Archive for the 'discos' Category



29
Jul
12

Iggy Afrancesado

Hace unas semanas, justo antes de este último parón, hablábamos de Iggy Pop y su carrera de los últimos años. En aquella ocasión era con motivo de su concierto con los Stooges en el festival Cruïlla de Barcelona. Sin embargo, no es a su vertiente Stooge a la que quisiera dedicar estas líneas, sino a sus dos últimos discos en estudio.
Skull Ring”, de 2003, fue el último disco de rock que ha grabado Iggy Pop. Después vino ese tremendamente decepcionante disco con los Stooges (“The Weirdness”, 2007), para acabar grabando en 2009 la que sería su siguiente entrega en solitario, un extraño trabajo que tituló “Préliminaires”. El hecho de titularlo en francés no es casual. “Préliminaires”responde a una querencia por la cultura francesa, tanto en lo musical, tirando hacia la chansonde los 60’s y 70’s, como por la literatura, encarnada en el gran Michel Houellebecq. Para quien no sepa quién es Houellebecq, se trata de un escritor y poeta contemporáneo del país vecino, que comenzó a publicar a principios de los 90’s. Podéis leer más sobre él haciendo clic aquí. De hecho, es la novela “La posibilidad de una isla” la que inspira a Iggy para la creación de este larga duración.
Si bien la combinación de un personaje tan hosco, ácido y nihilista como Houellebecq con Iggy Pop ya resulta francamente interesante de por sí, el cambio de registro que muestra el Michigan completa un conjunto que como mínimo, invita a darle un tiento. Porque en “Préliminaires”no hay rastro del hard-rock-punk que lleva practicando Iggy Pop desde finales de los 80’s. Si bien es cierto que Iggy había jugueteado con la New Wave o que su etapa como aliado de Bowie se alejaba bastante de los parámetros, digamos, clásicos de Detroit, probablemente es su imagen de directo la que asocia a Iggy Pop con guitarras atronadoras y bajos punzantes.
La portada está muy bien escogida…

Pues no señores. En “Préliminaires”hay jazz, hay aires de canción francesa, hay temas cabareteros, algún tema acústico tímidamente rock, influencias de las bandas sonoras de películas, pop… pero nada de rock de guitarras. Y hay que reconocer que se maneja bastante bien en estos parámetros. No es la primera vez que Iggy Pop se acerca a estas sonoridades, recordemos aquella oscura maravilla llamada “Avenue B” (1999) que casi todo el mundo parece haber olvidado. Pues bien, parece como si Iggy retomara el camino que dejó incompleto en “Avenue B”.

Se atreve a cantar en francés dos temas, hace una versión del clásico “Insensatez” de Stan Getz y que me aspen si “King Of The Dogs”no es una canción por la que hubiera matado Tom Waits, y que a la postre, resulta ser uno de los cortes memorables del disco. En fin, ignoro si fue un órdago hacia su compañía discográfica, una muestra de personalidad o un pulso que no se atrevió a completar en 1999 (“Avenue B”contenía también 2 o 3 temas más rockeros que desentonaban con la línea del disco en general), y supongo que a su compañía no le hizo ni puñetera gracia. Y lo entiendo, para el gran público que espera discos de un Iggy Pop rodeado de guitarras bien altas, “Préliminaires”es una suerte de suicidio comercial. Lo cuál, para mi gusto, le suma atractivo al conjunto.
Hecho un pincel…

Algo de eso habría, cuando este mismo año publicó con una compañía independiente la que sería la continuación de “Préliminaires”, “Après” (2012). Efectivamente, este disco ya no se graba bajo la tutela de Virgin-EMI, sino que se monta un juanpalomoque le lleva incluso a una particular línea de distribución, a través de la web francesa de venta de moda outlet Vente Privée… sí, el idilio de Iggy Pop con Francia es total. Segundo trabajo con título en francés, en esta ocasión se trata de un pequeño divertimento, a base de grabar 10 versiones, una vez más, muy alejadas del rock. La columna vertebral del disco se nutre de clásicos de la música gavacha, en esa lengua, con Gainsbourg, Brassens y Edith Piaf entre otros. La producción, además, en esta ocasión sí que bebe de la chanson, las acústicas y los arreglos elegantes predominan. Incluye algunos temas en inglés, como el clasicazo de Nilsson “Everybody’s Talkin’”, y se atreve con una versión de The Beatles, cómo no, “Michelle”. Como suele ocurrir en esta clase de discos de versiones, el resultado es irregular, y aunque tiene algunos momentos muy buenos, en otros, ese registro tan grave y esa forma tan engolada de cantar de Iggy no acaba de encajar en la canción.

Así que éste es el Iggy Pop de 2012… un tipo que se sube a un escenario a cantar temas punk y hard rockeros de hace 40 años, sin camiseta y dejándose el pellejo, mientras que luego, aprovecha sus pausas entre giras para grabar discos de jazz y canción francesa. No negaré que a priori parece como si alguna de las dos posturas fuera un poco impostada. Como si lo que a Iggy le viene de gusto es grabar discos como “Après”pero sabe que la financiación la puede obtener fácilmente de desgranar material Stooge sobre las tablas. Pero como dije en el anterior post, yo no vi a un tipo luciendo una pose en el concierto del mes pasado, sino a una persona que se creía lo que hacía, que lo disfrutaba y que lo daba todo. Y qué os puedo decir, me encanta esa dicotomía, que yo mismo también tengo. Hay días que necesito escuchar “Après” y otros en los que me tiro de cabeza a por “Fun House”.
Sólo me queda, pues, una duda. ¿Hacia dónde tirará la carrera de Iggy Pop? ¿Volverá a grabar rock n’ roll? ¿Se atreverá a realizar una gira presentando su material más, digamos, tranquilo? No me digáis que no tendría su interés, un concierto de Iggy en su vertiente sosegada, desgranando “Préliminaires”, “Après” y “Avenue B”, pero también cantando, por ejemplo, “China Girl”, “Dum Dum Boys”, “Nightclubbing”, “Tell Me Stories”o “Without You”
Canciones:
Iggy Pop: “Et Si Tu N’Existais Pas”
Iggy Pop: “King Of The Dogs”
Iggy Pop: “Les Feuilles Mortes”
11
Jun
12

The Afghan Whigs y las pataletas

Los Afghan Whigs pertenecen a esa clase de bandas que situaba en mi Olimpo particular, especialmente porque llevaban doce años en barbecho y estaba convencido de que nunca iba a verles sobre las tablas. Es de esos grupos que uno consideraba que pertenecían al pasado, y éste no iba a volver. En los últimos años me he llevado, sin embargo, muchas sorpresas sobre este particular. Si me lo hubieran preguntado hace tres lustros, jamás hubiera creído que presenciaría conciertos de Kiss con maquillaje, de Iggy & The Stooges, de Redd Kross, de The Police o de los que nos ocupan, The Afghan Whigs.

Conocí a los Afghan Whigs en mi época más fanática de Popular 1, cuando lo que leía en esa revista resultaba ser poco menos que las Sagradas Escrituras. Eran una banda, además, de la que casi sólo se hablaba en esas páginas. Eran un grupo fetiche para la publicación. Por aquél entonces sacaron su último disco al mercado, y lo recuerdo como si fuera ayer, volver de la tienda aquella tarde con dos CD’s en la bolsita, “1965” de los Whigs y “100% Colombian” de los Fun Lovin’ Criminals.

Pero los Afghan Whigs eran diferentes. Los Criminals habían tenido un hit clarísimo que había pegado fuerte en las listas, y tenían su popularidad, que aumentaría con ese portento de disco que es “100% Colombian”. Los Afghan Whigs eran una suerte de desconocidos, por lo menos a nivel popular, por lo menos en la Celtiberia. Durante un tiempo se anunció una fecha de concierto, sería por mayo de 1999, en la desaparecida Sala Garatge. Sí, os juro que recuerdo haber visto eso, en aquellos folletos con listas de conciertos que se repartían en algunas tiendas de discos. Por supuesto, esa actuación nunca se llevaría a cabo, y muy poco después, Afghan Whigs confirmarían su separación.


El concierto de Barcelona entero

Y aunque ya tenía “Black Love”, muy pronto “1965” se convirtió en mi disco favorito de los Whigs. Tenía guitarras, tenía soul, tenía momentos festivos, tenía esa intensidad que si uno no se mete a fondo en la canción, puede parecer casi impostada y algo ridícula. Más tarde escuché “Gentlemen”, pero siempre estuvo en un estrato, para mi gusto, inferior a “1966” y a “Black Love”.

Y bien, tantos años más tarde, sin, desde luego, esperármelo, resulta que Greg Dulli reúne a la banda y por si fuera poco, anuncian fecha en el marco del Primavera Sound. Evidentemente no iba a dejar escapar esa ocasión, si bien lo he reiterado varias veces: no me gustan los festivales. Pero es lo que hay, cosas del rock n’ roll de hoy en día.

Y ya lo sabía, que iban a tocar una hora justa. Aún así, cuando Dulli dio por finalizado el show, escenifiqué lo que se conoce por “quedarse con cara de tonto”. Por supuesto que había disfrutado de muchos momentos del concierto. La banda estaba muy sólida, y Greg Dulli ejercía con maestría de estrella de la función. ¿Qué falló? ¿El repertorio? En parte sí, a verdaderas joyas se le sumaban temas que yo considero claramente prescindibles. Y luego mi ansiedad… esto se acaba y no han tocado aún “Faded”… ni “John The Baptist”… ni “Something Hot”…

Y cuando acabó, tras mi momento de quedarme estupefacto, la siguiente reacción fue de cabreo. No era culpa de los Afghan Whigs. Tampoco era culpa del festival, en ningún caso dejaron de cumplir lo establecido, un hora y listos. ¿El repertorio? Cada uno elegiría el suyo. Fue una actitud algo infantil, de un niño que se enfada porque las cosas no son como él quiere que sean. Pero fue así.

Al día siguiente, por la tarde, me puse a recordar el concierto. Y revisé las imágenes que están colgadas en Youtube (si buscáis, podéis ver el concierto entero en calidad profesional). Y bueno, me alegré de haber estado allí. Me reconcilié con Greg Dulli y los suyos. ¿Podía haber sido mejor, más emotivo, más bonito? Yo creo firmemente que sí. Pero que me quiten lo bailao.

PD: Después me pasé a ver a Mudhoney un rato, y sorprendentemente, pues se trata de un grupo que apenas conozco, me dieron muy buenas sensaciones. Me recordó lo mucho que me gustaba el llamado “rock alternativo” de los 90’s. Y no me vengáis con eso de las “etiquetas” y blablablá… de algún modo hay que llamarlo. Me encantó vivir el momentazo “Touch Me, I’m Sick”

Canciones:

The Rentals: “Friends Of P”
The Black Crowes: “Welcome to the good times”
Jack White: “Sixteen Saltines”
07
May
12

Joe Cocker… Live

Por alguna extraña razón Joe Cocker me recuerda a mi padre. No es que me recuerde físicamente, lo suyo es más un rollo Phil Collins (lo siento, papa…). Cuando llegué a la pubertad, esa edad en la que los humanos, especialmente los machos, tenemos que bromear y chotearnos del semejante, como una manera de marcar el territorio, mis amigos me lo decían. Qué bonita es la adolescencia. En fin, esa es una realidad, como también lo es que cuando uno es adolescente, sigue viendo la amistad como un lazo irrompible entre personas, hermanos de sangre, de ese modo novelesco. Dura poco, no obstante. Pronto averiguamos que esos lazos, como todos, también se pueden romper. No es mi cometido, sin embargo, el teorizar sobre la adolescencia. Y sí, mi padre tenía un cierto aire al jodido Phil Collins. Y Joe Cocker, qué pinta en todo esto? De niño veía en Joe Cocker un estilo de hombre similar al de mi padre, que ni tiene el pelo claro, ni los ojos claros, ni barba, pero sí esa presencia de Hombre. Ya sabéis, de esos de pelo por todo el cuerpo, afeitado diario, frases tipo “a lo hecho, pecho”, paquete de Marlboro, ropa sencilla, nada de complementos (anillos, cadenas, pañuelos,…), un ejemplar de El Periódico De Catalunya bajo el brazo, nada de ir a bares, trabajo de sol a sol. A día de hoy soy todavía incapaz de entender qué relacionaba en mi mente infantil a dos personajes aparentemente tan distintos como Joe Cocker y mi viejales.
Vinilamen de los que hacen afición … (sí, al final, me lo agencié)
Sí que recuerdo, eso sí, que a mi padre le gustaba Joe Cocker. No era mi progenitor hombre de muchos discos, él era más de escuchar música en la radio. Cuando sonaba alguna canción del británico, la disfrutaba. Solía decir comentarios como que se trataba de “el cantante blanco con la voz más negra”, que recordada ahora mismo, suena un poco cutre, como a nota de prensa baratilla o a apostilla de locutor de Radio 80 Serie Oro. 

A Joe Cocker se le reconocen 2 etapas claramente diferenciadas. La primera se engloba desde 1969 hasta mediados de los 70’s. Entonces era un cantante británico de largas melenas, altote, delgado, patillas de esas de cubrir toda la cara, y, eso sí, una capacidad para hacer versiones de temas ajenos realmente acongojante. Fue una de las caras reconocibles del Festival de Woodstock, se rodeó de músicos tremebundos y grabó algunas canciones memorables.
Anunciado en TV!!! acabáramos… garantía de calidad…
La etapa final de los 70’s fue más complicada. Con el cambio de década y su querencia por el alpiste, que menos lejía, llegó a beberse de todo, acabó dejando el bebercio y volvió a las primeras líneas de la industria musical, pero con un estilo mucho más cercano al AOR, al rock de adultos con toquecitos soul, de ese que sonaba bien en los anuncios de la tele. La chavalería había pasado por el punk, por la new age, por la disco music, por el revival rockabilly, por el heavy metal… seamos sinceros, en realidad se trató de un movimiento inteligente. Difícilmente iba a conquistar al público, digamos, “joven”. Cocker tenía 38 años y le llegó una oportunidad de esas que te resuelven una vida, pero te marcan por el resto de la misma: Cantar el tema principal de “Oficial Y Caballero”. Era 1982. A partir de ese momento, el Cocker de la melena, las patillas, la camiseta multicolor jipiosa y los gritos en escena habían dejado paso a un señor maduro, calvete, gordete y con barba. No se le puede culpar, esos primeros ochenta fueron muy duros para los grandes del rock de los 60’s y 70’s. Y bueno, era otro estilo, y aún así, mantuvo una clase y una dignidad que para sí la hubieran querido muchos otros coetáneos. Luego le cayó la grabación del tema central de “9 Semanas Y Media” y su popularidad creció como la espuma.
Y vaya si aprovechó su tirón. En la segunda mitad de los 80’s se hizo francamente popular, y acertó con su mezcla de rock adulto y soul. Tuvo hits de incontestables hechuras, o a ver, si alguien me puede decir qué tienen de malo interpretaciones como las de “Unchain My Heart” o “When The Night Comes”. Sí, pura carne de FM hispánica, cierto. Pero bien grabadas, bien interpretadas… y diablos, grandes canciones.
Joe Cocker no dejaba las manos quietas ni para posar en las fotos…
Recuerdo claramente, siendo un niño, ver algunas actuaciones de Cocker para la televisión de la Celtiberia, con esa pose y esos movimientos de manos tan característicos. Alguien dijo “Angel Casas Show”? Por si fuera poco, en esos últimos 80’s y primerísimos 90’s se emitía en España la serie “Aquellos Maravillosos Años”, con tema inicial de nuestro hombre, como mi padre se encargó de comunicarme.
En 1994 se conmemoraban los 25 años del Festival de Woodstock, y recordarán que en esa época había una corriente importante de revival del hippismo, que me pilló en pleno descubrimiento del rock de los 60’s y 70’s. Fue divertido mientras duró. El caso es que emitieron una vez en el Canal 33, creo, la película de Woodstock, y claro, ver a ese Joe Cocker jovencísimo, rockeando duro, me noqueó. No olviden esa imagen casi paternal que yo tenía de Cocker. Para mí era un señor gordete, calvete y con barba. Encontrarme con su aspecto de 1969 me sorprendió.
Fue poco después cuando descubrí que mi tío, el hermano de mi padre, tenía un disco de Joe Cocker en casa, “Live”, un directo que publicó en 1990 y que bajo ese originalísimo título escondía un verdadero discazo. Obviaré preguntarme si lo de mi familia por parte paterna con Joe Cocker respondía a algo en concreto. Y nos centraremos en ese “Live”, en doble vinilo, como mandan los cánones. No era el primer disco en directo del británico, pero sí el primero en el que podía recoger sus años de gloria en los 70’s y también su exitosa etapa en los 80’s.
2000 pesetazas que costó en El Corte Inglés… diablos, eso en 1990 era una buena pasta… luego se pregunta la Industria por qué se piratearon los discos en cuanto hubo ocasión!
La banda carecía del carisma de los Mad Dogs & Englishmen de los 70’s, en esta ocasión había solamente un divo y protagonista. Sin embargo, contaba con una sección de viento potente, unas guitarras afiladas y coristas por las que Axl Rose hubiera matado. Y el repertorio, bien escogido, sin duda… un disco que se abre con un clásico que invita al buen rollo como “Feelin’ Allright” y sigue con ese hit AOR de guitarra hardrockera como es “Shelter Me” no puede fallar.
A partir de ahí, hit tras hit. No faltan sus números uno de los 80’s, a saber, los temas de las películas, “When The Night Comes” o “Unchain My Heart”. Pero no se olvida de “The Letter”, de esa maravillosa “She Came In Through The Bathroom Window”, “With a Little help…”, en definitiva, de su material pretérito. Mención aparte merecen las interpretaciones de “Guilty” y esa delicada “You Are So Beautiful”, casi desnuda, sólo con el piano. A destacar que se trata de una grabación de un concierto entero, nada de retales de una gira, tomados de aquí y de allá. Al viejo estilo, vamos.
Cerraban el trabajo dos canciones de estudio nuevas, nada del otro jueves, pero que sí daban un poco la sensación de que la fórmula se estaba agotando. Aún publicaría un par de álbumes más que todavía mantenían un poco el nivel, pero su estilo había perdido chispa. Las piezas que componían para él no eran tan interesantes y en lo que a versiones se refiere, la última realmente buena fue esa cover del “Summer In The City” de 1994. A partir de ahí, sus discos perdieron interés. Se había acomodado, no acertaba en la elección de los inéditos ni tampoco arriesgaba en las versiones. Pero que nada de esto les lleve a engaño. Sí, recomiendo fervientemente este“Live” de 1990, es más, les recomiendo que se hagan con él, y de un plumazo, pueden obviar su discografía posterior a 1973. Este “Live” resume su cénit ochentero, y sinceramente, en lo referido a sus discos posteriores, podrán vivir sin ellos, se lo aseguro.
No quisiera cerrar este texto sin decir una frase que hay que pronuncio mientras me llevo el puño derecho al corazón: Joe Cocker… respeto!
Canciones:
Joe Cocker: “Guilty”
Joe Cocker: “Summer In The City”
Joe Cocker: “She Came In Through The Bathroom Window”
10
Abr
12

Voodoo Lounge (1994)

En el tiempo que llevo escribiendo este blog, y hace ya varios años, he notado una cierta evolución en los temas a tratar. Siento, en general, un poco de reparo a la hora de hablar de ciertos libros, discos o películas, especialmente si se trata de clásicos. A día de hoy, todo el mundo sabe lo maravillosos que son los discos de Led Zeppelin, y verdaderamente, dudo que el mundo necesite otra entrada de blog comentando los detalles que esconden los surcos de “Houses Of The Holy”, por ejemplo. Así mismo, y también, cosas de la información de fácil acceso, cualquier novedad editorial, cinematográfica o discográfica copa referencias y reseñas a los pocos segundos de ser publicada. A menudo incluso antes de su publicación. Y ciertamente, no me apetece ponerme con ello, si bien es verdad que hace tiempo que no consumo muchas novedades musicales o literarias.

Me siento de ese modo cuando leo la edición española de la revista Rolling Stone. En líneas generales, no está mal, si bien me interesan más los artículos “extra-musicales” que los propiamente musicales. Me gusta más cuando leo en sus páginas acerca de moderneces que sus teóricos reportajes estrella, en los que desgranan ora el “Appetite For Destruction”, ora la figura de Jim Morrison, siempre aprovechando alguna efeméride, siempre tirando de tópicos y datos por todo el mundo conocidos. O por lo menos por quienes hemos seguido a los gunners o a Mr. Mojo Risin’. Así, cuando hablo en NDK de música o cine o libros, prefiero hacerlo tratando otros temas no tan, digamos, obvios.

De modo que ponerme a escribir acerca de los Rolling Stones… puede parecer una soberana incongruencia con respecto a todo lo que he ido mencionando. De todas formas, y antes de que me manden al carajo por pesado, por inconstante y qué sé yo por cuántas cosas más, les diré que es muy fácil cantar las alabanzas a los Rolling Stones que publicaban joyas como “Let It Bleed” o como “Sticky Fingers”. Y sin embargo, hoy la cosa va de un disco que siempre me ha gustado mucho, al que le tengo un cariño especial: Voodoo Lounge.

Para variar, se trata del disco por excelencia de los Rolling Stones en la década de los 90′s. Se habían pasado la década anterior yendo a salto de mata, más muertos que vivos, con muchos agoreros cantando el final de la banda. Pero qué mejor muestra de que los Rolling Stones seguían vivos que firmar un multimillonario contrato con Virgin Records para cinco discos, en 1991. Sin embargo, lo que marcaría la historia stoniana ese 1991 fue la huída de Bill Wyman del grupo. Efectivamente, el bajista al final hizo lo que llevaba años amenazando, largarse. Sus primeros intentos fueron a finales de los 70’s, pero siempre le convencían los otros miembros. Claro que en 1991, Wyman tenía ya 55 años y, sencillamente, no se vio diez años más viviendo como un stone. De hecho anunció su intención tras la gira de ese mismo año (Urban Jungle Tour 1991), pero fue a la firma del contrato cuando todo el mundo se dio cuenta de que la cosa iba en serio, porque Bill nunca llegó a firmarlo. Mick Jagger y Keith Richards se sintieron traicionados y se sucedieron cruces de declaraciones desagradables. A decir verdad, no creo que la banda, por lo menos musicalmente hablado, se resintiera. Digámoslo claro, Bill Wyman es un sosainas y tiene menos carisma que un pie de micro. Buen bajista, desde luego. Buen amigo, especialmente de Charlie Watts y Ron Wood, también. Pero Bill Wyman era el único miembro sustituible de la banda. El que salió ganando con la nueva situación contractual fue Ron Wood, a quien por fin se le reconoció como miembro activo de la banda. En los contratos, Mick y Keith van a partes iguales, Charlie se llevaba menos y Ron Wood algo menos que Charlie, pero era legalmente considerado (y por vez primera tras 15 años de militancia) un Rolling Stone de pleno derecho.

Aunque a algunos les horrorizó, a mí siempre me ha gustado esta portada
 

De modo que había que grabar nuevo disco, y así lo hicieron. En plena era grunge, The Rolling Stones tenían la osadía de publicar un trabajo. Era 1994 y lo titularon “Voodoo Lounge”. La explicación al título la da el propio Keith Richards en su autobiografía, Life. Una parte de la preparación del trabajo se llevó a cabo en Barbados. Una mañana, tras toda la noche de tremendas tormentas tropicales, Keith se encontró con un gatito perdido en una esquina de la casa donde estaban. El animalillo tenía pinta desvalida y sin embargo había sido capaz de sobrevivir a las inclemencias. Richards lo bautizó como Voodoo y el gatete le seguía allá donde fuera, de manera que designó una estancia para que el bicho pudiera estar. Y la bautizó como Voodoo’s lounge. Ése es, pues, el origen del título.

Se puede decir sin rubor que se trata del mejor disco de The Rolling Stones desde aquél ya lejano “Tattoo You”, y a la postre, lo mejor que han grabado en estudio desde 1980 hasta la actualidad. Varias son las razones. En primer lugar, no ficharon a una vieja gloria como bajista, sino que serían una banda sin bajista entre sus miembros, usarían un músico de sesión. Adiós Bill Wyman, hola Daryll Jones. Se trataba de un bajista negro y de bases funky que se acopló a la sección rítmica sin pestañear. En segundo lugar, acertaron de pleno con la producción, un sorprendente Don Was (de los Was not Was) le dotaba a la música de los Rolling Stones de la pátina de modernidad justa pero necesaria. En tercer lugar, adoptaron el rol de viejos zorros, de monarquía del rock, reutilizando sus viejos tópicos, incluso incluyendo referencias al ocultismo en la carpeta del disco. Cuarto, usaron los medios que el nuevo sistema musical les ofrecía, y su videoclip de “Love Is Strong” se vio en todo el mundo bombardeado por la MTV. Y en quinto lugar, y lo más importante: grabaron una colección de canciones potente, rockera, con el eclecticismo justo y crearon un disco que no me cansaré de recomendar. Yo descubrí a los Rolling Stones con ese disco, no sé ni cuantas veces llegué a escuchar esa vieja cinta de casette original. Tendría unos catorce años, y descubría el mundo del rock n’ roll clásico, más allá de los Nirvana, Guns N’ Roses, Aerosmith o R.E.M. Aquella tarde había reunido dinero suficiente para comprar una cinta de casette, el CD aún no había llegado a mi casa (aunque tardaría poco). Las opciones eran dos, “Voodoo Lounge” o la BSO de “Backbeat”. Y sin desmerecer este segundo título, que bien vale la pena, felizmente me hice con la primera opción.

Yendo por partes, descubrí este disco con su single inicial, “Love Is Strong”, con su videoclip, en particular. Este mencionado primer single ya nos lleva a un rock puramente stoniano, con Mick volviendo a usar la harmónica. Pero es que el segundo corte, “You got me rocking” se convierte de golpe en un clásico que no desentonaría en, por ejemplo, “It’s Only Rock’ n’ Roll”. No en vano se trata una de las pocas canciones posteriores a 1980 que han tocado en cada concierto, en sus giras de 1994, 1998, 2002 y 2007. Keith Richards se hace con las riendas en dos temas, en ambos especialmente inspirado, y que hacen subir enteros a este “Voodoo Lounge”, se trata de la folkie “The Worst” y un blues que David Chase y Little Steven rescataron para la banda sonora de Los Soprano, “Thru and thru” . Y hay más. Baladas más clasicotas, tex-mex con la colaboración del acordeón más grande de la frontera, el de Flaco Jiménez, funk en la cachonda “Suck on the jugular” o rock más cincuentoso en “Mean disposition”. Sorprendentemente, y en un truco de ilusionista, esos viejos millonarios ejercen de Stones frescos y originales, y aunque sabemos que ya no son ni frescos ni originales, el truco les sale efectivamente bien. En definitiva, uno de los discos que guardo en mi substrato personal. Lo siento, no puedo ser objetivo con él.

Canciones:

The Afghan Whigs: “I Keep Coming Back”
Curtis Mayfield: “Pusherman”
Mark Lanegan: “The Gravedigger’s Song”

11
Ene
12

Depeche Mode

Uno de los regalos que los Reyes me trajeron el otro día fue este:
Ni mirra, ni pollas!!!

Curiosa mi evolución con respecto a Depeche Mode. Hasta hace 7 u 8 años, odiaba a este grupo. Ahora no es que sea el mayor fan de mundo, pero sí me gustan lo suficiente como para tener alguno de sus discos y sobretodo disfrutar de su legado en forma de hits, fantástico, en su etapa a partir de 1986.

Mención aparte merece ese celebérrimo “Just Can’t Get Enough”, contenido en su disco de debut de 1981. Pertenece a su etapa inicial, y fue compuesta por Vince Clarke, quien era el tío que escribía las canciones en los Depeche Mode más pipiolos. Tras publicar ese debut, Vince Clarke abandonó el grupo, y las labores compositivas, que recayeron en Martin Gore, dándole una vuelta a la sonoridad de la banda, que se fue tornando más definitiva y personal conforme avanzaban los 80’s. Y sin embargo, “Just Can’t Get Enough” es una canción estupenda. Y no, no me refiero al rollo de guilty pleasures ni de revival 80’s. Me gusta, y me parece una canción que debería sonar en todas las pistas de baile que se precien.
Está claro, sin embargo, que la música de Depeche Mode se volvió realmente interesante cuando comenzaron a practicar esa especie de techno-rock del que tanto bebió Trent Reznor, y muchos, muchos otros. Creo que no tienen un disco realmente redondo, pero de esa etapa 86-98 se me ocurren como una quincena de temas realmente incontestables. Una vez, andaba tirado en un hotel italiano, o algo así, y topé con la emisión de un concierto de Depeche Mode, precísamente en Milán, sería de la gira de “Exciter” (2001) y … aquello, definitivamente, me abrió los ojos: Depeche Mode son un gran grupo. Y no solamente son un gran grupo, sino que además, tienen un buen directo, gracias a esa fiera escénica que es su cantante David Gaham.
Resulta francamente curiosa la evolución de Gaham, cayendo en todos los tics rockeros posibles. Todos los adorables tics rockeros, ya sabéis, excesos, tatuajes, egomanía y sustancias. Sí, amiguitos, el señor Gaham, tan oscuro, tan afectado, tan británico, le daba al alpiste cosa fina, y lo está contando de puro milagro. Que no todo el mundo es Iggy Pop en esta vida. Pero me alegra. Todo ello proporciona un plus extra a un concierto de Depeche Mode, está claro que un frontman interesante no es algo fácil de encontrar. Últimamente he leído críticas sobre, digamoslo así, un exceso de partes pregrabadas en los conciertos de Depeche Mode. Vamos, que casi parecía el karaoke de mr. Gaham… no sé qué hay de cierto o no, pero diablos, lo escuchado, suena muy potente. Y me hacen venir ganas de presenciar uno de sus conciertos.
En este momento, en el de las giras de Depeche Mode, es cuando me viene a la mente mi odio irracional que durante los 90’s experimenté hacia este grupo. La culpa, en gran parte, era de su base de fans. No llegan al extremo de ascopena de los fans cerriles de U2 o de Bruss, pero le andan cerca. A primeros de los 90’s, el fan medio de Depeche Mode era, por lo menos para mí, un pijito de Barcelona. Y por lo que fuera, identifiqué al grupo como algo así como el enemigo a batir. En esa época, también, tenía un amigo del instituto. Era un buen chaval, un año mayor que yo, repetidor. Era el Gordo, en todas las clases hay uno, y él, lo era, cosas de los colegios. El Gordo tenía una especie de obsesión extraña por la música de los 80’s, lo cuál no dejaba de ser extraño en 1993, en un chaval de su edad. Supongo que por marcada influencia de sus hermanos. Se dedicó durante todo un año a cantarme las excelencias de la música 80’s en general, y de Depeche Mode en particular. ¿Y qué iba a hacer yo? Pues por supuesto, despreciar a ese grupo con toda mi alma y con la opinión más cerrada y ciega posible. Para qué, si ya tenía a mis Nirvana o a mis Guns n’ Roses o a mis R.E.M. … ya véis, eso es una opinión parcial y absurda donde las haya. Para mí, eso eran los 90’s, y los 80’s sólo consistían en Rick Astley, Madonna o Milli Vanilli. Pero bueno, todos hemos sido adolescentes atolondrados alguna vez, ¿no? Luego avanzaron los cursos en el instituto, y del Gordo, poco o más bien nada he vuelto a saber desde que acabé el COU. Una vez me lo encontré, tres o cuatro años más tarde. Me hizo ilusión verle, nos saludamos, y hablamos 5 minutos, lo justo para darnos cuenta de que no podíamos estar más lejos. De todas formas, por los buenos tiempos pasados, y por la chapa que me dió con los dichosos Depeche Mode, vaya este homenaje para él. Gordi, al final, va a ser que tenías razón.
Canciones:
Depeche Mode: “Condemnation”
Depeche Mode: “A Question Of Time”
Depeche Mode: “Home”
07
Ene
12

Lenny Kravitz

 Lo cierto es que ponerme a hablar de Lenny Kravitz hoy en día no forma sino parte de mi querencia por llevar la contraria, y si es posible, tocar un poco los huevos. Nunca desprecié una causa perdida, nunca negaré que son mis favoritas… Y es que si en una entrada anterior hablaba de Vanessa Paradis, bueno, quizás este es un buen momento para dedicarle estas líneas al amigo Kravitz. Y quisiera hacerlo porque aunque hoy en día, mencionar a Lenny Kravitz implica perder, automáticamente, el respeto de la parroquia rockera, diablos, no puedo negar que este tipo tuvo muy buenos momentos. De modo que vayamos directos y a la yugular: entre 1989 y 1995, Lenny Kravitz grabó un puñado de discos interesantes. Darse cuenta de que ya han pasado más de quince años desde sus últimos buenos momentos da vértigo. Luego la cosa fue decayendo y la calidad de su música, desde entonces, pasa por entre un estado comatoso y algún destello de lo que otrora fue.
 
Cuando un músico posa así para el libreto interior de su disco (“Circus”, 1995), es difícil tomárselo en serio.
La aparición de Lenny Kravitz en el rock n’ roll, en las puertas de la década de los 90’s, fue una pequeña sorpresa, aunque más por su imagen de negro tocando rock and roll y su aureola tan retro, en una época en la que los negros se dedicaban al rap, al soul decadente o al R&B que acabaría dominando la música americana. Con alguna honrosa excepción, como los Living Colour, ver a un negro pegando guitarrazos era cosa extraña. Y aunque su disco de debut, “Let Love Rule” (1989) ya era interesante, y contenía alguno de los singles que hacía parecer que estábamos ante un diamante en bruto, como la homónima “Let Love Rule” y ese cachondo “Mr. Cab Driver”,  no fue hasta su segundo disco cuando la cosa se ponía más seria. 
 
Así, en 1991 publicaría “Mama Said”, que contaba con la colaboración de Slash, y tenía un arranque de lo más prometedor, con cuatro joyitas encadenadas, “Fields of Joy” , “Always on the Run” (firmada por Kravitz y Slash), “Stand by My Woman” y la celebérrima “It Ain’t Over ‘til It’s Over”… vaya cuatro canciones! Probablemente “It Ain’t Over…”   se ha convertido en la típica canción que uno acaba aborreciendo a base de demasiadas escuchas, y aún así, que me aspen si no es un temazo (y pido perdón por adelantado por usar un término tan sobado y tan mal utilizado como ése). Luego el disco se iría desinflando, poco a poco, hasta acabar aburriendo y con el oyente pidiendo la hora. Pero bueno, era el terrorífico segundo disco, que tantas decepciones ha dado al fan, y el chico había pasado el examen con una nota más que razonable. 
 
¿Esto qué es? ¿Un travesti meando?
Sin embargo, con su tercera grabación, “Are You Gonna Go My Way?” (1993) Lenny Kravitz ya se muestra como lo que acabaría siendo durante toda su carrera: un trilero, un tipo capaz de componer algunas canciones incontestables, singles de unas hechuras fantásticas, pero incapaz de grabar un disco que merezca una escucha entera. Este trabajo de 1993 es una buena muestra. Tomemos por caso el tema “Are You Gonna Go My Way?”… una de las mejores canciones de la década de los 90’s, lo digo aquí y ahora, y uno de los saqueos al legado de Led Zeppelin mejor ejecutados. Y “Believe”, una bonita balada. ¿Qué tal el resto del disco? Relleno que pasa de lo aceptable a lo aburrido. 
 
En 1995 publica su cuarto trabajo “Circus”, para mi gusto, el más equilibrado, y  el único que puedo disfrutar entero. Así, “Circus” reincide en su mezcla habitual de hard rock setentero, algo de funk y un poquito de soul, consiguiendo una colección de canciones con algo más de gracia, en su conjunto. “Rock n’ Roll is Dead”, “Circus”, y “Can’t Get You Off My Mind” suponen los puntos álgidos de un disco que también contiene algunas canciones menos populares pero también muy aprovechables, como la funky “Tunnel Vision”, la rockera “Magdalene” o esa empanada cristiano-espiritual que es “The Resurrection”. 
 
Va, ahora en serio, era una apuesta, ¿no? Seguro que le dijeron “A que no hay huevos de posar como fuera para la revista Zero”…
Si la música de Lenny Kravitz se podía mover en una onda más rockera o más soulera, siempre había un adjetivo que se le podía aplicar: retro. Y estaba bien, Kravitz se jactaba de usar viejas técnicas de grabación, no dejarse llevar por sonoridades presentes, y a decir verdad, con mayor o menor fortuna en sus largos, su colección de singles hasta ese momento era, insisto e insistiré hasta la saciedad, incontestable. Por eso uno se pregunta por qué, en 1998, con su quinto disco, que en un alarde de originalidad, tituló “5”, decidió cambiar y sucumbir al mundo del ProTools. Y por primera vez, sea ello casualidad o no, su disco es flojete, pero sus singles también. Resulta curioso que los singles de ese disco se hicieron más populares que nunca fuera de la parroquia consumidora de rock and roll, y acabaron siendo pasto de los spots publicitarios a los que dieron banda sonora. ¿O igual fue al revés, acabaron como música de anuncio y por ello se hicieron más populares que ningún otro de sus singles? Así, canciones como “Fly Away” sonaron sin parar, pero amigos, ninguno de los cortes de ese disco se podían comparar con sus singles pretéritos. 
 
Y cuando podía parecer nada más que un pequeño tropezón, en 2001 publica “Lenny”, un disco aburridísimo con un single como “Dig In” que sin ser una mala canción, resulta un arquetipo de canción Lenny Kravitz, con una sonoridad de guitarra y una construcción muy reconocible, pero, por ejemplo, “demasiado” parecida a aquella “God Gave Me Everything” que le compuso a Mick Jagger. En definitiva, parecía como si Lenny Kravitz ya compusiera con el piloto automático puesto. Tenía el arquetipo de canción rockera y el arquetipo de balada. Para cada disco, le cambiaba la letra y un par de detalles, y hale, a publicar nuevo trabajo. Su disco del 2004, “Baptism” es un claro ejemplo: contiene dos singles como “Where are we running?” y “California”, canciones majas sin más, pero siguiendo la fórmula Kravitz mencionada anteriormente, y siendo una sombra de lo que fueron los singles que solía publicar este tipo. De sus últimos discos poquito puedo añadir, por desconocimiento, más que la constatación de que nuestro protagonista de hoy se perdió para el rock n’ roll hace ya demasiado tiempo. Que han pasado ya 17 años de 1995… Así, ¿podemos esperar algo de Lenny Kravitz hoy en día? Me temo que nada. Y sin embargo, el recopilatorio que publicó en 2000 es lo que podría decirse el mejor disco del neoyorquino, y diablos, un gran disco!
Esta foto ya no me atrevo a comentarla… dios bendiga los brillos!
Siempre se ha hablado de Lenny Kravitz como un músico muy interesante, por su capacidad como multiinstrumentista y por su revisión, desde finales de los 80’s, de un legado, el del hard rock de los 70’s que, no lo olvidemos, en esa época estaba todavía algo vilipendiado, y no sería hasta entrada la década de los 90’s cuando se reivindicaría con fuerza. Luego se le descubriría el truco de trilero que le hizo parecer más de lo que nunca fue. A pesar de todo no se puede negar que el tío tiene buen gusto. De hecho, solía animar el cotarro con gemas en sus entrevistas que estaban entre lo entrañable, por su absoluta devoción por los popes del rock clásico, y lo ridículo. Suyas son frases como “Nirvana no estaban mal, pero no le aguantarían a Led Zeppelin ni un asalto” (de una entrevista de 1994).
 
En su época fue reverenciado como algo así como el “nuevo Prince” y artistas de lo más dispar han grabado canciones suyas. Por ejemplo, Madonna grabó un “Justify My Love” firmado por Kravitz (en un ejemplo atípico de su música). Y años más tarde, el propio Mick Jagger utilizó una composición suya como primer single de su disco en solitario “Godess in the Doorway”.
 
¿Qué es lo que ha hecho de Kravitz un músico poco respetado por la parroquia rockera? Resulta evidente que el terrible bajón cualitativo de sus grabaciones a partir de mediados o finales de los noventa le pasó una factura difícil de asumir. Y a partir de esa premisa, cualquier desliz se convierte en flagrante. Y es que Lenny Kravitz nunca ha sido amante de los anonimatos. Siempre fue una figura excesiva. Lo que ocurre es que cuando registraba buenos discos, todo eso se diluía. Incluso en la revista Popular 1, donde se le suele poner a caldo, copó como mínimo una portada, sería a principios de los 90’s. 
 
Su aspecto físico, más parecido a un modelo trasnochado que a un músico de rock n’ roll, le ha granjeado muchas opiniones negativas. Aunque si bien es innegable que para el público masculino, a veces, nos es difícil comulgar con ídolos apolíneos, sesiones de fotos suyas como las que incluyó en la carpeta interior de su disco “Circus”, donde bordea el mayor de los ridículos, dan la razón a sus detractores. Hablando en plata, que si fuera más feo que el Fary seguramente su aspecto físico sería menos relevante (en una de esas injusticias del rock más machista, cierto), pero claro, Kravitz siempre ha sido, en muchos aspectos, un poco como el Cristiano Ronaldo del rock. Lenny Kravitz ha pasado de ser un rockero a ser un famosete pasto de la tele y las revistas del corazón, bien sea por sus propios actos, bien por sus novias/parejas/rolletes. En fin, nada que no le pasara a un Dave Navarro o a un Chris Cornell, que parece ahora recuperado para la causa, pero que pasó por temporadas muy bajas.
 
Canciones:
 
Depeche Mode: “Wrong”
José Guardiola: “Sixteen Tons”
My Morning Jacket: “Circuital”
24
Dic
11

1991

En 1991 cumplía yo 12 años, y me pensaba que ya era todo un proyecto de jovencito. Un Holden Cauldfield de El Guardián Entre El Centeno. O mejor aún, un Rusty James en Rumble Fish, novela que “me trajeron los Reyes” en esa época y que me marcó. Por alguna razón, recuerdo ese año como un buen año. Quién sabe por qué, la memoria es traicionera y tiende a pasar por un extraño prisma los recuerdos, para deformarlos y dejarlos más bonicos de lo que realmente eran.

Para la música fue un año estupendo, eso lo vemos ahora que se celebran 20 aniversarios de muchos discos clásicos, a saber, y ojo con la lista:

Guns n’ Roses – Use Your Illusion
Nirvana – Nevermind
Pearl Jam – Ten
R.E.M. – Out Of Time
Red Hot Chili Peppers – Blood, Sugar, Sex, Magik
Metallica – Metallica
Queen – Greatest Hits II & Innuendo
The Cult – Ceremony
U2 – Achtung, baby
Michael Jackson – Dangerous

Aunque debo decir que en aquella época sólo disfrutaba de los de R.E.M., Nirvana, Guns n’ Roses, Michael Jackson y Queen. Todo lo demás llegaría a mi vida más tarde. Freddie Mercury moría aquél año en el que yo me rendía a ese Greatest Hits II que siempre fue despreciado por los puristas, en favor del primer recopilatorio, o lo que es lo mismo, los Queen 80’s vs. los Queen 70’s. Ya comenté que aunque con el tiempo descubrí que lo bueno estaba en sus primeros discos, no renegaría jamás de los hits ochenteros de la reina. No era el único que moría, claro, en el mundo de la música. 1991 vería caer a Miles Davis, Steve Clark de Def Leppard, Eric Carr de Kiss, Serge Gainsbourg o a Johnny Thunders. Sí, aunque todos recordemos al Thunders que se arrastraba por los escenarios en los 70’s, aguantó con vida toda la década posterior, aunque en un estado heroinómano lamentable, y fue la heroína la que se lo llevó en ese año capicúa.

1991 fue también el año en el que se creó el primer videojuego de Sonic, de SEGA… bueno, en aquella época, o eras de SEGA o eras de Nintendo. Yo era de los primeros. Más que nada porque en mi casa me tuve que conformar con una videoconsola Master System II, en lugar de poder tener una Super Nintendo, que era lo más aquél año. También era el año en el que Antena 3 comenzó a emitir un clásico de la televisión: Los Vigilantes De La Playa … hummm… todavía no estaba Pamela Anderson, pero sí una Erika Eleniak (Shauni) que pasó fugazmente y apenas pudo disfrutar de sus 15 minutos de fama. Nosotros sí que pudimos disfrutar de la suya, y de sus contoneos en bañador rojo.

Podría colar como anuncio de desodorante Sanex…
Se estrenaba “Terminator 2” y todos flipábamos con Arnie como robot apocalíptico, y esa banda sonora, con Guns N’ Roses, o con ese tema principal instrumental, que algún desaprensivo remezcló a ritmo de mákina. Eran los años del descubrimiento de que existía ese estilo musical discotequero que reventaría las pistas de baile hispánicas. Pero amigos, otra moda musical y cinematográfica se adueñó de las calles: 1991 fue el año de ese invento infernal que fue el Grease Megamix. Su nombre es definitivo, un mix bastante cutre de las canciones de la película musical, que aprovechando la coyuntura, fue emitida varias veces por las novatas cadenas privadas de televisión. Increíblemente, esa mierda de remezcla se hizo muy popular. Aunque, por supuesto, el mundo de las remezclas y los megamixes, y todas esas martingalas, tiene un rey: Jive Bunny & The Master Mixers.

En 1991 la chavalería descubrimos el SIDA, de la mano del malogrado Freddie Mercury y también de Magic Johnson, quien declaró ser portador de anticuerpos de VIH. Lo que quiera que eso significara. Se iba a morir, como Freddie? Los niños sólo sabíamos que había un virus mortal por ahí suelto. Todo el mundo andaba revuelto ese año. Los gringos habían comenzado la Guerra del Golfo, y cada mañana, antes de ir al cole, podía ver por la tele los bombardeos de Bagdad, que eran unas imágenes en negro y verde fosforito. Hasta entonces, Bagdad era, para mí, la ciudad que alojaba la corte de las historias que nos contaban de “Las Mil y Una Noches”.

Pero como digo, el mundo estaba cambiando, y ahí estaba yo para contarlo. Ese año creamos, un par de amigos y yo, el periódico infantil escolar: La Gacela… el número #1 se llamaba La Gaceta, pero luego vimos que ya existía una cabecera con ese nombre (malditos!) y bueno, de una L a una T no había tanto. Mi aventura periodística duraría lo que nos cansaríamos de pasarnos los sábados por la mañana haciendo el dichoso periódico. Pero diablos, yo estaba encantado, y me sentía como un reportero explicando los trepidantes acontecimientos internacionales (guerras, revueltas, países que se independizan, …) que apenas llegaba a comprender. Tras varios meses, y justo antes de los exámenes finales de verano, La Gacela publicó su último número, y con ello, se cerró una etapa del periodismo nacional. Por lo menos, el de mi barrio.

Canciones:

Red Hot Chili Peppers: “If You Have to Ask”
Michael Jackson: “Gone Too Soon”
R.E.M. : “Radio Song”

20
Dic
11

Sueños y Tom Waits

Hacía mucho que no hablaba de sueños. El concepto de los sueños me parece apasionante. No me refiero a los sueños en su acepción, digamos, poética, de anhelos y deseos, sino al sueño como aquello que pasa por nuestra mente mientras dormimos. No soy de los que creen en la interpretación de los sueños de un modo esotérico, ni tengo una obsesión Freudiana por ello. Y sin embargo, ¿no es interesante entender por qué tu mente te lleva a esos sitios, esas personas, esos parajes y esas situaciones, cuando la liberamos del férreo control que ejercemos sobre ella?
Pues resulta que el sábado me desperté con varias canciones de Tom Waits en la cabeza. No recordaba el sueño, ni tampoco lo hago ahora, por lo menos no de un modo concreto como para poderlo describir. Sé que salía mi perra. Como dato, no es gran cosa, de acuerdo. En fin, que de repente tenía unas ganas tremendas de pinchar el disco “Blue Valentine” (1978) de Tom Waits. Y lo más curioso del todo es que: a mí no me gusta Tom Waits.
La portada y el título molan, no me lo negaréis
Ok, después de soltar la boutade, permitidme el matiz. No es que no me guste como no me gusta, yo qué sé, Dream Theater o Malú. De hecho, tengo ese mencionado “Blue Valentine” en casa. Y alguno más, ya os contaré. Supongo que de algún modo, estoy decepcionado. Quiero decir, imaginad a un pipiolo Kar, más de lo que lo soy ahora, si cabe, hace una década, o algo así, leyendo el Popular 1 como si de las Sagradas Escrituras se tratara, y conociendo la existencia de un extraño músico y actor, medio crooner diabólico, medio actor de variedades decadente, todo contador de historias, trufadas todas ellas de extrañas sonoridades. Qué, mola, verdad? Pues allí fue el ufano Kar, y acabó con ese “Blue Valentine” en las manos, que podía haber sido éste como cualquier otro que hubiera en la sección de baratillo de la tienda de discos.
Llego a casa, lo pongo en el reproductor y … ufff… no, no me gustaba. No podía ser. Lo escuché varias veces. Pero no. Se suponía que tenía que ver la luz, y me quedé con una cara de “¿qué coño es ésto?” que para qué os voy a contar. El lector fan de Waits estará ahora a punto de saltar y decirme que hay una 2ª etapa diferenciada en la carrera de Tom Waits, que abarca desde mediados de os 80’s, menos jazzy pianística (cómo si eso supusiera problema alguno!) y más, digamos, raruna, pero interesante. Pues tampoco. Como buen reincidente, adquirí, unos años más tarde, y pasado mi cabreo con Waits, el “Rain Dogs” (1985)… pero tampoco. Hasta aquí llegó mi historia con Tom Waits.

Tom: Vente p’acá, cordera, que te vi a hacer la caidita de Roma
Rubia: Ok, Tom, lo que quieras, pero son 50$
Con el tiempo y las escuchas, llegué a reconciliarme con “Blue Valentine”. No es un disco que signifique mucho en mi vida, pero contenía algunas canciones que me gustaron. Sin más. Es por eso que me resulta doblemente extraño el levantarme ese sábado con necesidad de ir al lavabo, tomarme un café con leche y hacer sonar ese CD (en el mencionado orden).
Ahora es casi medianoche y está sonando, una vez más, y ya van varias desde el sábado. Estoy tratando de encontrar qué parte de mi sueño me llevó a “Blue Valentine”. Y no lo encuentro, pero estoy disfrutando bastante de este disco. Mirad, es como si me hubiera comprado un disco nuevo. Gratis. No, si ya os lo digo, que me estoy haciendo viejo. Me cago en Dios.
Canciones:
Tom Waits. “Blue Valentines”
Tom Waits: “$29.00”
Tom Waits: “Christmas Card From A Hooker In Minneapolis”
07
Dic
11

Formatos

Ahora que la música ya no se consume en formato físico, sino que se ha reducido a un triste archivo en un ordenador, en un reproductor portátil o en un servidor de acceso público, resulta un poco trasnochado hablar de “discos”. Supongo que en realidad, soy un tío desfasado. A mí me sigue gustando el concepto de disco como una colección de canciones que se compra y viene en forma de un cacharrín que se mete en un aparato y entonces suenan esas canciones, mientras uno se entretiene mirando la portada y el libreto interior. Me gusta comprarme discos. No me preguntéis por qué. Lo cuál no quita que use el mp3, el iPod, el iPhone, Spotify o Youtube. Pero no les tengo aprecio, en tanto se puede sentir aprecio por un objeto.

Si hablamos de formatos para música, aunque no son los únicos, podríamos mencionar, básicamente, tres: el vinilo, el CD y el casete (o cassette). El casete fue el primer formato que utilicé, como niño a finales de los 80’s, y reconozcámoslo, era una mierda. La calidad de sonido era bastante flojita. Las cajitas que contenían el casete eran pequeñas, reduciendo las portadas a miniaturas ridículas. Las funciones de rebobinado eran un engorro si lo que se quería era buscar una canción en concreto que reproducir, si bien no hace mucho leí que eso era bueno para el concepto de disco como obra completa, que se escuchaba en el orden que el autor había diseñado para la misma. Ok, minipunto para el casete.

Tenía, también, otras ventajas. La principal era, sin duda, la capacidad de hacer grabaciones de originales, lo cuál significaba música al acceso de todo el mundo. Pero el abanico de opciones también pasaba por la grabación de canciones emitidas por la radio, un clásico de la adolescencia, siempre con inicios y finales cortados porque el locutor todavía estaba hablando en esos momentos (y la rabia que daba aquello). Y cómo olvidar la grandeza de las cintas recopilatorias caseras, esas que uno grababa para sí mismo, pero también para los demás. No me voy a extender en este punto, porque Nick Hornby ya dijo todo lo que se debía decir al respecto en “Alta Fidelidad”.

Sólo una cosa: a día de hoy nada ha conseguido igualar la mística que suponía grabar, regalar o recibir una de esas cintas.Volviendo al casete, también se puede decir que fue el primer formato realmente portátil, tanto en radiocasetes (el mítico “loro” que se podía llevar a fiestas, colonias, playas o plazas), como en los coches o con ese gran invento que fue el walkman. Música fácil de conseguir, de llevar y de compartir… puro ideal comunista. Parece que hablo de la prehistoria, lo sé. Con el revival ochentero extremo que seguimos viviendo, parece que hay una especie de mitificación del casete. Pero queridos modernos míos que leéis NDK y que no vivisteis la emisión de Falcon Crest, no os dejéis engañar. Por muy cool que puedan quedar los casetes en vuestras camisetas, en realidad, no eran gran cosa.

El disco de vinilo sigue siendo considerado como un formato con clase. Y lo puedo entender, de verdad. De hecho, yo también compro vinilo, de segunda mano. Tiene algo especial, para mí, como si fuera una reliquia histórica. No concibo comprarme un vinilo de Vampire Weekend, pero sí uno de The Doors. Y en ningún otro formato ha lucido tan bien una portada. Si nos ponemos en plan técnico, la realidad es que un vinilo nuevo bien prensado, suena estupendamente, mejor incluso que un CD, ya que en el analógico no se ha hecho un muestreo de la señal. La realidad, sin embargo, es que los vinilos que se vendían en España solían ser de muy mala calidad, usando la menor cantidad de vinilo (el material) posible, y también, a veces, reciclando vinilo de discos descatalogados o sobrantes para nuevas grabaciones.

El disco de vinilo es poco cómodo, esa es una realidad. No te lo puedes llevar al coche ni escucharlo mientras corres. Y es bastante frágil, es francamente fácil romperlo, rayarlo o deteriorarlo.Resulta curioso como la modernez de ahora ha hecho revitalizar los discos de vinilo. Durante muchos años fue reducto de aquellos antiguos que no querían pasarse al CD o de discjockeys. Hoy en día los DJ’s casi no usan vinilo y aquellos antiguos fueron, poco a poco, capitulando al CD. El vinilo es hoy producto de coleccionistas y también de modernos que compran esas reediciones fantásticas que se venden en la FNAC pero que cuestan un jodido ojo de la cara: 22 € un disco como el debut de RATM??? Estamos locos o qué?

Eso nos lleva al CD… ay, el CD, que se creía todopoderoso cuando salió al mercado. Aunque las primeras grabaciones datan de 1981, no se popularizó hasta finales de los 80’s, cuando irrumpió a lo grande. La agresiva política de las compañías hizo que muchos le cogieran manía: de repente, había que cambiar de formato por otro que resultaba ser más caro (y a la postre, ese hecho acabó siendo una de las causas del declive de la industria musical). Y desde luego, muchos, la mayoría, lo hicieron.

Ahora parece como si el CD sea una mierda… los coleccionistas y modernos se mueven con el vinilo, la “gente normal” usan mp3/iPod… donde queda, pues, el CD? Viniendo yo del casete, en su momento, noté un salto cualitativo muy grande: ganaba en calidad de sonido, ganaba en poder disfrutar del artwork (que con el CD, pese a no ser tan vistoso como el vinilo, volvía a ser importante), mantenía la portabilidad de la música en coche, discman o radioCD portátil, y por si fuera poco, la búsqueda y reproducción de una canción en concreto se facilitaba al máximo. Los puristas dicen que eso mató el concepto de álbum. Es posible.

En la comparación CD vs. Vinilo, resulta cierto que un buen vinilo suena incluso mejor que un CD, aunque con la calidad de gran parte de los vinilos del mercado español, eso apenas se apreciara. También es cierto que las reediciones de analógico a digital que se hicieron de discos clásicos eran, en ocasiones, horrorosas, y se han mejorado mucho con el tiempo. Luego aparecieron las descargas de Internet, el mp3 y la popularización de las grabadoras de CD, y eso fue ya, definitivamente, otra historia. Y lo tengo que decir, aunque también se pueden hacer CD’s recopilatorios (y yo he hecho muchos), por alguna razón, ya no era lo mismo que una cinta recopilatoria.

Lo peor del CD, sin duda alguna, son esas cajas de plástico, demasiado frágiles para manos torpes como las mías. Deberían estar prohibidas, todos los CD’s deberían venir con esas cubiertas de cartón como las que usaban Pearl Jam en su momento.Ahora que todo se denomina por siglas (verbigracia NDK – Notas De Kar), todo el mundo usamos el término “cedé” pero cuando apareció el formato resultaba hilarante escuchar a la gente tratando de pronunciar “compact disc”, con esas malditas dobles consonantes al final de las palabras: compas dic, compat dis… las combinaciones podían ser múltiples.

En fin, qué importan todas estas cosas hoy, en plena era de Twitter, de streaming, de nubes y de tablets. Ahora, si me disculpan, voy a bajar al estanco a comprar un sobre y un sello, pasaré por la bodega a devolver los cascos de las botellas y compraré pan doble, que mañana es festivo.

Canciones:

My Morning Jacket: “Slow Slow Tune”
Ike and Tina Turner: “Whole Lotta Love”
Brighton 64: “La Casa De La Bomba”
05
Dic
11

El precio de la democracia

Antes de ayer pasé por esa multinacional francesa de venta de discos y libros y… bueno, qué más da, por FNAC (de quienes aceptaré gustoso todo cheque por la publicidad). En la sección de ofertas, di con esto:

Lo cuál me llevó directamente a 3 años atrás, cuando esperaba ansioso LA publicación. Era el disco esperado tras tanto tiempo. Era el mesías que venía, finalmente, a la Tierra. 3 años y me han pasado tantas cosas que es inevitable la sensación de vértigo. Y ver esta imagen me lleva a varias reflexiones:
1.- La industria discográfica lleva toda la vida timando al melómano fiel, y lo sigue haciendo, aún en su etapa de peor crisis. Vender a 4’99 € le hace pensar a uno qué beneficio se obtiene con la venta a los 16 o 17 € que pagué en su momento.
2.- El que se baje “Chinese Democracy” de Internet, con ese precio ridículo al que está a la venta, claramente, no tiene excusa alguna.
3.- Qué triste es que el disco más esperado del hard rock de la última década haya caído, en tan sólo 3 años, en el pozo del olvido, y qué pena que Axl Rose no haya querido reconducir una carrera, todo por negarse a hacer ni un triste videoclip, ni apenas promoción, y tardase tanto en hacer gira de “Chinese Democracy”
4.- Comprarse novedades discográficas no vale la pena, cuando sabemos positivamente que esos 15€ que vale el disco en su lanzamiento, se reducen a la mitad (o menos) un año después. O incluso en un tiempo menor.
5.- Qué portada más fea tiene ese disco! Digna de Uriah Heep…

Canciones:

My Morning Jacket: “Wonderful (the way I feel)”
The Kills: “Future Starts Slow”
Queen: “The Miracle”



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