Archive for the 'conciertos' Category



22
Jul
13

Hemeroteca: Concierto de Iggy Pop en Madrid. Ruta 66. 1991

Retomamos esta sección de hemeroteca tirando de otra de las revistas clásicas de música, en este caso, Ruta 66. El artículo que hay a continuación estaba en el número 61, perteneciente a abril de 1991, y amigos, no me dirán que esta fecha no les produce vértigo. Desde luego, en abril del 91, el que estas líneas escribe, pensaba más en salir a zascandilear a la plaza o en jugar un partido callejero de fútbol que en el rock n’ roll. Una cosa sí se ha mantenido, los R.E.M. de 1991 me gustaron mucho, con el celebérrimo “Out Of Time”, que fue uno de los primeros discos que tuve, en cinta de cassette, y que quemé, hasta el punto de no poder volver a escucharlo en muchos años. Y precisamente son estos R.E.M. quienes reinan en la portada de ese ejemplar de Ruta 66. Probablemente esa fue la razón por la que compraría esta revista, muchos años después, en un mercadillo o en una tienda de libros viejos.

El artículo que cuelgo resulta una curiosidad, y una muestra clara de cómo han cambiado los tiempos y las percepciones. Se trata, como pueden ver a continuación, de una crítica del concierto que Iggy Pop hizo en la sala Universal Sur de Madrid, hace la friolera de 22 años. Lean, lean…

Los derechos del texto pertenecen a Ruta66

Los derechos del texto pertenecen a Ruta66

Los derechos del texto pertenecen a Ruta66

Los derechos del texto pertenecen a Ruta66

Los derechos del texto pertenecen a Ruta66

Los derechos del texto pertenecen a Ruta66

Más allá de poner a caldo a Iggy por, entre otras cosas, lo de siempre: que si es autoparódico, que si siempre hace lo mismo, que si ya no te lo crees, que si ya no exhuma violencia ni provoca tensión, etcétera, me resulta curioso por ese estilo tan informal, tan fanzinero, si me lo permitís, del autor. Que, por otra parte, un tipo firmando sus colaboraciones bajo el pseudónimo de KOLEGA, resulta significativo.

KOLEGA… ojo al uso de la “K”, recurso que odio con todas mis fuerzas. Y al propio nombre. Eh, que soy vuestro colega, que soy de los vuestros, madafacas del barrio. Más que vuestro colega, soy vuestro Kolega, y me enrollo muy bien, tíos… Pues sí, este pájaro se atreve a criticar a Iggy Pop usando ese pseudónimo.

Tampoco quiero prejuzgar. Esto de los nombres, a veces te pilla a contrapié. Has de firmar algo, aunque sea un triste nick para un foro o para un chat. Y usas la primera tontería que se te pasa por la cabeza, sin darle mayor importancia. Sin considerar si volverás a usar esa web. Pero luego resulta que sí, que la sigues usando, y que ya es tarde para cambiar de nombre, y bueno, bonito o feo, te quedas con el que usaste, para mantener tu personalidad. O tu cyberpersonalidad. Os lo dice un tipo que lleva años firmando como KAR. En fin…

Volviendo a nuestro amigo KOLEGA, simplemente remarcar la contraposición de su redacción, tan distante del libro de estilo clásico de Ruta 66, y por lo que siempre se criticó a esta publicación: el uso de una escritura recargada y extenuante, donde si una frase tenía menos de siete subordinadas, era, automáticamente, descartada, y donde era obligatoria la utilización de términos lo más alejados posible del lenguaje coloquial. Pues bien, parece ser que no siempre fue así. Por lo menos, en 1991 no era así.

Y me consta que desde su última reconversión, ahora hará unos pocos años, esa tendencia marisabidilla del Ruta se ha ido limando, del mismo modo que ahora la revista es enteramente en color o que varios de los colaboradores de Popular 1 se cambiaron de acera (con perdón) e ingresaron en las filas ruteras. Y qué quieren que les diga, el Ruta, a veces, podía agobiar, pero me gustaba esa pretenciosidad que, actualmente, ya han perdido en gran manera. Cosas de los signos de personalidad, que, en ocasiones, se han de enfrentar a las ventas.

Canciones:

Vampire Weekend: “Ya Hey”

Graveyard: “20/20 (tunnel vision)”

The Sonics: “The Witch”

27
Ene
13

Man Or Astroman?

El otro día alguien me recordó a los Man Or Astroman? … hacía mucho, mucho tiempo que no había escuchado nada de ellos, y se habían desvanecido de mi memoria. No me voy a erigir ahora en el fan número uno de la banda. De hecho, no tengo ningún disco suyo, nunca lo he tenido. Pero sí estuve una vez en uno de sus conciertos. Fue hace mucho, el mismo tiempo, casi, que no escucho su música. El mismo tiempo, casi, que nadie me los mencionaba.

Recapitulando, se trata de una banda americana de mediados o finales de los noventa, y ya me disculparéis, porque tiro de memoria, que practicaban un surf rock, pasado por el túrmix de la década, bebiendo a partes iguales del indie estadounidense o del punk, que de los popes del surf. En un alto porcentaje, y como corresponde al género, hablamos de música instrumental. Además, llevaban un rollo teatral-cachondo, a base de considerarse personajes extraterrestres, vistiendo monos de astronauta, y trufando sus canciones de referencias a la ciencia ficción de serie B más clásica. Lo dicho, eran unos cachondos.

De su música, no puedo decir mucho más, porque los descubrí leyendo Popular 1, y una vez tuve algunas canciones suyas grabadas, que apenas recuerdo y que perdí hace demasiado. Pero sí guardo en la memoria un concierto suyo, al que acudí. Por aquél entonces iba a muchos conciertos, tenía un amigo al que le gustaba también la misma música que a mí, y nos dedicábamos a ir a ver a bandas, aún sin saber mucho cómo sonaban, sólo para echar una ojeada, y tomarnos unas cervezas. A veces nos tragábamos rollos infumables, aviso. Un día debería hablar de conciertos sarnosos a los que he acudido.

En otras ocasiones, acertábamos. Y la noche de Man Or Astroman? acertamos. Fue un bolo, en la mítica sala Màgic, de la que ya hablé en alguna ocasión por aquí (y tamnbién aquí). Ambos teníamos exámenes esa semana, y seguramente no serían los días más adecuados para irse de concierto, por lo que, cosas de la memoria, recuerdo perfectamente cierta sensación de culpabilidad por irme de concierto en lugar de quedarme estudiando. En definitiva, allí estábamos, al pie del minúsculo escenario de la Màgic, con esos chalados en sus monos naranja, desgranando su surf-indie-punk como si les fuera la vida en ello. Incluso con el truco escénico de encender fuego en un casco de “astronauta” que uno de ellos se puso, chorrada de lo más celebrada por una sala con ganas de pasarlo bien.

Y al final, aunque no me acordara de su música, sí me acuerdo de que fue una noche inesperadamente divertida. Y por cosas así es por las que yo puedo guardar cariño a un grupo. Pero cuidado, también por experiencias negativas que puedo asociar a un disco, me pueden quitar las ganas de escucharlo para siempre. Pero de eso se trata, ¿no?.

Hoy he estado recuperando uno de sus discos vía Spotify, aplicación que no uso casi nunca, pero fíjate, hoy me ha dado por ejecutarlo de nuevo. Y sin ser la salvación del rock, ni falta que hace, no están nada mal. Por si fuera poco, se curran una versión del “Manta Ray” de los Pixies que, para mi gusto, supera al original, tan solo subiendo el tempo. Con ella os dejo:

Canciones:

Man Or Astroman?: “Manta Ray”

Ozzy Osbourne: “Mr. Crowley”

Patty Smith: “Summer Canibals”

09
Jul
12

Iggy & The Stooges, Barcelona, 6/07/12

Quisiera comenzar estas líneas con un dato: James Newell Osterberg, más conocido como Iggy Pop, es un señor que tiene 65 años. No es una consideración baladí, y además, creo que da un cierto sentido a la reflexión que quería hacer, tras haber presenciado el concierto que Iggy & The Stooges dieron en Barcelona el pasado viernes, en el marco del Festival Cruïlla.
Iggy Pop no gira en solitario, presentando su material propio, desde 2001. En 2003 publicó aquél “Skull Ring” en el que grabó un par de temas junto con los hermanos Asheton, y se anunció la gira de reunión con The Stooges, con quienes llegó a grabar un flojísimo disco, “The Weirdness” en 2007. En definitiva, Iggy lleva toda una década girando con un repertorio que tiene más de 40 años, y mientras tanto, ha publicado dos discos en ese período, en solitario, que no pueden estar más alejados de las sonoridades Stooge, me refiero a “Préliminaires” (2009) y un divertimento en forma de versiones que tituló “Après” (2012). Y hablaré de estos dos discos más adelante, pero si me permiten un apunte, quisiera subrayar el hecho de que en sus últimas grabaciones Iggy Pop explora una faceta más cercana al jazz, al vodevil y a la canción francesa clásica.
De modo que no dejo de preguntarme el por qué de esta dicotomía. Por un lado, el Iggy más duro, más rockero, más típico también, apostando por el valor seguro que suponen unos discos, los tres con los Stooges, que han entrado como miembros de pleno derecho en el olimpo del rock n’ roll. Por otro lado, un Iggy sosegado pero arriesgando mucho, con discos que le harían perder muchísimos seguidores, de no ser por esa redención que practica en los escenarios desgranando su material pretérito.
Iggy se sentía solo…
Si me pongo en plan malpensado, podría llegar a la conclusión de que lo que de verdad le pide el cuerpo a Mr. Osterberg es grabar canciones jazzys. Pero, consciente como es del peso que su figura tiene en la iconografía rockera y en la industria en general, sabe que seguir girando repescando esas canciones de toda la vida, machacándose en un escenario, le inyecta unos dividendos y una tranquilidad económica como para poder afrontar proyectos probablemente deficitarios como sus dos últimos discos. Hablando en plata, hacer el cafre sobre las tablas mientras toca temas de 1969 es su trabajo mientras que imitar a Gainsbourg o a Brel es su hobby.
Argumentos acerca de esto último los podemos encontrar en varios puntos sorprendentes de la última década. Hacer una gira con The Stooges resultaba entrañable. Hacer varias durante 6 años es exprimir demasiado el limón. Grabar un disco “nuevo” con The Stooges después de 40 años es una jugada cutre, e innecesaria, Iggy llevaba una carrera en solitario fantástica. No es como el nuevo disco que grabaron los Who o incluso los New York Dolls, quienes habían tenido carreras en solitario discretísimas. Y como pirueta final, el repescar a James Williamson tras la muerte de Ron Asheton ya no sé cómo calificarlo, si de movimiento lógico o de acto ruin.
Y sin embargo, lo que presencié el viernes pasado en Barcelona me desmonta los argumentos. Yo vi a un Iggy Pop dándolo todo, destrozando su físico (no olvidemos sus 65 años), cumpliendo con esos trucos arriesgados para su integridad como hacer subir al público o bajar al foso. Por más ganas de grabar discos, digamos, diferentes que tenga, Iggy Pop no tiene la necesidad de cumplir con estos rituales. No está arruinado ni depende de estos circos. Así que me da que pensar que en realidad disfruta de estas experiencias en sus conciertos. Que probablemente ahora mismo no le apetece grabar otro disco de rock, pero que sigue amando el rock n’ roll y entregarse en sus conciertos.
Iggy Pop +  Instagram
El viernes pasado hicieron un concierto en un marco muy extraño, como es un festival extremadamente ecléctico, con una alarmante tendencia al perroflautismo, que se reflejaba en un sector del público. No importó. Se cascó casi todo el “Raw Power”, repescó un par de números del “Kill City”, recuperó también algún tema de la primera etapa Stooge (sin Williamson) y todavía le dió tiempo a hacer su clásica versión del “Louie, Louie”.
La actuación fue de más a menos, algo que se perdona tras el desgaste y por la edad. Pero amigos, los primeros 40 minutos de show fueron algo inenarrable. Energía, saber estar, un repertorio mágico y un público entregado, en el que se vivieron algunos pogos y momentos de de crowd surfing que hacía mucho que no veía. En un momento del concierto Iggy bajó y saltó la valla del foso para mezclarse con el público. Fruto de un lance, recibió un golpe que le hizo sangrar un poco el labio. Bueno, esa imagen de Iggy Pop, torso desnudo, bailando, cantando como él sabe y con el labio ensangrentado podría ser muy definitoria del show.
¿Y la banda? Bien. Muy solvente. Pero permítanme sinceridad: aburridos, anodinos y carentes de todo carisma. Salvaría a Mike Watt, en lo que a carisma se refiere. Pero James Williamson es un buen guitarrista, sin la menor presencia. Lo mismo se puede decir de Scott Asheton. Seamos claros, podría haber venido Iggy Pop con una banda formada por buenos mercenarios, por buenos músicos profesionales, y el resultado hubiera sido exactamente el mismo. Lo cuál me lleva a una última reflexión: ya va siendo hora de que Iggy Pop recupere su propia carrera en las giras. Quiero ver un concierto de Iggy Pop, no de The Stooges o de Iggy & The Stooges. Quiero a un Iggy que puede tocar con pleno derecho el material de hace 40 años, pero que también toque temas de “Lust For Life”, “The Idiot”, “New Values”, “American Caesar” o “Brick By Brick”. Sinceramente, creo que ya toca.
Canciones:
Iggy & The Stooges: “Penetration”
Iggy & The Stooges: “Open Up And Bleed”
Iggy & The Stooges: “I need somebody””

11
Jun
12

The Afghan Whigs y las pataletas

Los Afghan Whigs pertenecen a esa clase de bandas que situaba en mi Olimpo particular, especialmente porque llevaban doce años en barbecho y estaba convencido de que nunca iba a verles sobre las tablas. Es de esos grupos que uno consideraba que pertenecían al pasado, y éste no iba a volver. En los últimos años me he llevado, sin embargo, muchas sorpresas sobre este particular. Si me lo hubieran preguntado hace tres lustros, jamás hubiera creído que presenciaría conciertos de Kiss con maquillaje, de Iggy & The Stooges, de Redd Kross, de The Police o de los que nos ocupan, The Afghan Whigs.

Conocí a los Afghan Whigs en mi época más fanática de Popular 1, cuando lo que leía en esa revista resultaba ser poco menos que las Sagradas Escrituras. Eran una banda, además, de la que casi sólo se hablaba en esas páginas. Eran un grupo fetiche para la publicación. Por aquél entonces sacaron su último disco al mercado, y lo recuerdo como si fuera ayer, volver de la tienda aquella tarde con dos CD’s en la bolsita, “1965” de los Whigs y “100% Colombian” de los Fun Lovin’ Criminals.

Pero los Afghan Whigs eran diferentes. Los Criminals habían tenido un hit clarísimo que había pegado fuerte en las listas, y tenían su popularidad, que aumentaría con ese portento de disco que es “100% Colombian”. Los Afghan Whigs eran una suerte de desconocidos, por lo menos a nivel popular, por lo menos en la Celtiberia. Durante un tiempo se anunció una fecha de concierto, sería por mayo de 1999, en la desaparecida Sala Garatge. Sí, os juro que recuerdo haber visto eso, en aquellos folletos con listas de conciertos que se repartían en algunas tiendas de discos. Por supuesto, esa actuación nunca se llevaría a cabo, y muy poco después, Afghan Whigs confirmarían su separación.


El concierto de Barcelona entero

Y aunque ya tenía “Black Love”, muy pronto “1965” se convirtió en mi disco favorito de los Whigs. Tenía guitarras, tenía soul, tenía momentos festivos, tenía esa intensidad que si uno no se mete a fondo en la canción, puede parecer casi impostada y algo ridícula. Más tarde escuché “Gentlemen”, pero siempre estuvo en un estrato, para mi gusto, inferior a “1966” y a “Black Love”.

Y bien, tantos años más tarde, sin, desde luego, esperármelo, resulta que Greg Dulli reúne a la banda y por si fuera poco, anuncian fecha en el marco del Primavera Sound. Evidentemente no iba a dejar escapar esa ocasión, si bien lo he reiterado varias veces: no me gustan los festivales. Pero es lo que hay, cosas del rock n’ roll de hoy en día.

Y ya lo sabía, que iban a tocar una hora justa. Aún así, cuando Dulli dio por finalizado el show, escenifiqué lo que se conoce por “quedarse con cara de tonto”. Por supuesto que había disfrutado de muchos momentos del concierto. La banda estaba muy sólida, y Greg Dulli ejercía con maestría de estrella de la función. ¿Qué falló? ¿El repertorio? En parte sí, a verdaderas joyas se le sumaban temas que yo considero claramente prescindibles. Y luego mi ansiedad… esto se acaba y no han tocado aún “Faded”… ni “John The Baptist”… ni “Something Hot”…

Y cuando acabó, tras mi momento de quedarme estupefacto, la siguiente reacción fue de cabreo. No era culpa de los Afghan Whigs. Tampoco era culpa del festival, en ningún caso dejaron de cumplir lo establecido, un hora y listos. ¿El repertorio? Cada uno elegiría el suyo. Fue una actitud algo infantil, de un niño que se enfada porque las cosas no son como él quiere que sean. Pero fue así.

Al día siguiente, por la tarde, me puse a recordar el concierto. Y revisé las imágenes que están colgadas en Youtube (si buscáis, podéis ver el concierto entero en calidad profesional). Y bueno, me alegré de haber estado allí. Me reconcilié con Greg Dulli y los suyos. ¿Podía haber sido mejor, más emotivo, más bonito? Yo creo firmemente que sí. Pero que me quiten lo bailao.

PD: Después me pasé a ver a Mudhoney un rato, y sorprendentemente, pues se trata de un grupo que apenas conozco, me dieron muy buenas sensaciones. Me recordó lo mucho que me gustaba el llamado “rock alternativo” de los 90’s. Y no me vengáis con eso de las “etiquetas” y blablablá… de algún modo hay que llamarlo. Me encantó vivir el momentazo “Touch Me, I’m Sick”

Canciones:

The Rentals: “Friends Of P”
The Black Crowes: “Welcome to the good times”
Jack White: “Sixteen Saltines”
14
Mar
12

Elliott Murphy en Bikini

De acuerdo, el título podría llevar a un equívoco propio de chiste de Arévalo, así que me centraré en el neoyorquino. De cómo acabé interesándome por la carrera de Elliott Murphy, podríamos usar el tópico del cúmulo de casualidades. Mi primer contacto fue a través del mítico programa Bulevard, de Radio 3, que escuchaba con bastante frecuencia y que, de paso, quisiera reivindicar. Entonces, Elliott Murphy publicaba un disco en directo, recogiendo la que era su realidad por aquél entonces, un Neverending Tour de conciertos acústicos junto con la que era su “nueva” mano derecha, su escudero, un francés que atendía al nombre de Olivier Durand. Sin recordar muy bien cómo, conseguí ese disco en cuestión, “April”, del que ya hablé por aquí. Y tras la agradable sorpresa, me dije que en la primera oportunidad que tuviese, tenía que ver a Elliott Murphy en directo. Poco sospechaba entonces que esa “primera oportunidad” se daría tantos años más tarde.
Y fue la casualidad la que me llevó a Bikini el sábado pasado. A ultimísima hora, como movido por un resorte, compré entradas en taquilla, quince minutos antes de la hora marcada, y, oh, sorpresa, habían tickets. Siempre es agradable volver a un concierto en la sala Bikini. Buena visibilidad, buena acústica (aunque al principio del concierto fallara, no por culpa de la sala, sino del ecualizador), un espacio limpio (que yo me pregunto, ¿qué norma no escrita indica que los conciertos de rock tengan que ser en pocilgas con lavabos mugrientos y con tanta roña en el suelo que te quedes pegado a él?), una camarera bonita que en momentos de poca demanda, atendía el show moviéndose al son de las guitarras…
Murph the Surf con Olivier Durand en Barcelona (foto de El Periódico de Catalunya)
No conocía nada más de Elliott Murphy, nada más allá de los cortes que componían ese “April” y de un “A Little Push” que sonó como single en Radio 3 de su disco de 2002. Y aún así, no hizo falta. En esta ocasión, le acompañaba, además del clásico Olivier Durand, un bajista y un batería, lo cuál le daba un aire más rockero a su música, sin restar intimismo allí donde los temas lo requerían. Aunque un inicio un poquito frío me hizo presagiar algo malo, al tercer tema ya estaba la sala patas arriba, con un Murphy que fue de menos a más, que aunque comenzó callado, al poco no paraba de interaccionar con el público, así, hasta llegar a las dos horas de concierto. 62 añazos que tiene el amigo. Yo quiero llegar a los 62 así.
Por alguna razón, algo en mi cabeza relaciona a Elliott Murphy con el malogrado Willie DeVille. No sé, ambos de NYC, ambos siempre moviéndose a la sombra de otras grandes estrellas probablemente mucho menos dotadas, ambos trufando de versiones sus directos. Con Willie DeVille no reaccioné a tiempo y ahora es ya tarde para poder verle sobre las tablas, y me alegro de que no sea así con Murphy. Se le suele situar a medio camino entre Dylan y Springsteen. Pero lo diré aquí y ahora, me gusta mucho más la propuesta actual de Murphy que la de Dylan, y me parece bastante mejor que Bruce Springsteen.
Y poca cosa más me queda que decir, tal vez una recomendación, la próxima vez que Elliott Murphy esté en vuestra ciudad, no dejéis de verle. Para el recuerdo me queda ese broche de dos temas (“Rock Ballad” y el celebérrimo “Keep On Rockin’ In A Free World”) a pelo, dos guitarras desenchufadas y sin micro.
Canciones:
Elliott Murphy: “Rock Ballad”
Joe Cocker: “Do I Still Figure In Your Life?”
The Flaming Sideburns: “Flowers”
02
Feb
12

Bunbury

Hablaba el otro día del concierto de Bunbury en Barcelona… no soy el mayor fan del mundo que tiene el maño, y sin embargo, le respeto y me parece una de las pocas estrellas que tiene el rock n’ roll español. Porque puede que gran parte de su propuesta no me guste. Pero el tío tiene sentido del espectáculo, tablas, talento, aunque a veces lo malgaste en tonterías, personalidad y los huevos más grandes que el caballo de Espartero. Porque sí, porque en un mundo de poses y de gente que se vende por un plato de lentejas, una figura como la de Bunbury, que se permite el hacer lo que le venga en gana, aunque a parte de su público no le guste, me parece de admirar.
Nunca seguí con pasión la carrera de Héroes Del Silencio, de hecho, jamás me interesaron hasta el que creo que es su mejor disco, “Avalancha”. Me metí en su música cuando ya se habían separado. Esta es una anotación, aún hoy, 15 años más tarde, necesaria, todavía: Bunbury sigue arrastrando una gran masa de fans de su antiguo grupo. Luego publicó un disco que me pareció aburridísimo, su debut, “Radical Sonora”, que aunque supuso una valiente ruptura con la música con la que hasta entonces se le relacionaba, no dejaba de meterse en un terreno “de moda”. Fue con su siguiente disco, “Pequeño”, con el que comencé a seguirle la pista. “Pequeño” me parece un buen disco, con algunos temas fantásticos, y bastante equilibrado, en general. Ese año, el ayuntamiento de Barcelona le contrató para las Festes de la Mercè, y siendo un concierto gratuito, me acerqué, por curiosear, más que nada. Y suerte que lo hice! Para mi sorpresa, me topé con un concierto estupendo, una buena banda, un cantante que sabía cómo estar en un escenario y cómo llevar un show adelante, y, en definitiva, me convenció.
Una vez se pintó las uñas, hace 15 años, y así se quedó (alguien tendría que comentarle la existencia de la acetona para quitarse el esmalte)

Y la publicación de “Flamingos”, con ese acercamiento de nuevo al rock que supuso, acabó por convencerme de que se trataba de alguien a tener en cuenta. En “Flamingos” dejaba de lado tonterías como la electrónica, la copla, la canción mediterránea y todas esas imposturas para centrarse en un disco de rock, lejos de Héroes Del Silencio, pero cerca de Nick Cave o de Bowie… que me aspen si “Lady Jane” no tiene una base igualita que el “Space Oddity” del Camaleón.

Luego fueron cayendo otros discos, “El Viaje A Ninguna Parte”, “Hellville De Luxe”, “Las Consecuencias”… en mi opinión, todos sus discos son interesantes, aunque no ha publicado todavía su GRAN disco. Todos sus trabajos son irregulares, pero todos tienen buenos momentos. No he escuchado “Licenciado Cantinas” (2011), me aburre la vertiente más sudamericana de Bunbury, aunque probablemente no sea tan terrible como parece a priori (¿un disco de versiones del cancionero latinoamericano? No, gracias).
Pero insisto que lo que admiro de Bunbury, además de gustarme parte de su música, es el hecho de llevar ese personaje con todas las consecuencias. Sí, me gusta ese Bunbury medio rockero, medio glammy, medio crooner, medio cantante melódico latino. Me gusta que lleve las uñas pintadas y se ponga trajes con llamas bordadas o camisas con chorreras. Me gusta que en el escenario se mueva y actúe como si fuera el Bowie más amanerado o el Elvis más pasado de rosca, o una versión cañí de Tom Waits. Para ver a tipos que están en un escenario como si estuvieran en la cola del supermercado, me bajo al supermercado. No basta con componer canciones, también hay que cantarlas, y llevarlas a un escenario. Y ahí, Bunbury puede dar unas cuantas lecciones.
Va por ustedes…

Y también hay que reconocerle el mérito de deshacer los Héroes Del Silencio cuando estaban en su momento más álgido, y negarse durante años a reunión alguna, y a tocar ninguna de sus canciones desde hace más de diez años (al principio tocaba en alguna ocasión “La Chispa Adecuada”, por ejemplo). Cualquier otro hubiera sucumbido a la llamada del dinero y el baño de fama que una reunión de los Héroes suponía, sin haber aguantado tres lustros. Y cuando por fin accede, hace una mini-gira, tan sólo 10 noches, sin canciones nuevas ni esas actitudes que suelen estropear las reuniones de bandas. Lo fácil hubiera sido hacer una macro-gira de 30 conciertos, y sacar un recopilatorio con 4 canciones (decepcionantes) nuevas.

Y el concierto de la otra noche, en Barcelona, bueno, me aburrió por momentos, porque creo que el repertorio no estuvo bien escogido, por basarse en su mayoría en ese “Licenciado Cantinas” poco rockero y poco dado a excesos de escenario. Aunque no diré que no lo avisó, desde el primer momento, Bunbury dijo que esos conciertos los basaría en su último trabajo. Podría decir, no obstante, que el show se salvó gracias a la fantástica banda que lleva, rock n’ roll en toda su esencia, y a su actitud. Que de estar sobre las tablas, el tipo, sabe.
Canciones:
Black Sabbath: “War Pigs”
Jimi Hendrix: “Power Of Soul”
Fun Lovin’ Criminals: “Sleepyhead”
30
Oct
10

Guns n’ Roses y los conciertos

Aunque hayan pasado unos días, no me olvido del concierto de Guns n’ Roses de la semana pasada. Pero sí quisiera matizar una serie de cuestiones que expuse en la entrada anterior. Y es que reconozco que quizás daba la impresión de tener una posición algo beligerante. Será esa fase zen por la que estoy pasando, que me lleva a querer matizar. Por lo que a mí respecta, un concierto es como una fiesta. Para un fan, me refiero. De modo que se trata de pasarlo bien, ya sea cantando, bailando, saltando o bebiendo. Con ello quiero decir que tengamos claro que no me importa si los tipos de enfrente saltan enloquecidos por el furor de un tema y en esas, recibo algún que otro empujón. Igual soy yo el que otro día saltaré. Y lo entiendo como parte de la, digamos, liturgia.
Lo de la gente que se da paseos por la pista en busca de bebida, tratando de colarse por el mínimo espacio entre mi persona y quien tengo delante, eso ya me cabrea más, la verdad. Como también me cabrea la gente que en una discoteca pretende pasar y para ello te pone el brazo encima, como para apartarte… ¿de verdad es necesario que me toquen o me froten su lomo sudoroso? Lo mismo va por aquellos que van a un concierto y pasan absolutamente de la banda para dedicarse a estar de charleta. Eso es más irritante en una sala pequeña. Y uno se pregunta si de verdad han pagado una entrada para hacer lo que podrían hacer en un bar, más cómodamente y a un precio más barato. Pueden ser invitados, claro, esa clase de subraza humana que, no se sabe cómo, reciben un pase gratuíto. Son situaciones extrañas. El sábado, en Badalona, delante mío pasaron por taquilla dos chavalitas que recogían invitaciones. Eran dos niñas de ventitantos, supermonísimas de la muerte, arregladitas como para darlo todo en el Luz de Gas, pero, y permitidme le más ruín de los prejuicios, no parecían tener “Rocket Queen” como canción favorita de la historia. Quién o qué les hizo llegar esos pases gratis, es algo que desconozco. Claro que también me hubiera encantado ver el público que se reunió en el Club Soma de Barcelona, donde, por lo que parece ser, los Guns n’ Roses hicieron un show privado después del concierto abierto para los mortales. Curiosidad, ya sabéis.
Chis Cornell antes de cantar para James Bond
Volviendo al tema de los conciertos, he ido a muchos en mi vida. Algunos por pura devoción de fan, otros, simplemente, a probar a ver qué tal. Pero por lo general me los suelo tomar como una experiencia especial, no siempre se puede disfrutar de tener a Keith Richards a unos metros de tus ojos. Por eso, aunque tomarse un par de copichuelas para caldear el ambiente está bien, especialmente en según qué conciertos, nunca me emborracho en ellos. Será que todavía me queda esa actitud de ocasión excepcional la de tener a ciertos músicos sobre las tablas (aunque hoy en día la cosa ha mejorado mucho, hace unos años jamás hubiera apostado que vería a Kiss por 2 ocasiones), será ese precio bordeando el ridículo que tienen las entradas (hoy estaba buscando entradas para Jamie Cullum en Barcelona y la más barata costaba 75€… me gusta Cullum pero no tanto) pero intento estar, si he bebido, con un grado de alcohol que me permita enterarme y disfrutar del concierto. Ojo, no digo que ciertos conciertos, con una tasa alcohólica considerable, no puedan ser muy disfrutables. Pero yo lo prefiero así. Recuerdo a un conocido que fue al único concierto que Soundgarden han hecho en Barcelona, gira de “Down On The Upside”, sería 1996 o algo así. El grupo de amigos quedaron antes y se pusieron tibios, el tipo aquél, particularmente, le dió al alpiste cosa fina. Y tanto es así que cuando Cornell, Cameron, Thayil y Sheperd salieron a escena, apenas se tenía en pie, y se pasó medio concierto dormido, y puso la guinda al pastel meándose en los pantalones. Y yo, que no fuí (por alguna estúpida razón) a ese concierto, no dejo de pensar en el desperdicio de tener a una banda histórica en un momento cúspide y no enterarse de nada. Aunque qué sé yo, también puede ser que la combinación de música más ambiente más efectos de las sustancias le hubieran hecho pasar una gran noche. A pesar de que no tenga recuerdos de casi nada.
Canciones:
Jeff Buckley: “Lilac Wine”
Oasis: “Whatever”
Guns n’ Roses: “Rocket Queen”



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