Archive for the 'fiesta' Category



09
May
12

London Calling

Esto de los juicios de valor hechos desde el desconocimiento, es lo que tiene… Cuando empecé a escuchar rock n’ roll oí hablar de una banda llamada The Clash. Se hablaba de ellos como uno de los grupos seminales del punk británico. Se suponía que tenía que ser la hostia. Duro y directo como un puñetazo. Como un escupitajo en la cara. Se hablaba, principalmente, del disco “London Calling”, que tenía esa portada con ese destrozo de guitarra. Bueno, para un ignorante en cosas del punk, si algo tenía que significar el concepto “punk”, tenía que ser, forzosamente, aquello. Y cuando escuché por vez primera el disco… bueno, digamos que me sorprendió. Aquello no sonaba tan duro ni tan rápido ni tan directo como yo tenía en mente. Supongo que son cosas de haber escuchado música de los 90’s (pongamos nombres desde Guns n’ Roses hasta el mundo grunchi)… ¿y aquello era punk? Quiero decir, no es que no me gustara, no era eso. Pero no era un puñetazo ni un escupitajo ni una botella rota contra la pared… aquello era una amalgama de rock n’ roll, cositas de pop y algo de ritmos caribeños. De algún modo, me pareció “blando”. Supongo que “London Calling” puede descolocar fácilmente, desde luego, no es “Nevermind The Bollocks”… he oído decir sandeces como que “London Calling” y The Clash eran más punk por la actitud que por su música en sí. Como si eso tuviera la menor importancia.

En cualquiera de los casos, significara lo que significara, “London Calling” resulta ser un disco de los que requieren de atención y escuchas, pero que a su vez, proporcionan momentos y matices que a veces pasan inadvertidos de entrada.


Por alguna razón que no acierto a comprender, me he levantado con “London Calling”, en esta ocasión me refiero a la canción, en la cabeza. Y automáticamente me ha llevado a un momento y a un lugar. Sala Màgic, en Barcelona. Años ha. Hora: las perritantas de la madrugada. Cerca de la hora de cierre. Íbamos 3 individuos, en un estado etílico deplorable. Uno del trío llevaba un estado etílico aún más deplorable que los demás. En un momento, los otros dos me abandonan, uno iba a acompañar al tercero al lavabo, a ver si se espabilaba. La nebulosa puebla mi mente. De modo inesperado, tengo una de esas experiencias místicas, como si me desdoblara, y una parte de mí sale del cuerpo, hacia el exterior, y me veo a mí mismo, desde fuera, subido en el (mini) escenario de Màgic, solo, cantando y bailando “London Calling” como si me fuera la vida en ello, como si tuviera que ser el elegido para sustituir al malogrado Joe Strummer. Nunca una canción me pareció tan cojonuda.

Canciones:

The Clash: “London Calling”
Counting Crows: “Rain King”
Little Caesar: “Every Picture Tells A Story / Happy”
02
Abr
12

Sueños: Los yakuza

Ok, una vez más, mis planes respecto a las entradas del blog se ven truncados. No, hoy no pensaba hablar de sueños… pero es que el de anoche… tuvo su aquél. Diablos, merece ser contado. Y comenzaré diciendo que anoche, la noche del sábado, vuestro buen amigo Kar, este aprendiz de juntaletras, se fue de parranda con los amigotes. Nada, un plan sencillo, cuatro caballeros degustando combinados espirituosos y compartiendo amigable charla mientras las melodías fluían en el salón. Para qué contar más. Luego, a esa hora en la que las personas de bien ya están a punto de levantarse, y con algo más de alcohol en el cuerpo del que debiera, me fuí a dormir.
Este dato de mi actividad sabatina, completamente irrelevante a priori, parece ser el eje central de lo que acabó aconteciendo en mi cabeza durante esa liberación mental que resulta ser el sueño, donde las cosas fluyen sin el férreo control que las circunstancias y la ética ejercen sobre nuestros pensamientos y actos.
Así que mi sueño, o por lo menos, la parte que recuerdo, comienza entrando, con mis tres camaradas de anoche, en lo que parece ser una celebración yakuza. Exactamente, me refiero a la mafia japonesa. Parece una boda, como si la hija del gran jefe se casara. O algo así. Nosotros vamos vestidos como la ocasión se merece, traje oscuro impecable y camisa blanca. Hay una gran mesa, muy baja, y estamos todos sentados a su alrededor, sobre cojines. Somos los únicos occidentales de la sala. Todos los demás son japoneses perfectamente trajeados, excepto la novia, la única mujer, vestida con un kimono blanco.
La víctima
En el transcurso del banquete, nuestro superior jerárquico en la estructura del grupo nos llama a una habitación aparte. Tenemos un trabajo que hacer. Al parecer, han pillado a un traidor, que merece un castigo. Nos conducen por un par de estancias de imaginería japonesa clásica, en maderas, paredes de papel y puertas correderas. Y en una de ellas, allí está, el traidor, que resulta tener el aspecto que Charlton Heston en la peli “Khartoum”, pelo corto y bigote. Este dato sí que me parece inquietante, pues no recuerdo haber visto “Khartoum”, o por lo menos, no en los últimos 20 años.
En cualquiera de los casos, hay que acabar con él, y para ello, nos dan unas sierras radiales de mano, de esas que son como un taladro Black & Dekker pero con la rueda dentada. Y los cuatro la emprendemos contra el pobre infeliz, que, naturalmente, muere a la primera de cambio. Pero no es suficiente, con nuestras sierras le vamos troceando hasta mutilarle. Y reconozco que esta parte del sueño se me hizo dura, me daba penica el pobre Charlton. La compasión, sin embargo, se quedó de puertas adentro, ya que acabé la faena como se me había encomendado.
Y como sucede en los sueños, tal como empiezan, se acaban, y tras esta misión cumplida, todo se desvaneció, y ya no recuerdo nada más. Sí que diré que me preocupa conocer qué extraño resorte me llevó a unirme en sueños a un grupo mafioso japonés y acabar descuartizando a un fulano.
Canciones:
Mott The Hopple: “The Ballad Of Mott The Hopple”
The Prodigy: “Breathe”
Screamin’ Cheeta Wheelies: “Boogie King”
10
Sep
09

El Elvis del Born

La otra noche estaba en el Màgic, local que hay que reivindicar una vez más. Y léase esta primera línea como reivindicación, pues ya hice lo propio hace unos meses, y uno no reivindica las cosas insistentemente a no ser que haya transacciones pecuniarias de por medio. En el tránsito de personas y personajes que pululaban por el lugar, entró uno peculiar. Edad indefinida, pero más cercano a los 40 que a los 30. Su aspecto resultaba de lo más parecido a Ford Farlaine (el de “Las Aventuras de Ford Farlaine”, la película de Andrew Dice Clay), aunque me da que el tipo buscaba un aspecto más parecido a Elvis. Ok, pudiéramos aceptarlo como imitador del Rey, más que nada porque lucía unas gafas de esas que Elvis popularizó en los 70’s, y para qué engañarnos, me encantan, y lo bien que me lo pasé llevándolas puestas toda la noche en Las Vegas. Complementaban una camiseta a rayas con un cierto aire a “King Creole”, la película de Presley, unos tejanos negros apretados, con barriga pugnando por respirar entre camiseta y tejanos, y unos zapatos blancos y negros imitación de los clásicos de gamuza de los 50’s. Pudiera pasar por un pintas… definitivamente, la discreción no era su mayor virtud.

Le ha robado los anillos a su abuela.

De repente, el DJ pincha “Burning Love”, de Elvis, y por supuesto, nuestro Elvis-Ford Farlaine particular no tiene por más que subirse a la tarima y marcarse unos pasos, a medio camino entre baile y playback, probablemente menos lamentable de lo que pudiera parecer así, explicado en unas líneas. Pero amigos, toda la sala se volvió hacia él y le coreaba, y por unos minutos fue la estrella de la noche.

Y pudiera pensar que se trataba de un tipo patético. Un chalado. De un rarito, de un “lúser”, de un tontolpueblo. Pero no. Lo que puedo pensar se resume en la castiza frase “Ahí tus huevos”. Sí, sobre esa tarima estaba un tipo que hacía lo que quería, lo que le apetecía y le gustaba, con la toda pasión que le podía poner, y sin importarle qué pudiéramos pensar el resto de la audiencia, sin importarle que estaba gordo y que era el más viejo del local. En una palabra, ahí estaba, rockeando. Y por supuesto, se llevó la merecida ovación de los que en un principio, nos reíamos de él, pero luego nos acabamos riendo con él. Y pronto volvería a ser lunes, y pronto todos probablemente volveríamos a nuestras rutinas, y tal vez nuestro Elvis particular aparcaría las gafas doradas para enfrentarse a sus quehaceres diarios de la manera más digna posible, pero sabiéndose que en su interior, hay un rocker.

Canciones:

Elvis Presley: “Burning Love”
Counting Crowes: “A Long December”
Imelda May: “Love Tattoo”

12
Oct
08

Unos días en Madrid

La semana del concierto de R.E.M. la aproveché para quedarme desde miércoles hasta domingo en Madrid. Sin duda se trata de una ciudad que me encanta. Lo que pasa es que lamentablemente voy siempre (y muy a menudo) por trabajo, con lo cual, claro, la cosa cambia. Esta vez nos alojábamos en un apartamentito en la Calle Mayor, a 500 metros de la Puerta del Sol. Es decir, en pleno meollo madrileño. Perfecto. Y es que una de las cosas que me llama la atención de Madrid, que me atrae, es sus particularidades. Su casticismo. Sus costumbres, más diferentes de las de Barcelona de lo que pudiera parecer a priori. Obviamente, esa es una simplificación facilona desde un punto de vista distorsionado del barcelonauta. Y ni eso, pues hace ya cuatro años que dejé de vivir en la urbe. Qué le voy a hacer, simplificado o no, es lo que me atrae, y me repele a la vez. Es como la Plaza de Toros de Las Ventas. Odio el toreo y todo lo relacionado con lo que dan en llamar “la fiesta”. Pero a su vez, ese edificio y esas tascas de alrededores, que parecen empeñadas en no arrancar las hojas del calendario, a excepción del televisor, no puedo evitarlo, me generan curiosidad.
El día siguiente al concierto es un buen día para dar buena cuenta de una comida pantagruélica y de pasear por el centro de los madriles. Aprovecho para acercarme hasta la calle Fuencarral. Tengo un familiar en Madrid, y hace años iba, de vez en cuando, unos días en vacaciones. Y era algo así como una experiencia iniciática y un acercamiento a las corrientes modernas. Nada que no hubiera en mi ciudad, pero esos días me llevaban a bares, a las tiendas de ropa alternativa, a las tiendas de discos, a ver películas italianas en V.O.S.E. De manera que Madrid siempre me recuerda a esa época. Descubro como la calle Fuencarral ha perdido algo de magia, demasiada boutique pija de las de toda la vida, pero con un cartel graffiteado para parecer más alternativa. Sin embargo, el mercadillo de Fuencarral sigue allí, y es un gusto chafardear las miles de camisetas, las bambas, los complementos y la ropa. Por poco tiempo, según dicen. Javiruli, que viene con nosotros, se lanza a por una camiseta de su admirado Bud Spencer, y tras su compra, el chaval que regenta el tenderete le pide que firme un manifiesto en contra de la desaparición del Mercadillo. Al parecer, es inminente, y si la cosa no cambia, a primeros del año que viene será historia. Una verdadera lástima, si se acaba perdiendo el Mercadillo de Fuencarral.

El Mercado de Fuencarral echa el cierre. Foto de aquí.

Por la noche nos llevan por La Latina, barrio encantadoramente castizo con una oferta para el tapeo y la cena rápida brutal. Tras comer como puercos en una tasca, acabamos en un bar, “El Viajero”, medio pijito, gin-tonics de Tanquerai y una terraza que seguramente podría ser apetecible unas semanas atrás, pero el frío ya lo impide.

El día siguiente es para el Museo Reina Sofía, que hace más de diez años que lo vi, y no había vuelto. No tengo el cuerpo para grandes exposiciones, de manera que me limito a buscar lo que quiero ver, a saber, el Guernika, los lienzos de Picasso, Miró y Dalí, y una exposición de Robert Capa algo sosita. Y el siguiente destino es el Cosmocaixa, donde hay una exposición acerca de Chaplin. Sorprendentemente gratuita, se trata de una exposición de fotografías con muy poca información de la vida personal de Charles Chaplin. Interesante, también.

La noche es para ir a Malasaña, zona que apenas conozco. Cenamos muy tarde (para el horario de Barcelona) donde podemos compartir comedor con el injustamente olvidado Jaime Bores. Dios, toda una celebrity. Y tras la cena nos adentramos en la maraña de bares. Se me ocurre la reflexión de que la zona mola mucho. Cientos de bares, mucha gente transitando, pero en una zona muy céntrica y accesible. Y sin embargo, entiendo que en una ciudad como Barcelona, tan volcada con la consecución de altas cotas de civismo, se desmantelaría un Malasaña en menos que canta un gallo. Y lo puedo entender, a diferencia del Poble Nou, se trata de una zona totalmente residencial, con miles de vecinos que deben soportar ruidos, meadas, vómitos, pestes y otras cosas que no quiero relatar. Hacerme esa clase de reflexiones significa que me estoy haciendo viejo?

El caso es que paso por un par de bares, descubro el mítico Penta que cualquier documento sobre la Movida (cosa cansina, tanto bombo) nombra. Me lo imaginaba más grande. La noche es muy fría, y nosotros vamos con la ropa de veranillo que traíamos de casa, de manera que esos 7 grados nos hacen muy chungo el paseíllo hacia casa.

Malasaña. De día.

El día siguiente es para hacer compras, previo darse un homenaje a base de churros con chocolate en San Ginés. Y sólo diré dos palabras: Discos Yunque. Bajo esa cutrez de nombre nos encontramos con dos tiendas, dos locales igual de cutres, pero que venden CD’s nuevos (también algo de 2ª mano) a precios ridículos. Mucha morralla, pero podías encontrar alguna gema, nueva y a precios de 6 euros. Acabé comprándome varias cosas, entre ellas, el “Wax Ecstasic” de Sponge y el “Live in London” de Space Age Playboys, es decir, discos que no son precisamente fáciles de encontrar. Y las novedades discográficas, a precios tirados. Javiruli se compró el “Death Magnetic” de Metallica por sólo 10 euros (¡!). Ignoro qué beneficios reporta esa tienda con esos precios, pero no puedo dejar de sentirme timado paseando luego por FNAC. Lo de los CD’s antiguos todavía lo entiendo, parece como si compraran excedentes que las grandes superficies no vendieron y lo deben hacer a precios reventados. Lo de las novedades a 10 y 12 euros no tiene explicación para mí. Ni falta que le hace.

Y el domingo, antes de la vuelta, paseíto por el Rastro. Vamos temprano, el tren sale al mediodía y no hay mucho tiempo, y la mañana es, una vez más, heladora. Cómo echo de menos mi chaqueta. El caso es que el rastro mantiene su ambiente entre castizo y chapucero, pero no veo nada interesante. Ni camisetas, ni ropa, ni vinilos de segunda mano (piezas mal conservadas a precios indecentes) ni revistas antiguas. Así que acabo mi jornada madrileña almorzando un bocata calamares antes de ir a Atocha. Dios bendiga al AVE.

Canciones:

Esclavos Del Vicio: “Tu Bendición”
Héroes del Silencio: “Bendecida 2”
Sponge: “Wax Ecstasic”

21
Sep
08

Vida Social

Bonito fin de semana que he tenido. La cosa comenzó bien el jueves, en Huesca. Avatares del trabajo me llevaron a Aragón esta semana, de manera que me las apañé para pasar la noche del jueves en Huesca y aprovechar para tomarme unas cervezuelas con los hermanos más cool de la provincia, Anxlsuperstar y DumDumBoy, o a la sazón, el 50% de Los Secuestradores de Iones (ver enlaces). Seis horas llenas de cerveza y charlando sin parar de rock n’ roll, de cine, de series y departiendo sobre lo humano y lo divino. Como siempre, un placer coincidir con vosotros, chicos, y la próxima, que sea en Barcelona. Iremos a la Perla, y haremos el saludo Star Trek!!
Me gusta Huesca. Claro, comparado con Barcelona, el ambiente es tan diferente. Lo que me gustó y me llamó la atención, fue el poder moverse la noche sin usar vehículo alguno, esos bares en donde todo el mundo se conocía, ese encontrarse con la gente e intercambiar una charla o unas palabras.

Sin embargo, el traslado a Zaragoza y la mañana trabajando, se me hizo muyyyy cuesta arriba. No se lo digáis a nadie, pero tuve que cancelar alguna cosilla para hacer la jornada más corta. No tenía el cuerpo para muchas reuniones, y en cuanto pude, un Red Bull para mantenerme despierto al volante, y para casa.

El sábado tenía una cena en casa. Qué curiosas son las cosas. En un principio, se trataba de una cena que no pintaba muy bien. Gente que no conocía mucho, compromisos, en fin, cosa de sociabilizar. Pero al final, resultó una noche muy divertida que se alargó con conversaciones muy cachondas. Y además, se apuntó una pareja de amigos, a última hora, que hacía mucho que no veía. El ejercicio de socibilización es algo que muy a menudo me cuesta, y admito que hacer el esfuerzo, normalmente, da sus frutos. Salieron temas interesantes, rumorología cerda acerca de famosos, películas que alguna protagonista hoy respetable querría esconder, cosas que por supuesto he de investigar y si surge, prometo hablar de ello en posteriores entradas. Por no hablar de pinchar temazos de R.E.M., de Los Piratas, de Aerosmith … o el viejo vinilo Boom 4!!!

Me volvieron a hablar del Facebook, y la verdad es que me comenzó a picar el tema. Me preocupa que entre el e-mail personal, el e-mail del trabajo, el foro de Riff-Fanzine, este sacrosanto blog, los blogs amigos… sólo me faltaba un Facebook. Pero sé que acabaré cayendo…
Y hoy, barbacoa en una cava de Sant Sadurní d’Anoia. La visita a la cava me ha parecido decepcionante, pero la BBQ en buena compañía, bien ha valido la pena. Otra vez con un grupo de amigos de toda la vida, pero diablos, cómo cuesta que nos reunamos. Al final, la carne y el cava han corrido a lo grande. Y al final, también, promesas de repetir la reunión sin que pasen tantas semanas. Me conformo con una cena de navidad.
PD: otra persona hoy me ha vuelto a hablar de Facebook. Y por si fuera poco, hoy tenía un correo electrónico de un ex-compañero de trabajo invitándome a Facebook… si ya te digo yo que caeré…

Canciones:

R.E.M. : “Turn you inside out”
Aerosmith: “Dream On”
Chris Isaak: “Blue Hotel”

19
Ago
08

Fiestas de pueblo

Pues sí que me está saliendo un NDK vacacional repletico de topicazos veraniegos… porque si en la anterior entrega era la playa quien protagonizaba estas líneas, en la presente hablaremos de otro clásico estival: las fiestas del pueblo. Porque damas y caballeros, estos días se ha celebrado las fiestas del pueblo de la bonita localidad extrarradial donde habito. Y como quiera que las noches de verano son para pasarlas fuera de casa, he aprovechado para mezclarme con mis paisanos. Y créanme, la cosa da de sí.
En este pueblo, como en la mayoría de las comarcas que rodean la urbe de Barcelona, la población juvenil (y que a la postre, suele salir en masa en estos eventos) se divide entre candidatos a aparecer en cualquiera de estas fotos y un sector más perroflautil, que generalmente es la que organiza, participa en las colles, los concursos y todas esas cosas. Y la división no es sólamente estilística, sino también geográfica. Al primer grupo te lo encuentras en masa en la feria. No hace falta que me extienda mucho en la feria, por lo menos no más de lo que comentaba el amigo Javiruli por aquí. Al sector perroflautico se le puede ver en el otro lado, en el parque con los conciertos y las festes alternatives. Y yo, pobre de mí, casi prefiero el perroflautico, en general, muy joven y con un punto de ingenuidad que casi enternece, hasta que se chocan contigo y te derraman un poco de su litro por encima.

Como habitante novato de esta localidad, no tengo ese sentimiento de patria chica, y mis relaciones con las gentes del pueblo son escasas. Pero está bien para darse una vuelta las noches de fiesta. Y la primera noche, tras dar cuenta de la debida cena y de unas copichuelas en una terraza, fuimos hacia el parque donde los Hell Angels locales, los Imperiales (uuuhhhh) habían preparado un escenario para acoger el sector juvenil de fiestas. Y yo, que soy así de imaginativo, nada más ver un escenario y unos moteros ocupándose de la logística, no podía dejar de pensar en un Mick Jagger acojonado en Altamont . El concierto de esa noche, sin embargo, no lo abría Santana ni Jefferson Airplane, sino un horroroso grupo de perroflautas llamado La Troba Kung Fu, que hacía una suerte de música entre sudamericana, popular catalana y rumbera, algo horroroso que además duró la hostia. Pero que, oh sorpresa, tenía su tirón entre el público allí congregado.

DJ Miqui Puig is in da hause

La curiosidad de la noche y lo que me llevaba allí era que después había sesión de DJ Miqui Puig. Sí, señores, por si alguien no lo conoce, el orondo Miqui Puig es el que fuera cantante de Los Sencillos, jurado de cualquier concurso de cantantes y chorradas de la tele (desde el mitiquísimo Lluvia de Estrellas hasta el tremebundo Factor X), marisabidillo, hortera, y que también mete sus narices haciendo secciones de música y tendencias en cualquier programa de tele o radio en el que se lo permitan (desde el fenecido Ticket de La Sexta hasta programas de radio catalana). En definitiva, un tío que se ha colocado muy bien. Pero qué puedo decir, me cae bien. Es un pedante y un snob, pero hay que reconocer que el tipo sabe de música (sus comentarios no son estúpidos y no recomienda nada que no sea, mínimo, de Serge Gainsbourg). Tenía curiosidad por saber qué iba a pinchar como DJ, y hay que reconocer que la cosa comenzó muy bien. Empezó pinchando una selección de rocksteady, ska británico y soul que me gustó. La sesión pasó momentos más tópicos pop-rock y acabó en algo demasiado techno, demasiado convencional para lo que me pedía el cuerpo entonces. Así, DJ Gordiqui Puig fue de más a menos y acabé por marcharme sin que hubiera acabado. Aún con esto, esos primeros 45 minutos fueron divertidos y los bailoteos en ese glamouroso parque rodeado de esos paisanos, muchos de los cuales ni siquiera habían nacido cuando se publicó “Nevermind” estuvieron bien.

Seguridad Social: el cantante se ha puesto ternasco, pero conserva buena voz

La cita en nuestro Altamont particular era el día siguiente, con un concierto que ya me interesaba más: Seguridad Social. Os voy a confesar una cosa: cuando tenía unos trece o catorce años, me gustaba esa banda. O como mínimo, los cuatro hits que tenía grabados en una cinta. Y bueno, estaban tocando gratis en mi casa. A la banda se la veía en la decadencia de esos grupos que vivieron los ochenta y parte de los noventa de los bolos veraniegos a costa de los ayuntamientos y que hicieron su agosto cuando el rock español tenía tirón. De manera que nada de florituras, cantante y tres músicos, que cuantos menos seamos, más tocamos a repartir. Lo cuál no le fue mal a la música del grupo. Batería, bajo y un guitarra bastante bueno que hacían sonar las canciones durillas, casi recordando sus inicios en la escena punk valenciana. Que nadie se lleve, de todas formas, a equívoco. El 80% de los allí presentes estaban para escuchar “Chiquilla”. Y en ese sentido, el grupo fue honesto, y se dedicaron a desgranar sus singles más conocidos, que sorprendentemente, no son pocos. Como decía ese clásico slogan, “conoces más canciones de (-póngase el nombre de la banda que se quiera, en este caso, Seguridad Social-) de las que crees”. A mí, es que me recuerdan a esa cinta que tenía grabada y también, como no, a esos locales de Poble Nou que frecuentaba y en los que hits como la mencionada “Chiquilla” o la skatalítica “Comerranas” eran un must. Y diablos, debo decir que lo pasé bien. No pagaría por ver un concierto suyo, pero me gustaron, sonaron bien y pasé un buen rato.

Tras Seguridad Social, tocaba otro DJ. No recuerdo su nombre, decían era el DJ residente de la sala Clap de Mataró. Como quiera que recuerdo haber estado alguna vez en ese sitio y que se pinchaba pop rock más o menos modernete pero bien, quise quedarme, a ver qué tal. La decepción fue mayúscula al toparme con una selección de rock latino (Los Fabulosos Cadillacs, Macaco, Jovanotti, Radio Futura,…), de modo que dejé a DJ Perroflauta y me largué, tratando de recordar si eso era lo que se pinchaba en Clap (y creo que no). La audiencia, he de decir, estaba encantada, mucho más que cuando el día anterior Miqui Puig pinchaba PIL, The Clash o The Jacksons.

Y con ello, ha acabado mi periplo por las fiestas locales, por lo menos, hasta el año que viene. No estoy por la labor de hacer valoraciones acerca de presupuestos, de la realidad de estas fiestas en el entorno del ocio del siglo XXI, ni estas cuestiones que se acercan a la temida camisa de once varas. Que estoy de vacaciones.

Canciones:

PIL: “This is not a love song”
Pixies: “Gounge Away”
The Jacksons: “ABC”

11
Ago
08

Magic

Anoche estuve en la sala Magic de Barcelona. Diablos, hacía mucho, demasiado tiempo que no pasaba por ahí. Y anoche me di cuenta de mi error. Todo rockero que se precie en la ciudad condal debería dejarse caer por Magic de tanto en tanto.
Por si alguien no la conoce, Magic es una de las salas con mayor solera y pedigree rockero de Barcelona, abierta desde los 70’s (no sin pasar etapas de menor esplendor y creo que algún cierre). Situada en el Born, se trata de un subterraneo pequeño y acogedor donde suena rock n’ roll constantemente. Además, acoge muchos conciertos cada semana, conciertos para aforos de 300 personas, pero que ha sido testigo de bandas que luego llenarían espacios mucho mayores y noches que se podrían calificar como míticas. Su escenario, que levanta dos palmos del suelo y en el que apenas cabe un set de batería y tres músicos más, pasa por ser uno de los más activos de la ciudad.

Ya lo digo, hacía tiempo que no iba por ahí. Recuerdo un concierto de los Man… Or Astroman?, un combo de chalados con una empanada surfero-ciencia ficción que grabaron algún disco divertido. Y recuerdo noches etílicas allí. Y recuerdo que en su momento me pareció un lugar algo carillo. No sé si el con el tiempo han bajado precios o que mi concepto de caro ha cambiado, pero el caso es que por 10 eurines entré y me tomé una copa que no contenía garrafón. Lo cuál, dados los tiempos que corren, no está mal.

Entrada a Magic

La música que pinchaban era rock sin mayores adscripciones a movimientos. No era eminentemente heavy, ni alternativa, ni rock modernete, ni hard rock setentero, ni punk. Y con total naturalidad sonaba el último single de Franz Ferdinand, Jimi Hendrix, Queen, Ramones, el “Sweet child o’mine”, “Inmigrant song”, Beck, Terrorvision o incluso algunas (pocas) canciones que sacaban mi vena más frívola y pachanguera como “Billie Jean”, “Just can’t get enaugh” o “It’s raining men”… y todo ello, ya digo, sin que un sector de público se indignara. Quiero decir, todos conocemos locales de corte “alternativo” en los que si al DJ le daba por pinchar la mencionada “Billie Jean”, le caía una pitada espectacular. Pues no era así. Y se agradecía.

Uno de los cuadros que decoran la sala: carpeta interior del Beggar’s Banquet

El lugar presentaba un aspecto desolador a la una, pero a las dos y media, lleno a rebosar, el calor hacía mella. Y yo me divertía también observando al personal. Algunos, cuanto menos, pintorescos. De entre ellos, destacaría a dos. Una, la clásica pasante. Es decir, una chica que pasaba de brazos de uno a brazos de otro, dejando un rastro de palotismo y espectativas de folleteo probablemente truncadas prematuramente. No me gusta el término “calientapollas”, pero esa individua, sin duda, lo era. Nada que no sea un clásico de la noche, pero me divertí viéndola a ella y a los pobres que esperaban hacerle compañía en su hostal (era guiri, de hecho, había unos cuantos) cuando probablemente acabara sola durmiendo su considerable borrachera. El otro personaje de la noche era un tipo que cuando entré (y era bien pronto), ya estaba allí. Un tipo alto, tejanos y camiseta negra, pelo largo negro, un cierto aire a Nuno Bettencourt de Extreme. El caso es que el tipo andaba ora sentado en la barra, ora apoyado en la pared, sin mover un músculo, y sin cambiar una cara de palo en una estudiadísima pose de tipo duro de baratillo. Y así estuvo las tres horas largas que pasé allí, serio como si estuviera pasando un mal rato. Que daban ganas de liberarle y decirle que sí, que se podía ir a casa.

En definitiva, una noche maja, una promesa, seguro que vuelvo en breve, y una proposición a los señores de Magic: por favor, instalen aire acondicionado!!

Canciones:

Terrorvision:”Oblivion”
Beck: “Gamma Ray”
R.E.M.: “What’s the frequency, Kenneth?”




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