Archive for the 'futbol' Category



05
Nov
11

Un Barça convulso (1994-2003) Pt.2

Habíamos dejado al Barça habiendo pasado lo que desde un buen principio se denominó “una temporada de transición”. Y por más que se hubiera negado en su momento, tal como vino, ese entrenador con aires de Lord inglés que era Bobby Robson, se fue. Y en su lugar vino la gran esperanza blanca. El hombre que llevaría al Barça a sus años de gloria. A retomar la escuela holandesa. El entrenador que llevó al Ajax a conquistar la Champions League frente al entonces todopoderoso Milan con un juego de toque, dos años antes. Bajo esa estela, en verano de 1997 se presentaba Louis Van Gaal, y toda la culerada le recibía ilusionada y con el “aquest any sí” en la mente. Se traía a 2 ayudantes, Van Der Lem y Franz Hooke, y a un par de fichajes, Hesp y Reiziger.
Lo de Hesp añadió otro capítulo a ese esperpento de la portería blaugrana, que parecía un puesto más complicado que el de batería en Spinal Tap. Y aunque Hesp en principio venía como suplente de Vitor Baía, no tardaría en hacerse con la titularidad. Y con méritos propios, todo hay que decirlo.
 El capítulo de fichajes extraños no se cerraba, claro, y se incorporaba un desconocido delantero brasileño, Anderson, y un serbio, Ciric, que atufaba a desastre desde un principio. Visto lo visto, la directiva no tuvo por más que fichar a una estrella de verdad, haciendo esa canallada que fue fichar a Rivaldo a golpe de talonario (pagando cláusula de rescisión), “robándole” al Depor su jugador estandarte, el último día antes del cierre del mercado de fichajes. Una jugada francamente fea. A media temporada se incorporó, a petición del técnico, Winston Bogarde, un tipo de técnica nula que en seguida, y no sin razón, acabó siendo el receptor de todas las puyas de una grada que no estaba contenta.

Con esa cara… de verdad alguien se esperaba algo bueno de este tipo?
Y eso que al final, el equipo acabó conquistando la Liga, 4 años después, la Copa del Rey, y la Supercopa de Europa. Es decir, el club hacía triplete, pero la culerada no estaba del todo satisfecha. Probablemente, a esas alturas, sería por las expectativas puestas en Van Gaal como el Mesías. Posiblemente, también, porque ese año el Real Madrid ganó su primera Champions League “en color”. También es posible que influyera el hecho de que la directiva de Núñez era cada vez más criticada. Tanto que ese año apareció el que acabaría siendo un viejo conocido, Joan Laporta, quien, como cabeza del movimiento Elefant Blau, promulgó una moción de censura, que acabaría perdiendo.
La segunda temporada de Van Gaal fue rara. A priori el aficionado debería estar contento, pero no era así. La 98-99 se celebraba el centenario del Futbol Club Barcelona, y en conmemoración, se jugaría la final de la Champions League en el Camp Nou.
Todo comenzó con una serie de fichajes, entre los que destacaban Patrick Kluivert, delatero de toque fino y olfato goleador que venía de la gloria en el Ajax y la pena en Italia, con ganas de volver con su mentor. Cocu y Zenden completaban una tríada holandesa que daría que hablar. A ellos se les unía un central argentino malote, Pellegrino, y Okunowo, otro de esos fichajes anodinos que hacen que el aficionado sospeche de que más de una comisión ha corrido por ahí. El retrato de la temporada se presentaba un poco como la anterior, con un Barça de toque y en buena posición, pero con un aficionado culé decepcionado por no ver en su equipo el fútbol mítico del Ajax y con un Van Gaal que ya tenía una guerra abierta con la prensa.
Okunowo…  ni siquiera soy capaz de recordar en qué posición jugaba…
En este sentido, la relación prensa-Van Gaal fue algo injusta. Cierto es que el míster no era la alegría de la huerta, y desde luego no supo mesurar la importancia de los medios en la Liga Española. Sin embargo, la prensa no le perdonó ni una. Y sólo faltó el fichaje de los dos hermanos gemelos Frank De Boer (AKA “el bueno”) y Ronald De Boer (AKA “el malo” o “el añadido”) para que la culerada sintiera una desafección máxima ante un equipo que en su once titular solía presentar 6 jugadores holandeses.
La temporada fue buena, el Barça encadenó su segunda liga consecutiva, siendo éste un dato importante, si se tiene en cuenta que tal evento había sucedido con Cruyff, y luego nos tenemos que remontar al período de 1958 a 1960 para volverlo a ver. En la Champions League se fracasó, siguiendo la maldición del equipo que acoge la final (que jugaron Manchester United contra Bayern Munich). Y al fin, quedó esa sensación extraña que seguro que ni Louis Van Gaal entendía… un equipo que gana dos ligas consecutivas, pero que aún así, no tiene a sus socios contentos. Lo cuál demuestra que, a veces, llevar un club de fútbol no es tan sencillo. ¿Qué más necesitaba el aficionado blaugrana? Pues por lo visto, necesitaba algo más.
De ese modo, Van Gaal afrontaba su tercera temporada, la 1999-2000, esta vez sin su ayudante de siempre, el hombre a un Farias pegado, Van Der Lem, quien iniciaba una carrera en solitario, como un Mick Jagger cualquiera. Las malas lenguas del Camp Nou, que las hay, y muchas, dijeron que en realidad, quien ponía el talento en la pareja Van Gaal-Van Der Lem era, en realidad, el segundo, decían que él era el cerebro en la sombra. Fuese eso cierto o no esta tercera temporada fue la del fin de la era Van Gaal.
Pero no adelantemos acontecimientos, y hablemos de esos fichajes que nos hacían echarnos unas risas cada verano. Llegaron Dani, delantero“promesa eterna”, que venía de una buena temporada en el Mallorca, el portugués Simao, llamado a ser “el nuevo Figo”, muy flojo, el otro delantero del Ajax clásico de Van Gaal, el finlandés Litmanen, con lo cuál se demostraba que el holandés no era muy bueno con el mercado y tiraba de contactos, y luego, el clásico fichaje tonto para las comisiones de turno, el francés Dehu… premio si alguien es capaz de recordar su cara. Por lo menos la portería seguía, por tercer año consecutivo, siendo un puesto estable.
Va, que nadie se acordaba de su cara…
En esta tercera temporada todo estalla por los aires. El juego nunca deslumbró, pero era efectivo, antaño. Cosa que no continuó siendo en esta 99-00. La relación con la prensa era más mala que nunca (“interpretación siempre negativa, nunca positiva”, espetaba Van Gaal cabreadísimo en una rueda de prensa), y el enfrentamiento, televisado, del técnico con Òscar Garcia, echándole a empujones de un entrenamiento (con la mítica frase “tú no tienes ritmo! Fuera!”) acabó de poner al público en su contra. El culé medio consideró aquello como una suerte de “toma de la Bastilla”, simbolizando al canterano como el jugador del Barça de raíces contra un entrenador antipático que sólo se traía jugadores holandeses. Parte de razón había, claro, aunque el tiempo ha demostrado que seguramente Òscar Garcia no era un jugador para el Barça. Y como en todo circo que se hunde, le crecen los enanos, Rivaldo entró en rebeldía, diciendo que se negaba a jugar si el entrenador le colocaba, como solía hacer, en el puesto de extremo. Una indisciplina que hubiera sido inaceptable en cualquier club normal, demostró que la situación en el Barcelona no era normal. Por si fuera poco, Kluivert, en su segunda temporada, andaba más perdido que nunca, tras un primer año decepcionante, y se dice, se comenta, que pasaba más tiempo en la Sala Bikini que en el campo entrenando.
Al final, el Deportivo de la Coruña ganó la Liga, el Real Madrid, su segunda Champions en 3 años, y eso puso la puntilla: Van Gaal dimitió, y en su defensa hay que decir dos cosas, una, que se negó a cobrar el millonario finiquito que le correspondía, lo cuál le honra, y dos, que era un experto en frases para la historia, con esa rueda de prensa final diciendo aquello de “Señores de la prensa, felicidades, me voy”.
La temporada se saldó sin título alguno. Y con un Josep Lluís Núñez que también dimitió, tras 22 años en el club, cerrando, verdaderamente, toda una etapa. 

Canciones:

Miguel Ríos: “Banzai”
U2: “So Cruel”
UFO: “Doctor, doctor”
04
Nov
11

Un Barça convulso (1994-2003) Pt.1

#Para los miles de fans de NDK a los que a su vez, no les gusta el fútbol, denle una oportunidad a este texto… ésto no son entradas dedicadas al fútbol, sino que son más bien reflejo de una época, de unas sensaciones… y si aún así, no lo aguantan… bueno, no serán más de un par de entradas#
Sucedió como una epifanía. Estaba cenando en un restaurante donde tenían esa costumbre tan típica de colgar en las paredes fotos de los famosos, famosillos y famosetes que hayan llenado la panza allí. Así, vemos a la celebrity en cuestión rodeando con su brazo al dueño o al cocinero, quien no puede disimular su gozo de haber alimentado tan ilustre estómago y tratando de empaparse de un poquito de glamour. O de lo que sea.
Uno de esos retratos que amarilleaba en la pared mostraba un grupo, amplio, de hombres en torno a una mesa. Me hizo falta un segundo vistazo para vislumbrar algunos rostros conocidos… Ronald Koeman… José Mari Bakero… Hristo Stoichkov… pero también Julen Lopetegui… Jordi Cruyff… y … ta-ta-chaaaaan: Igor Korneiev. Entre otros.

Una Última Cena moderna
Automáticamente, todo ello me llevó, de golpe, sin avisar y sin DeLorean que valga, a una regresión, a un tiempo en el que los componentes del Barça no meaban colonia ni pretendían optar al premio Nobel de la paz, ni tan siquiera ser ejemplos dels catalanets que els admiren. Se conformaban con ganar. Ganar, aunque fuera de penalty en el minuto 90.
Nunca he hablado mucho de fútbol en estas líneas. Pero para todos aquellos (miles de) lectores de NDK que rebosan juventud y algo de acné, y se piensan que el Barça ha sido siempre un equipo que ganaba ligas, Champions Leagues y que alucinaba con su juego, que sepan que no. Y no me refiero a la época de la 5ª del Buitre y Migueli, y todo aquello que suena más rancio que la canción de la Colonia Chispas. Para todos aquellos que se piensan que con Johan Cruyff y el Dream Team el Barça se volvió un club ganador para siempre jamás, que sepan que no. Que desde mediados de los 90’s y hasta la llegada de Ronaldinho hubieron largas travesías en el desierto, mucho esperpento, fichajes descacharrantes y mucho anecdotario. Y de eso tratarán las siguientes líneas.

Quisiera comenzar esta historia en la temporada 94-95. Después del varapalo de la final de Atenas, se oye la expresión “fin de ciclo”. Laudrup ficha por el Madrid, y en los burladeros de can Barça se dice que se había liado con la hija de Cruyff. Información totalmente sin contrastar, pero es que el Camp Nou resultaba ser el peor de los patios de vecinas. Ese Real Madrid, de la mano de Jorge Valdano, había confeccionado un buen equipo, con el danés, con Fernando Redondo y con ese oportunista del gol que era Iván Zamorano. ¿Y el Barça? Pues en su renovación de fin de ciclo comenzó con una serie de fichajes que vistos hoy en día resultan aún más absurdos que en su momento. Hablo de traerse a Hagi, el llamado “Maradona de los Cárpatos”, rumano de 29 años que ya había fracasado en el Madrid años atrás (de 1990 a 1992). No contento con eso, Cruyff se trajo primero a Xavi Escaich y luego a Igor Korneiev, es decir, a la delantera con la que había bajado el Español (entonces todavía con eñe) a segunda un año atrás. Eskurza y Jose Mari suponían ser el relevo a los Bakero o Beguiristain.
El Maradona de los Cárpatos… poca broma
Mención aparte merece Julen Lopetegui. Ok, hoy en día Lopetegui es un chiste, es el tío que tuvo la lipotimia más graciosa de la tele en directo. Pero por aquél entonces, el que había sido portero del Logroñés pasaba por ser el meta con mayor proyección de la Liga. Y fue el elegido cuando se le dio la patada a Zubizarreta. Todo pintaba bien… pero en el partido de Supercopa de España contra el Zaragoza, en pleno agosto, en casa, frente a un chute fácil, se tira haciendo una vistosa palomita… para que se le escape el balón de las manos y quede en el ridículo más espantoso. Frente a una afición que entonces no pudo evitar ese mantra tan culé del “aiaiaiaiquepatirem”. ¿Premonición? Tal vez. La realidad es que a partir de ese momento, la carrera de Lopetegui fue de mal en peor y acabó la temporada con Busquets (padre) quitándole el puesto titular en la portería blaugrana. Otro que tal, tío más bien quinqui, que vestía siempre pantalón largo para jugar y no era capaz de parar ningún balón, sino que siempre despejaba como si de un portero de balonmano se tratara. El esperpento en la portería del Barça dará mucho que hablar en los próximos años, eso era sólo el principio.
Por si fuera poco, un Romario, dicho sea de paso, de lo mejor que jamás he visto en un campo de fútbol, que acaba de ganar un mundial, se convierte en un foco de problemas. Comienza mal, decidiendo unilateralmente alargar sus días de vacaciones tras el mundial de USA’94. Luego se pasa media temporada yéndose de fiesta. Más tarde unos rateros de poca monta le secuestran al padre en Brasil. Y al final, la cosa acaba como no podía ser de otro modo, con Romario dejando el Barça (o siendo invitado a hacerlo) en invierno para fichar por el Flamengo. Una pena.
Fue portero del Barça, antes que especialista en las escenas de  acción de La Sexta
La temporada acaba siendo nefasta, un sólo título, menor, la Supercopa de España, dos severos correctivos, 5 a 0, uno doloroso en el Bernabéu y otro ridículo frente al Racing de Santander, el Real Madrid se lleva la liga y el Barça acaba 4º. Y sólo se puede señalar que jugadores de B comienzan a tener una presencia que se haría más notoria con el tiempo: Roger Garcia, Sánchez Jara (un hombre a un bigote pegado) y (oh-oh) Jordi Cruyff…
Y si en la temporada 94-95 se hablaba de renovación, en la 95-96 esta renovación es un hecho. Figuras como Stoichkov abandonan el Camp Nou (para militar en el Parma) y se fichan 4 extranjeros nuevos: Figo, Kodro, Popescu y Prosinecki… veamos, Figo resulta ser una apuesta, muy interesante, pero lejos aún de lo que daría. Kodro era un jugador bosnio que el año anterior había conseguido el pichichi con la Real Sociedad. En un ideal, un tío que marcaba tantos goles en un equipete mediano como la Real, debería haberse hartado a marcar de azulgrana… pero no, amiguitos, esto es el Barça, y nada es “normal”. En esa época estalla la guerra de Bosnia, lo cuál afecta psicológicamente y de un modo grave a Kodro, que acaba siendo un bluff, incapaz de ver puerta. Popescu se supone que aportaría músculo al equipo, y sin ser gran cosa, se mueve en lo aceptable. Y Prosinecki resulta formar parte de eso que se conocería como cruyffadas: el holandés decidió que podía recuperar a un Robert Prosinecki que, en honor a la verdad, venía de una temporada muy buena en el Oviedo, tras su triste paso por Madrid. Al final, nada, un trofeo Gamper vistoso, y a arrastrar penas y lesiones por el campo el resto de temporada. Esto de recuperar jugadores que habían fracasado previamente de blanco se estaba convirtiendo en una costumbre bastante tonta. Finalmente, también destacar a Ángel Cuéllar, fichado del Betis y que se lesiona en la primera jornada de liga para varios meses. Muy significativo de cómo iba a ser la temporada.
A pesar de todo, el Barça acaba estando ahí, peleando por una Liga y una Copa que se acaba llevando el Atlético de Madrid de Radomir Antic, Pantic, Simeone, Caminero y Penev. Gran parte de la culpa la tiene la llamada 5ª Del Mini, un grupo de jugadores que suben del Barça B e insuflan descaro y buen toque al equipo, hablo de nombres como Roger Garcia, Jordi Cruyff, Celades, Toni Velamazán, Juan Carlos Moreno o un celebérrimo De La Peña. Al final, terceros en Liga y subcampeones de copa. O sea, nada, en una liga que sería la liga de 22, por esa moratoria que permite a Sevilla y Celta mantenerse en primera división, previas manifestaciones en ambas ciudades, Sevilla y Vigo (hay que joderse), cuando legalmente, y por no cumplir con la normativa que obliga a la conversión de los clubes en Sociedades Anónimas Deportivas, deberían haber descendido a 2ªB.
Esperpento tras esperpento, en la portería culé continúa el show. Lopetegui pasa de ser el 2º portero a ser el 3º, porque Mariano Angoy pasa a defender, en ocasiones, la meta blaugrana. Angoy es, además, yerno de Cruyff, quien por si fuera poco, tiene a su hijo en plantilla. Veamos, lo del hijo, puede pasar, el chaval no era malo, aunque sin apellidarse como se apellidaba, jamás hubiese vestido la zamarra del Barcelona. Pero lo de Angoy no tenía nombre. El tipo acabó su carrera deportiva como kicker del equipo de fútbol americano de los Barcelona Dragons, no te digo ná y te lo digo tó.

El yerno
Al final de la temporada, las peleas Cruyff-Núñez se elevan tanto de tono que, dado que los resultados tampoco acompañaban, la cosa acaba con el cese del holandés, tras una grave pelea verbal con Núñez, en donde no faltan insultos personales. El presidente llega a insinuar que Cruyff “deseó un mal” a su recién nacida primera nieta. Sin Cruyff en el banco, Carles Reixach toma las riendas durante las pocas jornadas que faltan, para acabar dejando también el club y yéndose a entrenar a un destino muy de moda entre las vacas sagradas del fútbol de los 90’s, Japón, que se convierte en un cementerio de elefantes en versión balompédica. Le sufrirían durante varios meses en el Yokohama Marinos. Pobre gente.
La temporada 96-97 comienza con un entrenador nuevo, Bobby Robson, un abuelete inglés con mucha flema que había hecho historia al llevar a un club humilde como el Ipswich Town al subcampeonato de la Premier League y a ganar una UEFA. Como segundo, el que sería un tío muy (demasiado) popular años más tarde, José Mourinho. Desde el principio, no obstante, se decía que ésa iba a ser una temporada de transición, esperando la llegada, en la siguiente temporada, del que era el míster de moda por entonces, Louis Van Gaal. Pero mientras tanto, y un año más, comienza el baile de nombres y fichajes.

Un hombe. Un bigote. Dos apellidos. Sánchez Jara
La 96-97 es la temporada de aplicación, por vez primera, de la Ley Bosman, y pronto las cosas se desmadrarían. De entrada, llegan Luís Enrique y Lauren Blanc, fichados el año anterior por Cruyff. La temporada del central francés, de toque finísimo, resulta ser fantástica. Luego, en un golpe de efecto que resultó ser gaseosa pura, gesto de cara a la galería, se repesca a un Stoichkov en horas bastante bajas. Por si fuera poco, llegan también Fernando Couto, central leñero portugés, Pizzi, el eterno delantero revulsivo y salvapartidos, un brasileño de poca fortuna, Giovanni y un capricho de Robson, el nigeriano Emmanuel Amunike, popularmente conocido como “Manolo”.
El culebrón de la portería tiene un capítulo nuevo, con la llegada de Vitor Baía, más estrella mediática y chico guapo que portero. Un bluff en toda regla que se ganó la antipatía de la grada (y los beneplácitos del sector femenino de la afición).
Mención aparte merece el que me parece el mejor brasileño que he visto en el Barça, me refiero a Ronaldo. El chaval era una estrella en su país y fue llamado a la selección con sólo 17 años, para recalar luego en el PSV Eindhoven. El Barça sería su primer gran club, y la temporada que hizo fue inigualable. Él solito eclipsó a todos los demás.
Una lástima que ese año el Real Madrid hubiera fichado a Capello entrenando a un grupo que contaba con Suker, Mijatovic, Roberto Carlos y Seedorf. Y aunque el Barça plantó cara hasta el final, la liga se fué para Madrid, teniéndose que conformar la culerada con el 2º puesto.
Acabó el club ganando la Recopa de Europa, que compitió porque el Atlético de Madrid jugaba la Champions League. Ese título, a pesar de ser el primero en 3 años, supo a muy poco, y al final, la etapa Robson se cerró tal y como estaba previsto, en verano del 97.

Canciones:

Poison: “Talk Dirty To Me”
Keith Richards: “You Don’t Move Me”
The Muffs: “Sad Tomorrow”
31
Oct
11

100% Colombian

Volví ayer de un viaje de trabajo a Colombia. Venga, reconocedlo… ha sido acabar la frase y todo el mundo ha pensado en hacer el chistecito. Que si me he traído bolas de coca metidas en mi estómago (u otra parte de mi cuerpo). Que si me había secuestrado la guerrilla. Que si había estado en una fiesta en casa de uno de los capos de Cártel de Cali y habíamos acabado borrachos de ron disparando las uzis. Sí, por más que les pese al los colombianos (el tema salió en varias conversaciones), los tópicos pesan mucho. En todos los países, claro está. Lo que ocurre es que en Colombia los tópicos son francamente chungos, y apenas pasan de la violencia, la corrupción, la droga y la Guerrilla. Si hasta Steven Tyler, en la biografía de Aerosmith (excelente, “Walk This Way”, de 1997) se refería a su etapa de mayor adicción a la cocaína con una frase que venía a ser algo así como “he relanzado la economía de Colombia”. Tampoco me andaré ahora con otro clásico de los reportajes de viajes, “Colombia es un país maravilloso” y blablabla. Pero sí es cierto que hay mucho tópico por superar.
En realidad se trataba de mi segundo viaje al país este año, a Bogotá, concretamente. Lo que ocurre es que el anterior lo realicé en medio de esa travesía por el desierto que me alejó de este, vuestro blog favorito, y bueno, por lo que sea, jamás hablé de él. En fin, mis viajes laborales son particularmente poco atractivos para el relato. En un viaje por trabajo, habitualmente, no hay tiempo de hacer turismo, y uno pasa por los sitios sin ver ese monumento, ese museo, esa playa o esa calle tan característica. Tampoco se puede decir que me de margen para “diluirme con la población nativa” y todo ese rollo tan de libro de viajes. En general, hay demasiado de ese triunvirato mágico aeropuerto-hotel-oficina que, lamentablemente, apenas tiene diferencias apreciables por todo el mundo. Lo intento, no obstante, buscar un poquito de tiempo para el turismo y, sobretodo, más por ser casi lo único que puedo conseguir, tratar de mezclarme con la gente del lugar.
 
Venga, un poquito de exotismo, que no se diga…
Una de las cosas que me llamó la atención fue el ritmo de trabajo. Reconozcámoslo, todo el mundo tiene en mente la idea de una cierta, digamos, relajación laboral. Bueno, supongo que de todo habrá, pero tengamos en cuenta un detalle: la jornada laboral en Colombia es de 48 horas semanales. Es decir, se trabaja los sábados. O en ocasiones, se trabaja 9 horas semanales y sábados alternativos. No sólo eso, sino que además hay tan sólo 15 días (naturales!!!) de vacaciones al año.
Bogotá es una ciudad enorme, con unos diez millones de habitantes, situada a entre 2600 y 3000 metros por encima del nivel del mar. Eso, que parece un dato intrascendente, es algo que noté al despertarme la primera noche. Una sensación como de congestión nasal, pero sin tenerla. Entre la respiración un poco más costosa (me pregunto cómo será en La Paz o Cuzco) y el desbarajuste del cambio horario, no resultan ser las mejores condiciones para trabajar. Pero amigos, uno es un profesional y lo afronta todo con la mayor dignidad de la que puede hacer gala. Mi contacto en Bogotá me recoge en el hotel y nos disponemos a llegar a la oficina. Las calzadas de las calles están destrozadas, en pleno centro financiero hay unos socavones que hacen necesarios unos buenos amortiguadores en el coche. El tráfico es caótico, pero no sólo por la cantidad ingente de coches que hay, sino por el desprecio a las normas más elementales de seguridad al volante. Sin embargo, y como suele ocurrir en estas situaciones, nadie se cabrea, nadie toca el cláxon. En Barcelona, una indecisión o un cambio de carril inesperado provocará una pitada monumental con mención a la madre incluida por parte del conductor de detrás. No era el caso de Bogotá, donde todo el mundo aceptaba ese caos con resignación y calma. Para tratar de mejorar eso, el ayuntamiento restringe la circulación a días tres días de la semana por número de la matrícula del vehículo. Es decir, el conductor de Bogotá no puede sacar su vehículo un par de días determinados de la semana, que el local define con una expresión graciosa, “tener pico y placa” (??), y el fin de semana es abierto para todos los coches.
No está nada mal…

 
Tres acontecimientos marcaban el pulso de la semana: la cercanía de Halloween, las elecciones municipales que se han celebrado hoy, domingo, y la final de la Copa de Colombia. Como suele ocurrir en casi toda América Latina, la influencia de los USA es muy fuerte. Por eso, si en España, cásica, orgullosa, rancia, católica, apostólica y romana, resulta cada vez más difícil evitar la incorporación de Halloween a la festividad de Todos Los Santos, en Colombia ya forma parte del imaginario colectivo, con niños disfrazándose y pidiendo caramelos incluidos. Todos los locales de ocio de la ciudad estaban decorados con telarañas de pega, calabazas, lápidas y muñecos de brujas. Las fiestas prometían ser grandes, aunque se adelantaban al fin de semana, ya que al caer el día 1 en martes, se trasladaba el festivo a un lunes de otra semana. Sin embargo, había un problema: las elecciones municipales del domingo. Y por qué suponía eso un problema, se preguntará el lector de estas líneas. Pues porque en Colombia, la jornada de reflexión previa a la cita electoral incluye el establecimiento de Ley Seca. Es decir, desde las seis de la tarde del sábado, estaba prohibida la venta de alcohol tanto en bares como en licorerías y supermercados. Con lo cuál, había un cierto stress en comprar las botellas antes de esa hora para consumirlas en casas, en fiestas particulares o antes de, como dicen allí, “irse de rumba” (ya me perdonaréis, a mí, que soy tontito, me hacen gracia estas expresiones).
Y aunque el fútbol colombiano hace tiempo que está de capa caída, y los años de gloria de la selección colombiana quedan muy atrás, sigue siendo un entretenimiento muy seguido. El jueves se jugaba la final de Copa (partido de vuelta), y muchas personas de la oficina donde trabajaba esa semana se reunían para ver el partido en un bar, así que me invitaron a unirme a ellos. Todos los bares llenos a rebosar de hinchas siguiendo con ese entusiasmo que todo el mundo relaciona con el fútbol argentino para ver el partido: Millonarios de Bogotá contra Boyacá Chicó. En fin, ni siquiera beberme varias botellas de cerveza Club Colombia me hizo superar mejor un partido que definiría el gran José María García de ramplón, ramplón. Pero amigos, en ese bar se podía sentir la Pasión. Al final, que sé que andábais en un sinvivir, y pese al penalty fallado, acabó ganando Millonarios, “los millos”, lo que desbordó la alegría en las calles por parte de los hinchas (y el puteo por parte de la vecindad, supongo). Después, una cena a base de picada, un plato para compartir a base de patata criolla, morcilla y salchichas, en el cerro Santa Bárbara, y un canelazo, licor caliente y muy dulce para una noche como ésa, lluviosa y algo fresca, como fue toda la semana.
Vista de la ciudad desde el cerro, con un canelazo en la mano.
En fin, por supuesto que también trabajé. Lo malo de esos viajes que, para ser en el otro lado del mundo, acaban siendo cortos, es que entre la jornada y el mal dormir por el cambio de hora, uno llegaba al hotel bastante cansado. Y los cachondos del hotel, además de surtir el baño con los clásicos jabones, pasta de dientes y demás, incluían un preservativo en el kit. Me pregunto si lo renovarían al día siguiente, en caso de que lo hubiera usado…
Canciones:
Mother Love Bone: “Stargazer”
Fun Lovin’ Criminals: “Up On The Hill”
Vampire Weekend: “Mansard Roof”
14
Oct
11

Julio Alberto: Mi Verdad

En esto de la literatura ocurre como en tantas otras disciplinas o aficiones. Un día uno se pasa toda la tarde escuchando el “Caravanserai” de Santana o pinchando una y otra vez “Pet Sounds”, “Life’s Rich Pageant” y “Dark Side Of The Moon”… pero un día, no sabes por qué, te apetece una sesión con el debut de Poison. Hoy quiero cenar un magret de pato con salsa de pera y mañana disfrutaré como un puerco con un cubo de KFC. Esta noche me pongo “El Padrino” pero ayer estaba tan feliz visionando por enésima vez “Los Goonies”. Así, del mismo modo, yo siento una cierta predilección por los libros cutres, carroñeros, generalmente biografías o inverosímiles ensayos acerca de cualquier sandez sin base alguna. Y los puedo combinar sin problema alguno con cualquier obra que tengáis en mente. Por lo tanto, cuando tuve la oportunidad de que cayera en mis manos la autobiografía de Julio Alberto Moreno, por supuesto, no me pude resistir.

Julio Alberto (a secas, se merece ser reconocido sin necesidad de apellido) es uno de esos hombres que ha tenido una vida digna de ser contada. Lástima de que se haya hecho de ese modo. Pero de eso hablo luego. Y volvamos a Julio Alberto, el personaje. Lateral de toque finísimo, tuvo la mala suerte de militar en ese Barça de los 80’s, de infausto recuerdo y que traumatizó a una generación de culés, por ser el único equipo capaz de tener en sus filas al protagonista de estas líneas, a Schuster, a Maradona, a Quini … y apenas ganar una sola liga, una copa del rey y poquito más… mientras se pasaba de un dominio vasco a la Quinta del Buitre. Si me permitís el paréntesis, me hace gracia y me sorprende esa culerada que hoy en día se queja si su equipo no golea todas las jornadas o no gana todos los títulos. No hace tanto que el Barça era el eterno segundón de la liga, y a la que se perdían un par de partidos de pretemporada, el pesimismo hacía presencia y el “ai, que patirem” era como un mantra en la grada.
Definitivamente, la verdad es algo sobrevalorado
Volviendo a Julio Alberto, tuvo una infancia difícil, con un padre muy chungo y una madre poco equilibrada, y en seguida despuntó en Atlético de Madrid, para fichar por el Barça regentado por Núñez en 1982, donde permanecería hasta 1991. Y luego la caída. Drogas, separaciones de sus diferentes mujeres, prostitutas, depresiones, quiebras económicas, intentos de suicidio y redenciones. Y ahí es donde se supone que cobra sentido este libro. Escrito al alimón por el propio Julio Alberto y una tal Carmen Amorós, quien dice ser periodista pero de quien nada he encontrado en Internet (tampoco es que haya buscado mucho), el libro recoge conversaciones del ex-futbolista con la periodista, acerca de su vida. Cabe decir que está escrito en 1994, lo cuál no deja de dar bastante vértigo, si pensamos en los 17 años que han pasado. En ese momento es cuando hacía poco que se había conocido la caída al pozo del lateral izquierdo, cuando salieron a la luz sus gravísimos problemas económicos y sus intentos de suicidio, lo cuál supuso un pequeño shock para todos aquellos que recordaban al jugador como estrella blaugrana o vistiendo la elástica de la selección española. Tampoco estábamos todos tan acostumbrados como ahora a ver ex-deportistas de élite cayendo en espirales de vicios y bancarrotas.

La historia se puede resumir bastante rápido. Julio Alberto no sólo es un jugador de élite sino que también da el gran braguetazo casándose con Carmen Escámez, de familia muy rica, propietarios del Banco Central. Su matrimonio, no obstante, acaba muy mal, aunque tienen a una hija con quien el padre no tiene apenas contacto. El tener de su lado a una familia de banqueros, sumado al propio dinero que su condición de futbolista le genera, hace que muchas personas se acerquen a él en busca de una inversión para negocios que en muchas ocasiones están mal llevados, resultan ruinosos o pasan directamente a la categoría de estafa. Para el recuerdo queda un single que llegó a grabar con Carmen Escámez, una cosa realmente horrorosa pero muy definitoria del tipo de vida que llegó a tener el jugador.


Con Carmen no es excesivamente cruel en su libro. Sin embargo, a final de su etapa como jugador tiene otra mujer, Patricia, a quien pone deja fina y llega a decir que le ha practicado magia negra. Sea eso cierto o no, dilapidaron juntos su fortuna, y al final, tras una desagradable separación, fue el propio Julio Alberto quien acabó por reventar la caja. Se embarca en una espiral de drogas y putas, y cuando deja el fútbol, se dedica a otro deporte, el noble arte del destrozo de habitaciones de hotel. Con magia negra o no, hay que reconocerle que ha tenido bastante mala suerte en varios episodios de su vida.

“Esta es la historia de un hombre que casi todo lo tuvo y casi todo lo perdió”… alguien dijo sensacionalismo?

La publicación de su libro llega tras el escándalo de haberse hecho pública su situación tanto económica como de adicción, aderezado por uno de sus diversos intentos de suicidio. En ese año, sin embargo, al parecer, logra rehabilitarse y su biografía es una suerte de catarsis y demostración pública que sí, que ya no le da al alpiste. Y ése es el interés del libro.

Yo me esperaba más de esto en el libro.
Aunque es de agradecer que no eche paños calientes sobre sus problemas varios, y hable claramente de drogas, su querencia hacia las señoras que fuman y sus lamentables negocios, el libro peca de lo peor que le puede ocurrir a una biografía de estas características: aburre. Falta algo importantísimo en este tipo de “literatura”, y son las anécdotas. Es todo muy solemne, todo un poco con aire de querer dar penica, pero cae en el recurso fácil. La imagen de “yo-era-un-niño-de-pueblo-con-infancia-dura-mal-asesorado-no-lo-voy-a-hacer-más” se recalca, cuando lo que el lector quiere no es juzgar a Julio Alberto. O quizás no ahora, en 2011, tal vez en 1994 sí, por cercanía en el tiempo. En cualquiera de los casos, y no estoy seguro de si se trata de una cuestión de pudor, de torpeza literaria o de no dar nombres que puedan comprometer, apenas relata situaciones concretas. Es todo muy vago. A ver, un tipo que ha salido de fiesta con Maradona, debe tener más cosas que contar. Un tío que regentó una discoteca en Sitges (con Marcos Alonso de co-propietario). Que grabó un single de canción melódica. Que se codeó con jet set de la mano de su mujer y la familia Escámez. Que viajó por todo el mundo en una época en la que sólo los verdaderamente ricos viajaban. Un hombre así ha de tener, por fuerza, más cosas que contar. No puede ser que con una biografía así, el lector acabe, dicho en jerga futbolística, pidiendo la hora. Tal vez sea culpa de la periodista que coordinaba el libro, la tal Carmen Amorós. O tal vez el propio Julio Alberto no quisiera remover en demasía el pasado. En cualquiera de los casos, una pena, por tratarse de un libro que podía haber dado mucho más de sí y resulta ser flojito. Está claro que las biografías de Mötley Crüe, Keith Richards, Slash o Aerosmith estaban, por aquél entonces, muy lejos siquiera de imaginarse. Pero ese estilo, aplicado al este libro, hubiera resultado el ideal.

Julio Alberto con Alexanco y Lineker, o el paradigma del Barça ochentero. Ojo al detalle de calidad de escribir mal tanto el nombre como el apellido del delantero inglés: Gary Lineker
Como epílogo a estos 17 años que han transcurrido desde este “Julio Alberto: Mi Verdad” al 2011, puedo deciros que esa rehabilitación de la que hacía gala entre sus páginas no fue definitiva, y acabó recayendo a sus viejos vicios de drogas, putas, habitaciones destrozadas, intentos de suicidio y dinero gastado. Ha pasado por ciclos de rehabilitación, por etapas de estar limpio y por otros episodios esperpénticos como cuando en 1998 se le acusa de robar en el bar donde trabajaba, tras haber vuelto de una etapa de rehabilitación en las Maldivas (??) donde había pensado quedarse, incluso había abierto un negocio de souvenirs (????) que, por supuesto, no cuajó. Ha pasado también por algunas cadenas de TV de poco alcance como comentarista, incluso se sacó el título de entrenador.

Para acabar, no puedo resistirme a cerrar la entrada con un clásico de este tipo de historias, el final con la redención del personaje. Hoy en día, Julio Alberto se dedica a colaborar con organizaciones benéficas dando conferencias alertando del peligro de la droga y está vinculado al Futbol Club Barcelona, en uno de esos cargos indeterminados. Podéis seguirle en su blog. No lo lleva muy actualizado, 3 entradas en los últimos 6 meses, pero ¿quién soy yo para quejarme al respecto?

Canciones:

Pearl Jam: “Bushleaguer”
Adelle: “Rolling in the Deep”
Generation X: “Revenge”
28
Jul
08

El saludo surfero

Esta curiosa historia me la contaron cuando estuve en Hawaii el año pasado. ¿Verdad? ¿Mentira? De hecho, ¿a quién le importa? Me la explicó un guía, que trataba de explicarme el por qué del clásico saludo surfero, ya sabéis, con los dedos pulgar y meñique estirados (y el resto cerrados en puño). El que popularizó por estos lares Ronaldinho.
El ídolo caído

Pues bien, se dice que en los 50’s se celebraban en Honolulu unos grandes fastos que conmemoraban la victoria del gran rey Kamehameha, concretamente el 11 de junio. Este personaje histórico verídico, con nombre que nos lleva directamente a la serie Dragon Ball, fue el artífice de la creación del pueblo Hawaiano. Kamehameha I el grande vivió en el siglo XVIII y unificó el archipélago de Hawaii a base de batallas, creando el Reino de Hawaii. Su dinastía reinó hasta que a finales del siglo XIX, los EUA desplegaron su influencia por esas islas hasta acabar anexionándolas.

Kamehameha I El Grande

Pues bien, los 11 de junio se celebraban una suerte de desfile/rúa carnavalera en la que había varias carrozas, y en la más importante, un ciudadano interpretaba el papel del rey Kamehameha I, que saludaba al pueblo sentado en su trono. En esa época, hubo un carpintero que solía interpretar, año tras año, al rey Kamehameha. Se disfrazaba y saludaba con la mano al pueblo desde su carroza. Era un personaje muy querido.

Resultó que una vez, este carpintero sufrió un accidente que le hizo perder tres dedos de su mano derecha, el índice, el corazón y el anular. Muy apenado, rechazó volver a interpretar al rey. Cómo iba a ser el gran Kamehameha un pobre lisiado. Sin embargo,sus convecinos insistieron mucho para que no desistiera. Llevaba años siendo el Kamehameha perfecto y ese accidente no podía dejarlo en el olvido.


Uno de los mejores surfistas del mundo. Cuando aún tenía pelo participó en la 2ª temporada de “Los Vigilantes de la Playa”

De modo que ese año, una vez más, volvió a subirse a la carroza y a saludar al pueblo. Sólo que en esa ocasión, la gente, desde la calle, no veía al rey moviendo su palma de la mano, sino tan sólo los dedos pulgar y meñique. Y respondieron a su rey devolviéndole el saludo del mismo modo.

Qué injusticia se cometió con Poochie!!

Y esta es la historia del saludo clásico hawaiano. Y en tanto que el surf es el deporte nacional de Hawaii, ese saludo fue adoptado por todos los surferos, desde Kelly Slater hasta el perro Poochie. Y no, que nadie me pregunte por qué diablos el dichoso Ronaldinho también lo usaba.

Canciones:

Pink Floyd: “Take it back”
Eli “Paperboy” Reed: “Take My Love With You”
Aerosmith: “Angel”

17
Abr
08

La selección colombiana de phutbol

Creo que es la primera vez que lo hago, pero hoy voy a hablar de fútbol. Lo cierto es que cada vez me gusta menos este espectáculo (notará el lector avispado que no me refiero a él como deporte), y si hace algunos años lo seguía con interés, de un tiempo a esta parte, me conformo con conocer algunos resultados y ver algún partido completo al año, que los puedo contar con los dedos de la mano. Ahora me tocaría hablar de lo que ha perdido el fútbol, de lo que era antes y ya no es, y blablabla. Pero no. O por lo menos no hoy. Hoy hablaré de la mítica Selección Colombiana de Fútbol de los 90’s.

El Pibe Valderrama. No, no es que le falte un brazo, son los lances del juego.

Y es que le tengo simpatía a ese combinado. No es que jamás ganara título alguno, ni tampoco creo que practicara un fútbol especialmente elegante, si bien tuvo algunos destellos de brillantez dentro de un caos y un cierto sentido de lo estrafalario. Y eso, amigos, es lo que me llama la atención. Y es que una selección que lideró un tipo tan peculiar como El Pibe, Carlos Valderrama, bueno, desde luego tiene su interés.

Adofo “el tren” Valencia, más conocido por Jesús Gil como “el negro”.

Valderrama era todo un personaje, de entrada por su estrafalario aspecto. Por otra parte, también por la cantidad de honores que tuvo en América cuando en Europa sólo se paseó por clubes de segunda clase con más pena que gloria. Y en esa época, en 1993, Carlos Valderrama ya pasaba de la treintena, y sin embargo, reinando. A Valderrama le conocimos todos en la Celtiberia a raíz de estas imágenes, cuando militaba en las filas del Valladolid:

Ignoro qué estaría pensando Míchel en esa jugada, pero no cabe duda de que marcó lo que le quedó de carrera, y a partir de aquél momento, el todos los campos se le recibía con la cantilena de “michel, michel, michel maricoooooón”. La cara de Valderrama, cuando nota la mano por vez primera, es antológica.

René Higuita y su look a lo Lionel Ritchie del arrabal.

No era, sin embargo, el único estrafalario de esa selección. A la portería estaba un personaje tan bueno en su disciplina como inconsciente. Me refiero, claro, al inigualable René Higuita. Su aspecto era también bastante chungo, pero lo que llamaba más la atención era que a la mínima, salía con el balón controlado, recuperando esa posición mítica del fútbol de patio de colegio que es el portero delantero. Chutaba faltas, subía a los córners… nada se le resistía a Higuita, quien, por cierto, estuvo también en ese Valladolid junto con Valderrama. Ahora, si algo se le puede reconocer a René Higuita, es su espectacularidad, y sobretodo una parada como esta, que llamó “el escorpión”:

Si los Gemelos Derrick tenían la catapulta infernal y Mark Lenders el tiro del tigre, René Higuita tenía la parada del escorpión. Higuita no sólo era una fuente de espectáculo, sino también de escándalos. En 1991 fue a visitar a la cárcel al narco Pablo Escobar (de quién se declaró amigo) y por si fuera poco, se perdió el Mundial ’94 al verse implicado en un caso de secuestro. Nuestro héroe medió en el caso del secuestro de la hija de un amigo suyo, y eso en Colombia está penado como delito. De ese modo, Colombia perdió a uno de sus puntales en su etapa de máximo interés.

Y es que esa Selección Colombiana, que dirigió Francisco “Pacho” Maturana entre 1987 y 1994 tenía, pese a todo, un gran nivel, que demostró humillando a la todopoderosa selección argentina a domicilio, derrotándola nada más y nada menos que por 0 a 5. Aquél fué el cénit de ese combinado, que conformaban también jugadores como Faustino Asprilla (que brilló en el Parma), Freddy Rincón (que llegó a militar en el Real Madrid) o Adolfo “el tren” Valencia (que estuvo en el Atlético de Madrid, cuyo presidente de entonces, Jesús Gil, de dedicó perlas como “al negro le voy a poner yo blanco”).

Aprovecho para homenajear al gran Jürgen Klinsmann, en liza con Higuita. Yo de usted no lo haría, caballero teutón.

Parecía que el mundial de EEUU de 1994 podría ser el del gran lucimiento para esa Selección Colombiana de Maturana. Pero no lo fue. Higuita, ya lo he comentado, no pudo jugar, y el equipo pasó con más pena que gloria, siendo eliminado en la primera fase. Como detalle escabroso, decir que al poco de esta eliminación, asesinaron al defensa Andrés Escobar, quien se había marcado un autogol en uno de esos partidos, el un altercado con un fan encolerizado. Tristísimo final para una selección que quizás mereciera más. El resto de estrellas de esa selección tampoco han acabado sus carreras de forma excesivamente brillante y los escándalos se han sucedido para los Higuita, Asprilla, Valencia o el mismo Valderrama, que alguno ha protagonizado en su nuevo rol de entrenador.

Sirva esta entrada como pequeño homenaje a una selección de fútbol que proporcionaba diversión en el campo por su juego, pero también por sus pintas, su actitud y sus escándalos.

Canciones:

Duffy: “Mercy”
Chris Isaak: “Blue Moon”
Screaming Trees: “Look at you”




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