego, el tema de control de aforo no lo llevaban nada bien. Y se especializaban también en fiestas universitarias.

Por ninguna razón en especial, dejamos de ir. Una vez, la última vez que fui, hará unos 5 años, decidimos ir como anécdota. Una suerte de “noche remember”, bromeábamos. Aguantamos una hora. El local era una sombra de lo que fue. Medio vacío, música bastante flojita y con una pátina de cutrez permanente. Aquella noche nos fuimos a otro sitio. Parecía que se le había acabado el momento a Bóveda. Y ya no volví más. Resulta curioso cómo ahora me sabe mal que ya no exista.

Canciones:

Brian Wilson: «Your Imagination»
The Gutter Twins: «All Misery / Flowers»
The Black Halos: «Somethings never fall»

11
Mar
08

Festivales

Podemos decirlo claro: estoy hasta los huevos de festivales. Así, hablando mal y pronto. Hace unos años los festivales eran una buena excusa para poder disfrutar por estos lares de gente que difícilemente se pasaría para tocar en una sala o pavellón deportivo. Afortunadamente, esa situación está superada. Afortunadamente, en los últimos 10 años hemos podido comprobar como en la piel de toro recalaban artistas de todo tipo y condición. Hemos visto a unos Radiohead hacer primicia mundial de su «Ok Computer» en Barcelona, a unos The Stooges tocar tres o cuatro veces en menos de un lustro, a The Cure, a Guns n’ Roses, a toda la pléyade de bandas escandinavas… en fin, parece que somos menos africanos que antes.


Más de una década esperando ver esto… o el 50%

Sin embargo, una moda asola nuestra geografía y amenaza nuestros bolsillos. Se trata de los festivales de música. Lo que al principio parecía una idea guapa, hoy en día, por multitud, se está convirtiendo en un coñazo. Un, dos, tres, responda otra vez: FIB, Bilbao Live, Summercase, Primavera Sound, Rock in Rio, Kobetasonik, Azkena, Doctor Loft, … Total, que ahora la cuestión recae en traerse al grupete de turno para tu festival. Lo demás, nada, un descampado, un puesto de cerveza rancia y cuatro desarrapados que toquen antes y ale, ya tenemos festival. Eso sí, a 60 euracos mínimo. El caso del Kobetasonik es flagrante, festival creado por y para Kiss, para justificar una visita de los cuatro maquillados (bueno, que sean dos). Lo cual es ridículo cuando con una diferencia de menos de un mes se lleva a cabo en el mismo recindo (o debería decir «prado») el Bilbao Live. Y claro, a pagar el dineral como mínimo de la entrada de un día. Para ver a Kiss y a 10 teloneros. No se crean, lo mismo ocurre con R.E.M.: se lo llevan la promotora Doctor Music y se montan un festival ex-profeso. Afortunadamente me pilla más cerca de casa, Castelló d’Ampúries. Otras opciones? Bilbao, one more time. O Madrid en ese horror que es el Rock In Rio. Pues nada, a l’Empordà, que la tramontana va bien para el cutis.

Vacaciones en la Costa Brava… por cierto, poquito crédito les queda, esperemos que el nuevo disco sea más decente que el anterior.

Me retrato para Kiss y los de Athens. Y cuando tengo tomada la decisión, me entero de que en el Summercase tocan nada más y nada menos que los Sex Pistols. Por si alguien no lo sabe, el Summercase es un festival de una jornada donde se juntan un puñado de grupetes de esos que molan tanto en el Mondosonoro o el Rockdelux. Y tienen los huevos de acoger la que es única fecha de los Pistols. 60 euracos me separan de ellos. Filthy Lucre Tour. Me niego. Pero claro, los Sex Pistols vienen a mi ciudad y no voy a ir. Está claro que no son los Pistols del 77, ni siquiera los del 96. Pero quieras que no, me jode.


Más viejos y más gordos, y más de vuelta de todo… here comes the sex pistols


18
Feb
08

No todo está perdido

Últimamente me siento algo viejuno. No «viejo». No «mayor». Viejuno, abuelico cebolleta. No me lo tengáis en cuenta, sólo es que uno ya tiene 28 años y está en una fase de vida hipotecada, de trabajo con una cierta responsabilidad, de amigos que tienen hijos, de barriga que comienza a surgir peligrosamente, de resacas que duran más de la cuenta y de volverme perezoso para salir. Ahora los nuevos actores son más jóvenes que tú. Las nuevas bandas a las que admiras están capitaneadas por niñatos. Kurt Cobain a mi edad ya había publicado 4 discos, había tenido una hija y se había quitado de en medio. Y llego tarde para ser un enfant terrible de las letras. No es que pase nada en especial, supongo que puedo reconocer que estoy mejor que nunca. Pero mentiría si no me resulta extrañamente molesto, supongo que es lo que se llama complejo de Peter Pan, algo fantástico y de lo que me enorgullezco, siempre y cuando no se pierda el control.
Anoche salí, cena, copas y, aunque por encima de mi voluntad, que tenía pretensiones de ir a Razzmatazz, acabamos yendo, una vez más, a Q3. Ayer me dí cuenta que ya no lo escriben así, con la letra y el número, pero vamos, que yo siempre lo he conocido con este nombre. Como quiera que ya di cuenta de este local hace unos meses, no me extenderé. Sólo diré que si la primera vez tenía ese pequeño encanto de retornar a un lugar que hacía la hostia de años que no iba, esta segunda vez de la segunda etapa fue un coñazo.

El caso es que bueno, más avanzada la noche, se fue llenando, pero la sensación, sobretodo al principio, era que eramos los padres del local. Algo parecido me había pasado en Benidorm este verano, si es que la culpa es mía, por meterme donde no me llaman. Y es que cuando antes de entrar te vacila una niñata con la que te chocas cuando ella va a esconder los restos de su botellón bajo un coche aparcado, te das cuenta de que nada es lo que era.

Iba a poner una foto de Pete Doherty, pero sin duda Kate Moss rockea más… y está más buena

Durante un ratito, en ese sitio se dedicaron a pinchar éxitos noventeros, como el celebérrimo Mr. Jones, que fue coreado por mi parroquia conmigo a la cabeza, pero que la niña que lucía una camiseta de The Baby Shambles de al lado parecía no entender gran cosa. Y mal que nos pese, el jodido Pete Doherty parece representar lo que antes había representado Nikky Sixx, Johnny Rotten o Layne Staley: el lado salvaje del rock. Pincharon la versión del «Video killed the radio star» de los Presidents Of The USA. Lo más probable es que ese mismo grupito de al lado no conociera no ya a los viejos The Buggles, sino siquiera a los Presidents.

Quién se acuerda de The Buggles? Quién sería su estilista?

Lo chocante para mí fue el ver a un grupito de tres chicas, que apenas llegarían a los 20 años. Se dedicaban a hacerse fotos de las tetas, enseñando los pezones a la cámara, bromeando pícaras, en medio de la pista atestada de gente. Y fue chocante porque reconozco que me escandalicé. Me avergüenza decirlo, pero lo primero que sentí fue que me escandalizaba. Pero fue sólo al principio. Después me reconfortó: sin duda esas niñatas rockeaban, rockeaban más que yo con todos mis discos y mis conciertos. No está todo perdido.

Canciones:

Héroes del Silencio: «Bendecida»
The Who: «Young’s man blues»
Morrissey: «First of the gang to die»

18
Ene
08

Jitazos Fugaces. Hoy… Babylon Zoo

Ahhh, la maravillosa idiosincrasia del mundo de la música. Unos días estás arriba del todo y cuando menos te lo esperas, el batacazo puede ser de órdago. Y es que no es nada extraño el toparse con una banda o artista que de repente, parece surgir de la nada con una canción, unos pocos minutos en los que concentra su arte y resulta ser su cenit creativo. Los dioses son favorables, ese día la luna está en su séptima casa y Júpiter se alinea con Marte, y resulta que esa canción acaba sonando en todas las radios y el pertinente videoclip aparece en la MTV y otros programas televisivos musicales. Sin embargo, la alegría es efímera, y tan rápido como ascendió, esta banda cae en el más cruel de los olvidos. Desde luego que antes habrá intentado mantener su fama más allá de los 15 minutos warholianos con un segundo single, que obviamente gusta a muy pocos y se pierde en la más cruel indiferencia. Algunos osados incluso lo vuelven a intentar un par de años más tarde, con un disco nuevo, en este caso la indiferencia suele ser aún más cruel, y el mensaje viene a ser “déjate de tonterías y toca otra vez XXXX”. El inglés, que sin duda es una lengua muy ágil, tiene para estos menesteres una expresión divertida: One Hit Wonder.

Esta pretende ser la primera entrega de una serie dedicada a algunos de estos One Hit Wonders, o como lo prefiero yo, Jitazos Fugaces. En ella hablaré de esos que parecían predestinados a comerse el mundo y acabaron siendo carne de recopilatorio anual y de emisora de radio tipo M80 o Kiss FM. Pero lo más curioso del tema es que algunos condensan en 3 minutos más gracia, más chispa, más calidad y más atractivo que carreras enteras de 15 LP’s. Otros jitazos fugaces tienen una gracia para los que disfrutamos del kistch, un eufemismo como otro cualquiera para denominar a la caspa. Otros tienen un videoclip divertido. Otros nos teletransportan a una época en concreta. Y otros son absoluta basura. Probablemente debería situar esta serie en el mejor blog de videoclips del mundo, me refiero, por supuesto, a Miliamperios en Betamax, veremos si la serie se traslada a este blog hermano o sigue en NDK.

Adentrémonos, sin más en este maravilloso mundo de los Jitazos Fugaces de la mano de todo un looser, señoras, señores y aves de corral… con todos ustedes (fanfarria) Babylon Zoo!!!

¿Cómo? ¿Que no os suena? Y si os menciono “Spaceman”, ¿la cosa cambia?. Si todavía no cambia, haced clic sobre el video. Veréis como será escuchar el tema y recordar la tonada. Como mínimo el inicio. Y es que el gran acierto, a nivel marketiniano, fue el acelerar la cinta y darle ese efecto de pitufos makineros con colocón de tripis con el que se iniciaba la canción. Eso era lo que lo hacía diferente. Y eso fue lo que llevó a Levi’s a adoptar esta intro como fondo musical para uno de sus spots de los 90’s, en una época en que la música de los anuncios de Levi’s tenía muchos números para acabar siendo radiada hasta la saciedad.

El autor de esa canción era un tipo que se presentaba bajo el nombre de Babylon Zoo, aunque su nombre era Jas Mann, y era un joven británico de origen indio. Corría el año 1996 cuando todo estalló. El hit en cuestión, pasada esa intro, era un tema muy 90’s, indie rock, guitarras saturadas, medio tiempo, baterías durillas. Él mismo se presentaba bajo una imagen pseudo grunge de media melenita y como veréis en el clip, movimientos de cámara bruscos, la banda en el escenario, acumulación de gente en un mini pogo… en fin, un clip que bebía mucho de su época. Algún día debería hablar de cómo hay tantos videoclips noventeros que presentan a una banda tocando con una supuesta actitud de desfase y un público apretujándose.

En honor a la verdad, hay que decir que el tema original no tenía esta intro que le hizo famoso, y si veis el clip con la canción inicial, se puede observar como pasado el shock de no escuchar esa intro clásica machacona, la verdad es que suena mucho mejor la intro guitarrera. Y diablos, la canción no estaba mal. A mí, por lo menos, me gusta. El tío publicó un disco titulado “The Boy With X-Ray Eyes”, y creo recordar que incluso sacó un segundo single. Hasta llegó a publicar un segundo disco, en 1999. Pero nada, como vino se fue, y hoy en día seguramente debe haberse cortado su melenita grunge y debe trabajar de taquillero en un cine porno gay… diga lo que diga Wikipedia. Pero ahí queda el rastro de su momento de fama, y para mi recuerdo queda haber sonado varias semanas esa canción en algún garito de BCN tipo “Bóveda” o similar.

Versión original del tema:

La versión con la intro que todos conocemos:

11
Ene
08

R.E.M. : Una década complicada (y 2)

(viene de la entrada anterior) Tras la publicación de «Up», se volcaron, principalmente Michael Stipe, en la colaboración para la película «Man on the Moon», de Milos Forman. La banda sonora recogía temas antiguos de la banda, y uno nuevo, «The Great Beyond», nada del otro jueves. Pero el tiempo pasaba, y tocaba grabación de un nuevo disco. Las alarmas estaban disparadas, tras un «New Adventures in Hi-Fi» que tenía buenos momentos pero era irregular a más no poder y un «Up» que siendo un buen disco, quedaba lejos de ese sexteto mágico («Life’s Rich Pageant», «Document», «Green», «Out Of Time», «Automatic for the People», «Monster»). Las ventas de la banda habían caído en picado y su grueso de fans parecía haberse desplazado a Inglaterra, donde sorprendentemente aumentaron su popularidad (todo el mundo sabe que los ingleses son idiotas).
Así que llegó el 2001, y con él, la publicación del nuevo disco, «Reveal». Y con él, una nueva decepción. Se trata de un disco flojete, que eso sí, contenía uno de esos temas llamados a convertirse en clásico y que salvan muchos enteros al trabajo, «Imitation of life», una canción que podía haber estado incluída en «Green» o en «Automatic for the People». El resto del disco, más cohesionado que su predecesor, explora unas sonoridades menos oscuras, muy pop. Pero nada, mucha pretenciosidad y poco brillo. Pocos puntos álgidos, contados con los dedos de las manos, que marcan una distancia cada vez mayor del grupo con sus fans clásicos. Se trataba, pues, de un buen momento para echar la vista atrás y repescar los buenos momentos en un recopilatorio de sus últimos años, recopilatorio que publicaron en el 2003 con el nombre de «In time: The Best Of R.E.M. 1988-2003» que recogía los mejores temas de su etapa en Warner.

El mejor bolo de R.E.M. en estos años confusos se produjo en el garage de Homer

Este recopilatorio supuso un pequeño rayo de esperanza, ya que grabaron un par de temas nuevos para incluirlos, y uno de ellos está realmente bien, un «Bad Day» que recuerda horrores a los R.E.M. de los 80’s, cosa que hizo despertar las habladurías respecto a un supuesto retorno a esas sonoridades para su próximo lanzamiento, lo cuál, no hubiera estado nada mal. Una vez más, un espejismo. Un caramelo que de repente nos quitaban de delante de la cara. El siguiente, y a la postre, último, hasta el momento, disco en estudio de R.E.M. se publicó en 2004 bajo el nombre de «Around The Sun» y se trata del peor disco de la banda de toda su discografía. Lentísimo, aburrido, hecho con el piloto automático puesto, se le podría calificar de AOP, adult oriented pop, no tiene siquiera ni un single que pueda redimirlo. Y por supuesto, de sonoridades ochenteras, nada de nada. Sorprendentemente, se lanzan a una gira mundial tras participar activamente en la campaña anti-Bush previo a la reelección del texano, gira que recala en Barcelona. El Palau St. Jordi estaba lleno a reventar, y cuando me espabilé, sólo quedaban entradas de grada. De modo que no puedo tener un gran recuerdo de ese show, aunque tal vez sea que ver a R.E.M. desde una triste grada lejos del escenario no es mi ideal de concierto.

Britney y Stipe van al mismo peluquero. Lo reconozco, me encanta la Britey con este look.

A pesar de su bajón cualitativo, la banda no ha dejado de tener actividad. Este año pasado fueron introducidos en el Rock N’ Roll Hall Of Fame, actuando los cuatro miembros, con Berry a las baquetas. Y también publicaron su primer disco en directo, titulado simplemente «R.E.M. Live», con unas sesiones correspondientes a su última gira. El gran problema reside en que 12 de los 22 cortes pertenecen a esta época que yo he definido como «la década complicada». Además, me da la impresión de tener un sonido demasiado sobrecargado, en muchos temas sobra una o dos guitarras, y le falta la inmediatez y la chispa de antaño. No puedo culpar a la banda de no querer ampararse en la nostalgia, pero claro, poniendo al lado «Rockville (don’t go back)» o «Drive» de «Leaving New York», la cosa palidece.

El cartel de promo mola, eso sí.

Ahora se vuelve a decir que su nuevo disco, «Accelerate», tendrá sonoridades de su etapa ochentera, yo, personalmente, no me creo nada. De hecho, ese «R.E.M. Live» es el primer disco nuevo de R.E.M. que no me compro, desde hace años. Ojalá me equivoque.

Prefiero quedarme con su época grandiosa, aquella que Kurt Cobain, fan declarado de la banda, definió así en una entrevista «No sé cómo lo hacen. Dios, son lo más grande. Aguantan con su éxito como santos, y continúan proprocionandonos música estupenda»

PD: Aunque si vienen en concierto iré, esta vez desde la pista, como tiene que ser.

Canciones:

R.E.M.: «Beachball»
R.E.M.: «Beat a Drum»
R.E.M.: «The Outsiders»




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