27
Dic
07

La Catedral del Mar

Cuando uno se enfrenta al llamado “fenómeno literario” del año, no puede evitar hacerlo con cautela. En mi visión snob del mundo, lo que gusta a mucha gente en general no me gusta. O eso a veces me da por pensar. O tal vez se trata de lo que me gusta a mí, que no gusta a mucha gente. O sí. Bueno, no lo sé. El caso es que “La Catedral del Mar” rondaba por casa desde hacía más de un año, y nunca le había prestado el menor interés. Y lo reconozco, si me acerqué a ese libro, fue sólo y exclusivamente porque en aquél momento, me había acabado el último y no tenía nada que empezar. No sé exactamente por qué, lo tenía en su versión catalana, cuando el libro fue originalmente escrito en castellano. Tampoco sé por qué, en el título catalán se sustituye el término “catedral” por “església” (iglesia). En cualquiera de los casos, enfrentarme a ese ladrillazo de libro me daba más que pereza. Pronto descubriría que lo de ladrillo iba básicamente por el formato, pues su contenido no se hace especialmente duro, cosa reseñable si se tiene en cuenta la extensión de más de 600 páginas.

El libro en cuestión se hizo famoso por ser una novela que se publicó en marzo de 2006 y que en diciembre de 2006 había superado la friolera del millón de ejemplares vendidos. Y también, o a colación del tema, porque se trata del debut de un autor novel, un tal Ildefonso Falcones, un abogado de profesión que tenía en la escritura una mera afición. Lo cuál, digamoslo abiertamente, me da una rabia que te mueres. Está claro que una obra no se puede juzgar por su aceptación comercial, y sin embargo, diablos, no olvidemos que se trata de un libro, no de una película o una cancioncilla. Tiene su mérito.

Interior de Sta. Maria del Mar

En fin, que ufano me lancé a la lectura de la novela, pensando que se trataría de una novela de “inspiración” (y tómese ese término como sinónimo cercano a copia) en “Los Pilares de la Tierra”, especialmente en esta época en la que la novela histórica engloba tantas novedades y algunas, de tan dudoso interés y tanto plagio más o menos encubierto. La historia narrada no es la más original del mundo. Y la estructura es, a veces, algo cercana a un guión de teleserie. Pero hay que reconocerle un mérito, y es que como en algunas teleseries, la trama engancha, tiene ese punto de adicción estúpida y las casi 700 páginas pasan sin apenas darse cuenta. Por si alguien no lo sabe todavía, explica la vida de Arnau Estanyol, el hijo de un siervo huído a la Barcelona del siglo XIV, y su relación con la catedral Santa Maria del Mar.

Para mí, que he vivido casi toda mi vida en Barcelona, resulta de un localismo curioso el tener entre manos una novela que pisa terreno conocido, y le añade un plus de interés. Sin embargo, y yendo más allá, lo segundo que más se puede apreciar del libro, además de su lectura ligera, es su rigor histórico, y su narración de la situación económica y social de la vida en la urbe durante la alta edad media. De libros con temática medieval hay muchos, y la mayoría detallan los aspectos más novelescos, véase conquistas, la vida militar, incluso la vida religiosa y monástica. “La Catedral del Mar” hace referencia a los usos y costumbres de las ciudades que monopolizaron la importancia en la alta edad media, dando paso al renacentismo. Referencias a la Crònica de Pere III y a Lo Crestià, de Francesc Eiximenis (hitos de la literatura medieval catalana) dan fe de un buen trabajo de documentación.

Total, que mira por donde, y a pesar de, insisto, un argumento algo sencillo, me ha gustado, y no puedo sino recomendarlo a todo aquél que le guste la historia y la novela histórica, eso sí, con buena base.

Canciones:

Oasis: “Roll with it”
Huey Smith & The Clowns: “Don’t You Just Know It”
Beck: “Lord only knows”

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2 Responses to “La Catedral del Mar”


  1. 1 Lae
    27/12/2007 en 16:23

    Precisamente, estoy a punto de acabar este libro. PD: viva las versiones de bolsillo, pq para leer la Catedral del Mar hay que hacer pesas, entre lo que pesan las tapas y lo que pesa el contenido…

  2. 2 kar
    27/12/2007 en 18:20

    qué gran verdad, las versiones de bolsillo molan, las otras son solo para hacer bonito en la estantería (o para hacer pesas, claro)


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