15
Abr
09

Kar USA Tour 09 – Washington

Mi tercera noche en Washington, y espero que el jet lag me perdone y me deje dormir más de cuatro horas de un tirón. Y yo que siempre pensé que esto del jet lag era una pijada. Pues no señores, es, más bien, una putada. El caso es que aquí estoy, en un pueblo en medio de la nada llamado Chantilly, todo muy bucólico, muy propio de esa zona más histórica de EEUU, más cercana a sus antepasados británicos… pero como suele pasar en este maldito país, todo está muy lejos. Ok, puede parecer un comentario pueblerino. Pero es así. Y de hecho, en los dos días y medio que llevo por aquí, me he sentido cual Paco Martínez Soria en alguna que otra ocasión.
La primera, a la llegada al aeropuerto. La última hora de vuelo fue complicada, demasiado viento, y demasiado meneo para el avión, así que salí de mi asiento algo mareado y aturdido. Y cuando piso aeropuerto, oigo por megafonía un “Welcome to the Dulles Airport”, que por un momento me dejó helado… había confundido el nombre del aeropuerto (Dulles) con la capital de Texas, Dallas, y por una fracción de segundo me temí que me hubiera equivocado de vuelo (???) y hubiera ido a parar al terruño de J.R.!! El trámite aduanero resultó más sencillo de lo que se pudiera esperar y no tardé en llegar a mi destino, una suerte de hotel de campiña, muy cerquita de la empresa donde iba a pasar toda la semana.
Como quiera que mis aventuras y desventuras profesionales carecen del menor interés, me centraré en comentar que las noches de domingo y de lunes fueron bastante malas. Además, para estos casos, me suelo tomar una pastilla de diazepan, que me proporciona unas horas de sueño. Artificial, pero sueño no obstante. Cuatro horas, para ser exactos. Lo malo del diazepan es que duermo, pero me provoca unos sueños rarísimos. O por lo menos, lo achaco al diazepan. Igual es pura casualidad, pero esos sueños me tienen intrigado, sobretodo porque desfilan por ellos muchas personas que conozco. Tal vez alguna de ellas seas tú… avisad@ estás.
Ayer por la tarde, al acabar, me quedé en el hotel. Tenía faena, y también aproveché para ir un ratito a la sala de fitness, que con tanto viaje y tanto mal comer, me parece que estoy perdiendo esa apolínea figura que siempre ha impresionado a las mujeres, y luego a la piscina. Es lo que tiene estar en un hotel más vacacional que de negocios. La piscina tenía un agua demasiado turbia, así que el baño fue breve, y la noche se cerró con una cena frugal, algo de trabajo en la habitación, un ratito de lectura y a dormir. Algo trepidante, lo sé. Cuando estoy fuera siempre tengo esa fantasía de toparte con una joven viajera solitaria, melena rubia ojos azules, que habla inglés con acento del este de Europa y lee a Carl Jung mientras se toma un té en el bar. O algo parecido. En su lugar, me topo con la recepcionista, una tipa que siempre que me atiende está masticando algo (acaso se pasa toda la tarde comiendo???) y gasta un inglés ininteligible. El mundo está lleno de decepciones para aquellos que usan su imaginación, amiguitos.
Y hoy, en contra de los elementos, véase frío, viento y algo de lluvia, he decidido que iría a Washington DC. El chofer del hotel me acerca al aeropuerto, donde podré tomar un autobús. Por el camino, me cuenta que es salvadoreño, y se dedica a preguntarme por la situación en la UE (??!!). Y al coger el autobús, vivo otro momento de Kar El Paleto goes to the city. No recordaba que en los autobuses americanos el conductor no toca el dinero, hay una suerte de expendedor de billetes que NO da cambio. Y ahí estoy yo, con mi billete de 5$ sin poder pagar los 3,10$. EL conductor me dice que me busque la vida, que pida cambio a alguien. Al verme reticente, se levanta y a voz en grito dice “Anyone can change 5 bucks to this guy?”. Enrojecido miro al fondo, y una mujer mayor con aspecto de inmigrante armenia, pañuelo en la cabeza incluído, me hace una señal. La pobre mujer me da tres billetes de dolar. Le propongo darle el mío de 5$ a cambio, y me dice que no, que ni hablar, que no hace falta que le dé nada. No puedo evitar pensar en ello y sentir una mezcla de entre ternura, agradecimiento y vergüenza… vergüenza porque yo en su lugar hubiera cogido el billete de cinco, cambiando 3 por 5 sin dudarlo. Y en su lugar, la pobre vieja me DABA los 3 dólares. Afortunadamente, otro viajero sí tenía 5 billetes de 1, y me cambió, de manera que me ahorró el sablearle los 3$ a la vieja (aunque se lo agradecí enormemente). To er mundo é güeno, que diría aquél.
El viaje a Washington DC nos lleva unos 40 minutos, y luego hay que tomar un metro hacia la zona monumental. El viajero que me cambió los 5$ debía pensarse que acababa de salir del pueblo por vez primera, porque al verme mirando la máquina expendedora de billetes del metro, buscando como estaba la parada adecuada, no duda en dirigirse a mí y explicarme que hay una cosa que se llama metro, que hay que meter dinero en esa ranura, y que te dan un cartoncito que luego meterás en la ranura de esos tornos de allí, pero ojo, que al pasar tienes que recuperarlo de nuevo, y cuando llegue el tren, te metes dentro. Obviamente, le seguí el juego y me hice el tontito. Total, ya había quedado como un paleto, qué más daba que ese viajero buen samaritano pensara que era la primera vez que veía un metro.
Y por fin, parada en pleno downtown, no muy diferente del downtown de NYC o de LA, y en un par de manzanas, llego a la Casa Blanca. Me sorprende ver a un hippy con un tenderete de protesta antinuclear justo enfrente, y no puedo evitar ponerme a charlar con él. No es que me interese mucho su causa, pero como personaje, el tío no tenía precio. Llevaba la pertinente barba, un gorrito de estibador con las barras y estrellas, y unos “peace” pintados en la cara. Para cuando bajo hacia el memorial de la 2ª Guerra Mundial y el obelisco (que me lleva directamente a esa escena de Forrest Gump, cuando se reencuentra con Jenny), el tiempo está peor. He salido con una mísera chaquetilla, y no sólo estoy helado, sino que además la llovizna se transforma en lluvia. De modo que decido que ya basta por hoy. Y mañana, ya volveré para ver el Capitolio, y lo que haga falta.
Para volver, decido no pasar aventuras y coger un taxi. Me equivoqué. El taxista no tiene ni idea de cómo llegar al hotel, y al final me veo a mí mismo tratando de indicarle. Eso sí, el taxímetro corriendo. Yo soy así. Altruista. Pero al final llegué. Sano y salvo. O salvo, al menos.

Canciones:

Pear Jam: “Garden”
Los Flechazos: “Suzette”
Phoenix: “Too Young”


6 Responses to “Kar USA Tour 09 – Washington”


  1. 15/04/2009 a las 07:46

    JOder, que diversion, entre eso y que klismann no jugó en el atletí vamos apañaos… jijiBueno, ánimo!

  2. 15/04/2009 a las 08:54

    Aix, Kar! esto me ha recordado a mis cronicas danesas! Hay que ver lo paleto que se puede sentir uno cuando le sacan de su entorno…y nos reiamos de paco martinez soria!

  3. 15/04/2009 a las 10:57

    Dudo que sueñes conmigo, no me conoces!muajajjajajajjajajajajY si, a veces sienta bien hacerse el tonto, total… es americano :)BesicosP.D Ostias, garden! que recuerdos!

  4. 15/04/2009 a las 18:49

    Sencillamente no tiene precio el momento Kar El Paleto goes to the city coge el busGrande… muy grande!

  5. 5 kar
    16/04/2009 a las 00:57

    Javiruli, lo de Klinsmann no me lo vas a perdonar, mamonazo!! Pues que conste que todavía no estoy del todo convencido ;-)Anónimo… o debería decir Anónima!!🙂 … y tú que lo digas, lo de ayer fue en plan “me falta la boina y las gallinas en la maleta”. Qué te voy a contar, ¿no? Besos.Belén, también podrías ser tú… piensa que esto es como en un libro, te formas la imagen mental a base de lo que vas leyendo. Y ayer me casqué el “Ten” enterito… hacía tiempo que no lo escuchaba!!! Besos.Karioshi… qué te voy a contar a ti también… seguro que tú también tienes una colección de esta clase de anécdotas.Besos, abrazos y arrumacos varios

  6. 16/04/2009 a las 11:08

    Estuvo avispado el taxista. Washington DC, el DC más famoso después de los DC Comics, claro está.Ah, los USA, siempre son fuente de anécdotas varias.


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