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australian chronicles (vii)

Hablaba Bob Dylan en la entrevista que el mes pasado publicaba Rolling Stone de la importancia de caminar. Caminar como acto de desplazamiento, como movimiento, como viaje, pero con la diferencia que el caminar implica dotar de importancia no sólo al destino, sino también al camino. En fin, decía cosas así, en medio de una maraña de opiniones excéntricas, conceptos pseudorreligiosos soltados sin más y declaraciones de amor a las raíces rurales, tal que uno no tiene muy claro si está gagá o le está tomando el pelo al entrevistador. O ambas cosas a la vez. Porque lo de la transfiguración con el Ángel Del Infierno es de traca. Volviendo, sin embargo, al concepto de andar, él lo relacionaba con la mitología de los blues antiguos y esas canciones folk de tiempos inmemoriales. Insisto, no sólo importa el destino, también el camino. Por eso me gusta, cuando visito una ciudad, tratar de caminar el mayor tiempo posible. Si el caminar resulta poco viable, trato de tomar el transporte público. Pero preferentemente, ando. Este fin de semana, en Sydney, he ido a todos los sitios caminando. Auriculares, le damos al “play” y a patearme las calles.

El día de hoy  ha sido, sin embargo, poco provechoso, ya que tenía que empaquetar y tomar un avión hacia Brisbane, donde me encuentro ahora mismo. Una pena, porque hoy lucía un sol esplendoroso, el mejor día, climatológicamente hablado, de todos los que llevaba en la ciudad. Tocaba, sin embargo, desplazamiento, un vuelo corto, apenas 90 minutos, que me llevaban de Sydney a Brisbane. Brisbane es la capital del estado de Queensland, y primera sorpresa, aunque ambas ciudades distan poco, vuelo corto o una decena de horas al volante, hay una diferencia horaria. Mientras que en Sydney hay 10 horas de diferencia con Barcelona, en Brisbane estas 10 horas se reducen a 9. ¿Acaso es porque se cambia de huso horario, en un salto geográfico y temporal corto como el que supondría de Salamanca a Coimbra? No, y ahí está la gracia. En el estado de Queensland no se hace el cambio horario de verano – horario de invierno. Es el único estado de Australia en el que no se hace, y no lo hacen porque no les sale de los cojones, sin más. Porque consideran que con su idiosincrasia climatológica y sus fases solares, ese cambio de hora no les beneficia en nada. Por lo tanto, y hasta que no llegue el invierno austral, en Queensland van tienen una hora menos que en Victoria o en New South Wales. Lo cuál me lleva a reflexionar por qué en los países del sur de Europa, como España o Italia, donde ese cambio horario no aporta especial ahorro,  y menos en pleno siglo XXI, se sigue jugando a ese juego.

Así, hoy en Brisbane, no me ha dado mucho tiempo más que de salir a buscar un restaurante en el que cenar. Y tras dar buena cuenta de una cena no especialmente copiosa, que tengo que cuidar mi apolínea figura, al pagar he sacado una tarjeta de crédito. Cuando la muchacha la ha cogido para pasarla por el datafono, me dice “ah, La Caixa”. Le pregunto si la conoce, me dice que sí, que ella es en realidad escocesa y que había vivido en España y había usado los servicios de ese banco. El dato a tener en cuenta es la poca cantidad de australianos que hay en Australia. O dicho en otras palabras, de la gran cantidad de británicos, irlandeses, neozelandeses, chinos, malayos, indonesios, italianos, griegos, turcos y de cualquier otra nacionalidad que reside en el país. Buscar un australiano de tercera generación se me antoja una tarea difícil. Y eso que, según me han dicho, el australiano suele ser bastante racista. “Más que los estadounidenses”, me decía un oriundo de Nueva Zelanda. Bueno, yo en el fondo soy un visitante y no noto este supuesto racismo. Lo que sí noto, desde luego, es la heterogeneidad de la población.

 

Canciones:

Gliteratti: “Do you Love Yourself?”

Bob Dylan: “Po’ Boy”

Mötley Crüe: “Home Sweet Home”


1 Response to “australian chronicles (vii)”


  1. 1 Beat4amsphere
    11/11/2012 a las 18:57

    Es cierto esto del tema racismo , pero puede que no tanto ahora . Mi padre cuenta que en los años 60 , tanto en NZ como ahí , si que flotaba cierta creencia de superioridad racial , entre los australianos , claro . Mare meua esa entrevista ..


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