Archive for the 'Iggy Pop' Category



02
Ene
11

Avenue B

Hoy me gustaría reivindicar un disco de Iggy Pop que ha quedado olvidado casi por completo, “Avenue B”, que publicó en 1999. Venía predecido por una serie de trabajos que le habían reportado un cierto reconocimiento y un cierto estatus, ya que en los 90’s era reverenciado por una nueva generación de músicos que iban desde el hard rock de LA hasta los popes de la “era alternativa”. Y de repente se le ocurre publicar un disco con muy poquito hard rock, nada de punk, bastante de jazz, influencias de bandas sonoras, y todo aderezado con una aureola depresiva e intimista.
Basta con echar una ojeada a la portada: la cara de un Iggy Pop, en primerísimo plano, envejecido (mostrando sus 52 años que tenía entonces) y, por lo menos, así me lo parece a mí, entristecido. Nada de poses, nada de su clásica mirada socarrona. Y en cuanto suena el primer corte, oh, sorpresa, un fondo de sintetizador de esos que Angelo Badalamenti se hartó de usar en Twin Peaks y un Iggy que con su voz engolada y profunda recita un discurso frío, oscuro y con un poso de depresión en la que habla de su camino a la vejez, de soledad, de muerte, del tiempo que le queda… y cuando aún nos estamos recuperando del shock, el siguiente corte, “Nazi Girlfriend”, una suerte de balada acústica de tono bastante sombrío. Para rematar la tríada inicial con el que me parece la mejor canción del disco, “Avenue B”, un tema pseudo jazzístico, más cercano a los discos de madurez de Lou Reed que al pasado Stooge, y en donde Iggy Pop demuestra que tiene una manera de cantar estupenda. A esas alturas, quienes se hicieron con el disco influenciados por la reedición de “Lust For Life” que se volvió a popularizar con la banda sonora de “Trainspotting” lo debían haber tirado a la basura.

Da cosica…

¿No hay rock n’ roll acaso en el disco? Sí, claro que sí, supongo que Iggy Pop no se atrevió a sacar un disco sin rastro de rock, aunque la verdad, parecen cortes añadidos, algo un poco impostado, tal vez incluso presionado por una compañía discográfica asustada de publicar un disco de Iggy sin que atronara una guitarra. Así, incluye una versión del clásico “Shakin’ All Over” y un divertimento medio rockero, medio latino que canta en castellano (¿?!!) y que titula, en un alarde de originalidad, “Español”. El resto de cortes electrificados se mueven en una onda más experimental, como la interesante “Corruption”.

Con el tiempo se ha ido convirtiendo en un disco que voy apreciando más y más, aunque reconozco que al principio, a mí, como a mucha gente, supongo, causó gran sorpresa, y decepción en algunos casos. Los cortes de monólogo me parecen lo más flojito del disco, pero en general, me provocan una extraña sensación, y es la de tener a un Iggy Pop íntimo, sincerándose de una manera tan directa. Y a nivel musical, lo curioso es que ha tardado 10 años en publicar un disco completamente alejado del rock (“Préliminaires”, 2009). Y aunque me encanta la carrera de Iggy en solitario, sus discos de rock visceral, pero también de rock más experimental, me parece una faceta muy interesante para un músico que corría riesgo de caer en la autocomplacencia.

PD: en Spotify podéis escuchar todo el Avenue B

Canciones:

Iggy Pop: “AvenueB”
Iggy Pop: “Corruption”
Iggy Pop: “Nazi Girlfriend”

30
Dic
08

Fan Fatal

Me tengo por un tipo más o menos frío, poco dado a mostrar mis emociones, sentimientos y a veces hasta opiniones en público. Poco dado a los aspavientos, en definitiva. Pero amiguitos, todo el mundo tiene un lado oscuro. Tiene un momento de pérdida de papeles. Todo el melómano, o cinéfilo o similar tiene en su haber un fan fatal (efecto sonoro de peli de terror). Y efectivamente, el viejo Kar también ha tenido su momento de fan histérica, ya me perdonareis el uso del femenino. Así, que yo recuerde, he tenido tres o cuatro momentos fan, de esos de contacto cara a cara con el ídolo en cuestión. Tampoco os vayais a pensar que llevo un Travis Bickle en mi substrato más hondo. Aún así, y conociéndome, me extraña que me dedicara a buscar el contacto directo. En fin, ahí van.
Uno de los más cachondos y de los que guardo mejor recuerdo es de los Fun Lovin’ Criminals. Aquella noche, damas y caballeros, había sido la hostia. Yo llevaba una semana muy mala, y los criminales presentaban su mejor disco, “100% Colombian” en la sala Bikini de Barcelona, lo que se dice un marco incomparable para este trío. El concierto fue perfecto. No se me ocurre mejor adjetivo. Y al acabar, saliendo de la sala me fijé en la bajada al parking anexo a la misma. Para mi sorpresa, por ahí entran los equipos a la sala, por lo que tenía acceso directo a ella, y sí, un reducido puñado de fans estaba a frente a unas cutre vallas de obra que separaban la zona reservada para el camión del equipo de sonido de la zona de aparcamiento puro y duro. Lo que se dice una zona cool, ya veis. Y no tuve que esperar ni cinco minutos para que apareciera el gran Huey Morgan, dicharachero, sonriente con su traje impoluto. Y efectivamente, nos saludó, nos firmó, en mi caso, la entrada y la carátula del CD que no me pregunteis por qué, llevaba encima, nos estrechó la mano, y en definitiva, estuvo simpático. Una guinda bonita para una buena noche.

Huey Morgan, es un truhán, es un señor.

Ya había descubierto el truco, el gran secreto de la sala Bikini. O eso pensaba. De modo que para el siguiente concierto allí, ya estaba preparado. En ese caso, eran los Hellacopters. De entrada, y nada más acabar, me encontré con Tyla, de los Dogs D’Amour en el concierto. Y no sé por qué, le pedí la dichosa firmita. Como no tenía dónde, me firmó en el libreto del CD de los jelacas. Al tío le extrañó, pero le hizo gracia. Nadie más le estaba agobiando, aunque la verdad es que saludó, firmó y aire. Claro que con quien quería charlar era con los Hellacopters, banda que por aquél entonces me encantaba, y estaban en su mejor momento. Así que al acabar el show, salí dirección al parking… pero estaba cerrado con una reja. Y efectivamente, tras la reja, al fondo, se veían a los pipas de la banda y a los propios jelacas entrar y salir. Me recuerdo como un histérico llamando a gritos a Robert Hellacopter, pero el muy hideputa se limitó a saludar con la mano, por no subir 40 metros de cuesta y firmar a través de la reja. Cosas que pasan, pero claro, no hablamos de Mick Jagger, hablamos del puto bajista de los jelacas. De modo que esa noche el autógrafo de Tyla fue el único que conseguí.

Algo rancios… pero grabaron buenos discos.

Hablando de Mick Jagger, se dice, se comenta que al acabar el primer concierto que vi de los Stones, gira “Bridges to Babylon” en el 98, sería, se fue a pegarse unos bailoteos en el Luz de Gas de Barcelona, la única sala de la ciudad abierta 365 días al año. No frecuento ese lugar, pero desde luego sería un subidón encontrármelo, ni que fuera de camino a su reservado VIP. Ahora me temo que a sus 65 años, ya no creo que esté para irse de fiesta post-concierto. O tal vez sí.

Otros que se mostraron simpáticos fueron Simon Fowler y Steve Craddock, de Ocean Colour Scene (banda a reivindicar!!!), quienes hicieron un conciertillo acústico para fanses en FNAC y luego firmaron y saludaron a la gente. A ver, sus discos me gustan mucho, pero aquello fue más que nada cosa de Lae, verdadera fan fatal. Tanto es así que le acabé regalando mis CD’s que habían firmado con su nombre. Yo me compré otras copias.

Ahora, el momento más fan fatal, pero que sin embargo, no recuerdo con ridículo (como sí lo hago con el tema Hellacopters) sino con cariño fue en un concierto de Iggy Pop. El bueno de Iggy presentaba su disco en solitario Avenue B, de hecho, creo que no ha vuelto a hacer más giras en solitario por estos lares, cosa que creo que viene siendo ya necesaria. Que disuelva a los Stooges y vuelva a tocar solico. En fin, el caso es que ya se sabe cómo es Iggy, siempre busca el contacto con los fans. Lo que ocurre es que en esa ocasión, los seguratas de Razzmatazz se ensañaron más de la cuenta, incluso durante la interpretación de “The Passenger”, en la que Iggy invita al público a subir a las tablas. El propio Iggy les llamó la atención en varias ocasiones. El caso es que durante un momento de la actuación se acercó al borde del escenario, hacia la zona donde estaba yo, y de repente, como un resorte, salté directo a estrechar la mano de la iguana. Y lo hice. Yo y varios fans más, quede claro, pero ya os digo, me veo en la tesitura y no me reconozco saltando como un ninja y chocando la mano de Mr. James Osterberg. Qué tío. Iggy, me refiero.

Ojito, que este señor está a punto de cumplir los 62 años.

Finalmente, y para cerrar esta sarta de anécdotas fan, contaré que una vez les envié un e-mail a los Fun Lovin’ Criminals. Fue hace unos años, al principio de ponerme Internet en casa. Me metí en su página, y vi el típico e-mail de “contact us”. Les mandé un mail con todo el rollo soysfantásticosmaravillososgeniales y además les dije (algo que todavía suscribo) deberían publicar un disco en directo, puesto que sus temas cambian bastante en vivo. Recibí respuesta, sí. Un lacónico “thanks for the love”. Ahí acabaron mis momentos fan fatal. Por lo menos hasta ahora.

Canciones:

The Beatles: “Drive my car”
Aimee Mann: “Wise Up”
The Firm: “You’ve lost that feelin'”

11
Mar
08

Festivales

Podemos decirlo claro: estoy hasta los huevos de festivales. Así, hablando mal y pronto. Hace unos años los festivales eran una buena excusa para poder disfrutar por estos lares de gente que difícilemente se pasaría para tocar en una sala o pavellón deportivo. Afortunadamente, esa situación está superada. Afortunadamente, en los últimos 10 años hemos podido comprobar como en la piel de toro recalaban artistas de todo tipo y condición. Hemos visto a unos Radiohead hacer primicia mundial de su “Ok Computer” en Barcelona, a unos The Stooges tocar tres o cuatro veces en menos de un lustro, a The Cure, a Guns n’ Roses, a toda la pléyade de bandas escandinavas… en fin, parece que somos menos africanos que antes.


Más de una década esperando ver esto… o el 50%

Sin embargo, una moda asola nuestra geografía y amenaza nuestros bolsillos. Se trata de los festivales de música. Lo que al principio parecía una idea guapa, hoy en día, por multitud, se está convirtiendo en un coñazo. Un, dos, tres, responda otra vez: FIB, Bilbao Live, Summercase, Primavera Sound, Rock in Rio, Kobetasonik, Azkena, Doctor Loft, … Total, que ahora la cuestión recae en traerse al grupete de turno para tu festival. Lo demás, nada, un descampado, un puesto de cerveza rancia y cuatro desarrapados que toquen antes y ale, ya tenemos festival. Eso sí, a 60 euracos mínimo. El caso del Kobetasonik es flagrante, festival creado por y para Kiss, para justificar una visita de los cuatro maquillados (bueno, que sean dos). Lo cual es ridículo cuando con una diferencia de menos de un mes se lleva a cabo en el mismo recindo (o debería decir “prado”) el Bilbao Live. Y claro, a pagar el dineral como mínimo de la entrada de un día. Para ver a Kiss y a 10 teloneros. No se crean, lo mismo ocurre con R.E.M.: se lo llevan la promotora Doctor Music y se montan un festival ex-profeso. Afortunadamente me pilla más cerca de casa, Castelló d’Ampúries. Otras opciones? Bilbao, one more time. O Madrid en ese horror que es el Rock In Rio. Pues nada, a l’Empordà, que la tramontana va bien para el cutis.

Vacaciones en la Costa Brava… por cierto, poquito crédito les queda, esperemos que el nuevo disco sea más decente que el anterior.

Me retrato para Kiss y los de Athens. Y cuando tengo tomada la decisión, me entero de que en el Summercase tocan nada más y nada menos que los Sex Pistols. Por si alguien no lo sabe, el Summercase es un festival de una jornada donde se juntan un puñado de grupetes de esos que molan tanto en el Mondosonoro o el Rockdelux. Y tienen los huevos de acoger la que es única fecha de los Pistols. 60 euracos me separan de ellos. Filthy Lucre Tour. Me niego. Pero claro, los Sex Pistols vienen a mi ciudad y no voy a ir. Está claro que no son los Pistols del 77, ni siquiera los del 96. Pero quieras que no, me jode.


Más viejos y más gordos, y más de vuelta de todo… here comes the sex pistols


18
Dic
07

Johnny Depp

A estas alturas me resulta extraño que no haya hablado todavía de él… en fin, ahí va. Y es que no me avergüenza reconocer que uno de mis ídolos de adolescencia fue el gran Johnny Depp. A partir de los 14 años, más o menos, descubrí a ese actor, y aunque con el tiempo mi admiración ha ido decreciendo, diablos, no se puede decir que hoy en día no le tenga un respeto especial. La principal diferencia es que antes se trataba de admiración a una figura. Al personaje. O como suele ocurrir, a la imagen que me formé del personaje. Esto es a menudo injusto con la persona, un actor, un músico, un escritor, en general las personas somos más poliédricas de lo que pueda parecer, pero la admiración en demasiadas ocasiones provoca que nos formemos una imagen de aquellos a quienes admiramos, y al final, se admira tal imagen. En mi caso, mi objeto de admiración era ese Johnny Depp a quien siempre me quise parecer: un actor que participaba en los proyectos más laureados de su época, con una aureola de rebeldía, con ese look tan fantástico, un tío guapo (ya lo dije, que siempre me quise parecer… no me culpen por reconocer mis recuerdos) pero a su vez no era un guapito prefabricado. Además, y por si esto fuera poco, se permitía el lujo de enrollarse con Wynona Ryder (otra que pasó por ser el mito erótico del grunge) y la preciosa Kate Moss, por no hablar de su actual mujer, Vanessa Paradis, el tipo tiene, sin duda, buen gusto.. No sólo eso, sino que además era un tío aparentemente inteligente, aparentemente sensible, un rockero y proyectaba una imagen con un cierto halo de romanticismo. Por supuesto que todas estas etiquetas son más que discutibles, especialmente con la perspectiva que da el tiempo. Qué importa. Yo quería ser como él.

El de la derecha creo que es Shawn Ryder, extrañamente, con agua (??)… pero que me aspen si Depp no iba de grunge…

Johnny Depp nació en 1963 (siempre me ha hecho gracia esa gente que utiliza el diminutivo en su nombre toda la vida). Participó en la primera película de Pesadilla en Elm Street, pero a decir verdad, esa cinta nunca significó mucho en mi vida. Sí lo hizo, y seguramente si leyera estas líneas, se horrorizaría (Johnny, no me lo tengas en cuenta), la serie que protagonizó entre 1987 y 1990, 21st Jump Street, o como se conoció por estos lares, Jóvenes Policías. Wow, pedazo de serie. Me encantaba, la cosa, ya lo recordaréis, iba de una especie de comando policial cuya característica principal era la rabiosa juventud de los detectives, y cuya especialidad era infiltrarse y resolver casos en los que estuviera implicado algún sector juvenil: un instituto, una banda, un grupete que hacía carreras ilegales, un club nocturno. Bajo esta gilipoyez paseaban estos individuos, luciendo una estética que se acabaría adoptando en la década de los 90’s, y en la que en cada episodio sonaban temas de algún disco de la época. Recuerdo con especial cariño el episodio en el que daban un repaso al magistral Green, de R.E.M.

Musa noventera

Repasando la filmografía, me doy cuenta que entre 1990 y 1996 se forjó un nombre más basado en la fama, el papel couché y esa aureola de enfant terrible y de actor de culto que no en títulos. Lo más interesante en esa época fueron Eduardo Manostijeras, ¿A quien ama Gilbert Grape? y Ed Wood. Lo dicho, por aquella época recuerdo perfectamente verle aparecer en el Lecturas que mi abuela devoraba con pasión, con una pinta totalmente grunge, destrozando hoteles y disfrutando de los placeres del alcohol y la química. Todavía recuerdo en mi memoria uno en cuestión al respecto, y de entre un monton de fotos, podría aún reconocer las que ilustraban esas páginas. Por supuesto, subió de golpe a mi pedestal personal. En esa época adquirió el club The Viper Room, en pleno Sunset Strip de L.A., donde se codeaba con rockeros de lo más interesantes (Flea, Iggy Pop, …) y que será siempre conocido, por más que hayan pasado 14 años de ello, como el lugar a las puertas del cual River Phoenix murió de una sobredosis de speedball. Si no tengo mal entendido, vendió su participación hace algún tiempo.

Ed Wood… grandes recuerdos

Las conexiones de Depp con el rock van mucho más allá del grunge, siempre estuvo interesado en el hard rock y por todos es conocida su breve etapa como guitarrista de los Rock City Angels, banda que probablemente mereció más suerte. Se codeó, sin embargo, con los popes de la generación alternativa (el mencionado Flea, John Frusciante, Gibby Haynes, …), y su look era definitivamente 90’s. Cuando yo me empecé a interesar en él, pasaba, al parecer, una época chunga, debido a su ruptura con Wynona Ryder y su tortuosa relación con Kate Moss, que además de guapísima, debe ser una juerguista de cuidado, amén de su interés por la química.

Lo reconozco: Kate Moss me pone… y cuanto más golfa y juerguista es, más me pone

Poco después, Johnny Depp se, digamos, calmó un poco. Adoptó una pose más intelectualoide, más arty. Sin embargo, los títulos posteriores que grabó son también muy interesantes, a saber, Donnie Brasco, La novena puerta, La Leyenda del Jinete sin Cabeza (Sleepy Hollow), Blow, Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra, Charlie y la fábrica de chocolate… ok, la trayectoria es irregular, pero ha participado en muchos proyectos interesantes, y en otros que, si bien no lo son tanto, su presencia los arregla. Su incursión tras las cámaras, The Brave, es, sin embargo, un coñazo absoluto que sólo tiene interés porque pudo convencer a su amiguete Marlon Brando (minipunto para Depp) para que paseara su oronda figura por la pantalla unos 10 minutos.

Está claro que hoy en día ya no se trata de un actor de culto. Probablemente haya tantas razones para la admiración como para su deploración. Pero si a los 15 años me hubieran preguntado qué quería ser, hubiera dicho Johnny Depp.

Canciones:

Prince: “Sexy MF”
Los Módulos: “Todo tiene su fin”
Nirvana: “Pennyroyal tea”

07
Dic
07

Fanzine Marca Acme

Este es un pequeño homenaje al fanzine, y me refiero a aquellos fanzines que se publicaban antaño, en papel, sin apenas maquetación, ni mucho menos colores, pero en los que sin duda había mucha más pasión y romanticismo que en todos los blogs del mundo. Esto fue hace unos añitos, ahora me parecen siglos, pero quizás no fueran tantos. Yo era entonces un joven universitario con ínfulas de plumilla revolucionario y rompedor. Pero claro, necesitaba un medio en el que exponer mi arte como juntaletras. Un buen día estaba ojeando un número de “El País de las Tentaciones”, y sí, antes de que os lancéis a mi cuello por gafapasta, os diré que yo leo todo lo que se me pone por delante y tenga algo que ver con música, cine, tele o cualquier historia. En fin, creo que la cosa fue así, aunque en este momento me veo falto de memoria. Una persona pedía colaboradores para un fanzine de “pop independiente” de nombre Marca Acme. Bueno, lo del “pop independiente” no sonaba muy bien, aunque el nombre del fanzine molaba. Así que probé. Pronto me encontré al otro lado con Carles J. Lafuente, el que era padre de esta movida.

No me negaréis que el nombre molaba

Enseguida me dio alas para escribir, ya sabéis, una reseña por aquí, un articulito por allá. No comulgaba mucho, más bien casi nada, con la, digamos, linea editorial, más cercana a la banda nacional o incluso local de pop. Pero obviamente no se tocó ni una coma de mis textos, y aunque algunos fueran rechazados (recuerdo, por ejemplo, una reseña del “Californication” de los RHCP), entre mis gustos y los de Marca Acme habían algunos puntos de convergencia, como OCS, Iggy Pop, y sobretodo muchas “críticas” (y permitidme el uso de las comillas) de películas. Y cuando un buen día me llegó, por correo (postal, of course) ese fanzine de tamaño A4 doblado, todo impreso con esos textos firmados como gobo, bueno, me sentí como si fuera Cameron Crowe, o algo así. Y eso que reconozco que eran bastante chungos. Resulta curioso comprobar la enorme influencia que César Martín tenía en mi manera de describir conciertos, discos o películas. Entonces pasaba mi fase más fanática de Popular 1.

Ese fanzine, Marca Acme, junto con otro, Miracles For Sale, organizaban lo que llamaban el Mini-Festival Pop. Se trataba de una serie de grupos poppies españoles y alguno extranjero, de corte independiente. Y claro, Carles me invitó a asistir. Y de paso, le pude conocer. Debo reconocer que me chocó, era un tío que ya tenía unos ventimuchos, o trentaypocos, no sé, padre primerizo y en definitiva, me noté muy lejos de él. Tal vez me esperaba un jovecito insolente luciendo orgulloso una camiseta de Sexy Sadie y hablando de que el lunes tenía un examen. En su lugar me encontré a un tipo normal, apasionado de lo que hacía, sí, pero sin aspavientos. En mi cabeza, el cabeza pensante de un fanzine tenía un aspecto y una forma de ser muy definida. Estupideces de pipiolo. Por otra parte, bueno, el Mini-Festival Pop me pareció un absoluto aburrimiento. Y afortunadamente nadie me pidio que escribiera nada al respecto. Mi relación con Marca Acme no duró mucho. No era mi sitio, y encontré otros medios en donde exponer mi arte, como la revista universitaria COCOS o el fanzine electrónico Riff-Fanzine, de los que otro día os hablaré. Y por supuesto, años más tarde descubrí el mundo del blog, que sigue pareciéndome apasionante. Ya sabéis, es como tener mi propia revista, es la libertad en la red de que cada cual diga y exprese lo que quiera en un foro abierto.

El otro día encontré un número de Marca Acme en casa de mis padres, en mi ex-cuarto que sigue siendo un pozo sin fondo de recuerdos en forma de artilugios y otras tontadas. No puedo más que tener un buen recuerdo de Marca Acme y de Carles J. Lafuente (siempre me gustó que firmara con ese nombre, tan de periodista de El País), un tipo muy majete a quien dejé un poco tirado. De modo que si lee estas líneas, cosa que sinceramente, dudo, vaya un recuerdo para él.

Canciones:

R.E.M: “Walk unafraid”
Neil Young: “Cortez the killer”
Iggy an the Stooges: “Gimme Danger”

04
Sep
07

Dossier: Retornos en el Rock (2)

Banda: Thin Lizzy
Final de carrera: 1984
Retorno: 1996
Bajas: varias, pero básicamente Phil Lynott … banda actual compuesta por John Sykes y Scott Gorham
Disco tras retorno: ninguno
Lo Mejor: Nunca pretender retomar la gloria pasada, y tomárselo como un tributo sincero a Lynott.
Lo Peor: Una reunión de Thin Lizzy sin Phil Lynott no tiene mucho sentido.

Veamos, lo de Thin Lizzy es diferente. Nunca fue una banda excesivamente popular, aunque contaba con unos fans muy fieles, especialmente en Europa. Lo que sí que está claro es que se trataba de una banda en la cual Phil Lynott era su verdadera alma. Por lo tanto, cuando Sykes y Gorham resucitaron Thin Lizzy, quedó siempre claro que lo hacían como un modo de tributo a la figura del negro irlandés. ¿Es lícito que un tipo como John Sykes se presente como un miembro “oficial” de Thin Lizzy cuando tan sólo estuvo los dos últimos años de vida del grupo? Bueno. Sin embargo, Scott Gorham sí que estuvo allí, fue la banda de su vida. Y está claro que si Gorham y Sykes formaran una banda y le pusieran un nombre cualquiera y giraran tocando sus canciones, no les iba a ver ni el tato. Así que en el fondo, se merecen poder ganarse unas perras llevando el nombre de Thin Lizzy. Por supuesto que lo disfrazan de tributo y homenaje a Phil Lynott. Pero bueno, no molestan, porque si algo ha caracterizado este retorno de Thin Lizzy es el respeto con el que siempre han tratado al pasado glorioso de la banda, por homenajear constantemente al difunto bajista y por hacer las cosas de un modo humilde y amable. En el fondo no hay mucha diferencia entre esos “Thin Lizzy” y lo que pudiera ser cualquier banda imitadora a los irlandeses. Así que ahí siguen, desde hace una década, girando por pequeños escenarios en lo que se convierten en fiestas para los fans. Lo cual está bastante bien.

Dos bandas completamente distintas

Banda: The Stooges
Final de carrera: 1974
Retorno: 2003
Bajas: Dave Alexander (bajo, sustituido por Mike Watt)
Disco tras retorno: The Weirdness (2007)
Lo Mejor: El reconocimiento a una banda que ha sido una grandísima influencia en el rock.
Lo Peor: Grabar un disco mediocre. No tocar nada de “Raw Power”. Que Iggy interrumpa su carrera en solitario.

Hummmm… vamos con la polémica. Como suele ocurrir en muchos casos, estos The Stooges, que todo el mundo cita como influencia, en su época jamás gozaron de la popularidad ni del reconocimiento. Por lo que desde este punto de vista, sí que merecen darse un baño de multitudes, especialmente los hermanos Asheton, ya que Iggy lleva una carrera que no necesita de estas piruetas para reafirmase como icono. El caso es que hace una década que se hablaba de la vuelta a los escenarios de The Stooges. Y la cosa tardó más de la cuenta en materializarse, pero al final lo hizo. Y aunque Iggy Pop llevaba toda la vida tocando material Stooge (que le pertenece por derechos) en directo, el ver a LA BANDA, tenía su aliciente. Y contar con un bajista de lujo como Mike Watt no era sino un síntoma de que las cosas se iban a hacer bien. Y así fue, sus primeras giras fueron emotivas, incendiarias, con un Iggy, como siempre, inconmensurable, pero también con un grupo a la altura de las circunstancias. Que no tocaran nada de su seminal disco Raw Power era una faena, pero claro, se puede entender, Raw Power era más un trabajo de Iggy & James Williamson que de The Stooges. Por cierto, han tocado en todos los festivales españoles, a saber, Azkena, Primavera Sound, FIB, El Ejido… Yo tuve la oportunidad de verles en el Primavera Sound y quedé impresionado. Pero (como todo, existe un pero) resulta que ya estamos en 2007 y The Stooges continúan girando. Con lo cual, primera señal de alarma, la carrera en solitario de Iggy Pop desaparece. Y por más que temas como “1969”, “Down on the streets” o “1970” sean bombazos, no lo son menos “Real Wild Child”, “The Passenger” o “Nightclubbing”. Lo peor es que no sólo continúan como The Stooges, sino que en 2007 publicaron un disco nuevo bajo ese nombre, titulado “The Weirdness”. Y la verdad, es flojito. E innecesario. La carrera de The Stooges no tenía mácula alguna, todos sus discos eran pedazos de historia del rock. Y descolgarse con este “The Weirdness” supone un tropezón. Una gira de reunión está bien. Pero un disco nuevo, son palabras mayores. Y creo que los stooges han caído en la trampa. El presente y el futuro cercano está en girar como The Stooges y presentar el material clásico y algunas canciones nuevas. Yo, sin embargo, votaría por finiquitar el tema Stooges, ahora que quien haya querido se ha podido quitar la espina de verlos sobre las tablas, y antes de que su aureola de leyendas se deshaga.

No se puede negar que en cuarenta años han aprendido a posar.

Banda: Blondie
Final de carrera: 1982
Retorno: 1999
Bajas: bajista (Nigel Harrison, Frank Infante, Gary Valentine)
Disco: No Exit (1999), The Curse Of Blondie (2004)
Lo Mejor: Poquita cosa, la verdad.
Lo Peor: Lo viejuna que está Debbie Harry. Un tema como “Maria”: odioso.

Retorno inesperado, el de los neoyorkinos. El primer shock fue encontrarnos a una Debbie Harry, antaño icono sexual pop, muy viejuna. Y es que el tiempo no pasa en balde para nadie. Ellos volvieron directamente con un disco nuevo, “No Exit”, que contenía uno de esos singles mortales que tanto gustan a las radiofórmulas “adultas”, me refiero a “Maria”, una canción que odio con todas mis fuerzas. El resto del disco era bastante flojito, y a decir verdad, pasada la sorpresa, la repercusión de este retorno ha sino bastante escasa, llegaron a ejercer de teloneros de Brian Adams… triste. Fijaos que incluso pensé que se habían separado otra vez. Pero no. Incluso han grabado otro trabajo nuevo, “The Curse Of Blondie”, en el 2004. Pero claro, no contenía un hit como “Maria”. No han hecho tours mundiales y si no se han separado es porque en USA hay un circuito de bandas revival que tienen un público muy concreto y entiendo que se han apuntado al carro. En fin, poquita cosa.

Ok, puedes estar viejuna, a eso llegaremos todos, pero lo del chaleco reflectante no tiene perdón de dios

(CONTINUARÁ)

Canciones:

Blondie: “One way or another”
Van Halen: “Ain’t talking ‘bout love”
Soundgarden: “The day I tried to live”

16
Abr
07

Nostalgia y Popular 1

Estoy en una fase nostálgica. Por supuesto, no hay un único factor culpable de esta fase nostálgica. Pero desde luego sí que existe un elemento catalizador que acelera el proceso. Y en este caso, resulta que pasé por casa de mis padres, y recuperé una veintena de revistas Popular 1 antiguas, de las muchas que tengo por ahí almacenadas, y que algún día debería traerme para casa. Desde ese día estoy hojeándolas cada rato libre que tengo, recordando discos, películas, y también textos y sobretodo, recordando cómo era yo cuando cayeron esas revistas por vez primera a mis manos.

La primera toma de contacto que tuve con Popular 1 fue en el 96, la solía leer de tanto en tanto en la biblioteca de mi barrio. En diciembre de ese año me compré una, para acompañar 11 horrorosas horas de tren. Y en julio del 97 la volví a comprar. Desde entonces, hará 10 años, la compro religiosamente cada mes, a veces más por hábito que otra cosa, lo reconozco. Pero los primeros años, me convertí en un auténtico fan del popu. De repente, me abrió un mundo de discos y películas que me ha acompañado el resto de mi vida. Descubrí clásicos antiguos, clásicos contemporáneos, nuevas bandas y también muchas más cosas de grupos que ya me gustaban por aquél entonces, básicamente el rollo más grunge/alternativo y bandas de hard-rock como Guns n’ Roses o Aerosmith.

Every picture tells a story…

Una vez, durante un verano de esos en los que a los estudiantes nos tocaba trabajar, estuve currando en una portería de un edificio de oficinas de Barcelona, sustituyendo al fulano que ocupaba el puesto titular. Por cierto, un gran trabajo, todo el día sentado, leyendo, sin hacer nada de nada, sin pasar calor … un chollo. Pero el gran descubrimiento fue que el portero titular en cuestión, además de una ingente colección de revistas Interviú (que me alegraban la vista durante las horas de trabajo), guardaba en su garita un montón de ejemplares de Popular 1 antiguos, de la época que comprendía entre 1990 y en adelante. Y no lo pude evitar, el sustraerle todas las revistas correspondientes a la etapa entre el mencionado 1990 y el 97, a partir del cuál ya tenía esas revistas. Imaginaos, eso fue grande. De repente, más de 30 revistas de la que parece ser fue la época dorada del popu, los 90’s.

El NoMeJudas: espejo de tantos rockeros juntaletras…

Releer esas revistas y venir a mi cabeza mil y un recuerdos, es todo uno. Aunque no es siempre algo positivo. Por supuesto, hay buenos recuerdos, y otros no tan buenos. Que diez años dan mucho de sí. Aunque la memoria, traicionera ella, hace que los primeros recuerdos que te invadan sean los buenos, tratando de enterrar los malos a seis pies bajo tierra. Desempolvar los discos que compré y me obsesionaron en esa época es siempre un placer. También hay que contar que en esa época o no tenía Internet, o mi acceso a los discos en Internet era ciencia ficción con mi cutre conexión (como mucho, y tras horas conectado, podía conseguir canciones sueltas). Por lo que cada uno de esos discos tenía mucho más valor para mí. Todo eran sorpresas, hay veces que uno piensa que nada de lo que escuche le va a sorprender o le va a gustar más que cuando escuchó a D-Generation, a Jane’s Addiction, a Led Zeppelin o a Ziggy Stardust por vez primera. Una estupidez de sensación, pero que está ahí. Para el recuerdo me queda un poster-collage que me hice, con una cartulina grande negra y fotocopias de fotos de Hendrix, Lanegan, FL’C, Screaming Trees, Eddie Vedder o Iggy Pop, y que sigue colgado en mi ex cuarto de casa de mis padres.

En aquella época me creía a César Martín (AKA The Man) a pies juntillas. ¿Por qué no, tratándose del tipo que me descubrió a Gram Parsons o a Temple Of The Dog? Me encantaba el No Me Judas, el Correo y el Apéndice (a los que llegué a escribir varias cartas, tres o cuatro de ellas publicadas), era lo primero que leía. Con el paso de los años, empecé a valorar de otro modo la opinión de The Man en particular, y del popu en general. Sin embargo, no puedo dejar de agradecer tanta orientación musical y cinematográfica, y los buenos ratos pasados leyéndolo. The Man me sigue pareciendo un tipo que escribe bien, y aunque su opinión ya no me la tomo como un dogma de fe, sabiendo de qué pie cojea, la tengo en cuenta. Y, diablos, me siguen entreteniendo sus textos cada mes. Y su blog.

Por cierto, que los popus de 1990, 1991 y 1992 son a veces sonrojantes, pero me encantan. Otro día dedicaré una entrada a esos popus en los que Sting reinaba en portada y The Man se dedicaba a la sección “línea exterior”.

Canciones:

Hellacopters: “Hey!”
D-Generation: “D-generated”
Jane’s Addiction: “Ted… just admit it”

13
Mar
07

Se aceptan peticiones. Hoy… El Sr. Lobo

Por petición popular, del amigo Lorenzombie concretamente, la entrada de hoy la dedicaré a un local de Barcelona que adquirió tintes míticos: el Sr. Lobo!!!
Repasemos lo que decía Lorenzombie, oscense de adopción (todos sabemos que su verdadera patria chica es el Averno): “El Sr. era una fuente de rumores bestial… cuando yo llegué a Barcelona ya estaba cerrado y montones de personas me contaban algo que había pasado en el Sr. Lobo (…) ilumíname y cuéntame que hay de cierto en estas historias y qué no. O añade tú una nueva leyenda urbana sobre el ‘garito maldito’.”En la actualidad sigue abierto, en una de sus múltiples reconversiones, tirando de Internet leo que ahora es un local metálico:

Sr. Lobo / Metal Zone.
Lo mejor templo de metal en Barcelona!
Estilos de música: Rock, Heavy Metal, Gotico, Dark, Alternativa, Grunge

Había sido también un local de house (o así lo anunciaban) hará dos o tres años, con el nombrecito de Lokotron (tela). Pero no. La historia del mito se remonta, y perdonen, pues tiro de memoria y no es muy buena, a 1996.

En esa época, la zona de bares de Poblenou de Barcelona se convirtió en un referente de la chavalería. Entonces, recordemos, la era alternativa, el grunge, o cómo carajo se quiera denominar, estaba en pleno apogeo a nivel masivo en este país, aunque estilísticamente estuviera ya de capa caída. En el 96 Nirvana estaban todavía en lo más alto de las ventas con su unplugged y publicaban disco en directo post-mortem, estando todavía fresco le grand finale de Cobain. Un repaso rápido de discos nos lleva a Beck y su Odelay, a Sepultura con Roots, a Marilyn Manson con Antichrist Superstar, a Metallica y su disco grunchy, Load, RHCP con One Hot Minute, a unos REM superestrellas grabando New Adventures in HIFI, y a un auge del punk melódico de Offspring, Green Day, NOFX o Bad Religion. En lo español, Dover o Ska-P estaban a punto de llegar de un modo masivo y Los Planetas publicaban Pop. En cine, “Trainspotting” e “Historias Del Kronen” eran devoradas por los adolescentes (como yo) con pasión, y de nuevo había festivales importantes, 96 es el año del mítico Dr. Music Festival de Escalarre, del Benicassim como referencia y del fallido experimento Pop Festival de Badalona. Todo ese caldo de cultivo es importante para conocer por qué se puso tan de moda el Sr. Lobo.

Ya lo ven: un sitio con glamour

En esa época, si eras adolescente, o eras grunge, o eras makinero. Y si eras grunge, tu zona de ocio por excelencia era Poblenou, donde podías hacer botellón tranquilamente en un portal, al ser zona industrial, de talleres y oficinas sin apenas vecinos, y luego ir a bares y discotecas donde se pinchaba ese grunge-noise-hard rock-rock alternativo-punk y lo que fuera, pero lejos de cualquier tipo de sonoridad mákina que entonces también estaba de moda.

El Sr. Lobo se abrió en el 96, en el núcleo de Poblenou donde se situaban locales como L’Ovella Negra, Pepe’s, Burros, Q3, Bóveda, Dixie 127, o A Saco. Y en seguida tuvo algo que nos enganchó, era una discoteca con pista y dos futbolines, pero no cobraban ni entrada, ni consumición mínima obligatoria. Claro, para la chavalería era el sitio perfecto al que acudir por las tardes. He de decir que durante la época de más apogeo del Sr. Lobo yo tenía 16 y 17 años, por lo que casi siempre acudía por las tardes. Ese lugar queda asociado a mis tardes de viernes y sábado, más que a las noches.

Ese reclamo económico no tardaría en hacer efecto y pronto, los que pagábamos 600 o 700 pesetas por discotecas como Bóveda o Dixie 127 preferiríamos ir “al lobo”. Tanto es así que no tardaron en cobrar una triste entrada de 100 pesetas, de la que nadie se quejó. Por 20 miserables duros, podías pasarte hasta las diez y media, si no recuerdo mal, por allí. Cien pesetas era el pasaporte a un sitio cutre a más no poder, parecía ser un taller remodelado, oscuro, con varias columnas y una zona para baile. Dos barras, dos futbolines, dos podios y medidas de seguridad cero. La bebida era verdadera bazofia, aunque eso sí, eran más o menos estrictos con el tema del DNI para poder servirte algo más que cerveza. Todo en vaso de plástico, por supuesto. Y fue tal el éxito del sitio, que pronto esas 100 pesetas pasaron a ser 300, con valor para una consumición (refresco o cerveza).

Muy pronto la popularidad del sitio crecería, y en cuestión de meses, a partir de las seis de la tarde se formaban grandes colas, desde la puerta por toda la calle Almogàvers e incluso torciendo hasta la calle Zamora. La fórmula era sencilla, un precio barato, una cierta sensación de libertinaje y un bonito repertorio musical, con highlights que ahora recuerdo con mucho cariño: The beautiful people, Smells like teen spirit (apoteosis), Come out and play, Ruby Soho, Roots, Killing in the name (quemechupeslapoya), Lump, Give it away, Loosing my religion, Creep, Bullet with butterfly wings, Lust for life (recuerden, Trainspotting, y tal) … Cierto es que también ponían cosas de hard rock urbano español tipo Siniestro Total o Kortatu. Pero si tenías un día de suerte, yo llegué a escuchar por allí I was made for lovin’ you, Stand (REM) o Here comes your man.

Pero me temo que el amigo Lorenzombie lo que busca es carnaza, y bien, no se puede decir que el Sr. Lobo no la tuviera. Aunque siento decepcionarle, creo que no era para tanto. De entrada, decir que uno de los puntos fuertes (hablando en términos de marketing) del local era que al parecer era fácil “pillar rollo”. Digo al parecer, porque yo nunca tuve esa suerte. Pero sí conozco amigos que entonces conseguían con cierta facilidad alguna chavalita a la que magrear si se estaba de suerte. Ese era el mito que atraía decenas de adolescentes. Por otra parte, ese sitio era de todo menos seguro. Los seguratas eran lo peor del gremio (y mira que es complicado). Si tenías algo de suerte, evitaban que te pegaran dentro del local, y te cedían un espacio más amplio en la acera de delante, para que las contorsiones en el suelo fuesen más libres. Ellos mismos contribuían a la causa, de vez en cuando, si la tarde estaba poco animada. Por otra parte, las pertenencias no estaban muy seguras allí dentro, y el robo de chaquetas era una actividad más. Cierto es que había un guardarropía, pero para qué? Éramos grunchis, podíamos dejar nuestras raídas chaquetas tejanas o de chándal o sudaderas amontonadas en el suelo. Claro que convenía no perderlas de vista. La verdad es que en general, dentro se respiraba un cierto ambiente de tensión, y sabías que en cualquier momento una pelea podía sucederse. Y los pogos eran espectaculares.

También solían pulular por ahí un grupete de supuestos red skins que de vez en cuando pulían la puntera de sus botas contra algún pobre desgraciado, con el beneplácito de los seguratas, de los que eran coleguillas. Sí, amigos, el lobo tenía un cúmulo de emociones por todos los lados. Con ventilación nula, aire acondicionado que apenas podía recibir tal adjetivo y creo que hubo suerte de que nunca se necesitara una evacuación de emergencia. A la salida se formaban unas acumulaciones importantes (que los seguratas amablemente se ocupaban de disolver), pero la calle Almogàvers tiene 4 carriles, y los coches adquieren una cierta velocidad, por lo que creo que algún susto hubo. Al final incluso se pusieron unas vallas de obra impidiendo el acceso a la calzada, para que veáis que incluso los señores lobo cuidaban a su parroquia para que no muriera bajo las ruedas de un peugeot 406.

Pero claro, Lorenzombie no quiere una leyenda urbana, quiere LA leyenda. Pues bien, ahí va. O así me lo contaron a mí. La zona de Poblenou no es que fuera gayfriendly, pero sí podías encontrarte alguna joven pareja homo dando rienda suelta a su pasión sin mayor aspaviento por parte de los parroquianos. Al parecer y dentro del local, un individuo se metió con una pareja gay, y en represalia, estos pillaron al pobre infeliz en los lavabos (pequeñísimos) y practicaron el medioevo con su recto y una botella de coca-cola. ¿Verdad? ¿Mentira? Poco importa, fue el rumor más extendido de la historia del local. A decir verdad, creo que las tintas se cargaron, y tal vez simplemente le dieron unas cuantas yoyas. Lo de la botella no se sostiene, porque en ese lugar no había botellines, ni de coca-cola, ni de cerveza, todo era expendedor de sifón. Pero lo cierto es que un buen día, cuando esos rumores cobraban cuerpo, cambiaron la puerta del lavabo masculino por unas puertas de esas de saloon de western. ¿Casualidad? Nunca lo sabremos.

La popularidad del Sr. Lobo duró un poco de tiempo más, pero todos nos sabemos la historia. La era alternativa, como moda masiva en este país, se desvaneció poquito antes que la década de los 90’s. Y en el nuevo milenio yo volví en alguna ocasión aislada, por la noche, al lugar, y resultaba una sombra de lo que fue, media entrada y algo desangelado. A partir de ahí vinieron la desaparición y las reconversiones estilísticas, pero había nacido el mito.

Canciones:

Blur: “The Universal”
The Sounds: “Seven days a week”
Richard Cheese: “Rock the Kashbah”

18
Feb
07

La importancia de ser una iguana

El otro día comentaba que el paradigma de viejuno que rockea es, sin duda alguna, Iggy Pop. Pues bien, resulta que el amigo cumplirá el 21 de abril del presente, la friolera de 60 añazos. A ver, rockeros que se mantengan con 60 años hay bastantes, por ejemplo (undostres, responda otra vez): David Bowie, Mick Jagger y Keith Richards, Pete Townshed o Jimmy Page. Sin embargo, ninguno de ellos reproduce la imagen del icono rockero como Iggy Pop. Por supuesto, todos estos términos se han de relativizar de un modo brutal. Pero lo que resulta evidente es que se encuentra en un estado de forma, tanto físicamente como musicalmente envidiable.
Conocí la música de Iggy Pop casi sin saberlo, cuando sonaba Real Wil Child en dos películas que poco se relacionarían con Iggy: Cocodrilo Dundee II y Pretty Woman. Más tarde, veía como mis ídolos del momento, los Guns n’ Roses, versioneaban en el injustamente ninguneado The Spaghetti Incident? el Raw Power, de Iggy & The Stooges. Y como a todo el mundo que tenga hoy unos veintitantos para treinta, conocí a Iggy Pop a través de su genial versión del Louie Louie que incluyó en el disco American Caesar del 93 y que pinchaban las radios y los programas de videoclips sin cesar.

Tampoco quiero deshacerme en elogios hacia su figura. Es evidente que se trata de un personaje excesivo e hiperbólico. Que sus conciertos son ceremonias de punk-rock con elementos que se repiten desde hace décadas. Que sus últimos lanzamientos discográficos no tienen tanto interés. Poco importa. Es curioso cómo se trata de un músico respetado desde los medios dispares y también por generaciones jóvenes de bandas que ven en la iguana un modelo. Y resulta curioso cómo, también, su carisma y su carrera justifica actos que en otras personas conducirían irremediablemente en el ridículo.

Cinco añitos más, y a hacer viajes a Benidorm

Iggy Pop, llamado James Ostemberg, es, al parecer, un tipo muy inteligente y cultivad. Incluso en sus años de juventud ya demostraba su superior nivel cultural. También es, al parecer, una persona calculadora y a menudo manipuladora. O por lo menos así se deduce de los comentarios recogidos en el libro (básico) “Por favor, mátame. La historia oral del Punk”. Tal vez sea esta inteligencia, combinada con un físico a prueba de bombas (y otras sustancias) las que han conducido a Iggy Pop a mantener su status, pese a no ser, ni mucho menos, un músico que haya vendido mucho. No canta especialmente bien. No es un virtuoso de ningún instrumento. Pero ha sido capaz de crear un mito (personal y musicalmente) y no destruirlo con los años.

Quisiera destacar que pese a ser el llamado “padrino del punk”, no toda la música de Iggy es punk, rock, hard rock o garage. Últimamente escucho a menudo dos discos que poco tienen que ver con sus canciones más conocidas tanto con The Stooges como en solitario, me refiero a The Idiot (1977) y a New Values (1979). The Idiot es un discazo que compuso a medias con el David Bowie más berlinés (por no decir que las canciones son de Bowie), y demostró que podía manejarse perfectamente en otro registro. En New Values la sombra de Bowie no le acompaña, aunque sí la de su compañero de visicitudes James Williamson (quien se desvanceció al acabar la década de los 70’s) y sin embargo se saca de la manga un disco de reminiscencias glam (o post-glam) estupendo, y que casi nunca se menciona.

Hoy en día, y desde hace 3 años, Iggy Pop está de nuevo con The Stooges, haciendo lo que hace años y años todo el mundo le reclamaba. Al parecer, en marzo sacarán nuevo disco de estudio, tras una temporada de giras incendiarias. Lo reconozco, preferiría que no lo hiciera, que retomara de nuevo su carrera en solitario. Las giras de retorno de los Stooges han sido espectaculares, pero me gustaría que Iggy volviera a tocar material propio. Sólo he visto a Iggy Pop en concierto, en solitario, una vez, en la gira de presentación de Avenue B en Zeleste (en 1999, creo). Y me encantaría volver a verle en escena tocando Real Wild Child, The Passenger, Lust For Life, Nightclubbing, Cold Metal, y por supuesto, material Stooge.

Canciones:

Iggy Pop: “Don’t Look Down”
Iggy Pop: “Real Wild Child”
Iggy Pop: “Avenue B”




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